Otro por apuestas, le gane al día!
Historia que no es de hiro pero si son sus personajes
Quiero hacerte querer empezar.
Era de noche, acabábamos de finalizar nuestro horario de trabajo. Estaba tranquilo el ambiente, ambos tomamos caminos separados en esa esquina.
Peinándome mi negro cabello hacia atrás, caminaba observando el cielo con leves nubes ocultando la brillante luna, me paseé enfrente de la florería que acababa de cerrar. La joven anónima se movía con gracia, parecía no haberme visto.
La llamo con gentileza acercándome, ella se sorprendió dándome una gran sonrisa al pronunciar mi nombre. Pude admirar que continúa con la vestimenta de su trabajo, tiene su placa de identificación la cual sigo sin poder ver.
"Olvide los anteojos de nuevo".
Gesticulando de forma eufórica pero divina, me invitó a cenar si es que no tenía nada que hacer. Acepté la propuesta.
-Perdóname, al vivir cerca, suelo no traerme otro atuendo para salir del trabajo ¿te importaría ir a algún lugar no tan llamativo? Yo invito. –se excusó la chica.
-No te preocupes por eso, vayamos al bar de la esquina de allá. –finalicé señalando.
Bien cumplió su palabra, de eso no me cabía la duda. Toda la cena estuvo llena de palabras de la muchacha y un par mías, habla demasiado pero no me resulta molesto. La cabellera azul insistió en pagar, lo hizo con tarjeta.
"Aclaración: Juvia L-x-" se veía textual, no comprendí su letra en el apellido. La pude leer al fin al sostener la cuenta en mano para dársela al mozo. Cuando quise entregársela, se había caído, así que al sujetarla entre mis dedos lo más cerca posible de mis ojos para divisarlo, lo descubrí.
"Es increíble cómo aún no se percata que nunca le dije su nombre, ella me mencionó el mío millones de veces desde el momento que se presentó ante mí como la florista".
Me decidí por acompañarla hasta su casa, era media noche de un jueves. Me agradeció completamente por todo, con un deje de interés le comenté que no era necesario decir aquellas palabras.
-Puedo acompañarte todas las veces que desees, Juvia. – el asombro y sonrojo inmediato de la joven me hizo dudar de mis ojos.
"¿Realmente era ese su nombre? Es extraño... ¿Será que me equivoque?" Ella se retorció levemente mirándome los pies tímida, logró encontrar mi vista.
-Gracias, mañana nos vemos. –comentó al despedirse de mí tras un beso formal y cerrada de puerta.
-Claro... Estaré esperando...- le hable a la entrada en la luna. – Juvia, eh... extravagante nombre. –
La luna aparecía de entre las nubes sonriéndome.
