Bueno pues he vuelto, siento haberles hecho esperar por este capítulo, me costó un poco terminarlo, la inspiración no estuvo de mi lado estos días y más después de la crisis existencial que me produjeron los eventos del episodio 24 de CdM, pero no hay mejor cura que escribir :). Espero disfruten del día 6...


Día 6. De cinéfilos, malas películas y decisiones incluso peores

Nathaniel

Chica desastre tenía razón, las coincidencias no existen, al parecer alguien quería complicarme la vida, como si no estuviera suficientemente liada desde hace exactamente seis días. Y habría apostado mi puesto de delegado principal a que se trataba de Castiel, ese tipo de bromas y maldades encajaban con su estilo. Pero no bien mencioné mis sospechas, Scarlet se puso como una fiera. Me dijo, o para ser más precisos, me gritó que él jamás haría algo tan estúpido y desconsiderado, qué yo no lo conocía ni un poco para atreverme a incriminarlo, qué debía dejar de juzgar a las personas por las apariencias y otras tantas cosas por el estilo… En fin, discutir se había convertido en una costumbre muy nuestra.

El caso es que, pensándolo bien, tal vez Scarlet no estuviera equivocada. Había leído un montón de novelas policiacas y de misterio donde casi siempre el sospechoso más obvio resultaba ser inocente. Castiel tenía los medios y el motivo: sabía cómo entrar a lugares vedados y me detestaba, o al menos así era… Sin embargo carecía de pruebas para acusarlo y quizá, sólo quizá, no fuera tan malo como yo pensaba… Pero si no fue él, ¿quién más podía ser?

Como fuera, me tomaría un montón de tiempo volver a poner todo en orden, pero al menos no estaba solo en esto. Chica desastre me ofreció su ayuda y permanecimos toda la tarde de ayer levantando los documentos del suelo y quitándoles las grapas con que los habían unido sin la menor lógica. Fue muy amable de su parte, considerando todas las cosas desagradables que nos habíamos dicho en la semana. Sentía que algo había cambiado en nuestra relación desde que nos encerramos en el cuarto de limpieza. Era incapaz de definir de qué se trataba, pero la imagen de nosotros tan cerca, rodeados de oscuridad y...yo aproximándome cada vez más… reusaba desvanecerse de mi mente. ¿Qué rayos pasaba por mi cabeza en ese momento?

-Hola, planeta tierra llamando a rubito despistado, ¿te vas a dignar a ayudar o qué?

Las palabras típicamente groseras de Scarlet cortaron mis pensamientos. Era sábado en la mañana y habíamos quedado en vernos en la sala de delegados para terminar de recoger los destrozos y dejar el lugar mínimamente presentable.

-Creo que es la millonésima vez que te pido que pares de llamarme rubito –contesté irritado.

-Interesante, pero pienso que el hecho de estar ayudándote a resolver un problema que no tiene absolutamente nada que ver conmigo, me da el derecho a decirte como se me dé la gana –insistió a la par que echaba un puñado de grapas a la basura.

-Puedo recordarte que estás aquí por voluntad propia y que ya te agradecí como es debido –respondí mientras recogía un par de documentos que se habían deslizado detrás de los estantes que contenían los archivos personales del cuerpo estudiantil. Menos mal había tomado la precaución de cerrar los gabinetes con llave, no quiero imaginar qué habría pasado si el maldito intruso hubiera logrado poner sus manos en toda esa información: historial académico desde la primaria, comentarios de los profesores, test psicológicos y vocacionales absolutamente personales.

-Pero qué absurdo, debió tomarte meses organizar estos documentos, y todo sin la menor remuneración. Vaya pérdida de tiempo –refunfuñó Scarlet.

-Te informo que yo no soy el único delegado del instituto, varios estudiantes me ayudaron.

-El instituto debería contratar un secretario, eso es explotación infantil –afirmó como quien lleva la voz de la razón.

-El trabajo de delegado tiene valor curricular y se toma en cuenta en muchas solicitudes para universidades –expliqué sonriendo de manera condescendiente.

Calma Nathaniel, calma, sólo mantén la calma.

-Paparruchas, seguro eso lo dicen los profesores para que un montón de niños ingenuos –afirmó dirigiéndome una mirada significativa– les hagan el papeleo completamente gratis.

-¡¿Por qué siempre cuestionas todo?! –pregunté exasperado.

-¡¿Por qué nunca cuestionas nada?! –replicó en el mismo tono.

No valía la pena seguir con "la charla", jamás estaríamos de acuerdo en nada. Colocamos los documentos en cuatro pilas que depositamos encima del mesón y dimos el trabajo por acabado, al menos por el día. Luego vendría la ardua labor de clasificarlo. Podría haber pedido ayuda a los otros delegados, pero eso implicaba explicar lo sucedido y por ahora no quería levantar el mínimo alboroto. Confiaba en que sería capaz de encontrar al culpable e instarlo a que dejara sus fechorías antes de que cualquier alumno o profesor se enterara de lo ocurrido.

-Te veo en la tarde. Imagino que te quedarás un poco más por el bien de tu futuro universitario.

Scarlet ya tenía la mano en el pomo de la puerta y me daba la espalda.

-Pues no, resulta que también me voy –bufé disgustado.

En realidad sí pretendía permanecer en el instituto para adelantar los pendientes, pero las palabras "me voy" salieron de mi boca como por generación espontánea. ¿Quería simplemente contradecir a la chica desastre? Quizá. Pero ¿por qué rayos me había apresurado tanto en seguirla? Y a pesar de que se suponía que estábamos solos, creí escuchar algo o a alguien en el preciso momento en que cerraba la puerta de la sala de delegados.

-¿Oíste eso? –pregunté mirando a nuestro alrededor.

Sonaba como el "click" que hacen las cámaras cuando sacan fotografías.

-No oigo nada en absoluto. Estás empezando a ponerse paranoico señor perfecto –respondió Scarlet con su ya archiconocida sonrisa burlona.

-Quieres dejar de ponerme sobrenombres –le pedí enarcando una ceja.

-Entonces ¿prefieres que te diga rubito como siempre?

-¡No!

Acabamos dejando juntos el instituto y caminamos lado a lado por un par de calles mientras lanzábamos suposiciones respecto a un par de objetos que hallamos entre los documentos desparramados: una pluma fuente de muy buena calidad y un broche en forma de nota musical.

-Quien quiera que puso en caos tu santuario, es un aspirante a escritor que ama en secreto la música.

La hipótesis de la chica desastre me hizo reír.

-¿No crees que interpretas la evidencia "demasiado" literalmente? –le dije.

-¿Por qué no? Tal vez sueña con ser un compositor, ya sabes, eso combina las habilidades con la letra y la música –aseveró.

-¿Y cuál, según tú, habría sido el motivo que lo llevó a arremeter contra la sala de delegados? –pregunté escéptico.

Scarlet colocó sus manos detrás de la cabeza y se puso a mirar un punto indeterminado en el horizonte.

-No lo sé, tal vez fue un acto de rebelión contra el sistema que nos oprime –conjeturó.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Que es un aspirante a artista y además un anarquista –explicó esbozando una sonrisa soñadora, ¿realmente le gustaban ese tipo de sujetos?

-Lo siento, pero no concuerdo contigo –repuse.

-No sabes cóooooomo me sorprende –contestó con ironía y poniendo lo ojos en blanco.

-Fuiste tú la que dijo que alguien trataba de hacerme daño. Creo que en eso llevas razón. La misma persona que me empujó en el parque de diversiones fue la que desquició el papeleo, sólo para molestarme de alguna manera –afirmé.

-Eso no contradice la posibilidad de que se trate de un artista anarquista. Después de todo, tú representas el poder que cuarta nuestra libertad, es decir, a la directora. No estoy a favor de sus métodos, pero he de admitir que admiro su idealismo –aseveró como si ya estuviéramos seguros de la identidad del vándalo y sus razones.

-No hablas en serio, ¿cierto? –pregunté incrédulo–. Quien quiera que lo hizo es un maldito desconsiderado que merece un buen castigo. Y mire por donde mire, no encuentro ningún mensaje anarquista, sólo destrucción sin sentido.

-Tal vez el desorden de los documentos es una especie de obra de arte que pone en cuestión la institución y sus normas –expuso la chica desastre–. Aunque en ese caso creo que estaríamos tratando con alguien que quiere ser un artista conceptual…

-Y yo creo que estás delirando –la interrumpí exasperado–. Además eso no explica el empujón del que fui víctima, a no ser que también consideres eso como una expresión artística.

-Como tú digas, Sherlock –replicó molesta–. Entonces, ¿cuál es tu teoría? Y ni se te ocurra mencionar a Castiel otra vez.

-Eso deja fuera del caso al principal sospechoso. Pero bueno, tal vez simplemente se trata de alguien que quería hacer un par de bromas pesadas porque sí.

Y porque no le agrado mucho, quién sabe a causa de qué.

-Qué aburrido –declaró Scarlet.

-Es lo más plausible. Ya te dije que jamás hice algo que me ganara el rencor de nadie.

-Tal vez fue Ámber –contestó.

-Tal vez fue Castiel –respondí.

-¿Vas a seguir con eso?

-¿Quién dijo que me había retractado?

-Eres un…

Nos habíamos detenido en medio de la calle y nos lanzamos sendas miradas de animadversión.

-Parece que están muy ocupados, siento interrumpirlos.

De pronto Lysandro apareció entre nosotros, o más bien se materializó como un fantasma.

-Lys, disculpa, ya iba en camino –repuso la chica desastre acercándose a su mejor amigo e ignorándome olímpicamente. ¿Acaso se podía ser más descortés?

-Descuida, sabía que te encontrarías cerca del instituto –repuso el chico vestido a la moda del siglo XIX– ¿Y cómo va todo Nathaniel?

-Muy bien, gracias –contesté sonriendo amablemente, aunque por dentro moría de ganas por continuar la discusión con Scarlet. Puede que Castiel fuera inocente, pero mientras no hallara al culpable me rehusaba a descartarlo del todo y estaba dispuesto a defender esa posición hasta el fin del mundo de ser preciso.

-¿No quieres ir a almorzar con nosotros rubito psicópata?

La repentina invitación de Scarlet me desconcertó lo suficiente como para que obviara sus insultos.

-¿Qué? ¿Hablas en serio? –pregunté arqueando una ceja.

-Pues claro –me dijo–. Tienes diez segundos para decidirte.

Acto seguido, Lysandro y la chica desastre se pusieron a debatir sobre a qué restaurante podríamos ir. También creí escuchar algo más acerca de los días de recogida de la basura, cuándo ir de compras al super y que si estaba bien o no adoptar una mascota. ¿De que iba todo eso? Ellos realmente eran muy cercanos, Scarlet no exageraba cuando dijo que Lysandro era su preciado mejor amigo. Qué fastidio, no pude evitar sentirme un poco fuera de lugar entre esos dos.

-Este…lo siento, me esperan en casa –mentí.

En realidad mis padres habían ido de fin de semana a las montañas y Ámber dijo que almorzaría en casa de Charlotte.

-Será en otra ocasión entonces –respondió Scarlet regresando de inmediato a la charla con su mejor amigo.

¿Sólo eso? ¿No vas a insistir? No, claro que no, nos detestamos. Lo único que tenemos en común es Melotiel, debo cuidar de no olvidarlo, sólo estamos juntos por ellos.

-Nos vemos después –me despedí.

-Adiós Nathaniel.

Era mi imaginación, ¿o Lysandro sonó especialmente satisfecho? ¿Acaso siempre sonreía de esa manera? Traté de dispersar esas cuestiones irrelevantes de mis pensamientos y me alejé en la dirección opuesta.

-Eh, rubito.

Volteé al escuchar la voz de Scarlet.

-No olvides traer tu aureola de ángel –me ordenó esbozando una sonrisa cómplice.

-Y tú recuerda llevar tus cuernos de demonio –le ordené sonriendo de la misma manera antes de caminar rumbo a mi casa. ¿Notaron que no la regañé por decirme rubito? Definitivamente estaba más distraído que de costumbre.


Llegué al cine a la hora acordada. Armin, Alexy y Elisa ya estaban junto a la boletería, analizando los carteles que promocionaban las películas de la temporada. Sonreí al verlos, ahora éramos amigos y me les acerqué con la mayor naturalidad del mundo.

-Qué tal señor delegado. Estamos eligiendo lo que vamos a ver, o si prefieres podemos dar otra vuelta en la rueda de la fortuna -dijo Armin a manera de saludo y con una sonrisa pícara.

-Creo que mejor hoy no -dije alegremente-. ¿Qué opinan de esa película? Suena interesante.

Dirigí la atención de los gemelos a un cartel que mostraba las calles de una ciudad abandonada y una horda de zombies circulando por los alrededores.

-"La era de los muertos vivientes". Qué buen título. No se diga más, veremos está –decidió mi amigo gamer muy emocionado.

-Excelente elección –afirmé–. Y veo que ya tienen sus palomitas de maíz.

-La fila para comprarlas estaba muy corta así que aprovechamos –explicó Alexy.

Todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba.

Nos acercamos a la boletería. Los gemelos y Elisa adquirieron sus taquillas para "La era de los muertos vivientes", mientras yo devolví discretamente el boleto aduciendo que había cambiado de idea.

-Mejor entren de una vez y resérvennos asientos a los demás –sugerí.

-¿Pero cómo sabrán dónde estamos? –preguntó Alexy.

-Yo esperaré a que lleguen. No vale la pena que todos nos perdamos los thrillers con los próximos estrenos –dije como si esto fuera un asunto de enorme importancia.

-Nath tiene razón. Entremos de una vez –repuso Armin.

¿Nath? No esta mal. Prefiero los diminutivos de mi nombre a los apodos que inventa Scarlet.

-Ah. Ya entiendo. Quieres esperar a Scarlet para ver una película sólo con ella, ¿verdad? –afirmó Alexy.

¡¿Qué?!

-No, claro que no –respondí perplejo. ¿De dónde sacaba esas ideas? ¿Ella y yo, solos, en una sala de cine? Sería más fácil que nos cayera un rayo al mismo tiempo.

-Sí, como digas –continuó el chico del pelo azul poco convencido–. De cualquier manera lo más seguro es que llegué con Lysandro. No te hagas muchas ilusiones Romeo.

-No me interesa. Por mí puede venir con el rufián que le venga en gana –dije con una enorme sonrisa.

¿Pero qué me pasaba? Los tres me miraron a la espera de la siguiente tontería que diría.

-Este…bueno…–balbuceé sintiendo que me sonrojaba–. Como sea. Sólo váyanse, ¿si?

Coloqué una mano en la espalda de cada uno de los gemelos, instándolos a que avanzaran hacia las salas de cine por detrás de la boletería.

-Está bien, está bien. Como quieras. Buena suerte y no olvides llamarme si quieres algún consejo–me dijo Alexy alegremente antes irse con su hermano y Elisa, que los seguía por inercia mientras mantenía la vista fija en el contenido de su tableta.

Me pregunté qué pensarían cuando la película empezara y en lugar de un decadente film de zombies versión Hollywood se encontraran con un serio documental finlandés sobre cómo las grandes corporaciones atropellaban a los pueblos del mundo, representados, claro está, por hordas de muertos vivientes que sólo se mostraban en el cartel promocional como una metáfora. Admito que me reí al pensar en la sorpresa que se llevarían, especialmente Armin. Después de todo esa era la ventaja de que fuéramos amigos, podía permitirme jugarles una pequeña broma de vez en cuando. Era mi forma de agradecerles el excitante paseo en la montaña rusa del otro día, ¿son generoso verdad?

-Ten.

Casi me da un ataque al corazón al escuchar a Elisa detrás de mí, al parecer había regresado para entregarme un envase de palomitas de maíz.

-Gracias –respondí un tanto perplejo por el gesto.

-Alexy me dijo que eran para que las compartieras con Scarlet –explicó.

-¿Van a insistir con eso? –dije de mal humor.

-Francamente no es mi asunto. Ya me voy –contestó sin la menor emoción–. Por cierto, no creo que a Alexy y Amin les vaya a sentar bien el documental.

-¿Sabes de qué trata en realidad? –pregunté alarmado.

-Sí, pero descuida, no les diré. De cualquier manera tenía planeado verla.

Y dicho esto, Elisa se fue. Realmente era una chica extraña, pero le estaba muy agradecido por guardar el secreto.

Minutos más tarde llegaron Carla, Iris, Rosalya, Violeta y, como predijo Alexy, Scarlet con Lysandro. En fin… había cuidado de no invitar a Pegy, ciertamente era demasiado riesgoso para nuestros planes tener a una cotilla irremediable suelta por ahí, más aun tomando en cuenta que no nos dirigía la palabra ni a mí ni a la chica desastre después de que le gritáramos en el parque de diversiones. Saludé a todos informándoles que no tenía la menor idea del paradero de los gemelos y Elisa.

Lo siento, pero en la guerra y el amor todo vale.

Mire a Scarlet dándole a entender que había cumplido mi parte, ahora le tocaba a ella deshacerse de los demás.

-Oye Rosa, ¿no es acaso esa la adaptación de "El fantasma de la ópera" que te morías por ver? –dijo la chica desastre señalando un cartel que anunciaba la película en cuestión.

-Oh, no puedo creerlo. La repusieron. Creí que sólo podría verla en DVD. No se diga más, veremos ésta –anunció Rosalya sonando exactamente como Armin, hasta con las mismas palabras y todo.

-¿Pe…pero y si los otros quieren ver otra cosa? –objetó Violeta tímidamente.

-No creo que sea del estilo de los gemelos –señaló Iris.

Si supieran lo que esos dos estaban viendo en ese preciso momento. Tuve que hacer un esfuerzo para no reír, definitivamente los compensaría después.

-Me parece imposible que tengan tan mal gusto. Vamos por las entradas de una vez, quiero un buen lugar –repuso Rosalya tomando tanto a Violeta como a Iris del brazo y prácticamente arrastrándolas hacia la boletería.

-Pues yo me rehúso a elegir ninguna película hasta escuchar la opinión de Melody –afirmó Carla haciendo un puchero.

Vi que Scarlet le dirigía una mirada suplicante a Lysandro y este último intervino luego de lanzar un leve suspiro.

-Estoy seguro que a Melody le gustará "El fantasma de la ópera". Lo mejor será adquirir los boletos y reservar asientos para ella y Castiel. Nathaniel se ofreció a esperarlos y decirles lo que hemos decidido.

-Bueno, si tú lo dices. Supongo que está bien.

Carla cedió al encanto de Lysandro y se fue con éste a comprar los boletos. A continuación, Rosalya obligó a todos a ingresar a la sala donde se exhibiría la película que tanto esperaba disfrutar.

-Entren sin mí, enseguida los alcanzó. Quiero comprar algunas golosinas –dijo Scarlet. Nadie había notado que no había comprado su entrada.

-Oh, ya veo –respondió Rosalya viendo alternativamente hacia mí y a la chica desastre–. Buena suerte con tu conquista.

-Deja de montarte películas, es mejor que sólo las veas –contestó Scarlet irritada y completamente sonrojada.

Rosalya se limitó a sonreírle antes de desaparecer en la oscuridad de la sala de cine. Y al fin quedamos los dos solos.

-Debo admitir que me sorprendiste. ¿Cómo convenciste a los gemelos de irse por su lado?

La chica desastre sacó un chupetín de su envoltorio, debía ser cierto que le gustaban los dulces.

-Digamos que encontraron una película que les llamó mucho la atención –respondí.

-Conociendo la espontaneidad de Armin no me extraña. Imagino que es algo de vampiros, hombres lobos o alguna cosa rara inspiraba en un videojuego.

-No tienes idea de lo raro que es…

-¿Qué quieres decir?

-Pronto lo sabrás. Tú también hiciste un buen trabajo. Rosalya es verdaderamente…

-¿Intensa? -Scarlet completó lo que quería decir.

-Sí. En definitiva. Fue de gran ayuda…junto con Lysandro.

Tenía que aceptarlo, sentía curiosidad por la relación tan cercana que la chica desastre mantenía con su mejor amigo. Tal vez algún día me contaría algo al respecto.

-Tu idea de arreglar que llegaran a horas distintas también nos facilitó mucho las cosas. Al fin piensas con esa cabeza que tanto te elogian rubito.

-Cuantas veces se supone que tengo que pedirte que dejes de decirme…

No terminé de regañar a Scarlet. Ambos callamos al ver que Castiel y Melody se aproximaban. La hora de actuar había llegado. Esta vez nadie se iba a interponer en nuestro camino. Nos habíamos asegurado de alejar a todos.

-¿Dónde demonios están los demás? No pienso esperar sus ganas –dijo el pelirrojo tan cordial como siempre.

-No creen que nos habrán dejado plantados, ¿verdad? –preguntó Melody mientras le echaba una ojeada a su reloj de pulsera.

-En realidad Armin y Alexy decidieron ver un documental finlandés sobre las corporaciones, y las chicas y Lysandro una película sueca con una versión existencial del fantasma de la ópera –expliqué.

Pobre Rosalya. Era claro que se llevaría un gran chasco. Con seguridad esperaba encontrarse con una superproducción estilo Hollywood y no con una pesadez filosófica hablada en un idioma extraño. También habría que compensarla en un futuro cercano o mi conciencia acabaría conmigo. Habíamos organizado las circunstancias de tal forma que el hecho de que nos encontráramos sólo los cuatro pareciera un accidente. Era obvio que una vez conocida la verdadera naturaleza de las elecciones de nuestros amigos, ninguno de nosotros iba a seguirlos de buena gana. Aunque personalmente el documental no me parecía tan malo.

-¿De qué fumaron para elegir eso? –gruñó el pelirrojo.

-De hecho, ambos films fueron premiados en diversos festivales de cine, incluyendo Sundance y Cannes. Son obras de arte –señalé con mi mejor tono de chico sabelotodo, es decir, fui deliberadamente irritante.

Anda Castiel del demonio, hora de que hagas lo que mejor sabes hacer: insultarme por no estar de acuerdo contigo. Hazlo frente a Melody, veraz qué pronto se decepciona de ti.

-Cómo digas, pero no pienso comprar boletos para ninguna. No tengo ganas de dormirme en plena función, las butacas son demasiado incómodas para mi gusto –contestó el pelirrojo con una sonrisa burlona.

Sobra decir que sus palabras no eran los improperios que esperaba oír. Como fuera, iba a replicarle con un discurso sobre su poca apreciación del buen cine, pero Scarlet se me adelantó.

-Elijamos otra cosa. ¿Qué les parece "Ríos de sangre"?

-Perfecto –repuso Castiel.

-Este…no sé –dijo Melody dudosa.

-¿Te interesa ver algo en especial? –le pregunté con la mayor inocencia del mundo.

-Bueno, creo que sí –contestó.

-¿Bromeas? "Ríos de sangre" es la mejor película gore del año –replicó el pelirrojo extrañamente sorprendido por las palabras de su "por ahora" novia.

-¿Qué tal si nos dividimos? Al rubito tampoco le atrae el gore. Así cada uno verá lo que le gusta –propuso Scarlet.

-Me parece buena idea –aceptó Melody.

-Como quieras.

Castiel no se oía muy feliz, pero no se rehusó.

Compramos las entradas. Dos para la horripilante película gore y un par para "Romeo y Julieta", el musical. Aún me costaba creer que a Melody le atrajera semejante cursilería, pero bueno, todos teníamos nuestras manías. Por fin estaría a solas con ella y de ninguna manera iba a desaprovechar la oportunidad de hacerle entender que éramos el uno para el otro.

Todo iba perfectamente, pero entonces…

-¿Qué prefieren, una bolsa de maní o un paquete de chocolates?

Tanto Scarlet como yo respondimos al mismo tiempo a la pregunta que nos había formulado Melody cerca del Candy Bar.

-Chocolates –dijo Scarlet.

-Maní –contesté yo.

Nos miramos como quien evalúa a un contrincante con el que está a punto de batirse a duelo. Supe en ese instante que no iba a dar mi brazo a torcer. Simplemente no podía, no cuando se trataba de la chica desastre.

-Oh vamos, seguro ya comiste suficiente azúcar para diez vidas –dije.

-Eso no te incumbe. Nos llevaremos los chocolates. Punto –dijo.

-Lo siento, pero tú no eres la única que elige.

-¡Tú tampoco! Y ya tienes palomitas de maíz, confórmate con eso.

-¡Deja de envenenarte con azúcar!

-¡Deja de envenenarte con sal!

-¡Suficiente! Parecen unos críos –nos regañó Castiel.

Lo odiaba, realmente lo odiaba, pero está vez tenía razón. Al final Scarlet y su adorado pelirrojo se quedaron en el Candy Bar eligiendo golosinas mientras Melody y yo nos dirigimos a la sala donde exhibirían nuestra película.

-Disculpa Nathaniel. Debo ir al tocador. Entra tu primero –me pidió.

-De acuerdo. Asegúrate de entrar antes de que apaguen las luces.

Entregué mi boleto al acomodador.

-Un momento jovencito, la película que quiere ver pasó a la sala 13 –me informó.

-Gracias por el aviso.

Encontré unos asientos justo al medio. Me acomodé y esperé a Melody, pero en su lugar vi a Scarlet caminando por el pasillo entre las butacas.

-¿Tú que haces aquí rubito? –me preguntó al reconocerme.

-Eso debería preguntarte yo a ti.

La chica desastre ocupó el asiento contiguo al mío.

-Estoy esperando a Castiel que trae mis chocolates, ¿qué creías? Gracias a tu berrinche perdimos un montón de tiempo. La fila del Candy Bar estaba inmensa.

-Me abstendré de hacer comentarios –suspiré–. Te notificó que estás en el lugar equivocado, así que mejor te vas.

-No me hagas reír. Tú eres el que tiene que irse. El acomodador me dijo que "Ríos de sangre" se cambió a esta sala.

-Eso no es posible, "Romeo y Julieta" se exhibirá aquí –respondí desconcertado.

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso entendí mal al acomodador? De repente mi móvil sonó anunciando un mensaje. Reconocí de inmediato el número de Melody: "Nath, lo siento mucho. Hubo una confusión y acabé en la sala donde ponen la película que Castiel quería ver. Me quedaré con él. Nos vemos después". ¿Era una broma?

Al mismo tiempo Scarlet recibía una misiva similar que, deduje, provenía del pelirrojo.

-No, no, no, ¡no! Hicimos todo lo posible para que hoy se quedaran con nosotros. ¡No es justo! Voy a matar al acomodador.

-Cálmate. Debemos evitar llamar la atención –sujete suavemente a la chica desastre del brazo para que no saliera disparada de la sala– ¿Qué te dijo Castiel?

-Lee.

Me entregó su móvil y volvió a acomodarse en su butaca, o mejor dicho se desplomó en ella sin el menor cuidado. Abrí los ojos de par en par al contemplar las palabras en la pequeña pantalla: "Te debo una. Gracias por intercambiar lugares con Mel". Inaudito, simplemente inaudito…

Estiré la mano para devolverle el móvil a Scarlet y me deslice en mi asiento sin ánimo para decir nada más. Los thrillers de los films prontos a estrenarse pasaron como un sueño y la película comenzó sin mayor demora: "Romeo y Julieta". Ni me moleste en leer el título completo. A los veinte minutos sólo tenía una idea fija: "Mátenme, mátenme por favor".

Una hermosa escena de época fue destruida cuando Romeo Montesco y Julieta Capuleto se enamoran en la fiesta de disfraces donde se encuentran por primera vez. Fueron rodeados por una multitud de excéntricos que empezó a cantar algo como "el romance ha nacido pese a la oposición del mundo". Y de ahí en más las canciones aparecieron una tras otra cada cierto número de escenas.

-Qué idiotez. Todos saben que el amor a primera vista no existe –refunfuñó Scarlet.

"Pero el amor ganará al final sobreponiéndose a toda adversidad"

-Sí, claro, cómo no –susurré. Admitámoslo, no estaba del mejor humor para escuchar esas palabras.

Al menos había algunas escenas de acción entre toda esa cursilería, pero ¿por qué diablos tenían que usar rayos laser en lugar de espadas? Nadie mencionó que la película estaba ambientada en el Nueva York del siglo XXV. ¿Musical? ¿Ciencia ficción? ¡Era una pesadilla conceptual!

-La Federación de los Montesco merece gobernar la galaxia –afirmó la chica desastre.

-¿Estás loca? La Confederación de los Capuleto se ha ganado ese derecho –objeté.

Nos miramos apenas iluminados por los disparos y las explosiones que implicaba la guerra de dos familias poderosas por el universo conocido. Imposible no reírnos de la situación. En un punto hacia el final de la extrañísima película nuestros dedos se rozaron cuando ambos intentamos tomar un puñado de palomitas de maíz, al final terminamos compartiéndolas como quería Alexy. Sentí una corriente eléctrica atravesar mi brazo hasta llegar a mis mejillas que enrojecieron al instante. Me alejé fingiendo prestar mis cinco sentidos a la escena de la boda entre los trágicos amantes, pero creí notar que Scarlet estaba tan afectada como yo.

"Tú eres mi destino y yo el tuyo. No luches contra lo que está escrito en las estrellas", cantaron a dueto Romeo y Julieta. Él llevaba puesta una capa dorada y ella un vestido azul adornado con pequeños espejos ovalados, con mucho el vestido más estrafalario que había visto en mi vida. Ambos habían salvado la vida. Las máquinas del tiempo eran una maravilla, lo resolvían todo. Ojala tuviera una para regresar unos días atrás y obligarme a asistir a la estúpida convivencia.

Salimos de la sala de cine completamente derrotados. Nuevamente nada había salido como planeamos. Probablemente nos lo merecíamos, habíamos enviado a todos a ver películas que seguro detestarían y al final lo mismo nos pasó a nosotros. El único que se había salido con la suya era Castiel. Pobre Melody, seguro que ver "Ríos de sangre" le resultó un enorme sacrificio, y todo por ese idiota.

-¡Aquí vienen!

De pronto una multitud nos rodeo aplaudiéndonos, nos cayeron globos de quién sabe dónde y un hombre de traje se nos acercó.

-Felicidades jovencitos. Son la pareja número cien en asistir a "Romeo y Julieta 2525. La era de Orión".

Así que ese era el nombre completo de la película, eso explicaba algunas cosas.

-Permítanme entregarles un pequeño premio por su asistencia a la función de hoy.

-De hecho eso fue error y estamos muy enfada…

-Shisst –me calló Scarlet– ¿Oíste eso? Nos darán un premio.

-Pero…

-Por favor, sólo por está vez, no discutas o aclares nada –me pidió.

No tuve oportunidad de agregar nada más. El hombre, imaginó el dueño o administrador de las salas de cine, entregó a la chica desastre una caja de bombones en forma de corazón.

-Una fina selección de los mejores chocolates elaborados artesanalmente en Alemania.

Todos aplaudieron y a continuación gritaron pidiéndonos lo impensable.

-¡Beso! ¡Beso!

Nos creían novios. Seguro que en cuanto les dijéramos que apenas éramos conocidos se llevarían un chasco y no habría dulces para nadie. Lo correcto era decir la verdad, pero recordé que Castiel nunca le entregó a Scarlet su dotación de azúcar y ella se veía tan decepcionada que…

-Oye ¿qué haces? –dijo al notar que me le acercaba.

-Me aseguró de que te quedes con tus chocolates –le susurre al oído.

Y le di un suave beso… en la mejilla.

Está vez el gentío aplaudió con mayor entusiasmo y oí a alguien decir:

-Qué lindos, ambos se sonrojaron.

Scarlet y yo nos limitamos a sonreír esperando que nadie notara que nos moríamos de vergüenza.

-Gra…gracias –me dijo aferrando nuestro inesperado premio.

-No hay de qué –contesté.

Cuando por fin acabó el espectáculo, buscamos a los demás. No había rastro de nadie y a los pocos minutos la chica desastre recibió una llamada de su mejor amigo.

-Lysandro me dijo que todos decidieron irse –me informó.

-¿Estaban enfadadas por la película? –pregunté esperando lo peor.

-No, más bien un poco traumatizadas.

-Tuviste la misma idea que yo con Alexy, Armin y Elisa.

-Sí. Sabía que Rosalya estaría tan entusiasmada que no se fijaría en nada más que en el título de la pelí.

Salimos del cine y caminamos hasta la parada se autobuses. Ya era de noche y me alegró poder acompañar a Scarlet.

-Acepta que querías jugarle una broma a los gemelos –me dijo en tono de complicidad.

¿Cómo es que siempre adivinaba mis intenciones? Se supone que todos me veían como un buen chico, incapaz de romper un plato.

-Bien, sólo un poco –admití–. A la larga ellos salieron ganando, ahora saben un montón de cosas sobre las corporaciones y eso.

-Dudo que lo vean así. No puedo imaginarme la cara de Armin cuando se dio cuenta de qué trataba la película.

-Yo tampoco, pero lo intentaré.

Está vez fui incapaz de contener la risa al igual que Scarlet. No recordaba haberme divertido así en mucho tiempo.

-Tenemos que compensarlos. No voy a poder vivir con la culpa –dije a media carcajada.

-Y yo no quiero que pierdas tu aureola de ángel. Seguro ideamos algo. Pobre Rosalya, definitivamente le debo una, a ella y a las demás.

Nos tomó varios minutos recobrar la seriedad y entonces me decidí a formular la temida pregunta.

-¿Lysandro te dijo algo sobre Melotiel?

-Se fueron en la motocicleta de Castiel –respondió Scarlet sonando repentinamente triste.

Y el ánimo se me fue a los suelos. La chica que quería se estaba alejando cada vez más y yo no había podido hacer nada para evitarlo. Tal vez simplemente no servía para ser novio de nadie…

-No te deprimas rubito. Eres muy inteligente y metódico. Confío en ti para que pienses el siguiente plan.

Las palabras de la chica desastre me reconfortaron.

-¿Estás segura?

-Pues claro –afirmó como si acabara de preguntarle la cosa más obvia del mundo–. Fuiste tú el que organizó la salida al cine y propuso citarlos a horas distintas. A mí no se me habría ocurrido.

-Gracias. Haré mi mayor esfuerzo. La próxima vez sí resultara.

-Estoy segura que así será.

Llegamos a la parada de autobuses y el transporte de Scarlet llegó casi de inmediato. Subió al bus que la llevaría a casa, pero antes de que partiera abrió una ventana y me lanzó un chocolate.

-Ten –dijo sonriéndome.

Vaya chica, ¿acaso no se había dado cuenta de que no soportaba los dulces? Bueno, así y todo, era un lindo gesto. Abrí la envoltura de estaño decidido a probar la golosina aunque no me gustara, pero para mi sorpresa resultó ser de chocolate amargo y relleno de café. Me encantó, es más, era lo mejor que había probado en mi vida.


¿Y bien? ¿Qué les pareció? ¿Será esto a lo que llaman karma? ¿Qué opinan de los objetos que Nath encontró en la sala de delegados? ¿Y qué sobre la relación de Lysandro y Scarlet? La verdad si da un poco que pensar. Gracias por leer y por los comentarios, prometo actualizar más seguido...