VIII

—Oh, Sakura, ese te queda muy bien— afirmó después de analizarla unos segundos— Deberías llevártelo.

Frente a la rubia, se encontraba la Haruno, vistiendo un kimono color verde manzana con detalles de flores en blanco. Le gustaba lo que veía a través del espejo y se sentía muy cómoda en el. Entró nuevamente al probador, se miró una última vez y se cambió de ropa.

Era el primer día de primavera. La estación de las flores tenía cierto efecto sobre ella, le provocaba un deseo de resurgir, comenzar de nuevo. Por eso, siempre estaba feliz para esas fechas, es como si su año nuevo comenzara el veintiuno de marzo.

Pasaban casualmente por las tiendas del centro comercial, hablando despreocupadamente sobre temas banales, hasta que recordaron que dentro de solo unos días tomaría lugar la ceremonia de graduación. Fue entonces cuando Ino haló a su amiga del brazo, buscando un local donde vendan los más bonitos kimonos. Hubo varios intentos, pero ninguno les convencía. Ya cuando iban a ceder y como solo pasa en las series de televisión, una última tienda apareció ante sus ojos. Las maniquíes llevaban puesto algún hakama de la colección, bastante lindos y elegantes como para captar la atención de ambas chicas.

Fueron recibidas por alguna dependienta del establecimiento, haciéndoles un par de sugerencias sobre modelos únicos y descuentos. Sakura la ignoró, sin embargo la Yamanaka estaba embelesada con cada palabra de la vendedora. Fue en ese minuto en el cual la chica de ojos verde se deshizo de las otras dos mujeres y comenzó su compra sin interrupciones. Había bastantes piezas que le gustaban, pero no la convencían –además de que el precio era excesivo. Se iba a rendir hasta que escuchó chillar a su amiga un "¡Frentona, he encontrado uno que te vendría perfecto!" alargando las «o» de su apodo. La situación era incómoda porque la rubia no sólo logró llamar la atención de Sakura, sino que también de todo ser vivo que se encontraba en el recinto-incluso de personas que transitaban fuera de la tienda.

Fue así como llegó al vestidor, no muy convencida de la elección de su compañera, y se puso el kimono, quedando atónita unos segundos con su reflejo. No salió hasta que su amiga le ordenó que lo hiciera.

La segunda vez que salió del vestidor fue con la prenda en su brazo derecho y su bolso. Fue directamente a la caja a pagar la túnica con el fin de salir lo antes posible. La tienda era bastante costosa y ella no tenía un ingreso regular, menos para darse lujos. La renta de su departamento la pagaban con mucho esfuerzo sus padres y ella de vez en cuando hacía un par de trabajos que le dejaban un poco de dinero para alimentarse, las deudas y si alcanzaba, ropa, por lo que salir de ahí inmediatamente era un deber. En la caja, la vendedora comenzó a hacerle un par de ofertas y descuentos de accesorios para el pelo que hacían juego con su nuevo hakama, los cuales ignoró, porque a pesar de que eran sabrosas las rebajas, seguían estando fuera de su presupuesto.

Mientras la Haruno pagaba, Ino se encontraba en los vestidores, escogiendo uno de las tantas túnicas que le quedaban bien y le gustaban. Sakura se quedó esperando fuera de los probadores, hasta que salió su amiga. La rubia caminó hasta la caja para adquirir el traje y regateó un poco con los ofrecimientos de la dependienta. Ino observaba detalladamente cada uno de los accesorios para cabello y señaló el que más le gustaba. Miró a su amiga unos instantes y le preguntó si ella llevaba alguno para su kimono. Con sencillez Sakura le respondió que ella se las arreglaría para conseguir un buen peinado sin esos pinches. La Yamanaka señaló una horquilla japonesa con su respectiva peineta que, además de hacer juego con su compra, era mucho más bonito que el que le había ofrecido la dependienta. Sacó su billetera y pagó todo en efectivo.

Así era Ino, una chica adinerada y de buen apellido.

Ya con sus compras hechas, salieron muy sonrientes de la tienda. Ino le entregó su regalo a la chica de cabellos rosa, la cual al principio no quería recibirlo pero después de una sonrisa de su amiga, lo aceptó encantada.

Caminaban, hablaban, reían.

Llegaron hasta un café, hambrientas. Sakura ordenó unos pastelillos y un zumo de manzana mientras que su amiga prefirió un cappuccino. Siguieron hablando, muy cómodamente sobre la vida, la universidad, la graduación. Al llegar la mesera con sus elecciones, a Ino pareció prendérsele un foco.

—Ah, se me olvidaba— pronunció haciendo a un lado su café y juntando sus manos para apoyar su barbilla—, ¿Qué era lo que me querías decir, frentona?

—Cerda— comenzó con un poco de miedo—… ¿Estás… saliendo con Sasuke?— Ino, en respuesta, abrió los ojos un poco sorprendida.

—¿Él te lo dijo?— Sakura asintió y la rubia suspiró—. Últimamente nos hemos estado viendo. Hay algo importante— vaciló unos momentos—… Yo creo que deberías alejarte de él, por tu bien. Sasuke te hace mal, Sakura.

—¿Qué es eso importante?

—¿Sabes por qué terminaron?— cuestionó recibiendo una negativa como respuesta. La rubia lo pensó unos segundos y exhaló—. No creo que ser la indicada para decírtelo— solucionó dándole una probada a su café.

Fueron unos segundos de silencio. La Haruno estaba absorta, perdida en sus propios pensamientos. Las respuestas de su amiga eran bastante ambiguas.

—No creíste que estaba saliendo de esa manera con Sasuke, ¿O sí? — Sakura abrió la boca, sin lograr pronunciar una palabra. Ino volvió a suspirar— Frentona, ¿En serio me crees capaz? — entonces se sonrieron.

—Claro que no.


Estaba absolutamente nerviosa. Había esperado por años ese día, había soñado varias veces que todo sería un éxito y se había convencido de que así sería; nada saldría mal. Ella era una persona bastante segura, sí, pero le aterraba que en algún momento su lengua se trabara. Sentada, arrugando su discurso, se encontraba ella, mientas el resto escuchaba atento el discurso de algún profesor. Deseó que aquel veinticinco de marzo acabase lo más pronto posible o ponerse en "modo automático" para salir rápidamente de la situación.

—Ahora procederemos a escuchar el discurso de la mejor estudiante de medicina, Haruno Sakura— llamó desde el escenario el rector de dicha facultad.

Y esa fue una invitación al desastre. Era, por supuesto, un orgullo ser reconocida como la mejor de todos y tener que dar ese discurso, pero últimamente estaba inestable; dormía mucho, vomitaba de vez en cuando y le causaba mucho miedo de tener un desmayo en el escenario. Miró a Ino, quién estaba sentada al lado suyo, alentándola a subir y dar un espectacular monólogo. Entonces se levantó, sonriendo y caminó lentamente hasta al escenario, ocultando su pánico. Ya al frente, echó una hojeada a su público: estaban sus compañeros de facultad, sus familiares, sus padres- los cuales viajaron desde Okinawa por unos días-, una sonriente Yamanaka, su novio, Shikamaru y Naruto.

Comenzó entonces con su discurso. Con cada palabra ganaba más confianza y ya no tenía miedo a los inconvenientes. Nada malo podría pasar. Los demás la veían como a un sabio, quizá se sentían de una manera en la que sólo Sakura supo describir con palabras: a pesar de estar asustados por el violento campo laboral, estaban muy entusiasmados con el futuro y también muy felices con las experiencias que tuvieron en los años de universidad.

Iba a medio discurso cuando reparó en el rostro de Sasori. Se encontraba tres filas más atrás del señor y la señora Haruno y estaba muy atento al discurso. Fue casi imperceptible la pausa que hizo para contemplar a su amigo, en la cual sonrió y continuó hablando. Al final todo salió perfecto, todos se levantaron a aplaudir. Miró a sus padres en primera instancia, los cuales se veían orgullosos de su hija. Después miró a Ino, quién aplaudía con fuerza, al igual que Naruto. Sasori aplaudía y en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisilla. Finalmente, en la entrada del auditorio se encontraba Sasuke, con los brazos cruzados, apoyado en la pared y sonreía de lado. Un escalofrío recorrió su espalda.

¿Sasuke?, ¿Qué mierda hacía ahí?

Se bajó del escenario ofuscada por la luz que llegaba directo a sus ojos. Avanzaba erráticamente por el pasillo, ganándose miradas confusas de los demás. Naruto fue el primero en reaccionar, afirmándola, la ayudó a ir hasta su asiento. Ino se levantó de su silla, queriendo moverse pero sin hacerlo realmente; esperó a que el rubio trajera a Sakura a su lado.

Posterior al incidente, comenzó la entrega de diplomas y la finalización de la ceremonia. Hubieron unos quince minutos después de terminado el acto en el que familiares y amigos se acercaron a felicitar a los recién graduados. Los padres de Sakura se acercaron a abrazar a su hija y, aunque no muy conformes con su estado, le desearon salud y la felicitaron por su primer nieto. Le siguieron Naruto, la Yamanaka, Shikamaru y Sasori; todos felicitándola por su discurso y el reciente logro.

Aunque en realidad actuaba como si no le interesara, sus ojos se movieron inquietos, atravesando cada rincón del auditorio en busca de un rostro en particular. Quizá lo hubiera encontrado si su profesor de ética médica no la hubiese interrumpido. Se acercó a ella esta vez con un aura muy distinta a como era un día normal en la facultad. Venía en paz, tal vez a felicitarla.

—Haruno— la llamó—, felicidades, tu discurso salió bien— dijo alzando la mano, en plan de querer estrecharla.

—Gracias— pronunció apretándole la mano muy distraídamente, aún pendiente de su búsqueda.

—Te tengo una oferta de trabajo— ofreció ganándose toda la atención de su ex estudiante—. Normalmente no hago esto, pero, al ser la mejor estudiante, seguro te dará una oportunidad— agregó con seguridad en su voz.

El catedrático trasladó su peso a su pierna derecha y carraspeó.

—Hace unos días me llamó Senju Tsunade solicitándome un contacto de algún médico que busque trabajo— Los ojos de Sakura brillaron al escuchar ese nombre. Tsunade era la mejor medico del país y era, actualmente, directora de un prestigioso hospital en Tokio—, me pidió por favor que enviase a alguien experimentado, sin embargo yo creo que eres muy apta para el trabajo. ¿Te interesa?

—Por supuesto— respondió sin pensarlo demasiado.

—Bien— él rió y nada le pareció más perturbador que verlo carcajearse. Su profesor abrió su saco por el lado izquierdo, buscando algo en el bolsillo interior—, entrégale esto al entrar en la oficina. La entrevista es el lunes. Intenta dar una buena impresión— aconsejó extendiéndole la mano para despedirse—Mucho éxito— le deseó, alejándose.


Acudió sola a la fiesta ya que no logró localizar a Sasori e ir con él sería realmente muy incómodo porque aún no le había comentado lo que sucedió unas noches atrás. Y por supuesto no habían hablado hace ya varios días, sin contar obviamente, la felicitación de hace unas horas. No se había molestado en decirle la verdad ya que sabía —o quería creer, en realidad— que el chico no sospechaba nada y por tanto, podía ocultar lo acontecido. No obstante, la culpa le carcomía con sólo pensar en él.

La universidad alquiló un salón de eventos muy grande. Tenía bar abierto, mesa de cocktail dispuestas en lados opuestos de la sala, varios camareros y un fotógrafo. Las mesas, cubiertas por un mantel blanco, estaban dispuestas con copas, cubiertos y servilletas. Tres calas adornaban el centro de cada mesa. Las sillas, blancas también, tenían un diseño simple y a la vez encantador. Al otro lado del salón estaba el DJ y bastante espacio para bailar. La iluminación led era en su mayoría azul. Una pantalla ubicada justo atrás del DJ mostraba la frecuencia de la música y cambiaba a colores brillantes de vez en cuando.

La facultad les permitió a sus estudiantes asistir con trajes elegantes, dejando los hakama para la ceremonia de graduación. Sakura aprovechó el color de sus ojos para utilizar un vestido color jade, corto, estilo romano. Le gustaba mucho como se ajustaba en su cintura y le encantaba que sus piernas, bien trabajadas, lucieran kilométricas al terminar la falda. Llevaba además un bolso de mano blanco y tacones sencillos, también de color blanco.

Avanzó por entre sus compañeros graduados para encontrar la mesa donde se encontraba Ino. No tuvo que buscar mucho ya que la halló, unos segundos después, alzando la mano y llamándola por su cariñoso apodo. Haciéndole compañía se encontraban Shikamaru y Naruto —la universidad les permitió invitar a más de una persona externa ese año. Se acercó a la mesa, saludó a sus tres amigos y se sentó. Comenzaron una charla relajada, muchas veces interrumpida por incoherencias del Uzumaki.

Cuando la música comenzó a apoderarse del salón, la mayoría de los asistentes fueron a bailar. Nara invitó a su novia a bailar, dejando a solas al rubio y a Sakura.

—Eh, Sakurita… te ves muy… bien esta noche— comenzó con un poco de nerviosismo, provocando una melódica risilla por parte de la chica—. De veras, eres muy linda.

—Oh, gracias, Naruto— dijo fingiendo halago.

—Pero vaya que últimamente has engordado un poco. Deberías ir a un gimnasio, Sakura— comentó a modo de burla, riéndose un poco. Segundos más tarde sintió que había metido la pata, cuando contempló a su amiga observar atentamente su panza, que sobresalía un poco.

—Naruto, yo…

—Lo siento, Sakura. No era mi intención hacerte sentir mal—interrumpió rápidamente.

—No te preocupes, esto tiene una explicación—explicó aún cabizbaja, tocándose lentamente la barriga y sonriendo. El rubio no pudo evitar sentirse extraño— Yo… estoy embarazada, Naruto— dijo ganándose una expresión incrédula por parte del aludido.

—Pero ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Con quién? — Chilló rápidamente, evidenciando que decía todo sin pensar—. ¿El padre es…?

Ella rió y se levantó de la silla, avanzando hasta el sector de baile

—Vamos a bailar— invitó, sin solucionar las dudas de su amigo.


Le dijo a Naruto que iría al baño a retocar su maquillaje. Habían estado bailando toda la noche y lógicamente, en su condición, estaba agotada. El plan era salir del baño, despedirse de sus amigos y conocidos, y retirarse de la fiesta para poder descansar, después de todo, eran cerca de las cuatro de la madrugada.

Terminó de empolvarse la nariz, guardó su maquillaje y salió dando largas zancadas. Iba a doblar en la esquina del largo pasillo, pero alguien la haló hacia atrás. Bastante confundida, miró hacia todos los lados; hallándose sola, atrapada entre el cuerpo de un hombre y la pared. Intentó identificar quién era, pero la luz no la ayudó demasiado. Su captor tenía sus muñecas apresadas, con un agarre bastante apretado, y sus piernas inmovilizadas. Comenzó a llorar despacio, tenía miedo de que le hiciera algo malo.

—¡A-ayuda!— comenzó a gritar, pero el sonido de la música en el salón era lo suficientemente fuerte como para que el sonido de su voz se perdiera.

El extraño rió contra su cuello.

—Calma, Sakura— dijo, soltándola. La chica podía emborracharse sólo con olisquear su ropa—.Tú… tú siempre me has… gustado muchísimo— aseguró mientras hipaba. Era Lee, su querido amigo Rock Lee. De pronto, comenzó a llorar, y ella intentó consolarlo.

Súbitamente la agarró de los hombros, apretándola, haciéndole daño.

—Lee, me duele— comenzó a quejarse, pero él no cedió.

—Vámonos, Sakura— se escuchó en el pasillo.

Ambos miraron al emisor del mensaje, era Sasuke. Lee la soltó y empezó a tambalearse, retrocediendo hasta tropezar con la pared opuesta. Ella, sin embargo, se acercó a su amigo y chequeó su estado. Le ayudó a levantarse y le aconsejó ir al baño a lavarse la cara. Una vez resuelta su preocupación, miró a través del pasillo y se percató en que el Uchiha seguía ahí. Caminó por el corredor, ignorando la presencia de Sasuke. Él evitó que siguiera avanzando, tirándola del brazo. La Haruno lo asesinó con la mirada.

—Suéltame.

Él la soltó, mas, se acercó a su oído, petrificándola.

—Felicidades, Sakura— susurró.


Naruto la vio salir del corredor que daba al baño. Se iba a acercar con un poco de ponche, pero se congeló al verla salir de la mano con Sasuke. Sakura parecía, más bien, obligada a irse con él, avanzaba cabizbaja, movida solamente por la voluntad del Uchiha.

Nuevamente se iba a acercar. Lo iba a hacer, aunque sea para despedirse. Pero una mano se posó sobre su hombro. Volteó y vio a Ino, quién negaba con la cabeza.

—Ellos tienen cosas que hablar.


Sus pies ardían sobremanera, podía apostar que en sus talones estaban naciendo ampollas. Llegaron hasta un costoso Mercedes negro. Sasuke le abrió la puerta de co-piloto y esperó a que se subiera. Sakura le lanzó una mirada suspicaz, pero, dejando su desconfianza de lado, se subió al auto, sentándose en el puesto que solía ocupar. Él cerró la puerta de su acompañante, recorrió el auto hasta llegar a la puerta del conductor y ocupó el puesto del piloto.

El recorrido fue en completo silencio. Para evitar al chico, Sakura mantuvo su vista en el paisaje. Al llegar, Sasuke aparcó en el estacionamiento de visitas. Deslizó sus manos desde el manubrio hasta el cinto de seguridad, desabrochándolo.

—¿Por qué? — murmuró la chica contra el vidrio. Él la miró con leve curiosidad—, ¿Por qué, por qué, Sasuke?, ¿Por qué estabas ahí?, ¿Por qué me trajiste si sabías que Ino podía hacerlo?, ¿Por qué crees que te pertenezco?, ¿Por qué terminamos, Sasuke? Nos amábamos, no había razón. Dímelo por favor, explícame porque no encuentro motivos. — añadió, recobrando fuerzas con cada pregunta. Volteó la cabeza, mirándolo, ella estaba llorando.

La miró sin saber que responder.

—¡Vamos, responde!— exigió. Como si nada hubiera pasado, Sakura agachó la cabeza, apagando el ardor en sus palabras—. Seríamos tan felices, Sasuke, seríamos una familia— susurró más calmada.

Desabrochó su cinto cuando supo que él no solucionaría sus dudas.

—Adiós, Sasuke— pronunció de manera muy fría. Abrió la puerta y salió, caminando decididamente hasta la puerta del edificio.

Y quizá ese era el adiós definitivo.


Hi everyone! Jiji, ¿Cómo están?

Debo disculparme ya que este capítulo lo tuve que editar varias veces. Y por fin quedé medio conforme con esto :)

¿Les ha gustado? Díganme, díganme :D

Bien y ¿qué les parece Ino? ¿Habrían actúado diferente o habrían hecho lo mismo que la rubia? Juju, he de decir que estuvieron cerca, muy cerca, pero no acertaron. Ella no aconseja a Sasuke.

¿Y qué les pareció la súper aparición de Sasuke?

Ah!, para hacer este capítulo tuve que leer sobre graduaciones en Japón, pensando que eran completamente diferentes a lo que son aquí, en Occidente. Pero son, básicamente, lo mismo. Excepto por los hakama, que son los kimonos—uniformes de antaño.

Muuuchas gracias por los reviews, favoritos y alertas :)

See ya!