-La historia no me pertenece sino que es una adaptación de la película "El Conjuro" estrenada en 2013. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta.


El hogar de los Uzumaki estaba sumido en el silencio ante la ausencia de Naruto que habría de llegar casi en la madrugada por motivos de trabajo. Hinata no disfrutaba de esa soledad ni se acostumbraría jamás, pero su esposo trabajaba para velar por ello y eso era motivo suficiente como para silenciarla y hacer sonreír.

La matriarca Uzumaki doblaba la ropa que había planchado previamente sin dejarse preocupar por los moretones que tenía en diferentes partes del cuerpo. Había investigado un poco antes de auto suministrarse medicamentos contrala deficiencia de hierro, lo que aparentemente tenia. Su mente divaga en cualquier cosa mientras sus manos e instinto guiaban sus acciones. Apilo pieza por pieza de ropa al haber terminado su labor, levantando la mirada hacia la puerta abierta de su habitación escuchando risas y aplausos.

Hinata no pudo evitar entornar los ojos ante esos ruidos, observando el reloj de su habitación. Eran más de las tres de la mañana, ¿Cómo podían jugar a esa hora?

-Niños, ya deberían estar dormidos—regaño Hinata mientras salía de su habitación hacia la de Minato y Kushina.

Para su sorpresa ambos se encontraban durmiendo plácidamente a pesar de los sucesos que habían tenido lugar hacia un par de días. Cerrando la puerta, ligeramente y sin emitir sonido alguno, Hinata se dirigió hacia la habitación contigua donde Isae y Himawari dormían igual de tranquilas una al lado de la otra en sus camas, haciéndola sonreír. Los ruidos debían de haber sido producto de su imaginación porque solo le quedaba revisar a Boruto que debía estar profundamente dormido.

Hinata apenas y alcanzo a cubrirse los oídos ante el ensordecer choque de objetos quebrándose a sus espaldas, haciéndola girarse—apoyándose en la baranda de la escalera—encontrando en el suelo todas las fotografías familiares que colgaban de la pared y los cristales rotos tirados en el suelo.

Apretando los costados de su bata, Hinata descendió lentamente por las escaleras teniendo el debido cuidado de no pisar las preciadas fotos que yacían tiradas sobre el suelo. Sus ojos abandonaron el suelo y recorrieron la sala y el pasillo que llevaba a la cocina y la puerta trasera que daba al jardín. Una de sus manos se poso en los interrumtores y encendio todas las luces habia y por haber en caso de que hubiera algo fuera de lugar.

Deteniendose, en medio del pasillo, los ojos de la Uzumaki recorrieron todas las puertas notando como la que daba al sotano se movia ligeramente…como si alguien hubiera pasado junto a ella. Suspirando, y serenándose interiormente, Hinata avanzó hacia el sótano, abriendo la puerta y encendiendo la luz para ver si había alguien abajo…pero ni siquiera ella misma se atrevía a bajar.

-¿Quién anda ahí?—demandó saber intentando que su voz no se quebrara producto del miedo. - ¡Quien quiera que seas, te voy a encerrar!—como única advertencia, Hinata se giró para cerrar la puerta del sótano justo cuando esta se estampo contra su rostro.

El golpe, seco y sorpresivo para ella, la hizo perder el equilibrio y caer por las escaleras hasta chocar lateralmente con el viejo piano al final de esta. Quejándose de dolor ante el reciente golpe, Hinata consiguió sentarse sobre el suelo, observando todo a su alrededor con temor palpable, temblando por sus nervios. Sus orbes perla recorrían cada lugar de la habitación alumbrada por el foco de luz blanca…nada se movía, nada parecía fuera de lugar y sin embargo Hinata solo temblaba al estar en ese sótano.

De manera repentina una pelota se movió de la nada, revotando contra el suelo ante u asustada mirada y deteniéndose a unos pasos de ella. Hinata, presa del pánico, se levantó a gatas del suelo y subió las escaleras tan rápidamente como le fue posible escuchando el foco romperse y dejarla a oscuras justo cuando hubo llegado a la puerta. La Uzumaki giro la perilla de manera insistente, golpeando sus palmas contra la madera de la puerta.

-¡Auxilio!, ¡Boruto!—llamó Hinata siendo que su hijo mayor -¡Ayuda!

Temiendo a la oscuridad, Hinata recordó que Naruto había dejado una caja de fósforos en el borde de la escalera, tanteando entre la oscuridad para encontrarla y encendiendo un fosforo para ver qué pasaba entre las penumbras. Su respiración era agitada y todo su cuerpo temblaba producto de los nervios ante lo que, escasamente, le era visible por la iluminación del fosforo que se consumió y apago. Temblorosa, Hinata encendió otro rápidamente incapaz de quedarse a oscuras.

-Oye, ¿jugamos al escondite?

Esa voz, casi infantil y de niña, resonó contra sus oídos mientas Hinata movía el fosforo para encontrar la presencia de quien fuera que estuviera ahí. Un par de palmadas, contra el lado de su rostro, llegaron a sus oídos haciéndola soltar el fosforo que se consumió en el aire dejando como testigo del grito de terror de la Uzumaki.


Boruto se removió contra las sabanas al escuchar golpes contra un punto de la habitación, ignorando inicialmente tal cosa.

El ruido volvió a repetirse haciendo bufar al Uzumaki que se froto los ojos para desperezarse. Apoyando sus manos tras su espalda, el rubio parpadeo mientras se sentaba sobre el colchón encontrándose con su hermana Isae, otra vez sonámbula, chocando incesantemente su frente contra las puertas del armario.

-Isae, ¿de nuevo, en serio?—preguntó ente divertido y compasivo del sonambulismo de su hermana.

El Uzumaki parto las sabanas y se bajó de la cama, avanzando hacia su hermana que golpeaba su frente contra las puertas del armario. El rubio, recordando a su padre, coloco su mano por sobre la frente de su hermana y la hizo cambiar lentamente de dirección haciendo que caminara hacia la cama. Sus amigos se burlarían de él por permitir a su hermana dormir y—como siempre hacia—abrazarlo como si fuera un oso de peluche, pero prefería eso a ver que su hermana no dormiría bien por su irresponsabilidad.

Era el mayor después de todo

-Tranquila…ven, a la cama—le susurró sintiéndola manejable en sus brazos al momentos de recostarla y cubrirla con las sabanas. -Esta noche puedes quedarte, tranquila—entre sueños, y acomodándose sobre el colchón, Isae parecía igual de incomoda. -Acuéstate, bien.

Boruto curio bien a su hermana con la sabana antes de decidirse a volver a dormir. Un repentino golpe contra las puertas del armario, igual a los que su hermana había dado, llegaron a sus oídos. Inicialmente creyó que era producto de su imaginación pero, frente a sus propios ojos, las puertas se removieron produciendo aquel sonido. Volteando a ver a su hermana, que dormía plácidamente, el Uzumaki avanzó hacia el armario viendo como ese gesto se repetía una y otra vez.

Sujetando las perillas entre sus manos, tomando aire, Boruto abrió las puertas de par en par observando lo que fuera que provocaba ese movimiento…pero no había nada. Sus ojos recorrieron cada rincón expuesto del armario pero no había nada. ¿Lo había imaginado? Un repentino jadeo a su espalda lo hizo girar, encontrándose con la expresión de completo terror plasmada en el rostro de Isae que apuntaba sus ojos hacia la cima del armario.

Boruto levanto la mirada hacia arriba encontrándose co la figura más monstruosa que hubiera visto en su vida y que se lanzó sobre el antes de que pudiera evitar cualquier cosa…


Naruto detuvo su auto frente a la entrada de la casa tras horas de haber conducido, agotado y sintiendo los músculos adoloridos tras tres largos días de trabajo, lejos de sus hijos e hijas y de su amada esposa.

El Uzumaki cerró la puerta del vehículo saliendo de este con la maleta en la mano y soltándola en el acto al escuchar gritos de terror provenir del interior de la casa que se encontraba con las luces encendidas. Y el claramente distinguía la voz de Hinata de entre todos esos gritos. Dejándose guiar por la voz de su esposa, desde el primer momento en que entro en la casa, Naruto se dirigió hacia el sótano escuchando los golpes de las manos de ella contra la puerta de manera insistente.

-¡Abran!, ¡Abran!, ¡Ayúdenme, abran!—gritaba Hinata de manera desesperada del otro lado.

Sin el menor problema, Naruto giro la perilla y abrió la puerta evitando la caída de Hinata que se desplomo llorando en sus brazos. Temblaba completamente asustada como Naruto jamás recordaba haberla visto. El Uzumaki rompió ligeramente ele abrazo observándola a lo ojos.

-¿Quién entro?—indagó escuchando los gritos que venían del segundo piso.

Hinata negó a modo de respuesta, apoyándose en el marco de la pared para levantarse mientras veía a Naruto subir las escaleras. Girándose hacia el sótano, Hinata cerró la puerta chocando su espalda contra esta con temor a que, lo que sea que hubiera allí, pudiera atacar a su familia.

Llegando al segundo piso, Naruto avanzo entre Kushina, Himawari y Minato que estaban preocupados y asustados delante de la puerta de la habitación de su hermano mayor.

-¡Boruto!—gritó Naruto, encontrando la puerta de la habitación de su hijo cerrada.

El Uzumaki tomo la perilla y abrió la puerta encontrado a Isae sentada en la cama, con el rostro oculto entre sus rodillas, llorando. Boruto se removí de espalda contra el suelo como si alguien estuviera forcejeando encima de él.

-¡Boruto!—Naruto sostuvo a su hijo mayor de los hombros haciéndolo reaccionar mientras el rubio abrazaba a su padre, llorando. El Uzumaki levanto la mirada hacia la puerta encontrándose con Hinata que abrazaba a su hijo y a Isae que se había alanzado a sus brazos al verla entrar. -¿Qué está sucediendo aquí?—pregunto en voz alta para sí mismo.


PD: nuevamente actualizo por petición de Yuno-Uchiha quien comenta cada capitulo :3 con respecto a tu pregunta: hice que Sarada tenga quince años porque es el tiempo que Sasuke y Sakura llevan casados (según la cronología de la película). Actualizare en cuanto pueda por mi mente, de pronto, se seca :3 gracias por la atención de leer y hasta la próxima.