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°ENTRE GEMAS Y BALONES°

CAPÍTULO OCHO: Encuentros

El tan esperado día había llegado.

Era sábado por la mañana, y Perla se estaba preparando para dirigirse al gimnasio de la escuela; se encontraría un par de horas antes del juego con Garnet y el resto del equipo para repasar posiciones y recibir los respectivos uniformes. Antes de irse, Perla se aseguró de guardar todas sus cosas en su bolso de manera estratégica y ordenada: Desodorante, cremas, cambios de ropa, calzado y otras cosas similares. Estaba en la sala de su hogar tratando de guardar sus cosas con una mano mientras que con la otra sostenía una manzana que se estaba comiendo. Rose Quartz, la gema que era como su madre, se acercó a ella lentamente desde la cocina y la observó unos instantes con una sonrisa en el rostro. Perla, la cual no se había inmutado de la presencia de Rose, cerró la cremallera de su bolso y suspiró, aliviada.
—Bien, estoy lista –murmuró para sí y después le dio otro bocado a su manzana. Rose rio suavemente detrás de ella, y Perla se giró para verla–. Oh, buenos días Rose, no te vi ahí.
—Buenos días, Perla. Estás llena de energía esta mañana –sonrió Rose. La gema pálida depositó el ahora hueso de su manzana en el bote de basura que tenía al lado y le sonrió a la gema que estaba frente a ella–. ¿Estás lista para el gran juego de hoy?
—Bueno, he acomodado mis cosas de manera ordenada, dormí ocho horas seguidas, desayuné saludablemente y me he encargado de hacer un par de estiramientos matutinos. Sí, creo que estoy lista… pero nerviosa –explicó Perla mientras colocaba un mechón de su cabello detrás de la oreja.
— ¡Muy bien! sin duda alguna estás lista; no te preocupes, pequeña, estoy segura de que darás lo mejor de ti en ese juego.
Perla sonrió timidamente.
— ¿Podrás ir a vernos jugar, Rose? En verdad me ayudaría mucho que estuvieses allí –preguntó Perla. Rose colocó una mano de manera maternal sobre la mejilla de la gema pálida.
—Por supuesto; no me perdería ese partido por nada –respondió Rose con una suave y hasta relajante voz. Perla asintió lentamente, feliz, y después cerró los ojos y colocó su propia mano encima de la de Rose.
—Será mejor que me vaya ya; no quiero llegar tarde en este día tan importante –mencionó Perla momentos después mientras se colocaba frente a la puerta principal. Rose la acompañó.
—De acuerdo. Te veré más tarde, ¿vale? –dijo Rose, y Perla asintió. Posteriormente, abrió la puerta y salió; justo cuando estaba por cerrar la puerta, la voz de Rose la retuvo:
—Oh, ¿Perla? Estoy ansiosa por conocer a esa nueva amiga tuya llamada Garnet de la que me hablaste –agregó la gema rosa, y Perla reprimió un gemido de asombro; sus mejillas se tiñeron de azul por primera vez durante esa mañana.
—C–claro, te la presentaré más tarde. ¡Hasta luego! –repuso Perla de manera apurada y comenzó a trotar con dirección a la escuela. Rose la miró partir, una pequeña sonrisa de orgullo en su rostro.

...

Cuando Perla llegó al gimnasio, se sorprendió al darse cuenta de que ya se escuchaban muchas voces desde el interior, a pesar de que faltaban veinte minutos para la hora acordada. La gema pálida tiró de la puerta para abrirla y se adentró al gimnasio; varias de las jugadoras de su equipo ya estaban presentes, entre ellas Amatista, a la cual reconoció rápidamente; estaba frente a la canasta de baloncesto, preparándose para lanzar el balón. Tras unos rápidos movimientos, Amatista se impulsó un poco y lanzó el balón, encestando sin dificultad. Perla parpadeó, sorprendida; era la primera vez que veía a Amatista actuando seriamente en un juego de baloncesto, y tampoco se esperaba que pudiera encestar con tanta facilidad. La gema violeta comenzó a bailar felizmente por el éxito obtenido, y Perla no pudo evitar sonreír. Posteriormente comenzó a correr hacia ella.
— ¡Amatista! –exclamó Perla mientras se acercaba a la otra gema, y ésta última se giró.
— ¡Hey, qué tal nerd! –respondió Amatista, sus grandes dientes adornando su rostro en forma de sonrisa. Perla estaba muy emocionada esa mañana como para dejar que ese apodo le afectara, así que lo dejó pasar.
— ¡Eso ha estado increíble, Amatista! Ahora comprendo por qué estás dentro del equipo de Garnet; ¡cuando te concentras en el juego puedes ser una peligrosa jugadora! ¿Por qué no juegas de esta manera siempre? –la elogió Perla, y Amatista se encogió de hombros.
—Lo sé, ¿verdad? ¡Soy genial! Y meh, sería mucho esfuerzo jugar así diario –La gema violeta se frotó la nariz, halagada. Perla, por otro lado, estuvo a punto de pegarse en la frente con su palma ante el último comentario de la otra gema.
—No puedo creerlo… –susurró Perla. Amatista rio un poco, y después se volvió a poner seria:
— ¿Y qué haces aquí tan temprano, nerd? Garnet nos citó más tarde, ¿recuerdas? –antes de que la gema pálida pudiera contestar, una maliciosa y traviesa sonrisa apareció en el rostro de Amatista, su voz súbitamente más quieta que antes–: Ah, ya entiendo, estabas ansiosa por ver a Garnet de nuevo, ¿verdad? No podías esperar más, así que viniste lo más rápido que pudiste.
— ¿QUÉ? –refutó Perla, su voz mucho menos discreta que la de Amatista–. ¿Qué te hace pensar eso? Me gusta llegar temprano a los lugares donde me citan. ¡Soy una gema puntual!
Amatista agitó su mano de manera indiferente.
—Oh vamos Perla, no tienes que esconderlo más, ¡eres taaaan obvia!
La susodicha gema se mordió el labio inferior y se acercó más al rostro de Amatista.
— ¿De qué estás hablando, Amatista? –susurró Perla mientras fruncía el ceño: Tenía una extraña sensación acerca del rumbo que tomaría esa conversación; sin embargo, decidió continuar. Amatista se acercó por igual, completamente tranquila y despreocupada.
—Tú sabes, la forma en la que ves a Garnet… ¡estás loca por ella, amiga! –repuso Amatista, y soltó una carcajada después de eso. Perla gimió de asombro, sus mejillas comenzando a arder.

Ella apenas se había dado cuenta de esto la tarde anterior, pero ahí estaba esa pequeña gema violeta, diciéndole eso de manera inesperada y despreocupada.

Si Amatista se había dado cuenta, ¿eso significaba que había sido muy obvia?

Entonces, ¿Garnet también se había percatado ya de los sentimientos de Perla hacia ella?

La gema pálida no pudo seguir dándole vueltas a ese asunto, pues la voz de la gema violeta resonó en sus oídos e hizo que se despejara:
— ¡Hey, te estás poniendo colorada! ¡Yo tengo razón! –exclamó Amatista mientras se carcajeaba nuevamente, su estruendosa risa resonando en los oídos de la gema pálida. Perla gruñó y trató de refutar, pero las palabras no le salieron. Después de todo, Amatista estaba efectivamente en lo cierto; no tenía caso negarlo, y mucho menos con alguien tan obstinada como la pequeña gema. Perla intentó ignorar la sensación de sus mejillas ardiendo y retomó el habla:
—Está bien, tal vez tengas razón, pero… –susurró, pero de repente las voces del gimnasio cesaron inmediatamente, dejando el recinto en silencio en cuestión de segundos. La gema pálida se giró para ver por qué se habían callado todas de repente, y a lo lejos distinguió a Garnet caminando al centro del gimnasio mientras cargaba una gran caja de cartón sobre uno de sus hombros sin ningún problema.
— ¡Eek! –gimió Perla, y al instante cubrió la boca de Amatista con una mano, sorprendiendo a ésta última–. Por favor Amatista, no menciones nada sobre… uhm… mis sentimientos por Garnet, ¿de acuerdo? Que quede entre nosotras.
Una gota de sudor bajó por el rostro de Perla, y ésta se mordió el labio inferior. No era el mejor momento para seguir hablando sobre sentimientos, y menos con un significativo juego de baloncesto próximo a comenzar.
— ¡Mmf! –trató de hablar Amatista, intentando quitarse la mano de Perla de encima. En ese momento, Garnet volteó hacia ellas, y ambas gemas se quedaron paralizadas. Tras mirarlas por unos instantes, Garnet dirigió su vista al frente, ignorándolas. Perla volvió a respirar y quitó su mano de la boca de Amatista; ésta le dirigió una mirada de soslayo, pero no dijo nada más. Ambas se quedaron observando a la gema oscura, la cual ya había colocado la caja sobre el suelo.
—Gemas, quiero que hagan una fila ahora mismo para entregarles sus uniformes –exclamó Garnet con su imponente voz de líder. Todas las gemas presentes asintieron y rápidamente fueron formando una fila. Perla y Amatista se miraron por última vez y después corrieron a formarse, tratando de llegar una antes que la otra. Amatista se formó delante de Perla tras darle un pequeño empujón, y ésta última rodó los ojos ante el acto infantil de la gema violeta. Amatista sonrió, satisfecha con su victoria, y miró a la gema formada detrás de ella con una sonrisa pícara para preguntar:
—Y… ¿cuándo planeas decirle, huh?
Perla levantó una ceja.
— ¿De qué estás hablando?
Amatista rodó los ojos.
— ¡Oh, vamos! –exclamó la gema, y después miró a todas partes para después acercarse más a Perla y susurrar–: Me refiero a tus sentimientos por Garnet, nerd.
El ojo derecho de la gema pálida se crispó.
—Amatista –Perla aclaró un poco la garganta, nerviosa, y miró hacia todos lados antes de continuar–. Creo que éste no es el momento adecuado para hablar sobre temas así; debemos estar enfocadas totalmente en el partido que se llevará a cabo en un par de horas.
Amatista la miró, escéptica.
—Tan nerd como siempre –fue lo único que dijo la gema violeta. Perla iba a reclamar, pero ya habían llegado con Garnet y era el turno de Amatista de tomar su uniforme.
—Gracias, Garnet –agradeció Amatista mientras cogía su nuevo uniforme, haciendo especial énfasis en el nombre de la gema oscura mientras se daba la vuelta y miraba a Perla de reojo con una maliciosa sonrisa. Ésta última se limitó a entrecerrar los ojos, y después dirigió su atención hacia Garnet.
—Uhm…buenos días, Garnet –saludó Perla, ligeramente nerviosa. Ahora que era consciente de sus sentimientos, se sentía aún más exaltada que antes. Garnet se agachó para tomar otro uniforme, y después se lo tendió a la gema que estaba frente a ella.
—Aquí tienes –contestó la otra de manera indiferente. Perla observó el uniforme, y posteriormente lo tomó. Le dirigió una última mirada a Garnet y murmuró con una pequeña y ligeramente triste sonrisa:
—Gracias.
Después de eso, salió de la fila y se fue en busca de Amatista, la cual estaba sentada en las gradas con su uniforme ya puesto. Se acercó a ella de manera silenciosa y se sentó a su lado. Amatista, que estaba terminando de recogerse su frondoso cabello en una cola de caballo, la miró, extrañada.
— ¿Qué te pasa ahora, nerd? Hace unos momentos estabas animada, y ahora estás… apagada –le preguntó la gema violeta, y Perla suspiró:

La verdad es que estaba deseando saludar a Garnet esa mañana, preguntándose si acaso vería a su amiga de manera diferente ahora que conocía sus verdaderos sentimientos hacia ella, esperando alguna reacción de parte de la gema oscura que le diera luz verde, una señal, algo, lo que sea. Estaba ansiosa por verla, pero… la manera en que se había desarrollado el primer encuentro matutino no había sido nada de lo que Perla esperaba. No obstante, una parte de ella estaba consciente de que la que tenía la mayor carga en esos momentos era Garnet, y la comprendía si, como líder, quería permanecer fría y concentrada hasta que el partido acabara, pero aun así se sentía… decepcionada.
—Amatista, crees… ¿crees que tenga alguna posibilidad? –preguntó Perla de repente, sin mirar a su compañera a los ojos. La gema violeta parpadeó; sabía perfectamente de qué estaba hablando.
—No estoy segura –respondió Amatista, desviando los ojos–. Garnet es una gema muy rara y difícil de comprender… nunca sé lo que pasa por su mente.
—Me pregunto si Garnet... una líder innata, fuerte, decidida y segura de sí misma… se fijaría en alguien como yo, que soy tan diferente a ella... una simple nerd –murmuró Perla mientras cubría su rostro con sus manos.

¿Y si lo que pasó entre ellas en el gimnasio el día anterior no había significado nada para Garnet? Quizá ella solo veía a Perla como un entretenimiento y nada más...

Amatista la miró.
—Hey, nerd… Perla –se corrigió la gema violeta mientras colocaba una mano sobre el hombro de su compañera–. Te diré algo: Nunca había visto a Garnet encariñarse tan rápido con otra gema. Debo admitir que estoy impresionada con lo mucho que te presta atención. Eso ya es un punto a tu favor, ¿sabes?

Perla abrió los ojos y se giró para mirar a la pequeña gema a su lado; ¿era eso real?

¿Amatista la estaba... consolando?

De todas las gemas que podía imaginar, Amatista era la última que creyó que le mostraría su apoyo y la animaría.

Perla se conmovió con eso, y las palabras de la gema violeta le hicieron recordar que todo el tiempo que había pasado con Garnet hasta ahora había sido real, y que ese no era el momento para desalentarse y pensar en otras cosas; necesitaba estar totalmente lista para el juego que comenzaría en unas horas, y daría todo de sí misma, tal y como se lo dijo a Rose esa mañana.
—Amatista... tienes razón –sonrió Perla, la energía regresando a su rostro–. Debo tener más confianza en mí misma, ahora más que nunca.
La otra gema parpadeó, al parecer el agradecimiento de Perla la había tomado por sorpresa.
—Eh... sí, tienes que estar concentrada y esas cosas para poder ganar el partido de hoy. ¡Hacemos esto por Garnet, después de todo! –repuso Amatista, ligeramente ruborizada. Perla asintió energéticamente y abrazó a Amatista. Ésta última se quedó helada, asimilando la situación.
—Gracias –susurró Perla al oído de Amatista, y la otra gema se sonrojó aún más, tratando de quitarse a Perla de encima.
— ¿¡Q–qué crees que haces, nerd!? –La gema pálida rio suavemente y soltó a Amatista.
—Iré a cambiarme –mencionó Perla, y posteriormente se levantó y se dirigió a los vestidores. La otra gema la miró partir, aun intentando comprender la situación que se había llevado a cabo. Instantes después, Amatista suspiró y sonrió.
—Bueno, supongo que harían una extraña pero buena pareja –se dijo la gema para sí misma.

...

Una hora después, todas las gemas que formaban parte del equipo de Garnet ya estaban listas para el partido, con sus uniformes puestos y con el cuerpo listo para comenzar. Para entonces ya había llegado Lapislázuli para animarlas, la cual en esos momentos estaba charlando con Perla, y poco después arribó Jasper y sus jugadoras. Todas las gemas presentes se giraron para ver entrar a la entrenadora de la escuela en silencio, una despreocupada sonrisa dibujada en su cara.
—Es repulsiva –susurró Lapislázuli sin quitarle los ojos de encima a Jasper. Perla frunció el ceño.
—Saldremos de aquí con una victoria, ya verás –respondió la gema pálida. Jasper miró por unos instantes a Garnet, que estaba junto a Amatista cerca de los vestidores, y después su mirada se dirigió hacia Perla. Ésta última sostuvo la mirada, y la sonrisa de Jasper sólo se amplió. Perla se enfocó en las gemas que acompañaban a la entrenadora: Todas se veían imponentes, pero no tenía por qué temerles, porque ahora sabía que el baloncesto no era simplemente resistencia física, sino también inteligencia; eso lo había comprendido gracias a los entrenamientos con Garnet. Jasper y su equipo se dirigieron al otro extremo del gimnasio, y poco a poco el lugar se fue llenando de voces y movimiento otra vez. En ese momento, alguien tocó a Perla por el hombro, y ésta se giró: Frente a ella estaba la solemne gema Rose Quartz.
— ¡Rose! –exclamó Perla mientras la abrazaba, sus ojos iluminándose de emoción. La gema pálida sintió el dulce vibrar del cuerpo de Rose al reír.
—Hola, Perla. Llegué a tiempo, ¿verdad? –preguntó Rose, y Perla alzó la vista para ver a su heroína mejor.
—Sí, el juego comenzará en unos minutos más.
—Te veo con más confianza que antes; eso es bueno.
—Sí... mis amigas me ayudaron a superar mi nerviosismo –tras esas palabras, Perla miró a Lapislázuli, la cual estaba de pie no muy lejos de ellas, y le sonrió, invitándola a que se acercara.
—Oh, eso es maravilloso –dijo Rose, y después divisó a la gema azul–. ¡Hola, Lapis! Es un placer verte de nuevo –saludó Rose amablemente, y Lapislázuli hizo una discreta reverencia a modo de saludo.
—Buenos días, Rose. Lo mismo puedo decir yo –respondió Lapislázuli con una pequeña sonrisa. La gema rosa rio suavemente antes de pasar un brazo por la espalda de Lapis para atraerla hacia ella y abrazarla junto con Perla. La gema azul parpadeó, pero inmediatamente después volvió a sonreír, esta vez con mayor ímpetu.
—Un abrazo grupal de buena suerte para Perla –comentó Rose, y la susodicha sonrió alegremente.
—Gracias a ambas. Estoy muy feliz de que estén aquí conmigo en estos momentos –dijo Perla, y las tres se abrazaron más fuerte. Después de eso, Rose y Lapislázuli decidieron irse a las gradas para sentarse en un buen lugar. Perla se despidió de ellas y se dirigió a los vestidores para ir a tomar un poco de agua antes de que el partido comenzara. Arribó a su casillero, sacó una botella de agua que había guardado ahí cuando llegó esa mañana y tomó un sorbo. Cuando terminó, Perla volvió a guardar la botella y cerró su casillero suavemente. En ese instante, Una voz resonó en los vestidores.
—...No te preocupes por nada Garnet, nosotras te protegeremos –escuchó Perla.

¿Garnet? ¿Garnet estaba allí? Pero… ¡faltaban unos minutos para que el juego comenzara!

Muy a su pesar, la curiosidad volvió a ganarle a Perla, así que la gema pálida se quedó unos momentos más en los vestidores, tratando de acercarse un poco al lugar de procedencia de la voz de la gema que aparentemente charlaba con la gema oscura.
—Estamos aquí para apoyarte –murmuró una voz diferente a la anterior, la cual tampoco pertenecía a Garnet.
—Lo sé. Y se los agradezco –Habló ahora una tercera voz; en esta ocasión, sí era Garnet hablando, reconoció Perla. Ésta última decidió arriesgarse un poco más y asomó un poco la cabeza para ver a Garnet y a las otras gemas con las que estaba conversando.

Lo que vio le tomó por sorpresa.

Garnet estaba en cuclillas, y frente a ella había dos diminutas y brillantes gemas: Una era de color rojo, cabello afro y shorts. La otra era de piel azul, cabello blanco y largo que le cubría casi todo el rostro (a excepción de la boca) y un hermoso vestido de las mismas tonalidades que el resto de su cuerpo. Ambas gemas estaban tomadas de la mano.
—No nos dejaremos engañar por Jasper nuevamente –mencionó la gema azul; su voz era suave y emanaba serenidad.
—Y yo me encargaré de proteger a Zafiro, ¡así que tú sal a ganar ese partido, Garnet! –exclamó ahora la gema roja; su voz, a diferencia de la otra, era fuerte y contagiaba entusiasmo. Perla frunció el ceño; ¿Zafiro? ¿No había dicho Garnet que tenía unas gemas que eran como sus hermanas, y una de ellas se llamaba Zafiro, al igual que una de sus piedras favoritas? Y la otra era Rubí…

Perla parpadeó, uniendo todos los puntos de esa conmovedora escena frente a ella.

Esas eran Rubí y Zafiro, las gemas de las que su amiga le había hablado.

En ese preciso momento, Garnet, que estaba dándole la espalda a Perla, rio suavemente.
—Está bien. Confío en ustedes. Tengo que irme –y con esas palabras, Garnet les dio un pequeño beso a ambas gemas en la frente y se levantó.
— ¡Buena suerte! –dijeron Rubí y Zafiro al unísono, y Garnet asintió. Perla gimió, nerviosa; debía salir de ahí lo antes posible. La gema pálida se puso de puntillas y caminó lo más rápido que pudo para irse a esconder detrás de otros casilleros con tanto sigilo como le fue posible. Una vez escondida, Perla cerró los ojos y esperó a que Garnet saliera del gimnasio. Cuando los pasos de la gema no se escucharon más y el silencio reinó en los vestidores, Perla abrió los ojos y se asomó para asegurarse de que ya podía salir. Caminó con la misma ligereza que antes hacia la puerta, pero una pequeña mano la detuvo por la muñeca; la gema pálida se giró, ligeramente sobresaltada:
— ¿Viniste a espiarnos? –preguntó la pequeña gema roja de antes mientras soltaba la muñeca de Perla para cruzarse de brazos y fruncir el ceño. Perla miró a ambos lados, asegurándose de que le hablaban a ella.
—No, por supuesto que no, yo sólo vine a tomar un poco de agua y de repente escuché voces. Creí que sería la única aquí, pero al parecer me equivoqué –Perla rio de manera nerviosa tras terminar su explicación. Rubí suspiró, ligeramente exasperada.
— ¿Cuál es tu nombre? –preguntó amablemente la gema azul, Zafiro.
—Uh, soy Perla –respondió la gema alta. Rubí y Zafiro se miraron entre sí.
— Así que eres tú... –murmuró Rubí mientras miraba a Perla de arriba abajo.
— ¿Perdón? –La gema en cuestión alzó una ceja, confundida. Zafiro, por su parte, entrelazó las manos frente a su pecho.
—Perla... Garnet nos ha hablado sobre de ti –aclaró la gema azul, y Perla parpadeó; ¿Garnet les había contado sobre ella?

Al escuchar esas palabras, el corazón de la gema pálida dio un vuelco de emoción.

— ¿En verdad? Bueno, Garnet me ha hablado sobre ustedes también: ¡Estaba ansiosa por conocerlas! Aunque nunca creí que nuestro primer encuentro sería así –sonrió Perla, su nerviosismo alejándose poco a poco. Zafiro sonrió levemente.
—Debes ser alguien importante para ella –mencionó la gema azul.
—Garnet no suele hablar sobre nosotras con cualquiera –añadió Rubí, sus manos posándose sobre su cintura. Esos comentarios hicieron que Perla gritara de felicidad internamente.
—Vaya, me siento enormemente halagada. Es un placer conocerlas... Rubí –Los ojos de Rubí y Perla se encontraron, y después la mirada de Perla se enfocó en el poco rostro visible de la gema azul–, Zafiro.
—El placer es nuestro, Perla –sonrió Zafiro mientras se inclinaba levemente a modo de saludo, y Rubí la imitó. Perla no pudo evitar sonreír al observar la elegancia que emanaba Zafiro y el vigor que denotaba Rubí.

Eran tan diferentes… como Garnet y ella.

No obstante, algo fuerte parecía unirlas.

De repente, un pensamiento resonó en la mente de Perla, y la gema recordó que aún tenía un partido que estaba por comenzar y tenía que ir a reunirse con su equipo. Perla se llevó las manos a las mejillas y exclamó:
— ¡Santas gemas, el juego de baloncesto! Debo irme. ¡Nos veremos luego! –Perla dio la media vuelta, dispuesta a irse, pero se giró de nuevo para ver a las dos pequeñas gemas una vez más–: Oh, por cierto, si Garnet pregunta... aún no nos hemos conocido.
Zafiro y Rubí sonrieron, cada una a su manera, conscientes de lo que Perla deseaba; después de todo, Garnet le había hecho una promesa, recordó la gema pálida.
—De acuerdo. Buena suerte allá afuera –mencionó Zafiro.
— ¡Vayan a patear traseros! ¡Yo sé que ustedes ganarán! –exclamó Rubí. Tras esas palabras, Perla asintió y reanudó su camino hacia el gimnasio, dejando a las dos pequeñas gemas detrás.

...


Wow, sí que fue un capítulo largo. Me encantó agregar a las adorables Rubí y Zafiro aquí~

¡Gracias a todos por sus reviews y su apoyo! Me hace feliz saber que están disfrutando tanto de este fanfic como yo :) No olviden dejar sus impresiones sobre este capítulo también y nos vemos en el próximo. Saludos!