Whitehill

Para evitar problemas

James acudió con presteza al encuentro de sus amigos, quienes lo esperaban en un parque frecuentado a menudo por ellos. En ese parque había muchos árboles y a los cuatro les gustaba tumbarse allí a tomar la fresca. Era muy relajante.

Pero James Potter sabía que, en esos momentos, era incapaz de relajarse por mucho que se tumbara en el césped.

Los encontró en el lugar de siempre dónde hacía lo mismo que otras veces: Remus estaba terminando de leer un libro del colegio, aunque ese no parecía de su agrado pues una mueca de fastidio se mostraba en su rostro, Peter estaba en un estado entre adormecido y despierto, observando como el sol anaranjado del atardecer se filtraba por las ramas de los árboles, como la última semana no había nevado la nieve se había fundido. Finalmente, Sirius, su amigo, su hermano, estaba apoyado en uno de los árboles fumando el enésimo cigarrillo del día.

—¡Tú!— exclamó cuando llegó hacia donde estaba ese último.

Sirius dejó de parecer relajado y clavó en él su mirada gris gélida. No había buen rollo desde hacía unos días; toda la culpa era de Sirius y él lo sabía.

—¿Qué ocurre?— le preguntó él, sin parecer alterado por el tono amenazante con el que su amigo se dirigía a él.

—Dime ahora mismo, qué le has dicho a Evans— James se había parado delante de él y esperó a que Sirius se levantara, para estar los dos a la misma altura, antes de seguir hablando—. Porque creo que me debes una disculpa.

—No sé de qué me hablas— volvió a sentarse en el suelo.

Pero James se descontroló. Agarró a su amigo por el cuello de la camisa y lo levantó, para presionarlo contra el árbol que tenía detrás.

—No me vengas con tonterías, Sirius— amenazó James.

Entonces, dos pares de brazos los separaron. Peter, quien tenía mucha más fuerza de la que aparentaba, se llevaba a James casi a rastras para alejarlo de Sirius, mientras Remus tenía una mano apoyada en el pecho de su otro amigo, desalentándolo a volverse en contra de James.

—Tranquilízate James— ordenó Peter.

—Y tú también Sirius— añadió Remus, fulminando a su amigo con la mirada.

Sirius se sentó de nuevo a la espera que de James hablara, pero esto no parecía muy dispuesto a colaborar y seguía forcejeando con Peter.

—Dinos qué te ha dicho Evans, pues— lo provocó en tono burlón Sirius.

James pareció tranquilizarse y Peter aflojó la fuerza que hacía en él, sin dejar de soltarlo del todo. El primer muchacho miró a sus tres amigos antes de dejar de forcejear completamente.

—Evans me ha dicho que tú le contaste algo acerca de…— susurró intentando controlar su rabia interior.

Sirius le había dicho a Lily el motivo por el cual ya no se hablaba con él: estaba loco de celos.

Pero James sabía que eso era mentira, que se lo había inventado Sirius para tranquilizar su conciencia. James no era celoso, si a Sirius le hubiera apetecido compartir a cualquier chica con su mejor amigo, él hubiera aceptado divertido.

Pero la pelirroja no era cualquier chica.

Eso que sentía no eran celos.

—Me has jodido Sirius— le susurró por lo bajo—. Y mucho. No imaginé que fueras tú quien me quitaría a la pelirroja.

El moreno miró a su amigo unos instantes, perplejo. Esas palabras acababan de clavarse en su cabeza, en todo su cuerpo, en su frío corazón, como dagas cargadas de veneno.

Una cosa era saber que se estaba obrando mal; otra cosa era que tu mejor amigo, tu hermano, tu otro yo, te dijera lo mucho que le dolían tus acciones.

Pero el orgullo Black era demasiado denso en su sangre.

Sirius se levantó.

—Y dime, ¿Porqué no debería haberme tirado a la pelirroja?— las palabras salieron de su boca involuntariamente, mentirosas y a la vez ansiosas de crear más dolor en el corazón de su amigo.

Obviamente no se había ido a la cama con Evans, pero, cuando uno esta acorralado, lo primero que hace es atacar. Y sabía que ese era el telón de Aquiles de James. Antes de que nadie pudiera reaccionar, el aludido ya se había abalanzado hacía Sirius, dispuesto a arrancarle los ojos literalmente.

Los dos muchachos cayeron al suelo, lleno de barro, pegándose tan fuerte como podían.

Cuando Peter y Remus consiguieron separarlos, James había perdido las gafas, rotas en medio del campo de batalla, tenía una ceja partida y andaba lleno hasta la nariz de barro. Sirius no iba menos sucio y, en su caso, su labio sangraba abundantemente.

—¡Estáis locos!— exclamó molesto Peter—. ¿Queréis hacer el favor de parar con tantas burradas?

James y Sirius lo miraron, desconcertados.

—A ti— señaló a James— te gusta Evans, pero no es tuya. Y a él— señalo a Sirius— también le gusta, pero la ha dejado por ti.

Sirius desvió la mirada. No sabía porqué pero no le gustaba que James se enterara de que si lo había dejado con ella había sido por él. Por su hermano.

James abrió la boca, sorprendido.

No podía creer lo que oía.

Sonriendo, se acercó a su amigo.

—¿Se hace un cigarrillo?— preguntó como si nada.

Remus suspiró a la vez que Peter meneaba la cabeza.

Primero había hablado con James. Luego fue el turno de Sirius, quién había estado observándolos a lo lejos, sin ser visto.

Lily se había quedado sentada en el banco del parque donde habló con James. Algo chocada por la reacción del chico. Ahora estaba casi segura de que a él le gustaba ella, pero había quedado más confundida que antes.

—Potter, ¿Estás celoso?— le había dicho ella, nada más sentarse en ese mismo sitio bajo el sol del atardecer.

Él arqueó una ceja y la miró confundido.

—¿Celoso?— repitió el muchacho.

—Es cuando quieres algo que tiene otra persona y…—empezó ella.

—Sé perfectamente lo que significa, Evans— le sonrió el muchacho.

—¿Estás celoso de Sirius?— volvió a probar.

La palabra surgió efecto. El joven se puso colorado y una mueca de rabia apareció en su rostro. La observó en silencio un rato antes de contestar…

—No Evans, no estoy celoso.

… con una altanería no muy común en él. Había dado en el clavo.

—¡Sabía que estabas celoso!— se rió ella, burlona—. Es decir, te jode que le haga caso a Sirius pero no a ti. Eres como un niño pequeño, Potter.

El muchacho la miró intensamente y la tomó de un brazo, con fuerza, para que se acercara a él sin poder resistirse. La pelirroja pudo observar en sus ojos almendrados un destello furioso, peligroso quizás, que la atemorizó demasiado.

—Primero que nada Evans, si, estoy celoso, pero eso no te da derecho a reírte de mi— le susurró en el oído, en un tono agresivo.

Ella tragó saliva. Había metido la pata. Hasta el fondo.

—Y segundo, Sirius es mi mejor amigo, desde hace tantos años que ni te lo creerías, así que, si lo único que quieres hacer es jugar con nosotros dos, te recomiendo dejar de hacerlo. Cosas más importantes que tu persona pueden salir maltrechas de su aburrimiento.

Se quedó paralizada. Si, sólo jugaba con Sirius, al mismo juego que él jugaba. No había nada malo en eso, por lo menos, nada que a ella le implicara pero…

—Me voy— anunció el muchacho, levantándose sin volverse hacia atrás, cogiendo su moto, y largándose en dirección a su casa.

Ahora ataba cabos. James estaba celoso, pero no era sólo porque Sirius la hubiera conseguido, era porque ella le había quitado a Sirius de una manera un tanto extraña.

—Lo siento— susurró una voz a sus espaldas.

La chica se volteó, sorprendida.

Apoyado en un árbol Sirius Black la observaba con la mirada perdida. Había escuchado la conversación, no cabía duda.

—Lily, yo…— empezó, sin saber bien qué decir.

—Déjalo— lo cortó ella, con una amplia sonrisa—. Escógelo a él.

Sirius sonrió. La chica era tan lista como aparentaba.

—Por cierto— le dijo él, cuando Lily se levantó dispuesta a irse a su casa para darse una buena ducha—, besas de maravilla.

Una carcajada le salió de lo más profundo del corazón.

Eri pide mil y un perdones por no haber podido actualizar nada hasta ahora, pero está hasta el cuello de exámenes y no puede ni respirar. Además desde que fue al concierto de Simple Plan y le dieron una púa y consiguió darle la mano a tres miembros del grupo, entre ellos su ídolo desde hace tres años, tiene una obsesión con el bajo que no lo puede dejar ni cinco minutos. Así que perdón por mis vicios y mis obligaciones, porque me pierden.

De todos modos, mil gracias por la paciencia que habéis tenido, os la agradezco mucho espero que este capítulo sea de vuestro agrada y, mañana, contestaré los reviews que dejasteis.

Un beso,

Erised Black.