Hola hola hola.
Aqui de nuevo con este fic. Les quiero pedir disculpas por hacerlo tan lento. Es simplemente que me fallan mis musas, no tengo tanta capacidad como para sacar un capitulo en menos tiempo. Aun asi me esfuerzo. Tambien quiero agradecerles por todos y cada uno de sus reviews... que aunque no soy mucho de responderlos los tomo muchoooo en cuenta y son mi aliciente para seguir adelante, algunos de ellos me hacen desparramarme como pavorreal. Tambien sepan que mis demas fics no los he olvidado, es solo que este es el que me fluye un poquito más. De verdad siento ser tan lenta, pero no duden en que pongo mi mejor esfuerzo. Sin más preámbulo, espero que les guste.
MEMORIAS
La hermosa chica de espesa cabellera negra que caia hasta su cintura esperaba impaciente en la orilla del rio. Miraba hacia su derecha, entre las ramadas. En cualquier momento llegaría él; probablemente su camino se había hecho más largo por las intensas lluvias de días anteriores.
"Yiang" Le llamó al verlo llegar por fin, con la mejor sonrisa que podía tener. El joven alto de oscuro y largo cabello y traje chino azul le miraba serio. Ella no pudo definir lo que sus ojos le decían…
"Necesitaba tanto verte… " Le dijo, sin obtener respuesta. Él seguía ahí plantado.
Ella decidió ignorar la pasividad de él, se acercó y trató de tomar su mano. "Tengo algo muy importante que decirte."
"Ya no nos veremos más…" Le dijo el secamente. El rostro de ella se desdibujó…
"No puedes… " Ella dio dos pasos hacia atrás, negando con la cabeza. Sintió que su cabeza daba vueltas. Había demasiadas cosas implicadas. Demasiado tiempo, demasiados sentimientos, promesas y hechos que no le permitían simplemente darse la vuelta e irse.
"Yo… yo espero un hijo… un hijo tuyo." Le dijo con voz baja, como esperando un poco de piedad de él. Pero al escucharla él solo la miró con más desprecio, con esa mirada que ella jamás había percibido en él.
"¡No puedes! Dijiste que me amabas… que nos casaríamos." Gritó ella por fin. Su mundo estaba desmoronándose y ya poco le importaba que alguien la escuchara.
"Ese hijo no es mío. Tu haz manchado nuestro amor y todo lo que sentí por ti. Vete y agradece que no te denuncie ahora mismo. " Dicho esto, se marchó, dejando a la mujer ahí, gritando su nombre y rogándole que la escuchara.
Poco a poco fue desvaneciéndose en el lodazal, incrédula y destrozada.
La mujer despertó de nuevo con un nudo en la garganta, sudando frío.… Como lo hacía tantas veces desde hacía más de cuarenta años.
Salió de su choza y se lavó la cara con el agua fría del río. Miró su horrible reflejo en sus tranquilas aguas. Ella era la prueba viviente de que hay heridas que jamás sanan y acciones que marcan de por vida. Ella era el rostro mismo de la amargura.
Nodoka hacía nudos sus manos recargada en el escritorio de la pequeña oficina de policía. No tomaba cuenta del hombre que, frente a ella, buscaba algo en una computadora mientras daba uno que otro sorbo a su té. Tomó la decisión de levantar una denuncia por su propia cuenta, que ya bastantes problemas y mortificaciones tenían los Tendo y la mitad eran por culpa de su vástago.
Parecía haber envejecido en unas cuantas semanas. El cansancio y la mortificación reflejados en su rostro le daban un gesto sombrío. En otras circunstancias no se hubiera mortificado tanto por la desaparición de su esposo. Ahora no era igual. Genma había estado trabajando en el dojo en los últimos días antes de su desaparición. No se había llevado víveres ni ropa. Su mochila de entrenamiento estaba intacta y vacía en la habitación que ambos compartían. Además era evidente que, a su edad, su esposo ya había pasado la etapa de los viajes de entrenamiento, al igual que Happosai, quien lo estaba buscando en los poblados cercanos y se comunicaba a diario para darles las nuevas, que no eran nada.
-Entonces, afirma usted que su esposo, el señor Genma Saotome, de oficio maestro del dojo Tendo, ha dejado de asistir a su domicilio desde el dia 14 de octubre… -
-Asi es, oficial. –
El hombre de semblante serio volteó a mirarla levantando la vista sobre sus lentes.
-Es muy común que se den casos de deserción de un miembro de la familia. –
-Sé lo que insinua, oficial. Mi esposo jamás se iría de casa sin lo necesario para vivir… y no tenía dinero para sobrevivir más de un par de días, si acaso. –
-Bien. – El hombre pareció repasar rápidamente el reporte, expiró y continuó con un gesto aburrido. – Pasaré el reporte con la foto a todos los elementos de este sector.
Nodoka salió de la pequeña oficina desesperanzada. Había visitado al menos una decena de poblados aledaños a Tokyo buscándolo. Ya no tenía comida, ni ropa limpia, ni recursos para seguir buscando. Se sentó en un parabús. Aun faltaba más de media hora para que el tren que la dejaba próxima a Nerima pasara.
Hacía cuatro años pensaba que su soledad había terminado. Que su hijo y su esposo estarían con ella. Que serían felices por fin. Que vería a su Ranma hecho un hombre y al lado de la chica a la que amaba.
No era así. Estaba sola. Ranma se había idiotizado y condenado a vivir una vida miserable y solo Dios sabía si volvería a verlo antes de morir. Ahora la mujer a la que él amaba estaba a punto de casarse; ella misma le estaba ayudando a escoger el vestido que usaría en la ceremonia.
Nodoka sentía un dolor que no podía describir. Algo solo parecido a cuando Genma le arrancó a su bebé de los brazos. Esa desazón de no poder estar junto a él, de no poder solucionarle sus problemas. Esa desesperación de ver que todo estaba patas arriba. Que nada era como se suponía que debía ser. Llevó sus manos a su rostro acalorado y su llanto comenzó a correr por sus mejillas.
-¡Tía Nodoka!- La conocida voz la sorprendió. Akane se encontraba corriendo hacia ella, muy agitada. - ¡Por fin la encuentro, que susto me llevé!-
Nodoka hizo lo que pudo para borrar de su rostro los vestigios del llanto y fingió una sonrisa. El nuevo prometido de Akane le seguía unos metros atrás. Al mirar que la chica la abrazaba, el se quedó en su lugar para darles un poco privacidad.
-Tia, no sabe, he estado buscándola como loca. – Akane notó entonces que la señora había estado llorando. –
-No debiste. Tú tienes que estudiar… y preparar tu boda. Yo sé cuidarme sola.–
-Pero es que… - Akane tomó asiento a su lado y miró de soslayo a su prometido. –Yo … -
-Perdón por no haber avisado. No quise dar molestias. Ya suficientes problemas tienen.-
-Tía… - Akane le abrazó mientras trataba de acallar su angustia. – Prométame que pase lo que pase, nunca se separará de mi. La necesito… -
Nodoka abrió mucho los ojos comprendiendo algo. Asintió con la cabeza.
-La necesito mucho… no me deje sola. – Terminó de decir la joven mientras se aferraba a ella.
El sabor amargo del brebaje le inundó la boca. Su rostro estaba ardiendo por haber llorado tanto y no se atrevía a mirar a su bisabuela mientras esta cubría la cama de sabanas limpias. Habían sido mas de tres horas de absoluto silencio después de despertar en su propia cama, rodeada solo por Cologne y una vieja curandera de un poblado vecino al suyo.
La curandera le había dicho que el aborto no solo había sido espontáneo si no natural y necesario. Que un ser concebido en un cuerpo ajeno no podía desarrollarse en tu cuerpo. Era una simple ley natural que un bebé no crecerá en un cuerpo que constantemente se cambia por otro. Shampoo había escuchado a su bisabuela maldecirse a sí misma por no haber pensado en ese aspecto antes. También le escuchó dar gracias por el hecho de que Ranma no estuviera presente.
La infusión comenzó a hacer efecto en el cuerpo de la joven amazona adormeciéndola y volteó su cuerpo en posición fetal con vista hacia su ventana de madera cerrada completamente, por cuyas ranuras se escapaba la tenue luz de la aurora.
El no había regresado aún. De seguro llegaría con algún pretexto o mentira. De repente ya no le importaba tanto. Estaba cansada. Tanto, que su desprecio ya no le lastimaba. Deseaba dejarlo ir tanto como él deseaba irse.
Cerró los ojos deseando que todo fuera una pesadilla. Deseaba despertar y sentir su vientre inundado con su bebé. Su hijo. Porque Ranma no lo amaba como ella lo amaba. Solo ella había perdido un hijo, mientras él se internaba en el bosque huyendo de su compañía, sin importarle si el ser que él había concebido se encontraba con bien.
En pocos segundos pudo escuchar a su antepasado pagarle a la hierbera mientras le recordaba que debía guardar total discreción ante lo sucedido y nadie debía verla en la aldea. Igual lo había hecho con Mousse, quien la encontró tirada y fue quien consiguió ayuda y no recibió más pago que el golpe del raro bastón.
Sonrió tenuemente. La droga la había relajado tanto que la dolorosa situación se volvió divertida en su cabeza.
¿Para que ocultaba la situación? ¿Qué rondaba por su cabeza?¿Fingir un embarazo para robarse a un bebé? Sin duda su abuela había visto muchos doramas en Japón y en su cabeza ideaba una solución ridícula.
-Para cuando Ranma se de cuenta de esto, ya habrá pasado mucho tiempo. – Dijo la anciana un tanto despreocupada. –de cualquier forma ya están casados y se verá en la obligación de cumplirte como marido. Para tu próximo embarazo debemos tener mucho cuidado con las conversiones.-
-Está bien.- Le respondió, obligándose a abrir de nuevo sus soñolientos ojos.
-¿Desde cuándo se fue?-
-Ayer por la mañana. Ling lo llevó a cazar… -
-Ling regresó por la tarde… -
Shampoo sonrió. Ya lo sabía. Sabía que Ranma le mentía a cada paso. Pero eso ya no le dolía más.
-¿Tú eres Ranma?- Le preguntó la vieja bruja al chico de la trenza en un japonés muy bien hablado. Tenía más de dos horas observando su tienda. Era muy temprano por la mañana y el chico se disponía a levantar sus pertenencias para volver a la aldea.
-Si. ¿Me conoce?- Le respondió él con confianza mientras hacía su trabajo, sin prestarle mucha atención.
-Yo si… pero tú no a mi. Sé que recién te has casado con Xian Poh-
-Así es.- respondió él, arrugando la nariz.
-Eres el extranjero que venció al señor Saffron… -Sonrió como recordando algo. – Yo te ví…
-Si. – Dijo él mientras se echaba la mochila a los hombros. Hizo una reverencia y se dispuso a alejarse. De seguro Cologne se daría cuenta de que había pasado todo el dia y la noche fuera de la aldea.
"Siempre se salen con la suya." Le escuchó decir entre dientes. Se volteó y la miró…
-¿Qué dice?- le preguntó frunciendo el entrecejo.
-Ellas… esa familia. Siempre tienen lo que quieren. – La sucia mujer movió su cabeza en señal de negación.
-No sé a qué se refiere. – Ranma de nuevo se dispuso a irse, reacomodando el bulto sobre su espalda.
-Es lógico que tu estas enamorado de la chica extranjera o al menos lo estuviste… y mucho. Yo sé que Saffron la utilizó para atraerte… - Sonrió con malicia. – Y él no es precisamente tonto… -
-Sabes muchas cosas… - rodó los ojos con aburrimiento.
-Yo llevé a tu ahora esposa y a su bisabuela al estanque… -
-Aaaah… - Ranma sonrió con cinismo.- ¡Pues qué bien! ¿Alguna otra cosa que tenga que agradecerte?- De nuevo se enfilo por la pequeña vereda tratando de fingir indiferencia.
-Lo hizo ella misma… con sus nietas y ahora con sus bisnietas…-La bruja se esforzaba por seguir el paso del chico. – Tienen todo lo que quieren y no se detienen ante nada para obtenerlo. Yo sé bien de lo que son capaces.-
Ranma la ignoró. Para él no tenía caso escuchar más de Cologne. De primera mano sabia lo que ella era capaz de hacer. La mujer de delgada figura y pelo enmarañado quedo en medio del camino observándole partir. Suspiró y dio la espalda de nuevo para dirigirse a su choza.
"Mei Lian: Por romper las reglas de nuestro pueblo con deshonor, los dioses te condenan a vivir en el exilio y te privan del privilegio de dar vida."
Como taladrando su cabeza, volvió a escuchar ese veredicto. La sentencia que le destrozo la existencia… La razón por la que juró vengarse aunque lo lograra solo en su último suspiro.
Akane y Nodoka dejaron los zapatos en la entrada y se dirigieron cuidadosamente hacia la estancia. Soun estaba ahí tomando té.
-¡Es un alivio tenerla de nuevo en casa, señora Nodoka!- Le dijo con respeto.
Nodoka le hizo una reverencia y Akane se dirigió al cuarto de Kasumi con preocupación. Soun se puso de pie y le hablaba mientras la seguía.
-Su esposo estuvo aquí y desde entonces no ha querido salir de su cuarto. –Le informaba mientras Akane apresuraba más su paso.
Abrió la puerta y la encontró despierta, recargada en la cabecera de la cama. Sus tranquilos ojos mirando hacia un punto del piso, se desviaron hacia ella.
-Encontramos a tía Nodoka. – Le dijo sonriendo. Kasumi sonrió también.
La luz del cuarto estaba apagada pero la pequeña lámpara sobre su buró alumbraba lo suficiente para que Akane notara que su rostro estaba triste.
-Es un gran alivio. –
-Rukawa estuvo aquí…-
-Por la mañana. Recién habías salido cuando él llegó.-
-Que bien.. Yo… - Akane ya no dijo más. Vió a su hermana cubrirse la cara mientras su espalda se convulsionaba.
Sentada en el filo de la cama, estrechó el rostro de su hermana en su regazo mientras acariciaba su larga y hermosa cabellera. Sentía la gran presión que emanaba de ella… su gran dolor. Y un nudo se apoderó de su propia garganta.
Asi pasaron unos minutos, sin que ambas hicieran nada más que permanecer abrazadas.
-No me ama…- rompió el silencio Kasumi.
-No digas eso, hermana.-
-Me lo dijo. Que ama a otra… que no puede seguir conmigo- Akane escuchó esa verdad que ya conocía, pero sintió que una gran rabia quemaba su cuerpo como fuego al saber que se había atrevido a lastimarla de esa forma conociendo su estado. -Que no es justo condenarme a vivir una mentira por el resto de mi vida. Que reconocerá al niño y se hará cargo de nosotros en lo económico…-
¡Quería decirle tantas cosas! Pero Akane había cambiado. No era la tonta niña que hablaba sin pensar. Sabía bien que no era ella la más indicada para darle un consejo. ¿Quién era ella, sino una tonta que se encontraba preparando una boda apresurada con un desconocido a quien, sabía bien, jamás amaría.
Kasumi… La más hermosa y agraciada de las Tendo estaba ahí, rebajada y abandonada por un hombre. La hermana que fué como una madre para ella, que le aconsejó y le ayudó tantas veces, quien sacrificó gran parte de su juventud para entregarse a su familia. Ella estaba llorando como nunca… destrozada.
-Todo estará bien hermana… Nosotros, toda tu familia, jamás te dejaremos sola…- Fue lo único que atinó a decirle.
Ranma empujó la puerta de madera y asomó la cabeza levemente al interior de la casa. Era temprano aun, pero las amazonas se levantaban muy temprano, asi que estaba resignado a recibir algún sermón de su "mujersita".
-Nihao..- Le dijo la femenina voz, en un tono mucho menos meloso que cuando adolescente.
-Nihao…- Le respondió.- Siento no haber llegado. Me sorprendió la noche en la montaña y decidí quedarme.-
-Bien… - Ella estaba recargada en la mesa. Ranma notó su rostro un poco más demacrado.
-¿Te encuentras bien?-
Ella estuvo a punto de pronunciar algo… pero no lo hizo. Su boca se quedó abierta y varias veces intentó articular una respuesta.
-Shampoo…- Ranma se acercó. No era necesario escuchar algo para saber que estaba mal.
-Lo perdí… -Dijo como una autómata.
-¿Qué?- Ranma no fue capaz de comprender inmediatamente. Sintió sus sentidos adormecidos y presenció la escena como un testigo más.
-Ya no hay hijo. Hijo murió… - Ranma abrió sus ojos a más no poder y dejó caer la mochila sobre el piso.
-Pero… ¿Cómo?-
-Cuerpo maldecido no tiene hijos. Yo no sabia… -
Pasó un rato así. Segundos, quizá minutos. Ranma parado en el umbral de la puerta. Incrédulo, con una mezcla de dolor y de culpabilidad. Se sentó junto a ella en la mesa, cabizbajo.
-Lo siento.- Le dijo, mientras sostenía su sien en ambas manos, tratando de contener las lágrimas.
-Haz descuidado demasiado tu consulta. Yo puedo ir sola. – Dijo Akane por enésima vez mientras caminaba por la acera rumbo a la estación más próxima del tren.
-Tengo quien me cubra. Además, no es correcto que una señorita ande por ahí sola. –
-Siempre he andado sola. No tengo problema con eso.-Suspiró y se detuvo mirándole a la cara- Koji, no tienes que tratarme como a una niña… Soy más fuerte que tú.-
-Bueno, tampoco tienes que decirlo tan fuerte.- El chico sonrió divertido y la escena fue interrumpida por el sonido del móvil de Akane.
"Dime, Nabiki." Fue todo lo que dijo Akane al descolgar y su rostro se desdibujó.
"Te veo en casa." Dijo casi sin fuerza en la voz minutos después y se quedó con el aparato en la mano sin siquiera colgar la llamada.
-Nabiki encontró al tío Genma. Está en el hospital Nadawa… en coma. –
Abrió un poco los ojos y lo vió ahí. De alguna forma no le sorprendió. Despues de todo él le había ayudado con su reciente "incidente". Sonrió al verlo y reconocer que él era lo único que se encontraba intacto de su antigua vida.
-Mousse- Dijo débilmente, mientras él le pedía a señas que no hablara.
El silencio que se postró le permitió escuchar la voz de Ranma chica entre las que sobresalían en el patio de la pequeña aldea, que servia a modo de dojo. De seguro su abuela también se encontraría entre el grupo, como era tradición.
-Gracias.- Le dijo quedamente mientras el sonreía.
El se quitó las gafas. Ella sonrió divertida al imaginar que así podía confundirla con cualquier chancho o anciano que se cruzara en su camino. También sonrió de darse cuenta como daba vueltas la vida; como alguien que hacía unos meses le parecía un personaje risible y despreciable, ahora era un ser adorable. Tan fácil de querer…
Los ruidos del exterior se incrementaron.
-No hay nada que agradecer… mi niña hermosa. – Le respondió el en su idioma nativo.
Shampoo sonrió y besó su frente. Y se quedaron ahí, juntos mientras el entrenamiento seguía en el patio principal.
CONTINUARÁ...
