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Lo sigo diciendo: para ustedes.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


La vida en sí no tiene sentido. La vida toma el sentido que cada persona desea darle.

Llega el momento en la vida donde uno se cuestiona sobre muchas cosas, reflexiona de todo lo que ha sido su vida, piensa lo que pudo hacer y lo que no, lo que hizo y lo que en alguna ocasión se dio la ocasión de remediarlo. Y es así como todo ser humano llega a la conclusión de que la vida no tiene ningún sentido. ¿Para que nacer si la muerte es lo único que tienes asegurado en la vida? ¿Para qué comer si morirás?, ¿para que arriesgarse en algo si tienes la oportunidad de fracasar y la vida no te dará una segunda oportunidad?

Nuestro ciclo vital es sencillo. Nosotros como seres pensantes tenemos la capacidad de decidir nuestras propias decisiones, incluso en ocasiones inconscientemente decidimos y tomamos las mejores y peores decisiones de nuestra existencia. Es ahí cuando todo el cuestionamiento desaparece. Vivir no es solo llevar una vida monótona, vivir no es perdurar por siempre. Tú no decides vivir por siempre, o permanecer vivo hasta un determinado tiempo. Pero lo que sí se puede hacer es ayudar a perdurar esa existencia. ¿Cómo? Brindándole un sentido. Puede que cuando nacemos no sea por voluntad nuestra, si no de nuestros padres, pero cuando crecemos encontramos cosas distintas que hacen cambiar nuestra perspectiva del mundo, es ahí cuando las personas comienzan a darle tendencia a la vida, es ahí cuando se nos da la opción de vivir o morir, un cuestionamiento que nosotros respondemos día con día. La vida es una decisión, si tú quieres vivir; vives. Si no; mueres.

-Nada más gracioso que cuando Finn resbaló colina abajo, debiste haberlo visto rodar, fue asombroso como toda su grasa acumulada en ese saco que hace llamar cuerpo rebotaba de un lado a otro.

Santana sonreía de oreja a oreja, eso no era una buena señal. Kurt que escuchaba atentamente la historia de la latina, solo atinaba a ocultar su temor hacia ella rogando a Dios nunca ser su enemigo.

-Refréscame la memoria ¿por qué cayó?-preguntó el pálido chico conservando la calma y tratando de regalarle una sonrisa. Debía mantenerse firme ante Santana.

-Por idiota.

-Fuiste tú quien lo arrojó ¿verdad?-En e l rostro de la latina había alegría, jubilo, entusiasmo y como niña pequeña asintió energéticamente tallando sus manos frente a ella. Como una mosca en busca de comida, pensó Kurt.

-Claro, no podía perder oportunidad tan grandiosa como esta, y si la vida te da esas oportunidades sé aprovecharlas.-comentó despreocupada dejando un tinte ácido y alegre en su voz.- Pero descuida, nadie se dio cuenta.

El chico abrió su boca e inmediatamente la cerró. No debía hablar porque si, así que con Santana al lado, caminó a paso calmado hacia la casa.

Era un día soleado aunque frio, el viento lograba azotar bastante fuerte que hiso que unos cuantos arboles recién nacidos se derrumbaran ante su imponente fuerza.

Los chicos esa mañana ventosa salieron de excursión como lo hacían todos los días desde que había llegado ahí, para conocer mejor el lugar y practicar con armas de precisión algunos tiros en arboles cercanos. Los que no practicaban eran reprendidos por Charlie con un severo ejercicio matutino que los dejaba exhaustos todo el día.

Solo que el día de hoy, tuvieron una gran complicación.

A unos cuantos minutos de finalizar su práctica los chicos se dispusieron a entablar una rápida conversación sobre quien tenía más precisión al apuntar y disparar un arma, Finn fue el primero que alardeó sobre tener algunos dones de su padre, ya que éste era militar y había sido un héroe en su época para después fallecer. Santana rondaba cerca y no perdió oportunidad de apuntar su arma falsa y dar unos disparos en los grandes pies de Finn que provocaron que callera estrepitosamente de espaldas por una colina no tal alta pero lo suficientemente inclinada para tomar una gran velocidad. Finn paró cuando un cuerpo se impactó contra él.

Santana López era bastante vengativa, siempre lo había sido y siempre lo será. Y el gigante lo único que hacía era que la morena le guardara más rencor. Primero con lo de Brittany, después con sus estupideces y lentitud, y para finalizar; el muchacho simplemente nunca le cayó bien.

Esa fue una oportunidad para Santana y si que supo aprovecharla.

-Chica, debemos hablar muy seriamente.

-Charlie, ahora no, le platico a mi fiel amigo porcelana como rodó el estúpido de su hermanastro. -Kurt abrió sus ojos azules al máximo negando con la cabeza y huyó rápidamente.

-Por más divertido que parezca no puedes tirar a cualquiera que se te cruce por el camino. He de aceptarlo fue divertido, pero no es lo correcto. Si quieres permanecer al frente de mi tropa, deberás comportarte mejor.

-Pero...

-Pero nada Santana-cortó abruptamente las intenciones de la morena - ¿Por qué no eres más tranquila como tu novia?- Charlie se cruzó de manos ligeramente ante la imponente mirada de Santana y observó también a Finn que desde lejos parecía mirarla con odio.- De hecho, si lo hubieras tirado unos segundos antes hubiera alcanzado una velocidad mayor y su alcance habría sido mejor, en ángulo era perfecto para que aterrizara de frente y no de espalda. Debo decirlo, estuvo perfecto.- la sonrisa cómplice que le regalo Santana implicó muchos cambios, uno de ellos fue, que cierta rubia se acercara a ellos.- Quinn.

-No hagas que me arrepienta y piense que no eres el adulto aquí, deberías de dejar de hablar con Santana.-enfrentó la rubia regalándole una mirada de desaprobación a su amiga, Santana la ignoró.

-El chico se cree militar solo porque su padre lo fue. Eso es bastante….

-Ridículo.- sentenció la latina dejando en claro el punto que Charlie intentaba darle a entender; el egocentrismo del chico llegaba bastante lejos.

-Exacto.

Quinn veía una extraña conexión entre ambos individuos, tan diferentes en aspecto pero tan parecidos en actitud. Si no se equivocaba, Charlie tenía la misma acidez y temperamento cuando se lo proponía, además de un encanto varonil y viril tan asombroso que cualquiera que lo viese caería dispuesta a sus pies.

El hombre continuó esperando a que Quinn dijera algo más para poder platicar en confianza con la morena, sin regaños de por medio.

-Iré con Beth, espero que aún siga viva.

La semana había sido dura al parecer de Quinn. No sabía nada de Rachel desde que entabló la delicada conversación días antes. Una pesada y dolorosa plática de la cual quería olvidarse definitivamente. No podía.

Desde esa noche tenía en claro las palabras de Rachel, y la perspectiva no era la misma al parecer de la morena. Así que aun sin saber qué hacer, decidió aislarse de Rachel. Dejó de observarle, de prestarle intención, dejó que las cosas transcurrieran como la vida lo tenía planeado. O por lo menos lo intentaba distrayéndose con Beth y los chicos, no era fácil ignorar a una persona tan importante en su vida.

Una carcajada la liberó de su estado mental.

Una limpia y estridente risa rompió con su caminar para poder observar la escena. Puck tenía en sus fuertes y torneados brazos a su pequeña hija, jugando con ella, levantándola en el aire y deteniéndola justamente cuando él creía que era suficientemente alto. El mohicano la bajó y la sentó en sus piernas cubiertas por un Jean simple. La niña hiso un puchero tan tierno, que su padre no pudo resistirse y con la felicidad del mundo le tendió una barra de chocolate a Beth.

A pesar de que Puck no era la mejor persona, ni tampoco tenía las mejores intenciones, era un buen hombre, y un excelente padre.

-Quinn.- Noah intentó esconder el cuerpo delicado de Beth en sus brazos para ocultar el rastro de dulce de la sonriente rubiecilla en sus piernas. No pudo.

-¡Hey Puck!

-No te preocupes, ella está sana y salva. Me pidió un dulce, espero que no te moleste. ¡Qué va!-comentó sin importancia dándose el papel de macho alfa.- Soy el padre, ¡Mira ese rostro Quinn!-Señaló Puck, al dulce rostro de su hija.- Es a algo que no se le puede negar nada.

Era algo que no podía discutir con nadie.

Beth era rubia, una hermosa rubia de ojos ámbar igual que los de Quinn , además de tener también su sonrisa encantadora y una nariz perfecta: para la rubia, Beth era la perfección.

-Me di cuenta.-sonrió sentándose a su lado. Lo que no pasó por alto, fue la sucia ropa que traía puesta.- Las manchas en tu camisa son debido a…

-Cuando Finn rodó como ballena me atropelló en el camino. Estúpida Santana, aunque debo decir todo habría sido mejor si yo no hubiera pasado por ahí.

-Parecen niños, no saben que esto es bastante enserio.-replicó bastante enfadada quitando con su pulgar un poco de chocolate del rostro de Beth.- ¿Te duele?

-No mucho, ya sabes, estos músculos son aprueba de todo, ¿no Beth? -levantó sus brazos torneados dejando ver unos músculos desarrollados. La pequeña tocó el fuerte brazo de su padre, para bajar con ayuda de su madre de las piernas de Puck y correr con lentitud hacía Santana que le abría sus brazos a su sobrina. -¿Alguna noticia? ¿No ha salido?

Esas fueron las preguntas que hicieron que el repentino buen humor de Quinn se desvaneciera en segundos. Puck lo notó y temió por su salud física y mental.

-Insistieron tanto para que no me preocupara con ella y ahora preguntas por Rachel.-la rubia escondió su cabeza entre sus manos sobándose lentamente las sienes.- Estás hablando con la persona equivocada si quieres obtener ese tipo de información.

-Está bien, se que yo y Santana te suplicamos que la dejaras en paz y lo haces con gran maestría y sin esfuerzo ya que Rachel nunca sale de su recamara y cuando llega a hacerlo casi le da un paro cardiaco por tu indiferencia, pero entiende, pasamos del hostigamiento a la preocupación.-apartó sin fuerzas las manos de la rubia y la obligo a que la mirase.- Lleva encerrada ahí una semana.

-No me interesa.-La porrista se levantó con fuerza de donde se encontraba sentada para irse de ahí lo más pronto posible.

-Ambos sabemos que sí. La extrañas tanto que te esmeras en ocultarlo perfectamente cuando alguien la menciona o cuando ella te mira. Ahora es el momento perfecto para preocuparse.

-Está ocupada, sigue tu propio concejo y déjala sola. Rachel sabe lo que hace.

-Dice saberlo, Quinn. Al igual que tu también dices saber muchas cosas.

Fulminó con la mirada al moreno y como toda una Fabray huyó del lugar.

-¡Hola Quinn!-saludo alegremente Sam caminaba en su dirección.

-¡Apártate de mi camino!-lo empujó despacio, pero el chico se apartó de inmediato al observar con claridad el furioso rostro de la rubia.

-¡Que histérica nos salió la rubia!

-Está peor que en su embarazo.-comentó Puck moviendo su cabeza en señal de negación. La bipolaridad de Quinn había vuelto.

Ruidos, pasos, voces, alguien gritando, seguramente santana, la voz de Puck , la voz de Rachel, su cabeza nada vueltas y no parecía tener la intención de parar. Quinn recargó su cuerpo entero la mesa de la cocina maldiciendo por lo bajo cosas que ni ella lograba comprender.

Clack.

El sonido de algo cayendo la alertó rápidamente. Afortunadamente Brittany logró atrapar su cometido.

-Brittany ¿qué haces? Baja de ahí en este mismo instante.

La rubia de ojos azules se encontraba encima del taburete de los platos balanceándose de un lado a otro saboreando una deliciosa paleta en sus labios.

-Aburrida. ¿Acaso no se nota lo que estoy haciendo? ¿Lo hago mal?-preguntó preocupada- Como unos cuantos dulces, ¡Oh no! Ni creas que te daré un poco.

-Santana dijo que no comieras dulce.

La rubia bufó.

-¡Santana dijo!, ¡Rachel dijo!, ¡Charlie dijo! No sigas tantas órdenes.

-Brittany no estoy de humor. Baja de ahí y ya no comas más azúcar.

Los intensos ojos verdes se enfrentaron con los dulces de Brittany, no había ni un gramo de maldad en ellos, más sin embargo, Brittany parecía querer retarle, así que le mantuvo su mirada firme hasta que se cansó de ello.

-Te extraña.

-¿Quien?

-Rachel, te extraña mucho.-bajó del taburete y se posó frente a la rubia.- Su mirada refleja tristeza. Ha estado bajando cada diez minutos en las últimas dos horas y mira por la ventana esperando que la veas. Es extraño, creo que deberías hablarle, se ve que está bastante mal.

-Trate de hablar con ella, no razona Brittany.

-O eres tú la que no quiere entender- Quinn la miró de mala gana- Rachel es tan peculiar como tú o yo, diferente al resto de los demás. Ella también tiene derecho de actuar como quiera, es dueña de su vida. Pero, lo molesto es que se esclavice en hacer algo que le gusta, aunque deja de hacer otra cosa que le encanta. Esta dejando una cosa por la otra, en vez de tener un equilibrio constante. ¿Nunca lo habías pensado? Es como cuando éramos porristas, lo amábamos, pero después descubrimos el Club Glee y envés de decidirnos por las Cherrios o Glee, pudimos controlar ambos, sin embargo llegó un punto que por problemas decidimos darle prioridad al Club Glee, no era porque lo queríamos menos que ser porristas, si no porque sabíamos que era donde más nos necesitaban. ¿Sorprendida?-dijo la más alta acomodando un mechón de cabello detrás de la oreja de una petrificada cherrio- Tengo mis momentos Quinn.

-¿De que hablas Brittany? ¿Qué cosas? ¿Te ha dicho algo?- su entrecejo se frunció, y con esto, el de Brittany también. Parecía no encontrarle sentido a las palabras pronunciadas por Quinn.

-Solo digo lo que veo, y lo que veo es más claro que el agua. Ella no está contigo y Beth no porque no les importe, si no porque tiene que mantenerlas a salvo y busca la manera de hacerlo.

-Puede que no sea la correcta.

-A veces lo incorrecto no es tan incorrecto después de todo.

Quinn tomó el brazo de Brittany y la acerco a ella, quedando a centímetros de su rostro.

-Brittany, ¿Qué hace Rachel ahí dentro?-susurró sin perdiendo detalle del magnífico azul claro que emanaba confusión.

-No lo sé, pensé que tú lo sabías. Aunque habló algo raro la última vez que bajó, tenía que encontrar algo, no sé qué. Dijo que podía ayudarla, que era la persona indicada para hacerlo.

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-¿Alguien me puede decir dónde está Brittany? No está por ninguna parte.

Santana López interrumpía con testarudez y preocupación la amena tarde que apenas comenzaba.

-¿Escondida?-preguntó Mercedes dejando a un lado una pequeña libreta de bocetos que compartía con Kurt.

-No, revisé todos las recamaras y los alrededores.

-Tal vez se perdió, el bosque es grande Santana.- inquirió Tina sujetando el brazo de Mike.

-Ella sabe como regresar y también sabe que no debemos de salir aquí solos.

-¿El desván, la azotea, el sótano?-continuó Blaine- Le encanta jugar, puede que esté...

-No lo está.

Decir que el estado de Santana había mejorado tras aquellas palabras era mentira, porque el desconcertó, preocupación y angustia estaña plagado en cada centímetro de su rostro. Sus ojos rojos parecían estar a punto de llorar, sus muecas de desesperación y su frente fruncida no eran señal de algo bueno. Para finalizar la ansiedad comenzó a consumirla por dentro.

Sin darse cuenta estrelló con fuerza un jarrón que pasó cerca del rostro adormilado de Finn, para gruñir fuertemente comenzando a infundir en caos en la sala de estar.

-¡Chica cálmate!

-¡No me voy a calmar!, ¡Es mi NOVIA de la que hablamos y está sola, completamente sola en donde esté, así que por favor no me jodas y me pidas que me calme!

Quinn levantó la cabeza de su libro y observó detenidamente a la morena que forcejeaba en los brazos se Sam que empleaba toda su fuerza para que la latina no se escapara de su agarre.

-¿Revisaste con Rachel?-inquirió la rubia acercándose lentamente a Santana.

-¿Tú crees que no? Casi tumbo la puerta del enano pero nunca me abrió.

-Brittany dijo que Rachel la necesitaba para algo, lo más probable es que esté con ella, tranquilízate.

Santana dejó de emplear su fuerza y se liberó de Sam, parecía más confundida que tranquila.

-¿Brittany habló con Berry? ¿Ósea que el elfo no estaba muerto?

-Es lo que dijo ella.- comentó Quinn vacilando entre la furia de Santana y la habitación de Rachel.

-Explícate Quinn.

-Rachel busca algo y ocupa la ayuda de Bittany.

-¿Para qué demonios el hobbit necesitaría la ayuda de mi novia?

Charlie tomó rápidamente de una gaveta de la cocina una llave y como alma que lleva el diablo subió las escaleras de tres en tres escalones. Al llegar al final automáticamente metió la llave en el picaporte y sin tocar ni decir nada abrió la puerta para adentrarse a la habitación de la morena.

La cama reposaba comúnmente, los muebles estaban estáticos, la computadora también. Varios libros de biología descansaban regados en el suelo. El adulto no perdió tiempo y localizo la puerta que buscaba, la entrada a la ultima esperaba que albergaba en su alma.

Puck y Quinn se miraron rápidamente, y antes de que pudiera hacer algo Santana corrió rápidamente al cuarto de la morena. Sus amigos le siguieron el paso con fluidez, pero Sam y Blaine, junto con Kurt y Tina se quedaron abajo para esperar noticias.

A pesar de que Santana había llegando en primer lugar a la habitación, Puck logró ponerse frente a ella impidiéndole el paso por unos segundos, pero después, Santana lo empujo haciendo una diestra maniobra que la dejó muy cerca de la cama de la morena.

Santana escaneaba la habitación con maestría, era como su sus ojos grabar en su mente cualquier objeto que se encontraba en los estantes, y la desordenada cama.

-Miren esto.-susurró Puck invitando a los chicos a que se acercaran, una vez que habían vencido el cansancio de las escaleras.

En las manos de Noah se encontraba un mapa de Lima, Ohio. Parecería un simple mapa, aunque algo lo diferenciaba, tenía distintos lugares tachados con plumón rojo y un solo punto donde la dirección de una avenida se percibía un perfecto circulo en azul.

-¿Qué es?

-Es un mapa de Lima, observen el lugar marcado.-Noah señaló con el índice el lugar indicado frunciendo sus labios y su entrecejo como si trata de pesar. Era bastante peculiar que los sitios que rodeaban Mckiley y las ubicaciones de la casa de cada uno de los chicos permanecieran tachados.

-Es Mckinley.

-¡No puede ser posible, Charlie un auto desapareció!-Sam entró a la habitación esperando encontrar al tío de la morena, pero lo único que encontró fue alrededor de ocho ojos perdiéndose en sus palabras.-¿Y Charlie?

Quinn empezó a transpirar con fuerza, un sudor tan frio que cuando una gota cayó en el brazo de Puck, este se congelo de inmediato al sentir el cambio de temperatura.

Charlie apareció bajo el marco de la puerta con un cuaderno de apuntes en sus manos leyendo una y otra vez su contenido.

-Brittany no está… ni tampoco Rachel.

Lo último que se escucho en esa habitación fueron los insultos desgarradores en español de parte de Santana y los latidos del acelerado corazón de Quinn retumbando en esas cuatro paredes.