Capítulo 7: Corazón obstinado
Bien, luego del día tan desagradable y confuso que tuvo anteriormente, hoy sería un nuevo intento para lidiar con su trabajo y con la piedra en el zapato, que en este caso sería el moreno.
—Buenos días —saludó a la mujer de recepción al llegar para posteriormente, subir al elevador y marcar el último piso. Nerviosa, sostenía su bolso con firmeza mientras subía, ¿con qué planeaba fastidiarla para exasperarla esta vez? Las puertas se abrieron y salió directo al pasillo en donde de lejos pudo apreciar a un Harry, aparentemente molesto, apoyado en su escritorio de brazos cruzados. Suspiró cansada…
—Aquí vamos de nuevo —se dijo mientras caminaba con paso firme. Al llegar, el oji-verde tenía su ceño fruncido y los labios apretados sin apartar su mirada seria de ella.
—Llegas tarde —habló por fin, verificando su reloj de mano. Hermione desconcertada, giró su rostro hacia el reloj de pared que se encontraba cerca…
—Pero si sólo han pasado cinco minutos —le explicó aún sin entender por qué su actitud.
—¿Cuál es tu hora de entrada, Granger? —preguntó con aquel mismo tono frío. La castaña volteó a todos lados esperando que esta fuera una absurda broma y salieran las cámaras escondidas para reírse de ella.
—La una —dijo con simpleza regresando su mirada hacia él.
—Exacto —reafirmó —Por lo tanto, no la quiero aquí a la una con dos minutos, ni con tres, ni con cinco. La quiero puntual ¿le quedó claro? De lo contrario me veré obligado a amonestarla de nuevo —terminó en tono molesto. Indignada, no podía creer lo que estaba escuchando; bajó la cabeza y empezó a negar tratando de calmar su enojo ¡era un idiota! Harry, al ver esto lo tomó mal y añadió enseguida: —Si no le parecen las reglas le recuerdo donde está la salida —señaló en un movimiento de cabeza el ascensor. Hermione crispó sus puños molesta y recordó que no debía caer en sus juegos de provocación, respiró hondo.
—Lo siento, Sr. Evans. —escupió sin sentirlo, Harry parpadeó confundido no esperando esa respuesta.
—¿Ya tiene listo los formatos para la próxima junta? —agregó enseguida atacándola desde otro ángulo, pues estaba seguro que no tendría nada. La castaña no pudo evitar mostrar una cara de desconcierto ¿Qué eso no era una vez al mes? Definitivamente el oji-verde quería reprenderla a toda costa. Respiró hondo:
—Claro —contestó con una sonrisa forzada. Frunció el ceño con disgusto, las cosas no estaban saliendo como él quería.
—Quiero verlo al finalizar el día —demandó con seriedad retirándose a su oficina enojado.
—Seguro —una vez cerró la puerta de su oficina, la castaña soltó el aire contenido ¡Merlín ¿Qué iba a hacer ahora?! Dejó las cosas en su escritorio y comenzó a buscar desesperada en los cajones de este algo que la pudiera ayudar. —¿de dónde demonios voy a sacar un informe? —se preguntaba irritada recargando su cabeza en ambas manos. Volteó hacia el computador, encontrándose con una nota adhesiva color rosa con el número de Anahí; lo tomó enseguida. —Es mi única salvación —se dijo marcando el número de la chica.
—¿Hola? —se oyó una voz suave del otro lado de la línea.
—¡Anahí! —sonrió al oírla —Que bueno que contestas, habla Hermione.
—¿Hermione? ¡Que sorpresa! ¿a qué debo tu llamada? —preguntó tranquila.
—¡Tu jefe me odia! —soltó exasperada para enseguida oír la risa de la chica.
—El no odia a nadie, Hermione. Con el tiempo lograrás tomarle cariño —decía divertida por la preocupación exagerada de la castaña. La oji-miel bufó molesta.
—Honestamente, lo dudo —respondió con fastidio. —Pero no te hablaba para eso —recordó.
—¿y bien?
—Harry quiere que le lleve los informes de la próxima junta en unas horas ¡y no tengo nada! —le explicó en voz baja, pero marcando su angustia.
—¿en serio? —sonó extrañada —el señor siempre acostumbra a pedírmelos a finales del mes, que raro que lo haga ahora siendo que hace unos días fue la última reunión —le comentó con desconcierto.
—¿Ahora entiendes a lo que me refiero? —soltó molesta. —¿Qué haré? —añadió preocupada.
—Yo siempre tengo adelantos. Entra al ordenador y busca una carpeta con el nombre del mes, ahí están los últimos datos recabados, es imposible que haya un informe cuando ni siquiera hemos entrado a septiembre—le explicaba mientras trataba de tomar un par de libros.
—¡Lo encontré! —sonrió feliz —esto es más que suficiente para cerrarle la boca —decía gustosa mientras revisaba los documentos.
—Solo has lo que te pide y no te meterás en problemas —le aseguró mientras salía a su próxima clase.
—Si fuera más amable sería más fácil —rodó los ojos, Anahí sonrió.
—Más adelante notarás su forma de agradecimiento —dijo desconcertando a la castaña.
—¿a qué te…? —pero cayó enseguida al oír como la puerta del moreno se abría. —Debo irme, adiós y gracias —agregó enseguida colgando.
—No te pago para que hables por teléfono, Granger —la reprendió molesto al ver que ésta lo sostenía. —Llevo rato tratando de comunicarme contigo —señaló el aparato con seriedad. —Comunícame con Mike, dígale que lo quiero ver en la sala de juntas en cinco minutos —le ordenó —Y la próxima vez que no atienda mis llamadas, se larga ¿escuchó? No pienso tolerar sus descuidos —agregó rápidamente con tono despectivo; Hermione hizo una mueca y asintió de mala gana.
Cinco minutos después apareció frente a ella un chico alto y delgado, pelirrojo y ojos aceituna. El hombre llegó agitado, así que supuso que venía corriendo…
—¡Oh por dios! Ya pasaron seis minutos, me va a matar —decía preocupado al ver su reloj de mano, la castaña lo miró extrañada.
—Y si sigues aquí serán siete —le recordó para que se diera prisa, Mike asintió energético y entró a la sala de juntas. Media hora después el chico salió con el rostro pálido, Hermione lo miró con pena. —¿Tan mal te fue? —le preguntó como no queriendo, él tragó saliva y negó, lo que desconcertó un poco a la castaña.
—Me ha dado un proyecto —respondió preocupado.
—¿y eso es malo? —de nuevo negó.
—Es solo que, temo hacer las cosas mal, es demasiado pronto para que el señor me lo de —dijo ansioso. —Por cierto —agregó después de calmarse un poco. —Tu eres la nueva ¿cierto? —preguntó mientras le extendía la mano.
—Así es, soy Hermione. Un placer —asintió aceptando el saludo.
—Mike, el placer es mío. Yo también tengo poco trabajando aquí —le explicó una vez soltó su mano.
—Ahora entiendo tu preocupación entonces —aseguró haciendo una mueca, el pelirrojo se desconcertó.
—¿Lo dices por el Sr. Evans? —Hermione asintió. —¡Oh no, para nada! —sonrió tranquilo —Él me ha ayudado bastante, estoy preocupado de decepcionarlo en el proyecto. —reconoció apenado.
—¿Decepcionarlo? ¿Te preocupa más decepcionarlo que el trato que te da? —dijo sin creer lo que escuchaba, el chico sonrió de nuevo.
—El señor es bueno, de eso te darás cuenta después —le aseguró.
—¿Por qué todos me dicen eso? ¡He visto como los trata! —agregó exasperada.
—Vamos, solo dale… —el sonido de una puerta llamó su atención.
—¿No tiene trabajo que hacer señor Price? —lanzó el moreno apenas abrió la puerta, mirando con seriedad al chico.
—Sí, Sr. Evans, lo siento —se disculpó y salió enseguida al elevador. Harry regresó su vista hacia la oji-miel…
—¿Tendré que decirle porque está aquí todo el tiempo? —soltó molesto mirándola. Hermione le lanzó una mirada fulminante. —No vino a hacer amigos, Granger —le recordó con seriedad, la castaña apretó sus dientes tratando de mantener la boca cerrada y no contestarle. —Ahora bien ¿está todo listo para cuando llegue la señorita Parker? —Hermione se desconcertó.
—No me notificaste nada de eso —respondió olvidando tratarlo de "usted" al tiempo que tomaba su libreta y revisaba las visitas programadas. El moreno crispó sus puños conteniendo su cólera, tomó los brazos de la silla de la castaña y la giró hacia él con brusquedad.
—No lo repetiré de nuevo… —murmuró marcando su molestia, apoyándose en los brazos de la silla mientras acercaba su rostro inexpresivo al de ella. —no me tutee —la chica asustada miró como sus manos apretaban la silla con fuerza, tragó saliva.
—Y-o… lo siento… señor. —contestó nerviosa mirándolo a los ojos comenzando a temblar ¡Merlín ¿Qué le pasaba?! ¿Por qué Harry la intimidaba tanto y tan fácilmente? Se preguntaba alarmada. El oji-verde se apartó con calma, pero sin quitarle la vista de encima; se cruzó de brazos.
—Quiero una cita con la abogada Parker para hoy dentro de una hora —ordenó.
—Pero en una hora tiene reunión con el señor Massey y ayer le canceló… —intentó recordarle luego de olvidar sus nervios.
—¡No me interesa! —bramó molesto, interrumpiéndola. —Quiero una cita con la abogada. Así tenga que cancelar todas mis reuniones para hoy ¿entendió? —demandó airado, después de esto regresó a su oficina.
—¡Merlín, dame paciencia! —se dijo cansada apenas se fue. Resignada tomó su agenda de nuevo y buscó el número de la abogada.
̶ │ ̶
Su primer día en la universidad transcurría bien hasta el momento, los maestros eran accesibles y alguno que otro gruñón. Justo en ese momento se dirigía a su última clase, la cual era medicina muggle y donde desconocía el nombre del sustituto del maestro anterior, estaba algo nerviosa debido a que había escuchado comentarios acerca de sus anteriores maestros, por lo que tenía una idea de su manera de trabajar y que tipo de comportamientos tenían, pero este no era el caso. No sabía ni su nombre, ni su edad, si era joven o viejo, amargado o alegre, estricto o si tenía conocimiento de la materia; la puerta estaba abierta y varios de sus compañeros ya se encontraban en sus butacas. Buscó un lugar vacío y tomó asiento, miró a su alrededor notando como varios cuchicheaban acerca del maestro y otros se mordían las uñas con preocupación. Fastidiada por darle demasiada importancia, optó por revisar sus notas de las clases pasadas y ordenar algunas cosas, pasaron unos minutos y tan concentrada estaba que no escuchó el ruido hueco de la puerta cerrarse, solo se percató hasta que el bullicio de sus compañeros cesó y fue cuando decidió levantar la vista. Un hombre alto y rubio con una bata blanca escribía a prisa en el pizarrón sin tomarse la molestia de dirigirse a sus estudiantes…
—¿Qué rayos hace él aquí? —escuchó una voz detrás de ella.
—¿Que no estaba en Azkaban? —murmuró otro al lado. Desconcertada, volteó de nuevo al frente ¿Quién era él? No pudo evitar cuestionarse, pero sus dudas fueron contestadas apenas el hombre se giró hacia ellos.
—Esto no puede ser posible… —se dijo asombrada al ver que frente a ella estaba aquel Slytherin que tantos problemas le trajo en sus años en Hogwarts: Draco Malfoy.
—Dejen sus rumores para después —habló por fin el rubio con tono molesto, todo el grupo guardó silencio de inmediato. Había escuchado parte de sus murmullos y no le agradaban en lo absoluto. —No soy mortífago ni estuve en Azkaban tampoco, así que paren sus cuchicheos —bramó serio mientras apoyaba su parte trasera en el escritorio y miraba a los estudiantes de brazos cruzados.
—Es ridículo que alguien como tú nos imparta esta materia —dijo un estudiante en desacuerdo. —Su familia está catalogada por despreciar a los muggles —se atrevió a decir molesto. —¿No les parece absurdo que alguien como Draco Malfoy sea justamente el que nos imparta una materia, que su nombre bien lo indica, es muggle? —agregó esta vez dirigiéndose a sus compañeros.
—Más ridículo es que nos den esta materia estúpida —dijo otro estudiante, el cual era castaño y de ojos celestes. El oji-gris sonrió con arrogancia, esta podría ser una buena oportunidad para callarle la boca a todos aquellos que dudaban de su profesión.
—¿en serio cree eso? —preguntó con gesto burlesco, lo que llevó a la pecosa a pensar que algo traía entre manos; guardó silencio y observó.
—Absolutamente, somos magos ¿Por qué tendríamos que utilizar métodos muggles? —contestó mofándose.
—¿Cuál es su nombre? —quiso saber mientras dejaba su varita sobre el escritorio.
—Cauley Rodney —pronunció con arrogancia.
—Bien señor Rodney, pase al frente —ordenó. —estoy seguro que a la clase le encantará saber de qué manera le salva la vida a alguien. —añadió con una sonrisa socarrona. Sin inmutarse, el chico se incorporó y pasó al frente, no sin antes dirigirle una sonrisa de superioridad al rubio, pues no por nada él era uno de los que mejores notas tenían.
—y usted —apuntó al otro chico que estaba en desacuerdo porque el Slytherin impartiera esa materia. —¿Cuál es su nombre? —pidió con tono serio.
—Orley, Davis Orley —contestó con seguridad. Éste, a comparación de su compañero era de tez morena con cabello oscuro y un poco ondulado.
—Pase al frente también —le ordenó mientras señalaba al otro lado del castaño. Con paso inseguro, el chico pasó al frente. —Dejen sus varitas aquí —señaló el escritorio. Ambos jóvenes se voltearon a ver desconcertados sin entender que planeaba el rubio, pero al final aceptaron.
—¿Qué piensa hacer? —quiso saber Rodney mirándolo molesto, no le gustaba que le quitaran su varita, se sentía vulnerable. Malfoy no contestó, en cambio se dirigió a uno de los cajones del escritorio y sacó una pequeña daga y la colocó delante de ellos; de nuevo la clase empezó a murmurar desconcertada.
—Ahora bien —decía mientras tomaba su varita y comenzaba a pasearse por toda el aula. —Dice usted que los métodos muggles no se necesitan ¿no es verdad? —el chico asintió seguro. —Voy a ponerles un caso y quiero que me digan qué harían —les indicó, inconscientemente volteó a su derecha notando como la pecosa lo escrudiñaba con la mirada. —Usted dice que, cómo un ex-mortífago que odia a los muggles y sangre sucia, puede impartir esta materia tan… muggle —decía con su tono habitual de arrastrar las palabras mientras se acercaba a ellos. —Suponiendo que así fuera ¿Qué harían si tuviera como rehén a ustedes dos? —los señaló con su varita —Y que, simplemente por divertirme un poco, hago que alguno de los dos no pueda respirar —miró al castaño con expresión fría. —¿Cómo lo ayudarían con esto? —preguntó Draco mientras le daba vueltas con su dedo índice a aquella daga que se encontraba en el escritorio una vez regresó de nuevo con ellos.
—Usaría mi varita desde luego y aplicaría un Anapneo —contestó con simpleza y hasta cierto punto burlesco, ignorando por completo lo que hacía el rubio.
—Idiota —murmuró a lo bajo Ginny al ver la obviedad del caso, no usarían magia.
—Nunca ha sido prisionero de alguien por lo visto, señor Rodney —el chico lo miró extrañado —¿Usted cree que un mortífago sería tan imbécil para tenerlo como rehén dándole la libertad de conservar su varita? —El castaño miró dudoso a sus compañeros y luego giró hacia su maestro, negó. —Sin magia… —pronunció cuidadosamente con una sonrisa de medio lado; Cauley frunció el ceño cabreado.
—¡Eso es una estupidez! —exclamó ofendido. —Estoy aquí para usar magia, no para jugar al… —Pero dejó de hablar justo en el momento en que el rubio hizo un movimiento rápido de su varita, lanzándole un hechizo que le impidió el pase de aire. Desesperado, intentó tomar su varita, pero Malfoy la lanzó lejos de ahí.
—¡Esta loco! —soltó Orley asustado al ver como su compañero caía al suelo y sostenía su garganta con ambas manos intentando respirar.
—Según usted soy un mortífago que odia a los sangre sucia y mestizos ¿Por qué se sorprende? —preguntó con desdén de brazos cruzados. El ambiente en el aula se volvió tenso, nadie decía nada ni intentaba ayudar, se limitaban a mirar asustados como su compañero intentaba inútilmente incorporarse y pronunciar algo. —Si no ayuda a su compañero morirá en unos minutos —le recordó mientras miraba su reloj de bolsillo. Pasaron los segundos y el joven no se movía, simplemente miraba atónito como el rostro de su compañero comenzaba a cambiar de color. La pecosa, exasperada de que no reaccionara se incorporó y corrió hacia el escritorio tomando la pequeña daga, se arrodilló junto a su compañero y palpó con cuidado su cuello, una vez ubicó la zona sin pensarlo hizo una pequeña incisión en éste. Rápidamente el chico se mostró aliviado, volviendo a su tono de piel habitual, Ginny sonrió calmada y se incorporó pasando su muñeca por su frente, limpiando un poco de sudor que hasta ahora notó que se había acumulado. El aula seguía callada, a la espera de que el rubio hablara. —Explíquele a la clase que acaba de hacer —pidió de forma inexpresiva. La pelirroja se volteó hacia sus compañeros, todos estaban expectantes a su respuesta. Miró unos segundos sus manos manchadas de sangre y luego contestó:
—Hice una traqueotomía… señor —Draco asintió y le señaló que volviera a su butaca de nuevo y así lo hizo.
—Anapneo —pronunció logrando que el chico lograra respirar por sí mismo de nuevo. —agradezca la intervención de su compañera —le dijo mientras le entregaba un pequeño frasco con una poción. —Tenga, cúrese eso, a menos de que se crea verdaderamente incompetente para hacerlo usted solo vaya a la enfermería—añadió mordaz. Rodney le lanzó una mirada de odio mientras cubría su herida con su mano, saliendo enseguida del aula. —En cuanto a usted —se giró al otro chico —Espero que con esto le haya quedado claro, como a sus demás compañeros, que no estoy aquí para jugar a los malos, ni mucho menos para tolerar sus estúpidos comentarios acerca de si fui o no un mortífago o sobre linajes de sangre pura —escupió mirándolo con expresión fría. El joven tragó saliva y asintió volviendo a tomar asiento en su lugar. —Y para los demás —se giró hacia sus alumnos —acaban de presenciar un caso de vida o muerte y ninguno hizo nada para ayudar a su compañero —los reprendió. —La persona no va a esperar todo el tiempo a que ustedes salgan de su asombro y puedan atenderlo como es debido —les recordó airado por su falta de cordura. —De no haber intervenido Weasley, probablemente su compañero ya estaría muerto —los estudiantes bajaron la cabeza avergonzados. —¡Primera regla! —alzó la voz después de unos minutos, sobresaltando a todos mientras escribía en la pizarra con letras grandes —no está permitido usar magia, no quiero ver la varita de ninguno en mi clase —Decía mientras seguía escribiendo —Tampoco utilizaremos pociones, solo en casos muy especiales y bajo mi supervisión. Más que teoría esto consistirá en práctica como lo que hoy vieron y en base a ello los evaluaré de forma individual —agregó mientras se giraba hacia los jóvenes. Una alumna levantó la mano interrumpiendo su explicación…
—¿En qué consistirá la práctica? Es decir, ¿traerá una persona con una enfermedad o caso en particular para que nosotros podamos evaluar...?
—No, todas las clases serán exactamente como lo que vieron hoy. Los casos serán ustedes, no me gusta la participación por voluntarios, yo escojo a la persona —le explicó, la chica tragó saliva y bajó su mano preocupada. —Aquellos que se quieran pasar de listos como el señor Rodney, les recuerdo que no vine a hacer amigos, ni a tolerar comportamientos inmaduros —decía pasando su mirada molesta por todos sus alumnos. —La única buena noticia después de todo, es que no tendrán examen —terminó y enseguida se escucharon como todos soltaban el aire contenido, aliviados hasta cierto punto. —¿Dudas? —preguntó de brazos cruzados, el silencio reino en el aula y los estudiantes no pudieron evitar lanzarle una mirada de odio —¡Excelente! —sonrió divertido ante sus caras —pueden retirarse —Finalizó mientras acomodaba sus pergaminos al tiempo que todos salían del salón. Ginny esperó a que la mayoría saliera para acercarse al Slytherin…
—Así que ahora las serpientes apoyan el método muggle —comentó con sarcasmo la pelirroja mientras se acercaba al rubio.
—Si tu comentario no es acerca de la clase, no me interesa lo que digas, Weasley—escupió al levantar el rostro hacia ella.
—¿Qué pasa Malfoy? ¿Te ofende lo que te acabo de decir? —preguntó con burla mirándolo de brazos cruzados. Draco guardó silencio, limitándose únicamente a verla de forma seria.
—En lo absoluto —respondió cortante regresando a lo que hacía.
—Vamos, cuéntame ¿qué artimañas usaste para estar aquí? —quiso saber mientras se paseaba por el aula con calma. El oji-gris sonrió con burla…
—Te sorprenderá saber que esta vez no tuve nada que ver, Weasley —le dijo una vez guardó todo en un folder. —Tu antiguo profesor me recomendó —una vez dicho esto salió del salón, dejando a una confundida Ginny.
̶ │ ̶
El sonido de aquel reloj en su oficina le parecía que corría de manera lenta. Había tenido la mirada pegada ahí los últimos cuarenta minutos desde que le había dicho a Hermione que quería hablar con la abogada. Sonrió con arrogancia, sabía que no podría contactarla, Joanne Parker era una famosa abogada de Londres, la cual llevaba su caso de Henry, generalmente las citas con ella tenían que programarlas con unas semanas de anticipación debido a que ésta era una persona muy solicitada y de ninguna manera dejaba un espacio libre por alguien más en su agenda. Y el hecho de pedirle a Hermione que la contactara en menos de una hora sería algo prácticamente imposible para la castaña, lo que lo llevaría a él a ganar, de manera sucia aquella jugada, sumándole el informe que estaba seguro no sabría de donde sacarlo y así echarla de una vez por todas de G-Jobs y de su vida. Golpeaba sus dedos en su escritorio con ansiedad ¿Por qué no avanzaba más rápido el tiempo? Gruñó molesto.
Por otro lado, una chica castaña lidiaba desesperada con el teléfono en un milésimo intento por comunicarse con aquella abogada…
—¡Merlín, contesta! —suplicaba la oji-miel mordiéndose las uñas de sus manos nerviosa ¿es que esta mujer no tenía secretaria? Pensaba molesta mientras esperaba la llamada.
—Despacho de abogados ¿con quién tengo el gusto? —contestó la voz de una mujer.
—Buenos días, deseo…
—La señorita Parker se encuentra fuera del país por el momento ¿gusta dejar…? —pero ya no había escuchado más porque la castaña cortó la llamada colérica ¿Qué diantres iba a hacer ahora? Harry la iba a comer viva, y lo que es peor el muy idiota seguro la amonestaría de nuevo, lo que la llevaría a tener una única oportunidad en la semana de no ser echada a patadas de aquel lugar. Pasó sus manos cansada por su rostro, pensó en llamar a Anahí de nuevo, pero no quería verse estúpida frente a ella. La joven le había confiado ese puesto pensando que podría con el cargo y el hecho de estarle llamando a la menor duda dejaba ver todo lo contrario; apretó sus puños con frustración. Harta de aquella estúpida situación, decidió hacerle frente al moreno, con seguridad se incorporó de su silla y se dirigió a la puerta de éste, esperando unos segundos para agarrar más valor, tomó una gran bocanada de aire al tiempo que tomaba la perilla de la puerta y abría.
—La aboga…
—¿No le enseñaron a tocar antes de entrar? —soltó molesto el azabache apenas la vio abrir la puerta, Hermione lo miró atónita ¡Joder, ¿Cuál era su maldito problema?! Siempre estaba a la maldita defensiva con ella, como si estuviera esperando a que cometiera el mas mínimo error para echárselo en cara. Apretó el picaporte con fuerza tratando de tranquilizarse.
—Temo que la cita con la abogada no podrá realizarse…
—¿Por qué? —preguntó con brusquedad interrumpiéndola de nuevo, respiró hondamente una vez más intentando inútilmente de calmarse.
—Se encuentra fuera del país —le explicó entre dientes sin soltar el pomo de la puerta. Harry le dirigió una mirada de disgusto y luego añadió:
—Esa no fue la orden que le di, Granger —le recordó airado sin apartar su mirada verde de ella.
—¡Cómo esperas que venga si no está en el país! —soltó esta vez exasperada por tan absurda petición.
—¡Ese es problema suyo, no mío! —lanzó elevando su tono de voz. —Me sorprende que haya sido la alumna más brillante de su generación cuando ni siquiera puede acatar una simple orden —le escupió enseguida. La castaña abrió la boca indignada, dispuesta a refutar se acercó a Harry, pero se detuvo al ver como él se incorporaba de su silla con brusquedad. —Debo reconocer que me sorprende su incompetencia —decía con tono más calmado, pero marcando su sarcasmo —Con tan solo dos días a logrado obtener dos strikes de los tres que le fueron permitidos. Si gusta… —pronunció con burla mientras abría uno de sus cajones y sacaba un documento —Puede firmar su renuncia de una vez —le sugirió mientras tomaba un bolígrafo y se lo ofrecía con expresión indiferente. Hermione lo miró colérica con los nudillos apretados, furiosa se acercó a él y le arrebató los documentos con brusquedad, y sin esperar una interrupción más los rompió dejando sorprendido esta vez al moreno.
—Ya sabes mi respuesta —respondió desafiante. Harry apretó su mandíbula, molesto al ver su determinación, la castaña pese a que tenía la respiración agitada a causa de su enojo y a sabiendas de las consecuencias que le traería aquello no apartó su mirada retadora del oji-verde en ningún momento, a la espera de cualquier comentario ácido que pudiera hacerle.
—Un error más y te largas —murmuró con un brillo de peligrosidad en sus ojos. Furiosa, dio media vuelta y salió de su oficina dando un portazo importándole una mierda si se enojaba o no, una vez fuera no pudo evitar que los ojos le escocieran.
—¡No vas a llorar! —se reprendió mientras trataba de calmar su molestia y retener inútilmente sus lágrimas. La cabeza le punzaba comenzando a sudar frio…
"¡Maldición, ¿ahora qué sigue?!"
Pensaba cansada tratando de controlar su malestar, desesperada buscó algo en su bolsa que pudiera ayudarla a calmar el dolor de cabeza, pero no encontró nada. Pasaron los minutos y cada vez se iba haciendo más insoportable al mismo tiempo que unas ganas por vomitar la invadían, sin otra alternativa decidió ir al baño. Una vez ahí no dudo usar un retrete y soltar el estómago…
Después de ver hace dos días la manera en que se alteró, luego de enterarse que Hermione sería su nueva asistente personal de medio tiempo, se quedó preocupada. Temía la represalia que pudiera tomar el moreno con aquella joven, por lo que decidió ese día en hacerle una visita y ver qué tal iban las cosas con la nueva muchacha. Lamentablemente no iban viento en popa, sino todo lo contrario, pues apenas salió del ascensor alcanzó a escuchar un fuerte portazo seguido de una castaña alterada que caminaba a paso rápido hacia los baños; extrañada, la siguió suponiendo que ésta sería aquella joven de la que Harry se negaba a tener cerca. El sonido de unas arcadas la llevó a preocuparse por la oji-miel ¿Qué había pasado para que ella terminara así? Se preguntaba inquieta, escuchando como inútilmente Hermione trataba de detener aquello. Cinco minutos después la chica salía pálida caminando hacia los grifos del baño sin percatarse que una mujer se encontraba con ella en aquel lugar…
—¿Te encuentras bien? —se atrevió a preguntar Ellen, luego de verla enjuagarse la boca y mojarse el rostro en reiteradas ocasiones. Sobresaltada, Hermione se giró hacia aquella voz, encontrándose con una mujer mayor que la miraba con gesto preocupado.
—Eh… yo, lo siento. No sabía que usted… —intentó disculparse mientras tomaba algo para secarse el rostro.
—No, no, tranquila… —la detuvo —No te preocupes. Venía hacia acá y noté que no te encontrabas muy bien —le explicaba mientras tomaba un pequeño paño y lo mojaba para luego ofrecérselo.
—Gracias —sonrió abatida, aceptándolo.
—¿Cuál es tu nombre, cariño? —preguntó con ternura la anciana.
—Hermione Granger —contestó ofreciéndole su mano con nerviosismo.
—Ellen Robert —añadió ahora ésta aceptando el saludo. —¿Ya te sientes mejor? —quiso saber al ver como el color volvía a sus mejillas.
—Un poco —reconoció apenada.
—Ven, Anahí siempre tiene en su oficina un pequeño botiquín, seguro encuentras algo que te sirva —le decía mientras la tomaba de la mano y la guiaba a aquel pequeño lugar donde la entrevistaron. Sin poner resistencia la castaña la siguió, la verdad es que suplicaba que la mujer tuviera razón porque en verdad el dolor se estaba haciendo insoportable. Al entrar, Ellen se dirigió de inmediato a las pequeñas puertas superiores del escritorio que se encontraban del lado izquierdo —Leí en tus documentos que estudias medicina —le comentó mientras sacaba una pequeña caja de plástico, la cual contenía varios medicamentos. Hermione la miró desconcertada ¿Cómo sabía eso? —Ten, busca algo que te ayude —dijo ofreciéndole la caja para enseguida tomar un vaso y llenarlo de agua. Hermione decidió ignorar un momento el hecho de que la mujer conociera eso de ella y optó por buscar un fármaco que le fuera de ayuda en ese momento, sonrió con alivio al encontrar uno.
—Usted no trabaja aquí ¿Cierto? —se atrevió a preguntar luego de ingerir la pastilla, mientras lo hizo pudo apreciar mejor a aquella mujer. Ellen era una señora mayor, cabello corto y castaña, de profundos ojos celestes, los cuales le brindaban paz y confianza a cualquiera que la conociera, como era su caso.
—No, al menos no suelo venir a hacer visitas tan seguido —reconoció dedicándole una cálida sonrisa. Hermione asintió cabizbaja y agregó:
—Siento lo de hace un momento, no debió ser agradable escucharme, bueno, usted sabe… —se disculpó sonrojada.
—No tienes de que disculparte, Hermione. Te miré muy alterada dirigirte al baño y no pude evitar seguirte —le aclaró.
—Sí, estos días no han ido muy bien —reconoció no pudiendo evitar hacer una mueca de disgusto.
—¿Demasiado trabajo? —quiso saber, aunque ya se imaginaba el motivo de aquello. La joven soltó un suspiro de resignación y negó…
—Digamos que no le agrado a mi jefe, así que tengo los días contados aquí —al decir eso no pudo evitar que su voz saliera entrecortada. Ellen se compadeció al ver como la castaña inútilmente trataba de reprimir sus emociones, supo entonces que Harry estaba cometiendo un grave error con la muchacha y es que, bastaba con sólo mirarla para saber que ella sería incapaz de lastimar a alguien a propósito. —Perdón, seguro la estoy aburriendo con mis problemas —decía mientras limpiaba rápidamente una lágrima que escapó de sus ojos miel. Ellen la miró consternada y acarició su rostro con ternura…
—No tienes de que avergonzarte —le dijo en un intento de animarla un poco —El peor error que podemos cometer es reprimir lo que sentimos por más absurda que sea la situación —Hermione la miró y por primera vez en el día sonrió agradecida tras escuchar esas palabras.
Pasó sus manos por su cabello con frustración por milésima vez en ese rato ¡Estaba harto! Sólo llevaba dos malditos días y ya había logrado enfurecerlo más veces de todo el tiempo que llevaba trabajando ahí. Había intentado intimidarla en esos días para que así la castaña tomara el camino fácil y optara por renunciar ¡Maldición, la había tratado con la punta del pie! Pero también había olvidado lo orgullosa y terca que era que dejó de lado un posible comportamiento rebelde por parte de ésta ¿Qué demonios podía hacer ya? Las putas ideas se le estaban acabando, y ella seguía ahí ¿Por qué mierdas tuvo que regresar a Londres? ¿Es que acaso no se valoraba para permitir un trato tan despreciable como ese por parte de él? ¡Merlín, le dio la oportunidad de largarse! ¿y que recibió? Una cachetada con guante blanco desde luego, o como mejor lo definiría en esos momentos: una patada en el culo por maldito soberbio. Respiró hondo, tenía que acabar aquello de una vez por todas, cortar cualquier tipo de relación con la castaña desde raíz, decidido salió en busca de Hermione para hacerle frente, pero se sorprendió al ver que el lugar estaba vacío; extrañado, miró a todos lados esperando que saliera de algún lugar, pero nada pasó. Fue entonces cuando recordó la pequeña oficina de Anahí…
El ruido de una puerta abrirse con brusquedad sobresaltó a ambas mujeres que se encontraban tranquilamente charlando en ese momento, dejando a un perplejo Harry al verlas juntas…
—¿Ellen? ¿Qué haces aquí? —preguntó desconcertado pasando su mirada de la anciana a Hermione.
—¿No te enseñaron a tocar la puerta? —lo reprendió con tono severo. La castaña rio internamente ante la ironía de aquellas palabras, pues justo hacia unos minutos el moreno las había citado para ella y supo que él también lo había recordado, pues pudo percibir un leve rubor en sus mejillas.
—Yo… —intentó decir aún sin salir de su asombro. —lo siento —se disculpó con formalidad dirigiéndose a la mujer ¡Mierda, ¿en qué se había metido?!
—Hermione ¿serías tan amable de ir y prepararme un café? —le pidió la mujer con amabilidad como excusa para que saliera de ahí y no oyera la reprimenda que se le venía al azabache. La joven la miró dudosa unos segundos, pero asintió dejándolos solos.
—¿Por qué has…?
—A tu oficina ¡Ahora! —demandó con dureza de brazos cruzados. El oji-verde, preocupado, asintió y salió detrás de ella, una vez escuchó el cerrar de la puerta se giró hacia él con molestia —Quieres explicarme ¿Qué es todo esto? —le exigió indignada.
—¿Esto? —quiso saber extrañado.
—No te hagas el tonto conmigo, jovencito —le advirtió. Harry pudo jurar que era la primera vez que miraba a la mujer tan molesta. —¿Qué le has hecho a esa pobre muchacha? —bramó enfadada.
—¿Pobre, dices? —no pudo evitar decir incrédulo. —¿Estas de su lado? —quiso saber enojado.
—¡Contesta lo que te pregunté!
—Solo le he dicho que haga bien su trabajo ¿de acuerdo? —respondió fastidiado.
—¡Eso no te da derecho a tratarla como te dé la gana! —soltó mirándolo con desaprobación. —No sé qué está pasando aquí, de lo único que estoy segura es que esto se te está saliendo de control, James —el moreno intentó decir algo, pero calló al ver la mirada de advertencia que le dirigió la mujer. —Cuando entraste a trabajar aquí dejé que hicieras lo que creías mejor para la empresa y jamás interferí en tus decisiones —le explicaba mientras se paseaba por la oficina con aquel porte elegante que la caracterizaba. —Pero me temo que esta vez sí lo haré…
—¿A qué te refieres? —preguntó con seriedad, la conversación estaba tomando un rumbo que no le gustaba.
—Hermione se queda —declaró con mandato. Harry negó de inmediato mostrándose en desacuerdo con esa decisión…
—¡De ninguna manera! —agregó molesto.
—No es una petición ¡es una orden! —dijo alzando la voz. —¡Sólo mira en lo que te estás convirtiendo! —exclamó intentando abrirle los ojos. —Pese a tu fuerte carácter te has ganado el respeto de todos en este lugar, siempre buscas ayudarlos. Lo hiciste con Anahí al brindarle la oportunidad de terminar sus estudios ofreciéndole una beca, ayudaste a Josh a pagar las quimioterapias de su esposa, todos y cada uno de los que están aquí es gracias a ti; sin embargo, le has dado la espalda a Hermione ¿Por qué? —Harry apartó la mirada de ella y apretó sus puños ¿Por qué?, ¿de verdad tenía que decirle por qué?
"¡Porque no quiero salir lastimado otra vez!" Pensó furioso.
—Al paso que vas terminarás haciendo que te odie, dime ¿es eso lo que quieres? —le preguntó buscando su mirada, el moreno no contestó, únicamente bajó el rostro dándole a entender cuál era su respuesta. La mujer lo miró asustada —¡Dios ¿quieres que Hermione te odie?! —soltó preocupada al descubrirlo. —¡¿Es que te has vuelto loco?!—el chico respiró agitado cerrando sus ojos con fuerza, intentando tranquilizarse y pensar con claridad.
—La quiero lejos de mí y eso solo pasará si consigo que me odie —murmuró cortante aún si mirarla a la cara.
—¡Basta! —chilló colérica. —¡Deberías avergonzarte por lo que me estás diciendo! —lo reprendió una vez más sin poder creer lo que estaba escuchando. —Vi a esa muchacha y te puedo asegurar, te puedo apostar ¡que es incapaz de odiar a alguien! Mucho menos de hacerle daño —añadió esta vez ganándose de inmediato la mirada furiosa del moreno.
—¡Maldita sea! ¿es que a ti también te lavó el cerebro? —rugió con el rostro rojo. —¿Desde cuándo la defiendes?
—¡Desde que la vi llorar en el pasillo! —gritó dejando perplejo al moreno.
—¿Qué has dicho? —murmuró con voz ahogada. Bien, había planeado hacer que la castaña lo odiara, pero saber que la había hecho llorar lo hacía sentir mal, una sensación de vacío se instaló en su pecho al imaginarla. Gruñó molesto consigo mismo…
—Lo que oíste, todos estos años me has planteado una falsa imagen de Hermione. Una representación de tu decepción y rencor hacia ella ¿pero sabes una cosa? —Decía con gesto más tranquilo. —Ella es una persona buena, pero sobre todo fiel y leal —expresó con cariño, esperando que quizás, Harry reflexionara sobre eso. —Dicen que los ojos son el reflejo más puro del alma —le comentó mientras se acercaba a la ventana y contemplaba la ciudad —¿Sabes lo que vi en los ojos de Hermione, hijo? —Ellen pudo ver a través del vidrio como el moreno negaba. —Veo lo mismo que hay en tus ojos: dolor, decepción, tristeza y… amor. —el moreno tragó saliva con dificultad y apretó su mandíbula ¿Por qué se sentía culpable después de esa confesión? ¡Esto no debería de estar pasando! Él… él no, ¡Carajo! —Deja esa tonta lucha interna que tienes contigo mismo, empieza a tomar las riendas de tu vida de nuevo, James —dio la vuelta regresando a verlo —Tienes una familia que te ama y a la cual tienes años sin ver, un hijo precioso al que no puedes disfrutar porque te debates entre casarte o no con una mujer que no te ama, y ahora estas a punto de perder a la que fue tu mejor amiga por culpa de un mal entendido…
—¡Eso no fue un mal entendido! —lanzó de inmediato en desacuerdo. Ellen resopló molesta y negó decepcionada al ver que nada haría cambiar de opinión a ese hombre…
—Hermione se queda y es mi última palabra —sentenció saliendo de ahí con determinación. Harry se pasó las manos por su cabello con frustración dejándose caer pesadamente sobre su silla derrotado tras esa visita.
—¿Qué se supone que haga ahora? —se preguntó preocupado, resignado a que la castaña estaría con él un largo, largo tiempo…
