Capítulo Ocho:
"Consejos"

POV: DL Hawkins

Mientras observaba la casa de los Parkman en el reflejo del retrovisor, no paraba de pensar en la insensatez de lo que estábamos haciendo. Matt había decidido no implicarme más de lo necesario. Por lo que yo me quedé fuera de la casa. Él hablaría con su hija, para explicarle la situación y pedirle que no se administrase la siguiente inyección, sino un purgante del inhibidor. De esa manera durante las siguientes doce horas, Molly Parkman volvería a recuperar el poder que tenía dormido desde hacía cuatro años.

Pensaba que era una locura, Parkman no podía esperar dos años más para poder cazar a Sylar. Pero obligar a Molly no era una buena solución. Yo tengo un hijo en la misma situación, Micah. Su poder es menos inofensivo. Pero gracias al inhibidor podía ser una persona completamente normal.

«¿Cuánto se tarda en poner un inyección?» pensé mientras me impacientaba en el asiento del conductor del Nissan. No sabía cuanto podría tardar en surtir efecto el purgante. Ni cuánto tardaría en encontrar a Gray. Pero antes de que perdiera la paciencia, Parkman ya salía del apartamento, en dirección al coche.

—Arranca —dijo sin miramientos tras sentarse en el asiento del conductor y ponerse el cinturón.

—¿Tienes la dirección? —pregunté debido a que su expresión parecía de frustración y de enojo.

—Están los tres todavía juntos en Primatech Paper en Odessa, Texas —indicó dándome el papel con la dirección del lugar—. Iremos en coche, por carreteras secundarias. Nada de autopistas, no quiero que Hana nos localice por los controles de tráfico.

Estaba muy mosqueado, su tono de voz era arisco y apenas me miraba. Sólo se dedicó un buen rato a marcar la ruta desde Los Ángeles hasta Odessa, procurando no tocar ninguna autopista importante, y sin usar el GPS. Finalmente no me pude contener y pensé: «¿Qué demonios te pasa, Parkman?»

—¿Que qué me pasa? —explotó Matt iracundo—. Me pasa que mi hija no me ha dicho apenas un par de frases. Le he pedido que se administrase el inhibidor, y lo ha hecho. Le he pedido la dirección, y lo ha hecho. ¿Y sabes lo que me ha dicho? —Matt parecía fuera de sí, pero agité la cabeza negando.

—Me ha dicho "Hiro, Claire y Gabriel están aquí" —contestó—. ¡Gabriel! Hasta mi propia hija le llama así. Además ha pensado otra cosa "No busques a Sylar, por que podrías encontrarle". ¡Mi propia hija dándome consejos!

«Harías bien en escucharla» pensé, Matt hizo como que no me escuchaba. Pero siempre escuchaba.

POR: Claire Bennet

Fui la última en despertarme, al parecer siempre dormía más de la cuenta. Gabriel había pasado gran parte de la noche haciendo guardia y Hiro acabó durmiendo encima de la espada Kensei, que por suerte estaba bien enfundada.

—Supongo que hoy no hay desayuno en la cama. ¿Verdad? —le pregunté a Gabriel tras desperezarme.

Estaba un poco taciturno, como todas las veces que le daban esos ataques de insomnio. Le di un beso de buenos días y me dediqué a intentar rapiñar algo comestible de lo que quedaba en aquel lugar. Las ratas habían hecho un trabajo concienzudo y habían acabado con la mayoría de la cosas. Pero me encontré con una lata de galletas que apenas estaba caducada. Hiro intentaba por su parte ponerse la espalda en su sitio, después de haber dormido tan mal. Y acabó aceptando las galletas que le ofrecí.

—No sé qué nombre ponerle —le dije a Hiro mientras miraba el dibujo de nuestro bebé—. No había pensado en ninguno. Pero me gustaría ponerle Sandra, como mi madre, si es una niña —Hiro estaba mirando la pintura con interés. A lo mejor me daba ideas para el nombre.

—¿No crees que es demasiado pronto? —exclamó tendiéndome la hoja—. Debe tener el tamaño de un grano de arroz.

—¿Desde cuando eres tan pesimista? —le solté. Era verdad, desde que le habíamos rescatado de la cárcel su humor había empeorado.

—No soy ningún pesimista —seguía con el ceño fruncido.

Yo estaba dispuesta a verlo sonreír de nuevo. Así que hice una imitación de su cara, que se pareció más a la de un orangután. Después de un rato, intentando contener la risa, acabó por sonreír un poco.

—Ya no soy ningún héroe, Claire —comentó después de un rato—. Tal vez debía haberme quedado en prisión.

—Hiro, no te estoy obligando a que hagas algo que no quieres, ¿vale? —dije claramente—. Si no quieres, no lo hagas.

Me miró a los ojos y dedicándome una sonrisa, como hacía tiempo que no le veía:

—Voy a hacerlo por Peter —y tras una pausa añadió—. De hecho, tengo bastantes ganas de volver a verle la cara.

POV: Gabriel Gray

Hiro iba a traer a Peter Petrelli, al Peter Petrelli del pasado, hasta aquí. En teoría, podía hacer lo mismo que con su espada Kensei. Sacarle de la línea del tiempo. De un momento concreto, antes del atentado. Y una vez estuviese aquí darle el mensaje. Pero eso era en la teoría. Muchas cosas podrían salir mal.

Hiro había asegurado que una vez le diésemos el mensaje Peter podría regresar al pasado por sus propios medios. Pero el peligro era que supiera demasiado del futuro, o que se tratase del mismo Peter Petrelli que intentó destruir Nueva York o cualquier versión de él que no fuera adecuada.

Estaba claro que fuese quien fuese, Peter y yo no nos llevaríamos bien. Por lo que decidimos que lo mejor era que yo estuviese en otra habitación Claire y Hiro se ocuparían de aquello. Si podíamos evitar que Peter me viera todo sería mucho mejor.

Hiro tendría que concentrarse mucho para extraerlo. Por lo que se quedó a solas y en silencio en la sala, mientras Claire y yo hablamos en la otra.

—Sólo espero que no sea el Peter vengativo. No soportaría volver a verle la cara —se agitó Claire después de un rato impacientándose.

—No creo que sea para tanto —le contesté—. Yo era mucho peor que él antes de conocer…

No pude terminar la frase, Hiro salió de la habitación tan pálido que parecía un muerto. Claire inmediatamente le cogió de un hombro, al tiempo que yo lo hacía del otro. Estaba a punto de derrumbarse. Pero lo había conseguido.

—¡Ya Ta! —proclamó en un susurro antes de desplomarse en el hombro de Claire.

—¿No estará…? —preguntó Claire angustiada.

—No, sólo está inconsciente. Tiene pulso, lento pero firme —le tranquilicé mientras le dejaba encima del colchón de dormir.

Claire había ido a la habitación contigua y estaba en el umbral. Yo me acerqué al ver la expresión de asombro en sus ojos. Allí tendido estaba Peter inconsciente. Pero, ¿cuál Peter?

No lo sabíamos con seguridad.

POV: Claire Bennet

—¿Debemos atarle? ¿O amordazarlo, por seguridad? —le pregunté a Gabriel. No tenía mucha experiencia en cosas como estas y tenía miedo. Era muy extraño que una persona que me había inspirado tanta confianza pudiera provocarme este temor. Era culpable de su muerte, de la muerte de otro Peter. Y no sabía qué pensar.

—No creo que haga falta —me tranquilizó Gabriel—. Primero debemos asegurarnos de cuál Peter es.

Empecé a registrarle los bolsillos de la chaqueta y el pantalón. Las llaves del piso, la identificación del hospital, la billetera. Al menos parecía que era posterior a la primera explosión. No llevaba ningún reloj, solo un ticket de la compra sin fecha. Eso no dejaba nada en claro. Y finalmente encontré su móvil. Aquello era un buen golpe de suerte.

—Diecinueve de marzo de 2007 —le dije a Gabriel. Aquello no era un gran consuelo. Era el día posterior a la muerte de Nathan. No daba mucho margen—. Las cinco y media de la tarde.

—Antes de nuestro encuentro en su apartamento —explicó Gabriel. El plan parecía que podía funcionar. Seguía inconsciente, dormido profundamente. Tenía toda la pinta de que no hubiera roto un plato en su vida. Pero la persona en la que acabó convirtiéndose no era en absoluto así.

—Menos mal que esta vez ha sido en el colchón —se oyó la voz burlona de Hiro, que había recuperado el sentido de nuevo y parecía alerta ante la imagen de Peter en el suelo. Entonces Peter empezó a removerse del sitio, estaba también saliendo de su inconsciencia.

—Está despertándose —dije mientras le hacía una señal a Gabriel para que se fuera a la otra habitación.

POV: Peter Petrelli

Había caído inconsciente en el suelo del apartamento. Eso era lo último que recordaba. Caer vertiginosamente a un suelo que nunca llegaba. Y ahora notaba que había gente a mí alrededor. Gente moviéndose y registrando mis cosas.

—…en el colchón —logré oír a medias una frase.

La voz me sonaba pero no sabía localizarla.

—Está despertándose —escuché de una voz femenina y dulce que estaba más cerca. Aquella voz me sonaba también e igual que la anterior, hizo que saliese un poco más de sueño.

Abrí los ojos, pero todo estaba difuminado. La cabeza me daba vueltas y sólo lograba ver dos figuras que estaban enfrente de mí. Intenté incorporarme un poco para verlos mejor pero una oleada de dolor me asaltaba el cráneo.

—Siempre has sido un soñador, Peter —dijo la voz femenina que reconocí finalmente. Era Claire, abrí los ojos y enfoqué la figura más cercana. Ahí estaba ella, parecía diferente, estaba muy diferente. Con el pelo liso y negro recogido en una coleta y una blusa manchada de polvo. Parecía más adulta, mucho más adulta, pero aquello no podía ser. Claire sólo tenía dieciséis años. Detrás de ella se hallaba Hiro vestido con un chándal verde y con la espada Kensei en las manos.

—¿Claire, Hiro? ¿Sois vosotros? —no daba crédito a aquello que veía. Llevaba cuatro meses intentando encontrar a Claire, que había desaparecido junto con Noah tras la explosión. Y Ando buscaba por su parte a Hiro, sin ningún éxito. Ambos habían desaparecido de la faz de la tierra.

Y resulta que ahora me encontraba delante de ellos dos.

—Sí, somos nosotros —Claire esbozó una sonrisa, que tembló ligeramente—. Con cinco años más de edad, pero somos nosotros.

Aquella mención a la edad, me dejo helado.

«¿Cinco años más?»

—Has viajado en el tiempo —explicó Hiro tras ver mi cara de sorpresa. No era agradable saber que había viajado en el tiempo. Pero al menos eso explicaba el aspecto de ambos.

—¿Por qué he viajado? ¿Qué es lo que está pasando aquí? —pregunté alarmado.

—Tenemos que explicarte muchas cosas —dijo Claire cogiendome de la mano—. Para que puedas cambiar tu destino.

«¿Mi destino?»

No entendía nada de lo que decían, pero de pronto empecé a oír bien de nuevo. De hecho oía mucho mejor que bien. Parecía que los sonidos se incrementasen veinte veces. Podía oír el latido de mi corazón, también el de Claire y el de Hiro. Ambos estaban acelerados. Pero de fondo se oía otro corazón lento y firme. Una cuarta persona estaba cerca, alguien que estaba en la otra habitación contigua.

—Hay alguien más aquí —dije a Claire. Su corazón empezó a bombear aún más rápido. Estaba nerviosa—. ¿Quién es?

Oí los pasos del desconocido propietario de ese corazón, a medida que se acercaban. Cuando estuvo en el umbral, no podía dar crédito a mis ojos. Aún menos crédito que cuando había reconocido a Claire y Hiro.

—¡S-Sy-Sylar! —grité al tiempo que me incorporaba inmediatamente y apartaba a Claire, la cual intentaba evitar que me levantase.

«¡Estamos en peligro, Sylar nos matará!» era el único pensamiento que me llegaba al cerebro. De repente vi un resplandor a mi izquierda, donde estaba Hiro, demasiado rápido para identificarlo. Y noté algo frío y metálico apoyado en mi cuello.

—Como ha dicho Claire —siseó lenta y pausadamente Hiro, mientras apoyaba más firmemente la hoja de la espada Kensei en mi cuello desnudo—. Tenemos que explicarte muchas cosas —Hiro tenía un brillo de amenaza en sus ojos.

Amenaza de muerte.

«¿Dónde demonios me había metido?»