CAPÍTULO 8: LA CLASE CONTINÚA.

Los grupos empezaron su clase. Un chico de séptimo intentaba enseñar a Wendy a hacer un Wingardium Leviosa, pero a la pobre incluso se le hacía difícil mantener la varita entre sus manos.

Ron tomó el relevo. El chico de séptimo se lo agradeció, pues al pobre se le estaba agotando la paciencia.

- ¿Cómo pretendes conseguir hacer un Wingardium Leviosa si no sabes hacer un simple Lumos? – preguntó Ron a Wendy con un tono cruel y dulce a la vez.

- Debería irme a casa... Les diré que mis padres no quieren que siga aquí y me marcharé.

- Ni hablar. Nada de eso. Esta tarde hay pruebas de quidditch, tú ve ahí y cuando acabemos las pruebas tenemos que hablar los cuatro.

- Yo... no quiero hablar de eso.

- Pero yo sí, así que ahora como se supone que eres una "maga", habramos un libro de encantamientos y leámoslo.

Mientras Ron y Wendy fingían estudiar para una asignatura, Harry se lo estaba pasando genial con su grupo.

Ginny tenía problemas con el encantamiento Riddikulus y Harry le ayudó encantado.

Pidieron a la profesora McGonagall un boggart y se pusieron manos a la obra.

- De acuerdo Ginny, primero veamos cuál es tu mayor temor y luego ya decidiremos cómo volverlo cómico – dijo Harry con una amplia sonrisa.

- V-vale – tartamudeó la joven.

Harry abrió el baúl y de ahí salió un chico. Un chico plagado de heridas que casi no se podía sostener en pie se arrastraba hacia Ginny hasta que se detuvo tumbado en el suelo. Era Harry. La pequeña Weasley se echó atrás y giró la cabeza para no ver al boggart.

Justo entonces apareció Neville al lado de la chica y el boggart se convirtió en Snape. Neville lo disfrazó de su abuela, tal y como se lo enseñó el profesor Lupin.

Harry no podía creer lo que acababa de ver.

- G-Ginny... ese... ese era yo...

- Sí, lo sé – admitió ella.

- Pero, ¿cómo? ¿Por qué? No entiendo...

- Lo que más miedo me da en este mundo – lo interrumpió Ginny – es que mueras.

Harry no supo qué decir. ¿Qué significaba eso? Y lo más improtante: ¿Porqué él y no su familia? Se quedó mudo y esperó una explicación.

Pero no hubo explicación alguna, pues Ginny se había ido a practicar con una chica de sexto para evitar aquella situación incómoda.

A Harry se le llenó el estómago de mariposas y no pudo contener una sonrisa de satisfacción.

- Harry, ¿ese eras tú? – preguntó Neville.

- Parece que sí... – dijo Potter esbozando una sonrisa aún mayor (si eso era posible).

- Vaya con la pequeña Weasley... – respondió Neville pícaramente.

Harry mantuvo la sonrisa todo el día.

Terminaron las clases y los tres amigos se juntaron para hablar sobre Wendy.

- A ver chicos, le he dicho a Pyton que hablemos hoy después de las pruebas de quidditch. Yo es que no entiendo cómo una simple muggle ha podido burlar las normas de seguridad de Hogwarts y el mundo mágico en general... ¿Harry por qué sonríes?

- ¿Qué? Ah, sí, sí estoy de acuerdo contigo – contestó Harry con aire despistado pero sin perder la sonrisa.

- Tío tú estás mal. Acabamos de descubrir que una muggle se ha colado en nuestro mundo y tú no solo no prestas atención sino que encima sonríes.

- Perdón – se disculpó Harry.