Estoy de vuelta con un nuevo capítulo, gracias a todos los que dejáis un comentario, me entusiasma leerlos y saber lo que opináis. Espero que os siga gustando la historia. Un abrazo a todos.
CAPÍTULO 8 – VUELVEN LAS MISIONES PARA LOS BENJAMINES.
Amelia Bones, al verme, se levantó rápidamente de su despacho y me saludó afectuosamente, repasándome de arriba abajo, comprobando si veía alguna herida. Habíamos llegado a apreciarnos mutuamente y tenía la impresión de que me había medio adoptado, se preocupaba demasiado por mí y una sonrisa de agradecimiento apareció en mi rostro por el cariño que siempre me demostraba. Los dos aurores, reconociendo el lugar, habían salido de mi bolsillo para transformarse inmediatamente a su forma humana y saludaron formalmente a la ministra.
— Harry permíteme presentarte a mis dos mejores aurores — me dijo Amelia orgullosa— Krystel Bey y Landon Cohen.
Me adelanté para estrechar sus manos, los dos debían rondar los veinticinco años, Krystel, que resulto ser el mosquito, era delgada, de una altura media, morena, de bellos ojos avellana y graciosa nariz respingona y Landon era todo musculo, me pasaba casi una cabeza de altura, de ancha espalda, moreno, de ojos negros y aunque mi masa muscular no era nada despreciable me sentía algo pequeño a su lado, no entendía como podía tener un animago tan pequeño.
— Ha sido un honor poder acompañarle Sr. Potter — comentó Landon al estrechar mi mano.
— Gracias a ustedes, si las cosas se hubieran puesto difíciles me hubieran ayudado mucho — respondí agradeciéndoles.
— ¿Cómo fue todo Harry? — preguntó Amelia, denotando ansiedad en su voz, y nos señaló los sillones que tenía en su despacho para que nos sentáramos todos.
—Déjame un minuto para mandar un mensaje, hay alguien que estará algo preocupada — le pedí sonriendo, pensando en Katherin que estaba esperando en casa.
Una vez sentados, saqué un pequeño pergamino de mi bolsillo y escribí un mensaje para que lo recibiera en el pergamino encantado que le había dado horas antes: "Estoy bien, ahora reunión con Amelia, tardaré un poco en llegar- HP".
— Gracias — le agradecí a la ministra por darme el tiempo de enviar el mensaje mientras guardaba nuevamente el pergamino. — Bien, la reunión se ha acercado mucho a lo que me esperaba, no creía que me dejaran ver sus caras y efectivamente se escondieron cobardemente entre las sombras de manera muy teatral. — Y le empecé a explicar la conversación con los miembros de la orden del Alba Dorada. — Creo que no quieren eliminarme — continué — al menos no de momento. Estuvieron muy interesados en mis futuros herederos y me dejaron muy claro que no les gustaba la elección de mi esposa, pero no creo que piensen en mí como en su líder, me temen y envidian mi poder, aunque son conscientes que no podrían manejarme. Me dio la impresión de que me veían como quien les va a entregar a su líder, pero van listos si creen que podrán acercarse ni a diez metros de mis futuros hijos, si es que alguna vez hay algún heredero Potter.
Amelia quedó pensativa y preguntó a los aurores si habían visto algo más.
— A mi parecer, la conclusión del señor Potter es acertada, estuvieron muy interesados en el futuro heredero Potter y no pusieron mucho hincapié en convencerlo para volver al mundo mágico, sí lo intentaron, con muy poca mano derecha si puedo añadir, pero sin insistencia, como si ya esperaran una respuesta negativa — comentó Landon mirándome para encontrar mi aprobación y moví la cabeza afirmativamente.
— ¿Poca mano derecha? — preguntó curiosa Amelia.
— Digamos que algunas de sus palabras llegaron a enfadarme bastante — le comenté frunciendo el ceño al recordar.
— Si me permiten el atrevimiento Sr. Potter — intervino Krystel — el bastante queda un poco alejado de la onda de magia que desató en aquella sala.
Amelia me miró curiosa y solo levanté los hombros sin darle importancia y sonreí a Krystel que se sintió algo intimidada. Sin decir nada cogí pergamino y una pluma de la mesa de Amelia y apunté doce nombres.
— Vigiladlos, son las doce personas que estaban en la sala — le pedí a Amelia entregándole la lista con los doce nombres.
— Pero ¿Cómo? — preguntó confuso Landon al ver la lista, ni él ni su compañera habían podido identificarlos y consideraba que estaban muy bien entrenados con el programa especial que habían seguido.
— Por mucho que se escondieran entre las sombras, tengo mis propias maneras para identificarles — le aclaré al auror viendo su curiosidad brillar en los ojos — Si seguimos trabajando juntos quizás algún día os revele mi secreto — contesté enigmático, no iba a decirles que podía entrar en las mentes y leer sus recuerdos y pensamientos.
— Seria un grato honor aprender de usted — aseguró Landon con sinceridad.
— Pero solo con la condición de que no volváis a llamarme de usted, solo tengo diecinueve años, con Harry estará bien.
El resto de la reunión fue para empezar un dosier para cada uno de los doce nombres, sus familias, negocios, contactos, situación financiera. Les di un lugar aproximado de donde nos habíamos aparecido para que investigaran y al terminar hice una copia de todo para podérmelo llevar.
—Tengo que irme Amelia, espero noticias, ya sabes como contactarme, creo que el lunes me adjudican misión y no sé si voy a estar cerca.
Los saludé a todos y desaparecí del despacho dejando entre sus manos el grueso de la investigación. En casa Katherin esperaba ansiosa, aunque había leído sin problema el mensaje no se sintió tranquila hasta que me vio aparecer.
—Hola princesa — saludé con un dulce beso que poco a poco se volvió más fogoso — Mmm. Veo que me has extrañado mucho — susurré en su oído sin dejar de abrazarla.
— ¡Claro que te extrañé! Como quieres que no extrañe a alguien tan sexy y dulce como tú — Volvimos a besarnos y sin avisar a nadie de mi llegada, desaparecimos hacia nuestra habitación para demostrarnos todo lo que nos queríamos sin necesidad de palabras.
El domingo por la noche, ya en el barracón después de haber dejado a Katherin en su casa, les conté a mis compañeros la conversación que tuve con el comandante y que seguramente volvíamos a estar en activo para las grandes misiones y todo fueron gritos de alegría, abrazos y entrechocar de nuestras manos.
Y no me equivoqué, el lunes, nos avisaron que nos presentáramos en la sala de estrategias a primera hora, y no precisamente para adjudicarnos una misión en la que debíamos salvar al gato del ministro, sino para una operación conjunta con el MI5. Iba a ser una redada a gran escala, donde se iba a arrestar a diversos sujetos en diferentes puntos del país al mismo tiempo, para desarticular un importante grupo de traficantes de armas que ponían en peligro la seguridad nacional.
Nuestro capitán nos explicó que era el punto final de una larga investigación de muchos meses que llevaron a cabo los del MI5, solicitaban nuestra apoyo al haber quedado satisfechos en nuestra última colaboración al evitar el atentado del presidente americano. El capitán me sonrió al comentar que habían hecho hincapié en que deseaban que en el equipo se incluyeran las mismas personas que la vez anterior por su gran efectividad.
El equipo estaba formado por nosotros cuatro, Hugo, Troy, Brian y William además de la de la patrulla de Axel Taylor con Frank Nelson, Mike Jones, Ivan Scott, y la otra patrulla de Justin Green con Brad Olson, Joe Barnes y Lucas Fox, con los que hacía mucho que no trabajábamos y nos alegró encontrarnos de nuevo.
— Se van a trasladar a las oficinas del MI5 en su sede de Thames House, — continuó explicando el capitán — donde les darán las indicaciones de la misión, el agente Robertson los recibirá en cuanto lleguen. Werner está al mando del grupo— informó dirigiéndose a Hugo — Espero lo mejor de ustedes, pueden retirarse.
Nos trasladamos inmediatamente hacia Londres en ropa de calle, allí nos darían todo el equipo necesario, pero cada uno de nosotros llevaba encima su juguete preferido, pequeñas armas atadas al tobillo o cuchillos de todas las medidas, el mío era aquella pequeña pistola de plástico de radio frecuencia de la que no me separaba nunca y que todos los que sabían de su existencia me envidiaban.
Cuando llegamos a las dependencias del MI5, después de pasar muchos controles de seguridad y de identificación, ya nos esperaba el agente Robertson, que tras las presentaciones, nos acompañó a una gran sala donde estaban al menos unas cien personas.
— Tomen asiento señores, los estábamos esperando — se oyó la voz del que parecía la persona al mando al vernos entrar — y sean bienvenidos.
Nos entregaron una carpeta con la lista de las personas a las que se iba a detener, con fotografías de cada uno de ellas, un resumen de su vida delictiva y las personas que normalmente los acompañaban. Nos extrañamos que nos entregaran tan poca documentación y pareció que el agente Robertson nos leyó el pensamiento.
—Este es un dosier general van a dividirnos en grupos y cada grupo tendrá una amplia documentación de la misión que se le haya adjudicado no se preocupen — explicó en voz baja.
Como comentó Robertson dividieron a todo el personal en grupos de doce personas. Íbamos a acceder a ocho lugares diferentes al mismo tiempo. Era una misión muy ambiciosa, querían entrar en todas las casas al mismo tiempo para que ninguno de los traficantes pudiera avisar a los otros y evitar que nadie se escapara. Había un grupo de control, con el que cada grupo debería comunicarse y se ocuparía de la coordinación de todos los equipos. A nosotros nos dividieron en dos grupos y se añadieron dos personas del MI5 en cada uno de nuestros grupos, como apoyo, éramos los dos únicos equipos de diez personas.
Una vez explicaron el protocolo de actuación, la forma de contactar con el grupo de control al igual que las claves que se utilizarían, se entregó un dosier a cada grupo y fueron retirándose de la sala para poder estudiar su parte de la misión.
Nuestros dosiers los trajo un agente de unos cuarenta años, que iba acompañado de dos agentes un poco más jóvenes.
— Encantado de poder trabajar con ustedes soy el agente Dreiser — se presentó — y mis compañeros, el agente Robertson, que ya conocen, el agente Cooper y el agente Eliot. Tenemos muy buenos informes de cada uno de ustedes y esperamos que den lo mejor. Vamos a aprovechar su entrenamiento en asaltos para acceder a dos de las casas de más difícil acceso. Uno de los grupos estará formado por Taylor, Nelson, Jones, Scott, Green, Olson, Barnes y Fox que irán con los agentes Cooper y Eliot a ustedes les toca la escalada. Su objetivo es una casa en la costa irlandesa muy cerca de un impresionante acantilado, una lancha los dejará cerca de la playa, lo siento pero tendrán que mojarse un poco para llegar hasta la playa, la lancha no puede acercarse para no ser descubierta. Una vez en la playa van a escalar por el acantilado, lo más rápido que puedan, y una vez arriba avisaran que están en posición al grupo de control esperando la señal para empezar el asalto. — explicó y luego continuó con todos los detalles de la operación, les dieron fotografías de los alrededores, de los jardines y de la misma casa y un plano de ella, en aquellos papeles había muchas horas de investigación y al menos un infiltrado para confirmar toda la información.
— El otro grupo con Werner, Stephenson, Street, Kennet, Potter, Wears, Hansen y Smith — continuó esta vez Robertson — irán con el agente Dreiser y conmigo, a nosotros nos toca bajar desde un avión en paracaídas en modo HALO (High Altitude-Low Opening saltar de gran altitud y abrir el paracaídas a baja altura) para que no puedan descubrir el ruido del avión y no vean el paracaídas hasta el último momento. Será una misión peligrosa ya que a la que descubran el primer paracaídas empezaran a disparar y hasta que no estén en el suelo estarán en inferioridad de condiciones, espero que en verdad sean tan buenos como dicen los informes.
— No hay problema con ello — habló Hugo — respondo por mi equipo, pero si puedo preguntar ¿Qué entrenamiento han seguido ustedes?, no quisiera que su falta de experiencia en este dominio ponga en peligro a mis hombres.
— Los dos somos excelentes paracaidistas pero no saltaremos en el mismo lugar que ustedes, reconocemos que no somos tan buenos para un HALO y el avión nos dejará un poco más alejados y a menos altitud, en el punto de aterrizaje tendremos un vehículo esperándonos y los alcanzaremos en unos cinco minutos. Creo que ustedes pueden coordinar el asalto sin nuestra ayuda ¿verdad? — preguntó algo altanero.
—Sin ningún problema, en peores nos las hemos visto — le contestó en un tono similar Hugo, empezaba a no gustarle esa gente.
Después de la reunión y de tomarnos las medidas para los trajes especiales que íbamos a llevar, los cuatro agentes del MI5 nos acompañaron a un hotel donde pasaríamos la noche. Nos quedamos toda la tarde, en una de las habitaciones, estudiando la documentación, estructurando la misión y planteando posibles problemas que pudieran surgir para que no hubiera ninguna sorpresa en el transcurso de la misión. Los cuatro agentes estaban con nosotros, cada pareja con su grupo, y estuvieron atentos y satisfechos a nuestra forma de trabajar.
Después de cenar en el hotel fuimos a dormir temprano, nos esperaban a las cinco de la mañana en el MI5 para las últimas indicaciones, para aclarar dudas y un pequeño ensayo general de coordinación de los equipos.
Tras una mañana de ensayos y coordinación eran ya las tres de la tarde y todo estaba preparado, el ambiente era algo tenso, nos dieron el equipo a todos y nos cambiamos rápidamente, llevábamos un uniforme negro con pasamontañas, muy similar a nuestro propio uniforme, un rifle de asalto, un arma automática y un cuchillo. Hugo pidió bombas de humo para lanzarlas mientras bajábamos con el paracaídas, y no tuvieron problema en entregarnos varias unidades a cada uno, al igual que gafas especiales y mascaras.
Tres de los grupos debían salir antes al estar las casas más alejadas: nuestro equipo, que iba al norte del país; nuestros compañeros, que iban a Irlanda y otro de los equipos, que se dirigían hacia Escocia, el resto tardarían un par de horas más en salir ya que las casas estaban en Londres o los alrededores. La hora prevista para el asalto eran las 22:00 horas, en que las sombras nos cubrirían a la mayoría y los equipos que iban a actuar en Londres o en zonas habitadas no encontrarían tantos civiles en su camino obstaculizando la misión.
Los tres equipos nos dirigimos hacia el aeropuerto donde teníamos tres aviones preparados esperándonos.
—Buena suerte — deseó Hugo a nuestros compañeros que fueron los primeros en salir al ser los que tardarían más tiempo en llegar a destino — contactad para cualquier eventualidad, si fuera el caso encontrariamos la manera de venir en vuestra ayuda — añadió en voz baja a Justin, que quedaba al mando del otro grupo.
—No te preocupes Hugo, todo irá bien, cuidaos vosotros también y cuídame a los niños — dijo refiriéndose a nosotros cuatro que nos lo quedamos mirando con mala cara.
Media hora después los otros dos equipos subimos a nuestros aviones respectivos y emprendimos vuelo. Lo primero que hicimos fue comprobar el material que nos entregaban, el paracaídas, la mascarilla de oxigeno, que necesitábamos al saltar de mucha altitud, el cascos, el altímetro y luego charlamos animadamente, riendo con las típicas bromas de Smity, que era nuestro payaso particular y siempre distendía el ambiente. Dreiser y Robertson iban algo nerviosos, pero vernos a nosotros tan seguros los tranquilizó un poco.
El piloto nos avisó que llegábamos al punto de salto, nos colocamos los paracaídas a la espalda, el casco, la mascarilla de oxigeno, los guantes, las gafas y colgamos el fusil de nuestra cintura, bien sujeto, pero de manera que no se enredara con las cuerdas del paracaídas cuando se abriera. Dreiser habló con control avisando que estábamos en el lugar señalado para el salto y nos retuvieron unos minutos, faltaba uno de los grupos para confirmar posición y no podíamos saltar hasta que este último grupo confirmara. El avión dio un par de vueltas a la zona hasta que obtuvimos luz verde para saltar y el piloto nos dio finalmente la señal de salto, uno tras otro fuimos saltando e igualamos distancias para que todos llegáramos a tierra al mismo tiempo. Robertson y Dreiser, como nos avisaron, se quedaron en el avión prometiéndonos apoyo terrestre en cinco minutos de diferencia desde que tocáramos el suelo, pero no era como si los necesitáramos.
El descenso fue rápido, la oscuridad de la noche nos cubría y fuimos dejándonos caer con los brazos pegados a nuestros cuerpos y las piernas juntas para ganar en rapidez de descenso y llegar al punto previsto para el aterrizaje. Llamamos al equipo de control que estábamos preparados para abrir paracaídas y tuvimos la autorización, aunque la verdad, con la poca distancia que nos separaba de tierra poco nos importaba si teníamos autorización o no, íbamos a abrir los paracaídas igualmente. Troy fue el primero en abrir, luego Brian, Charly, Sócrates, William, yo mismo y los últimos fueron Hugo y Smity, los paracaídas eran negros y nos dieron unos segundos más de descenso sin que nos detectaran. Los gritos de alarma de uno de los vigilantes movilizó a los demás y empezaron los consiguientes disparos. Nos faltaban pocos metros para llegar a tierra y pronto aquello fue un infierno, oíamos las balas pasar zumbando a nuestro alrededor algo impotentes.
— Harry — me llamó Hugo por la banda privada de radio por la que los ocho podíamos comunicarnos. — Necesitaríamos de tu ayuda especial en este momento, mira que puedes hacer con los que están abajo. Al final nos van a dar.
— Harry apúrate, esto está al rojo vivo — oí la voz de Charly — una bala ha roto una de las cuerdas de mi paracaídas y a pasados a milímetros de mi oreja y la aprecio demasiado para perderla.
Ya habíamos hablado que, si se daba el caso, intentaría inmovilizar a los atacantes con magia desde arriba el paracaídas. Me concentré mientras mis compañeros empezaban a soltar las bombas de humo para entorpecer la vista de los traficantes y que no pudieran alcanzarnos. Quedaba poco para llegar al suelo y, de momento, seguíamos enteros, envié mi magia y conseguí inmovilizar a los tipos que estaban apuntándonos en ese momento con sus ametralladoras y desvié algunas balas que se acercaban demasiado a nosotros.
Por suerte llegamos todos al suelo sin un rasguño, cortamos las cuerdas del paracaídas, para no perder tiempo, y rodamos por el suelo hasta encontrar donde protegernos, era lo malo de enfrentarse a traficantes de armas, iban muy bien armados y con munición ilimitada. En pocos segundos estábamos todos a cubierto pero nos encontrábamos bloqueados en medio de fuego cruzado.
—Brian, Charly a la derecha — ordenó Hugo — quiero a esos dos fuera de combate — dijo señalando a dos que llevaban metralleta y que nos impedía avanzar — a la de tres os cubrimos.
Brian y Charly se fueron arrastrando por el suelo, mientras los otros seguíamos disparando para protegerlos. Llegaron por la espalda de los dos que estaban disparando con la metralleta y los tumbaron cogiéndolos por los pies y de un golpe de culata en su cabeza los dejaron noqueados, atados con bridas y amordazados.
—Puedo encargarme de los de allá arriba — le propuse a Hugo en voz baja viendo a dos tiradores apuntarnos desde lo alto de una terraza — derribaré la estatua que tienen encima y les caerá por la cabeza, no creo que se den cuenta de como se les ha venido encima.
—Adelante Harry — autorizó Hugo.
Me concentré en aquella estatua y la desprendí del soporte para levitarla hasta la cabeza de aquellos maleantes, dejándola caer con bastante fuerza y cayeron los dos inconscientes.
— Cuatro menos — canturreó bajito Smity al verlo.
Poco a poco, con algo de mi magia y la habilidad de mis compañeros, fuimos inmovilizando uno a uno a los traficantes y los atamos con bridas de pies y manos y amordazamos. La verdad que en esta ocasión mi magia nos ayudó bastante, los hacía caer al suelo o encasquillaba sus armas de la manera menos perceptible, mientras otro compañero los ataba y amordazaba aprovechando los segundos de incertidumbre. Una vez tuvimos al personal del exterior sometido, entramos en la casa y la sondee para encontrar a los traficantes que nos faltaban, indicándole sus posiciones a Hugo, nos acercamos a ellos silenciosamente y los detuvimos sin problemas al cogerlos desprevenidos.
Cuando llegaron los dos agentes del MI5, en su coche, nos encontraron sentados en las escaleras exteriores de la casa con la misión terminada, riendo de una de las bromas de Smity, y con un total de dieciocho traficantes en el suelo atados y esperándolos. Habíamos llamado a control para avisar del fin de la misión y nos felicitaron por ser los más rápidos en terminar el asalto pero nos ordenaron que esperáramos a los agentes Robertson y Dreiser. Al preguntar por nuestros compañeros que estaban en Irlanda nos dijeron que no tenían aviso del final de ese asalto.
—Lo siento tardamos algo más de lo que pensábamos— se disculpó Dreiser bajando precipitadamente de vehículo, llegaban media hora más tarde de lo previsto — pero veo que ya lo tienen todo bajo control. — dijo asombrado viendo todos los cuerpos atados a nuestros pies.
— Supongo que preguntar si han revisado la casa es una tontería ¿verdad? — preguntó Robertson que no salía tampoco de su asombro.
— Todo controlado agente Robertson, sin heridos, ni de los nuestros, ni de los detenidos — informó Hugo y pensativo añadió — bueno algún golpe o pequeñas heridas en los sujetos apresados, pero nada importante y la casa revisada y completamente vacía en este momento.
Poco nos faltó para estallar en carcajadas viendo las caras de estupefacción de los dos agentes mirándonos, allí sentados en la escalera tan tranquilamente, después de cumplir con una misión que ellos creían suicida. O es que nos creían tontos con lo de que ellos no eran tan buenos en saltar en Halo, lo que no querían era caer bajo el fuego de los traficantes mientras bajábamos con los paracaídas y confirmaron nuestras sospechas al ver aparecer cinco vehículos de apoyo con agentes del MI5. Nos habían utilizado sólo de señuelo y eso nos sentó bastante mal y nos preocupó más el resultado de la misión de nuestros compañeros en Irlanda.
Cargaron a todos los detenidos en una furgoneta, después de haberles leído sus derechos, y nos dirigimos hacia un aeropuerto cercano, donde un avión ya nos esperaba para devolvernos a Londres. Allí averiguaríamos que había sucedido con nuestros compañeros en Irlanda.
