El aire era pesado de respirar, la oscuridad era densa, todo estaba cubierto por las tinieblas, mas allá solo se percibían penumbras. El viento soplaba con ferocidad, las aguas del mar chocaban furiosas contra la isla una y otra vez. El príncipe se detuvo de inmediato, aquello era demasiado conocido, una sensación que había tenido antes, él…él había estado ahí antes ¿era así? No podía ser, lo recordaría a la perfección. Nadie era capaz de olvidar una isla como esa, mucho menos él; pero… ¿Qué era sensación? ¿Qué era esa intuición que le decía que no era la primera vez que pisaba esa isla?

Una imagen se fijó en su cabeza…era él mismo de pie sobre esas blancas arenas, mirando las furiosa olas golpear contra ellas. A su nariz se colaba el olor a mar y sargazo, el olor a muerte y destrucción, la sensación de malignidad que electrizaba todo el ambiente

Si, él ya había estado ahí…él lo había olvidado

Capitulo 8- Olvido

Como era su costumbre, salió de su hogar con destino hacia las montañas, deseaba meditar sobre su vida o tan solo no pensar en nada, dejar de pensar en lo absoluto únicamente mirando el desolado paraje que tenía enfrente. En esa ocasión no quería volver a casa a la hora que le era usual volver, optó por hacerle caso omiso a su estomago quien le reclamaba por alimentos.

¿Cuánto tiempo había pasado desde los juegos de Cell? Dos, no, tres años, más de tres años; tenía que ser así, porque ese día el crio cumplía 4 años de vida. Su madre y los viejos habían pasado semanas planeando la fiesta de cumpleaños de su heredero, una de esas ridiculeces humanas que no entendía del todo, ni tampoco era su intención entenderlas. Quería evitar todo ambiente de fiesta ¿Qué había que celebrar? ¿El nacimiento del error más grande que había dejado pasar? Si, un error, eso era ese niño, le ataba a la tierra, le hacia ver débil y en realidad, de alguna forma, le hacia débil, el niño hacia surgir en él sentimientos que nunca creyó tener, aquellos que no podía explicar únicamente con la excusa de que él era algo de su propiedad; pero tampoco tenía el interés de indagar en su significado, lo único claro era que lo hacia patético como un corriente humano.

La noche anterior, Bulma hablo con él

-Deberías de felicitarlo por la mañana- le dijo- si quieres antes de que mis padres despierten para que no vean que tienes esa clase de trato hacia Trunks

-No tengo porque hacerlo- esgrimo con indiferencia- él no necesita felicitaciones por cumplir un año más de vida, además nunca lo he hecho

-Se que nunca lo has hecho- contestó tratando de ocultar su indignación- pero ahora cumple cuatro años, antes no tenía tanta conciencia de lo que pasaba a su alrededor; pero ahora se da cuenta de todo y preguntara porque tú eres el único que no le felicito

-Yo no entiendo sus tonterías humanas

-Felicitas a alguien porque te importa que tenga un año más de vida- trató de explicarse, después de todo el era un alienígena cuyas costumbres eran completamente distintas a las que tenían en la tierra- porque te alegras de que este aquí y deseas todo lo mejor para él

-Entonces tengo menos razones para felicitarlo- contestó Vegeta con una fría sinceridad- no me importa que tenga un año más de vida, no me alegra que este aquí- y se fue de ahí volando a toda velocidad, no escuchó los gritos de Bulma llamándole imbécil, un perfecto idiota, un hombre que no merecía nada de lo que tenia, no le vio sentarse a la cama mientras se secaba las lagrimas, pensando en la clase de padre que le dio a su hijo ¿Qué culpa tenía Trunks de todos los conflictos internos que batallaban en su padre una y otra vez sin tregua? Quizá su hijo ya estaba cansado de escuchar la misma excusa que siempre le daba, que Vegeta era un príncipe y esa era la razón por la cual se comportaba así, tan osco, tan falto de sentimientos, tan parco de cariño hacia él; pero no buscaba más razones ni excusas para justificarlo.

La brisa de las montañas se estrellaba contra su musculoso cuerpo; pero no logro sacarlo de sus pensamientos. Se estaba convirtiendo en un terrícola, un idiota, soez y sensiblero terrícola, sin duda era culpa de Bulma…no, era culpa del hibrido, la relación entre ambos había cambiado radicalmente desde que ese pequeño irrumpió en sus vidas, de no haber sido por él…un pequeño ki maligno le saco abruptamente de sus pensamientos, era ligero; pero cargado de maldad, rabia, ferocidad…no sentía ningún otro ki moverse, ni siquiera el de los insectos humanos, más extraño aun, Picoro tampoco se estaba moviendo, y teniendo la esencia de Kami-Sama dentro suyo, se esperaba que fuera el primero en detectarlo y en ver lo que pasaba; pero nada de eso ocurría, ni siquiera el hijo del imbécil de Kakarotto se movía ¿tendría que ir a ver lo que sucedía? ¿Para que? El planeta no era suyo, le importaba muy poco lo que pasara con él, además había jurado nunca volver a pelear, ya no valía la pena, y con ese ki tan ínfimo y ridículo que ese supuesto enemigo tenía, tan solo sería desperdiciar su tiempo.

Las horas pasaban y ese ki constante continuaba con la misma intensidad que antes, ligero casi imperceptible, quizá así lo era para todos; pero no para él. Harto de hacer conjeturas sobre la procedencia de ese ki, se decidió por volar hasta él.

Se quedo flotando sobre el mar, un negro océano tempestuoso bajo un cielo encapotado; una tormenta se avecinaba, bajo sus pies, se encontraba una isla con 7 grandes pinos con las furiosas olas estrellándose contra ella una y otra vez ¿acaso el ki provenía de ese pedazo de tierra? No, la lógica le dictaba que una isla no podía estar emanando un ki tan maligno; pero ¿Dónde estaban los demás? ¿Qué? ¿Acaso solo él podía sentirlo? Aterrizó en la playa cerca de un cocodrilo de piedra, no entendía el significado de aquel ki, ni del escalofrió que recorrió su espalda al momento de que sus pies tocaron la arena.

Aquel ki, que por horas se mantuvo constante, comenzó a concentrarse en un solo punto, ahí dentro de la cueva que custodiaba el cocodrilo de piedra. El príncipe de los saiyajins miro con atención aquella densa penumbra y sin titubeos avanzó con paso firme hacia ella. Al entrar la penumbra se tornó de un rojo sangriento y pudo observar con claridad los cadáveres de 7 personas únicamente sostenidas por una lanza con la punta oxidada que les atravesaba el pecho, otros el abdomen y unos incluso la cabeza, todos ellos conservando las muecas del infinito dolor que sintieron a la hora de su muerte, todos ellos con la huella del sufrimiento en sus cuerpos, incluso uno de esos, aquel cuyo pecho era atravesado por la lanza en peor estado de todas, se hallaba rodeado de un alambre de púas que penetraba por todo su cuerpo. Nada de eso le amedrento, había visto y hecho cosas peores a esas; tal parecía que la humanidad tenía sus excepciones y tenían asesinos de tal calaña.

-Alteza- le llamarón por la voz de un hombre maduro- es un gusto que por fin haya respondido a mi llamado

-¿Tú llamado?- el príncipe buscaba con la mirada la procedencia de aquella voz; pero parecía que no provenía de ninguna parte, que su dueño se movía rápidamente en todas direcciones

-El ki que sintió hace unas horas, príncipe Vegeta- comenzaba a irritarse ¿Por qué no daba la cara? Solo eso le faltaba, venir a perder su tiempo con un cobarde orate

-Date a conocer, quiero ver tu rostro- exigió con rudeza

-Yo no tengo rostro…yo soy esta isla- una risa estrepitosamente hizo eco por toda la cueva, aquello si le causo gracia, era un muy buen chiste o una excusa demasiado patética

-Déjate de tonterías, sabandija…muéstrame quien eres

-Yo soy esta isla- y en aquel instante, el engarrotado cuerpo de lo que quedaba de un ser humano cubierto por púas y con una lanza enterrada en su pecho, comenzó a moverse, primero una mano que abrió con dificultad, seguida por el movimiento casi mecánico de uno de sus pies arrastrándolo por la arena, dejo salir un quejido grave y crepitante, la lanza que lo tenía fijo en el suelo se desprendió junto con él, Vegeta apenas daba crédito a lo que miraba, era sencillamente increíble. Aquel ser, muerto o no, comenzaba a acercársele derramando una sangre negra y coagulada, arrastrando los pies, encorvado sin importar que las púas de su espalda se clavaran aun más a cada movimiento. Sin pensarlo dos veces, el príncipe lanzó una esfera de energía y lo desintegró en cuestión de segundos- ¿lo ves? Yo soy esta isla, este es mi poder, esto y más

-Vaya poder tan tonto- esgrimo sin perder el aplomo- mover a los muertos, bah…que tontería, necesitas más que eso para demostrarme tu poder

-Mi poder es infinito, príncipe Vegeta, tengo el poder para darle todo lo que quiera…el poder de hacerlo alcanzar sus más profundos anhelos, los que están resguardados en su corazón que esta lleno de odio y maldad ¿acaso no sintió mi ki? Solo usted pudo hacerlo porque es maldad, la maldad más pura que ni siquiera Freezer tenía

-¿Tu como sabes de Freezer?- inquirió furioso, se preguntaba como demonios aquella cosa sabía sobre su pasado

-Se lo he dicho ya, yo tengo el poder para saberlo todo, soy la energía maligna que se originó desde los comienzos de la tierra, en mi se centra la envidia, la ira, el deseo de destrucción, el deseo de muerte…el mismo deseo que tiene…por milenios he ido creciendo a cambio de favores de gente que desea algo con tanta vehemencia, gente con maldad en su corazón, gente que desea destrucción, caos, muerte…venganza, yo les doy todo eso a cambio de su energía y de que atraigan a otros para alimentarme de su malignidad que en mayor o menor grado todos llevan dentro

-¿y qué? ¿Piensas que yo necesito que tú me hagas un favor? No seas ridículo, prescindo de ti y de cualquiera

-No, usted no entiende…yo ya no necesito más energía, ahora necesito causar destrucción, destruir este planeta y todos los que tenga en mi camino…yo soy energía Vegeta…usted un hombre hambriento de ella, hambriento de venganza, usted es más poderoso que Kakarotto, usted es más que un simple terrícola, no tiene porque estar aquí al lado de esa mujer y de su hibrido, gracias a ellos a los ojos de todos es un guerrero aliado de ellos, se ha reducido a un perro de la tierra

-¡Calla!- gritó furioso

-¿Qué no ve? Conmigo superaría al hijo de Kakarotto, conmigo su corazón volvería a ser el mismo, las dudas se terminarían, los afectos se esfumarían, sería el mismo guerrero sanguinario y despiadado que fue, podría emprender la conquista de planetas tal como lo hizo Freezer, conmigo a su lado seria el rey de cientos de planetas y no un príncipe sin planeta…aquí no es nada, es un humano mas- y aquellas palabras le enfurecieron, no solo porque eran un insulto, si no porque eran ciertas, era ya un humano más, un hombre como cualquier otro…no, no podía dejar manipularse

-Es suficiente…no necesito de ti, no necesito de nadie ni de nada

-Yo solo soy energía que ha escogido un dueño y ese dueño es usted, he juntado por miles de años todo esto solo para usted, para su provecho y su beneficio, yo soy el hambre de muerte, de destrucción de caos, usted es mi legitimo dueño, lo supe desde que llegó a este planeta, que sería el único que podría manejarme de la manera más acertada, como un verdadero guerrero debe de hacerlo, que mejor que un súper saiyajin…conmigo, les demostrara a todos que usted sigue siendo el mismo, incluso a Bulma y a su hijo- si…si, él quería seguir siendo el mismo, quería sentir de nuevo la adrenalina corriendo por sus venas mientras aniquilaba a otra persona, quería sentir el temor que daba cuando era observado, necesitaba saber que más fuerte que ningún otro, más fuerte que Kakarotto y sobre todo, necesitaba hacer pedazos la imagen de ese guerrero patético que le agradecía al hijo de ese insecto por estar batallando contra Cell…si…¡si! ¿Por qué no?

-Si eres energía ¿Por qué puede hablar?- sin embargo una cuestión asaltó su mente, ¿quería esa energía adueñarse de su cuerpo, de ser así perdía su tiempo, él jamás permitiría que pasara

-Lo he aprendido de la humanidad, en parte estoy en conexión constante con la humanidad, he evolucionado en su pensamiento a la par que ellos; pero eso no me quita mi condición…

-Así que….me escogiste como tu dueño- cerró los ojos y se cruzó de brazos, era obvio, él era el príncipe de los saiyajins, quien mejor para portar esa energía- ¿y que se supone que pasara si digo que sí?

-Necesito sincronizarme con usted por completo…y también…-hizo una pausa de segundos que a Vegeta le parecían eternos

-¿También que?

-Un último sacrificio, la liberación total de su atadura a esta tierra, yo necesito a…

-Trunks…- había perdido la expresión, su rostro se torno frio y sombrío como en tiempos de antaño, dentro de él un sinfín de pensamientos conflictivos comenzaban a surgir; finalmente decidió extinguirlos por completo, se exigía regresar a ser quien fue, no importaba el precio, no importaba nada- si lo quieres, lo tendrás

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Lo recordaba ya, él hizo un pacto con la isla, se sentó en el miedo de la arena, escuchando aun los alaridos, los gritos de auxilio y los tumultuosos pasos, como si de borregos se tratasen.

Lo planeó todo a la perfección, el día anterior a que Trunks desapareció, salió de madrugada, cuando todos dormían, en dirección a la isla a ultimar los detalles finales para el sacrifico que la isla pedía, desatar el nudo que lo ataría permanentemente a la tierra. Aquello lo tenía eufórico, aunque trataba de comportarse de lo más normal, lo último que quería era levantar sospechas y que todo el plan se arruinara.

Esa noche hicieron el amor, él tan solo se dejo llevar por esa energía que le daba saber que pronto volvería a ser él mismo, un estado de perpetua euforia que logro agotar a Bulma hasta dejarla profundamente dormida. Le dejo con cuidado con la cabeza recostada sobre la almohada, regresaría pronto, las cámaras de seguridad serían fácilmente eludidas con su velocidad.

Con celeridad entró a la habitación de su primogénito y, aun dormido, lo tomó de la cama y se lo llevó lejos de su hogar, su muerte significaba su regreso a la vida.

-¿Papá?- preguntó el pequeño de cabellos lilas en el medio de su somnolencia- ¿A dónde me llevas?- le vio con la mirada fría y una sonrisa victoriosa esbozada en su rostro, tan distinto al padre inexpresivo que hasta entonces había visto- ¿papá?- pero era inútil, no habría respuesta, Trunks lo comprendió y calló hasta llegar a la isla que tantas veces dibujo y después de eso, todo se hacia borroso…él regresaba al lado de Bulma y volvía a dormir; pero ¿Qué había sucedido antes de eso? Era un maldito espacio en blanco que su mente no podía recuperar.

-Lo que pasa es que no puede creer que entregó a su hijo por esta isla y por eso lo olvido, como me paso- sin darse cuenta, caminando entre la arena y sus recuerdos había llegado a la entrada de la cueva-¿No es así?

-No, Victor…no todos son como tú- era Leviathan, aun con rasguños y heridas que dejaban ver sus negros músculos- lo que le extrañó a él, es el simple hecho de haberlo olvidado, no él que haya entregado a su hijo, si no que ese hecho le afectó a tal grado que sencillamente…lo bloqueó…después de todo, siente afecto por el crio- Vegeta nada contestó, se quedo de pie a la entrada de la cueva, había sentido el débil ki de Trunks, al mirar de soslayo se dio cuenta que entre las manos ensangrentadas del sacerdote estaba el oso de felpa del pequeño-lo supe desde que te vi, tenías el perfil que todos hemos tenido, un pobre diablo que necesita algo que ya le es prácticamente imposible conseguir…pero en nada le interesaron las cizañosas palabras de Leviathan, tan solo se preguntaba la razón para olvidar su pacto con la isla, el porque no recordaba que fue él mismo quien secuestró a Trunks, eran cosas banales, incluso su padre le había entregado a Freezer; pero él…él había olvidado

-¿Esta listo?- le llamó Victor, el hombre de Blanco

-Mi Dios es mi testigo que hice todo lo posible para que tú no llegaras hasta aquí, esta energía maldita y tú lo destruirán todo…hice cuanto pude, como pude y no funciono…haz lo que quieras Vegeta, príncipe de los saiyajins, destruye la tierra si ese es tu deseo, mata a tu mujer y a la humanidad entera si así se satisface tu sed de venganza

-¿Dónde esta Trunks?- peguntó con seriedad, en ese momento Leviathan se le acercó para extenderle el oso de felpa- cuando lo veas, dáselo- Victor se lo arrebató de inmediato y le dijo con tranquilidad

-Es solo un hibrido... ¿Esta listo?- aun confuso, aun queriendo recuperar ese único recuerdo que se negaba a regresar a su conciencia, entró a la negra cueva .