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• Regret •
El amor es el regocijo por la sola existencia del otro.
Lo cierto era que no me habían dejado elegir. Yo no sabía lo que aquello significaba, no entendía la razón por la cual aquella bomba había explotado en mi interior, ¿por qué todo parecía a punto de resolverse? Lo cierto era que el tiempo no pasaba tan rápido y a pesar de tener aquella sensación de que todo finalmente estaba cobrando sentido, la gloria se hacía esperar.
Tal vez por eso me separé de Fred. A la espera del final, sólo permanecí en silencio. No nos conocíamos lo suficiente, nuestros ojos a los ojos del otro no significaban más que escarlata y dorado chocándose, dejando en evidencia nuestras diferencias. El choque de dos mundos que se necesitaban el uno al otro pero aún no encontraban la fórmula para unirse.
Acompañé a Fred a Riley Park el día después de conocerlo. Fue una experiencia extraña, permanecer allí, subida a la copa de un árbol y observando a los humanos pasar por debajo de nosotros. Esperando algo que nunca iba a llegar.
Me desgarré por dentro mientras observaba como los ojos de Fred cambiaban de un rojo escarlata a negro carbón, de una chispa de impotencia y desesperanza a pura miseria. Él no parecía notar mi presencia, parecíamos dos entes extraños, reposando en universos paralelos. Pero, mientras tanto, yo también me separaba de aquel mundo en el que había vivido los últimos años.
Dos días después, volví a casa. Garret había vuelto la noche anterior y todos estaban como locos intentando encontrar un rastro mío, pero con la nieve, era difícil lograrlo. Cuando aparecí, ninguno de ellos se acercó a mí. ¿Acaso el cambio había sido tan grande que se reflejaba en mi rostro? Me sentía perdida, tan perdida como sabía que lo estaba Fred. No fue difícil decirles que necesitaba un tiempo, un poco de espacio. Un poco de distanciamiento. Comprendieron, por supuesto, pero nunca supieron que una brecha se había abierto entre nosotros antes de decírselos. Por mi cabeza pasaron los Cullen, nuestros primos y la posibilidad de que se enteraran de la situación y de Fred, más que nada. Sentía una pizca de resentimiento hacia los Cullen porque de alguna manera, eran los responsables. Tenían algo de culpa. Disfracé mi cautela con discreción y les pedí que no les dijeran nada. "No quiero preocupar a nadie" dije, "sólo necesito un poco de tiempo".
Lo cierto es que volví a por Fred y no le encontré.
Lo cierto es que, por su ausencia, me volví loca.
El invierno nunca fue una buena época para rastrear, al menos para vampiros comunes como yo. Bordeé todo el territorio de Alaska y una buena parte de Canadá. El mes pasaba rápido, mi desesperación comenzó a hacer mella en mi comportamiento y mientras vagaba por Ottawa, ataqué a una mujer que salía de una fiesta. En su cuerpo no quedó ni una gota de sangre y en el mío, había bajado mi nivel de ansiedad.
Intenté no pensar en su familia. Ni en la mía. Eleazar, Carmen, Kate… No, prefería pensar en que, en realidad, ya no formaba parte de ninguna familia ni aquelarre. Los humanos, sólo una fuente de descargue.
Por principios de febrero volví al sur, hacia Seattle.
Y donde menos esperaba encontrarme un rastro, lo encontré. Y cuando encontré un rastro fresco en los bosques de Forks, supe que algo andaba mal.
Seguí su aroma, lo perdí y volví a encontrarlo. Con su fragancia entrando por mi nariz, mezclada con un rastro de olor muy desagradable, sentí como la realización volvía a golpearme. Me di cuenta de algo:
La vida es vida. No es ver, ni respirar, ni escuchar. La vida es inefable. La vida es vida. Algunos piensan que se necesita un alma para poder vivir; pero, ¿acaso alguien sabe definir lo que es el alma?
Todos necesitamos razones para vivir. De lo contrario, todo se convierte en un vacío, no hay siquiera espacio para sentir dolor. Nos hundimos en La Nada. Es por eso que necesitamos razones.
Razones para vivir.
Alma gemela, media naranja…
La razón de nuestra existencia.
Fred era mucho más de lo que yo era capaz de entender, pero lo tomé como mío y de ninguna manera iba a dejarlo ir. Porque si aquello no era amor, ¿qué era? No había necesidad de decir nada, sabía perfectamente que no podía vivir sin él. No quería buscarle explicaciones, ni razones. Había tirado por la borda mi cautela, le había mentido a mi familia, había matado por él. Quería sentirle cerca, quería que él fuera feliz, porque parecía la única forma lógica de justificar mi vida. Si él se moría, yo lo seguiría hasta el infierno si fuese necesario.
Un rugido violento se abrió paso desde su garganta hasta partir sus labios. La rabia se apoderó de él, saltó desde su posición en cuclillas, dispuesto a arrancarle la cabeza a quien sea que se le cruzara. Nuevamente sintió aquel cuerpo caliente chocando contra el suyo, el pelaje de su oponente dejando aquel aroma asqueroso sobre su piel. Las garras de la bestia se clavaron en su costado y tiraron de ella. Soltó un grito y golpeó con todas sus fuerzas al lobo, que gimió, para después gruñir y tratar de permanecer encima de él. Sabía que si le permitía hacerlo, lo último que recordaría sería como su cabeza separándose del resto de su cuerpo antes de arder en el fuego. No supo cuánto tiempo estuvo rodando en el suelo, intentando clavarle los dientes a aquel animal, pero lo cierto es que estaba perdiendo. Su brazo derecho amenazaba con desprenderse de su hombro cuando logró darle en la cabeza con un puño cerrado, arrancándole un aullido de dolor a la bestia y apartándolo de él. Se alejó y se agazapó nuevamente, empujando desde el codo con su mano para unirlo de vuelta, prácticamente escupiendo la ponzoña para hacerlo aún más rápido.
Recordó el entrenamiento de Riley y las cartas de póker en sus manos y la pequeña sonrisa de Bree.
Arremetió nuevamente.
Un cuerpo diferente se chocó contra él esa vez, tirándolo contra el piso. Si hubiera sido humano, lo habría dejado sin aliento.
Rugió, furioso.
Tenía un mal presentimiento.
Escuché como un rugido recorrió todo el bosque.
Me lancé como una flecha en aquella dirección, me abrí paso en un claro -Fred caído-, una lucha, un agresor, el intenso olor a hombre lobo…
Rugí y me abalancé contra aquella figura. Unos brazos me tomaron de las muñecas mientras me derribaban, con un agarre firme me mantuvo contra el suelo y de repente, unos ojos dorados chocaron contra los míos.
Edward.
Finite.
Parte dos: Enemy.
(EDIT: 25/10/2012)
