CAPITULO 8
Ante todo, Mil gracias por la buena aceptación del fic.
Me alegro de que esté gustando tanto.
Y más gracias aún, por los comentarios de algunas seguidoras, involucrándose en la historia.
Preguntando y opinando sobre ella.
GRACIAS
Mientras yo rellenaba la ficha de ingreso con los datos de Lauri, una enfermera se la llevó en una silla de ruedas.
- Tranquila. La Dr. Vior está preparándose para recibirla. - La informó la sanitaria.
- Estoy tranquila – Sonreía – Todo está bien. Tengo contracciones cada... - Ahí la perdí de vista. Y yo misma sonreí conmovida por estar viviendo este momento junto a mi amiga; Mi hermana.
Erik llegó en seguida y lo dejaron pasar y estar junto a Lauri. La tensión le había subido un poco, nada alarmante, pero consideraron que estando su marido junto a ella, le vendría bien. Ya que, aunque aparentaba tranquilidad, en el fondo no lo estaba tanto.
Y a mi, me tenían colapsada a llamadas de la oficina.
Una novela, mi última adquisición, estaba teniendo problemas con la imprenta; más bien con el escritor, que estaba poniendo trabas de última hora; alegando que acababa de ver mis correciones y que no estaba del todo de acuerdo.
Nervios de última hora del escritor novato.
Era algo muy frecuente; y en esos momentos la editora debía estar con él, tranquilizándolo. O sea, yo. Pero hoy tenía un trabajo bastante más importante que el de pasarle la mano por los hombros y regalarle palabras de paz y positivismo a un crio histérico.
Estuve durante casi dos horas al teléfono, ya que estaba intentando que sirviese de esta manera sin falta de ir a la oficina.
Hasta que al final, la que acabo llamándome, fue Samantha, la editora jefe. Mi superior directa.
- Isabella... ¿Dónde estas? ¿Qué es tan importante que te hace no estar aqui, con tu escritor en plena crisis? - Me reprochó. Estaba, más que enfadada, agobiada - Michael, está dandome el coñazo... y ese es tu trabajo. No el mio. Así que ven aquí a la voz de ya – Recalcó ese "ya", no dandome opción a reproche.
Hice avisar a Erik, para comentarle que tenía que ausentarme, que había problemas en la oficina.
- ¡Vaya! - Contestó compungido. - ¿No hay manera de evitar que te marches? Yo estoy más tranquilo sabiendo que estas aqui. Tú sabes controlar las situaciones con temple... - Meneé la cabeza con pesar. - Bueno, supongo que has hecho todo lo posible para no tener que irte... El trabajo es el trabajo... Marcha tranquila. No le diré nada a Laurie para no alterarla, ¿de acuerdo?
- Sí, será lo mejor. - Contesté - ¿Sigue subiéndole la tensión? - Pregunté algo preocupada.
- Sí... Parecía que se le estabilizaba, pero cuanto más abanza el parto, más le sube. Si sigue así tendrán que practicarle una cesarea.
Nos despedimos con un ligero toque en el hombro y marché veloz hacía la oficina. Iba rezando por poder solucionarlo todo rapidamente y volver con "mi familia".
Estaba molesta. Estaba enfadada; mucho. Un momento como este, y tener que ir a dorarle la píldora a un crio para templar sus nervios.
Esto es tú trabajo. Tú misma llevas estos ocho meses diciendo que la vida familiar y tu trabajo son incompatibles.
Me decía a mí misma. Y tenía razón... Pero, después de casi cinco años en este negocio, y más de tres desde que le vendí mi vida a este trabajo... ¿realmente quería seguir así?
Lau estaba emocionada con el tiempo que habíamos pasado juntas, y contaba que me mantuviera activa en la familia una vez nacida Nora... Pero el ritmo que llevaba para pasar ese tiempo juntas, era extenuante. Y mi trabajo se veía afectado más de una vez, llevandome alguna que otra merecida bronca.
Faltaria a reuniones familares, acontecimientos... Las primeras palabras de Nora, sus primeros pasos, graduación en el jardín de infancia, colegio, insitutuo...
¿Estaba dispuesta a perderme todo esto? Pero... ¿Estaba dispuesta a renunciar a mi adorado trabajo y mi calidad de vida?
Cuando llegué a la oficina, Samantha estaba de los nervios. Agobiadísima de estar escuchando a Michael, el cual estaba completamente fuera de sí.
- Vamos a ver, Michael ¿Qué pasa? ¿No estabas encantado con publicar tú libro? - Asintió nervioso. - Bien. Pero sabías que tu manuscrito nesecitaba algunos retoques para que dieran el visto bueno en edición. Si no, no se podría haber publicado. Solo han sido unos pequeños cambios.
- No... ¡No me mientas Isabella! - Me dejó pasmada por su grito - Lo he leido, y las cosas que as cambiado, son justamente las que le dan la esencia a la novela. Le has cambiado su alma, se la has robado – Me acuso, al borde de la histeria.
- Es lo que hay – Le solté altanera y prepotente. - Cualquier editorial te hubiese hecho los mismos cambios... Incluso más. Has tenido suerte de dar conmigo, que me gusta exageradamente mi trabajo y que he tenido moral de tragarme muchas de las chorradas que tenías escritas – Le escupí como el veneno. - En otra casa, no se hubiesen molestado de pasar de la página 10, y te hubiesen devuelto el manuscrito, echándote sin miramientos.
- ¡Cómo puedes decirme eso! - Resopló molesto y sorprendido por la rudeza de mis palabras.
- Porque es la verdad – Lo miré fijamente, con arrogancia. - Tranquilízate, porque al final conseguiras que detengan la impresión. Y si eso pasa, olvidate de publicar tu libro en cualquier editorial de esta ciudad. - Michael hinchó el pecho y se puso a la defensiva.
- Bueno, pues a lo mejor no quiero publicar mi libro en un editorial como esta... en ninguna de este tipo. Lo mejor hubiese sido ir a una pequeña donde valoren el arte de escribir, no los numeros y el dinero. - Su voz sonó viperina.
- No me has entendido bien, Michael... Cuando me refiero a ninguna editorial, me refiero también a las pequeñas. - Me acerqué a él como una serpierte – Si haces deter la publicación y por tanto, dejarme a mí mal... Moveré mis hilos y no publicaras ni esta ni ninguna otra letra que escribas en toda la ciudad. Ni tan siquiera un anuncio en un triste periódico. ¿Me has entendido bien? - Mi voz era afinada y cortante. Michael dejó de respirar. - A si que cálmate, estate calladito y deja de joderme de una vez. - Espeté.
Él se sentó en un butacón y se calló ipsofacto, completamente descolocado. Mientras Samantha, mi jefa, me miraba asintiendo conforme por mi actuación con el chico.
Por mi parte fui a comprobar que la impresión seguía su curso y que todo iba como debiera.
Al volver del despacho, Michael seguía en la misma posición, solo había cambiado que ahora miraba perpetuamente para el suelo, abatido.
Me sentí bien conmigo misma. Lo había callado y mi trabajo seguía su curso.
Cuando me disponía a irme, mi jefa me detuvo.
- Isabella – Me llamó. - Muy bien. Has despachado de forma muy profesional a este niñato quejica y agobiante – Escupió – Me tenía aburrida – rodó los ojos- Este se creía ya un premio Pulitzer... ¡Será gilipoyas!
- Estaba descontrolándose. Donde se pensaría que iba con su manuscrito si yo no hubiese metido la mano – Mi arrogancia superaba casi hasta la de mi jefa, que era imposible. - Este libro nos reportará un nuevo éxito rotundo a la editorial, y nos hará ganar mucho dinero. Estoy segura. El trabajo de corrección que he hecho, ha sido fantástico – Yo misma me embebía con mis propias palabras.
- Tienes toda la razón. Y esta muy bien que tú misma te des cuenta de tu buen trabajo. Cada día veo en tí, mi futura sustituta; cuando yo ascienda – Sonrió maliciosa – Porque James (su jefe directo) está empezando a aflojar, y eso le pasará factura sin tardar. Entonces estaré yo esperando por su despacho con maravillosas vistas a Central Park – Parecía que hubiese crecido de lo que se hincho con sus propias palabras.
Ambas sonreimos más que maliciosas, felices con nuestras palabras viles, dañinas y manipuladoras.
Poco después, la imprenta nos avisó de que el primer libro había sido ya impreso con éxito. Mi subordinado lo revisaría y si todo estaba correcto, se imprimirían las copias estipuladas para que Michael comenzará sus presentaciones en las librerias.
La brujísima de mi jefa y yo, estábamos pletóricas, por lo que nos fuimos a la sala que teníamos acondicionada para "celebrar" de forma íntima en la oficina cualquier éxito con algun libro o escritor a tomar una copa de un buen vino. Si la ocasión lo requería, que solía ser casi siempre, luego la celebración se extendía en algún pub de moda de la ciudad.
- ¿Qué te parece si seguimos festejando? - Me sugirió ella muy animada por las dos copas de vino que se había bebido.
Cuando estaba apunto de decir que sí, de pronto recordé el porqué al llegar a la editorial tenía tanta prisa por acabar el tema del libro:
Laurie
Me sentí como un ser despreciable por olvidarme así de mi amiga. Estaba dando a luz a mi ahijada, a su primera hija, y yo tomando vino y riéndome con mi jefa.
Me disculpé con Samantha a la cual no le gustó mucho mi plantón, diciéndome que lo importante era estar siempre para y por la editorial. Que nada más importaba que eso para triunfar en esta ciudad... casi la deje con la palabra en la boca porque salí disparada para la clínica.
Mientras iba en el taxi, recordé que hacía más de dos horas que no había mirado el móvil, el cual había puesto en modo silencio mientras estaba en la clínica ya que no hacía más que sonar y las enfermeras me miraban con cara de perras.
Cinco llamadas perdidas de Erik.
- ¡Joder! ¿Pero en que mierda estás pensando Bella? - Gruñí, haciéndo al taxista mirar sorprendido por el espejo retrovisor.
Al llegar pregunte por mi amiga, y me informaron que estaba en post operatorio. Al no ser familia "real" no me dieron más informacion. Pero si tuvieron el detalle de especificarme donde estaba su marido.
Llegué con la respiración agitada y los nervios a flor de piel. Algo no me olía bien. Un pinchazo justo en medio de la nuca me lo advertía.
- ¡Erik!– Lo llamé. Estaba sentado, con la cabeza hacía abajo, agarrada con ambas manos. Estaba pálido y ojerosos. - ¡Por Dios! ¿Qué ha pasado? - Llegué a él y me puse de cucliyas en su frente, apoyando mis manos en sus piernas.
- La cosa se ha complicado y han tenido que hacerle una cesarea de urgencia a Laurie. - Fruncí el ceño, preocupada – Está en post operatorio. La cesarea ha salido bien; ella está.. bueno, viva. - Suspiró y yo abrí los ojos, sintiéndo como me picaban. Creo que por la sensación olvidada de llorar. - La niña está bien. No me han dejado verla aún, pero me han asegurado que está perfecta. Mañana me la enseñaran, ahora está en la incubadora, ya que hubo sufrimiento fetal y prefieren tenerla controlada. Pero Laurie... - Calló; imagino que por el nudo que debía tener en la garganta. Le di unos segundo, hasta que tuve la necesidad imperiosa de preguntar.
- ¿Qué ha pasado Erik?
- La tensión seguía subiendo hasta que de pronto, comenzó a sufrir una arritmia altísima. Para cuando quiseron darse cuenta, estaba entrando en parada, y sufrió una hemorragía vaginal – Una lágrima rodó por mi mejilla – La sala de partos se llenó de médicos en menos de 15 segundos. Dos cardiólogos se pusieron con ella, mientras dos ginecólogas le hacían la cesarea para intentar salvar a Nora... - Calló y se sorvió sus propias lágrimas. - La devolvieron a la vida, pero ahora hay que esperar a que despierte para ver las secuelas.
- Dios mío... - murmuré compungida, y sin saber ni qué decir.
- Como mínimo, va a estar débil durante bastante tiempo, eso ya me lo han asegurado, pero no saben hasta donde puede haber alcanzado las secuelas de esos segundos en parada, más la hemorragia. También me han asegurado que no podrá tener más hijos, ya que han tenido que intervenirle las trompas porque la hemorragia provenía de allí. - Y tras ese informe médico, se derrumbo y comenzó a llorar desconsolado; y yo con él.
No recordaba la última vez que había llorado así... Si. Sí que lo recordaba; perfectamente. Y veloz como la luz, Edward entró en mis pensamientos, haciendo que mi olvidada cicatriz se removiera furiosa en mi pecho.
Nos quedamos en el hopital esperando noticias de Laurie. Durante horas, nos mantuvimos en silencio. Erik no era lo que se dice muy parlanchín caso aparte es que nunca nos habíamos entendido excesivamente bien, aunque hoy no era momento para chácharas. Fui a por un par de cafés, y a la segunda, me aceptó la invitación.
Seguimos en un silencio sepulcral, hasta que al fin nos trageron noticias de ambas.
- La niña está perfecta – Ambos respiramos – Su esposa, ha despertado, pero estaba bastante desorientada y algo nerviosa, así que la hemos sedado otra vez. Es primordial que descanse y este lo más tranquila posible. Estás horas son esenciales para su posterior recuperación. No podemos decirle nada sobre alguna secuela. Cuando vuelva a despertar, roguemos que esté más lúcida y podamos dejarla sin sedación. O por lo menos no tan fuerte y así comprobar el post operatorio. Los médicos siguen examinando las pruebas para ver qué es lo que ha pasado. - Nos miró con pena – En cuanto pueda decirles algo más, se lo haré saber. Les recomiendo que se vayan a casa e intenten descansar.
No eran grandes noticia, a excepción de Nora, pero no eran malas tampoco.
Erik no quiso irse a casa, así que después de comprobar que se quedaría bien, yo me fui a mi apartamento.
Necesitaba ducharme e intentar dormir aunque fuese un par de horas.
Erik prometió avisarme si había alguna novedad.
A penas pude dormir nada ya que el teléfono comenzó a sonar menos de dos horas después de acostarme. Lógicamente de la editorial.
- Bella, soy James – Me informó el super jefe – Sería conveniente que vinieses por la oficina, ya que hay novedades sobre Michael Buble.
- ¿Michael, mi escritor?- Pregunté extrañada.
- Sí. Ha puesto una queja por escrito contra tí y Samantha. Por insultos, amenazas y malintención contra su persona y su libro. - Estaba en shock.
- Pero... - Realmente no sabía qué decir. - Dame una hora y estoy ahí, James.
Llamé a Erik, el cual me dio la grata noticia de que por fin le habían dejado ver y tener en brazos, a su hija. Que se parecía mucho a Laurie, que tenía sus ojos. Pero no le capté una gran alegría, aunque pudiese ser mi estado de nervios por la maldita queja de Michael.
Y de su madre poco. Había vuelto a despertar, pero le inyectaron más sedación, algo más suave, pero seguía dormida.
En sí, no eran malas noticias.
Yo le informé que me retrasía más de lo que había supuesto porque habíamos tenido un problema grave en la oficina. No pretendía que me entendiera en esos momentos, pero su contestación me dejó algo trastocada.
- Claro... ¡Cómo no! Lo más importante es el trabajo, ¿verdad? - Su tono era envenenado.
- Son obligaciones, Erik. - Le contesté forzando tranquilidad en mí voz. - Creeme que me encantaría estar ahí contigo, esperando noticias de Lau, pero mi trabajo no entiende que mi amiga esté hospitalizada.
Entendía que era un momento para estar con la familia, pero el trabajo era importante. Laurie estaba atendida por los mejores médicos, y yo tenía que salvar mi trabajo; ya que la queja de Michael, si trascendía, podía llegar a ser motivo de despido.
No podía perder mi trabajo así, sin más.
Cuando llegué a la editorial, me informaron en recepción que me esperaban en el despacho de James; al cual subí directamente.
- Buenos días, Isabella. Toma asiento. - Samantha, mi superiora directa, ya estaba allí con cara de perra, más de la habitual; pero había miedo y angustía en sus ojos.
- Ayer, ustedes dos, tuvieron una muy interesante conversación sobre Michael Buble, riéndose de como la señorita Swan lo había humillado y amenazado. Y mofándose de su manuscrito, creciéndose exageradamente sobre su propio trabajo con él, y desprestigiando la obra original. - Me quedé sin respiración. - ¿Es eso cierto? - Tragué saliva y miré de reojo a mi jefa, la cual asintió.
- Si... pero bueno... Era un broma entre nosotras. Tampoco era por desprestigiar ni ofender a Michael, James. Ya sabes como nos crecemos cuando tras una correción, un libro queda mucho mejor. Y más aún, cuando gracias a esas correciones, la casa decide publicarlo. - Me defendí.
- Si. Yo también fui editor. Empecé desde abajo como ustedes dos, y no sintiéndome orgulloso de ello, me crecía cuando algo como lo que acaba de narrar pasaba. Estaba argullosisimo de mí mismo, pero no insultaba, no ofendía ni denigraba a mi escritor. Siempre he sido muy consciente y así he intentado trasmitirselo a todos mis editores cuando comienzan, que tuviesen muy presente que gracias a los escritores, ellos, yo mismo y ustedes, tenemos trabajo.
El sermón y bronca, fue de consideración. Mas de una hora nos tuvo allí recluidas, diciéndonos lo desfraudado que se sentía. Que llevaba tiempo observándonos que nuestro comportamiento dejaba mucho que desear.
- Entiendo que estan presionadas porque los socios quieren ver resultados en los número... vamos, en el dinero, y eso se consigue publicando – Respiró profundamente – Pero han perdido sensibilidad. Se han convertido en mujeres sin escúpulos, sin dulzura... y no quiero pecar de machista, no me malinterpreten, por favor. - Nos miró con intención – Pero se han vuelto frías, calculadoras, arrogantes... Y no me gusta la gente así. O por lo menos, no tan "así" – hizo las comillas en el aire. - Estamos intentando que la queja interna de Michael Buble no trascienda, porque sino sus trabajos estarían en un serio apuro, aunque de todas formas, habrá consecuencias – Ambas resoplamos alarmadas – Las mantendré informadas.
Con esto, nos despachó. Ambas salimos sin hablar. Estabamos perplejas por lo que estaba ocurriendo.
Desempeñabamos nuestro trabajo a la perfección. Eramos unas trabajadoras natas, dejando de lado cualquier asunto personal por dedicar todo nuestro tiempo y esfuerzo a esta casa, y porque un crio caprichoso se vio ofendido, estábamos a un paso de ser despedidas.
Increible.
- Maldito mal nacido – maldijo Samantha. - Ingrato desagradecido. Con las horas que le has dedicado a su libro y todavía tiene quejas. Si no fuera por tu empeño, su manuscrito no habría visto la luz. - Sus palabras llevaban mucho de cierto.
- Si, dimelo a mí. - Resoplé con molestia. - Pero bueno... también a mí me interesaba. Ví el potencial de su escrito. Será un éxito rotundo. - Miré a mi jefa con intención – Si no hubiese captado ese potencial, le podrían haber dado mucho; y que fuese a molestar a otra editorial de menos monta.
- Si me despiden por su culpa, soy capaz de sacarle los ojos – Casi me dio miedo; Samantha no era de las que dejaba las cosas pasar facilmente.
- ¿A qué consecuencias se podría referir James? - Pregunté con temor.
- Pues desde un cambio de destino, a una penalización de empleo y sueldo, a quitarnos la comisión por las ventas de ese libro... Que eso ya lo doy por hecho, la verdad – No habló, gruñó.
- ¡Joder! Puto crio entrometido... - Balbuceé. - Conseguirá acabar con nuestras carreras – lloriqueé.
Nos despedimos, deseandonos suerte con nuestros respectivos castigos, malhumoradas y abatidas.
Mi jefa no sé donde iría, pero yo me fui al hospital.
Hoy se me está juntando todo. ¿No podrían haberse puesto de acuerdo para repartir las malas noticias y los dramas?
Al llegar a la clínica, me encontré, al fin, con una buena noticia: Laurie estaba despierta; aunque muy, muy débil. La enfermera que me informó, me comentó que era pronto para una evaluación exacta de su estado de salud, pero estaba muy débil y que no se arriesgaban a ni siquiera hablar de una leve recuperación.
Ante mi disgusto por su informe, tuvo el grandísimo detalle al ver mi cara compungida y enlagrimada, de darme un soplo de vida: Me llevó a conocer a mi ahijada.
Entró en la sala de neonatos y me la señaló. Era una muñequita, diminuta envuelta en una mantita rosa. Yo la contemplaba emocionada a través del cristal, notando como me latía el corazón excitado.
- Anda... - la enfermera salió y me llamó – Ven. Aunque no seas familiar directa, el padre me ha dicho que eres como una hermana para la madre, y que eres la madrina de la niña – sonrió, mientras yo asentía enérgica con la cabeza. - Pasa. - Entramos en la sala de los bebés y por fin, pude verle la carita a mi niña. - La enfermera la cogió en brazos y me la entregó. - Tómala, te la dejo unos minutos, para que os conozcais. Ya que no puede estar con su mamá... Que por lo menos tenga la calidez de los brazos de la mujer que sería su madre si a la verdadera le pasase algo. - Me guiñó un ojo y se apartó unos pasos para darnos intimidad a la bebé y a mi.
- Nora, cariño. Soy la tita Bella... ¿Qué tal está mi niña? ¿Estás muy solita aquí, verdad? Pronto mamá estará bien y podrá mimarte y achucharte, pero mientras, lo hago yo por ella. - La abracé contra mi pecho, regalándole suaves besos en su pequeña y arrugadita frente.
Notaba su acelerado corazón retumbar contra mi vacio pecho. Era tal su fuerza, que hacía eco sobre el mío, hacíendome percibir que mi propio corazón recobraba vida gracias al suyo.
A esto se refería Edward cuando decía que gracias a la fuerza de mi corazón, parecía como si el suyo propio volviese a latir... El pensamiento me sacó una sonrisa melancólica.
Y de pronto, las palabras de la enfermera volvieron a mi mente, analizándolas:
...a la mujer que sería su madre si a la verdadera le pasase algo...
Era verdad. Según la tradición, si a sus padres les ocurría algo, los padrinos son los encargados de ocuparse de sus ahijados, convirtiéndose así, en hijos.
Pero Laurie tenía a... bueno, a sus hermanos, ¿no? Su padre se había quedado apagado tras el fallecimiento de su esposa así que no contaba. Un hermano estaba casado pero se había mudado a Europa despegándose de la familia, y el otro... era un solterón vividor y despreocupado. Y Erik, solo tenía a su padre, pero era muy mayor y estaba en una residencia.
No quería pensar ahora en eso. Laurie se recuperaría y entre ella y su marido verían crecer a su preciosisima hija.
Antes de devolversela a la enfermera, le saqué varias fotos para enseñarsela a Laurie, sabía que le haría muchísima ilusión verla. La sanitaria, me comentó que volviera a última hora para darle el biberon, que la niña necesitaba contacto físico y yo, siendo mujer, era más cálida. Además su padre estaba demasiado afectado por lo de su mujer.
Llegué a la habitación de mi amiga, la cual estaba despierta, y su marido sentado en un sillón a su lado. Estaba completamente demacrado.
- Bella – Me llamó en un susurro. - ¿Has visto a Nora?- Sonrió agotada.
- Si. Y te traigo un regalito para animarte – Primero la besé y luego saqué el móvil, mientras ella observaba mis movimientos con ojos cansados.
- Toma... Creo que te hará ilusión. Imagino que estás deseando de conocer una muñequita que te ha robado los ojos... - Sonreí de forma casi infantil.
Laurie se emoció tremendamente. La máquina a la que estaba conectada para medirle el ritmo cardiaco, se alzó. Captando la emoción del corazón de Lau al ver por fin la cara de su hija.
- Cariño... - Erik se incorporó alarmado – El médico te ha dicho que debes estar tranquila. - Erik le quitó mi móvil de las manos de malas formas, y me lo dio sin tan siquiera mirarme a la cara, dejándome bastante cortada. - No debes estresarte por nada. Ahora solo debes pensar en recuperarte tú. No te calientes viendo nada. - Alzó la cabeza y me miró de malas formas – Bella, no la solibiantes, hazme el favor. - Yo lo miré con los ojos desorbitados.
- Cielo, eran fotos de Nora... - Le replicó. - Por fin pude verle la cara a la niña... Estaba deseándolo – Murmuró con su voz cansada.
- Ya tendrás tiempo más que de sobra para versela. - El tono de voz de su marido no era para nada cálido. Sino tiránico. - Ella esta perfecta, tú no. Así que ahora preocupate por estar bien tú, deja a la niña. - Su comentario me dejó pasmada, y con el ceño fruncido.
- Erik, ¿cómo puedes pedirme que pase de mi hija? Ahora mismo es lo más importante... Está solita. Solo has ido a verla una vez – le reprochó, con razón – Yo estoy bien. Cansada pero bien. Has de ocuparte de nuestra hija. - Imagino que con un esfuerzo titánico, frunció el ceño y alzó un poco la voz, endureciéndola.
- Cariño... mi vida... Casi mueres. Casi te pierdo para siempre por dar a luz a la niña. A alguien que no conocemos, que no es nada aun entre nosotros. Quiero a nuestra hija, pero no a cambio de tu vida. Eso bajo ningún concepto. ¡jamás! - Recalcó.
- Erik... si te hubiesen dado a escoger por salvar una vida... ¿por quien te hubieses decantado? - le preguntó. Conocía a mi amiga y su tono no era bueno; tras esa pregunta había algo más.
- Por tí, sin duda alguna. - Le contestó ipsofacto.
El pulso de mi amiga subía alarmantemente, pero ahora su marido estaba en el plano "egoista" tan habitual de los hombres y ni tan siquiera escuchaba el pitar de la maquina.
Muy discretamente salí y me fui directa al mostrador de las enfermeras.
- Perdone, el pulso de mi amiga está subiendo, creo que demasiado – Expliqué algo alarmada.
- Sí, ya lo estabamos observando. Hacia alli iba ahora para ver que ocurría. - Me contestó la enfermera.
- Verá... - la sanitaria paró y me miró preocupada.
- ¿Qué ocurre? - Sae paró y me miró curiosa.
- El marido de mi amiga... Él, bueno, no sé... está como enfadado con la niña. Estoy segura de que le hecha la culpa de que su esposa esté así. Y está agobiándola diciendole que pase de la niña, que ahora solo debe mirar por ella, para recuperarse... - me mordí el labio preocupada. - Y él es el que está agobiándola. Me preocupa que la estrese...
- Entiendo – Frunció el ceño – Es muy habitual en los maridos esa forma de ver algo como lo que les ha ocurrido a sus amigos. Tiene miedo de perder a su esposa, y está descargando su rabia y su miedo contra la bebe. Lo tendré vigilado y le restringiré las visitas – asentí algo más tranquila.
Con las mismas entró en la habitación, y tras un silencio, escuche protestas de parte de Erik, el cual salió ceñudo unos segundos después.
- ¿Has sido tú? ¿Tú has sido la responsable de que me hechen de la habitación? - Me acusó.
- Sí. He sido yo. - Lo miré con mi cara de "vívora propotente" – No iba a consentir que siguieras atacándola sin compasión – Él me miró sorprendido. - Si, no me mirés así. Si conocieses a tu mujer, sabrías que pedirle que "pase" de su hija es matarla. Ella entregaría su vida por esa niña ni tan siquiera habiéndola visto. Y eso no significa que a tí no te quiera... Pero el amor de una madre hacía sus hijos es infinitamente superior al amor por otra persona. Incluidos tu, yo y cualquiera. - Le expliqué muy clara y bastante fría.
- Esa niña casi mata a Laurie, por salvarse ella misma. ¿No lo entiendes? ¿Es que acaso quieres perder a tu amiga? - Me contestó dolido y rabioso. - Si a mi mujer le ocurre algo, puede irse al infierno, que la atienda otro, porque yo no quiero ni verla.
- Porque la quiero, la entiendo. Y aunque me dolería tanto como a tí que ella muriese, sé que Laurie moriría en paz por su hija. Cosa que tú no entiendes porque eres un hombre. - le escupí dolida por la forma de hablar de su hija. - Si Laurie te oyese hablar así de Nora la matarías en el acto.
- Ya salió tu vena anti hombres... - Me soltó con asco. - Pareces la típica lesbiana... esas que no salen del armario nunca. - Me dejó sin palabras. Atónita – Siempre lo he pensado, pero Laurie me reprendia cada vez que lo insinuaba. No es natural tenerle tanta repulsa a los hombres. - Me miró con asco.
Sin más, le solté un bofetón en mitad de la cara, dejándole mis cinco dedos marcados.
- Maldito cretino hijo de puta. Si ocurre la fatalidad de que algo le pase a Laurie, peleearé hasta quitarte a la niña. No volveras a saber de ella jamás. - Él me miró con soberbia. - Tengo dos cosas que tú no: Contactos y dinero. Te machacaré delante de cualquier juez sin miramientos. Pero no voy a consentir que martirices la vida de Nora por tus miedos de hombre cobarde y egoista. Cabrón insensible. - Con las mismas me giré y entré en la habitación.
Cuando la visita acabo, la enfermera con la que había hablado antes, me mandó esperar ya que el médico quería hablar conmigo una vez acabará de visitar a Laurie.
Al cabo de unos minutos salió y se dirigió a mí. Su cara no me gustó nada. Ni lo más mínimo; y el corazón comenzó a golpearme violentamente las costillas.
- Señorita Swan – asentí – La enfermera jefe me ha trasmitido lo que le comentó del marido de la señora Dawson. Y bueno, sin querer, los he escuchado discutir antes. - Frunció la boca – Hay que entender que en unas horas ha pasado mucho, pero la rabia en sus palabras me ha dejado algo trastocado. Así que le he pedido una sesión con la psicóloga del hospital encargada en situaciones de stres postraumático. Y veremos su valoración en caso de tener que hacerse cargo de su hija él solo. - El tono en sus palabras llevaba una intención escondida.
- Doctor... - Notaba como el pecho me subía y bajaba frenético – En mí trabajo yo también suelo jugar con las palabras y los tonos... Y he captado perfectamente que algo me esconde. Digame lo que sea. La verdad. Quiero estar preparada para lo que pueda venir. - Apreté la mandíbula. Él suspiró, abatido.
- El estado de su amiga es extremadamente delicado. No puedo asegurar nada. Pero lo que sí le puedo decir es que para esto no hay terapias de rehabilitación. Si supera estos días, su salud va a ser frágil. No creo que pudiera hacerse cargo de su hija como una madre normal. Básicamente porque en cuanto la niña adquiera algo más de peso, no podrá ni tan siquiera cargarla en brazos. - De mis ojos calleron dos lágrimas silenciosas - El corazón de su amiga ha quedado gravemente dañado y quedaría expuesta a otro infarto... Y al ser tan joven, sería fulminante.
- Pero... - pestañee seguido para aclararme - ¿Así de repente? - Meneé la cabeza, incrédula.
- La señora Dawson tenía una lesión cardiaca, y al someterlo al esfuerzo del parto, no pudo soportarlo - Explicó muy sincero.
Me comentó que podría intentarse una operación, pero que era muy arriesgado y que las probabilidades de éxito eran escasas. Iba a volver a sedarla para que recuperara fuerzas, y más tarde pasaría a ver su evolución.
- Doctor... - Lo llamé – Usted no conocerá al Dr. Cullen, ¿verdad? - La pregunta salió de mis labios sin pensar; hasta yo misma me sorprendí cuando me oí pronunciarla en voz alta.
- Sí... bueno, coincidimos hace tiempo en un congreso. Lo conozco por sus logros médicos... - me miró intrigado - ¿Por qué me lo pregunta, lo conoce?
- Nos conocimos hace tiempo. Fui compañera de instituto de sus hijos. Y ya por aquel entonces, era una eminencia en cirugía cardiaca. - Lo miré esperanzada.
- Bueno... Si pretende que alguien como el Dr. Cullen se presencie aquí para atender a su amiga... lo veo bastante dificil, la verdad – Me contestó con ojos lastimosos.
- ¿He oido que alguien preguntaba por mí? - Abrí los ojos hasta el infinito, y los músculos se me atrofiaron, no permitiéndome movimiento alguno.
Sabía que podría reconocer esa voz pasasen los años que pasasen, pero no hasta ese punto de claridad.
No podía ser posible que él, que Carlisle, estuviese aquí y ahora.
Era una sensación surrealista completamente.
Ya tenemos a un Cullen aquí...
Pero... ¿Vendría solo?
En unos días, lo sabremos.
Disfrutar del domingo.
Mil Besossssss
