Capítulo Nº 6:

Cuando amanecía el día diez, Legolas montó su caballo, para regresar a la cabaña y hacer el último intento. Iba dispuesto a no moverse de ahí, hasta que ella aceptara, pero cuando había avanzado un par de millas, sus ojos élficos vieron una figura que corría hacia donde él se encontraba, y pocos segundos después, pudo distinguir de quién se trataba, que había tropezado cayendo a tierra sin volver a levantarse, con lo cual él azuzó al caballo.

Cuando llegó donde el cuerpo había caído, se dio cuenta que, al hacerlo, se había golpeado la cabeza con una piedra, pues de su frente caía un hilillo de sangre y estaba inconsciente.

De un salto bajó del caballo y se acercó, para comprobar cómo se encontraba; dándose cuenta que sólo estaba desmayada. La tomó y la llevó bajo un árbol, donde la depósito con cuidado, para luego acercarse al corcel a buscar agua. Comenzó a limpiarle la herida y al contacto con el líquido, la mujer comenzó a recuperarse...

- Serenha, ¿estás bien?

- Sí, gracias – comenzó a decir a un tiempo que trató de incorporarse –. Pero, mi Señor, ¿cómo pude alcanzarlo? Me atrasé, traté de apurarme, pero no pude...

- No te preocupes, yo me regresaba para saber si tenías una respuesta... Sabía que no podrías decir que no. Gandalf no se equivoca tanto con las personas... Pero quédate un momento más recostada. Ese golpe fue bastante fuerte.

- Lo que pasa es que siempre he tenido dos pies izquierdos para correr... desde niña – explicó –. Hace un par de días solucioné mi problema, y pude partir. Lo lamento, mi Señor, me atrasé.

- Ya, no pienses en eso. Ahora vamos a poder seguir juntos el camino... Y por favor, no me digas "Señor", sólo dime Legolas. Es un trayecto muy grande el que vamos a recorrer, para que me sigas llamando así.

- De acuerdo... Pero, ya estoy bien, y por lo que creí entender, hay algo de premura en todo esto.

- No te preocupes. Ya haremos correr a mi caballo, para recuperar el tiempo perdido – volvió a pasar el paño húmedo por la herida, a lo que ella se estremeció – Tranquila. Lo que pasa es que aún sigue sangrando – explicó, y continuó con una sonrisa mientras decía –, pero no creo que sea tan grave, como para que te desangres.

- Gracias... – musitó y los ojos se le empezaron a cerrar.

Aunque Legolas se preocupó por lo que consideró podía ser efecto del golpe, ella le explicó:

- Tratando de llegar a tiempo, anoche no dormí y creo que ahora me está afectando.

- Si es como dices, es mejor que duermas un poco – le sugirió, dejando el paño sobre la herida –. Después conversaremos.

Y ella cerró los ojos dejándose vencer por el sueño que sentía. Mientras el Príncipe la miraba...

- "¿Por qué parece desvalida?... Si se nota que no lo es. No creo que Gandalf me haya hecho venir a buscarla, si necesitara ser cuidada... Necesito conversar con Aragorn. Estoy seguro que él me podrá ayudar a aclararme... Estos últimos días han sido muy complicados... No puedo apartar mi mente de Serenha, ¿por qué?... – sonrió con sus pensamientos – A él se le notaba que estaba enamorado de Arwen, era algo que nadie podía negarlo... En todo momento, se veía que la extrañaba. Que sabía que si quería estar con ella, debía terminar lo que se había comprometido a hacer... Se le veía en los ojos, en los gestos, en sus movimientos... Pero, eso yo no lo siento por Belarathien, lo sé... En cambio, hay algo especial con esta humana... – se volvió a mirarla como dormía profundamente – Pero, ¿qué diría mi padre?... Su hijo, un Príncipe Eldar, dueño de una vida inmortal; enamorado de una humana, sin más que ofrecer que su ascendencia y su vida, que será muy corta en comparación a lo que es la vida de un Elfo... Oh, Valar, cuánto necesito hablar con Aragorn..."

Un par de horas después que se había dormido, Serenha se comenzó a despertar, con un pequeño quejido que preocupó a Legolas...

- Mmmm...

- ¿Qué sucede? – preguntó inquieto – ¿Estás bien?

- Sí – contestó, esbozando una sonrisa –, es que no estoy acostumbrada a caminar tanto y tan rápido, y me duelen algo las piernas... Creo que sobrepasé mi propio límite, asustada porque te fueras a marchar.

- No podía hacer algo así. Se me encargó que te llevara, y tenía que volver a intentarlo... Ahora, me parece que deberías comer algo, antes de comenzar el camino.

- No es necesario, aún falta para el almuerzo y he podido comer mientras caminaba.

- Bueno, si es así... Vamos.

Se puso de pie, y le tendió la mano para ayudarla a incorporarse.

- A propósito – dijo ella –, ¿cómo lo vamos a hacer?

Él la miró extrañado ante la pregunta.

- Sí, para viajar – recalcó ella.

- Bueno, iremos en mi caballo, espero que no te importe.

- ¿A caballo? – lo miró algo asustada.

- Sí, ¿qué tiene?

- No sé... – tartamudeó – nunca aprendí a montar... Le tengo algo de temor a hacerlo.

- Pero, es un viaje muy largo, y como dijiste temprano, hay algo de premura... Además, te prometo que no te pasará nada malo. Yo te afirmaré bien.

- ¿Me lo juras?

El rubio arquero sólo asintió con una gran sonrisa, y se acercaron a donde el caballo pastaba.

Legolas ayudó a Serenha a subir primero y luego lo hizo él tras ella, y la sujetó firmemente de la cintura. Le dio una instrucción en élfico a la montura, que comenzó a caminar a un trote suave. Cosa que hizo que Serenha se tensara, y el Príncipe la sujeto aún más firme, para que supiera que no la soltaría.

Continuará...