La muchacha sintió como se aceleraba su corazón. Parecía una costumbre siempre que Inuyasha estaba cerca. De repente recordó las palabras de Kykio y alejo a Inuyasha de un empujón.

- ¡No te acerques mas! ¡No voy a volver a caer en tus juegos! Ahora se que me has estado mintiendo...- Inuyasha se sorprendió por las palabras de la chica.

- ¿Que yo te he mentido en que? - Kagome se levanto como pudo cojeando. Inuyasha fue hacia ella a cogerla.- ¡Cuidado vas a hacerte daño!

- Déjame...- dijo Kagome soltándose bruscamente de su agarre.

- ¿Pero que demonios te pasa? ¡Yo nunca te he mentido! ¡Todo lo que dije es verdad!

- ¿Y porque no me dijiste que has pasado algunas noches con Kykio? ¡Me dices que renunciaras a ella por mí y después me entero que ya la has hecho tuya mas de una vez! ¿¡Como has podido Inuyasha!?

- ¡Eso no es cierto! ¡Yo no he estado con Kykio te lo juro! – dijo apretando los puños con rabia, contemplando la espalda de Kagome.

- ¡No me vas a engañar otra vez!

Inuyasha la abrazo por detrás y Kagome sintió temblar su cuerpo al sentir el calor del chico rodeándola.

- Kagome....Tienes que creerme....- Suplico enterrando el rostro en el cabello azabache de la muchacha. - Yo...solo te amo a ti.

Kagome se ruborizo y sintió que el corazón le iba a estallar en el pecho. ¿Inuyasha decía la verdad? ¿El la amaba? Estaba muy confusa.

- Es que Kykio me dijo...- Inuyasha la abrazo más fuerte.

- ¡Te mintió! Te juro Kagome que no le he tocado ni un pelo a tu hermana. - Inuyasha la volteo quedando cara a cara a unos pocos centímetros - ¿Me crees?

Su mirada, sus ojos no mentían, además era propio de Kykio mentir.

- Te creo...- Inuyasha sonrió de una manera diferente, no era esa sonrisa picara que le había visto siempre, a Kagome le gusto muchísimo verle así.

- Gracias.

En la casa de los Higurashi se reunieron los encargados de la búsqueda de Kagome, estaban muy preocupados al no haberla encontrado aun.

- ¿La ha visto alguien? – preguntó Takamine angustiado.

- No, no hay rastro de ninguna chica – dijo Miroku recostándose contra una pared.

- ¡Dios mió! ¡Kagome es una doncella, mirad la hora que es!- gritó el señor Higurashi.- ¡No es correcto que pase la noche fuera de casa! Si le sucede algo, nunca conseguiré que alguien quiera casarse con ella.

- Señor Higurashi, creo que es más importante el bienestar de su hija, ¿no? – preguntó Sango muy sorprendida por las palabras de Takamine.

- ¡Depende lo que le suceda, su bienestar es lo de menos! - Todos quedaron en silencio, pues no se esperaban esa confesión por parte del padre de la muchacha.

- Bueno, ¿Inuyasha donde esta? – Inquirió Inutaisho para quitar peso a la situación.

- Seguirá buscando aun...- contestó su prima, intentando no darle importancia.

- Esta bien, continuemos la búsqueda. Nos vemos dentro de un rato. - Volvieron a dividirse para registrar cada rincón del bosque.

Mientras en la pequeña cabaña Kagome e Inuyasha habían comido algo de arroz y se disponían a descansar un poco.

- Duerme en la cama – dijo Inuyasha señalando la gran cama de matrimonio.

- ¿Y tu donde vas a dormir? - Pregunto ruborizada.

- Tranquila estaré bien.

Kagome se introdujo en las suaves sabanas, Inuyasha se sentó en el suelo con la espada apoyada en su hombro para velar su sueño.

Pasaron unas horas y Kagome tuvo una pesadilla, se despertó agitada y empezó a gritar. Inuyasha se asusto por los gritos de la chica corrió hacia la cama, tropezó con su propia espada cayendo encima de Kagome quedando uno encima del otro.

- Lo.....lo siento. – dijo Inuyasha temiendo la reacción de Kagome.

- No pasa nada. - contesto ruborizada.

Cuando Inuyasha se disponía a levantarse unas manos delicadas lo sujetaron. Vio como Kagome lo miraba fijamente.

- Por favor Inuyasha…- susurró Kagome. – Bésame…

La chica cerró los ojos con fuerza por la vergüenza que sentía, una doncella no debía hacer tal cosa, pero deseaba tanto sentir el tacto de aquel chico. Como Inuyasha predijo, ella había terminado pidiéndole que la besara.

Inuyasha abrió sus ojos de sorpresa se sentía feliz, bajó su rostro poco a poco y unió sus labios a los de Kagome. El beso tierno e inocente se transformo en uno mucho más exigente. Kagome se sentía abrumada por aquel deseo que Inuyasha le demostraba besándola. Intento separar sus caras para poder hablar.

- Espera…-Jadeó mientras Inuyasha dejaba un reguero de besos en su cuello.

- No, ahora que te tengo no pienso parar. – gruño enterrando los dedos en la melena azabache y volviendo a besarla con fuerza.

- Pero...esto no esta bien....- Inuyasha cogió las manos de Kagome y las puso contra la cama, dejo de besarla quedando tan cerca de su rostro que sus labios rozaban.

- ¿Porque no esta bien? Te amo Kagome... ¿Y tu a mi? - La chica sonrió y asintió con la cabeza. Inuyasha se acerco hablándole en un tono más sensual. - Pues entonces déjame demostrarte cuanto te quiero....

Inuyasha volvió a besarla. Kagome estaba muy nerviosa era la primera vez que estaba en una cama con un hombre, una doncella no podía permitir que la tocaran hasta el matrimonio. Pero desde el día que lo conoció Inuyasha todo cambió, este causó un gran efecto en ella y atravesó todas sus defensas. Inuyasha introdujo la lengua en su boca e incito con ella a que Kagome jugueteara con la suya. La melena oscura del muchacho se desparramaba encima de ella y se enredaba con la suya propia. El deseo de Kagome iba en aumento, sentía como se estremecía su cuerpo cuando Inuyasha empezó a besar su cuello y fue abriendo su kimono, dejando ver el principio de sus pechos. Kagome solo podía agarrar con fuerza la espalda de Inuyasha y notar como su respiración se aceleraba por momentos. Cada beso de Inuyasha hacia que su cuerpo ardiera. El muchacho de ojos dorados estaba deleitado por el aroma de la piel de aquella chica tan dulce, estaba intentando controlarse, ya que sabia que ella nunca había estado con un hombre. Pero le costaba demasiado, cada jadeo, cada respiración, las manos de Kagome aferradas a su espalda, lo estaban torturando. Kagome se agarro a su cuello y se levanto para llegar a el y besarlo con mas intensidad. Inuyasha comprobaba que la muchacha lo hacia lentamente por miedo a no hacerlo bien, ella también quería complacerle.

- Me encantas...Me vuelves loco...- Dijo mientras su boca empezó a bajar por su pecho.

- Inuyasha....- Jadeó al sentir la lengua del muchacho rozar uno de sus pezones.

Inuyasha sonrió, mientras le dedicaba las mimas atenciones al otro pezón.

Nunca había oído su nombre en una voz más hermosa que aquella.

Se irguió en la cama y se quito la parte de arriba de su kimono. Miro a Kagome a los ojos fijamente, termino de abrirle el kimono dejando su cuerpo al descubierto. Ese cuerpo que iba a ser profanado por el. Al verla tumbada recordó su encuentro en el lago, como lo deslumbro y lo invadió de deseo hacia ella.

Kagome sintió como si la mirada de Inuyasha la atravesara, esos ojos dorados bañaban su cuerpo mientras la observaba. Además sintió vergüenza al ver el torso desnudo de Inuyasha, era la primera vez que veía un hombre desnudo. Lo contemplaba mordiéndose el labio al ver ese cuerpo lleno de músculos. Un vientre plano y duro y unos brazos fuertes. Las doncellas eran educadas muy estrictamente, sabia perfectamente que si su padre se enterara de eso seria capaz de dejar de considerarla su hija. Pensaba mientras pasaba tímidamente las manos sobre el pecho de Inuyasha. No le importaba, su cuerpo y su alma estaban siendo entregados al único hombre que la había cautivado en toda su vida.

El kimono de Kagome se encontraba ya perdido entre la cama, estaba desnuda debajo del cuerpo del joven. Inuyasha termino de sacarse la parte de abajo de su kimono y con una mano agarro ambas manos de Kagome y las levantó sobre su cabeza. La chica sintió la fuerza de el y su deseo, abrió los ojos conteniendo un grito cuando los dedos del el se adentraron entre sus piernas.

Inuyasha sonrió al sentirla preparada para el, la torturó un poco mas con sus dedos antes de acomodarse entre sus muslos.

Kagome lo miró preocupada al notar su dureza contra ella. El miedo la asaltó, antes de que pudiera hablar Inuyasha la silenció con un besó y se enterró en ella.

La muchacha se tensó al instante al notar como el dolor la atravesaba.

- Tranquila el dolor pasará. – gruño Inuyasha parándose dentro de ella para que se acostumbrara, le estaba costando demasiado permanecer quieto. Kagome era muy ajustada y era una tortura no poder moverse aun.

La muchacha empezó a acostumbrarse a esas nuevas sensaciones, y fue ella la que incitó a Inuyasha a que se moviera. El muchacho agarró las sabanas con fuerza y empezó a mecerse lentamente, entrando completamente una y otra vez. Una sensación de vértigo se arremolino en el vientre de Kagome, algo que parecía que iba explotar en cualquier momento. Esa sensación fue restando importancia al dolor y descubrió que sus propios jadeos se oían por encima de los de Inuyasha.

- Inu...ya…sha...- gritó cuando todas aquellas sensaciones explotaron a la vez y una oleada de calor bañó su interior.

Escuchó el último gruñido de Inuyasha y sintió su peso encima de ella. Notó que sus uñas estaban clavadas en la espalda de Inuyasha y dejo de apretar la piel poco a poco entre suspiros y jadeos.

- Te amo Kagome – dijo Inuyasha enterrando el rostro en su pelo, embriagándose de su aroma.

- Y yo a ti. – contestó mientras sentía como su cuerpo se relajaba enredada en sus brazos.

En esos momentos en la mansión Higurashi volvían a encontrarse, el señor Takamine y los demás.

- ¡Esto es muy extraño!- gritó Takamine furioso. - ¡¿Como puede ser que Kagome desaparezca y ahora Inuyasha también?!

- ¡Tal vez la ha encontrado y están juntos! – Miroku recibió un codazo de Sango junto con un gesto explicándole que no hablara más de la cuenta. Nadie podía enterarse de lo que había entre su primo y esa chica.

- ¿Insinúas algo Miroku? ¡¿Dices que quizás están pasando la noche juntos?! – contestó Takamine ofendido.

- No! No hagas caso a Miroku, tiene demasiada imaginación, - intervino Sango para salvar a su marido por ser un bocazas.

- Takamine son casi las tres de la madrugada y esta noche es muy oscura, creo que deberíamos seguir mañana. – dijo Inutaisho palmeando el hombro de su consuegro.

Pudieron convencer al padre de Kagome. Todos pasaron la noche allí para continuar la búsqueda por la mañana.

A la mañana siguiente una pareja dormía placidamente, Kagome despertó y se sonrojo al ver a Inuyasha aferrado a su cintura. Salio de la cama sin despertarle y empezó a vestirse.

Lo observo dormir y pensó que nunca lo había visto tan guapo. Con esa expresión serena y su cabello esparcido a su alrededor. Pensó en su padre, tenía que volver a casa, si los descubrían estarían metidos en un lío. Cuando se disponía a darle un beso de despedida Inuyasha abrió los ojos y la arrojo encima de el.

- ¿Donde crees que vas?- Pregunto travieso atrapándola bajo el peso de su cuerpo.

- Tengo que marcharme ya Inuyasha. No quiero que nos descubran....- Dijo intentando mantenerse serena, mientras Inuyasha besaba su cuello.

- ¿Que descubran que te amo? – dijo levantando la cabeza para mirarla. -No me importa, en cuanto volvamos romperé mi compromiso con tu hermana.

- Pero Inuyasha, no es tan fácil.

- No hay peros. – contradijo apoyando un dedo sobre los labios de Kagome. - Me casare contigo aunque mi padre y el tuyo se enfurezcan.

Kagome tenia miedo pero se sentía feliz de ver que Inuyasha quería estar con ella y hacerla su mujer.

Inuyasha se vistió para acompañar a Kagome a su casa. Montaron los dos en su caballo, Kagome se aferraba a la espalda de Inuyasha mientras el contaba cosas de aquel bosque y de las tierras. Al llegar cerca de la casa, Inuyasha se bajo del caballo y cuando iba a ayudar a Kagome vio que ella ya había desmontado.

- Feh! Se nota que no eres una doncella normal.- Kagome le guiño un ojo.

- Me voy.-Al girarse Inuyasha la atrajo hacia el y la beso dulcemente haciendo suspirar a la chica.- Te amo...

- ¿¡Nos veremos pronto de acuerdo!? – gritó Inuyasha mientras la veía alejarse.

Kagome dijo que si con la cabeza y le dijo adiós con la mano acercándose a su casa sigilosamente.

Inuyasha decidió volver pues el no sabia que sus familiares estaban en casa de Kagome. Se había olvidado por completo de todos. Galopaba feliz recordando la noche que había pasado con la única mujer que había querido de verdad.

Kagome entro en su casa a hurtadillas y cuando paso por la sala una voz la hizo pararse en seco.

- ¡Kagome! ¡¿Se puede saber donde has pasado la noche?!- gritó el señor Higurashi acercándose a ella.

- Papa me caí en el bosque, mi caballo se asusto y no he podido volver hasta ahora. -El señor Takamine comprobó el kimono de Kagome algo desarmado y roto por la agresión de Bankotsu. Y descubrió el vendaje que Inuyasha le había hecho en su tobillo.

- ¡Te caíste y por eso entras a hurtadillas! ¡¿Y porque vienes con el kimono roto!? ¡¿Y ese vendaje, donde te lo hiciste?! ¡Pasaste la noche con un hombre!- Dijo golpeando a Kagome y haciéndola caer al suelo.

- ¡Papa, no por favor! ¡No estuve con nadie! – sollozó Kagome tapando su rostro.

- ¡Vete a tu cuarto! – ordenó Takamine sin ni siquiera mirarla.

Kagome llego a su cuarto cojeando y limpiando sangre que había salido de su labio. Se acostó llorando por el suceso con su padre. Pero se permitió sonreír una vez, al pensar en su amado Inuyasha.

Takamine aviso a Inutaisho y los demás que Kagome ya había aparecido, pero no comento nada de lo sucedido con ella. Decidieron volver a la mansión Taisho a ver si Inuyasha había vuelto. El cual ya estaba durmiendo en su cama.

El señor Higurashi salio de su casa. Monto su caballo y se alejo bastante de sus tierras. Se adentró en un bosque prohibido para los humanos, habitado por demonios y seres malvados. Llegó a una cueva donde voces y cánticos salían del interior. Entro sin ningún miedo daba la impresión que no era la primera vez que visitaba ese lugar. Al entrar encontró a un hombre alrededor de una hoguera, recitaba algo en otro idioma y echaba una especie de polvos y sangre al fuego.

- ¿Que os hace volver a este lugar humano?- hablo ese extraño ser con una voz grave y aterradora.

- Hechizero Hakudoshi, necesito que hagáis un conjuro para una de mis hijas. – contestó Takamine intentando no echarse a temblar.

Hakudoshi paro el ritual y miro al humano con ojos asesinos.

- ¿Y que os hace creer que yo prestare mis servicios a un simple humano?- inquirió materializándose delante de el.

- Yo...Soy amigo de Naraku! Me debéis lealtad y obediencia....- contestó el señor Higurashi reuniendo el poco valor que le quedaba.

Hakudoshi quedo sorprendido por aquellas palabras.

- Entonces no tengo otra opción que apoyaros. Ya que si realmente no sois amigo de Naraku cuando lo averigüe os matare. - Takamine trago saliva aterrado.

- Entonces, ¿existe algún conjuro para saber si una doncella pasa a ser una mujer?

- ¿Queréis que averigüe si vuestra hija se a entregado a alguien?

- Si...Y también el nombre del hombre que la a deshonrado...Después haréis otra cosa.....

Continuará…

Bueno, primero de todo perdón por la tardanza. He puesto un capitulo mas larguito para que me perdonéis!! Y más o menos así vamos, mucho amor entre Inuyasha y Kagome y un giro de acontecimientos en torno al padre de Kagome. La cosa se pone mas interesante! Muchas gracias a todos los que leéis, espero que os guste la conti. Chao!!

Darkirie