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Un beso para todas….
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Cap. 8
BPoV
Al salir Alice de la casa Ana me miraba con vista crítica, ella había dejado abierta su mente pero yo no quería ver que tenía en mente, sus pensamientos en momentos como estos siempre eran de reproche y no me gustaba que me juzgaran, ella lo sabía, ella sabia muchas más cosas de las que yo misma sabía, y como decía ella me hacía la de la vista gorda, por no sentir lo que en realidad deseaba sentir.
Después de haberme bañado durante 10 minutos, Ana se río por mi rapidez; me dispuse a hacer la comida, quería hablar con Alice, pero parecía que Charlie llevaba mucho tiempo sin comer, ya sabía que Ana tampoco había comido en todo el día, pero ella podía aguantar, a ella no se le había muerto un gran amigo. Ana bufó ante mis pensamientos. Tarareé algo entre dientes, sin hacer ruido, yendo de un lado para otro de la cocina.
Mientras el estofado del jueves daba vueltas en el microondas, puse sábanas y una vieja almohada en el sofá. Alice no las necesitaría, pero Charlie tenía que verlas. Fui cuidadosa en lo de no mirar el reloj. No había motivos para sufrir un ataque de pánico; Alice lo había prometido.
Ana tenía una sonrisa en la cara y eso me desconcertó, ella estaba sentada en la mesa que había en la cocina, me miraba sonriente, pero no era a mí a la que en verdad veía, era como si estuviera pensando. No le preste más atención a la extraña chica que se encontraba a mi lado mientras comíamos.
Comiendo el estofado sentía que la garganta la tenía en llamas. Ana seguía haciendo muecas, cada vez que yo comía ella sentía la quemazón, razón por la cual estaba comiendo igual de rápido que yo, no era por ansiedad solo decía que si se estaba quemando la garganta lo mínimo que tenía que hacer era hacerlo de verdad. Nos bebimos casi cinco litros de agua entre las dos y todavía seguíamos con sed. Ella de verdad tenia sed, y eso era solo una gracia para ella, diciendo que yo parecería una vaca de tanta agua, pero la verdad era que así como el agua entraba se desaparecía.
Mientras caminaba a ver si sería capaz de ver tele mientras esperaba a Alice, Ana se rio oscuramente; bueno aunque ella siempre se reía así, era como la risa malvada.
Llegamos a la sala y Alice estaba sentada en su cama improvisada, sus ojos eran del color del caramelo líquido. Sonrió y palmeó la almohada.
Mire a Ana y ella sacudió la cabeza, se sentó en la mesa mientras yo me sentaba al lado de Alice quien me abrazo por los hombros.
—Gracias.
—Has llegado pronto —dije eufórica.
Ana suspiro y se rio de forma escandalosa, Alice la miro sin entender pero con una sonrisa, la risa de Ana era parecida a la de Alice cuando se reía naturalmente sin meter esa aura oscura
— ¿qué vamos a hacer?
—No lo sé
Nos quedamos en silencio. Pero Ana siempre hablaba de más
― ¿Sabe Edward que estás aquí? ― la pregunta de Ana era algo que no sabía si quería saber o no, pero ella decidió por mí, como últimamente hacia, aunque ella sabia escoger mejor que yo, o eso creo.
― No
— ¿No está con Carlisle y Esme? ― pregunte
—Se pone en contacto con ellos cada pocos meses.
—Oh —debía de estar por ahí, disfrutando de sus diversiones. Concentré mi curiosidad en un tema más seguro —. Me dijiste que volaste hasta aquí... ¿Desde dónde venías?
—Me hallaba en Denali. Hacía una visita a la familia de Tanya.
— ¿Está Jasper aquí? ¿Te ha acompañado? ― Ana se sabía los nombres de ellos, pero ningún Cullen, aparte de Carlisle como médico, hablo con ella durante el mes que estuvieron aquí
—No está de acuerdo con que yo interfiera. Prometimos... —dejó que su voz se apagara y después de eso cambió el tono —. ¿Y tú crees que a Charlie no le importará que me quede aquí? —preguntó, preocupada
Alice no parece de las chicas que se preocupan dijo Ana en mi mente la quede mirando seria
- ¿Por qué no te sorprendió tanto el que yo supiera tu secreto? – la pregunta de Ana fue un tanto quejumbrosa y Alice se dio cuenta
― digamos que, tarde o temprano sabrías
― Y ¿Cómo sabias que yo me enteraría?
― Bella no es tan mentirosa como quisiera ser
Ana y Alice se rieron, pero yo no le veía gracia alguna
- HA, ha Charlie cree qué eres maravillosa, así que no se molestara – le dije a Alice – y dejen de reírse de mí
Alice se puso seria ― bueno, veremos que tanto le gusto a Charlie
En ese momento escuche el coche patrulla llegar a la casa.
Él se veía abatido, lo abrace al igual que Ana, ella era mejor que yo y él en mostrar los sentimientos, por eso Charlie siempre decidía hablar con ella, bueno la verdad los dos éramos mejor hablando con ella que entre él y yo.
Cuando le dije sobre Alice le agradeció que se quedara en casa con nosotras porque él estaría muy ocupado, Alice se disculpo varias veces por la muerte de Harry, y Charlie le pregunto por Edward aunque lo hizo sutilmente, hasta Ana se dio cuenta y sonrió disimuladamente.
Charlie se fue a cenar mientras Alice, Ana y yo nos fuimos a la sala
― parecen cansadas ― dijo Alice
― Si ― admití y me encogí de hombros ― las experiencias cercanas a la muerte me ponen en este estado. Oye y ¿Qué pensara Carlisle de que estés aquí?
—No lo sabe. Esme y él están de caza. Sabré algo de él dentro de unos días, cuando regrese.
—Pero ¿no se lo dirás, no... …cuando él vuelva? —le pregunté. Ella sabía que no me estaba refiriendo a Carlisle de nuevo.
—No. Me arrancaría la cabeza —dijo Alice con tristeza.
Solté una carcajada y luego suspiré.
No supe en qué momento me quede dormida, pero ya era de mañana, estaba acostada en el sofá que le había preparado a Alice, Ana estaba en la cocina junto con Charlie y Alice. Escuche como se movían las gavetas. Por la visión de Ana vi que Charlie era el que estaba haciendo la comida, que era cereal y Alice y ella estaban sentadas en la mesa.
—Dime, Charlie, ¿ha sido muy malo? —preguntó Alice con voz queda; al principio pensé que se estaban refiriendo a los Clearwater pero al escuchar el suspiro de Charlie
—Ha sido espantoso. ― vi su rostro lleno de dolor y me sentí mal
—Cuéntamelo. Quiero saber exactamente qué ocurrió después de que nos marchásemos.
Hubo una pausa mientras se cerraba la puerta de una alacena y se apagaba un botón de la cocina. Esperé, muerta de vergüenza. Charlie comenzó a hablar muy despacio y miro a Ana, como preguntándole si le decía o no.
—Nunca me había sentido tan impotente. No sabía qué hacer. Hubo un momento durante aquella primera semana en que temí que sería necesario hospitalizarla. No comía ni bebía ni se movía. El doctor Gerandy andaba por aquí mencionando palabras como «catatonia», aunque no le dejé acercarse. Me daba miedo que la asustara.
—Pero ¿terminó saliendo de esa situación?
― Si, el día que se fueron, la encontramos en el bosque. Físicamente no tenía nada, pero era algo más que eso. En ese momento Ana no estaba aquí, ella había salido a ver si una familia eran parientes o algo de ella, pero no lo eran. Ana duro 4 días fuera y cuando llego en la noche le conté lo que había pasado, ella me dijo que hablaría con ella. A la mañana siguiente aun sigo sin saber que fue lo que hizo, pero Bella volvió a ser la misma o eso me pareció ― se detuvo un momento y miro a Ana sonriendo ― comenzó a hacer las cosas, pero estaba en un mundo diferente al nuestro, cuando ya no soporte más y vi que ella no hacía nada por acercarse a Ana que ya era su nueva hermana llame a Renée, peo eso fue para peor, Bella pataleo e hizo un gran berrinche porque ella quería quedarse. Renée nos hizo prometerle que antes de que ella empeorara la llevaríamos arrastras ― Charlie se rio oscuramente ― la deje quedarse conmigo y Ana
La voz de Charlie se desvaneció. Era duro escucharle contar eso, saber la pena que le había causado.
—Pero...—le apuntó Alice
― Bella hacia todo lo que le dijeran, pero Ana la hizo salir un poco y pensar y moverse un poco más, supongo que fue algo que hablaron, porque un día las encontré todas tensas ― se río y Alice miro a Ana interrogante ― ella dejo de ver las cosas que le recordaran a él y siguió con su vida. Después de un tiempo Ana la intento convencer de las locuras que a ella se le pasaban por la cabeza pero Bella era muy cabeza dura. Si en ese tiempo me hubiera dicho Ana que la haría saltar en paracaídas o algo así hubiera dicho que si con tal de que ella saliera de la depresión. De un momento Ana y Bella se hicieron unidas y parece que se entienden perfectamente ― parece que a todos les gusta olvidarme – pensó Ana y yo sonreí ― ella la hizo salir de casa, y Bella fue despertando, después de un tiempo Bella la llevaba a la Push y Ana junto con Jake la sacaron creo que casi completamente. Jake es maduro para su edad. Ha cuidado físicamente de su padre del mismo modo que Bella cuidó emocionalmente de su madre. Eso le ha hecho madurar. También es un chaval apuesto, le viene por parte de madre. Ha sido bueno para Bella, ¿sabes?
Podía notar la expresión de Alice, que era ¡NADA! No dejaba ver reacción pero sus palabras me dejaron
—Entonces está bien que pueda contar con él.
Charlie inspiró muy hondo y se rindió ante el hecho de que Alice no se opusiera.
—Vale, tal vez esté exagerando un poco las cosas... No lo sé... Incluso cuando está con Jacob, hay veces que veo algo en sus ojos y me pregunto si alguna vez he llegado a darme cuenta de cuánto dolor siente en realidad. No es normal, Alice y... y me asusta. No es normal en absoluto. No es como si alguien la hubiera... dejado, sino como si alguien hubiera muerto —la voz se le quebró.
Y vi que sus ojos se aguaron me sentí tan mal tan muerta
Como si yo hubiera muerto. Susurre y Ana miro en mi dirección al igual que Alice quien frunció el ceño por su mirada - Porque ha sido algo más que perder el más verdadero de los amores verdaderos
Ana bufo y siguió comiendo, me pregunte que estaría haciendo Alice para esconder la comida
—Alice, tengo que preguntarte algo —dijo Charlie con torpeza.
Alice estaba tranquila.
—Adelante.
— ¿Va a venir Edward a visitarla también? —inquirió. Noté la ira reprimida en la voz de Charlie.
Alice contestó con aplomo y un tono de voz suave.
—Ni siquiera sabe que estoy aquí. La última vez que hablé con él estaba en Sudamérica.
Me envaré al escuchar esta nueva información y presté más atención.
—Eso es algo, al menos —bufó Charlie—. Bueno, espero que lo esté pasando bien.
La voz de Alice se aceró por vez primera.
—Si yo estuviera en tu lugar, no haría suposiciones —sabía cómo podían llamear sus ojos cuando empleaba ese tono.
Me levante y salude a Charlie que se apresuro a marchar para ayudar a Sue, el día la pasamos hablando o más bien Alice y yo, porque Ana solo escuchaba, a veces veía a Alice mirar entre Ana y yo intercaladamente. Alice conto sobre su familia.
Carlisle trabajaba por las noches en Ithaca y enseñaba a tiempo parcial en la universidad de Cornell. Esme estaba restaurando una casa del siglo XVII, un monumento histórico situado en un bosque al norte de la ciudad. Emmett y Rosalie se habían ido a Europa unos cuantos meses en otra luna de miel, pero ya estaban de vuelta. Jasper también estaba en Cornell, esta vez para estudiar Filosofía. Y ella había estado efectuando algunas investigaciones personales referentes a la información que yo había descubierto de forma casual la pasada primavera. Había conseguido identificar con éxito el manicomio donde había pasado los últimos años de su existencia humana. Una vida de la que ella no tenía recuerdos.
—Mi nombre era Mary Alice Brandon —me contó con voz serena—. Tenía una hermana pequeña que se llamaba Cynthia. Su hija, mi sobrina, todavía vive en Bi loxi.
— ¿Has conseguido averiguar por qué te llevaron... a ese lugar? ¿Qué llevaría a unos padres a ese extremo? Incluso aunque su hija tuviera visiones del futuro...
Se limitó a sacudir la cabeza con mirada pensativa ante mi pregunta
—No he conseguido averiguar demasiado sobre ellos. Repasé todos los periódicos viejos microfilmados que hallé. Se mencionaba muy poco a mi familia, ya que ninguno pertenecíamos al círculo social del que suele hablar la prensa. Estaba anunciado el compromiso de mis padres y el de Cynthia —el nombre salía de su boca algo vacilante—. Se notificaba mi nacimiento. .. Y mi muerte. Encontré mi tumba, y también hallé mi hoja de admisión en los viejos archivos del manicomio. La fecha de la admisión y la de mi lápida coinciden.
No sabía qué decir y, después de una corta pausa, Alice cambió el rumbo de la conversación y habló de temas más superficiales.
Los Cullen estaban todos juntos de nuevo, salvo esa única excepción, para pasar en Denali —con Tanya y su familia— las vacaciones de Pascua que les concedían en Cornell. Escuché con demasiada avidez incluso las noticias más triviales. Ella nunca mencionó a aquel en quien yo tenía más interés y se lo agradecí en el alma. Bastaba con escuchar las historias de la familia a la que una vez soñé pertenecer.
Charlie no regresó hasta después del crepúsculo y parecía más extenuado que la noche anterior. Iba a volver a la reserva a primera hora de la mañana para el funeral de Harry, por lo que se acostó pronto. Yo me quedé otra vez con Alice en el sofá, de cierta forma Ana no estaba demasiado pendiente de Alice, es como si fuera una vieja amiga que llego de visita y estaba como en su casa. Era extraño, era como si ella supiera algo que yo no, pero eso era imposible
Charlie casi parecía un extraño cuando bajó las escaleras antes de que se hiciera de día, vistiendo un traje viejo que yo nunca le había visto con anterioridad. La chaqueta le colgaba abierta; supuse que le estaba demasiado estrecha para poder abrocharse los botones. La corbata era un poco más ancha de lo que se llevaba ahora.
Caminó de puntillas hasta la puerta en un intento de no despertarnos. Le dejé marchar, fingiéndome dormida, y Alice, tendida en el sillón abatible, hizo lo mismo...
... pero se sentó en cuanto él salió por la puerta. Bajo el edredón, estaba completamente vestida.
—Bueno, ¿y qué vamos a hacer hoy? —me preguntó.
—No lo sé. ¿Ves que vaya a suceder algo interesante?
Ella sonrió y sacudió la cabeza.
—Todavía es temprano
Ana sugirió que hiciéramos los deberes de la casa que estaba un poco abandonada desde que íbamos casi a diario a la Push. Le conté a Alice lo poco que sabia y Ana me dijo que no le contara lo de la salida con Jess, Ana hablo muchísimo más que yo diciendo la porquería de personas que eran la sarta de compañeros. Cuando estaba en el baño y Ana en la cocina el timbre de la casa sonó, mire a Alice, pero esta solo miraba con los ojos como platos, era raro verla sin una respuesta.
― ¡Yo voy! ― Grito Ana mientras me lavaba las manos llenas de detergente
—Bella —dijo Alice con cierto rastro de frustración en s u voz—. Tengo una sospecha bastante certera sobre quién puede ser y creo que es mejor que me marche.
— ¿Sospecha? —repetí. ¿Desde cuándo Alice tenía que sospechar algo?
—Si es una repetición del mayúsculo fallo de mi visión de ayer, entonces, lo más probable es que sea Jacob o uno de sus... amigos.
La miré fijamente mientras intentaba sacar conclusiones.
— ¿No puedes ver a los hombres lobo?
Ella torció el gesto.
—Eso parece.
Estaba evidentemente irritada por este hecho, muy irritada. El timbre sonó otra vez, dos veces, con rapidez e impaciencia.
—No tienes que irte a ninguna parte, Alice. Tú estabas aquí primero.
Rió con su risita plateada, aunque esta vez tenía un matiz oscuro.
—Confía en mí. Dudo que sea buena idea reunimos a mí y a Jacob Black en la misma habitación.
Salió rápidamente de la casa por el cuarto de Charlie.
Mire por medio de Ana y vi que ciertamente era Jake. Ana no era fan de Jacob desde nunca. Pero al menos antes lo toleraba.
Baja ahora mismo Isa me dijo Ana mentalmente y totalmente irritada, ya no pasaba a Jake
Ni siquiera con una cola se rio oscuramente ante el pensamiento
Baje y vi a Jake en la entrada, Ana se fue a la cocina mientras yo atendía al invitado, pero Jake emanaba oleadas de hostilidad, lo cual me retrotrajo a aquella espantosa tarde en la que había preferido a Sam antes que a mí y respondí a la defensiva irguiendo el mentón.
El Golf de Jacob permanecía al ralentí con el freno echado. Jared estaba al volante y Embry en el asiento del copiloto. Me di cuenta de lo que eso significaba: temían dejarle venir solo, lo que me entristeció y sorprendió, ya que el comportamiento de los Cullen no justificaba semejante actitud. Ana volvió a bufar, últimamente hacia mucho eso
—Hola —dije finalmente al ver que él seguía sin hablar.
Jake frunció los labios y continuó a la misma distancia que había mantenido con respecto a la puerta. Repasó la fachada de la casa con la mirada. Apreté los dientes y pregunté:
—No está aquí. ¿Necesitas algo?
Él vaciló.
— ¿Estás sola?
—Sí.
Suspiré.
— ¿Podemos hablar un minuto?
—Por supuesto, Jacob. Vamos, entra.
Miró por encima de su hombro a sus amigos, sentados en el coche. Vi a Embry mover la cabeza de forma casi imperceptible. No supe la razón, pero eso me fastidió un montón.
Me rechinaron los dientes y murmuré en voz muy baja:
—Gallina.
Los ojos de Jacob relampaguearon y se centraron en mí. Encima de sus ojos hundidos, sus pobladas cejas negras adoptaron un ángulo que les confería un aspecto airado. Apretó los dientes y desfiló —no existía otra palabra para describir la forma en que se movía— por la vereda y se encogió de hombros al pasar junto a mí para entrar en la casa.
Antes de cerrar de un portazo, mi mirada se encontró primero con la de Jared y luego con la de Embry. No me gustó la dureza con la que me observaban. ¿De veras pensaban que iba a dejar que le sucediera algo malo a Jacob? Ana bufo ante mi pregunta
¿Quieres dejar de bufar? Le pregunte y solo recibí otro bufido, rodé los ojos
S
— ¿Qué? ¿Una fiesta de pijamas? —inquirió Jake con sarcasmo.
—Sí —repliqué con el mismo tono de acidez. No me gustaba nada Jacob cuando se comportaba de esa manera —. ¿Qué se te ofrece?
Volvió a arrugar la nariz como si oliera algo desagradable.
— ¿Dónde está tu «amiga»? —pude oír el entrecomillado de la palabra en la inflexión de su voz.
—Tenía que hacer algunos recados. Bueno, Jacob, ¿qué quieres?
Había algo en la estancia que le ponía los nervios a flor de piel. Los brazos le temblaban. No respondió a mi pregunta, sino que se desplazó a la cocina lanzando con impaciencia miradas en todas las direcciones.
Le seguí. Se detuvo al ver a Ana pero luego paseaba arriba y abajo junto a la pequeña encimera que era en donde Ana se encontraba.
—Eh —le dijo al tiempo que se interponía en su camino. Detuvo sus pasos y fijó en su mirada—. ¿Qué te ocurre? ― pregunto una para nada preocupada Ana
—Me disgusta tener que venir aquí. ― La repuesta de Jake me hirió profundamente. Me estremecí y Ana entrecerró los ojos mirándome haciendo que Jake hiciera lo mismo.
—En tal caso, lamento que hayas tenido que hacerlo —musité—. ¿Por qué no me dices ya lo que necesitas? De ese modo podrás marcharte.
—Sólo quería hacerte un par de preguntas. No te llevará mucho tiempo. Debemos volver al funeral.
—De acuerdo, terminemos con esto.
—Un miembro de la familia Cullen ha estado aquí contigo —expuso.
—Sí, Alice Cullen.
Asintió con gesto pensativo mirándome y olvidando a Ana, ella sonrió
Creo que me estoy acostumbrando a ser olvidada por tus amistades
Lamento decirte que Alice te mira demasiado
Cierto, ella me hace sentir culpable Jajaja
¿Puedes estarte seria un momento? ¡Por favor!
— ¿Cuánto tiempo va a quedarse? ― La pregunta de Jake me saco de mi cabeza o nuestras cabezas
—Todo el que quiera —repliqué, todavía con tono beligerante, era tan extraño que él se comportara así —. Puede venir cuando le plazca.
— ¿Crees...? ¿Podrías explicarle lo de la otra, lo de Victoria, por favor?
Palidecí y Ana toco su pecho en señal de dolor ajeno, fruncí el ceño
—Ya la he informado.
El asintió mirándome fijamente.
—Has de saber que mientras los Cullen estén en este lugar, sólo podemos vigilar nuestras tierras. El único sitio donde tú estarías a salvo sería en La Push. Aquí ya no puedo protegerte.
—De acuerdo —contesté con un hilo de voz.
Entonces apartó la vista y miró al exterior a través de las ventanas traseras sin decir nada más.
Que melodramático dijo Ana
— ¿Eso es todo?
Mantuvo los ojos fijos en el cristal mientras contestaba:
—Sólo una última cosa.
Esperé, pero él no prosiguió, por lo que al final le urgí:
— ¿Sí?
— ¿Van a regresar los demás? —inquirió con voz fría y calmada. Me recordó al comportamiento sereno de Sam. Jacob se parecía cada vez más a él. Me pregunté por qué me molestaba tanto.
Ahora fui yo quien permaneció callada y él clavó sus ojos perspicaces en mi rostro.
— ¿Y bien? —preguntó mientras se esforzaba en ocultar la tensión detrás de su expresión serena.
—No —respondí al fin, a regañadientes —. No van a volver.
Jacob no se inmutó.
—Vale. Eso es todo.
Mi enfado resurgió y le fulminé con la mirada.
—Bueno, venga, ahora vete. Ve a decirle a Sam que los monstruos malos no te han atrapado.
—Vale —volvió a decir, aún calmado.
Era lo que parecía. Jacob salió a toda prisa de la cocina. Esperé a oír la puerta de la entrada, pero no fue así. Escuché el tictac del reloj de la cocina y me maravillé una vez más de lo silencioso que se había vuelto.
¡Menudo desastre! ¡¿Cómo podía haberme alejado tanto de él en tan breve lapso de tiempo?!
¿Me perdonaría cuando Alice se hubiera marchado? ¿Y qué ocurriría si no lo hiciera? Ana no podría ella sola de nuevo
Ana se acerco y se quedo de pie con la mano en mi cabeza, era como si estuviera acariciando a un cachorro, se rió de mi
Ya verás dijo
Me dejé caer contra la encimera y enterré mi rostro entre las manos. ¿Cómo podía haberlo complicado todo de este modo? En cualquier caso, ¿me podía haber comportado de otra manera? No se me ocurrió ninguna alternativa, ningún otro modo de proceder.
— ¿Bella...? —preguntó Jacob con voz atribulada.
Escuche un débil te lo dije desde mi mente, un día de estos mandare a volar a Ana y me veré como una loca
Alcé el rostro, que mantenía entre mis manos, para ver a Jacob, dubitativo, en la entrada de la cocina. No se había marchado, tal y como yo había pensado. Sólo entonces vi gotas cristalinas en las palmas de mis manos y comprendí que estaba llorando.
Mire a Ana en busca de ayuda y ella solo me acaricio la mejilla limpiando así las lagrimas
La expresión serena había desaparecido del rostro de Jacob, que ahora se mostraba inseguro y ansioso. Caminó rápidamente para acercarse a mi lado y agachó la cabeza hasta que sus ojos y los míos estuvieron a la misma altura.
—Lo he vuelto a hacer, ¿verdad?
— ¿Hacer? ¿El qué? —pregunté con voz rota.
—Romper mi promesa. Perdona.
― Ya te lo había advertido chucho ― el tono de Ana era demasiado calmado y esa calma era la antes de la tormenta, Jake la miro sorprendido; yo sabía lo que eso significaba, de ahora en adelante él para ella sería lo peor que me pudiera pasar. Pero volvió a ser el mismo rostro compungido cuando me vio. Odio esas miradas de lástima que me da Jake, esas eran la peores
—No te preocupes —repuse entre dientes y escuche la risa de Ana—. Esta vez empecé yo.
Su rostro se crispó.
—Sabía lo que sentías por ellos. No debería haberme sorprendido de ese modo.
Vi la repulsa en sus ojos y quise explicarle cómo era Alice en realidad, defenderla, desmentir la opinión que se había formado de ella, pero Ana me previno que no era el momento.
Por tanto, me limité a decir:
—Lo siento.
Una vez más. Últimamente es lo único que sabes decir a todos, menos a mí
Ese pensamiento me sacudió un poco, no sabía de qué iba la cinta
—No hay de qué preocuparse, ¿vale? Sólo está de visita, ¿no? Se irá y las aguas volverán a su cauce.
— ¿No puedo ser amiga de los dos al mismo tiempo? —pregunté. Mi voz no ocultó ni una pizca del dolor que me embargaba.
Movió la cabeza muy despacio negando esa posibilidad.
—No, no creo que sea posible.
Sollocé y clavé la vista en sus pies enormes.
—Pero ¿me esperarás, verdad? ¿Seguirás siendo mi amigo aunque también quiera a Alice?
No alcé los ojos, temeros a de lo que iba a pensar de la última parte. Necesitó un minuto para responder, por lo que probablemente fue un acierto no mirarle.
—Sí, siempre seré tu amigo —dijo con brusquedad— sin tener en cuenta a quién ames.
— ¿Prometido?
—Prometido.
Me rodeó con los brazos y yo apoyé la cabeza sobre su pecho sin dejar de sollozar.
— ¡Qué asco de situación!
—Sí —entonces, olisqueó mi pelo y dijo —: Puaj.
Ana se rio y me di cuenta de que era normal dejarla en situaciones que ella no parecía importarle. Pero no del todo, eso era lo que ella decía hace un momento
― Perfume vampírico ― dijo con voz burlona Ana. Ella era una experta en esconder sus emociones, en ocasiones llegue a preguntarme si ella era una vampira
— ¡¿Qué?! —pregunté y levanté la vista para verle arrugar la nariz a Jake —. ¿Por qué os ha dado a todos por hacerme eso? ¡No huelo!
Esbozó una leve sonrisa.
—Sí, sí hueles, hueles como ellos. Demasiado dulce y empalagoso... y helado... Me arde la nariz.
— ¿De verdad? — pregunto Ana ― aquello resultaba muy extraño. Alice huele increíblemente bien, al menos para mí ― dijo Ana y la mire con la boca abierta, en qué momento ella hablo con Alice que ni cuenta me di
—. Entonces, ¿por qué Alice cree también que yo huelo?
Aquello le borró la sonrisa de la cara a Jake.
— ¿Qué...? Tal vez mi olor tampoco sea de su agrado, ¿no?
—Bueno, a mí me gusta cómo oléis los dos ― dije y Ana me miro enarcando una ceja, pero la ignore y ella se entretuvo con la losa, mire en su mente que estaba toda entretenida escuchando música en el mp3 mientras hacía oficio, recosté mi cabeza en el pecho de Jake.
—Te echaré de menos cada minuto —susurró Jacob—. Espero que se largue pronto.
—La verdad, Jake, no tiene por qué ser así.
Suspiró.
—Sí, Bella, sí ha de ser así. Tú... la quieres, y sería conveniente que yo no estuviera cerca de ella. No estoy seguro de mantenerme siempre lo bastante sereno como para poder manejar la situación. Sam se enfadaría si se enterase de que he quebrantado el tratado y —su voz se tornó sarcástica — no creo que te hiciera demasiado feliz que matara a tu amiga.
Le rehuí cuando dijo eso, pero él se limitó a hacer más fuerte la presa de sus brazos, negándose a soltarme.
—No hay forma de evitar la verdad. Así están las cosas, Bella.
—Pues no me gusta.
Jacob liberó un brazo para sostener mi mentón con la mano ahuecada y lo levantó para obligarme a que le mirase.
—Sí, era más sencillo cuando los dos sólo éramos humanos, ¿verdad?
Suspiré. Ni así ok, Ana debería dejar de meterse en mi mente
Alzó la mano para acariciarme la mejilla con las yemas de los dedos y terminar descendiendo hasta la mandíbula. Noté el temblor de sus dedos, aunque en esta ocasión no era a causa de la ira. Colocó la palma de su mano sobre mi mejilla, mi rostro quedó atrapado entre sus manos abrasadoras cuando subió la otra mano.
—Bella —susurró.
Me quedé helada.
¡No! Aún no había tomado una decisión al respecto. No sabía si era capaz de hacerlo, y ahora no tenía tiempo para pensar, pero hubiera sido una necia si hubiera pensado que un rechazo en ese momento no iba a tener consecuencias.
Pues toma una decisión ¿o interrumpo? no sabía si la pregunta de Ana traería consecuencias más graves o me salvaría de esta encrucijada
Clavé en él mi mirada. No era mi Jacob, pero podía serlo.
Su querido rostro era el de siempre. Yo le amaba de verdad en muchos sentidos. Era mi consuelo, mi puerto seguro, y en ese preciso momento yo podía escoger que me perteneciera.
Pero su presencia hará regresar a otra. Piensa bien Isa la voz de Ana era de consejo y vi en su mente que ella seguía con los platos
Por el momento, Alice había regresado, pero eso no cambiaba nada – seguí con mis pensamientos – La persona a quien amaba de verdad se había marchado para siempre. El príncipe no iba a regresar para despertarme de mi letargo mágico con un beso. Al fin y al cabo, tampoco yo era una princesa, por lo que ¿cuál era el protocolo de los cuentos de hadas para otros besos? ¿Acaso la gente corriente y moliente no necesitaba romper ningún conjuro?
Tal vez sería fácil, algo así como cuando sostenía su mano o me rodeaba con sus brazos. Quizá sería agradable.
Haz lo que quieras pero no te mientas
Cállate
Quizá no me diera la impresión de estar traicionándole
Jamás creerás eso
Además, ¿a quién traicionaba en realidad? Sólo a mí misma.
Sin apartar sus ojos de los míos, Jacob comenzó a inclinar el rostro hacia mí. Yo todavía no había tomado ninguna decisión.
Deberías madurar murmuro Ana
El repiqueteo estridente del teléfono nos hizo pegar un bote a los dos, pero él no perdió su centro de atención.
Salvada por la campana se rió jovialmente Ana
Jake apartó la mano de mi barbilla y la alargó para tomar el auricular, pero aún sostenía férreamente mi mejilla con la otra mano. Sus ojos negros no se apartaron de los míos. Estaba hecho un lío, demasiado confusa para ser capaz de reaccionar ni aprovechar la ventaja de la distracción, pero agradecía a Ana estar ahí quien se aclaro la garganta a lo que Jake soltó mi mejilla y se concentro en el teléfono
—Casa de los Swan —contestó Jacob en voz baja, ronca y grave
Alguien le contestó y Jacob se alteró al momento.
Se apagó el brillo de sus ojos, se quedó lívido, y hubiera apostado lo poco que quedaba de mis ahorros para ir a la universidad a que se trataba de Alice.
Me recuperé y extendí la mano para tomar el auricular, pero él me ignoró.
—No está en casa —Jacob pronunció esas palabras con un tono amenazador. Hubo una réplica breve, parecía una petición de información, ya que Jacob añadió de mala gana—: Se encuentra en el funeral.
A continuación, colgó el teléfono.
—Asqueroso chupasangre —murmuró por lo bajini. Volvió el rostro hacia mí, pero ahora volvía a ser una máscara llena de amargura.
— ¿A quién le acabas de colgar mi teléfono en mi casa? —pregunto Ana de forma entrecortada, enojadísima, se veía como le latía la vena en la sien, igual que a Charlie.
— ¡Cálmate! ¡Él me colgó a mí! ― La fulmino con la mirada
— ¿Quién era? ― pregunte
—El doctor Carlisle Cullen —pronunció el título con sorna.
— ¡¿Por qué no me has dejado hablar con él?!
—No ha preguntado por ti —repuso Jacob con frialdad. Su rostro era inexpresivo y estaba en calma, pero las manos le temblaban—. Preguntó dónde estaba Charlie y le respondí. No me parece que haya quebrantado las reglas de la cortesía.
—Escúchame, Jacob Black... ― siseó Ana, pero era obvio que él ya no escuchaba, miro hacia afuera como si le hubieran llamado
—Adiós, Bella —espetó, y dio media vuelta para dirigirse a la puerta de la entrada.
Corrí tras él.
— ¿Qué pasa?
Choque contra él, que se balanceó hacia atrás, despotricando en voz baja. Me golpeó en un costado al girar otra vez. Perdí pie y me caí al suelo, con la mala suerte de que mis piernas se engancharon con las suyas.
— ¡Maldita sea, ay! —me quejé mientras él se apresuraba a sacudir las piernas para liberarse cuanto antes. Ana estaba en mi espalda y me miraba sin saber qué hacer, si ayudarme o reír y decido lo segundo, murmure unas malas palabras y me incorpore. Jacob camino hacia la puerta, pero se quedo petrificado, Alice se encontraba en las escaleras
—Bella —dijo con voz entrecortada. En un momento Ana estaba a mi lado seria.
— ¿Qué pasa, Alice? —chillé.
Tomé su rostro entre mis manos cuando llegue a su lado en un intento de calmarla. De pronto, centró en mí sus ojos abiertos y colmados de dolor.
—Edward —logró articular.
Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente fuera capaz de comprender las implicaciones de su respuesta. Al principio, no entendí por qué la que la habitación daba vueltas ni de dónde venía el eco del rugido que me pitaba en los oídos. Me devané los sesos, pero no fui capaz de encontrarle sentido al rostro funesto de Alice ni de averiguar qué relación podía guardar con Edward; entretanto, empecé a tambalearme en busca del alivio de la inconsciencia antes de que la realidad me hiciera daño.
La escalera se inclinó en un ángulo extraño.
De pronto, llegó a mi oído la voz furiosa de Jacob profiriendo un torrente de blasfemias. Me invadió una suave ola de desaprobación que provenía de Ana. Resultaba evidente que sus nuevos amigos eran una mala influencia para Jake.
Me encontré encima del sofá antes de comprender cómo había llegado hasta allí. Jacob seguía soltando tacos. Me daba la impresión de que se había desatado un terremoto a juzgar por el modo en que el sofá se agitaba debajo de mi cuerpo.
— ¿Qué le has hecho? —preguntó él.
Alice le ignoró.
— ¿Bella? Reacciona, Bella, tenemos prisa.
—Mantente lejos —le previno Jacob.
—Cálmate, Jacob —le ordenó Ana—. No querrás transformarte tan cerca de ella.
—No creo que tenga problemas en recordar cuál es mi verdadero objetivo — replicó, pero su voz sonó un poco más apaciguada.
— ¿Alice? —intervine con voz débil—. ¿Qué ha pasado? —pregunté incluso a pesar de no querer oírlo.
—No lo sé —se lamentó inopinadamente—. ¡¿Qué se le habrá ocurrido?!
Mire a Ana que estaba a un lado de Alice que en ese momento se encontraba llamando a alguien, me recompuse y vi que el que temblaba era Jacob y no un terremoto como pensé en primera instancia. Mire a Ana fijamente y estaba pálida, ya casi estaba de mi mismo color de piel, pero en este momento parecía aun mas blanca que yo.
—Rose, necesito hablar con Carlisle ahora mismo —soltó de sopetón—. Bien, pero que me llame en cuanto llegue. No, habré tomado un vuelo. Oye, ¿sabes algo de Edward?
Alice hizo una pausa en ese momento para escuchar cada vez con expresión más horrorizada a medida que transcurrían los segundos. Entreabrió la boca en forma de «o» a causa del espanto y el móvil le tembló en la mano.
— ¿Por qué? —preguntó con voz entrecortada —. ¿Por qué lo has hecho, Rosalie?
Fuera cual fuera la respuesta, el mentón de Alice se tensó a causa de la ira. Le centellearon los ojos y luego los entrecerró.
—En fin, te has equivocado en ambos casos, aunque, Rosalie, era fácil suponer que iba a ser un problema, ¿a que sí? —Preguntó con sarcasmo—. Sí, exacto, ella se encuentra perfectamente... Me equivoqué... Es una larga historia, pero en eso también te equivocas. Ésa es la razón por la que llamo... Sí, eso es exactamente lo que vi — Alice habló con dureza. Fruncía los labios hasta el punto de dejar los dientes al descubierto—. Es un poco tarde para eso, Rose. Guárdate tu remordimiento para quien te crea.
Cerró el móvil y se volvió hacia mí y me miró con ojos atormentados.
—Alice, Carlisle ya ha regresado —mascullé rápidamente sin dejar que me contara nada. Necesitaba unos segundos más de tregua antes de que hablara y sus palabras destruyeran lo poco que me quedaba de vida—. Acaba de llamar...
Se me quedó mirando sin comprender y luego preguntó con voz apagada:
— ¿Cuánto hace de eso?
—Medio minuto antes de tu aparición.
— ¿Qué dijo? —ahora me estaba prestando atención, quedó a la espera de mi respuesta.
—Ella no habló con él. ― dijo Ana y mis ojos volaron en pos de Jacob, y Alice clavó su penetrante mirada en él, que reaccionó con un estremecimiento, pero no se apartó de mi lado. Se sentó con torpeza, casi como si pretendiera escudarme con su cuerpo.
—Preguntó por Charlie y le respondí que no se encontraba aquí —musitó Jacob con resentimiento.
— ¿Nada más? —inquirió Alice con voz glacial.
—Después me colgó el teléfono —le espetó Jacob. Un temblor le recorrió la columna vertebral y me hizo estremecer.
—Le dijiste que Charlie estaba en el funeral —le recordó Ana.
Alice sacudió la cabeza hacia mí.
— ¿Cuáles fueron las palabras exactas?
—Jacob dijo: «No está en casa», y cuando Carlisle preguntó por el paradero de Charlie, respondió: «Se encuentra en el funeral».
Alice gimió y cayó de rodillas.
—Cuéntamelo, Alice —susurré.
—No fue Carlisle quien telefoneó —explicó con desesperanza.
— ¿Me estás llamando mentiroso? —gruñó Jacob, que seguía junto a mí.
Alice le ignoró y se concentró en mi rostro perplejo.
—Era Edward —las palabras borbotearon en un susurro entrecortado—. Cree que has muerto.
La mente empezó a funcionarme otra vez. No era eso lo que tanto temía oír, por lo que el alivio me aclaró las ideas. Después de suspirar, me relajé y aventuré:
—Rosalie le dijo que me había suicidado, ¿verdad?
—Sí —admitió Alice. Los ojos le relampaguearon de ira una vez más —. He de decir en su defensa que ella pensaba que era verdad. Confían más de lo debido en mi visión, que funciona con muchas imperfecciones, pero eso fue lo que la impulsó a decírselo a Edward. ¿No comprendía... ni le preocupaba...?
Su voz se fue apagando horrorizada.
—Y Jacob le habló de un funeral cuando llamó aquí, y él creyó que era el mío — comprendí.
Alice me miró de un modo extraño y susurró:
—No te has alterado.
—Bueno, se ha malogrado una ocasión, pero todo se arreglará. Alguien le dirá la próxima vez que llame... que... en... realidad... —no pude seguir. Su mirada agolpó las palabras en mi garganta.
¿Por qué tenía Alice tanto pavor? ¿Por qué su rostro se había crispado de pena y horror? ¿Qué le había dicho a Rosalie por teléfono hacía unos momentos? Algo sobre lo que había visto, y luego había mencionado el remordimiento de Rosalie. Ella jamás hubiera sentido remordimiento alguno por nada de lo que me hubiera pasado a mí, pero si eso causaba algún mal a su familia, a su hermano...
—Bella —susurró Alice—, Edward no va a volver a llamar. Ha creído a Rosalie.
—No... Lo... comprendo...
Mi boca formó cada una de esas tres palabras, pero me faltó aliento para pronunciarlas y pedirle que me explicara las implicaciones.
—Se va a Italia.
Tardé un latido de corazón en comprenderla y la voz de Edward volvió a sonar en mi cabeza.
Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti, me había asegurado en aquella misma habitación mientras contemplábamos la muerte de Romeo y Julieta. Aunque no estaba seguro sobre cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían..., así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis. (...) Lo mejor es no irritar a los Vulturis. No a menos que desees morir.
No a menos que desees morir.
— ¡No! —el rechazo expresado en un grito restalló con tanta fuerza después de los susurros que nos hizo dar un salto a todos.
¡No, no, no! ¡No puede hacer eso!
—Adoptó esa decisión en cuanto tu amigo le confirmó que era demasiado tarde para salvarte.
—Pero... pero él se fue. ¡Ya no me quería! ¿Qué diferencia puede haber ahora? ¡Sabía que algún día tendría que morir!
—Creo que él siempre tuvo claro que no te sobreviviría por mucho tiempo — repuso Alice con discreción.
— ¡Cómo tiene esa desfachatez! —chillé. Entonces, ya me había puesto en pie, y Jacob se alzó con aire vacilante para interponerse de nuevo entre Alice y yo —. Ay, Jacob, quita de en medio —con desesperación e impaciencia, aparté a codazos su cuerpo tembloroso—. ¿Qué podemos hacer? —le imploré a Alice. Algo teníamos que poder hacer—. ¿No es posible que le llamemos nosotras? ¿Y Carlisle?
Ella negó con la cabeza.
—Eso fue lo primero que intenté, pero ha tirado su móvil a un cubo de la basura en Río de Janeiro... Alguien lo recogió y contestó —susurró.
—Antes dijiste que debíamos darnos prisa. ¿Prisa? ¿Cómo? ¡Hagámoslo, sea lo que sea!
—Bella, creo que no puedo pedírtelo... —indecisa, Alice se calló.
— ¡Pídemelo! —le ordené.
Puso las manos sobre mis hombros y me sujetó. Movía los dedos de vez en cuando para enfatizar sus palabras.
—Quizá ya sea demasiado tarde. Le vi acudir a los Vulturis y pedirles que le mataran —la perspectiva nos desalentó y de pronto no vi nada. Las lágrimas me hicieron pestañear convulsivamente —. Todo depende de su decisión. Aún no he visto que adopten ninguna. Pero si optaran por negarse, y eso resulta bastante posible si tenemos en cuenta que Aro profesa un gran afecto a Carlisle, y no querría ofenderle, Edward tiene un plan B. Ellos mantienen una actitud muy protectora con su ciudad, y Edward piensa que los Vulturis actuarían para detenerle si él perturbara de algún modo la paz... Tiene razón, lo harían.
Apreté los dientes de pura frustración sin dejar de mirarla fijamente. Aún no me había dicho nada que explicara por qué seguíamos allí.
—Llegaremos tarde si están de acuerdo en concederle su petición, y en caso de una negativa por parte de los Vulturis, también llegaremos tarde si él lleva a cabo un plan rápido para ofenderlos. Sólo podríamos aparecer a tiempo si se entregara a sus inclinaciones más histriónicas.
— ¡Vamos!
—Atiende, Bella. Lleguemos o no a tiempo, vamos a estar en el corazón de la ciudad de los Vulturis. Me considerarán cómplice de Edward si tiene éxito y tú serás una humana que no sólo sabe demasiado, sino que huele demasiado bien. Las posibilidades de que acaben con todos nosotros son muy elevadas, sólo que en tu caso no será un castigo, sino un bocado a la hora del almuerzo.
— ¿Es eso lo que nos retiene aquí? —Pregunté con incredulidad—. Iré sola si tienes miedo.
Efectué un cálculo mental del dinero que me quedaba en la cuenta y me pregunté si a Ana le disgustaría que cogiera un poco.
A mí no me dejaras sola musito Ana en mi mente, ella me mira seria, como si la hubiera ofendido lo hiciste, como ¿Cómo crees que yo Anabella Swan va a dejar a Isabella Swan marcharse a Italia sin mí? Eso es lo más absurdo que eh escuchado en mi vida. Que por cierto no es muy larga. O por lo menos de lo que recuerdo
—Mi único temor es que acabes muerta.
Bufé disgustada ante las palabras de Alice que me sacaron de mi conversación secreta, la verdad era de gran ayuda llevarme a Ana conmigo, yo ya no era la misma si estaba demasiado tiempo separada de ella
— ¡Como si estar a punto de morir no fuera moneda corriente en la vida de Isa! ― dijo Ana ― ¡Dime qué hemos de hacer!
― ¿Qué? ― pregunto Alice con los ojos abiertos como platos, Ana asintió y Alice negó con la cabeza ― yo no me llevare a las hijas del jefe de policía a Italia sin su permiso
― Las dos somos mayores de edad y él comprenderá
Ana estaba tan terca como yo, la verdad es que nuestros rasgos individuales cada vez eran más difusos, no soportábamos la mayoría de las cosas pero en algunas cosas como las personas siempre diferenciamos
― tú no tienes nada que ver con…
― Oh, mira Alice, puede que viste como yo arroje a Isa del acantilado, pero YO también me tire con ella. ― me miro durante un segundo antes de girarse a Alice y mirarla ― mi unión hacia ella es más fuerte de lo que la mayoría piensan. No sé porque pero ya no podemos estar ninguna lejos de la otra por mucho tiempo. Así que si ella está empeñada en ir contigo, no tengas dudas de que yo iré también
― No sabes en lo que te estás metiendo ― dijo Alice tratando de amedrentarle
― Y tú todavía no has terminado de conocer a Isa, mucho menos me conocerás a mí ― murmuro Ana con la tapa a punto de salirse, vi como Alice asentía
—Escríbele una nota a Charlie. Yo telefonearé a las líneas aéreas. ― no estaba muy convencida pero ahora pensé en Charlie
—Charlie —repetí con voz entrecortada.
—No voy a dejar que le suceda nada malo a Charlie —intervino Jacob con voz bronca y enojada—. ¡Al carajo con el tratado!
Alcé los ojos para mirarle con disimulo. Puso cara de pocos amigos al ver el miedo escrito en mi rostro. La sonrisa de Ana desapareció y salió corriendo escaleras arriba
—Date prisa, Bella —me interrumpió Alice de forma apremiante.
Corrí a la cocina, abrí de golpe los cajones y volqué el contenido en el suelo en busca de un bolígrafo. Una mano lisa y morena me tendió uno.
—Gracias —farfullé mientras quitaba el capuchón del boli con los dientes. En silencio, Jacob me entregó el bloc de notas donde escribíamos los recados telefónicos.
Arranque la primera hoja y lo tiré a mis espaldas. Luego, escribí:
Papá:
Me voy con Alice. Edward está metido en un lío. Ya podrás castigarme a mi regreso. Sé que es un mal momento. Lo siento un montón. Te quiero mucho.
Bella
PD: Ana me ha acompañado, no las cojas con ella. Solo quiere ser buena hermana y no dejarme a mi sola.
—No vayas —susurró Jacob. La ira se había esfumado ahora que había perdido de vista a Alice. No estaba dispuesta a perder el tiempo discutiendo con él.
—Por favor, por favor, por favor, cuida de Charlie —le dije antes de salir disparada hacia el cuarto de estar. Alice me aguardaba en la entrada con una bolsa colgada al hombro.
—Llévate la cartera. Necesitarás el carné... Por favor, dime que tienes pasaporte, no tenemos tiempo para falsificar uno.
Asentí con la cabeza y corrí. Las piernas me temblaban de puro agradecimiento. Por fortuna, mi madre había querido casarse con Phil en una playa de México. El viaje se había quedado en nada, por supuesto, como la mayoría de sus planes, pero no antes de que yo hubiera tramitado todo el papeleo necesario para estar con ella.
Por la mente de Ana vi que había recogido todo lo que necesitaríamos para el viaje, eran dos mochilas la de ella y la mía. Bajando las escaleras Ana vio como Jake y Alice estaban en una clara discusión, yo no me había percatado de ello. Ana se acerco rápidamente a nosotros y me entrego mi mochila.
—Podrías controlarte de vez en cuando. Esas sanguijuelas de las que le has hablado a Bella... —le acusaba Jacob con encono, no sabía ni de que hablaban
—Sí, tienes razón, perrito —Alice gruñía también—. Los Vulturis son la personificación de nuestra especie, la razón por la que se te pone el vello de punta cuando me olfateas, la esencia de tus pesadillas, el pavor que hay detrás de tus instintos. No soy ajena a esa realidad... ― Oh, ya comprendí
— ¡Y tú la vas a llevar ante ellos como una botellita de vino a una fiesta! — bramó él.
— ¿Acaso crees que va estar mejor si la dejo aquí sola, con Victoria al acecho?
—Podemos encargarnos de la pelirroja.
—En ese caso, ¿por qué sigue de caza?
Jacob refunfuñó y un estremecimiento recorrió su torso.
— ¡Dejad eso! —les gritó Ana a ambos, loca de impaciencia —. Discutid a nuestro regreso. ¡Vamos!
Alice se giró hacia el coche y desapareció en su interior a toda prisa. Me apresuré a seguir sus pasos, aunque de inmediato me detuve para cerrar la puerta, pero Ana ya la había cerrado.
Jacob me tomó del brazo con mano temblorosa.
—Bella, por favor, te lo suplico.
Sus ojos negros refulgían llenos de lágrimas. S e me hizo un nudo en la garganta.
—Jake, debo...
—No, no debes, la verdad es que no, lo cierto es que te puedes quedar aquí conmigo. Quédate y vive. Hazlo por Charlie. Hazlo por mí.
El motor del auto de Carlisle ronroneó. El ritmo del zumbido aumentó cuando Alice aceleró, Ana me tomo del otro brazo ― Jake suéltala ― dijo suavemente, pero Jake la miro de mala manera, en ese momento Ana me halo un poco más pero Jake afianzo su agarre ― No seas necio Jacob
― ¿No ves que la necia eres tú? ― gruño Jacob en un susurro amenazador ― Ya viste como la dejo una vez y ahora ella quiere ir corriendo a salvarle cuando él no hizo nada por ella. Tú la viste, no puedes dejarle ir y mucho menos acompañarla ¿Qué pasara si les pasa algo? ¿Qué pasa con Charlie y Renée?
― Vamos Jake, no lo hagas ― Ana sacudió la cabeza ― a ti te importa mierdas lo que me pase, y sabemos que solo no quieres que Isa se vaya, pero debes aprender a no ser egoísta
― Egoísta fue el maldito chupasangre que casi la mata cuando la dejo ― dijo Jacob demasiado cerca de Ana, no me di cuenta cuando él me había soltado pero ahora era más preocupante la mirada de odio que Jake le daba a Ana
― Nadie sabe porque la dejo, pero yo te diré a ti porque no la dejare acercarse a ti de ninguna manera ― gruño Ana acercando su cara a la de Jacob, ella parecía no darse cuenta de lo cabreado que estaba Jacob
― No puedes decidir por ella ― murmuro Jacob con ira contenida
― Te sorprenderías de lo que puedo o no hacer con ella
― No es tu títere ―
― Ya lo ves, el tu yo tampoco, además no dejare que sus sentimientos por ti crezcan, solo eres un perro que no entiende cuando no lo aman como él quisiera…
En un rápido movimiento Jacob le dio una garnatada a Ana al mismo tiempo que decía Cállate, el golpe fue tan fuerte que temí que le hubiera hecho daño, pero Ana solo lo miro a los ojos con un poco de color en la mejilla, la fuerza no debió de ser mucha
― Vuelve a ponerme tus asquerosas manos encima y créeme que no tendré corazón para dejarte a ti sin uno. Y ojala y esos malditos chupasangres nos maten ― en la mente de Ana vi que esas palabras eran verdaderas, no le dolió el golpe si no el hecho de que un perro la hubiera abofeteado. Ella tenía un orgullo muy fuerte. Aunque lo ultimo no era tan literal. Se dio media vuelta y subió al auto en la parte de atrás dejándome a mí el copiloto
Mire a Jacob que me miraba ahora a mí, dijo un lo siento sin sonido
Negué con la cabeza y las lágrimas de mis ojos salieron despedidas a causa del brusco movimiento que hice al dar la vuelta para seguir a Ana.
—No mueras, Bella —dijo con voz estrangulada mientras yo caminaba —. No vayas. No.
—Adiós, Jake —le dije mientras llegaba al auto —. Perdona.
Arrojé la mochila por encima del reposacabezas y Ana lo recibió, me deslicé dentro; al hacerlo, cerré de un portazo.
Me di la vuelta y grité:
— ¡Cuida de Charlie!
Pero ya no se veía a Jacob por ninguna parte. Mientras Alice pisaba fuerte el acelerador y girábamos para ponernos de frente a la carretera —el aullido de las llantas se asemejaba mucho al de los gritos humanos —, atisbé un jirón blanco cerca de la primera línea de árboles del bosque. Era una zapatilla.
― Lo odio ― dijo Ana y Alice la miro por el espejo retrovisor, ya estábamos llegando al aeropuerto. Ninguna había dicho nada y era que la ansiedad era lo que dominaba mi cuerpo. Ana sabía controlarse y trataba de calmarme pero me era casi imposible, solo había momentos en los que la dejaban hacer y me frustraba el sentimiento de falsa tranquilidad.
― Para ser un poco humana ― dijo Alice sarcástica ― es increíble que no haya hecho nada más, que voltearte la cara y dejarte un color en la mejilla
Ana y yo nos encogimos de hombros, eso no era importante, y nuestras mentes no podían abarcar todo de una vez como ella.
.
Ya en el avión estábamos sentadas esperando que esta cosa comenzara a elevarse y llevarnos a nuestro destino, pero parecía que entre más pensaba mas se demoraba, el tiempo era tan injusto.
Puedes intentar calmarte un poco ¿por favor? Pregunto Ana mentalmente
― No, no puedo ― le conteste y Alice me miro sin comprender mierda
Si, mierda respondió Ana mirando a Alice con los ojos abiertos
― ¿No puedes qué? ― pregunto Alice y yo solo la mire sin entender como fui tan estúpida
Totalmente de a cuerdo
― Hablaba con migo misma ― le dije sin alterarme, las clases de mentiras con Ana parecían estar funcionando
― Oh, pero no puedes…. ― Alice dejo la oración sin terminar
― Tranquilizarse ― soltó Ana haciendo que Alice la viera con los ojos entrecerrados ― le dije que se tranquilizara
― No te eh escuchado hablar
― ¿Quién dijo que hay que mover los labios para hablar? ― pregunto Ana
Alice asintió, sacó el móvil del respaldo del asiendo de delante antes de que hubiéramos dejado de ascender y le dio la espalda a la azafata, quien la observó con desaprobación. Hubo algo en mi expresión que la disuadió de acercarse para protestar.
Intenté dejar de escuchar lo que Alice le decía a Jasper entre susurros, porque no quería espiarla de nuevo, pero aun así, oía algunas frases sueltas. Ana también estaba escuchando lo mismo que yo.
—No estoy segura del todo. Le veo hacer cosas diferentes, continúa cambiando de parecer... Salir a matar a todo el que se ponga por delante, atacar a la guardia, alzar un coche por encima de la cabeza en la plaza mayor... En su mayoría, son hechos que lo descubrirían... Él sabe que ésa es la forma más rápida de obligarles a reaccionar.
»No, no puedes —Alice habló todavía más bajo, hasta que su voz resultó casi inaudible a pesar de encontrarme a escasos centímetros de ella. Hice lo contrario a lo que me proponía y escuché con más interés —. Dile a Emmett que él tampoco... Bueno, pues ve tras Emmett y Rosalie y haz que vuelvan... Piénsalo, Jasper. Si nos ve a cualquiera de nosotros, ¿qué crees que va a hacer...? —Asintió con la cabeza—. Exactamente... ¿Están locos? ¡Ella no hizo nada!... no me importa lo que haya dicho ella A Ana no se le toca un pelo… Dios, no, la culpa fue solo mía
»Me parece que Bella es la única oportunidad, si es que hay alguna... Haré cuanto esté en mi mano, pero prepara a Carlisle. Las posibilidades son escasas...
Después, se echó a reír y dijo con voz temblorosa:
—He pensado en ello... Sí, te lo prometo —su voz se hizo más suplicante —. No me sigas. Te lo juro, Jasper, de un modo u otro me las apañaré para salir de ahí... Te quiero
Colgó y se reclinó sobre el respaldo del asiento con los ojos cerrados.
—Detesto mentirle.
—Alice, cuéntamelo todo —le imploré—. No entiendo nada. ¿Por qué le has dicho a Jasper que detenga a Emmett? ¿Por qué no pueden venir en nuestra ayuda? ¿Por qué mencionaste a Ana?
—Por tres motivos —susurró sin abrir los ojos—. A él sólo le he explicado el primero. Nosotras podemos intentar detener a Edward por nuestra cuenta... Si Emmett lograra ponerle las manos encima, seríamos capaces de detenerle el tiempo suficiente para convencerle de que sigues viva, pero entonces no podríamos acercarnos hasta él a hurtadillas, y si nos viera ir a por él, se limitaría a actuar más deprisa. Arrojaría un coche contra un muro o algo así, y los Vulturis le aplastarían.
»Ése es el segundo motivo, por supuesto, el que no le podía decir a Jasper. Bella, se produciría un enfrentamiento si ellos acudieran y los Vulturis mataran a Edward. Las cosas serían muy distintas si tuviéramos la más mínima oportunidad de ganar, si nosotros cuatro fuéramos capaces de salvar a mi hermano por la vía de la fuerza, pero no es posible, Bella, y no puedo perder a Jasper de ese modo. Y con respecto a Ana ellos todavía creen que ella te intento asesinar
Asentí.
—Una cosa —le pregunté—, ¿no puede oírte Edward? ¿No se va a enterar de que sigo viva en cuanto escuche tus pensamientos y, por tanto, de que no tiene sentido seguir con esto?
—Puede... si es que está a la escucha —me explicó Alice—; y además, lo creas o no, es posible mentir con el pensamiento. Si tú hubieras muerto y aun así yo quisiera detenerle, estaría pensando con toda la intensidad posible «está viva, está viva», y él lo sabe.
Enmudecí de frustración y me rechinaron los dientes.
― Yo tengo una pregunta ― dijo Ana sacándonos de nuestra conversación
― ¿Si?
― Como es que Edward va a matarse por Isa, sin ir a acabar con migo por haberla matado
― Yo vi que Bella caía y a ti saltar después, ninguna de las dos salió ― Alice se encogió de hombros pero no contesto la pregunta oculta de Ana
― Edward es la persona más estúpida que conozco ― dijo Ana enfadada ― acaso no sabía que Isa iba a morir tarde o temprano. Puf, él es el hombre más estúpido
Alice se rio oscuramente
― Ahora hay que ir a salvarle el trasero por no preguntar directamente a la que tiene las visiones, eso ¿no es algo realmente estúpido? Y otro estúpido es Jacob Black. Carajo Isa aléjate de los estúpidos
Sabía que ella estaba tratando de esconder algo al igual que Alice pero no había demasiada cabeza para eso
—No las hubiera puesto en peligro si existiera alguna forma de conseguirlo sin Bella. Esto está muy mal por mi parte. A decir verdad está muy mal por parte doble. Ni siquiera sé que haces tú aquí, tendrías que haberte quedado. Hay Dios me iré al infierno por llevarlas al suicidio.
—No seas tonta. Mi persona es lo último por lo que debes preocuparte — Ana sacudió la cabeza con impaciencia—. Explícame a qué te referías con lo de mentir a Jasper.
Esbozó una sonrisa macabra.
—Le prometí que me iría de la ciudad antes de que me mataran a mí también. Eso es algo que no puedo garantizar ni por asomo... —enarcó las cejas como si deseara que me tomara más en serio el peligro.
— ¿Quiénes son los Vulturis? —Inquirió Ana en un susurro—.Digo yo sé más o menos por lo que Isa me conto, pero ¿Qué los hace muchísimo más peligrosos que Emmett, Jasper, Rosalie y tú?
Resultaba difícil concebir algo más aterrador que eso. El pensamiento de Ana me pareció correcto
Alice respiró hondo y luego, de repente, dirigió una oscura mirada por encima de mis hombros. Me giré a tiempo de ver cómo el hombre del asiento que había al otro lado del pasillo desviaba la vista, parecía que nos hubiera estado escuchando de tapadillo. Tenía pinta de ser un hombre de negocios. Vestía traje oscuro y corbata grande, y sostenía un portátil encima de las rodillas. Levantó la tapa del ordenador y se puso unos cascos de forma ostensible mientras yo le miraba con irritación.
Me incliné más cerca de Alice, al igual que Ana mientras nos contaba la historia en susurros.
—Me sorprendió que reconocieras el nombre —admitió—, y que cuando anuncié que se había ido a Italia comprendieras lo que significaba. Pensé que tendría que explicártelo. ¿Cuánto te contó Edward?
—Sólo me dijo que se trataba de una familia antigua y poderosa, algo similar a la realeza... y que nadie les contrariaba a menos que quisiera... morir —respondí en cuchicheos.
Alice nos conto lo que le pareció necesario sobre los Vulturis. Yo sabía que Ana estaba atenta y escuchaba lo que Alice estaba diciéndome, yo absorbía la información como una esponja. Llegado a un momento Alice dijo —Haremos cuanto podamos, Bella. Esto todavía no ha terminado.
—Todavía no —dejé que me consolara, aunque sabía que nuestras posibilidades eran mínimas—. Además, los Vulturis vendrán a por nosotras si armamos jaleo.
Alice se quedó rígida.
—Lo dices como si fuera algo positivo.
Me encogí de hombros. Y Ana ancho su sonrisa de creo que vi un lindo gatito
—Alto ahí, Bella, o de lo contrario damos media vuelta en el aeropuerto de Nueva York y regresamos a Forks.
— ¿Qué? ― pregunto Ana ― yo opino que si llegamos tarde y el vampiro estúpido ― Alice y yo la miramos feo ― está muerto y los Vulturis se enteran de nuestra situación, yo no volveré a Forks
― ¿Qué? ― ahora fue mi turno de preguntar
― No quiero verle la cara al Jacob ― Ana dijo el nombre de Jacob como una mala palabra
― ¿Qué?
Alice ignorando las palabras de Ana
—Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que regresen con Charlie si llegamos tarde para salvar a Edward, y no quiero que me den ningún problema. ¿Lo comprenden?
—Claro, Alice.
Se dejó caer hacia atrás levemente para poder mirarme y después a Ana
—Nada de problemas.
—Palabra de Boy scout—contesté entre dientes mirando a Ana que estaba cantando en portugués y ella sabía que de todas maneras sabía lo que por su mente estaba pasando. Puso los ojos en blanco.
—Ahora, déjame que me concentre. Voy a intentar ver qué trama. ― dijo Alice
Mire a Ana que me miraba con orgullo
Digna hermana mía dijo sonriendo más ampliamente.
El resto del viaje fue en silencio, cuando estábamos en el último avión para llegar a Volterra Alice seguía buscando en el futuro mientras yo pensaba en temas espinosos como: Jacob, Charlie, el dolor en el pecho después de dejarlo vivo si es que llegábamos a tiempo
No seas negativa que ese es mi trabajo me dijo Ana sonriendo, ella estaba callada durante todo el viaje, no le gustaba hablar demasiado en lugares públicos y menos si no conocía a nadie.
Alice dijo que tendríamos tiempo para ayudarlo y comenzamos una plática bastante entretenida, ella estaba dispuesta a transformarme después. Sabía que eso era real Alice si cumpliría su palabra. Durante la conversación Ana me miraba sonriente
Si que te encantaría ser una de ellos ¿ah? Se estaba burlando de mí y lo sabía
Sería maravilloso, te imaginas una persecución a niveles elevados le anime
Claro tú detrás de Edward. Isa según lo que eh escuchado de Alice sobre los vampiros y lo que tu m explicaste podría ser un Don esto de hablar entre las dos sin que los demás lo sepan. Pensé en esa teoría y podía ser verdad pero
¿Por qué ha salido tan después? O ¿solo las dos?
Cierto no había pensado en que solo éramos las dos y no los demás
Nos quedamos sumidas en ese tema, ya parecía que Ana sabía lo mismo incluso más acerca de los vampiros que yo y eso era extraño, aunque ella decía que yo lo sabía solo que siempre lo ocultaba o trataba de no pensar en eso.
No sé cuánto tiempo paso pero el avión estaba a punto de aterrizar, ni Ana ni yo dormimos y aunque pareciera que si Alice estaba un poco ocupada como para regañarnos , mire a Alice aun con los ojos cerrados a punto de aterrizar
― ¿Qué ha pasado?
—Le han comunicado la negativa —contestó en voz baja. Noté que había desaparecido el entusiasmo de su voz.
Las palabras se me agolparon en la garganta a causa del pánico.
— ¿Qué va a hacer?
—Al principio todo era caótico. Yo atisbaba detalles, pero él cambiaba de planes con demasiada rapidez.
— ¿Qué clase de planes? —le urgí.
—Hubo un mal momento... cuando decidió ir de caza —susurró. Me miró, y al leer en mi rostro que no la comprendía, agregó —: En la ciudad. Le ha faltado poco. Cambió de idea en el último momento.
—No ha querido decepcionar a Carlisle —musité. No, no le quería defraudar en el último momento.
—Probablemente —coincidió ella.
— ¿Vamos a tener tiempo? —se produjo un cambio en la presión de la cabina mientras Ana preguntaba, Alice la miro extraño y el avión se inclinó hacia abajo.
― Aún no sé porque te preocupa ― murmuro Alice
― ¿Vamos a tener tiempo? ― Ana volvió a repetir la pregunta
—Eso espero... Quizá sí... a condición de que persevere en su última decisión. ― contesto Alice resoplando
— ¿Y cuál es? ― pregunte
—Ha optado por elegir lo sencillo. Va a limitarse a caminar por las calles a la luz del sol.
Caminar por las calles a la luz del sol. Eso era todo.
Bastaría.
Me maraville en el recuerdo de la imagen de Edward en el prado, con la piel deslumbrante y refulgente como si estuviera hecha de un millón de facetas diamantinas.
Oh, eres tan linda se burlo Ana pensando en el amor de su vida, aunque si se ve lindo
La ignore, los Vulturis no lo iban a permitir, no si querían que su ciudad siguiera pasando desapercibida.
Contemplé el tenue resplandor gris que entraba por las ventanas abiertas.
—Vamos a llegar demasiado tarde —susurré, aterrada, con un nudo en la garganta.
Ana negó con la cabeza.
—Ahora mismo se ha decantado por lo melodramático. ― coincidió Alice ― Desea tener la máxima audiencia posible, por lo que elegirá la plaza mayor, debajo de la torre del reloj. Allí los muros son altos. Va a tener que esperar a que el sol esté en su cenit.
—Entonces, ¿tenemos de plazo hasta mediodía?
—Si hay suerte y no cambia de opinión.
El comandante se dirigió al pasaje por el interfono para anunciar primero en francés y luego en inglés el inminente aterrizaje. Se oyó un tintineo y las luces del pasillo parpadearon para indicar que nos abrocháramos los cinturones de seguridad.
— ¿A qué distancia está Volterra de Florencia?
—Eso depende de lo deprisa que se conduzca... ¿Bella?
— ¿Sí?
Me estudió con la mirada.
— ¿Piensas oponerte mucho a que robemos un buen coche? Ana parece la chica que toma riesgos sin miedo
Las palabras de Alice eran tan acertadas.
Un Porsche reluciente de color amarillo chirrió al frenar a pocos centímetros de donde Ana y yo paseábamos. La palabra TURBO, garabateada en letra cursiva, ocupaba la parte posterior del deportivo. En la atestada acera del aeropuerto todo el mundo —además de mí— se giró para mirarlo. Ana silbo por lo bajo.
— ¡Rápido, chicas! —gritó Alice con impaciencia por la ventana abierta del asiento del copiloto.
Corrimos hacia la puerta y abrimos de un tirón sin poder evitar la sensación de que ocultaba el rostro bajo una media negra. Bueno solamente yo, Ana seguía extasiada con el coche
— ¡Jesús! —Me quejé cuando ya estábamos adentro y Alice zigzagueaba por la carretera como si el diablo la persiguiera —, ¿no podías haber robado otro coche menos llamativo, Alice?
El interior era todo de cuero negro y las ventanas tenían cristales tintados.
Dentro me sentía segura, como si fuera de noche. En un momento Alice hizo una curva demasiado rápida para mi guato y busque a tientas el cinturón Ana se reía de la velocidad, a ella parecía no afectarle nada.
—La pregunta importante —me corrigió Ana— es si podía haber robado un coche más rápido, y creo que no. Tuvimos muchísima suerte.
—Va a ser un verdadero consuelo en el próximo control de carretera, seguro.
Las dos gorjearon una carcajada y Alice dijo:
—Confía en mí, Bella. Si alguien establece un control de carretera, lo hará después de que pasemos nosotras.
Entonces le dio más gas al coche, como si eso demostrara que tenía razón.
Probablemente debería haber contemplado por el cristal de la ventana primero la ciudad de Florencia y luego el paisaje de la Toscana, que pasaban ante mis ojos desdibujados por la velocidad. Éste era mi primer viaje a cualquier sitio, y quizá también el último. Pero la conducción de Alice me llenó de pánico a pesar de que sabía que era una persona fiable al volante. Además, la ansiedad me atormentó en cuanto empecé a divisar las colinas y los pueblos amurallados tan semejantes a castillos desde la distancia.
— ¿Ves alguna cosa más?
—Hay algún evento —murmuró Alice—, un festival o algo por el estilo. Las calles están llenas de gente y banderas rojas. ¿Qué día es hoy?
No estaba del todo segura.
— ¿No estamos a día diecinueve? ― comento Ana
—Menuda ironía, es el día de San Marcos.
— ¿Y eso qué significa? ― pregunte sin entender
Se rió entre dientes.
—La ciudad celebra un festejo todos los años. Según afirma la leyenda, un misionero cristiano, el padre Marcos —de hecho, es el Marco de los Vulturis — expulsó a todos los vampiros de Volterra hace mil quinientos años. La historia asegura que sufrió martirio en Rumania, hasta donde había viajado para seguir combatiendo el flagelo del vampirismo. Por supuesto, todo es una tontería... Nunca salió de la ciudad, pero de ahí es de donde proceden algunas supersticiones tales como las cruces y los dientes de ajo. El padre Marcos las empleó con éxito, y deben funcionar, porque los vampiros no han vuelto a perturbar a Volterra —esbozó una sonrisa sardónica—. Se ha convertido en la fiesta de la ciudad y un acto de reconocimiento al cuerpo de policía. Al fin y al cabo, Volterra es una ciudad sorprendentemente segura y la policía se anota el tanto.
Comprendí a qué se refería al emplear la palabra «ironía».
—No les va a hacer mucha gracia que Edward la arme el día de San Marcos, ¿verdad?
Alice sacudió la cabeza con expresión desalentadora.
—No. Actuarán muy deprisa.
— ¿Sigue planeando actuar a mediodía? —comprobé.
—Sí. Ha decidido esperar, y ellos le están esperando a él.
—Dime qué he de hacer.
Ella no apartó la vista de las curvas de la carretera. La aguja del velocímetro estaba a punto de tocar el extremo derecho del indicador de velocidad.
—No tienes que hacer nada. Sólo debe verte antes de caminar bajo la luz, y tiene que verte a ti antes que a mí.
— ¿Y cómo conseguiremos que salga bien?
Un pequeño coche rojo que iba delante pareció ir marcha atrás cuando Alice lo adelantó zumbando.
—Voy a acercarte lo máximo posible, luego vas a tener que correr en la dirección que te indique.
Asentí.
—Procura no tropezar —añadió—. Hoy no tenemos tiempo para una conmoción cerebral.
Gemí. Arruinarlo todo, destruir el mundo en un momento de torpeza supina sería muy propio de mí.
― Tranquila yo me encargo de que no sufra daños la mercancía ― Ana dijo en broma pero al mirarla vio que no era momento, pero Alice la tomo en cuenta
― Sería bueno, pero creo que él no debe verte antes que a Bella
― ¿Qué? ― pregunte sin entender
― todos creen que yo te maté ― dijo Ana sonriendo que cosa más estúpida
—Allí —informó de pronto Alice mientras señalaba una ciudad encastillada en lo alto del cerro más cercano.
Había supuesto que la ciudad sería muy bonita, pero me dejó totalmente aterrorizada.
—Volterra —anunció Alice con voz monocorde y fría.
― Es aterrorizante ― murmuro Ana viéndola fijamente
Empezamos a subir la carretera empinada, más y más congestionada conforme avanzábamos. Al llegar más arriba, los coches estaban demasiado juntos para que Alice los esquivara zigzagueando, ni siquiera asumiendo riesgos. Cada vez íbamos más despacio y terminamos progresando a paso de tortuga detrás de un pequeño Peugeot de color tabaco.
—Alice —gemí. El reloj del salpicadero parecía ir cada vez más deprisa.
—No hay otro camino de acceso —me dijo con una nota de tensión en la voz demasiado fuerte para conseguir que me calmara. Inclusive Ana estaba impaciente.
Ya no soportaba la tensión y el parqueadero estaba lleno, la gente caminaba para poder entrar.
― Mierda Alice ― murmuro Ana al borde de arrancarse los pelos y todo era por mi culpa, al escuchar mi pensamiento me sonrió tensa, mis sentimientos la sobrepasaban ― debemos ir a pie ¿Cómo llegamos Alice?
― Pregunta por el Palazzo dei Priori y marchen a toda prisa en la dirección que les indiquen. Procuren no perderse.
—Palazzo dei Priori, Palazzo dei Priori —repetí el nombre una y otra vez, intentando memorizarlo.
—Si hablan inglés, pregunten por la torre del reloj. Yo daré una vuelta por ahí e intentaré encontrar un lugar aislado más allá de la ciudad por el que saltar la muralla.
Asentí.
—Palazzo dei Priori. ― repitió Ana
—Edward tiene que estar bajo la torre del reloj, al norte de la plaza. Hay un callejón estrecho a la derecha y él estará allí a cubierto. Debes llamar su atención antes de que se exponga al sol. ― Ahora Alice solo me hablaba a mí
Asentí enérgicamente.
Salimos disparadas del coche Ana iba adelante sosteniéndome de la mano Izquierda para que no me perdiera, era increíble como en estas circunstancias ella sabía por dónde debía ir. Era una alegría que el reloj fuera tan grande o que Alice nos hubiera dicho que Edward estaría debajo de este.
Después de haber empujado a muchas personas que nos gritaran Ana me señalo un hueco entre la gran multitud, en un santiamén estábamos las dos mirando la gran fuente. Como un bólido corrí por el agua que me llegaba hasta las rodillas. Di una mirada hacia atrás y vi que Ana venia atravesando la fuente pero sin mojarse, ya en este momento todo dependía d no me gustaba la sensación de dolor que me estaba atesando los músculos, era como si mi cuerpo se estuviera preparando para el dolor inminente.
Todavía puedes lograrlo
La voz de Ana fue un renovador de fuerzas, si ella creía en mi yo debería hacer lo mismo.
Cruce la fuente y ahora la gente no me decía groserías, solo se aparataban rápidamente para no resultar mojados, fue un alivio saber que gracias a estar mojada ellos colaboraban, pero comencé a sentir el frio correspondiente al estar mojada y a la intemperie, pero el sol estaba y no hacía nada para calentarme.
Ya estaba llegando cuando por encima del hombro de un hombre bajito una luz llamo mi atención, el hombre estaba con su familia, una de las niñas estaba tratando de llamar la atención de su madre y miraba hacia el callejón oscuro.
¡Cuarta campanada!
Me abalance sobre la familia y esta se movió un poco hablando en otro idioma no me percate de cual era porque mi mayor temor estaba a punto de salir a la luz.
Siempre eres tan graciosa en estos momentos
Ignore a Ana. Estaba cansada por la corrida, pero saque fuerzas para gritar su nombre
― ¡Edward!
Ya estaba acerca pero el tenia los ojos cerrados, con el rostro sereno.
El reloj sonó y él dio una gran zancada hacia la luz.
— ¡No! —grité—. ¡Edward, mírame!
Sonrió de forma imperceptible sin escucharme y alzó el pie para dar el paso que lo expondría directamente a los rayos del sol.
Choqué contra él con tanto ímpetu que la fuerza del impacto me habría tirado al suelo si sus brazos no me hubieran agarrado. El golpetazo me dejó sin aliento y con la cabeza vencida hacia atrás.
Sé que no es original pero ya vendrá algo diferente, ya vemos que llego Edward y ahora es que comienza la acción.
Un besso, Vaness
