¡Hola hola!

Y aquí estamos de regreso el psicólogo y yo ¡ja, ja! Veo que el adorable Dr. St. Claire les ha caído bien, lo cual me alegra mucho, para que no se aburran con la terapia de la pecosa :-P

Y pues aquí vamos… un capítulo más; a ver si la terca de Candy ya se libera… ¡Disfruten la lectura!

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Disclaimer:

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Los personajes de CC y SS no me pertenecen, si no a sus respectivos autores y a quienes hayan pagado derechos sobre los mismos. De ser míos, bueno Terry y Candy se habrían quedado juntos y felices y en SS, otra cosa sería X-D

Míos son los demás personajes, así como la historia aquí narrada; basada en el anime de Candy Candy, y que tiene ciertas modificaciones que me eran necesarias. Obvio la canción que inspiró esta historia tampoco es mía, sólo fue, como es usual en mí, una maravillosa inspiración.

No tengo fines de lucro, es sólo para pasar un buen rato y tener otro terryfic.

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CAPÍTULO 7

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Una vez que Candy se tranquilizó, apenada se volvió a ver al hombre que frente a ella esperaba con aparente calma a que ella pudiera seguir hablando. La chica sonrió un poco antes de comentarle que se sentía mejor – Creo que me he quitado un peso de encima – dijo, más ligera.

- Me alegra Candy – acotó el especialista – Porque quisiera que me aclares algo, y es mejor ahora que ya estás más despejada. – Dijo, con un tono un poco menos cálido.

La rubia lo miró con la duda dibujada en sus esmeraldas, por lo que él se permitió continuar.

- Tu historia ciertamente es muy triste, has tenido una vida muy difícil y entiendo por qué tus amigas te quieren y admiran tanto, eres una mujer fuerte y valiente; y también comprendo la razón por la que están preocupadas por ti. Esa despedida fue bastante difícil (él se detuvo un segundo, como aclarando sus pensamientos); pero hay algo que no ubico bien, o quizá me perdí entre tus palabras.

- ¿Qué cosa? – preguntó la ojiverde ladeando la cabeza.

- ¿En qué momento hablaste con tu novio? Es decir, por favor recuérdame el momento en el que ustedes lo platicaron y tomaron la decisión de separarse por el bien de esa muchacha. – mostró sus verdes pupilas con una mirada indescifrable.

Candice abrió los ojos en sorpresa, no se esperaba esa pregunta; tragó en seco. Sus ojos mostraban el desconcierto y cierto temor de responder. Esto, por supuesto no pasó desapercibido para el psicólogo; que arqueó una ceja e inquisitivo, dejó de lado su suavidad. Ya había logrado que ella hablara, era momento de poner los puntos sobre las íes. - ¿Y bien? – la miró con intensidad.

- Bueno… yo no… nosotros… - ella no sabía por qué le costaba tanto trabajo decirlo – nosotros no hablamos – Contestó al fin casi en un susurro… Bajó la cabeza, sintiéndose de pronto avergonzada sin tener muy clara la razón.

St. Claire apretó los labios y resopló, un tanto molesto… - A ver si entendí bien – agregó, cerrando los ojos, negando ligeramente con la cabeza y poniendo las manos enfrente suyo, como queriendo detener algo en el aire. - ¿Estás diciendo que esa fue una decisión unilateral que TÚ tomaste? – Abrió los ojos y la miró directamente - ¿No hablaste con él? ¿No le preguntaste si estaba de acuerdo, qué sentía o qué pensaba? ¿No intentaste llegar a un acuerdo MUTUO? ¿Lo dejaste solo con el "paquete"? – conforme hablaba, su voz iba incrementando el volumen y la exaltación, hasta tomar un tono por demás grave que asustó un poco a la enfermera. Ella se fue haciendo pequeña en el asiento según iba escuchando cada cuestionamiento; y no porque fuera cobarde, sino porque definitivamente empezaba a sentir que quizá sí se había equivocado; a juzgar por la reacción de sus amigas y de este extraño psicólogo.

- Yo… bueno… es que creí que él no se decidía entre ella y yo, y pensé que… bueno que mejor le facilitaba las cosas – dijo en un murmullo inseguro.

- ¿Así que asumiste algo sin preguntarle y luego lo regalaste como si fuera estampita repetida? – Chilló el fulano, exaltado.

- ¿Estampita repetida? – la muchacha estaba incrédula de las expresiones que de pronto usaba el sujeto; y el hecho de que simplificara a tal punto algo tan doloroso para ella, le molestó, por lo que sacó su bien conocido carácter y espetó enojada.

- ¡Claro que no! ¿Cómo puede decir eso? ¡Yo lo amaba! Pero si ella estaba tan enamorada de él, que hasta arriesgó su vida por salvarlo, quizás es porque él le dio motivos y… y tal vez él no sabía qué hacer, y yo, pues lo hice porque ella lo necesita, ¡Él y yo somos más fuertes! -

El joven se quedó mudo un minuto, en lo que procesaba la información recibida. – Candice – dijo, con tono seco. – Dijiste que lo "amabas" – su voz tuvo unas ligeras inflexiones de duda, mismas que fueron rápidamente controladas por Yves – Y también dijiste que quizás él le dio motivos a esa chica para que se "enamorara" de él de ese modo. – Cuando dijo "enamorara" lo entrecomilló con los dedos, algo inquisitivo.

La pecosa seguía molesta, pero considerando que estaba en terapia decidió controlar su enojo, así suspiró profundamente y agregó. – Sí, dije que lo amaba… y bueno, no sé; los periódicos siempre decían que entre ellos dos había algo – Casi soltó las lágrimas de recordar eso - ¿Cómo puede una persona arriesgarse tanto por salvar a alguien que no le corresponde? – preguntó, dolida y con un deje de celos en la voz. El psicólogo notó esto último y levantó imperceptiblemente una ceja, y casi sonrió pues acababa de dar con un punto clave en todo el embrollo.

- ¿Ya no lo amas? – preguntó directamente; a lo que ella volvió la cabeza a otro lado y cruzó sus brazos, más como para abrazarse a sí misma que como protección. – Vamos Srta. Andley, ya empezaste a sacarlo todo, no te detengas ahora. – la muchacha apretó los labios, y abrazándose más fuerte, acertó a contestar – Sí – suavemente, pero luego con mayor seguridad y volumen lo afirmó – Sigo amándolo, ¡más que antes; y creo que lo amaré toda mi vida! Pero él… -

- Él… ¿Qué? – incitó St. Claire, que tenía una mueca de satisfacción en su rostro que casi no la podía ocultar, finalmente la estaba haciendo abrirse de verdad. – Ya sé, él debe cuidar a esa chica ¿no? ¿Por qué dices que ustedes son más fuertes que ella? -

- ¡Ella quería suicidarse para dejarnos el camino libre! – Estalló Candy, exasperada - ¡Yo no puedo ser feliz a costa del sufrimiento de ella! Y menos podría cargarlo en mi conciencia si hubiese muerto – completó, espantada.

El francés ajustó sus anteojos mientras exhalaba ruidosamente. Tomó lo que quedaba de su ya fría bebida y compuso una mueca de desagrado (aún no sabía si por que el té estaba frío o por la necedad de Candice). – Querida, esa joven no quería suicidarse realmente – afirmó, muy seguro. Los enormes ojos de su paciente se abrieron mucho ante tal seguridad - ¿Cómo lo sabe? – Él sonrió autosuficiente – Pues de haber sido así, simplemente hubiera saltado al vacío en lugar de dejar una nota y luego quedarse a esperar "dudando" y a ver quién llegaba a rescatarla – explicó con tal simpleza, que no parecía haber modo de refutar eso. Y entonces empezó un monólogo, pues ya era hora de que alguien le dijera un par de cosas a esta mujer.

- Déjame que te informe señorita que esa chica te manipuló hábilmente; y por lo que me cuentas, seguramente a tu novio también. – La enfermera no tenía modo de saber qué había sucedido exactamente entre Terry y la ex-actriz, por lo que interrumpió – Pero ¿Por qué ella hizo algo así si él no…? - El analista se impacientó un poco. – Preciosa, permíteme hablar – Ella guardó silencio, con un leve tinte rosado en las mejillas. – Como te decía, ella no pretendía quitarse la vida, solamente lo hizo para chantajearlos a ti y a tu novio; y luego con las cosas que te dijo cuando pidió hablar contigo, reforzó su manipulación de forma magistral. Así que niña, no me digas que ella necesita quién la cuide, pues lo puede hacer sola perfectamente y es más astuta que tú y yo juntos. – El hombre apretó los labios, mostrando un poco de desprecio. – Según entiendo, y es que no tengo conocimiento completo del caso, esa chica se encaprichó con él. Quizás él fue amable o educado, ya sabes, los ingleses y su legendaria caballerosidad; puede que ella malinterpretara las cosas, como tu prima, la que dices que se "enamoró" de él también aun cuando el joven le mostraba abiertamente su desinterés. –

Candy lo escuchaba atentamente, bien había dicho que podía tener una visión diferente de las cosas – Y bueno, pues la actriz se encaprichó con él. Y sí, efectivamente tuvo una muestra admirable de valor y sacrificio salvándolo de esas luces. Lo malo es que después usó eso a su favor para quitártelo; y tú mujercita, caíste redonda en su juego. –

- ¡Pero Terry no me detuvo! ¡Me dejó ir y no volvió a buscarme! – Esta vez la pequeña pecosa sí que dejó salir el resentimiento en forma de un chillido agudo, dolorido, y un par de lágrimas.

Entonces fue turno del especialista de abrir los ojos, asombrado por esas palabras; y como esta ocasión ella sí que notó la expresión incrédula de su rostro, él reaccionó rápidamente, murmurando y gesticulando con esos movimientos extravagantes de sus manos: - Dijo Terry, Terry… = inglés = actor = Romeo y Julieta = abandonó la obra = desaparecido - y el sujeto chilló abruptamente - Espera un momento... ¡¿Estás hablando de Terry Grandchester?! - A lo que la rubia, con miedo pues no atinaba a comprender esa emoción del psicólogo y llegó a pensar que lo conocía o algo, contestó temerosamente y sonrojada - Pu... pues, sí… - Y el otro se levantó de su asiento como resorte poniendo teatralmente la mano derecha en su pecho y abriendo la boca para exclamar - ¿¡Terrence Grandchester!? ¡Ay por Dios si está buenísimo! ¡¿Cómo pudiste dejar semejante ejemplar?! – Y empezó a abanicarse con la mano libre, cual adolescente emocionada… la pobre rubia se quedó de a cuatro, con los ojos como platos y la boca en una muy graciosa mueca de medio espanto; y, sin quererlo, soltó una risilla nerviosa y sacada de onda; ante lo que el hombre frente a ella carraspeó y desvió la mirada, aunque riéndose con bastante diablura. Se compuso y agregó, como queriendo arreglar su desliz – Digo, es un actor buenísimo – y se ajustó el saco, a lo que la chica frente a él entrecerró los ojos y luego los puso en blanco – Sí claro… -

- Como sea – dijo él, mostrándose bastante acalorado - ¿Te has puesto a pensar que tal vez él no fue tras de ti porque decidió hacer lo que le pediste? Eso de cuidar a la muchachita esta. Quizá pensó que si él intentaba detenerte tú lo rechazarías y lo mandarías de vuelta con cajas destempladas, me parece que él debe tener su orgullo. Además de seguro ya le habían dado también su dosis de chantaje y manipulación –

Entonces la chica levantó la nariz, encarando al extraño doctor – Pues es que es lo menos que le debíamos a Susana por salvarle la vida – Y se cruzó de brazos. El hombre bufó un poco - ¡Vamos Candy! Ni tú ni él tienen que responsabilizarse por las decisiones de otros, es algo que ella quiso hacer y punto. No digo que no le agradezcan por supuesto, pero caramba ¿Separarse para que él la cuide? ¿No te parece demasiado? Además a él ni le preguntaste ¿Te has puesto en su lugar por un minuto al menos? ¿Tienes idea de lo que debió sentir de que lo dejaras con una mujer a la que no ama y encima tener que cuidarla? Me has contado que ese pobre hombre tuvo una infancia y una adolescencia muy duras, que era solitario y huraño… encuentra el amor y la libertad de ser él mismo contigo ¿Y qué vas y haces tú? ¡También lo dejas solo! Y que se las arregle como pueda porque tú decidiste ser la muy bondadosa y darle preferencia a una perfecta y manipuladora desconocida, por encima de él. – Él se levantó de su asiento y se acomodó el cabello – Hace un momento dijiste que tú no podrías ser feliz a costa del sufrimiento de ella; entiendo entonces que sí puedes serlo a costa del dolor y desolación del hombre que amas… - Ella se estremeció, eso mismo le había dicho Annie, no pudo pronunciar palabra - Ese es un amor raro Candy… y antes de que digas que esa actriz que supongo debe ser la Srta. Marlowe, lo ama tanto como tú; te aclaro que no, lo que esa chica siente no es amor, es obsesión y egoísmo. Admito que la niña es bastante astuta pues supo leerlos a ambos a la perfección, y se aprovechó de tu bondad y de la nobleza de Terry, y finalmente se quedó con él. – Concluyó.

- Yo no… no somos egoístas – dijo quedamente.

- Eso lo sé – dijo él, tomándola delicadamente de la barbilla para obligarla a mirarlo. – Pero esa chica tomó sus decisiones, lo que pasó no fue culpa tuya y menos de Terrence. Candy, ni siquiera le preguntaste a él, no le diste ninguna oportunidad de decidir y te fuiste. Sé que has sufrido muchísimo por causa de esta separación; pero creo que él también. Tanto que incluso ahora está desaparecido. ¿De verdad el que él haya dejado la obra y nadie sepa su paradero no te dice lo mucho que sufre sin ti y con semejante carga en su vida? Una que no pidió por cierto. – Le dijo con suavidad.

La pecosa aun no le decía que el actor había ido a buscarla y que ella había huido. ¿Era momento de decirlo? Un ligero temblor apareció en su labio inferior mientras se retorcía las manos, nerviosa – Yo… él vino a buscarme hace unos días – confesó, quedito.

- ¿Y qué sucedió? – cuestionó él, con calma.

- Bueno… - le contó lo del narciso, los mensajes y que lo dejó plantado.

- ¡¿Lo dejaste plantado?! – Indignado, se puso las manos en la boca. - ¿Cómo pudiste hacer eso? ¡¿Otra vez no lo dejas hablar ni acercarse?! ¿Qué sucede contigo señorita? – descargó algo de frustración el tipo, mostrando un descontrol que no debería estar ahí; cuando vio que la rubia lo miraba con desconcierto, respiró profundamente y continuó. – Dime, ¿Por qué tienes miedo de enfrentarlo? – la confrontó consigo misma.

- Yo… no quiero ser egoísta; y si lo veo… no seré capaz de dejarlo ir otra vez – admitió finalmente, sonrojada hasta las orejas y luchando con las lágrimas que, como siempre, trataban de abrirse paso entre sus pestañas. Un brillo de triunfo surcó los ojos de St. Claire. – Además, ya no me volvió a buscar luego de que… no quise verlo. – Añadió, con tristeza.

- ¡Pero Candy! Créeme, no serías egoísta… Ustedes están hechos el uno para el otro, en todo caso la egoísta en esta historia es la Susana esa. Que bien que utilizó lo de su "sacrificio" para quedarse al bombón de Terry, y convencerte a ti de dejárselo – otra vez con su risita de colegiala enamoradiza. Para ese momento, la enfermera solamente rodaba los ojos cuando esa "faceta" del psicólogo afloraba. Y él, aparentemente ya sin inmutarse demasiado, continuó – Lo de esa niña desabrida no es amor Candy, así que no veo por qué debas preocuparte por quedarte lo que por derecho se te concedió a ti, y eso es el amor de Terrence. Y supongo que heriste otra vez su orgullo al no querer verlo, imagina lo que sintió cuando su ilusión se volvió a romper – le hizo ver él.

- Es que ella… - y seguía de terca la muchacha.

- ¡Ella nada! Si quieres agradecerle mándale unas flores o algo – retrucó el tipo, sonriendo y con un sonsonete chillón – O bueno está bien, apóyenla en sus gastos médicos por ejemplo – cambió su sugerencia ante la mirada de reproche que le dirigió su paciente. Y le agregó más, ya socarronamente – Es más, tú misma puedes ser su enfermera en la rehabilitación de una vez – y sonrió malicioso, esperando la reacción de la heredera de los Andley. Esta no se hizo esperar, puso cara de sorpresa y se enderezó.

- Bueno… no exageremos – dijo encogiéndose de hombros, como disculpándose.

- ¿Lo ves? Te parece demasiado atenderla tú para que se recupere, ¿Pero no te parece exagerado dejarle al hombre que amas para que él cargue con ella de por vida? – Touché!

Candy se quedó sin argumentos… Yves miró su celular, que ya estaba otra vez dando la alarma de tiempo de consulta terminado; sonriendo lo apagó. Sentía que casi tenía su cometido en las manos.

- Candy, piensa bien lo que hemos hablado hoy. Abre tu corazón y mira bien dentro de él. Tu conciencia puede estar tranquila pues si tomas lo que la vida te ofrece no es egoísmo, es amor propio. ¡Tienes que amarte por una vez en la vida a ti! ¡Ama a Grandchester! No dejes que la felicidad que se te da y mereces, se vuelva a escapar por un sentido de la generosidad y agradecimiento mal entendidos. Sí, hay que ser entregados y generosos con el prójimo, pero no amarlos más que a uno mismo. Recuerda "Amar a tu prójimo, como a ti mismo" – concluyó él antes de darle un tope a la nariz y abrir la puerta para liberarla.

Ella lo miró con ojos grandes… por lo que él aprovechó el momento – Te veré aquí dentro de cuatro días, a la misma hora. Para que me cuentes lo que decidiste ¿De acuerdo? – ella asintió con sus esmeraldas brillantes. No estaba aún segura de nada, pero sentía que tal vez… tal vez esa herida pudiera sanar de algún modo.

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Una vez afuera, sus amigas que estaban charlando de lo más animadas, se levantaron enseguida en cuanto la vieron salir. La rubia se veía como si tuviese gripe, con los ojos inflamados y la nariz congestionada y roja; estaba con las mejillas encendidas, pero parecía más ligera. Si bien no se veía feliz y liberada, sí se notaba una mejoría, así que podían considerar la batalla como ganada. El psicólogo salió también para despedirse.

- ¡Patty querida! - fue hasta ella otra vez con sus raros ademanes y modo de hablar, un tanto agudo pero con el cargado acento francés; y la abrazó efusivamente, antes de plantarle otra vez un beso en cada mejilla, acción que repitió con Annie y finalmente con Candy; las tres estaban casi en calidad de estatua de piedra; pues la actitud del especialista era muy curiosa. – Candy debe venir dentro de cuatro días a la misma hora a otra sesión de terapia, esperemos que con eso sea suficiente – les guiñó un ojo.

La británica salió de su estupor y asintió sonriente – Claro doctor, no hay problema; nosotras la traemos. – La chica Britter por su parte, también atinó a sonreír agregando que si era necesario, la llevarían a la fuerza. - ¡Oh gracias! – dijo él, pues la enfermera no lograba articular palabra de verse tratada como si fuera una niña. – Pero estoy seguro que no será necesario llegar a esos extremos, seguramente mademoiselle Andley vendrá sin problemas. -

Las tres asintieron y por fin, salieron de ahí; estaban decididas a sacarle a la pecosa toda la sopa de lo que pasó ahí dentro, o al menos hasta donde el límite de la discreción aguantase.

Una vez que las tres jóvenes se retiraron y el hombre aseguró la puerta por dentro, se recargó en esta, soltando el aire; se veía cansado… - ¡Qué mujer más difícil! – dijo, bastante agotado por las últimas dos horas. Entró en el privado y empezó a cambiarse para retirarse de ahí.

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N.A.

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Ok… Sol y Eli, espero que luego de este capítulo les siga gustando Yves St. Claire, ya ven que es algo… rarito ¡ja, ja, ja! Y parece que al menos está ayudando en algo a la pecosa. Por cierto, hoy no hubo Terry en esta entrega L lo extrañé, pero es que recordemos que anda de vacaciones, aparte la terapia requiere su tiempo y pues nuestra querida Candy necesita más regaños que los que tuvo nuestro amado bombón inglés, ya ven que es MUY obstinada… A ver si ya se deja de sus terquedades.

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Sol Grandchester: ¡Hola Solecita! ¡Ja, ja, ja! Ese doctor parece que les gusta, ¡eso me hace feliz! Sí es muy especial él y ojalá que sí logre que la enfermera entre en razón; ya ves, es bastante directo y esperemos que logre confrontarla consigo misma, para que entienda de una buena vez que la gusana los manipuló descaradamente… ¿sabes? ¡Tienes razón! Jamás me había percatado de lo que dices que si Candy la salvó de lanzarse al vacío, ¡pues ya estaban a mano! Sospecho que soy igual de despistada que la pecas x.X… no sé si la rubia tuviera temor de perder a Terry si cobraba el favor (como le estaban haciendo a él, aunque el pobre ni culpa tuvo de nada en ningún momento)… más bien pienso que no es la naturaleza de Candy, ella es así de desinteresada, hace el bien sin mirar a quien; lo malo es que se llevó entre las piernas al inocente de nuestro bombón…

En fin, linda espero que te siga gustando esto (en especial el doctor ¡ja, ja!) Gracias por seguir aquí, ¡Saludos!

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Eli: ¡Wow! ¡Me encanta que el Dr. St. Claire te cautivara! Y pues sí, es soltero y no es la pareja de Patty, ella tiene a Stear n.n ¡ja, ja! No te preocupes, de pronto sí se pierde una :-D Y es verdad, todas las terrytanas tenemos ese trauma, de hecho tengo una amiga que apenas se dio el tiempo de ver la serie, porque en su momento la veía en partes y nunca supo bien qué sucedió… pues ya sabes, acaba de ver "esos" capítulos y por supuesto, lloró como Magdalena y ya está furiosa con la Gusana y su urraca madre… Así que ya somos varias las que necesitamos cita con el muy encantador Yves (tú estás en confianza no te apures :-P ); esperemos que sí la convenza de que la regó, y que la termine de hacer entrar en razón pues es cierto, primero debe liberarse para aceptar el amor y poder ofrecer el suyo, ¡claro que es pecado negarse a ello! Gracias a ti por seguir leyendo linda, me halaga que la consideres genial n.n, esperemos que pronto se reencuentren, mientras ojalá te siga gustando ¡Saludos!

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Lilia Venezuela: ¡Gracias linda! Me encanta que te guste así, y gracias por tus palabras, me fascina que te diviertas pues es la idea. Y verás que las chicas y el doctor sí ponen de su parte para ver si la pecas entra en razón ahora sí. Gracias a ti por seguir leyendo. ¡Saludos!

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Dianley: ¡Gracias por estar aquí! Y sí ¡ja, ja! Justamente eso necesita esta mujercita, esperemos que el psicólogo sirva de algo, y que te siga gustando la historia linda ¡Saludos!

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¡Gracias por estar aquí! Ojalá les siga gustando, nos leemos el próximo miércoles J

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Ayame DV