Capítulo 8

-¿Qué haces aquí?-preguntó nuevamente Ted, levantándose y parándose frente a ella.

-¿No te das cuenta?-lo enfrentó-. Estoy trabajando.

-Dijiste que en las tardes mantenías buscando empleo en editoriales cercanas-le reclamó Ted.

-Te mentí-gruñó-. No me gusta que se metan en mi vida.

-¿Por esto era que no querías almorzar conmigo?-preguntó dolido.

-No, Theodore-negó-. Simplemente no quería y es todo lo que voy a decir. Paga la cuenta y déjame ir. Tengo otras mesas que atender y si me ven hablando contigo, tendré problemas.

-¿Por qué vas a tener problemas?-inquirió irritado-. Ya tienes un mejor empleo y no estoy diciendo que este trabajo sea malo. Simplemente digo que alguien como tú debe estar en un buen lugar y haciendo cosas que valgan la pena y vayan de acuerdo a lo que pasó cinco años de su vida estudiando.

-Para que te tranquilices-replicó en un tono poco amable-, ya renuncie a mis dos empleos pero tengo que dejar algunas cosas al día antes de empezar-miró a Anastasia que se había alejado un poco-. Tu madre me dio hasta el lunes para que organizara mis cosas y pudiera incorporarme a su equipo de trabajo.

Ted se relajó y pasó la tarjeta por el datafono inalámbrico que Katrina puso sobre la mesa al lado de la bandeja con la cuenta. Finalizó el pago y Katrina tomó sus cosas y le tendió una copia de la transacción a Ted y se fue.

-Lindo carácter-comentó Ana sonriendo-. Me encantara tenerla en la empresa. La propuesta de darte su número aún está en pie por si te interesa-se acercó para recoger su bolso.

Ted la miró con el ceño fruncido.

-Ahora no estoy de humor-miró su reloj Casio y consultó la hora-. Es tarde. Te acompaño hasta GP. Iré a cenar a con ustedes esta noche. No quiero estar solo.

-No creo que sea buena idea, Ted. ¿No pensaste en eso?

-Quiero ir. Además hace rato no veo a Nick y necesito estar un rato con él. Es mi hermano y lo extraño-replicó Teddy, poniéndose sus gafas-. Además, Phoebe ya lo perdonó y regresará hoy a la mansión. Vuelvo a quedarme solo en Escala.

-Mejor, vámonos.

Los dos partieron del restaurante. Ted lanzó una mirada tras la barra para ver si lograba encontrarla una vez más pero solo consiguió toparse con la furiosa mirada de un hombre de traje elegante. El dueño del restaurante, tal vez. No podía demorarse demasiado o su madre se daría cuenta de su creciente interés por la chica. Katrina Romanov. Era bastante fuerte pero muy frágil en el fondo. Recordó la llorosa mirada que le lanzó cuando descubrió su mentira. ¿Qué escondía esta chica tan misteriosa? ¿O será simplemente su, notoria, sangre rusa la que la hace comportarse así?

Ted se levantó en la mañana con una idea en la cabeza: Seguir el camino que había escogido aunque a su padre eso no le gustaba. Unas horas después se preguntaba ¿Quién carajos era Katrina Romanov?


Unas horas más tarde, Katrina salió de su trabajo por la puerta trasera. El encuentro con Ted todavía la tenía alterada y no quería verlo de nuevo. Encontró su motocicleta aparcada junto a las bicicletas y los vehículos de los repartidores del restaurante. Su padre odiaba que se montara en ella pero se sentía libre cada vez que la encendía. Su Ducati Diavel Cromo negra la esperaba para llevarla a casa. Se montó y se puso el casco. Metió la llave en el contacto y el motor ronroneó con fuerza cuando la encendió. Salió disparada y se encaminó hacia el apartamento que compartía con su mejor amiga, Rachel West. Ella era la única en quien confiaba lo suficiente como para contarle lo de su extraño encuentro con el guapo Theodore Grey y no sentirse cohibida por los escabrosos detalles, como aquel beso. No fue mentira cuando le dijo que era bueno besando aunque la verdad se quedó corta de palabras. Ted no era bueno, era buenísimo besando. En un solo beso le transmitió toda su masculinidad y la hizo perder la cordura. No era costumbre en ella encapricharse con un hombre pero Ted llevaba distrayéndola todo el día y no sabía cómo sacárselo de la cabeza. Además, era algo impaciente y controlador en exceso. No se imaginaba la cara que pondría donde la viera montada en su Ducati y a toda velocidad por una autopista.

Llegó al edificio donde se encontraba el apartamento. No era un complejo demasiado elegante pero tenía su propio garaje y seguridad privada. La verdad es que el edificio pertenecía a su padre. No era un obsesivo del control como Christian Grey pero se preocupaba por la seguridad de su pequeña. Detuvo su vehículo de dos ruedas en el espacio correspondiente al número de su apartamento junto a la curiosa bicicleta de Rachel. El piso estaba en la tercera planta. Una sencilla construcción de dos habitaciones cada una con su propio baño, cocina, una pequeña sala comedor y un pequeño patio cubierto. En el ascensor se topó con una señora mayor que ni siquiera la saludó. Tal vez estaba asustada por la pinta de motociclista rebelde que llevaba Katrina. Se detuvo en su piso y bajó sin siquiera determinar a la anciana. No la había atemorizado el simpático hijo de Christian Grey, mucho menos lo haría una viejita amargada que la creía una delincuente. Entró a su hogar y se dejó caer en uno de los suaves sillones. Escuchó ruidos en la cocina y supo que Rachel estaba allí, rebuscando por algo de comer. Lo suyo no era la cocina. Era una inglesa adicta al té que prefería las comidas rápidas a meterse a una cocina. Sin embargo, parecía hambrienta porque andaba haciendo locuras allí. Katrina decidió ir a ayudar a su amiga para que no explotara la estufa.

-¿Qué estás haciendo?-le preguntó a Rachel.

-Trato de alimentarme-argumentó la Rachel, una rubia despampanante de increíbles ojos azules y algunas pecas sobre el puente de su nariz, ocultas tras sus gafas medicadas por culpa de su miopía-. Tardaste mucho en llegar. ¿Te sientes bien?

-Como siempre-repuso Katrina-. Solo que ahora tengo un nuevo empleo.

Rachel dejó a un lado el cuchillo y el tomate que cortaba y la miró con el ceño fruncido.

-¿Un nuevo empleo?-preguntó confundida-. Nadie quería darte empleo por ser una extraña chica extranjera, relacionada con Elena Lincoln.

-Que sea mi abuela no tiene nada que ver con mi formación profesional-replicó Katrina, quitándose la chaqueta-. Estudie en Rusia y ni siquiera tengo contacto con ella ahora que vivo en los Estados Unidos.

La curiosa Rachel se quedó mirándola. La notaba extraña y algo ofuscada.

-¿Te pasa algo?-preguntó de inmediato.

-Estoy feliz por mi nuevo trabajo-respondió sonriendo-. Todavía no puedo creer que lo haya conseguido.

-No estabas buscando empleo, Katrina-replicó Rachel, llevándose una uva a la boca-. Anoche dijiste que te conformabas con tus trabajos en la biblioteca y el restaurante. Podría deducir que me mentiste.

Katrina se acercó a su amiga y le dio un golpecito suave en la cabeza, mientras se soltaba a reír.

-Será mejor que traigas el helado-le sugirió sin dejar de sonreír-. Tengo mucho que contarte. Tuve un día muy interesante.


-¿Y es guapo?-Rachel metió la cuchara sopera en el tarro de helado de vainilla y se lo llevó a la boca.

-Bastante-repuso Katrina, recordando a Theodore Grey.

-¿Cómo es?-preguntó su amiga, intrigada.

-Tienes ojos azules, es bastante alto, ancho de hombros, tiene un cuerpo espectacular y una voz que te hace enloquecer de emoción-relató sin poder evitar sonrojarse.

-Ya veo… ¿Tiene nombre tu "chico perfecto"?

-Primero que todo no es mi chico perfecto, como tú lo llamas-le reclamó Katrina-. Y segundo…, si tiene nombre… Es Theodore Grey.

Rachel abrió los ojos enormemente.

-¿Dijiste Theodore Grey?-soltó un grito de emoción-. ¡En toda partes se habla de él!-exclamó.

-Pues no creo que él sea muy reconocido porque es la primera vez que lo veo-replicó Katrina en un tono poco amable.

-Lo que pasa es que no lees revistas-la retó su amiga-. Pareces ratón de biblioteca leyendo tus novelas de amor.

-No todas son de amor-replicó Katrina-. Leo muchas cosas. No puedo llamarme licenciada en literatura sino leo de todo un poco.

-Está bien-levantó las manos en señal de paz-. No te molesto con eso. Mejor, sígueme contando. ¿Cómo te fue con el bombón Grey?

-Fue una curiosa experiencia. Es un chico agradable y poco engreído-se sonrojó-, aunque yo le hubiera dicho lo contrario solo para quitármelo de encima.

-¿A qué te refieres con quitártelo de encima?

-Quería invitarme a almorzar-respondió Katrina, comiendo del helado-. Creo que fui demasiado cruel con él. Me consiguió empleo y lo dejé hablando solo, dos veces.

-Te volviste loca-no era una pregunta.

-Eso no es lo peor-se abrazó a sí misma-. Fue a almorzar con su madre, mi nueva jefa, en el restaurante donde trabajo. Casi me muero cuando lo vi sentado en una de las mesas de la terraza.

La rubia sonrió traviesa.

-Te gusta el chico Grey-se aventuró a afirmar.

Katrina le lanzó una mirada asesina.

-¿Cómo te atreves a decir eso?-preguntó irritada-. Es un hombre algo inestable, sentimentalmente hablando.

-Bueno-se encogió de hombros-, conocí hace años a una chica que asegura haber pasado una noche con él-le relató a su amiga-. Dice que es una fiera en la cama y...

-¡Basta!-exclamó Katrina, levantándose-. ¡Estoy tratando de sacarme al tipo de la cabeza y tú me sales con que es una fiera en la cama! … Eso no me interesa… ¡Si él quiere dormir con medio Seattle no es de mi incumbencia!

-A ti te gusta Theodore Grey-aseguró Rachel al ver la actitud de su amiga-. Estás celosa porque que en ese medio Seattle que has nombrado no estás incluida.

-Lo conocí esta mañana-dijo poniendo los ojos en blanco-. Su madre va a ser mi jefa. No puedo aspirar a tener algo con un hombre como él.

-Podrías intentarlo-le sugirió Rachel, abandonando su helado-. Vas a trabajar con su madre y él ira a verla regularmente… y tal vez puedas hablarle… y la próxima asegúrate de aceptar su invitación a almorzar.

-De hecho-se pasó la mano por la cabeza-, le prometí que si conseguía que su madre me diera el empleo, iría a su apartamento a…-vio que Rachel se llevaba las manos a la boca con emoción-… No es lo que piensas… Le dije que iría a arreglar su biblioteca y tal vez… solo tal vez aceptaría almorzar con él.

-Entiendo-se levantó de la cama y cogió su helado-. Entonces vas a pensar en cómo conquistar a ese bizcochito de tienda recién horneado.

-No quiero estar involucrada con Theodore-repuso Katrina mientras se ponía la ropa de dormir.

-¿Qué cara puso cuando te vio en el restaurante?

-Parecía preocupado y algo decepcionado porque le mentí-respondió-. Se veía herido.

-Tal vez lo estaba, Katrina-repuso Rachel-. Y si se sintió herido es porque en el fondo le interesas.

-Somos unos desconocidos-reflexionó ella-. No tiene por qué interesarse por mí.

-Tienes razón-la abrazó-. Descansa. Te siento diferente. ¿Estás segura de que el joven Grey no se está colando en tu corazón?

-La verdad no lo sé-aceptó-. No puedo sacármelo de la cabeza. Ted no es solo hermoso en el físico, también lo es en el interior.

Rachel solo sonrió y la apretó con más fuerza. El íntimo momento de amigas fue interrumpido por el sonido del móvil de Katrina. La joven tomó el aparato y lo miró. Era un mensaje de texto de un número desconocido. No solía mirar textos de números que no conocía pero se sintió intrigada. Tal vez era de Anastasia o de alguno de sus antiguos jefes. Lo abrió con mucha curiosidad y se puso algo pálida cuando lo leyó.

"Hola. No dejó de pensar en ti. Chantajee a mi mamá para que me diera tu número. Pensaba en llamarte pero no fui capaz de hacerlo. Espero que podamos vernos de nuevo. Aún tienes que arreglar mi biblioteca y celebrar por nuestros nuevos trabajos. Ted Grey"