Capítulo 8

-¿Qué diría Voldemort de esto?

Ron había bebido casi tanto como Hermione, pero ninguna de las reglas del mundo mágico impedían conducir un Anglia volador con una o dos copitas de más y, en cualquier caso, él tenía una complexión más fuerte y había tenido tiempo de sobra para que se le bajara la borrachera.

Con las manos firmemente sujetas al volante, miró de reojo a su novia, que se había quedado dormida en el asiento del copiloto. Sonrió y cuando divisó la calle que estaba buscando, bajó el morro del Anglia para descender en picado al barrio Muggle donde vivían los padres de Hermione.

La muchacha ni siquiera se había enterado del aterrizaje. La calle estaba completamente desierta y sólo había algunas ventanas iluminadas, las de los vecinos que habían trasnochado tanto como ellos o ya se habían despertado para comenzar un nuevo día. Ron apagó el motor, salió del coche con torpeza y fue hasta el lado del copiloto para abrir la puerta.

-Hermione, eh, Hermione, despierta –le dijo, zarandeándole un hombro-. Ya hemos llegado… Venga, despierta, ¡GRANGER!

Hermione abrió los ojos sobresaltada. O estaba muy confundida o minutos atrás había estado soñando con la dulce voz de Ron, que trataba de despertarla cariñosamente. Pero de pronto su voz había mutado y se había convertido en el tono autoritario que en ocasiones usaba Draco Malfoy.

¿Podía aquello significar que Malfoy había aparecido la noche del aniversario justo cuando Ron aparcaba delante de la casa de sus padres?

-¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ! ¡BAJA O DE JUDO QUE DESPIERTO A DODO EL VECINDADIO!

No…

Significaba que el idiota de Malfoy estaba bajo su ventana, probablemente borracho, berreando a pleno pulmón sólo Merlín sabía por qué.

Hermione rodó los ojos con desesperación. Se levantó de la cama, ya completamente despejada por culpa del sobresalto que le había dado el Slytherin, pero cuando abrió la ventana algo impactó contra su frente.

-¡Ay! ¿Eres imbécil o qué? ¡Deja de tirar piedras contra mi ventana! ¡Me has hecho daño!

-¡Pues baja! Dengo un regadlito pada ti. –El alcohol se le había subido tanto durante el trayecto a casa de Hermione, que Draco ya ni siquiera atinaba a pronunciar bien las palabras.

-Malfoy, ¿has perdido el poco juicio que te quedaba? ¡Son las cuatro de la mañana!

-Oh, pedone pod despertarla a estas intempestivas hodas, princesa. ¿Acaso he osado sacadla de su sueño reparadod? No sabe usted cuándo do damento. Es una lástima que mientras usted dodmía placenteramente yo estuviera ¡recibiendo una paliza de su ex novio!

-¡CÁLLENSE O LLAMARÉ A LA POLICÍA!

Draco miró hacia el lugar donde provenía la voz y vio que quien se quejaba era uno de los vecinos de Hermione.

-¡Udted ocúpedse de sus asuntos si do quiere que meta mi vadita en su apretado y feo culo Muggle!

El vecino, obviamente, no comprendió la amenaza de Draco, pero estaba tan seguro de que se trataba de un lunático con algún tipo de desvío sexual, que cerró la ventana de golpe, y el rubio siguió chillando con todas sus fuerzas.

Suficiente. Había sido suficiente. Draco estaba borracho y si seguía armando ese escándalo ambos podrían acabar en líos. Hermione salió corriendo hacia su mesita de noche, agarró las llaves que antes había dejado en ella y se las tiró a Malfoy por la ventana para que subiera. Era preferible eso a pasar la noche en la comisaría más cercana.

Escuchó sus pasos, crujiendo en la madera de las escaleras de su casa y, cuando abrió la puerta, Hermione ya tenía la varita en la mano por si acaso.

-Te lo advierto, Malfoy, como le hayas hecho algo a Ron pagarás las consecuencias.

-Corrección, Graaandger: tu querida Comadredja es quien me ha hecho algo a mí.

-¿Quieres hacer el favor de bajar la voz? ¡Nos vas a meter en un lío! Por tu culpa llamarán a la policía.

-Bien, que llamen a la policía esa, a lo mejor ella me hace más caso a mí que a la Comadredja. Y, ahoda, calla. Tú debes moriiiir… Debes moriiiiir porque si tú no muedes yo no podré echar un kiki en lo que me resta de vida, ¿comprendes?

Hermione frunció el ceño con desconcierto. Malfoy estaba tan borracho que no atinaba a sacar la varita del bolsillo interior de su túnica y, cuando finalmente lo hizo, era incapaz de apuntar correctamente. La giraba hacia un lado y hacia a otro, temblando, y hasta estaba sufriendo mareos con el esfuerzo.

-Avava Lakavra… Do…

-Avocado Kudrava… Do… Maldita sea, Granger, do te quedes ahí de pie, midando, y ayúdame…

-Avocado Kadavra… Do, eso do era…

-¡ADELA KAPAVRA!

Hermione estaba perdiendo la paciencia. Empezó a andar en dirección a Malfoy mientras él se esforzaba en pronunciar correctamente el encantamiento y en atinar con la varita, y cuando llegó a su lado sólo tuvo que darle un empujoncito en el pecho para que Malfoy se desplomara sobre el sillón que tenía justo detrás.

-No ez juzto… Primedo la Cromadeja y ahoda la Sabedododo. ¡Edto ed un complot!

-Estás borracho, Malfoy.

-¿De vedas? Tú sabiduría me embardga, Sabeo… sabedo…sabedodo.

-Mira, esta noche puedes quedarte aquí: está claro que no estás en condiciones de ir a ninguna parte. Pero mañana te largas hasta que llegue el día de la mudanza, ¿comprendido? ¿Malfoy? ¿Me estás escuchando?

Vio entonces que Malfoy se había quedado dormido en el sillón. Tenía los ojos cerrados y una expresión tan pacífica que hasta parecía una persona entrañable, casi alguien a quien Hermione podría haber abrazado.

La morena se quedó un poco sorprendida ante aquel pensamiento, pero decidió restarle importancia. Después de todo, uno no veía a Draco Malfoy durmiendo todos los días. Recordó entonces que seguía sumamente enfadada de que él hubiera montado aquel escándalo (¡y que hubiera intentado matarla!), pero al advertir el moratón que ya empezaba a tomar forma en su mejilla, su corazón se ablandó de nuevo. ¿Habría sido Ron quien le había hecho eso? Por lo que Draco había dicho, era muy posible que Ron hubiera perdido los nervios y le hubiera arreado un puñetazo.

Hermione sacudió la cabeza dispuesta a no pensar en Ron ni en nadie en aquel momento, sólo en ella misma y en que tenía muchísimo sueño. Así que fue en busca de una manta, se la puso a Draco encima para que no cogiera frío mientras dormía, cerró la puerta con un encantamiento que sólo ella podría haber deshecho (por si acaso) y volvió a meterse en la cama. Mañana sería otro día. Y esperaba que fuera un día muchísimo mejor que el que ahora terminaba.

Hermione se despertó muy contenta aquella mañana. Al principio había pensado que Draco todavía estaría allí, durmiendo la borrachera en el sillón de su casa, pero quedó complacida al comprobar que ya se había ido. Probablemente se había despertado muy temprano, porque no recordaba haber escuchado ningún ruido. Y casi mejor así. Hermione no tenía ganas de fingir durante un incómodo desayuno con Draco mientras pudiera evitarlo (mientras él no se mudara a su casa, al menos).

Así que se vistió y se fue corriendo al Ministerio, dispuesta a afrontar los problemas que la rodeaban con una actitud mucho más positiva que la que había tenido. Aquella tarde había planeado visitar a Ron en la Madriguera e incluso tenía preparado un discurso para él, sus padres y todo el que quisiera escucharlo. Estaba convencida de que, cuando conocieran los detalles de la historia, todo se arreglaría. E incluso pensaba que a lo mejor Ron llegaría a entender que ahora tuviera que vivir con Draco.

Al cruzar las puertas del Ministerio, notó que algunas personas la miraban con curiosidad, pero la verdad es que le dio exactamente igual. Hermione no estaba dispuesta a que le arruinaran el día, así que caminó por los pasillos con la cabeza bien alta y entró en su despacho.

Tan pronto se sentó tras su escritorio, oyó que alguien llamaba a la puerta. Levantó la vista y pudo ver a su jefe entrando.

-Granger, ¿qué demonios está haciendo?

Hermione frunció el ceño. Acababa de entrar en su despacho, ¿qué podía haber hecho mal?

-Ya está cogiendo sus cosas y largándose de vacaciones.

-¿De… vacaciones, señor?

-¡Claro, Granger! ¿O acaso piensa pasar su Luna de Miel entre fluorescentes y papeles? El Ministro ha venido a verme personalmente para recordarme que le corresponden unos días por su boda. Así que, venga, váyase a cualquier parte y disfrute. Coja uno de esos trasladores vacacionales si quiere, pero desaparezca de mi vista.

Hermione palideció. Hermione no sólo palideció, sino que abrió tanto la boca con la sorpresa que a punto estuvo de babear la mesa. ¡Aquello era una terrible noticia! Todas sus esperanzas estaban puestas en su trabajo.

La noche anterior había estado pensando que su convivencia con Malfoy no iba a ser tan mala durante la semana lectiva. Después de todo, podía pasar más tiempo en la oficina y evitar ir a casa temprano. Y los fines de semana haría planes con Ginny y Harry, o Ron (si llegaba a entrar en razón). Pero esto daba un nuevo enfoque a las cosas. Ahora pretendían que se fuera de Luna de Miel. ¡De Luna de Miel! ¡Con Malfoy! Y lo que para ellos era una excitante Luna de Miel, para Hermione era las puertas del infierno, porque tendría a Malfoy en casa y ahora le estaban dejando sin excusas para evitar estar con él durante las horas de trabajo de sus amigos.

-¿Hay algún problema?

-No, ninguno –mintió-. Se lo agradezco, señor, pero de veras no lo necesito. En realidad, no teníamos pensado ir a ninguna parte y yo preferiría…

-No diga tonterías, Granger. Son órdenes de arriba y yo debo acatarlas. Si no quiere irse de vacaciones, quédese en casa o métase en uno de estos cursos de cocina o ganchillo mágico, pero no quiero verle de nuevo por aquí hasta dentro de quince días, ¿comprendido?

-¿Quince días? Pero, señor, ¡eso es una eternidad!

-Granger, me sorprende. –Su jefe frunció el ceño-. Creo que es el primer empleado que conozco que se niega a irse de vacaciones.

¿Desde cuándo al infierno lo llaman vacaciones?

-Vamos, mujer, anímese. ¡Está recién casada! Si lo que le preocupa es dejarlo todo, tenga por seguro de que está en buenas manos: nosotros nos ocuparemos de todo y, cuando vuelva, le prometo que no tendrá trabajo acumulado.

Hermione iba a decir algo, pero su jefe ya había salido de su despacho tras guiñarle un ojo y desearle "una Luna de Miel de ensueño".

Ligeramente desconcertada por las nuevas e imprevistas noticias, Hermione empezó a recoger sus cosas y caminó enfadada hasta el despacho de Harry. Abrió la puerta tan repentinamente que Harry, que se estaba tomando un café, volcó gran parte de su contenido encima de su camisa.

-Claro, entra. No pasa nada si no llamas y me das un susto de muerte.

-¡Me echan! –exclamó ella.

Harry se levantó de golpe y apoyó las manos sobre su escritorio. -¿Te han despedido?

-¡No! ¡Me mandan de vacaciones!

Harry volvió a sentarse, aliviado. -Y eso es malo porque…

-¿Es que nadie lo entiende? Ahora ya no tengo excusa para no pasar con Malfoy las veinticuatro horas del día.

Malfoy…

Harry recordó de repente algo. Cogió el periódico que estaba encima de su mesa y lo enrolló disimuladamente para que Hermione no lo viera. Conocía a su amiga. Dos golpes así en un solo día iban a ser demasiado para ella; Hermione ya estaba suficientemente nerviosa. Pero a la morena, que ahora paseaba en círculos mientras soltaba improperios su jefe y todo el Ministerio, no le pasó desapercibido este movimiento de Harry.

-¿Qué tienes ahí? –preguntó, señalando el periódico.

-¿Esto? Oh, no es nada. En realidad…

-Déjame verlo.

-Hermione… fíate de mí, no quieres verlo.

-Harry… dámelo.

Los ojos de Harry titilaron en búsqueda del mejor método de coger el periódico y salir huyendo. De pronto se puso en pie, agarró el ejemplar todo lo rápido que pudo y trató de huir, pero Hermione cogió el otro extremo del periódico. Los dos amigos comenzaron a forcejear, tirando en direcciones contrarias.

-¡En serio! ¡Es una tontería!

-Pues si es una tontería no hay motivo para que no lo vea. ¡Suelta!

-¡Suelta tú!

-¡No! ¡Suelta tú!

-¡Yo no lo voy a soltar! ¡Suelta tú!

-De acuerdo. –Hermione soltó tan de golpe el periódico que Harry se cayó hacia atrás y dio con el culo en el suelo. Aprovechó que su amigo se había quedado dolorido para agacharse y quitarle el periódico de las manos sin ningún tipo de esfuerzo-. Gracias.

Pero Harry tenía mucha razón: tan pronto vio la noticia que él había tratado de ocultarle su mal humor fue en aumento. El Profeta abría su edición de ese día con la pelea que Draco y Ron habían tenido la noche anterior. Aunque la noticia no venía ilustrada con ninguna fotografía, los testigos de la reyerta (básicamente, las camareras) contaban con pelos y señales lo ocurrido.

De pronto, Hermione se sintió terriblemente enfadada con Ron, porque ¿qué derecho tenía él a tratarle como si fuera de su propiedad? ¿Qué motivos tenía para pegar a su esposo? Vale, no era realmente su esposo, pero él…

-¡No tiene ningún derecho a hacer esto!

-Hermione, no se lo tengas en cuenta. Seguramente estaba borracho y piensa que él cree que vuestro matrimonio es real.

-¡Es que ese es el problema Harry! Él piensa que esto es medianamente real y, aún así, le da una paliza al que teóricamente es mi marido. Que Draco le haya pegado no me sorprende porque él ya nació con retraso mental. Pero imagina que yo hubiera dejado a Ron por otra persona, ¡él habría hecho lo mismo! ¡Pegaría a cualquiera que estuviera conmigo!

-Lo sé, pero…

-Déjalo estar. Ahora mejor me voy. Os llamo esta noche –le cortó ella, deseosa de salir de allí y que le diera aire fresco.

-Pero tranquilízate, ¿vale? Todo va a ir bien.

-Eso espero -afirmó, antes de irse con la plena convicción de que, después de todo, aquella tarde no visitaría a Ron.


Hermione llegó a casa hecha una furia. Pegó un portazo y dejó las llaves sobre el aparador que había en la entrada. Algo le sorprendió entonces. Al principio no sabía qué era, pero pronto comprendió de qué se trataba: Crookshanks, su gato, solía correr a recibirla cada vez que entraba, pero hoy no lo había hecho. ¿Estaría enfermo?

-¡Crookshanks! ¡ Crookshanks, dónde estás!

-¡Estoy aquí!

Hermione se detuvo en seco, asustada. Allí había alguien y estaba claro que no era su gato. Se puso de puntillas y dio un par de pasos con la varita firmemente asida. Lentamente asomó la cabeza al salón principal y vio a Malfoy, sentado en la misma butaca en la que se había quedado dormido la noche anterior, acariciando al gato, que ronroneaba sobre su regazo.

-¡Bienvenida a casa, cariño! –la saludó con una sonrisa tan amplia que a Hermione se le heló la sangre.

Ver sonreír así a Malfoy era aterrador.

-¿Qué-haces-tú-aquí?

-Tengo llaves, ¿recuerdas? Tú me las diste.

-Sí, lo recuerdo. Y también recuerdo que te dije que no quería verte aquí hasta el día de la mudanza.

-Es que hoy, sabelotodo, es el día de la mudanza.

Hermione iba a decir algo, pero, al pensar en la fecha que era, se dio cuenta de que Draco tenía razón. Furiosa, trató de pensar con lógica qué era lo que debía hacer. ¡No había tenido tiempo de mentalizarse!

-Y, ahora, apártate. Pronto llegará mi mudanza –Draco consultó su reloj de pulsera y permaneció en silencio, como si estuviera esperando algo. Entonces se escuchó un ¡pop! y cinco elfos domésticos se aparecieron todos a la vez, cargando con los enseres personales del Slytherin.

Hermione reprimió un gemido tan agudo de dolor que Draco lo confundió con otra cosa.

-¿Qué? ¿Qué pasa ahora? –le preguntó-. ¿También te excitan los elfos domésticos?

Hermione le fulminó con la mirada. -¿Realmente tenías que usar esclavos para cargar con tus cosas?

-La verdad es que pensé en contratar a tus padres, pero hoy estaban ocupados –se burló Draco.

-¡Podrías haberlas traído tú mismo!

Draco se llevó la mano al pecho, fingiendo sentirse ultrajado por el comentario, pero Hermione lo ignoró completamente. Estaba demasiado ocupada en perseguir a los elfos que se aparecían y desaparecían cargando las cosas del Slytherin.

-¡No tenéis que hacerlo! ¡Él no es vuestro amo! ¡Luchad por vuestros derechos! ¡Sois libres!

-Se te da bien esto de los mítines, Granger –ironizó Draco, dejándose caer sobre una orejera y comprobando la escena con diversión-. ¿Te traigo un cajón para que te subas y hagas campaña?

Cada vez que un nuevo elfo hacía ¡pop!, Hermione iba corriendo hasta él y trataba de retenerle para que le escuchara. Los elfos la miraban aterrados y salían huyendo despavoridos tan pronto posaban los enseres personales del Slytherin en el suelo.

-Eres un caso digno de estudio, sabelotodo, ¿te lo habían dicho alguna vez? –comentó Draco, mirándose las uñas con coquetería-. Pero como dejen el trabajo a medias por tu culpa, te juro que lo traes todo tú sola. ¿En qué te transfiguras tú? ¿En mula o en burro de carga?

-No: me transfiguro en hurón. Y si los ahuyento, a lo mejor tengo suerte y no acabas instalándote aquí.

-¿Qué actitud es esa, Granger? ¿Y perdernos toda la diversión cada vez que Caracortada y sus amigos visiten nuestro nidito de amor? Me ofendes. ¿Cómo iba yo a permitir algo así?

-También podríamos invitar a Astoria, ¿no te parece? Así estaríamos todos juntos al fin.

-Claro y que vengan también el lumbreras de Neville y la todocuerda de Lovegood. ¡Lo pasaremos en grande! –Draco se levantó y echó una mirada en redondo a la habitación-. Bien, creo que ya está todo.

Para sorpresa de Hermione, en medio de su salón había una inmensa montaña de baúles y otros artículos que Draco se había traído de su mansión. Eran tantas cosas que apenas se podía caminar por allí sin tropezar con algo.

-¿Esto es todo? Podías haber traído más trastos –les espetó ella con sarcasmo-. Aquí hay sitio de sobra…

-Ahora que lo dices, no, no es todo. Falta una cosa fundamental.

Draco esperó unos diez segundos y entonces un último elfo doméstico hizo ¡pop! y lo saludó con una reverencia. Para sorpresa de Hermione, el animal no desapareció como había hecho el resto, sino que permaneció allí de pie, seguramente esperando que su amo le diera una orden.

-No pretenderás que se quede aquí –le espetó la morena cuando comprendió lo que estaba ocurriendo-. ¡En mi casa no se esclavizan elfos domésticos!

-En tu casa no, Granger, pero en la mía sí.

-¡Esta no es tu casa!

-Ahora sí –afirmó Draco con una amplia sonrisa-. Tú, coloca todo esto –le ordenó al elfo.

Hermione tuvo tentaciones de sacar su varita y cruciarle allí mismo, pero sabía que eso no iba a solucionar el problema, que lo único provocaría sería que el elfo doméstico se interpusiera en la trayectoria del encantamiento para proteger a su amo. Pero entonces recordó algo, algo que debería haber pensado hacía mucho tiempo: ¡Ginny! ¡Su idea!

-Bien, ya que va a ser imposible que nos pongamos de acuerdo, esto es lo que vamos a hacer –dijo, blandiendo su varita y apuntando hacia el otro extremo de la casa. Draco la miró levemente impresionado por la cara de concentración que estaba poniendo. Hermione hizo una floritura con su varita y pronunció un encantamiento que al Slytherin no le sonaba de nada. De la punta de la varita salió un rayo de luz de color verde que recorrió la casa de una punta a otra, trazando una línea divisoria en el suelo-. ¡Listo! –dijo ella, mirando lo que acababa de hacer complacida.

-¡Wow! Es fascinante, Granger. ¡Una ridícula rayita verde en medio del salón! Si Voldemort levantara la cabeza, regresaría a su tumba muerto de miedo –se burló Draco.

Hermione no se molestó en explicarle lo que había hecho. Conocía poco a Malfoy, pero estaba segura de que pronto cometería un gran fallo. Así que se sentó a esperar tranquilamente en un sillón, abrió una revista y empezó a hojearla con despreocupación.

Draco meneó la cabeza, sin duda pensando que la sabelotodo había perdido completamente el juicio, y siguió con lo suyo, recordando que había algo que necesitaba en uno de los baúles que estaba al otro lado de la raya verde. Estiró el pecho, sintiéndose victorioso, y dio dos pasos. Sólo dos, porque cuando su pie pisó la raya verde que había trazado Hermione, su cuerpo salió inmediatamente despedido hacia el otro lado de la habitación hasta acabar estampándose contra la pared.

-¡Wow! ¡Mira eso, Malfoy! –exclamó Hermione, poniéndose en pie y llevándose las manos teatralmente a la cabeza-. ¡Una ridícula rayita verde te ha dado una descarga eléctrica de 11.000 vatios! ¡Puede que si la tocas otra vez te mueras! ¿Qué diría Voldemort de esto? ¿Crees que volvería a su tumba muerto de miedo?

Draco, cuyos pelos se habían quedado completamente electrocutados, le lanzó una mirada asesina y trató de incorporarse. Pero se sentía tan débil que acabó otra vez en el suelo.

-Me las pagarás, Sangre Sucia.

-Claro, Malfoy. Pero mientras haces recuento de lo que te debo, te aconsejo que no vuelvas a acercarte a MI parte de la casa. Está todo dividido, creo que te las apañarás con ese lado.

-¿Y qué pasa con mis cosas? –protestó el rubio, señalando los baúles que se habían quedado en el lado de la casa de Hermione.

-¿Te refieres a estas baratijas? –Hermione dio dos golpecitos con la mano a un caro baúl forrado en cuero-. Creo que algunos niños del orfanato se sentirán muy honrados de que la infinita humanidad de los Malfoy por fin se haya acordado de ellos, ¿tú no?

Dicho esto, Hermione se fue canturreando alegremente hasta su lado de la cocina para prepararse el almuerzo, mientras el elfo doméstico tiraba inútilmente de la manga de Draco para conseguir que se incorporara.


NdA: ¡Actualización extra rápida! Wiiiii XDDD Creo que os lo debía por haberos hecho esperar tanto con el capítulo anterior. Sorry!

No sé qué decir de este capi. Me agrada ver que ¡por fin! he llegado al punto en el que van a vivir juntos (ya era hora, que se estaba haciendo eterno). Por lo que se ve, este fic va a durar bastante más de lo que tenía planeado, pero, bueno, si hay que escribir un dramione es preferible que todo transcurra lentamente porque si no no hay quien se lo trague... así que, nada, pido un poco de paciencia, una buena dosis de ánimos para su autora (que no está acostumbrada a los dramiones y la idea se le hace cuesta arriba) y os doy las gracias, como siempre, por seguir esta historia y por los cariñitos que me enviais por review. La siguiente actualización supongo que tardará un poco más porque no está todavía escrita, pero, bueno, a ver si puedo volver pronto. Un abrazo!

Edna: no pides mucho, tienes razón. Pero tú pide por esa boquita, mujer, que a lo mejor hasta se cumple. Jaja. Un besito

salesia: mucho me temo que Harry es el que más está perdiendo los nervios con todo esto XD Pero en parte tienes razón, Hermione se va a sentir más segura en su casa que en casa de Malfoy; al menos, por ahora. Y el hecho de ponerlos en las dos casas abre más posibilidades con ciertas cosas (como la del elfo doméstico en este capítulo). La pelea entre los chicos... la tenía pensado hacía mucho tiempo. Básicamente porque la veo bastante realista. Si el argumento fuera canon, estoy segura de que esos dos pelearían en un encuentro como éste. Y, bueno, lo de Draco me mata de la risa... porque, si lo piensas, ¿quién tendría agallas para tocar al hombre de Hermione? Después de haber matado a Voldemort, con el caracter que tiene y lo poderosa que es... yo estoy segura de que no me acercaría a su novio XDDDD Venga, un beso y gracias por el macro review. Es agradable comentar estas cosas con vosotros.