Disclaimer: Ya lo dije, lo repito por las dudas: mis derechos sobre Glee son proporcionales a mis habilidades vocales. Me han querido echar de mi propio cumpleaños por cantar, así que sacad vuestras propias conclusiones.

Damage Points

Capítulo VII:

«Saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las cobardías». Confucio.

Blaine había tomado la decisión la misma noche en la que Kurt los había pillado a él y Jeremiah en la sala de su casa, y había actuado todo el fin de semana como un león encerrado en una jaula, siendo su habitación su propia cárcel. No había sido un plan demasiado elaborado, sino algo que había llegado a su cabeza para darle un poco de paz mental. Entre todo el encuentro de emociones que sacudían su cuerpo y rondaban su mente, había algo que tenía muy en claro: necesitaba poner a Kurt Hummel en jaque, tenerlo en un punto en el que no pudiera decir absolutamente nada. De alguna forma, sentía que la proporción de lo que sabía el joven sobre él era mucho más comprometedor que lo que el mismo Blaine tenía para mantenerlo con la boca cerrada.

Necesitaba más.

No estaba seguro si había tomado la ruta correcta; sólo sabía que tenía que hacer valer una oportunidad que difícilmente volvería a presentársele y, sin poder pensar las cosas en frío, todo le parecía bien. Blaine Anderson no tenía la costumbre de fingir enfermedades para quedarse en su casa —generalmente luchaba por salir de ella—, pero habían casos extremos que requerían de sus excelentes dotes actorales. Sus padres estarían fuera todo el día, por lo que únicamente había necesitado esa llamada de su madre avisando que Blaine no se presentaría ese día. Lamentablemente, una de las cosas malas de asistir a una escuela privada era que, tarde o temprano, los directivos terminaban poniéndose en contacto con sus padres. Si la mentira no comenzaba desde las raíces, no servía. Había pasado todo el domingo pretendiendo sentirse mal y el lunes había dado el golpe maestro rechazando su desayuno y luciendo unos enormes círculos oscuros bajo sus ojos. De alguna forma, la falta de sueño y el cansancio no había tenido que fingirlos; los pensamientos y conjeturas habían hecho lo suyo. Su madre lo había dejado quedarse en la casa y Blaine no había tenido que hacer más que cerrar la puerta de su habitación y decirle a Marie que no quería ser molestado durante toda la mañana porque quería descansar. Luego, escapar de su casa no había sido un problema.

Después de haber tomado dos veces el camino equivocado y de pasarse una luz roja por accidente, Blaine Anderson divisó el edificio que había estado buscando. Se mordió el labio con fuerza mientras, con el ceño fruncido, buscaba un lugar estratégico para aparcar. Luego recordó que aquello no era una maldita película de James Bond y que lo único que necesitaba era dejar el estúpido vehículo en algún sitio. Otro minuto más dando vueltas y estaba seguro que podría acabar mareándose.

La preparatoria McKinley era diferente a su academia Dalton en muchos sentidos, pero no dejaba de ser una estúpida escuela secundaria. Blaine se ajustó la bufanda alrededor de su cuello y se calzó los anteojos de sol para cubrirse innecesariamente de aquel suave resplandor de invierno. Cualquier excusa era buena para esconder aquellos círculos bajo sus ojos.

Los corredores de aquella preparatoria parecían mil veces más ruidosos que los de Dalton, quizás porque la academia a la que Blaine asistía era tan grande que difícilmente se aglomeraban muchos estudiantes en un mismo lugar. De alguna forma, la sensación le pareció refrescante y algo nostálgica. La gente allí parecía mucho más despreocupada.

Blaine hizo un rápido paneo general a los estudiantes que iban de aquí para allá, ganándose alguna que otra mirada curiosa. Con pasos lentos y observando todo atentamente, comenzó a caminar y a mezclarse entre la gente, pensando realmente qué podía hacer. No era como si realmente hubiese ideado un plan perfecto; simplemente había creído que tenía que meterse a la fuerza en la vida de Kurt Hummel, y su preparatoria parecía un buen lugar para comenzar.

—Vale, Hobbit del subdesarrollo, ¿qué demonios estás haciendo aquí?, ¿y por qué traes gafas?

Blaine brincó en su lugar cuando la familiar voz resonó en sus oídos. Se volvió sólo para confirmar que Santana López se encontraba frente a él, con las manos en las caderas y una muchacha rubia a su lado. Ambas tenían uniforme de porristas y aquella coleta alta sólo hacía que el rostro de la joven latina luciera aún más amenazante. Blaine tragó pesado y forzó una sonrisa, quitándose las gafas oscuras. Su masculinidad siempre estaba en juego cuando aquella chica andaba cerca.

—Santana, que gusto verte —comentó el muchacho caballerosamente—. Estaba… ehm… buscando a Hummel.

Uh-oh. Aquello no era parte del plan. Santana alzó una ceja y sé quedó estudiándolo por unos segundos, considerando si era un argumento válido o no. Blaine tragó pesado, intentando regalarle su mejor sonrisa y sabiendo que ya había jugado sus cartas y nada podía hacer para retirarlas.

—Te llevaré con él —comentó despectivamente—. De alguna forma, no confío en ti. Y, por favor, deja de sonreír de esa forma; me da ganas de golpearte.

Blaine sonrió de lado, intentando ocultar los nervios con sarcasmo.

—Gracias —respondió.

Los tres jóvenes, después de las presentaciones correspondientes con la otra muchacha, Brittany Pierce, atravezaron los corredores de la preparatoria, ganándose miradas de, posiblemente, la mitad del alumnado. Blaine no sabía exactamente cómo actuaría ni qué diría, por lo que pronto estaba arrepintiéndose de su plan —o de la falta de uno—. Generalmente no era del tipo de persona que se detenía a pensar mucho en las cosas, pero aquella situación era especial. Kurt Hummel, de alguna forma, lo tenía entre la espada y la pared. Y a Blaine jamás le había gustado sentirse amenazado, incluso cuando había pasado años viviendo condicionado por un secreto.

Después de doblar, Santana empujó una puerta del medio del corredor y entró, seguida de la muchacha rubia. Frunciendo el ceño, Blaine las siguió, sacudiendo las inexistentes arrugas de su saco de paño negro. Él no estaba nervioso. No, señor.

—Hey, Hummel, te buscan —llamó la chica.

Kurt se encontraba en el fondo de la sala, sentado sobre una de las sillas acomodadas en el fondo y conversando con una muchacha morena. Sus ojos celestes se abrieron como platos cuando chocaron con Blaine, que se quedó de pie junto a un piano de cola cerca de la entrada. Se puso de pie rápidamente, mientras el joven Anderson aguardaba con una expresión inescrutable.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —siseó.

—Necesito hablar contigo —respondió él únicamente, echando una nerviosa mirada alrededor.

—Woah, ¡Hummel está teniendo algo de diversión! —exclamó un muchacho con un mohicano, que se encontraba sentado en un rincón.

—Cierra el pico, Puckerman —respondió la joven de tez oscura, mientras Kurt arrastraba a Blaine fuera del salón.

Los dos muchachos transitaron rápidamente los corredores, que parecían haber comenzado a vaciarse, puesto que el reloj ya se encontraba cerca de la hora de comienzo del próximo período. Kurt lo llevó todo el camino de vuelta hasta el aparcamiento de la escuela. Una vez allí, sin ningún testigo presencial aparente, el joven más alto se volvió con las manos firmemente sobre sus caderas.

—¿Te molestaría explicarme qué haces aquí?

—Yo, bueno…

Un silencio prosiguió a la vacilación de Blaine, siendo luego interrumpido por música, cuyo volumen comenzó a aumentar progresivamente. I'm too sexy llenó el ambiente entre ellos, obligando a Kurt a alzar una delgada ceja. El joven Anderson metió la mano en el bolsillo de su abrigo torpemente, maldiciendo a Wesley incluso antes de poder chequear la llamada.

—Debo decirte que tu opción de esta vez es bastante escalofriante, tío —murmuró—. Y creí que Justin Bieber había sido tu propio límite.

No intentes distraerme, Anderson —dijo Wesley, en tono amenazante, prácticamente gritando del otro lado de la línea—. ¿Qué demonios estás haciendo en McKinley, cuando se supone que estás, oh, horriblemente enfermo en tu casa?

Blaine sonrió tensamente para sí mismo, con total seguridad que Kurt había escuchado todo eso, a juzgar por sus cejas alzadas y su expresión ligeramente curiosa. Claro, el disgusto era la emoción predominante en su rostro. Con un gesto tenso, Blaine se alejó del joven Hummel.

—Debo suponer que Santana te dijo algo —no era una pregunta; Blaine sabía que era la única opción. La última vez que lo había visto, Wesley no tenía poderes psíquicos ni había instalado un GPS en su trasero—. ¿Podemos hablar luego?

Hablaremos mañana —respondió su amigo, con un suspiro—. Te daré tiempo para armar una buena excusa. Por lo menos, me debes eso. Te cubriré con el coro.

Blaine sonrió de lado, olvidándose momentáneamente del problema a unos metros de él, personificado en el cuerpo de Kurt Hummel.

—Vale, gracias —respondió—. Adiós, Wes.

El muchacho guardó su teléfono en el bolsillo nuevamente, y volvió junto a Kurt, aún sin tener una buena excusa dentro de su cabeza. Se quedaron allí en silencio, Blaine evitando la mirada del otro joven y pensando exactamente qué decir.

—¿Puedo invitarte a un café? —preguntó secamente.

—No —fue la única respuesta de Kurt.

—¿A una soda? —probó el joven de Dalton, suspirando—, ¿un jugo?, ¿un helado?, ¿veneno?

—Estás perdiendo tu tiempo, Anderson —dijo el más alto secamente—. Si lo que te preocupa es lo que puedo llegar a decir, no tienes que hacerlo. Ya te lo he dicho: sé guardar un secreto.

—No es eso —afirmó Blaine, su seguridad flaqueando ante la mirada escéptica de Kurt.

—Oh, mira tú, ¿así que finalmente has encontrado a tu príncipe, Cenicienta?

La expresión en el rostro de Kurt se modificó notablemente, cambiando su ironía por tensión, con la respiración contenida, incluso cuando no podía ver quién había hablado. Blaine, por el contrario, tenía una perfecta visión del muchacho de pie cerca de ellos: alto, fornido, con una chaqueta deportiva y una sonrisa de burla. No era muy difícil deducir cuál era la relación que él y Kurt tenían, a juzgar porque el otro muchacho detrás de él —con el mismo aspecto de deportista fornido y bruto— parecía más bien listo para disfrutar del espectáculo que para formar parte de él.

Blaine vio en silencio como Kurt suspiraba profundamente, antes de volverse.

—Déjame en paz, Karofsky.

El joven le ofreció una sonrisa aún más socarrona.

—Oh, ¿quieres que te deje para que puedas besuquearte con tu noviecito?

—Discúlpame, pero creo que estás confundiendo las cosas —cortó Blaine, mirando al tío despectivamente—. Nosotros no somos novios.

El jugador de futbol lo miró como si fuera algo insignificante. Su trato no era correcto, pero físicamente había algo de cierto en él: en comparación con aquel muchacho fornido, Blaine parecía mucho más pequeño, casi intranscendente. Esa sonrisa petulante y desagradable jamás dejó su rostro, incluso cuando se volvió hacia Kurt.

—¿Qué?, ¿hasta tu propio novio te niega, marica?

—Piérdete, Karofsky —insistió Kurt, suspirando sonoramente. Su voz se notaba tensa, casi al borde de colapsar.

Y Blaine seguía allí, sin saber qué hacer. Estaba inmóvil, sintiendo como su propia mente se perdía lejos de allí. No podía lidiar con ello, y le costaba imaginarse que alguien como Kurt soportara aquello todos los días, sin hacer nada al respecto. Realmente el abuso físico era malo, pero, en ese momento, estuvo seguro que no era eso lo peor. Ser tratado así todo el tiempo… decir que debía ser difícil era realmente darle muy poca importancia.

Un grupo de muchachas pasó riendo cerca de ellos; Karofsky simplemente le dio una última mirada a Kurt, antes de alejarse con el otro tipo. El joven Hummel se quedó allí y cerró los ojos un momento, regularizando su respiración. Luego le dio una mirada cortante de soslayo a Blaine.

—Gracias por tu ayuda —ironizó—. No sé qué haría sin ti.

—Pero yo… yo estaba… intentando.

—Defenderte a ti mismo, Anderson, sí —soltó con desprecio—. No tienes que decírmelo.

—Pero él creía que—.

—Sé lo que creía y, gracias a Dios, sé que no es posible un tu y yo, pero no era algo que me interesara que ese idiota supiera —soltó de sopetón, provocando que Blaine tuviese que tomarse su tiempo para comprender sus palabras—. Pero, por supuesto, tú no podías sentirte ofendido de esa forma, ¿cierto?

—Kurt —cortó Blaine, olvidándose del frío trato que había estado dándole—, yo no me sentí ofendido por ser emparejado contigo. Yo sólo….

El joven Hummel se quedó un momento mirándolo fijamente, antes de suspirar y cerrar los ojos.

—No me interesa —musitó él, volviendo a mirarlo con frialdad—. Sólo asegúrate de no regresar aquí nunca más, Anderson, ¿de acuerdo?

Y fue con aquellas palabras que Kurt se alejó, dejando a Blaine allí, mientras los pasos iban perdiéndose en el aparcamiento vacío. No comprendía muy bien la situación ni tampoco quería analizarlo en exceso, pero no podía evitar aquel malestar en el pecho y esa anormal sensación de culpa que lo corroía por dentro. Sabía que Kurt Hummel tenía razón y que todo el tiempo había sido un maldito cobarde, pero siempre había estado bien con ello.

Por primera vez en años, Blaine deseó ser un poco más valiente y poder probarle a Kurt que las cosas no eran como él creía.

N/A: Sufrí escribiendo este capítulo y no podía terminarlo —gracias a The Strokes (got my freakin' tickets for their show!) con su Metabolism, que me permitió terminarlo y se agrega a la lista de reproducción—. Encima, para colmo, se me terminan mis mini-vacaciones, así que... no sé, me supera la situación haha. Además he terminado por fin mi primer Slash original y... ufff, ¡eso si que ha tomado trabajo! En caso que quieran leerlo, he dejado el link de descarga en mi Facebook y en mi Twitter (que están ambos en mi perfil).

Muchísimas gracias a todas las que siguen la historia y comentan los capítulos; realmente es muy lindo llegar y ver sus reviews, las alertas y los favoritos, enserio. Créase o no, en los próximos capítulos comenzarán a ver más Klaine propiamente dicho. Habrá también un poco de drunk!Blaine, que sé que es algo que a todas nos gusta haha. Me pondré a escribir en cuanto pueda e intentaré actualizar pronto; ya les digo, si quieren matar el tiempo, tengo el original de nueve capítulos y, además, seguiré subiendo los drabbles de PL.

Un gran saludo para todas. Nos leemos prontito.

MrsV.