Para mí.


Capítulo 8

¡Toda va tan perfecto e increíble! Le cuesta decirlo, pero sus acciones y su actitud dejan bien claro cómo se siente, lo bien que se encuentra su alma, su espíritu, su salud. Porque es cierto, las emociones y sentimientos, influyen en el cuerpo.

La algazara avasalla a su ser, sonriente hasta más no poder. Nunca había sentido tal arrobamiento en su vida, tan puro y verdadero, que a veces cree que todo es un simple sueño.

- Últimamente andas muy distraído, Draco – Blaise realiza esa observación, conforme taladra con la mirada a su compañero. - ¡Venga! Hay algo que no me quieres contar. – el moreno toma de una todo el whiskey, y pide otro al camarero. – Cuenta.

- No tengo nada que contarte – responde el rubio, con un ápice de fastidio en su voz. Hablar de su relación con Ginevra no es algo que piensa hacer, al menos no tan prontamente. Tiene que estabilizarla un poco más.

- ¿Qué es? – insiste su acompañante, mientras mira con interés la carta del restaurante.

- Cierra la boca.

- ¿Acaso es una nueva mujer? – algo hace con su rostro, que delata un poco su situación, pues Blaise lo mira suspicaz por encima de la carta y sonríe pícaramente, mientras alzando las cejas una y otra vez. - ¡Una mujer!

- Te dije que cerraras la boca.

- Deja a un lado tu amargura y dime, ¿es guapa? Claro, conociéndote, debe estar…

- ¡Cierra la boca, Blaise! – casi grita, alterado. La gente a su alrededor los mira de reojo; Draco resopla, sintiéndose incómodo, amargo por el deseo de no querer compartir con uno de sus amigos lo más maravilloso que le ha pasado en la vida.

- Hey, cálmate.

- Me tengo que ir – determina abruptamente.

- ¿Qué…? ¿Me dejarás comiendo solo?

- Tengo cosas que hacer.

- Seguro vas a… - se calla, al notar su huraña mirada. – Dijiste que tú pagarías – alza las manos, ahora reticente en decir lo que en realidad piensa.

Draco rueda los ojos y saca su billetera, a la par que se levanta de su asiento.

- Idiota – murmura, después de dejar más de la suma adecuada para pagar una comida elegante.

- Nos veremos después… - escucha al moreno decir, mientras se dirige hacia la salida.

Mira su reloj de pulsera al ya estar en la acera, aún está a tiempo. Raudamente, ingresa a su automóvil y enciende el motor, sin esperar siquiera a que caliente un poco antes de arrancar; tiene las ansías a mil.

Entusiasmado, conduce con velocidad unos cuantos kilómetros más hasta llegar al salón donde bien está aprendiendo a bailar. Una sonrisa se forma sobre sus delgados labios masculinos, al notar la silueta de Ginny a través de los cristales de las ventanas. Sin aguardo, aparca el auto frente al edificio.

- ¡Vaya! No pensé que te vería a esta hora – exclama la joven, alegre. - ¿Acaso no ibas a…?

- Cancelé – responde. Sus brazos se encargan de capturar su cintura.

Su boca busca la de ella y el beso que tanto ansiaba desde que se levantó esa mañana, no se hizo esperar. Ginny le responde con lentitud, como viene haciendo desde hace un mes atrás. ¡Un mes!

El tiempo volaba. Volaba y con rapidez.

- Te invito a comer – le parece increíble como con ella puede actuar de manera tan fresca y relajada. La observa dudar unos segundos, antes de asentir con la cabeza, contenta.

El local que queda en una esquina cerca del salón le parece perfecto… al menos a ella. Si fuera por él, comerían en aquellos restaurantes donde los cubiertos son de plata auténtica, y los platos de fina porcelana importada.

Pero, ¡qué más! Todo es muy fresco y agradable. Desde que Draco Malfoy sale con Ginevra Weasley, el mundo parece estar pintado de otro color para él; rojizo y cambiante. Se siente como nunca. La mar de bien.

- En una semana se hará un festival de danza acá en la ciudad… - le dice, mientras pincha una patata frita con un tenedor. No le mira, sus ojos están concentrados en el plato que tiene frente a ella.

- Y quieres ir. Eso no me sorprende.

- No sólo quiero ir… yo me… pues, la verdad es que… nos… - titubea un tanto nerviosa, como si fuera a decir que cometió alguna travesura. – Yo nos inscribí, a ti y a mí… - Suspira, levantando la vista para fijarse en su reacción.

Draco no hace más que fruncir los labios en una rara mueca, observando a la pelirroja, como si ésta estuviera realmente loca.

- Ginevra…

- Será divertido, tan sólo tenemos que trabajar en una nueva coreografía la cual ya he ido pensando. Tú has mejorado muchísimo y pienso que…

- No voy hacerlo – la interrumpe, serio.

- ¿Qué…? Pero, Draco… es…

-¡No pienso hacerlo! ¿Acaso estás loca? – Ginny abre exageradamente los ojos, ya con sus mejillas coloreándose poco a poco. – No pienso bailar en ningún festival, ni en ningún lugar público que se te ocurra. ¿No entiendes? No puedo dejar que me vean de esa forma y menos con… - cierra la boca al darse cuenta de lo que iba a decir.

Ginevra agranda los ojos, pintando sus mejillas.

Muy tarde, se ha dado cuenta de que la lastimó.

- Ginny, yo no…

- Entiendo… - la joven se expresa de forma monótona, ahora inexpresiva. – Era de suponerse todo el asunto. El gran Draco Malfoy no puede dejarse ver junto con Ginevra Weasley, ¿cierto? – dice ácidamente, tomando su bolso. – Ahora, debo de ser la mujer más estúpida que existe… - se levanta de la mesa, y Draco puede jurar que vio en sus ojos una humedad y un brillo, que antes no estaban presentes. – No sé cómo lo llegué a pensar. Yo…

- Ginny…

- Sólo déjame en paz – le mira con vesania e indignación, antes de dirigirse a la salida, dejando su plato a medio terminar.

El rubio no hace otra cosa que mantenerse sentado y mirar el punto donde antes estaba Ginevra acompañándolo, preguntándose la razón por la cual, conociéndola, no lo mandó a la mierda de manera menos sutil.

Aquel momento, sin duda, no había sido el adecuado para que el viejo Draco Malfoy regresara, menos con represalias.


N/A: Desde que inició el fic, no había salido ningún otro personaje, ¿notaron? Jajaja.

¡Muchas gracias por leer y por dejar sus puntos de vista! Valen oro.

Nos leeremos pronto,

Yani!