Hola! Cómo están todos? Espero que mejor que yo… que no tengo tiempo para nada… Aunque no debiera quejarme tanto, porque al menos estoy pasando por Cirugía… El único ramo de toda mi larga carrera como estudiante de Medicina que me ha gustado… Hace 5 horas que salí de un colecistectomía! Era una vesícula gigante con unos 4 cálculos del porte de una nuez! Lo único malo es que mi coperación se reduce a sujetar los órganos, aspirar sangre, y ayudar a suturar… No me dejan usar un bisturí aún! Qué mal! Bueno… ya no los aburro más con mis experiencias quirúrgicas que se que para muchos de ustedes son en extremo repulsivas… Solo les diré que la Cirugía es lo menor del mundo (Después de la buena literatura y del café).
La cosa es que llegué hace cinco horas, y desde entonces estoy aquí terminando este capi, que me slió mas largo de lo que esperaba… En verdad espero que les guste, porque me ha tomado mucho escribirlo, y se que tiene errores, pero de aquí a darme el tiempo de corregirlo, pueden pasar muchas semanas…. Ja ja, ja….
Muchisimas gracias a todos los que me dejan sus maravillsos reviews, y especialmente a quienes respondieron mis dudas sobre Donald… j eje je… yen verdad me quedó dando vuelta en la cabeza eso de ¿Qué demonios es Goofie?
Bueno… me dejo de mis dudas existenciales, y ahora si los dejo con mi nuevo capítulo, mientras me preparo un café para regresar con mis tareas… Un beso grandote.
ADVERTENCIA 1: El siguiente capítulo puede contener escenas no aptas para menores de edad (Hablo de edad psicológica… no física), no por el contenido sexual, sino por la violencia…
ADVERTENCIA 2: El siguiente capítulo es MUY LARGO, pero tiene de todo… así que les recomiendo tener café y comida cerca… ja ja ja…
Capítulo 8: CICATRICES
"Es cierto que perdimos la batalla, mas…
¿qué importa? No está todo perdido,
conforme retuvimos el ánimo invencible,
y nos queda el ingenio necesario,
para encontrar un modo,
por mas que sea osado y temerario,
con que saciar el odio inextinguible,
la venganza, la ira, que ese fiero enemigo nos inspira…"
- "El Paraíso Perdido", John Milton-
Hermione Granger abrió los ojos para encontrarse en un cuarto de paredes verdes inundado por la penumbra del nuevo día, y un tibio brazo enredado a su cintura. Tomar conciencia de lo ocurrido la noche anterior, y de su desnudez bajo las sábanas, no le tomó tanto tiempo como enfrentar a un par de ojos de mercurio que le observaban atentos como si tuvieran frente a ellos un objeto curioso. Tenía la cabeza apoyada en una mano sobre su almohada, y un mechón de cabello surcaba su frente, luciendo en él, como una encantadora imperfección. Hermione se mordió el labio.
- ¿Qué hora es?- masculló, levantando la cabeza con pereza.
- Temprano aún…- respondió él. Una sonrisa comenzaba a dibujarse en sus labios.
- ¿Qué pasa?
- Nada…- acomodó su cabeza sobre la almohada, sin dejar de mirarla, quedando con el rostro muy cerca del de ella. La mano con que envolvía la cintura de la joven se deslizó lentamente hacia su rostro, donde delineó los labios entreabiertos con sus dedos. Hermione, a su vez, acarició aquella mano, ascendiendo a través del brazo de el, y luego acercándose mas a su boca, a fin de besarlo. Al separarse de ese beso, dulce y corto, regresó la cabeza a su lugar, y él le dedicó una sonrisa. Esto fue suficiente para que Hermione se mordiera el labio satisfecha, y acomodara su cabeza bajo el cuello tibio, buscando refugio al frío matutino que daba contra su espalda desnuda. Y él, casi por inercia, levantó su brazo para envolverla… ¡Grave error!.
Los ojos de Hermione se abrieron desmesuradamente al ver ahí, descubierta por los rayos matutinos, sobre la blanca piel de su antebrazo, una negra calavera que venía a romper el instante mágico, trayendo consigo todas las preocupaciones que hacía un tiempo pretendía infructuosamente dejar de lado. Se separó instintivamente de él, rechazando el abrazo, y cubriéndose el pecho con las sábanas verdes, se sentó a su lado, con el ceño fruncido y la nariz arrugada, en una extraña mueca de perpleja incredulidad. Draco examinó su rostro, y comprendió inmediatamente el motivo del enojo repentino, torciendo el labio.
- ¿Cómo…?- tembló la voz de Hermione intentando plantear la pregunta que no salía de su boca.- ¿Por qué…? ¿Tú eres…?- Draco soltó un suspiro irónico, incorporándose junto a ella, buscando su rostro, mirándola con frialdad.
- ¿Por qué tan sorprendida?- no hubo respuesta.- No has descubierto nada que no supieras ya, Hermione…- La joven abrió los ojos con desmesura. En cierta forma era verdad: muy en el fondo ella siempre supo que Draco Malfoy era un mortífago, aunque se empeñara en creer lo contrario… Pero no fue eso lo que provocó el posterior mutismo, sino otra palabra… Unas cuantas silabas arrastradas por los labios del joven, tan novedosas saliendo de su boca, que hacían olvidar lo otro…
- ¿Cómo me llamaste?- Draco abrió la boca sorprendido, al repasar la última palabra pronunciada inconscientemente al final del comentario, con una naturalidad que solo se permitía en sus sueños.- Me dijiste Her…
- Hermione…- repitió el. ¿Para qué ocultarlo más? Una extraña expresión se posesionó del rostro de la joven. Un trémulo temblor recorrió la espalada de él. ¿Qué era eso? ¿Miedo? ¿Esperanza? Muchas cosas a la vez, pero vacío al mismo tiempo… Un vacío al que estaba acostumbrado, pero que vino a ser interrumpido por un inesperado movimiento de ella, que descendía con sus labios por el brazo de él, apoyando su mejilla en la horrible calavera dibujada ahí. ¿Qué significaba eso? Por primera vez, en el transcurso de los múltiples enfrentamientos entre ambos, un horrible miedo se manifestaba claramente en el rostro de Draco Malfoy… Miedo a lo desconocido… Miedo a la posibilidad de que…
- Quisiera que este momento fuera eterno…- masculló ella cerrando los ojos, y volviendo a buscar refugio sobre su pecho. Draco, aún sin comprender lo que ocurría, la abrazó maquinalmente, sin percibir nada mas que los latidos de su corazón acelerándose al sentir el peso de la joven sobre el. La maraña de cabellos desordenados expelía un agradable olor a miel que lo aturdía…
- Pero no lo es… - sentenció, mientras una triste sombra invadía el semblante de ambos.- Los dos sabemos que acabará en el momento mismo en que salgas por esa puerta…
- ¿Por qué?- Se atrevió a preguntar con voz trémula, aún sabiendo la respuesta.
- Porque no puede ser de otra forma, Hermione…- La joven se aferró al pecho de el con mayor fuerza, asintiendo tristemente.
-MvsG-
Ronald Weasley llegó a la sala común de los Gryffindor, dejándose caer sobre uno de los sillones, con los brazos cruzados y mostrando enojo, justo frente a Harry. Hubo un largo instante de silencio entre ambos, durante el cual el moreno evaluaba las causas probables del repentino enfado de su amigo.
Tras la abrupta desaparición de Hermione durante el baile de la noche anterior, Harry había explicado a Ron sobre un súbito dolor de cabeza que había atacado a la joven, obligándola a regresar temprano a la sala común, sin siquiera despedirse. Pero, ni aquel falso pretexto, ni los vanos intentos de Luna por distraer al pelirrojo con historias sobre duendecillos espías trabajando para el Ministerio, lograron hacer olvidar a Ron, el quedar sin compañera para el baile. Esto, y el no saber a ciencia cierta sobre la verdadera ubicación de Hermione en ese momento, por no haberle visto en toda la mañana, obligaron a Harry a guardar silencio, sin preguntar siquiera sobre el origen de la irritación actual de su amigo, por miedo a que la respuesta incluyera a Hermione y el se viera obligado a decir la verdad sobre lo ocurrido.
Un nuevo bufido del pelirrojo obligó a Harry a levantar la vista del palo de su barredora, la que limpiaba afanosamente en ese momento.
- ¡Odio a esa mujer!- chilló Ron, comenzando el diálogo.
- ¿Qué mujer?- preguntó aparentando bien poco su preocupación.
- ¿Quién va a ser? ¡Pues Tonks!- Harry debió ahogar un suspiro de alivio, al tiempo que volteaba a mirarlo dispuesto ya a mantener una conversación relajada.
- ¿Y por qué?
- Porque no pareciéndole suficientemente malo ya el que debamos quedarnos aquí hasta después del examen de aparición, me persigue por los pasillos para recordarme de cuán mal domino la técnica, cuánta práctica me hace falta, y cuántas posibilidades tengo de no aprobarlo… ¡Es insufrible!... ¿En qué pensaba Dumbledore cuando la puso en el cargo de Defensa contra las Artes Oscuras?- Por toda respuesta, Harry se limitó a reír.
- ¿Qué es tan gracioso?- preguntó Hermione llegando detrás de ellos, bajando los últimos peldaños de las escaleras que llevaban a los dormitorios. Harry dejó de sonreír.
- Nada… Solo Tonks y sus deseos de obtener un premio a profesor del año…- se mofó Ron.- ¿Y cómo va tu cabeza?- Hermione le miró extrañada, pero antes de poder decir algo, Harry la interrumpió.
- Le expliqué a Ron sobre el dolor de cabeza que te obligó a dejar el baile anoche…- la joven alzó una ceja, dudando.-… cuando nos dijiste a Luna y a mi que te irías a dormir.- Hermione se mordió el labio, comprendiendo. La mirada reprobatoria de Harry, clavada en ella mientras hablaba, le hizo advertir que sí habían testigos de su escape nocturno.
- Eh… Si… Lamento no haberme despedido, Ron…
- No importa… lo bueno es que ya estás bien.- agregó el pelirrojo, sonriendo con bondad. Harry torció el labio en una mueca irónica, y, negando en forma reprobatoria con un movimiento de cabeza, por las acciones de su amiga, volvió a poner atención en el ya lustroso mango de su escoba.- Además… tampoco me gusta mucho bailar… De hecho, prefiero estar contigo en la biblioteca, antes que en una pista de baile…- dijo, poniéndose extremadamente colorado en el momento en que la palabra "contigo" salió de sus labios. Hermione sonrió de medio lado, pero sin ganas.
- Bueno… Iré a la biblioteca… Dejé unos libros encargados para hoy…- y sin decir más, salió de la sala común, evitando la mirada inquisitiva de Harry.
- ¿Cómo puedo ser tan bruto?- preguntó Ron en voz alta, dirigiendo el comentario a su amigo… ¿Has visto como he dicho "contigo"? ¿Pude ser más obvio?
- Eso no dice nada…
- ¿Cómo que no? ¡Claro que dice mucho! Sobretodo después de haberle dicho lo que dije…
- ¿Qué le dijiste?
- Lo que tú me dijiste…
- ¿Qué?- volvió a preguntar, sin comprender.
- Pues, que me gusta…
- ¿Y qué te dijo?- preguntó Harry, mostrando una repentina curiosidad.
- Nada… Bueno… Dijo que no estaba segura de lo que sentía… Pero, ¿sabes?.. Quizás deba hacer caso a mi hermana, e intentarlo otra vez… Quizás no soné muy convincente, y por eso se negó… Después de todo… Aquella vez, cuando la besé, ella correspondió a mi beso, y yo creo que en verdad sintió algo… Tal vez, si lo intento nuevamente….
- No se, Ron…- interrumpió con escepticismo.- No creo que sea buena idea… Sería mejor si dejaras pasar un tiempo…
- ¿Un tiempo? ¿Para qué? Creo que ya he esperado bastante…- Al decir estas palabras, se puso de pie, como impulsado por una repentina valentía, con los ojos chispeantes.
- ¿No sería mejor esperar a que pase el verano? Después de todo, no nos veremos en mucho tiempo…
- Pero es que…
- Además, recién ayer te ha dicho que no estaba segura de lo que sentía… Quizás sea mejor esperar a que esté segura, ¿no, crees?
- Bueno… si… la verdad…- comenzó a sentarse nuevamente sobre el sofá, con una meditativa lentitud, mientras Harry respiraba más aliviado.
-MvsG-
El camino hacia la biblioteca de Hermione, había sufrido una extraña desviación, hacia un cuarto poco conocido, donde una llave herrumbrosa daba vuelta la cerradura, permitiendo el acceso al confortable espacio en el cual, no mucho tiempo atrás, dos jóvenes que se odiaban habían compartido su primer abrazo. Solo que esta vez, el abrazo era más íntimo, más intenso, e inundado de caricias en que participaban de mudos pensamientos, rememorando sensaciones, y buscando calmar la intensa necesidad que tenían de fundirse con el otro.
- Espera…- susurró Hermione, algo reticente a alejarlo de si, pegando su frente a la de el, intentando controlar su respiración.- Debo irme ahora…
- ¿Tan pronto?- preguntó el, contrariado, con su mirada clavada en los labios de ella, que lucían más rojos que de costumbre.
- Se suponía que estaría en la biblioteca desde hace media hora, y…- Draco recorría los labios de ella con sus dedos. Ella apretó los ojos, conteniéndose, solo para sentirlo acerarse a ella, fundiéndose en un nuevo beso.
Minutos después, haciendo uso de lo poco de responsabilidad que quedaba en ella, Hermione volvió a separarse de Draco.
- En verdad debo irme…
- Entiendo…- masculló él, de mala gana, pasándose la mano por sus cabellos rubios, a fin de ordenarlos, y dejándose caer sobre el sofá, en aquel modo elegante con que realizaba cada movimiento.- Pero te advierto que si no sales por esa puerta en los próximos segundos, ya no te dejaré ir nunca mas…- sonrió, fingiendo un tono amenazador. Ella respondió con una nueva carcajada, acercándose a besarlo, pero tan fugazmente, que el contacto de sus labios fue más imaginativo que real.
- Paciencia, Draco… Paciencia…- sugirió ella mientras se colocaba su capa.- Si eres suficiente paciente, puede que… podamos reunirnos acá y repetir lo de anoche…- sonrió sugerente…- ¡Claro… si tu espalda acepta hacer el sacrificio!...- ambos compartieron una carcajada, mientras Draco hacía una mueca dolorosa al toparse la espalda, y ella le volvió a besar, pero manteniendo su cuerpo a prudente distancia de los brazos de él.
- ¿Cuándo?- preguntó al verla girar la manilla de la puerta.
- Esta noche…- El semblante de Draco cambió abruptamente.
- ¿Esta noche?- su voz reflejaba preocupación.
- Ronda de prefectos… ¿recuerdas?- se mordió el labio, sonriendo, dispuesta ya a salir. Draco la detuvo, alzándose con rapidez del sofá, y tomándola del brazo.
- Cambia con Weasley…- le pidió, frente a la atónita mirada de ella.
- ¿Por qué?
- Solo hazlo…- la angustia apenas reflejada a través de los ojos grises, hicieron comprender a Hermione que alguna razón poderosa debía haber tras aquella petición, y su semblante fue presa de una preocupación horrible, al tiempo que la calavera dibujada en el brazo del joven, apareció nuevamente, ensombreciendo sus recuerdos.
- ¿Por qué?- esta vez exigía una respuesta.
Draco analizó la mirada de la joven un largo instante, pensando… Evaluando… Intentando tomar una decisión… Al final, en sus labios se dibujó una extraña sonrisa.
- Pansy se ha ofrecido a hacerla por mi, y acepté…- mintió magistralmente.- Si me retracto ahora sospechará que ocurre algo…
- Entiendo…- suspiró mas aliviada, sintiéndose tonta por haber pensado que fuera otra la razón.- Bien… Supongo que tu espalda se ha salvado… Por ahora…- Draco intentó reír, pero en vez de eso, en sus labios se dibujó una mueca forzada.
- ¿Cambiarás con Weasley?
- Lo intentaré… Aunque el hecho de que Pansy sea su compañera no será de mucha ayuda para convencerlo.- sonrió de nuevo. Draco se preguntaba por qué reía tanto… ¿Es que no se había dado cuenta que algo no estaba bien? ¿Qué él intentaba decirle algo? ¿Qué intentaba explicarle que "esa noche", sería mejor que no saliera de su sala común? Un nuevo beso, y un adiós por parte de la joven, le hicieron comprender que no lo había entendido… Pero aún así, la dejó ir, refugiándose en la esperanza de que ella lograra cambiar con el pelirrojo, porque, ¿Cómo explicarle lo que harían esa noche, sin traicionar a los suyos, y sin perderla a ella? Tragó aire unos instantes… Observando en completo mutismo la puerta que la joven había dejado entreabierta, y que, segundos después, volvía a abrirse, dejando ver tras ella un par de ojos conocidos…
- ¿Qué haces aquí?- preguntó.
- Buscándote…- respondió Pansy, recorriendo el lugar despreocupadamente con la vista.
- ¿Y cómo sabías que estaba aquí?
- Basta con seguir el olor a sangre sucia…- respondió en un susurro inentendible, alzando de la mesa la copa en que había bebido Hermione.
- ¿Qué has dicho?- conocía a Pansy. Sabía que la aparente docilidad de la joven significaba "problemas"… Era la calma antes de la tormenta.
- Nada, Draco…. Solo vine a decirte que en tu cuarto te espera una lechuza… - se volvió lentamente hasta encontrar sus ojos. El joven pudo advertir que algo extraño había en aquellos ojos… - Trae una carta para ti…- Draco inclinó la vista.- Creo que sabes lo que eso significa…- el asintió.
- Ya es hora…
-MvsG-
La cena en el Gran Comedor, transcurrió en un ambiente extraño, aunque Parvati y Lavander mantenían su coloquio habitual, sin dejar de hablar sobre las parejas mejor y peor vestidas, durante el baile de la noche anterior, indecisas aún respecto de a quien dar el primer lugar.
Ron discutía con su hermana sobre lo bien que le parecía su rompimiento con Terry Boot, después de asegurarse de explicar a Ginny todas las razones por las cuales no debería volver con él, ni con ningún otro estudiante de Hogwarts –excepto, quizás, Harry- hasta que no cumpliera la mayoría de edad. Y la joven asentía con voz cansina, mientras intentaba comer algo, a fin de que se callara.
A su lado, Hermione mantenía la mirada demasiado fija en la mesa de Slytherin, donde habían varios puestos desocupados. Sin embargo, ella solo era conciente de una ausencia… la de Draco Malfoy. Al pensar en él, no podía evitar rememorar los episodios compartidos con el durante el último año, construyendo castillos en el aire, en que Draco era un joven común y corriente, sin ninguna marca sobre el brazo, sin un padre mortífago, y sin un odio declarado a los sangre sucia… Entonces, quizás, ella y el podrían… Pero no… muy en el fondo, sabía que esa posibilidad era imposible, y que no le quedaba más que disfrutar de los instantes mágicos de aquella extraña relación, conciente de que caminaba sobre un piso frágil que amenazaba con quebrarse en cualquier instante, dejándola caer en un oscuro abismo… Pero aún así, aún sabiendo la imposibilidad de su mundo perfecto… Incluso entonces, pensaba en aquel "Quizás si…".
A su lado, golpeando el plato con una cuchara, y sumido en sus propios pensamientos, estaba Harry Potter, a quien Trelawney vaticinara esa noche, por veinteava vez desde su estadía en Hogwarts, una pronta muerte. Sin embargo, no era esto lo que preocupaba a Harry, sino el extraño secretismo que recorría la mesa de los profesores, donde incluso Dumbledore lucía especialmente preocupado. Aún así, el director mantuvo la habitual costumbre de terminar la cena con un discurso, sin dirigir a ellos más que una amable sonrisa, antes de verlos partir a través de los pasillos.
- Es extraño…- exclamó Ron meditativo, mientras caminaba junto a Harry y Hermione hacia la sala común.
- ¿Qué cosa?
- Que Tonks no se me ha acercado una sola vez durante la cena…
- Quizás tenía mejores cosas que hacer que estarte recordando que estudies para tu examen de aparición…- sonrió Ginny, llegando junto a ellos. Ron apretó los labios, conteniendo entre ellos un par de malas palabras, mientras Harry daba la contraseña a la Señora Gorda del Retrato, e ingresaban a su sala común.
A los pocos minutos, Hermione volvía a salir para cumplir con su ronda de Prefecta, sin atreverse a sugerir a Ron un cambio, por lo sumido que este estaba en el juego de ajedrez junto a Harry, quien, como era habitual, iba perdiendo.
- ¿Cómo haces para ganarme siempre?- preguntó Harry mientras se revolvía el cabello intentando pensar en su próxima jugada, pero paladeando ya la derrota, cuando quedaron solo los tres sobre los sillones de la sala.
- Es que no hace otra cosa más que jugar ajedrez…- intervino Ginny, sin levantar la cabeza de su libro.
- ¿Y a ti quien te preguntó?
- Nadie, hermanito, pero es que me parece horrible que desperdicies tu tiempo en eso, en vez de estudiar para tu examen de Aparición. Se supone que Sexto año termina antes que los demás cursos precisamente para darles tiempo para prepararlo…
- ¿Tonks te contrato para que me fastidies? No es mi culpa que tengas dos semanas de clases más que nosotros…- Harry movió el caballo, aprovechando el descuido de Ron.
- Tu turno…- masculló. El pelirrojo volteó a mirarlo, moviendo despreocupadamente el alfil.
- No me estoy quejando de tener clases mas largas…- seguía Ginny, mientras Harry, con ojos atónitos, vislumbraba en el tablero su primera oportunidad real de ganar el juego al pelirrojo. Solo tres jugadas y ya…- Sino de que tu no sepas aprovechar el tiempo libre…- Harry movió la reina.
- Tu turno…- Ron hizo un movimiento con su caballo, apenas mirando el ajedrez. Para Harry, era cosa de dos movimientos más y Jaque Mate.
- ¿Y de cuándo acá te importa lo que yo haga con mi tiempo libre?- Harry comenzó a sudar frío, mientras, con sus dedos temblorosos, movió su torre, pasándose la lengua por los labios, para ocultar su nerviosismo.
- No digo que me importe…- seguía Ginny.- Es solo que si mi madre viera como lo pierdes…
-Pues tú no eres mi madre…
- Tu turno…- susurró Harry, con la voz quebrada. Ron movió su reina, del otro lado del tablero.
- Y será mejor que te ocupes de tus asuntos…- siguió el pelirrojo, mientras los dedos de Harry avanzaban a hacer aquel último movimiento que lo llevaría a una inesperada victoria.- Por cierto, Harry… Jaque mate.- Y Harry sintió un sonido sordo, cuando la reina de Ron, del otro lado del tablero mágico, partía con su espada a su Rey, mientras él, incrédulo e inclinado sobre las piezas, intentaba comprender lo ocurrido.
- ¡Esa Granger…!- entró gritando Seamus, maldiciendo por lo bajo.- No tiene misericordia ni con los de su propia casa…
- ¿Qué te hizo esta vez?- rió Ginny.
- ¡Que ha quitado cinco punto a Gryffindor, por encontrarme fuera de la sala común a diez minutos de la hora límite! ¡Solo diez minutos, por Merlín!- y se dejó caer de golpe sobre el sofá, entre las carcajadas de Ginny y la mirada de comprensiva de Ron. Harry seguía analizando el tablero.- Por cierto, Potter… Lunática te está esperando allá afuera…
- ¡¿Luna!- exclamó el joven, reincorporándose.
- Si… debe estar bien loca para venir hasta acá a esta hora, con Hermione suelta por ahí… No sé cómo es que no le ha visto…
En dos movimientos rápidos, Harry se puso de pie, y corrió hasta la salida. Ginny y ron compartieron una mirada desconcertada.
- ¿Eso es raro incluso en Lovegood, verdad?- preguntó Ron a su hermana. Ella asintió con la cabeza, y, poniéndose de pie, siguió a Harry, con Ron tras ella.
- ¿A dónde van?- preguntó Seamus, pero la respuesta no llegó. La sala había quedado vacía.
-MvsG-
Incluso antes de que Harry viera aparecer la pálida figura de Luna por detrás de una de las armaduras frente a su torre, supo que algo andaba mal. Encontró sus ojos azules, y de pronto, la preocupación de Dumbledore, el secretismo de los profesores, y la ausencia de los Slytherin comenzaron a tener lógica en su mente… La oscuridad había llegado.
-¿Qué ocurre, Luna?- Ginny fue la primera en romper el silencio que se había formado entre Harry y la joven. Ron lanzaba miradas desde ella a Harry, y luego de regreso, mientras asentía con una sonrisa pícara, comprobando su teoría. Los labios de la Ravenclaw se separaron, lista para hablar, pero sus palabras fueron silenciadas por el ruido de pasos acercándose… Pasos lentos, de más de una persona.
- Eso no parece ser Filch…- susurró Ron atemorizado. Luna tomó la mano de Harry, jalándolo consigo hasta detrás de un recodo del pasillo. Ginny y Ron los siguieron, escondiéndose en las sombras.
Los pasos se detuvieron frente al retrato de la Dama Gorda. Desde su escondite, a Harry le era imposible reconocer de quién se trataba.
- ¿Esta Harry Potter dentro de la sala?- preguntó una voz ronca, con un desprecio típico de los Slytherin.
- Lo siento, joven…- comenzó la mujer con su despreocupada y cantarina voz desde el retrato.- Pero no puedo dar información sobre… ¡AHHH…!- gritó, al tiempo que una luz verdosa dio contra el retrato, iluminando el entorno por un breve instante. Los observadores silenciosos se recogieron aún más sobre su escondite.
- ¿Qué hiciste, idiota?- preguntó una voz mucho más fría que la primera, desde el pasillo.- Necesitábamos saber si Potter estaba ahí antes de que esa vieja loca saliera corriendo…- La puerta de Gryffindor sonó al abrirse, y sonaron los pasos de alguien asomándose al pasillo.
- ¡Te digo que oí a alguien gritar, Parvati!- era la voz de Lavander.
- Que no… no hay nadie… Ahora vuélvete, que si Hermione te ve…
- ¡Parvati! ¡La Dama del Retrato no está!- la gemela Patil se asomó para comprobar lo dicho por su amiga.
- ¿Y Ustedes qué hacen aquí?- preguntó Parvati, al fijar su vista en los dos jóvenes de pie frente a ellas.
- Necesito hablar con Potter…- murmuró la voz más fría. A Harry se le hacía muy familiar, pero no lograba recordarla.
- ¿Para qué?- siguió Parvati.
- Quidditch- respondió seco. Por el tono de su voz parecía que comenzaba a impacientarse.
- Que yo sepa, tú no juegas Quidditch, Nott.- Harry saltó sobre sus pies. Era Theodore Nott. Estuvo a punto de caminar hasta allá y enfrentarlo, pero Luna lo detuvo. Las miradas de Ron y Ginny parecían sugerir lo mismo.
- No… No juego… ¿Está o no?- Hubo un incómodo silencio.
- No… No está…- respondió Parvati al fin.
- ¿Segura?
- Ya te dije que no… Salió hace un rato con Ron y su hermana… Como Hermione hace la ronda hoy, pensarán que no tienen de qué preocuparse allá afuera… ¡Yo qué se!
- Gracias por tu ayuda, Patil…- siguió con una voz peligrosamente fría.- Ahora… sean buenas chicas y regresen a su sala común…
- ¿Quién te crees que eres para…?- la voz de Parvati se silenció inmediatamente, cuando la varita de Nott apuntaba a su garganta.- Te podrían expulsar…- intentó decir, al tiempo que Lavander soltaba un gritito detrás suyo, jalándola de la camisa para hacerla entrar.
- ¿Una expulsión?- sonrió Nott.- ¿Se supone que eso sea atemorizante?... No digas tonterías, mujer… Entra a tu sala…- lo próximo que se oyó fue la puerta al cerrarse.
- ¿Y ahora qué?- preguntó Crabbe a su lado.
- Ahora, Vincent, vamos a sellar la entrada, igual que lo hemos hecho con las otras casas… Algún otro tendrá que encargarse de Potter… ¡Portus Incarcendium!- se le oyó gritar, arrojando un haz luminoso sobre la entrada que inmediatamente quedó envuelta en múltiples cadenas.
- ¿Cuándo podré yo hacer un hechizo?- preguntó Crabbe con su voz hueca, a modo de reclamo.
- Cuando aprendas a hacer magia…- masculló el otro, en el instante en que un gran ruido surcaba el aire, y a través de la ventana se distinguía la figura de una gran calavera dibujada en el cielo.
- ¡Ya la abrieron!- exclamó el gordo, con un halo de excitación en su voz.
- Ahora ponte la maldita máscara…- agregó Nott dejando reflejar una clara disconformidad.-… y ve a buscar a los demás…
- ¿Y tu?
- Debo estar en la entrada… Esperando a que lleguen…- terminó de explicar, mientras sus pasos se perdían en el pasillo. A los pocos segundos, el gordo se perdió también, mientras Harry y los otros contemplaban atónitos la marca en el cielo.
- ¿Tu…?- comenzó Ron titubeando, dirigiéndose a Luna.- ¿Tú lo sabías?- la joven negó con la cabeza.
- Vine aquí porque la entrada a mi sala estaba bloqueada…
- ¿Será posible que ellos…?- comenzó Ginny.
- Si… Me temo que está lleno de Mortífagos…- Dijo Harry desenvolviendo el mapa del merodeador.- y somos los únicos fuera de nuestras casas… Nosotros y…
- ¡HERMIONE!- gritó de pronto Ron, abriendo los ojos desmesuradamente.
- Está en la entrada del castillo…- respondió Harry persiguiéndola en el mapa con la mirada.- Debemos ir por ella…
- No, Harry… Tu debes avisar a Dumbledore…- explicó Ginny.- Nosotros iremos por Hermione…- Harry lanzó una última mirada a Luna, quien hizo un gesto aprobatorio. Harry asintió de regreso, y arrugando el mapa entre sus manos, echó a correr en dirección a Dumbledore, mientras Ron, seguido de las niñas, lo hacía hacia la salida del castillo.
-MvsG-
Desde el instante mismo en que la marca tenebrosa apareció sobre el castillo, Hermione comprendió que las últimas palabras de Draco tenían un motivo más profundo del que él mismo les había dado. Instintivamente, corrió hacia la salida, intentando cerciorarse de que sus ojos no la engañaban, de que definitivamente era la marca de los mortífagos… Pero ahí estaba… Tan real como aquella que descubriera esa mañana en el brazo de Draco… Tan tétrica como aquella…
Una figura comenzó a correr a través de los árboles a la distancia. Una figura negra, que parecía haber estado observándola. Hermione corrió hacia ella, sin tener conciencia de que lo hacía, ni del porqué lo hacía, pero ahí estaba… Caminando lentamente a través de los árboles, varita en mano, persiguiendo una sombra cuyo dueño ella creía conocer.
- ¡Accio Varita!- resonó una voz, tan sorpresivamente, que la joven no alcanzó a reaccionar, y la varita de Hermione saltó hacia la mano de aquella figura negra que se erguía justo frente a ella, saliendo de los árboles. La blanca máscara era iluminada parcialmente por los rayos de la luna. El corazón de Hermione dio un brinco. ¿Y si era Draco? Por un instante, no supo cómo reaccionar… ¿Qué hacer?. El mortífago dio un paso. Ella entrecerró los ojos, analizando la situación: estando ella sin varita, si aquel mortífago no era Malfoy, sus posibilidades de huir eran bien pocas… Pero… si era Draco… aunque ello podría darle alguna posibilidad de salvación, representaría la terrible confirmación a sus miedos… una verdad que, si bien el mismo se la había confesado, ella no podía admitir como cierta… no quería que fuera cierto….
El mortífago dio otro paso hacia ella, y comenzó a reír, deleitándose de su cobarde superioridad. Hermione estuvo a punto de soltar un suspiro de alivio al entender que no era quien creía… Pero, mientras la figura negra se quitaba la máscara, dejándole ver a merced de quién estaba, comprendió que la situación era peor de lo pensado.
- ¡Zabbini!...
-MvsG-
¿Cómo habían llegado los mortífagos a Hogwarts, era para Harry una cuestión inexplicable. Se preguntaba si serían solo alumnos de Slytherin, o cuánto tardarían en llegar los otros… y Voldemort. ¿Sería esa la noche decisiva? Pensando en esto, corría presurosamente, rogando porque no fuera demasiado tarde para dar aviso al único que podía ayudarles… El único capaz de hacer algo: Dumbledore. Se detuvo a tomar aire, sacando el mapa del merodeador para comprobar la ubicación del director. Seguía en su oficina. Comenzaba a doblarlo, cuando, siguiendo la pista de la motita que representaba a Luna, la que caminaba junto a Ron y los otros, se dio cuenta horrorizado que los pasos bajo el nombre de "Hermione Granger" se adentraban en el interior del bosque prohibido, seguidos muy de cerca por los de otro Slytherin. El corazón le palpitó con violencia al comprender el inminente peligro para su amiga. ¿Qué hacer? Incluso decidir le tomaría más tiempo del que tenía para salvarla. Nuevamente, su única esperanza era la motita bajo el nombre de "Albus Dumbledore", que… desaparecía del mapa del merodeador ante los atónitos ojos de Harry.
¿Dónde había ido? ¿Qué hacer ahora? Sin convencerse aún de que su única esperanza se desvaneciera ante sus ojos, siguió caminando en dirección a la oficina del anciano, con el mapa arrugado en una de sus manos… Y justo antes de llegar a la puerta que sellaba la entrada, esta se abrió, dejando aparecer tras ella dos figuras negras enmascaradas. Harry se detuvo atónito… Incapaz de moverse o de pensar, mientras las varitas se alzaban apuntándole.
Pasaron varios segundos, en que no se oía más que el ruido de sus respiraciones, mientras Harry intentaba inútilmente apuntar con su varita temblorosa a alguno de ellos.
- ¿Qué se siente estar en una pelea real, cara-rajada?...- retumbó a través de la mascara la voz inconfundible de Draco. Harry parpadeó.- ¿Qué harás ahora, Héroe?- sonrió con sarcasmo. La risa amortiguada de la encapuchada a su lado se hizo sentir. Harry la sentía conocida… una risa no de niña… sino de mujer desquiciada… Era Bellatrix.
- ¿Qué harás ahora que no tienes al viejo loco para defenderte, ah?- chilló Bella, con una ternura horrorosamente falsa, como si hablara a un bebé, haciendo que un frío temblor recorriera el cuerpo de Harry, al pensar en el significado de aquellas últimas palabras.
- ¿Dónde está Dumbledore?- preguntó, conteniendo la esperanza, rogando porque no le hubieran matado. La mujer lanzó una nueva carcajada fría.
- Compruébalo tú mismo…- sugirió Bella, haciendo ademán de permitirle el paso. Olía a trampa, y avanzar no era buena idea. Si el caía… Si hacía un movimiento en falso y la profecía se cumplía a favor de Voldemort, todo se habría perdido… sus amigos, Luna… Ron… Hermione… ¡Hermione!... Volvió a fijar la vista en Draco, que le contemplaba a través de su máscara, respirando pausadamente, apuntándole con la varita, pero sin decir nada… "Si tan solo Luna tuviera razón…", pensó. En aquel momento, no veía más esperanza que aquella loca teoría de la ravenclaw.
- Malfoy…- el encapuchado pareció sorprenderse al oír su nombre. La mujer lanzó una nueva carcajada, y Draco se descubrió lentamente el rostro, sonriendo de medio lado, y mirándolo con frialdad. ¿Habrían esperanzas de que el rubio abrigara algún sentimiento bajo esos ojos, tan grises como vacíos?...
- Supuse que lo notarías…-masculló divertido. "¿Y si Luna tiene razón?", volvió a preguntarse Harry. Aunque le parecía muy difícil creerlo, decidió arriesgarse.
- Hermione está en peligro…- soltó al fin hacia el rubio.
- ¡Todos están en peligro, niño tonto!- volvió a reír la mujer, burlándose de su ingenuidad. Pero Harry no le hizo caso… Estaba demasiado ocupado en analizar el rostro de Draco, en quien el comentario no parecía haber surtido efecto alguno… Excepto, quizás, que ya no sonreía.
- Zabbini la tiene…- siguió Harry. Los ojos de Draco se entrecerraron. Se cuestionaba ¿cómo era posible que Potter lo supiera? ¿Es que acaso ella se lo había dicho?. Harry se preguntaba si podía ser que el rubio pareciera más pálido que de costumbre.
- ¿A qué diablos viene eso?- gritó la mujer, caminando hacia Harry.- Yo que tú me preocuparía de lo que te pueda pasar a ti mismo…- Harry seguía mirando a Draco, quien se debatía en una terrible batalla interior.-¿Sabes?- siguió la bruja tomando un tono dulzón, de pié frente a Harry.- Acabo de recordar que me debes algo… Un "crucio" que no he olvidado…- la mujer alzó su varita. Harry volteó a mirarla, desesperado.- cru…
- Desmaius…- Bellatrix calló como un pesado bulto, ante la atónita mirada de Harry, quien volteó a mirar al ejecutor de aquel hechizo.- Ahora, Potter… suelta tu varita de una vez y dime… ¿Dónde está Granger?- Si Harry hubiese tenido tiempo para manifestar su asombro, lo habría hecho, pero se limitó a obedecer al rubio, que tomó su varita desde el suelo.
- Zabbini la llevó al bosque prohibido…
- ¿Cómo saber que esto no es una trampa?- preguntó con desconfianza, pues, si en verdad Harry estaba al tanto de su relación con Hermione, bien podía aprovecharla para sacar ventaja. Harry le extendió un papel arrugado, donde Draco descubrió el nombre de la joven, sobre un par de pasos que avanzaban, seguidos de Zabbini.
- Es un mapa encantado… muestra la ubicación de cada uno de nosotros…- Draco recorrió el mapa con su vista, para comprobar la credibilidad del chico, y encontró su nombre… justo frente a Potter… Y en el extremo del mapa, a través del pasadizo hacia el castillo, que él mismo había abierto, iban apareciendo distintos nombres de mortífagos, entre los que se distinguía especialmente uno: Lucius Malfoy.
Draco volvió a mirar a Harry. ¿Podría confiar en el? El nombre de Hermione deteniéndose en medio de la nada junto a Zabbini, le hizo comprender que no tenía otra opción. Arrugó el mapa entre sus manos y retrocedió unos pasos, deteniéndose nuevamente, pero sin dejar de apuntar a Harry, quien sudó helado.
- Creo que…- el rubio dejó caer algo al suelo, a los pies del moreno.- …necesitarás tu varita…- y sin sonreír, ni hacer alguna otra detención, salió corriendo a través del pasillo, en dirección al bosque prohibido.
-MvsG-
- ¿A dónde vamos?- preguntó Hermione caminando a través de los árboles, por un camino que no había recorrido jamás, mientras Blaise le atizaba con la varita por la espalda.
- Ya verás…- rió el mortífago, divertido.
- ¿No es algo temprano para tomar prisioneros?-intentó burlarse la joven, para ocultar el terror que la invadía, pensando en cual podía ser el destino de aquel paseo.- Después de todo, aún no saben si Voldemort ganará esta vez…- Pero no hubo respuesta, haciendo aumentar su miedo.- ¿Zabbini?- preguntó deteniéndose y volteando para encontrarlo. Pero solo halló vacío… El terror iba en aumento. Dio un paso en medio de la desconocida oscuridad, y una rama crujió bajo sus pies, haciéndola dar un brinco, espantada. Intentó tomar aire para serenarse.- Tranquila, Hermione… Esto no está pasando…
- OH, si…- masculló una voz impactando cálida junto a su oído.- Sí está pasando…- Hermione no alcanzó a voltearse, cuando Blaise ya la tenía apretada contra su cuerpo, en un beso forzado. Tras los breves segundos que le tomó comprender lo que ocurría, capturó los labios del joven, y lo mordió con rabia, hasta que el otro, en un grito de dolor, la apartó de sí, arrojándola al suelo de un golpe. Ella se arrastró intentando incorporarse para echar a correr, pero no fue suficientemente rápida.
- ¿A dónde crees que vas?- gruñó el moreno, cogiéndola del cabello, arrancando un grito de Hermione que aplacó con un nuevo golpe contra el rostro de ella. ¿Cómo podía doler tanto un golpe, se preguntaba la joven, que jamás había enfrentado una situación similar.- ¡ Ponte de pie!- le gritó el hombre, apuntándole con la varita y limpiándose el labio sangrante con sus dedos.
Hermione no podía concebir un solo pensamiento claro… una sola idea. Sentía que el rostro le ardía como nunca, e hipaba descontroladamente entre el dolor y el miedo. Estaba hincada, llorando, a los pies de un loco en medio de quien sabía dónde.
- ¡He dicho que te pares!- gritó Blaise enfurecido, tomándola por el cabello, y haciendo caso omiso de su llanto, logró ponerla de pie.
Aquello fue secundado de un largo silencio, en que Zabbini la contemplaba, dando vueltas en torno a ella, mientras Hermione pretendía inútilmente controlar el temblor de su cuerpo que amenazaba con romper nuevamente en llanto, maldiciéndose para sus adentros por su debilidad física, y, más aún, por haberse dejado quitar la varita.
- ¿Sabes, "asquerosita"?- le llamó la atención deteniéndose frente a ella, pero a prudente distancia, con una voz tan cantarina como venenosa.- Hasta llorando te ves preciosa…- "Rabia"… Eso era lo que sentía Hermione, y se lo hizo ver con la mirada. Zabbini se relamió en un modo repulsivo.
- ¿Para qué me trajiste aquí?- preguntó ella, impregnando la pregunta de un valor que no tenía. El slytherin comenzó a reír descaradamente.- ¿Piensas matarme?- El seguía sonriendo, poniéndola nerviosa.
- Quizás…- murmuró atusándose la barbilla como si la idea no fuera del todo desagradable.
- ¿Y qué esperas?- comenzaba a desesperarse.
- Me gusta tu miedo… quería disfrutarlo.- se encogió de hombros, como si aquello fuese una declaración muy normal.- Pero veo que te estás reponiendo… ¡Lástima!...- suspiró malhumorado.- Ahora…- Sus ojos adquirieron una malicia atemorizante- Podrías comenzar por quitarte la ropa…
Era difícil tener una idea clara respecto a cuanto tiempo pasó realmente entre que esas palabras llegaran al oído de Hermione y que ella comprendiera el significado. Y aún le tomó más tiempo entender porqué Zabbini no estallaba en un ataque de risa, como era esperable tras una broma de ese tipo… Porque… era una broma… Debía serlo… ¿O no?.
- ¡Vamos, Granger!- exclamó en una fingida súplica. Ella seguía pálida… Estática…- ¿No lo harás?
- ¿Estás loco?
- Define "loco"…- volvió a reír, pero dejó de hacerlo bruscamente.- Si no lo haces por las buenas… entonces…- comenzó a alzar la varita apuntando hacia ella. Hermione tragó aire presa del pánico frente a la muerte. Fue un instante corto, pero suficiente para ver gran parte de su vida pasar por su mente en destellos sucesivos. El mortífago despegó los labios.
- Imperio…
No… no estaba muerta… estaba conciente de todo… Respiraba… pero no por voluntad propia… Algo, superior a sus fuerzas, comandaba cada uno de sus músculos… Intentó oponerse, hacer resistencia a aquella extraña necesidad de acercarse al mortífago, pero no podía. Lo oía hablar… Decía algo venenoso, en un tono sarcástico, caminando hacia ella, encontrándola. Era un estado de disociación entre su mente, que luchaba con todas sus fuerzas por oponerse a el, y su cuerpo, que aceptaba dócilmente aquel abrazo, y respondía a un húmedo beso, acariciándolo… No estaba muerta… Era peor que la muerte.
Los labios de Zabbini descendían por su cuello, mientras sus manos la acariciaban groseramente. Algo dijo en su oído, que ella, gritando mentalmente no alcanzó a oír, mientras el la hacía caer sobre el piso de tierra y hojas secas, desplomándose pesadamente sobre ella. Las manos de él la apretaban con fuerza donde pudiera ser más doloroso, hasta hacerle daño. Sus besos bárbaros herían sus labios, mordisqueándolos, y las pesadas piernas del mortífago comenzaban a deslizarse entre las suyas, separándolas y generando en Hermione tal terror interior, que un par de músculos se tensaron en su cuerpo, haciéndola oponer una débil resistencia. Y Zabbini lo notó.
- ¡¿Qué demonios!- Exclamó sorprendido.- ¿Qué fue eso, "mugrosita"?- se apoyó sobre sus brazos contemplándola bajo el. Comprobando su rostro inexpresivo. Sonrió… Bajó su mano hasta su pantalón… pero antes de poder hacer algo, un par de palabras con olor a muerte, precedieron a una hebra luminosa que surcó el aire, y Zabbini cayó desplomado, cuan largo era, sobre el cuerpo de Hermione, con la mirada perdida en el vacío.
Draco se acercó a ella, quitándole el cuerpo inerte del otro Slytherin de encima, e intentando incorporarla, sacarla del hechizo.
- ¡Granger!- le gritó.- ¡Granger!... ¡Maldita sea! Despierta, Hermione… - El cuerpo de la joven volvió a tensarse. Pestañeó, y, de un golpe, rodeó a Draco con sus brazos echando a llorar…- Tranquila…- ¿Qué decir en un momento así? El joven no tenía idea. Ella dejó de llorar de golpe y rompió el abrazo, lentamente, temerosa, hasta enfrentarlo. Draco aún llevaba la negra capa, y la blanca máscara, sostenida sobre su cabeza. Ella volteó a mirar el cuerpo de Zabbini… y luego… al otro mortífago frente a ella, y se echó hacia atrás, arrastrándose en el suelo para alejarse de él. Draco comprendió, e inclinó la vista.
- Tú… Tú lo mataste…- El asintió. Y ella echó a llorar hundiendo la cara entre sus manos. Malfoy la observó unos momentos en silencio.
- Vamos… Será mejor que te vayas de aquí… Aún no se sabe qué ocurrirá esta noche, y si te encuentran…
- Accio Varita- chilló una voz a sus espaldas, y la varita de Draco salió expelida de sus manos, directo a las de Pansy, que sonrió macabra. Hermione fijó sus ojos en la muchacha, que contemplaba la escena con ojos chispeantes, destilando venganza.- Sabía que algo te ocurría con "esa", pero no creí que llegaras tan lejos, Draco… ¿Cómo has podido hacerlo?
- Pansy…
- ¡Yo te amaba!- gritó histérica. Algo en Hermione le dijo que esa expresión era digna de espanto. Draco analizaba todo en busca de una solución desesperada, a merced del despecho de una loca, que alzaba la varita en dirección a ellos. En un acto casi reflejo, el se enfrentó a ella, ubicándose por delante de Hermione.- ¿A quién intentas proteger?- sonrió la joven burlesca.- No seas tonto, Draco… Mi hechizo no va para ella… Es a ti a quien quiero… Tú eres el culpable de todo…- Por más que Hermione intentara comprender el sentido de las palabras de Pansy, no podía hacerlo, y menos cuando la joven comenzaba a pronunciar el hechizo, destilando odio, y Draco tomaba aire, dispuesto a enfrentarlo.
- "Crucio"…- Malfoy ahogó un grito doloroso mientras caía irremediablemente sobre sus manos y rodillas contra el suelo, en un intento inútil de protegerse de aquella sensación de punzadas dolorosas recorriéndole el cuerpo, y concentrándose en los puntos más sensibles. Sentía los labios romperse por golpes provenientes desde el interior, sus ojos a punto de estallar y su cabeza martilleaba como si una Bludger arremetiera contra ella en repetidas ocasiones.
- ¿Verdad que duele?- siguió Pansy, acercándose un par de pasos hacia el joven. Hermione la miró a los ojos, pero la expresión de la Slytherin era extraña. Parecía no conciente de su presencia, como si lo único que existiera en aquel instante era el rubio que convulsionaba dolorosamente a sus pies, deleitándola.- Tu mismo me lo dijiste una vez… ¿recuerdas?... Que no existía nada tan terrible como aquella sensación de centenares de cuchillos clavándose en tu cuerpo…- Los brazos de Draco temblaban, mientras intentaba sostenerse en ellos, volteando a mirarla. Pansy sonrió macabra.- "Crucio"...- repitió el hechizo, y un corto quejido escapó a través de la garganta de Draco, por mas que intentaba reprimirle, obligándolo a desplomarse nuevamente, recogido sobre si mismo, temblando en forma incontrolable.- ¿Qué se siente ahora, Draco?- preguntó aparentando curiosidad, mientras se inclinaba ante el.- ¿Siguen siendo cuchillos, o es peor?...- intentó acercar su mano para correr un rubio mechón del rostro contraído, pero el joven evitó el contacto, mirándola con odio, para volver a desplomarse frente al esfuerzo y el dolor. Los ojos de Pansy se nublaron instantáneamente.- ¿Crees que eso es dolor?- rió rencorosa.- "Crucio"…
El grito que salió de los labios de Draco fue tan intenso, que Hermione sintió una punzada golpear fuerte en lo más profundo de su alma. En los ojos de Pansy se veía un odio enfermizo… Intentó arrastrarse hacia Draco, pero un nuevo grito desgarrador salió de la garganta del muchacho, ante un nuevo "cruciatus", y ella sintió algo interponerse en su camino: la fría mano de Blaise empuñando su varita.
- ¿Y qué sientes ahora?- volvió a preguntar Pansy, acariciando el cabello platinado, sin que el joven pudiera esta vez evitar el contacto, a causa de las entrecortadas convulsiones que le habían hecho perder dominio sobre su cuerpo.- ¿Sientes que se te escapa el alma por la boca? ¿Sientes que no puedes soportar más? ¿Sientes que morir sería una bendición? ¿Quieres morir?- Unas gruesas lágrimas descendieron por las mejillas de Pansy.- ¿Duele mucho, verdad? Pero, déjame decirte, que ni veinte crucios se comparan con lo que tú me has hecho… Podría seguir hasta matarte… y ni aún así sabrías cuanto duele amar… y ser traicionada…
- ¡Expelliarmus!- Pansy cayó de lado contra el piso, pero aun sosteniendo la varita, mientras Hermione la contemplaba, presa de una extraña expresión en su rostro, apuntándola amenazadoramente.
Fueron varios segundos de un silencioso enfrentamiento, en que analizaban miradas y reacciones en busca de respuestas, buscando predecir el próximo movimiento de su oponente. Pansy comenzó a incorporarse, lentamente, con la varita aún alzada. La voz de Hermione tembló.
- ¡De… Detente!- intentó exigir. Pansy paladeó aquel miedo, y se sonrió, poniéndose de pie, a un par de metros de la Gryffindor, con Draco entre ambas, gimiendo aún.
- ¡No estas en posición de exigirme nada, "sangre sucia"!- le gritó con una furia extrema, dando un paso hacia delante.
- ¡Te dije que te detengas!- gritó la castaña nuevamente, con la mano en que sostenía la varita temblando incontrolablemente, lo que hacía mucha gracia a Pansy.
- ¿O qué harás?- sonrió dando otro paso.- ¿Un "expelliarmus"? ¿Un "Petrifficus"?- se burlaba con arrogancia.- Nunca has sido buena en los enfrentamientos, Granger… porque aunque conozcas bien cada hechizo, no tienes las agallas para usar ni la mitad de ellos, siempre con temor a quebrantar una regla, a hacer algo que vaya contra tu ridícula conciencia…- Hermione intentó aparentar determinación, pero su mano seguía temblando, impidiéndole pensar en nada.- ¡Solo mírate: tiritas como una tonta!- dio un nuevo paso, quedando a estrecha distancia del cuerpo casi inmóvil de Draco, hacia quien volteó su mirada, alzando la varita sobre el, deleitándose con el horror en el rostro de Hermione ante aquel nuevo tormento para su amante. Quería que sufrieran ambos… él por el dolor físico, y ella, por él…
La desesperación de que era presa la Gryffindor, no le permitía pensar con claridad… Se sentía al borde de un abismo sin fin, y entre el miedo y la angustia, en su cabeza no apareció más que una solución…
- Cru…- había comenzado Pansy, pero el inicio de un hechizo a su lado, le hizo voltearse, incrédula, horrorizada.
- Avada…- Hermione parecía dominada por la desesperación, pero sus labios se cerraron de golpe, y retrocedió espantada de si misma… el alma de Pansy dio un respiro, y ella sonrió divertida.
- ¡Termínalo!- La castaña seguía con la varita alzada, pero muda.- ¿No puedes?- volvió a alzar su varita. Hermione retrocedió.- ¿Y si lo amenazo otra vez? ¿Matarías por defenderlo?- analizó la expresión enmudecida de su oponente, que alzo su varita con determinación.- Él nos traicionó a todos por ti… Mató a Zabbini por ti… ¿lo amas lo suficiente como para matar por él?- La joven seguía muda. Pansy sonrió.
- Sí.- respondió con una firmeza que no creía tener. La sonrisa se borró de los labios de Parkinson.
- No te creo… Matar no es simplemente decir el hechizo… Una parte tuya se desgarra al hacerlo, y tú lo sabes… Por eso te detuviste… Aún sabiendo que no hay otra solución, que la única forma de acabar con su dolor es matándome… aún así, te detuviste… porque no estás dispuesta a perder tu alma por él…- volvió a sonreír, en una mueca dolorosa.- y el muy tonto cree que en verdad lo amas…- alzó su varita, Hermione también la suya, amenazándola.- ¡Hazlo!... – la aludida apuntó hacia el corazón de Pansy. Su mano ya no temblaba. Despegó sus labios, y un rayo verde cruzó el aire, directo hacia la Slytherin, quien, aún incrédula, cayó de rodillas sobre el piso, con su mirada vacía, mientras el peso de su cuerpo le llevaba al suelo.
Hermione estaba atónita. Había alzado la varita… Había abierto los labios, pero el conjuro seguía retenido en su garganta… Seguía ahí… Y entonces volteó a mirarlo… Y Draco, con el peso de su cuerpo apenas sostenido por uno de sus brazos, empuñaba la varita de Zabbini, directo al corazón de Parkinson.
Fueron solo segundos, en que intercambiaron una mirada extraña, una mirada de comprensión, y luego, sin previo aviso, el mortífago cerró sus ojos grises y se desplomó contra el suelo.
-MvsG-
Cuando Harry sintió su varita caer a sus pies, arrojada por Draco, no tuvo mayor tiempo de pensar en la extraña situación. Su único interés en ese instante era comprobar la credibilidad de las palabras de Bellatrix. Lentamente, recogió su varita, y lentamente se acercó a la entrada de las escaleras que conducían a la sala de Dumbledore. La puerta seguía abierta. Una infinidad de preguntas nacían en el interior del joven mientras avanzaba hacia el cuarto. Abrió la puerta, la que hizo un chirrido sordo en medio del tormentoso silencio. Avanzó… Un cosquilleo invadía su garganta. Fowkes, sobre el pedestal que le sostenía, asomaba su pequeña cabeza de entre las cenizas. Los distintos directores de los cuadros que rodeaban el salón, contemplaban la entrada del chico en un extraño mutismo… expectantes. Y entonces, recién entonces, Harry se atrevió a ver lo que tenía en frente… Algo en su interior se quebró. Inclinándose junto al cuerpo inerte del anciano, que yacía en el piso detrás de su escritorio, una extraña sensación de incredulidad recorrió los pensamientos de Harry. Pero esto duró poco, pues dio paso, rápidamente, al dolor, el miedo, la inseguridad, y la ira… ¡La Ira!...
La puerta volvió a abrirse tras de el, pero Harry no volteó a mirar, pues ya nada importaba realmente. Ya nada podía hacer, y es que… ¿cómo podría el hacer algo ahora que estaba solo? Durante todo aquel tiempo, siempre había tenido la esperanza, por remota que fuera, de salir victorioso del enfrentamiento final que le esperaba… Tener a Dumbledore a su lado alimentaba esa esperanza… Pero ahora…
- ¿Ya te has convencido?- rió Bellatrix tras de el. Harry se volteó lentamente, pero sin responderle.
La mujer no estaba sola. Al parecer, se había recuperado del ataque de Draco, y buscado refuerzos. Un mortífago enmascarado ingresaba junto a ella, apuntándole con la varita.
- Vamos, Harry…- siguió la mujer, retomando su voz divertida.- Un par de amigos te esperan allá afuera…- "Amigos". La palabra retumbó en la mente de Harry, haciendo un eco sordo, pero, sin darle tiempo a reaccionar, la pesada mano del mortífago lo jalaba de los cabellos, obligándolo a incorporarse.-¡Con cuidado, Macnair!...- exclamó pero sin oponerse demasiado.- No hay que hacerle daño al niño… Recuerda que Nuestro Señor lo quiere completo…- se mordió el labio. Harry le lanzó una mirada asesina, mientras echaba a andar delante de ellos, apuntado por ambas varitas.
Caminaron hasta la salida en un extraño mutismo, hasta que, tras abrir la puerta del castillo, Harry no pudo reprimir un alarido al ver el terrorífico espectáculo: Al menos una veintena de mortífagos se repartían en el lugar, rodeando a profesores y alumnos, que, abatidos, o inmovilizados, dirigían sus miradas a Harry, expectantes.
- ¡Camina!- le ordenó Bellatrix, aventándole un empujón que le hizo caer hacia delante, sobre sus manos y rodillas, al pie de la escalera. Harry sintió el piso mojado, una humedad espesa. Examinó sus palmas instintivamente: sangre. Se incorporó lcon lentitud sobre sus pies. El final había llegado.
- ¿Dónde está Voldemort?- preguntó enfrentando a Bellatrix, quien dejó de reír al oír aquel nombre.
- ¿Cómo te atreves, insolente?- sus ojos chispeaban de ira.- Cru…
- ¡No!- le detuvo un nuevo mortífago, que llegaba junto a Harry.- Ya sabes cuales son las ordenes, Bella…- La inconfundible voz de Lucius Malfoy retumbó en los oídos de Harry.- El "niño que vivió"…- sonrió burlesco.- Debe llegar vivo hasta él… Vivo y tan completo como sea posible…
- ¿Dónde está? - siguió Harry, intentando no mostrar afectación por las palabras dichas, mientras sus ojos pasaban desde Tonks, con un labio roto, hasta McGonagal, quien presentaba un cabello tan extrañamente despeinado, que de haber sido otra la circunstancia, el muchacho habría reído de la cómica posición de su profesora. Pero no rió. Siguió buscando con al vista, haciendo cuenta de quienes estaban ahí, y quienes faltaban. Hagrid no se veía por ningún lado, ni Snape… ¿sería que Snape?... era mejor no pensar en ello. Fijó su rostro en Ron, quien estaba bajo la varita de un encapuchado muy alto, junto a Ginny… y Luna.
El intercambio de miradas entre ambos fue en verdad extraño. Era como si la joven lograra leer su mente, sonsacar sus pensamientos. Tenía su cabello revuelto, su rostro más pálido que lo normal, pero sin ninguna magulladura, ninguna muestra de daño físico. Pero sus ojos… Ellos decían otra cosa… Había leído en la mirada de Harry el motivo de su desesperanza, y lo compartía. Porque ella también sabía que la oscuridad había llegado. Se puso de pie, tan lentamente, que nadie lo noto. Pero siguió ahí, estática, sin decir nada, solo mirándolo fijamente.
- ¿En verdad creíste que el vendría aquí por ti?- se burló Lucius.- ¡Eso da muestra de tu gran ego! No, Potter… El no vendrá por ti… Tu debes ir a él… Te está esperando…- Harry enfrentó aquella mirada fría… Esa mirada gris anunciando desgracias.- Te ha esperado por mucho tiempo… Será mejor que no abuses de su paciencia…- volvió a sonreír, haciendo una señal a Bellatrix. Harry sintió a la mujer acercarse a sus espaldas… A su oído.
- ¡Buh!- exclamó, haciéndolo dar un salto sobre si mismo, para luego reír divertida.
- ¡Déjate de bromas, Bella!- chilló Lucius impacientándose. Harry advirtió como Lupin, detrás de Malfoy, se deslizaba lentamente hacia una varita olvidada sobre el pavimento, casi a los pies del mortífago.
La mujer se acercó a Harry sonriendo, y estiró su mano frente a las narices del joven, con la palma hacia arriba, y con un movimiento giratorio de su varita, hizo aparecer ante ambos una refulgente esfera, del tamaño de una Quaffle. Los ojos de Luna se abrieron desmesuradamente, y dio un paso hacia delante.
- Solo tienes que tocarla, y estaremos con el…
- ¿Qué pasará con ellos?- preguntó aparentando entereza. Era ridículo intentar negociar, cuando no tenía otra opción, pero los dedos de Lupin enroscándose en torno a la varita, y el silencioso asentimiento de Tonks, le dio a entender que necesitaba darles el máximo de tiempo, distrayendo a los mortífagos.
- Si colaboras…- Bella se mordió el labio.- Nada… Al menos por ahora…- Harry seguía sin moverse. Advirtió como un par de escobas sigilosas llegaban entre los árboles… sombras conocidas por el… El ojo falso de Moody destelló en la oscuridad.- ¡Vamos, niño, tonto… no tenemos toda la noche!- Harry acercó la mano, lentamente, haciéndola impacientarse. A lo lejos, sonaron los ladridos de Fang.
- ¡¿Pero qué demonios…!- gritó Malfoy, al tiempo que un desfile de destellos inundaron el lugar, Harry intentó caminar hacia ellos, pero la mano de Bellatrix se enroscó sobre su brazo, jalándolo hacia la esfera. Luna corrió hacia el… La mujer llevó su mano hasta el globo destellante, y, tras contactar con este, todo comenzó a dar vueltas, y los gritos de la batalla que comenzaba entre mortífagos y la orden, se perdió en el torbellino, mientras la mano de Luna apretaba fuertemente la de Harry, y los tres cuerpos que rodeaban la esfera, desaparecían en un torbellino de luces, en medio de una nueva batalla…
-MvsG-
Bueno... Gracias por leer! Y Muchos besos… Críticas, favor adosarlas a sus reviews…
Recomendación: Si a alguno de ustedes les gusta el área quirúrgica, les recomiendo un libro excelente:"Cirugía de Urgencia" de Moshe Schein… Y si no… Lean por fis, "El mundo de Sofía" Que y creo que nadie puede dejar de leerlo! Un beso gigante para todos ustedes… Y lamento que el capi me quedara tan largo… Pero tiene de todo…. Ja j aja… Besos.
