Capítulo 8

Otro día transcurría en el submarino amarillo con tranquilidad. Las olas y la corriente los llevaba hacia su siguiente destino.

Trafalgar Law leía el periódico.

"LUCHA ENTRE ALMIRANTES DE LA MARINA" leía en el titular.

-¿Qué lees? - le preguntó la pelirrosa.

-Tras la guerra de Marineford el mundo está comenzando a partirse - pasó a la siguiente página - Bueno, eventualmente la Marina se dividiría, hay muchos intereses diferentes entre sus filas, la definición de justicia no es la misma para todos.

-¿Y cuál es la tuya, capitán? - preguntó con una mueca de burla.

-¿Sobre la justicia? - siguió pasando páginas del periódico - No es más que un término sin sentido para mi, no existe algo tan bonito como eso.

-Eso es muy pesimista capitán fufufufu.

-Pero cierto, sólo hay gente que decide y gente que acepta, no hay nada más profundo. Incluso si existe algo como la justicia no es más que acontecimientos que benefician a ciertos sectores. Ante un evento que uno considere injusto otro puede considerarlo justicia, no es más que cuestión de perspectiva.

-Bueno, no puedes ver una imagen completa hasta que la observas desde fuera.

Law dejó de mirar el periódico y levantó una ceja con una sonrisa.

-Me gusta esa frase.

-Bueno, te cedo los derechos de autor - le guiñó un ojo.

Law rió.

-Me alegra saber que tenemos pensamientos parecidos, capitán - dijo ella mientras miraba al mar.

-¿Ah sí?

De pronto, interrumpiendo la conversación, el sonido de un DenDen Mushi comenzó a sonar. Mina lo contestó mientras se alejaba del moreno.

Law sintió curiosidad e intentó escuchar la conversación.

-...Sí, estoy cerca de ahí... Bueno, no especialmente... ¿Y Kaito?... De acuerdo, pero necesito saber... Vale, mejor hablamos más tarde, ahora no es el momento... ¿Cuánto tiempo tengo?... Sí... De acuerdo, en cuanto acabe nos vemos ahí... No será necesario... De acuerdo, corto.

¿Qué acababa de ser aquella conversación? El pirata sólo pudo ver que la chica no tenía una cara especialmente feliz, dentro de lo inexpresiva que era.

-No se te ve contenta.

-Vaya ¿tanto se nota? - levantó una ceja y sonrió.

-Bueno, empiezo a saber descifrar tus muecas.

Ella rió.

-Supongo que eso significa que debes irte.

-¿Cuánto escuchaste, capitán?

-Lo suficiente como para comprender que este no es tu sitio.

Tras unos segundos de silencio, Mina se acercó al moreno, le puso la mano en la cara por el lateral y le miró a los ojos fijamente.

-¿Sabes qué he descubierto durante todos estos años sobre la justicia, capitán?

Él no respondió.

-Que es cruel. Nos hace daño, nos corta profundo y crea una cicatriz en el corazón que jamás se curará.

La miró con seriedad.

-Y por más que intenten engañarte con palabras bonitas de consuelo vacías, la única verdad que existe es que de todas las cosas que se caen a nuestro al rededor, la única que no se puede recomponer es un corazón roto.


-Hace 6 años, en la reunión del Reverie-

Era el primer año en el que Mina asistía como heredera al trono. Ella había asistido como acompañante de Doflamingo, y estaba en cierto modo ansiosa.

La primera vez que vio Marijoa sintió un escalofrío que le recorrió por la espalda.

Algo tan bello no podía ser real.

-Aquí está nuestro hogar, Mina - le dijo Doflamingo mientras entraban por la puerta principal - Nosotros pertenecemos aquí, este es nuestro lugar.

La adolescente lo miró, pero no dijo nada.

¿Su verdadero hogar?

Miró a su alrededor.

Palacios de una belleza indescriptible, riquezas por donde quiera que mirase, animales y plantas exóticas...

Por algún motivo, aquel sitio no lo sentía de la misma forma que su tío. No había ni un solo ruido, tan sólo el del mar.

Se preguntó por qué aquel silencio se le hacía tan pesado. tan pesado que le costaba respirar.

-Tres días más tarde-

Era el tercer día de las reuniones del Reverie. Mina no había aguantado más aquellas reuniones llenas de gente que se creía importante.

-¿Por qué te has salido? - escuchó que su tío le preguntaba por detrás. Sin embargo no sonaba enfadado, ni siquiera ligeramente molesto. Su tono no mostraba más que curiosidad.

-Porque todos esos insectos creyéndose importantes me dan náuseas.

Doflamingo comenzó a reír de manera histérica.

-¡Vaya! ¡Se nota que eres una Donquixote! - le dijo alegre mientras le acariciaba el cabellos - Yo también encuentro a todos esos pequeños animalillos bastante desagradables, no te preocupes.

-¿Por qué? ¿Por qué siento que sólo dicen tonterías?

-Porque lo hacen. Nosotros somos superiores a ellos. Sus preocupaciones banales es normal que no te resulten interesantes, no son más que mentes simples - se volteó para regresar dentro - No te preocupes, no tienes por qué estar ahí. Da una vuelta por fuera y enseguida nos vemos.

Ella lo despidió con una mano, y tras ver que entraba de nuevo en la sala, pensó para sus adentros que realmente Doflamingo no la había entendido.

Ella no los encontraba desagradables por sentir que ella fuese más que ellos.

Los encontró desagradables por la forma en que hablaban.

-Te veo perdida, señorita.

Ella se volteó.

Quien le hablaba era un hombre muy alto, que vestía una túnica blanca y llevaba una corona con picos bastante altos.

Mina lo miró a los ojos.

Ella era a su corta edad la mejor guerrera de todo Dressrosa. La General de su propio ejército y un prodigio en el campo de batalla. Hasta ese momento, ella jamás había tenido miedo a nada ni a nadie, pero al ver esos ojos todo cambió.

Eran aterradores. Sus ojos rojos y con espirales dentro de ellos le hacían sentir que la iban a absorber sin que pudiese hacer nada al respecto.

Sintió como se quedaba petrificada por completo, incapaz de gesticular una palabra.

-¿Se te ha comido la lengua el gato? - le preguntó aquella persona con un tono divertido. A pesar de su aspecto tan imponente, su voz era profundo, pero suave. No por ello menos aterradora.

-¿Quién es? - consiguió decir por fin.

-Vaya - sonaba sorprendido - ¿No me recuerdas?

Ella ladeó la cabeza, sin bajar la guardia en ningún momento.

-Bueno - ahora sonaba pensativo - Supongo que es normal, al fin y al cabo tú eres otra.

¿Otra? ¿De qué estaba hablando? ¿De qué se conocían? Ella jamás había visto a ese hombre en su vida, desde luego que lo recordaría.

-¿Y Doflamingo? ¿Ese niño no estaba cuidándote?

¿Había llamado a su tío "niño"? El hombre que estaba delante de ella se veía bastante joven, por su aspecto ella no le echaría más de 35 años.

-En la reunión del Reverie, yo me he salido - contestó.

-Vaya, siempre has sido una rebelde sin causa - dijo con una sonrisa, que a ella le pareció aterradora -Aunque ese es tu encanto.

-No tengo nada que escuchar de esos personajes.

-¿Y eso?

-La gente no es un porcentaje con el que se pueda jugar. Las personas somos más que números en un papel.

El hombre primero puso una cara de sorpresa, pero inmediatamente comenzó a reír.

-No importa cuántas veces nos veamos - acercó su mano poco a poco hacia ella - Siempre sueltas esa clase de tonterías.

A pesar de que él sonreía amablemente, por algún motivo, los sentidos que ella había desarrollado durante la guerra se habían puesto alerta.

Ese hombre era peligroso.

De normal, ella habría hecho algo, pero esta vez no pudo.

Se quedó inmovilizada.

El miedo la bloqueó por primera vez en su vida.

Una mano la agarró y la estiró hacia atrás de golpe.

Mina se sobresaltó y miró hacia arriba.

Era su tío Doflamingo.

Y no estaba sonriendo.

-Vaya vaya, pero si es Doffy - dijo el hombre con una enorme sonrisa en su cara - ¡Hace mucho tiempo que no nos vemos! ¿Qué tal está Homing?

Doflamingo chasqueó la lengua en desagrado.

Mina observó aquella escena totalmente asombrada.

La gente que no lo conociese no vería nada desde fuera, pero ella no conocía mejor que nadie.

Y ella sabía que su tío estaba aterrorizado.

-Im-sama - dijo mientras hacia una muy leve reverencia con la cabeza.

Mina estaba sombrada, su tío JAMÁS había mostrado respeto por nadie.

Pero más que respeto, aquello parecía miedo.

-Bueno, es bueno saber que estáis por aquí, familia Donquixote - dijo suavemente Im - Qué pena que ya mañana sea el último día.

Im se acercó hacia ellos dos, pero Mina notó como Doflamingo la agarraba con tanta fuerza que comenzaba a hacerle daño.

-Mina, espero que podamos volver a vernos - le dijo con una sonrisa. Se giró y caminó por donde había venido - Sobrevive hasta ese día, si es posible.

Tras marcharse, Doflamingo comenzó a respirar tan fuerte que se sentía como si hubiese corrido una maratón.

La agarró por los hombros y comenzó a agitarla mientras le hablaba nervioso.

-¿¡Qué te ha dicho!? ¿¡Te ha hecho algo!?

-No...

El rubio miró de nuevo a lo lejos tenso.

-¿¡Qué demonios hacía fuera de su estúpido castillo!? - se comenzó a preguntar a sí mismo en voz alta.

-¿Quién era?

Doflamingo se quitó las gafas y se frotó la sien.

-El mayor hijo de puta que existe en el mundo.

Doflamingo no quiso volver a hablar sobre el tema, por lo que la pelirrosa no continuó preguntando.

Pero no pudo evitar preguntarse algo.

¿Por qué ese hombre le era tan familiar?


-¡MINA-SAAAAAN! - exclamaban varios miembros de la tripulación con lágrimas en los ojos - ¡No te vayas!

Law dejó caer una gota de sudor tras la cabeza.

-¿Qué sois? ¿Piratas o mocosos?

-¡Pe... pero capitán!

El pirata suspiró.

Mina sonrió.

-Gracias por todo, chicos - Agarró una bolsa en la que llevaba un par de provisiones - Estoy segura de que volveremos a encontrarnos.

-NOOOOOOOOOOOO

-¡A CALLAR! - finalmente exclamó Law para poner fin al drama que sus nakamas estaban montando.

-El capitán es tan cruel...

-Lo siento - dijo Bepo.

-¿¡DE QUÉ TE DISCULPAS!?

Mina se rió.

Law, tras suspirar de nuevo, se acordó de algo.

-Por cierto - sacó un paquete - Llévatelo, no puedes ir por ahí siempre con esos pantalones destrozados.

Ella miró confundida al paquete, y tras abrirlo y ver aquel precioso kimono sonrió.

-Me da miedo ponerme algo tan bonito y mancharlo de sangre - dijo con una mueca divertida.

-Mientras no sea tuya supongo que no es importante - el moreno se encogió de hombros.

-Gracias.

-Cuídalo, costó caro.

-¡Qué tacaño es el capitán!

-¡Si nuestra querida mina lo rompe le compramos otro!

-¡Eso!

Law comenzó a enfadarse, mientras la pelirrosa lo encontraba divertido.

Finalmente el momento de la despedida había llegado.

-Gracias capitán, por todo.

Él se mantuvo en silencio.

Ella comenzó a caminar lejos del muelle en el que habían atracado, pero antes de que diese el primer paso, Law le sujetó una muñeca.

-Únete a mi tripulación.

Todos se mantuvieron en silencio, esperando la respuesta de la pelirrosa.

Por primera vez un mucho tiempo se había sentido segura en un lugar y había conseguido querer a todas aquellas personas. Mentiría si dijese que no tenía ganas de seguir disfrutando de más días así con ellos. Días felices y tranquilos al lado de gente especial.

Pero había algo superior.

Su deber.

Con un pequeño toque con sus dedos en el pecho, golpeó al capitán pirata con suavidad.

Ella sonrió.

-Quizás la próxima vez.