Finalmente el esperado reencuentro, para quienes piensen que con esto terminaré el ff, bueno aun faltan muchas cosas por contar los problemas en el Sweet Amoris nunca terminan.


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¿Y si te digo lo que siento?

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Día 15 (Martes)

Su corazón estaba a punto de salirse de su pecho… sujetaba el teléfono temblando y moviendo sus pies, revisaba que su vestido se viera bien y su cabello se mantuviera arreglado. Tragaba saliva con nerviosismo.

Día 14 (Lunes en la noche)

-H-hola, mi madre me dijo que me habías llamado y-yy bueno… (De pronto bajó el tono de su voz y se volvió mucho más grave y suave. –Tenía muchos deseos de escucharte.-

Esa voz… esa voz que hacía que su cabeza diera vueltas, que la hacía estremecer, se derretía con solo escucharlo.

-Y-yo tenía q-que hablar contigo.- Apretaba el teléfono con fuerza.

-¿Tenías? ¿Ocurre algo?- Dijo manteniendo ese tono que la enloquecía.

-N-no yo solo deseaba escucharte… estos días, han sido largos, es decir tu madre me comentó que estabas cuidando de tu padre, y-yo entiendo que quizás no tengas demasiados deseos de volver a la ciudad.-

-*Suspiro* Mi padre volverá a casa mañana mi madre cuidará de él desde ahora, y-yo preferiría no contarte los detalles por teléfono, te lo diré cuando te vea.-

Un escalofrío le recorrió la espalda.

-¿Puedo ir por ti a tu casa mañana? Sé que tu padre no tiene la mejor impresión de mí, pero quisiera que estemos a solas antes de llegar al instituto.-

Ella tragó saliva nuevamente.

Y con eso lo habían acordado, Lysandro pasaría por ella 1 hora antes de ir al instituto, iría a su casa, para su suerte solo tendría que lidiar con su madre, pero aun así esto era más de lo que podía soportar, comenzaba a sentirse mareada. Hasta que de pronto sintió una ligera presión en sus hombros.

-Lo lamento estaba algo perdido, ¿Llevas mucho esperando?- Se acercó delicadamente a su oído derecho para susurrarle esas palabras.

Sucrette se volteó en cámara lenta, con su mirada clavada en los zapatos de él, subiendo despacio, queriendo grabar en su memoria cada centímetro de su persona, sin notar que él se aproximaba a ella disimuladamente.

Sucrette abrió la boca intentando decir algo, pero no pudo emitir sonido alguno, estaba absorta en sus ojos, hipnotizada sentía que al verlo el tiempo se detenía. Él sonrió, su cálida sonrisa de costado la hizo sonrojar, desvió su mirada hacia la izquierda, Lysandro la tomó de la barbilla obligándola a mirarlo como si quisiera consumar el hechizo que tenía sobre ella. Él la enloquecía, no había otra forma de decirlo.

-¿No dirás nada?- Sus ojos escudriñaban cada milímetro de su rostro como queriendo desentrañar todos sus secretos.

La mente de Sucrette finalmente pudo bajar de la nube en la que Lysandro la había subido. Sólo reaccionó a arrojarse a sus brazos, se aferró a su pecho y brazo derecho con tal intensidad que cualquiera pensaría que llevaban una vida separados.

-Y-yo no debí atormentarte... tú necesitas estar tranquilo y lo único que he hecho es darte más preocupaciones.- Sucrette se sentía como la mala, había cargado a Lysandro con demasiadas cosas sin considerar los problemas del chico, tenía darle un respiro para que se mejorara.

-No digas eso… ya charlaremos después, ¿No trajiste tu mochila?- Lysandro le hablaba con una calma que no recordaba haber visto en él antes, su presencia era un bálsamo para su atormentado corazón.

-¿Qué? ¡Rayos! Deje mi mochila en casa…- Se sonrojaba, ambos eran unos olvidadizos…

-¡Cariño! Olvidaste tu… ¿mochila?- La preocupación de Lucia cambió rápidamente a una sonrisa curiosa. –Querida, él es tu amigo del instituto ¿Lysandro no es así?- Miró al muchacho con entusiasmo.

-S-sí mamá, él es Lysandro ¿Recuerdas?-

-Buenos días señora.- Respondió Lysandro con mucha propiedad, desviando momentáneamente su mirada para devolverla a Sucrette.

-B-bueno yo supongo que tendrán algunas cosas de que hablar, ¿Lysandro? ¿Me harías el favor de encargarte de que mi despistada hija llegue a tiempo a clases?- Lucia siempre estaba dispuesta a bromear.

-¡MAMÁ!- Su se había puesto tan roja como el cabello de Castiel por enésima vez esta mañana.

-No se preocupe señora.- Le respondió el chico conteniendo su risa. La madre de Sucrette volvía a entrar en su casa no sin antes echar una última mirada a su hija y al muchacho que ella sabía salía con Su.

Se detuvieron en el parque, Lysandro la tomó por la cintura y puso su mano en la mejilla de ella, la miró con dulzura y un dejo de angustia.

-Creo que me debes una respuesta, y quiero que sepas que sea cual sea la decisión que hayas tomado la aceptaré.- Dijo acomodándole un mechón de cabello detrás de su oreja.

-Lysandro, yo… yo me di cuenta que no había nada que pensar.- Apretó con fuerza la chaqueta de él. –No quiero estar lejos de ti, me haces falta y cualquier problema lo solucionaremos… juntos.-

Lysandro la abrazó fuertemente como si quisieran robársela, su máscara de paz y tranquilidad se cayó a pedazos mientras se aferraba a ella.

Sucrette sentía los acelerados latidos de su corazón sorprendida pues no esperaba esa reacción, siempre lo vio como un pilar, firme e inamovible y ahora estaba ahí, frágil y expuesto, por ella.

-¿Ly-Lysandro?- Se asustó al sentir un casi inaudible sollozo.

-Solo… quédate así un momento.-

Caminaron hacia el instituto muy cerca el uno del otro, sin poder evitar sonreír.

-¡HEY! ¿Te llamo y no me contestas?- Dijo Castiel acercándose a la pareja.

-Oh, l-lo siento Castiel no encontré mi teléfono antes de salir de casa.- Lysandro estaba algo inquieto, trató de mantener su distancia de Sucrette para no levantar sospechas, ignorando que su mejor amigo ya sabía sobre él y Su.

-Mmmmm bueno, no es que me sorprenda. Entonces…- Castiel paseaba su mirada entre su amigo y la chica. –¡Oye tengo que hablarte de algo más tarde!- Dijo apuntando con el dedo a Lysandro mientras se adelantaba a entrar en el instituto.

Se sentaron juntos en la clase de historia y Lysandro tocaba la mano de ella sutilmente cuando tenía la oportunidad. Hasta que de pronto súbitamente Lysandro sujetó su cabeza.

-¿Estas bien?- Susurró Sucrette tocando su hombro.

-S-si solo me sentí mareado de repente.- Cuando el chico bajo su brazo una gota de sangre mancho su cuaderno.

-¿!LY-LYSANDRO?!- Sucrette exclamó inclinándose hacia él llamando la atención de toda la clase. La nariz del chico sangraba, lo cual alarmo a la chica.

-L-Lysandro ¿Se encuentra bien?- Farrés estaba alterado, mientras que el afectado sujetaba su cara con una mano tratando de evitar el sangrado y su otra mano permanecía aferrada a la mesa, sus ojos como platos perturbaban aún más a toda la clase.

-Lo llevare a la enfermería… YA.- Sentenció Nathaniel siendo el primero en no quedar petrificado. Lo tomó fuertemente del brazo y lo levantó, Lysandro no quitaba la mirada del suelo, solo bajó un poco su mano para ver que ésta estaba cubierta de sangre.

Un par de segundos luego de que los 2 chicos salieran del salón Castiel se precipitó sobre Sucrette y la levantó de un tirón.

-¡¿QUÉ HACES?! TENEMOS QUE IR A LA ENFERMERIA A VER COMO ESTÁ.- Castiel estaba furioso.

-S-si, vamos.- Ambos salieron corriendo del aula aprovechando que Farrés había ido a hablar con la directora para llamar al hermano de Lysandro.

Nathaniel estaba sentado fuera de la enfermería, con las manos cruzadas bajo su barbilla.

-Sucrette.- Dijo el delegado poniéndose de pie inmediatamente.

-¿Cómo está?- Sucrette temía preguntar, era como volver al hospital.

-Por lo que dijo la enfermera no es nada grave, considerando sus… circunstancias, es normal que le pase esto… a veces, dijo que también podía sangrar de oídos.- Nathaniel vio que Su estaba asustada y posó sus manos sobre los hombros de ella. –No te preocupes, todo estará bien.- Y le sonrió con calidez, antes de pasar sus dedos por el mentón de la chica.

-¿!QUÉ NO TIENES ALGÚN DEBER QUE TERMINAR!?- Gruñó Castiel antes de tomar a Sucrette de la mano y entrar estrepitosamente a la enfermería, dejando a Nathaniel desorientado.

-Oye campeón, parece que se te está haciendo costumbre asustarnos.- Dijo Castiel, soltando a Sucrette a la velocidad de la luz antes de acercarse a su amigo.

-Sí, lo lamento… la enfermera dijo que no era nada pero probablemente llamen a Leigh… no quería preocuparlo.- Sucrette se puso junto a él, tomó su mano, le sonrió y no dijo nada. –No pongas esa cara, estoy bien.- Le apartó el cabello del rostro.

-Y-yo… creo que los dejaré solos.- Dijo Castiel sumamente incomodo ante la escena, salió de la habitación.

-Tsk… Mierda…- Castiel trataba de calmarse, pasó sus manos por su pelo y apretó los puños con fuerza.

-*Susurro* eres patético.- El delegado pasó junto a Castiel mirándolo con desprecio. En cualquier otro momento Castiel le habría respondido burlándose de él pero este no era su día.

-ATRÉVETE A REPETIR ESO EN MI CARA, IMBÉCIL.- Gritó antes de tomarlo del suéter.

-DAS LASTIMA, ¿ahora si me oíste o te lo repito? Molestando a Sucrette no conseguirás agradarle más.- Dijo Nathaniel desafiante.

-¿Q-QUÉ DIJISTE? ¿QUÉ TIENE QUE VER ELLA?- Castiel estaba a punto de perder los estribos.

-¿PIENSAS QUE NADIE SE DA CUENTA QUE GUSTA? Qué triste…- El rubio le recriminó antes de quitarse a Castiel de encima.

Dentro de la enfermería Sucrette miraba hacia el suelo completamente en shock mientras que Lysandro se tambaleaba entre la incredulidad y el enojo... El pleito de Nathaniel y Castiel había sido todo menos privado.

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¿Cómo sería Lysandro enojado? Hemos tenid oportunidades de verlo molesto pero esto es diferente... se trata de Castiel.