Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí que es mía.
Este fic va dedicado en especial a mi familia del grupo de whatsapp swanqueen, a la sexy y orgásmica voz de Diana, a mi petita que está feliz, a mi morena porque la adoro aunque no se lo crea y a Natalia porque soy su fan y ella lo sabe.
Sin más os dejo leer y disfrutar del capítulo, muchísimas gracias por sus comentarios, me animan mucho y me hacen muy feliz. Besitos.
CAPÍTULO 8 ROTAS LAS MÁSCARAS.
Después de la noche más rara e intensa de los últimos años, Regina amaneció angustiada, por un momento fue débil delante de Emma y su súplica ahogada de que no la dejara había atado a su rubia a un destino que no le correspondía. Regina había elegido mal y debía atenerse a las consecuencias de sus actos, no podía permitir que a Emma le pasara nada por enfrentarse a su marido, no podría vivir con la culpa de que la rubia saliera dañada de esa situación.
Se atormentaba a si misma y se reprochaba haber sido débil, haber mostrado su dolor ante Emma pues la conocía demasiado y sabía que no se quedaría de brazos cruzados. El no saber que pensaba hacer la rubia contra su esposo la estaba matando de angustia, Leo era poderoso, movía muchísimo dinero y tenía mucha influencia en los altos cargos de la ciudad, a parte era un hombre sin escrúpulos capaz de cualquier cosa cuando alguien se interponía en su camino. Un escalofrío recorrió su espalda al imaginar los más terribles destinos para su rubia y las lágrimas se amontonaron en sus ojos amenazando con salir desenfrenadas. Pensar que Emma pudiese sufrir una vez más por su culpa le dolía en el alma, le dolía muchísimo más que los golpes y desprecios de su esposo, su Emma debía alejarse, debía olvidarla para estar a salvo.
Tomó la decisión de apartarla de ella para siempre pues la única que debía sufrir las consecuencias de sus errores pasados era ella, la máscara que por unos instantes se había quebrado la noche anterior debía regenerarse más fuerte que nunca para evitar que su rubia sufriera ningún mal.
Se levantó decidida a borrar de su mente la noche anterior como si nunca hubiese existido, de borrar las palabras de Emma, su promesa de cuidarla y protegerla, de borrarla de su vida para mantenerla como un recuerdo idílico, un recuerdo que le servía para no enloquecer mas su rubia no podía estar físicamente presente, no podía arriesgarse a perderla.
Se dio una ducha para relajarse, los nervios, el miedo y la ansiedad la estaban devorando, se vistió elegante pero discreta, se maquilló como siempre, impecable y se fue, dejando a su hijo en casa de un amigo para que pasara el domingo pues Leo no volvía hasta esa misma noche y ella tenía que dejar todo atado. Todo ese delirio, esa esperanza vaga de que Emma podría volver a amarla y salvarla de su infierno debía acabar, ella lo iba a parar antes de que fuera demasiado tarde.
Se dirigió hacia la dirección que le dio la rubia la noche anterior, asegurándole que ahí la encontraría cuando la necesitara. Su paso era seguro, su frialdad inquebrantable mas su interior ardía como un volcán y su corazón se iba rompiendo poco a poco, a medida que se acercaba a esa casa, a casa de su Emma para verla por última vez, para despedirse y alejarse de ella para siempre.
No entendía por qué la rubia se empeñaba tanto en sostenerla, en salvarla, no después de todo el daño que le hizo, después de romper todas sus promesas por miedo, aun recordaba la mirada derrotada de Emma el día de su boda, cuando le pidió que se fuera con ella, que parara esa locura y ella la despreció con palabras que no sentía, creía que estaba haciendo lo correcto y lo único que consiguió fue destrozar su vida y romper el corazón de la única persona que la había amado sinceramente, la única persona a la que ella amó con toda su alma. La misma persona que diez años después apareció en su puerta con la promesa de sacarla de su infierno. Una promesa que ella sabía que no podría cumplir.
Escondiendo cada uno de sus sentimientos tras la frialdad de su rostro, llamó a la puerta del pequeño apartamento de Emma, rogando al cielo tener el suficiente valor de mantener su máscara, de poder mirar a los ojos de la rubia y decirle que se marchara sin que le tiemble la voz, sin que en su mirada se lea la mentira.
Emma abrió la puerta y se quedó asombrada al ver ahí a Regina, y a la vez preocupada, no sabía si Leo había descubierto que ella estuvo anoche en su casa y si había provocado un problema grave para la morena.
"Regina, no esperaba verte ¿Pasó algo?"
-¿Podemos hablar?
Fría y tajante con su respuesta, puso en alerta a la rubia que se esperó lo peor, se hizo a un lado para dejarla pasar y, tras un leve titubeo por parte de la morena que no quería entrar en esa casa, finalmente entró y esperó a que Emma terminara de preparar café, intentando disimular como le temblaban las piernas.
-"¿Ha pasado algo Regina? No me asustes por favor, dime que no te ha hecho nada"
-Leo aún no ha vuelto de su viaje.
-"Entonces, ¿Por qué has venido?
-Porque quiero que olvides lo que te dije anoche, quiero que te alejes de mí Emma, no quiero volver a verte.
-"Mientes, siempre se cuándo mientes, y anoche te dije que no habría nada en este mundo que me alejara de ti otra vez."
-Si algo te importo lo harás, te alejarás de mí, me olvidarás y seguirás con tu vida.
-"No puedo hacer eso, no cuando tus palabras me dicen que me vaya y tus ojos me gritan que me quede a tu lado Regina."
-Me cansé de esta tontería Emma, tu y yo tenemos un pasado pero es eso, pasado, es hora de dejarlo atrás y afrontar la realidad, estoy casada, tengo un hijo que me necesita y te quiero fuera de mi vida, te quiero fuera de mi cuento Emma.
-"Está bien, desapareceré pero antes contesta una sola pregunta y contesta con sinceridad, recuerda que siempre he sabido cuándo mientes."
-¿Qué pregunta?
Emma se fue acercando poco a poco a Regina, aprisionándola entre ella y la pared, mirándola directamente a los ojos, le hizo la pregunta que destruyó para siempre todas las máscaras. Una pregunta de la que Regina había estado huyendo toda la vida y era el momento de contestarla.
"Dime Regina, y se sincera, ¿Aún me amas?
Congelada en su sitio, literalmente entre la espada y la pared, con sus ojos clavados en la mirada cristalina de Emma y su corazón completamente desbocado, sin saber cómo reaccionar. Había ido a esa casa preparada para cualquier cosa mas no para eso, no para tener a Emma tan cerca esperando una respuesta a una pregunta que había atormentado su alma durante años. ¿La amaba? Claro que la amaba, con toda su alma, nunca dejó de hacerlo, simplemente las dudas fueron más grandes que su amor, y se dejó consumir por sus miedos, miedos que la habían llevado a un bucle de autodestrucción y finalmente a esa situación, a tener en frente a su único amor esperando una respuesta.
Se rompieron las máscaras, por un segundo se esfumaron los miedos, durante un momento Regina dejó de pensar, dejó de analizar cada detalle de su vida, dejó de lamentarse y dejó de dudar.
Rompió toda distancia que había entre ellas, movida por unos sentimientos que se negaba a seguir ocultando, en ese momento daba igual Leo, daba igual el pasado, daba igual el dolor, ese era el momento de expresar lo que sentía sin palabras. Atrajo a su Emma contra ella y se lanzó a sus labios, tímida al principio, sabiendo que si ella la rechazaba iba a destruirla. Emma no esperaba esa reacción por parte de su morena, la pilló desprevenida y por sorpresa, aun así se fundió con ella suavemente, sujetando su cintura, atrayéndola hacia ella, pegándose a ella, saboreando una vez más esos labios a los que había regalado sus primeros besos, cuando quiso darse cuenta, Regina estaba llorando, su beso pronto cogió el sabor salado de las lágrimas de su morena, la abrazó con fuerza y no dejó de besarla, quería darle seguridad, demostrarle que estaba ahí para ella, que estaría siempre, que no había dejado de amarla.
El tiempo se detuvo en ese beso, ambas anhelaban encontrarse nuevamente desde hacía demasiado tiempo. Mientras se besaban volvieron a ser dos adolescentes dueñas del mundo, los miedos y el dolor desaparecieron, solo existían ellas dos y ese beso cargado de un amor que había superado todas las barreras.
Tras varios minutos se separaron, cuando empezaron a notar la falta de oxígeno. Regina se dio cuenta de que llevaba un rato llorando y se sintió estúpida, pero Emma, tan dulce y delicada como siempre secó sus lágrimas, pegó su frente contra la suya, manteniéndose cerca con miedo a romper ese momento mágico.
Finalmente Regina, mirando a los ojos de su amada simplemente dijo.
-Creo que esa ha sido mi respuesta.
Emma se echó a reír, su corazón volvía a tener vida pues estaba segura de que su morena la amaba, era completamente feliz.
"Yo también te amo, Regina. Nunca dejé de hacerlo."
Volvió a robarle un beso, provocando en su morena una sonrisa y un nuevo llanto. Había ido a esa casa a alejar a Emma de su vida para siempre mas no podía hacerlo, no ahora, no con las máscaras rotas y los sentimientos a flor de piel. Volvieron a mirarse y se rompió la burbuja de perfección al darse cuenta de que se estaban metiendo en terreno peligroso.
En sus mentes una sola pregunta. Cómo conseguir deshacerse de un pez gordo como Leo, como salvar a la morena de su infierno sin que ni ella ni Henry salgan dañados.
Cómo se habían complicado tanto la vida en un solo segundo, pues ya no se trataba de un caso policial y de maltrato, ahora se trataba de luchar por un amor que a la vista de todo el mundo, estaba prohibido.
