Desperté antes del alba otra vez, pero esta vez no tan temprano... De hecho, desperté en el momento exacto en el que ambos cambiábamos de forma, por lo que, por un instante, nos vimos uno al otro como humanos. Mi mano quiso acariciar su mejilla, pero no llegó a tocarla sin transformarse en una garra de lobo. Su mano de corteza estuvo a punto de tocar mi mejilla humana, pero ambas cambiaron antes y sus dedos solo se enredaron en mi pelaje. Ella rompió a llorar abrazándome con tristeza y yo me froté suavemente contra su rostro gimiendo bajito. Cuando me soltó, salí corriendo monte arriba y aullé con amargura y dolor en dirección al sol naciente.

Corrí desesperado por los senderos ocultos y llegué a mi territorio, donde pude llorar. Bueno, eso es muy humano, pero creo que ya me entienden. No fue hasta que me calmé un poco que mis amigos los zorros se acercaron con timidez. Quién me lo iba a decir, encontraba afecto y consuelo en unos animales que, en otras circunstancias, habría perseguido con una escoba.

"Todo se paga en esta vida" -pensé divertido mientras comenzábamos a corretear, recordando claramente que yo había sido perseguido con una escoba hace apenas unos días. Esta vez vi que una hembra había traído a sus cachorros, y de verdad me dolió no poder entendernos. Aún así, nos divertimos juntos, y ellos entrenaron conmigo después. Iban a ser excelentes cazadores, no me cabe la menor duda. Sé que un lobo viviendo entre zorros suena extraño, pero no me oponía en absoluto a ser parte de su manada. El único problema era que, al llegar la época del celo, mi fidelidad a Sakura y el juramento silencioso de que ella sería la única mujer en mi vida serían desafiados por la voluntad ancestral de la naturaleza, y, por desgracia, yo llevaba las de perder... Tendría que huir a un lugar solitario cuando me lo alertara la luna.

"Más te vale que lo hagas a tiempo" -me previno la voz de Zheng Dao en mi cabeza, aunque no lo vi por ninguna parte-. "Si llegas a aparearte con un animal, permanecerás como uno para siempre y tu mente humana desaparecerá."

"¿Es viable una cruza entre un zorro japonés y un lobo chino?" -pregunté, divertido- "Si llegamos a tener crías, a los científicos les daría un ataque".

Él se rió abiertamente mientras yo pensaba en tener un hijo con Sakura y una calidez muy dulce me llenaba el pecho. A ella le daré todos los hijos que quiera tener, y seremos tan felices como mis amigos los zorros con sus crías. Como que me llamo Li Xiaolang.

Me aventuré con los zorros adultos por los cotos de caza y, para mi sorpresa y deleite, encontramos faisanes esta vez. Resultaron mucho más divertidos de cazar que los ciervos Sika, me lo pasé genial. Cada zorro tomó lo necesario para sus propias crías; yo, en cambio, solo debía preocuparme por mi propio estómago.

Regrese a mi claro con la panza llena y el corazón feliz. Creo que lo único que mejoraría este día sería ver a mi Sakura antes del anochecer. Comencé a vagabundear por "mis" tierras imaginando que vivía como lobo con otros de mi especie, que cazábamos juntos, que nos disputábamos el territorio, que peleábamos por una hembra... Aunque, al llegar a este punto, inmediatamente imaginé a Sakura como una linda loba japonesa. Si el hechizo se invirtiera, ella sí sería la primera loba nipona en la isla desde 1905. Y yo sería el árbol que siempre estaría ahí para darle sombra.

Estaba tan perdido en mis reflexiones que me tomó por sorpresa el olor a humano, tanto que estuve a punto de huir monte adentro hasta que reconocí el aroma sublime de mi Sakura. Me senté en la hierba con calma para esperarla en caso de que no viniera sola, y al poco rato la vi aparecer con Daidouji.

-¡Shaoran, querido, vinimos a verte! -dijo mi hermosa alegremente, haciendo que mi corazón se pusiera a bailar. Noté de inmediato que no había sido a propósito (como cuando yo le dije "mi amor") y por eso se sonrojó, pero de todos modos lo hizo y es lo que cuenta.

Nos quedamos juntos durante el resto de la tarde, disfrutando de la mutua compañía. Mi "manada" se mantuvo oculta hasta que vieron que las chicas eran inofensivas y después se acercaron también.

-¡Ay, Sakura, mira!

-¡Qué bonitos son...!

Sakura los miró uno por uno, y notó de inmediato la forma en la que los pequeños se me acercaban.

-Ustedes son la familia de Shaoran ahora, ¿verdad? -preguntó con ternura- Espero que lo cuiden muy bien.

Pero, de repente, el zorro padre se envaró gruñendo. Su prole se ocultó entre las patas de las hembras mientras los machos avanzaban en pose de ataque. También yo gruñí: no me gustaba en absoluto el olor que había invadido el aire. Era un olor... como de muerte.

Cazadores. Un grupo de al menos siete, armados con rifles, nos rodeó desde varios flancos. Otros hombres que parecían ser científicos venían con ellos.

-No dañen al lobo. Lo necesitamos vivo. -dijo uno de los hombres de ciencia.

-Carajo, si no lo estuviera viendo, no me lo creería -dijo un cazador, que tenía un fuerte acento americano, mientras me apuntaba con el rifle-. He cumplido mi sueño de ver un lobo japonés.

-¡No es un lobo japonés! -gritó otro, éste sí de este país- ¡Es un lobo gris de China!

-¿De China? ¿Y qué rayos hace aquí?

-Con más razón debemos estudiarlo -dijo el que parecía ser el líder de los científicos-. Podría conducir a una recuperación genética por factores ambientales. Recuerden lo que acordamos, no le disparen nada que no sea un tranquilizante.

Y sucedió lo que me temía.

-¡No se le acerquen! -gritó Sakura, plantándoles cara- ¡No dejaré que lo lastimen!

-Vaya, miren eso -se burló el cazador americano, mirando a mi mujer de arriba abajo con un descaro que me hizo arder las tripas-. Una linda y valiente japonesita defendiendo su fauna. Deben estar orgullosos de su sistema educativo.

-Pequeñas, apártense, no queremos lastimarlas -quiso interceder un científico-. Solo queremos llevarnos a este lobo para estudiarlo.

-Llave que guardas el poder de los sueños...

¿Sakura estaba invocando sus poderes? ¿Exponía el secreto de su magia a la vista de otras personas solo por mí? Si eso no es amor, yo no sé qué es.

-¡Libérate!

Los hombres retrocedieron sorprendidos, sin saber qué hacer. Lo malo fue que no todos se quedaron quietos: uno levantó el rifle y disparó contra Sakura gritando: "¡Es una bruja!". En menos tiempo del que se tarda en decirlo, estaba frente a ella, recibiendo la bala con lo que humanamente sería mi hombro izquierdo.

-¡¡¡SHAORAN!!!

Nunca antes había sentido un dolor así... Era como si tuviera fuego en la herida. Aullé de dolor y de ira, y a mi llamado acudieron los zorros que se habían escondido. Al ver eso, los humanos trataron de huir, pero sucedió lo inesperado.

-Captúralos con tu abrazo infinito. ¡Espiral!

La Carta rodeó a todos en una prisión de la que jamás escaparían. Ahora era Sakura quien los tenía a su merced.

-No les perdonaré lo que han hecho -dijo con la voz llena de lágrimas de rabia-. También ustedes sentirán dolor.

-¡Sakura, no! -grité, aunque sabía que no me escuchaba- ¡No lo hagas! ¡No ensucies tu alma solo por mí!

¿Por qué le tienes tanto afecto a un lobo, niña? -preguntó el cazador japonés, aterrado.

-¡Es más que un lobo! -gritó Sakura sacudiendo la cabeza- ¡Es el amor de mi vida!

Lo confieso, me dejó pasmado. Nunca habría esperado que lo dijera así, y menos en circunstancias tan... poco apropiadas.

-Llévalos contigo a las tierras de los sueños. ¡Dormitar!

Una pelusa blanca flotó sobre ellos y se durmieron unos sobre otros. Solo entonces, Sakura rompió a llorar, cayendo de rodillas. Daidouji fue a consolarla y los zorros se acercaron a mí lamiendo mi herida. Entonces, apareció Zheng Dao.

-No hay prueba más grande de amor que entregar la vida -dijo con infinita tristeza en sus hermosos ojos azul gris. Extrajo la bala de mi hombro con magia y me abrazó. Yo levanté la cabeza y aullé una última vez mientras sentía que mi cuerpo cambiaba como si fuera de noche y el olor a sangre se dispersaba en el viento al cerrarse mi herida.