Los personajes no son míos, yo solo los manipulo ;)
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Edward apretó el volante con fuerza. Estaba inquieto. No. Estaba nervioso. El silencio se había extendido a, por lo menos, una hora. No habían hablado desde que entraron al coche.
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Se sorprendió cuando la vio. Tenía un ligero tono verdoso en el pómulo. Y no pudo detener lo que escapó de sus labios.
-¿Qué te paso? Te ves horrible –preguntó con voz apremiante.
Isabella sonrió amargamente.
-Gracias. Siempre es agradable oír que alguien te diga "horrible" sobre todo si no has dormido ni comido nada. ¿Sabes?, alimenta mi ego.
Edward abrió la boca para decir que no era eso a lo que se refería, pero Alice lo interrumpió.
-Bueno, por lo menos no has estado vomitando cada media hora como yo. No creí que tuviera tanto en el estómago. Siento como si hubiese vomitado todos mis órganos.
Ciertamente, Alice se veía bastante pálida. Tenía unas sombras enormes debajo de los ojos. Carlisle probablemente le mataría si llevaba a Alice con ese aspecto.
-Iug, Pixie. ¿En serio?, ¿tenías que ser tan específica? Con lo que has dicho casi has provocado que vomite encima de tus zapatos de diseñador –dijo Isabella con una mueca.
Alice lució horrorizada con la idea, pero sus ojos la delataban. Veía con cariño a Isabella. Y esta le devolvía la mirada con expresión divertida. No sabía que había pasado entre las dos. Pero resulta obvio que las había unido bastante.
Edward se detuvo en un McDonald's y compró 5 hamburguesas grandes con papas fritas. Tres para Isabella y lo demás para Alice y Edward. Fueron al parque más cercano a comerlas. Había bastantes niños, pero la expresión de Isabella los mantuvo lejos. Comieron en silencio, solo se escuchaba los gemidos que Isabella emitía de vez en cuando. Edward se revolvió incómodo.
-¿Estas comiendo una hamburguesa o teniendo sexo? ¡Por Dios! Creo que ese hombre de allá se está toqueteando con tu espectáculo –dijo Alice que se estaba comiendo su hamburguesa despacio como si tuviese miedo de vomitarla.
Isabella le sacó la lengua. Edward alzó las cejas. Estaba sorprendido por lo relajada e infantil que se mostraba con Alice. Esta era una Isabella que no había conocido.
-Deberías verme con un Subway de 30 centímetros –dijo Isabella guiñándole el ojo a Alice.
Alice se rio. Edward por otro lado se puso rígido con la imagen de Isabella comiendo un pan de 30 centímetros y tuvo que mirar hacia donde estaban jugando los niños para detener su imaginación. Después de observar como jugaban y los chillidos que emitían, se relajó. A Edward, los niños le ponían los pelos de punta. Y cuando gritaban Edward quería enterrar su cabeza en la tierra como un avestruz.
-¿Qué quieres que haga? No he comido nada en 20 horas. Y después de beber siempre me da bastante hambre –dijo Isabella comenzando tu tercera hamburguesa.
Edward la miró con afecto. Ella siempre comía bastante. Todavía recordaba que el primer día que la conoció se comió dos hamburguesas en menos de 15 minutos. La imagen de Isabella comiendo le era tan familiar que Edward sonrió.
Alice lo miró como si le hubiese salido otra cabeza. Frunció el ceño. ¿Era tan raro verlo sonreír? Había sonreído antes, ¿no? Isabella siguió comiendo su hamburguesa indiferente a la mirada de Alice. Luego de que se acabó lo que le corresponde, agarró las papas fritas de Edward con naturalidad. Como si ya lo hubiese hecho antes. Y es que ya lo había hecho antes. Edward nunca comía sus papas fritas. Cuando habían comido juntos, ella siempre se las comía.
Edward se hecho hacia atrás, con los brazos detrás de la cabeza. Observó el cielo lleno de nubes tratando de distinguir alguna figura. Era pésimo en eso, pero necesitaba distracción. Si observaba a Isabella más tiempo iba a hacer una tontería, como tomarle la mano o algo por el estilo.
Cuando Alice terminó su hamburguesa, se dirigieron al coche en silencio.
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Alice se encontraba en el asiento trasero, durmiendo. Lucía frágil y un tanto infantil con el dedo gordo en la boca. El sentimiento de culpabilidad lo invadió. Edward siempre se había mostrado frio con ella a pesar de que eran, en términos legales, familia. Y ella siempre había estado sola. Pero nunca había sido capaz de ser amigable ni hablar con alguien que no fuera Isabella. Edward se preguntó la razón.
Cuando Isabella comenzó a tararear Paradise City (1), lo entendió. La había conocido en el momento exacto. La había conocido cuando la soledad lo asfixiaba. Y ella le entendía de una forma que resultada desconcertante. A veces se preguntaba si era capaz de leer sus pensamientos. Y no era solo eso. No solo lo entendía. Ella era igual y a la vez tan diferente a él. Además Edward nunca tenía que preguntarse porque ella era amable con él, porque nunca lo era. Ella nunca había sido amable con él. No es que ella haya sido mala con él. Es solo que Isabella nunca era amable con nadie. Ella nunca hacía cosas por ser amable. Y… era tan hermosa. Lo era incluso ahora. Su piel estaba incluso más blanca que de costumbre y contrastaba con las sombras que tenía debajo de los ojos. Su maquillaje se había corrido y le hacía parecer un oso panda. Y aun así era lo más hermoso que había visto. Y sus labios…
-Me estas observando. ¿Sabes lo turbador que es eso? –le dijo Isabella alzando una ceja.
Edward se volteó justo cuando el semáforo cambio a verde. Pudo sentir que sus mejillas se calentaban. Isabella suspiró.
-Y yo pensaba que esto no podía ser más incómodo.
Edward no dijo nada. Miraba al frente buscando algún tema de conversación pero no se le ocurría ninguno. De pronto se acordó de algo que quería preguntarle.
-¿Cómo hiciste que Mike Newton luciera así?
Isabella alzó sus cejas.
-¿Quién dice que yo lo hice?
Edward se limitó a mirarla. Ella suspiró.
-Fue sencillo en realidad. Solo reemplace su shampoo y acondicionador por tinte industrial rosado.
- Pero, ¿lo de las cejas y el pantalón? ¿Cómo lograste manchar su pantalón si no estabas en el instituto? Solo estuviste 10 minutos en la casa de los Newton.
Isabella sonrió mostrando todos sus dientes. Edward parpadeó. No recordaba que antes haya hecho una sonrisa así.
-Por favor dime que alguien le tomó una foto –le miró a los ojos haciendo un puchero. Edward abrió los ojos de par en par y, sin querer, apretó el freno. El carro se paró con un chirrido. Sintió como el cinturón le aplastaba el pecho.
Arrancó el auto cuando recobró el aliento ignorando los insultos que venían del vehículo detrás del suyo. Su rostro ardía de una forma insoportable. ¿Qué diablos le ocurría? Estaba actuando como un crío. No. Estaba actuando como cuando tenía 12 y la conoció. De la misma forma que antes, era incapaz de hablar con ella sin ruborizarse. Era insultante que Isabella tuviera el poder de hacerle sentir así. Y lo peor era que a ella no le importaba. Isabella siguió mirando hacia la ventana como si nada hubiese pasado. Inmersa en su mundo. Un mundo del cual Edward no formaba parte. Alice ni si quiera se había despertado. Esa chica dormía como un tronco. Se aclaró la garganta.
-Si varios de sus amigos le tomaron una foto.
Isabella seguía sin decir nada. Apretó el volante. El enojo que sentía hacia sí mismo se incrementó. Y se convirtió en cólera. ¿Por qué ella ni si quiera lo miraba?
-¿Aun no me has dicho como lo hiciste? –le dijo sin importarle la brusquedad en su voz.
Isabella se volteó y sintió su intensa mirada mientras salía de Virginia. Se sentía desnudo frente a sus ojos. Y no en el buen sentido. Sentía que sus emociones estaban escritas en su rostro, listo para que ella las leyera. Trató de poner el rostro en blanco. Pero, por la sonrisa que ella hizo, supo que fracasó.
-Mike usa crema facial. Así que solo reemplace esa crema por crema depiladora. Y en cuanto al pantalón… Victor Colussi.
-¿Victor Colussi? –preguntó frunciendo el ceño.
-"Ante un problema difícil, la respuesta más simple siempre es la correcta". Pegue una pequeña bolsa de pintura de color rojo oscuro en la parte interior de su pantalón, de tal forma que se reventara cuando se sentará.
-Pero… ¿Cómo supiste que iba a usar ese pantalón?
Aproveché el tráfico para ver su expresión. Estaba sonriendo. Tenía los ojos cerrados y seguía tarareando Paradise City.
-No lo sabía.
-Pero entonces… Podía no haberse puesto…- Sacudió su cabeza y arrugó su frente. -No lo entiendo.
Isabella abrió sus ojos y lo miró directamente.
-Eso es lo divertido, Edward. Sería aburrido si planeó paso por paso lo que quiero que suceda. Mike podía o no podía haberse puesto ese pantalón. No sería entretenido planear algo si no hubiera una probabilidad de que falle.
Él seguía sin entenderla.
-Pero tuviste tanto cuidado cuando entraste a la casa de los Newton…
Isabella lo interrumpió.
-Soy imprudente pero no estúpida. No quiero ir a la cárcel. Créeme, no es divertido –dijo mirando a su ventanilla.
-¿Fuiste a la cárcel? –dijo Edward sin ocultar su sorpresa.
-Hace tiempo. Cuando era joven –dijo encogiendo los hombres. Luego sonrió. -Era demasiado imprudente.
-¿Cuándo eras joven? Sigues siendo joven –dijo Edward frunciendo el ceño. -¿Eso fue antes o después de…?
-Después –le interrumpió. Ya no sonreía. De hecho se veía molesta. A Edward le fastidió su molestia. Era él quien debería mostrarse enojado. Fue ella quien se fue. Y al parecer se fue para hacer cosas ilegales. La siguiente pregunta salió de sus labios sin poder evitarlo.
-¿Estabas sola cuando…? –Edward se calló al ver la mirada que le dirigía.
-No.
No añadió nada más. Su vista estaba en la ventanilla y su rostro estaba inexpresivo.
Edward dirigió la vista a la carretera. Las ganas de hablar se le esfumaron. Y sintió un regusto amargo en la boca. Apretó el volante con fuerza. Nunca, en todas las veces que se había imaginado lo que Isabella estuviera haciendo, se imaginó que estaría acompañada. Pero al parecer eso había pasado. Lo había dejado a él para buscarse a otro con quien hacer chiquilladas. Uno no tan temeroso como Edward lo había sido. Alguien con quien ella hubiera sido tan osada que hubiese tenido que ir a la cárcel. No sabía porque no estaba con él ahora. Si él era tan irreflexivo como ella debió de hablarle a él y no a Edward. Sonrió amargamente cuando se dio cuenta que ella no le había llamado. Había sido Alice. Edward se preguntó si le importaba aunque sea un poco a Isabella. Edward no creía que pudiese soportar ser nada para ella.
-Si sigues apretando así el volante, lo romperás.
Edward la ignoró. Todos estos años se había sentido tan vacío y había sido incapaz de olvidarla por más que lo hubiese intentado. Y… ¿Para qué? Él no era nada para ella. Nunca significó nada…
Sintió que algo cálido le agarraba la mano derecha. Por el rabillo del ojo vio a Isabella inclinarse hacia él. Su corazón saltó con el contacto de su piel pero no la miró. No era tan idiota. Sus dedos trataron de abrir los de Edward. Incapaz de resistirse, miró hacia donde sus manos se unían. Se sorprendió tanto que estuvo a punto de frenar de nuevo. Condujo hacia una parada de descanso y paró el auto. Se desabrochó el cinturón y la enfrentó.
-¿Qué…? –Respiró para calmarse. - ¿Qué demonios le pasó a tus manos?
Isabella trató de esconderlas, pero Edward fue más rápido y las sostuvo. Sus manos eran… un desastre. No se le ocurría otra palabra para describirlas. Sus nudillos estaban rojos y morados, en algunos casos incluso sin piel. Y estaban hinchados. Con todo el daño que tenían casi le pasó desapercibido los tatuajes que tenía en ambas manos. Casi. En cada mano tenia uno. Eran dos palabras. Cada letra se encontraba en un dedo. Las palabras eran Love y Hate.
Isabella quitó sus manos con brusquedad.
-No te interesa.
El enojó que sentía era tan intenso que le impedía pensar con claridad.
-¿Qué no me interesa? –Le agarró los hombros con desesperación- ¡¿Qué no me interesa?! ¿Acaso tienes una idea de lo que siento?
La atrajo hacia él incapaz de resistirse. Y ella lo miro sin decir nada. Su rostro seguía inexpresivo. Le agarró el rostro con brusquedad con la intención de que su rostro reflejara alguna emoción. Nada.
-No. Desde luego que no. Tú no tienes idea de nada –dijo apartando sus manos de Isabella. No soportaba mirarla más tiempo. No soportaba más ver su rostro indiferente.
Ella le agarró ambas mano y las regresó a su rostro. Sus manos cubrían las de él. Edward no dijo nada, solo la miró. Inspiró con fuerza. Su rostro seguía imperturbable pero sus ojos… Sus ojos ardían. Eran chocolate líquido. Se acercó a él y lo besó. Edward emitió un gemido cuando sus labios se rozaron. Ella quitó sus manos de las de él y las colocó en los cabellos de él. Jadeó cuando Edward se introdujo en su boca. El sonido recorrió el cuerpo de Edward. El beso no era delicado. Estaba cargado de desesperación y de rabia. Isabella le jalaba el cabello como si quisiera sacárselo. Y sus lenguas chocaban con furia en una batalla que ninguno parecía querer perder. Edward se sentía embriagado con el sabor de ella. Se quedó sin aliento cuando Isabella mordió su labio inferior con fuerza. Se alejó e Isabella emitió un sonido de protesta. Suspiró cuando Edward dirigió sus labios a su cuello repartiendo un camino de besos de la clavícula a la mandibula. Y esta vez fue Isabella quien gimió cuando mordió su lóbulo. Las manos de Edward permanecieron en su rostro con miedo de que algún movimiento pudiera alejarla. Isabella no tenía esa preocupación. Sus manos recorrieron el pecho de Edward y este jadeó cuando las introdujo dentro de su camiseta. Su tacto era como el fuego. Cada parte que lo rozaba quemaba. Ignoró la palanca de cambios que le aplastaba el estómago.
Isabella le jalo el cabello con fuerza alzando su rostro. Cuando sus labios se rozaron, Edward habló.
-¿Qué te paso en las manos?
Isabella se congeló y se intentó apartar, pero Edward la retuvo. Ella tenía los ojos cerrados y el rostro ruborizado. Respiraba agitadamente igual que Edward. Estaban tan cerca que él podía ver cada una de sus pecas. Quería besarlas. No. Quería probarlas. Isabella habló antes que Edward hiciera algo vergonzoso, como lamerle las pecas.
-Alice se metió en un lio con un tipo y yo la defendí. Eso es todo.
Edward intentó concentrarse pero era difícil. Sobre todo porque una de las manos de Isabella seguía todavía en su espalda trazando círculos en su piel. Se aclaró la garganta.
-No parece todo. ¿Él fue quien te hizo eso en el rostro?
Isabella hizo una mueca.
-Si. Me distraje. Pero créeme si mis manos parecen un desastre, tendrías que ver al tipo.
Edward acercó su frente a la de ella.
-No sé porque siempre te metes en líos. Podría haberte pasado algo. Yo tendría que…
Finalmente abrió sus ojos. Lucía molesta y trató de apartarse de nuevo.
-Tú no tendrías que hacer nada. Yo puedo cuidarme sola. ¿Sabes?, si hubieses visto como deje a los tipos entenderías que no hay nada…
-¿Tipos? –Edward la interrumpió.
Isabella maldijo en voz baja y evitó mirarlo. Finalmente la soltó y se apretó con fuerza el puente de la nariz. Ella había estado peleando con varios tipos. La imagen de ella sola peleando contra varios tipos estaba mal en todos los sentidos.
-¿Cuántos?
Isabella abrió la boca pero Edward la interrumpió.
-No se te ocurra mentirme –la miró. Y por primera vez era Isabella quien parecía incapaz de aguantar su mirada.
-Trece.
Edward abrió los ojos y la miró incapaz de creerle. Ella se rio de su expresión.
-Lo sé. Soy así de asombrosa.
La fulminó con la mirada. No sé qué le asombraba más. El que Isabella haya sido capaz de pelear contra trece hombres y salir casi ilesa o que luciera tan pagada de sí misma.
-Esta no es la primera vez que lo haces, ¿no?
Isabella lo observó con indiferencia.
-¿Qué cosa? ¿Ir a un bar? ¿Beber alcohol? ¿Meterme en una pelea? ¿Golpear a trece hombres? –Sonrió. –No.
Edward se limitó a observarla. Tal vez ella tenía razón y no se conocían en lo absoluto. Isabella siempre había sido temeraria, pero jamás la había visto pelearse con alguien. La sola idea de ella y una pelea le resultaba ridícula. Era tan pequeña.
Como si le estuviese leyendo la mente, dijo. –Aprendí Taekwondo después de que nos separamos. Y digamos que lo practique mucho fuera de clase. Era una alumna muy dedicada.- Edward ignoró su sonrisa. Estaba enojado de nuevo y esta vez lo agradeció. Era más fácil hablarle enojado.
-Querrás decir "después de que te fueras".
Isabella lo miró. Edward seguía mirando al frente, pero podía imaginarla frunciendo el ceño.
BPOV
Estaba cabreada. No. Estaba más que cabreada. Estaba furiosa. El buen humor generado por las grandes dosis de comida grasienta estaba oficialmente muerto.
-¿Eso es lo que crees? ¿Que yo me fui?-preguntó sin importarle que su voz despertara a Alice. Edward la miró con el ceño fruncido. Si. Él también estaba enojado, lo cual no hacía más que incrementar su fastidio.
-¿Que se supone que piense? Me dijiste que tenías que hacer algo y que volverías en media hora. Y nunca regresaste. Así que pensé...
-¿Qué me fui? ¿Incluso después de que te dije que no me iría sin decirte nada?
Edward no contestó. Sin poder contenerse más tiempo, Isabella lanzó un puñete al salpicadero. Dolió. Maldijo entre dientes. Eso dolió como el infierno.
-¿Acabas de golpear mi auto?- preguntó Edward con las cejas levantadas. Tenía un brillo de diversión en los ojos. Isabella respiró con brusquedad.
-Si. Y si no te callas, el próximo será en tu rostro.
Eso solo ocasionó que riera. Isabella empuñó sus manos. Solo la detuvo el dolor palpitante que tenía en la mano derecha. Con sus manos en ese estado solo se causaría daño a sí misma.
La risa de Edward cesó.
-Nunca volviste. ¿Qué esperabas que piense después de lo de mi...?-se detuvo. La rabia de Isabella se esfumó tan rápido como vino y la sustituyó un sentimiento desconocido. Ella sabía que era lo que iba a decir. Después de que su mamá lo abandonara. Suspiró. Odiaba ese sentimiento desconocido. Prefería la cólera. Al menos era algo que ella conocía y que ella sabía lidiar. Pero esta emoción…
-Me encontraron, Edward. Cuando estaba saliendo una señora me reconoció de las noticias. Quise escaparme pero esa señora tenía más fuerza de la que pensaba.- Edward por fin la miraba. -Me llevó de inmediato a la policía. Quería la recompensa. Renne vino a buscarme y me llevó de inmediato a Arizona. Ella odia los escándalos. –Isabella soltó una risa amarga. -No tenías teléfono ni ninguna forma por la que pudiera contactar contigo. –Suspiró. Se maldijo en silencio. ¿Por qué diablos estaba suspirando tanto? -No podía quitarme de la mente tu cara. Casi podía visualizar tu expresión al darte cuenta de que nunca iba a regresar. Esa expresión me atormentó por meses.- Algo en los ojos de Edward cambió. Parecía como si se diera cuenta de algo. Y sorpresa y entendimiento cruzó su rostro. Isabella frunció el ceño en confusión. -Pero luego pensé que tú lo sabrías. Sabrías que no me iría así.- Lo miró directo a los ojos. -Tenía la esperanza que adivinaras que me habían encontrado. Después de todo tu sabías que me buscaban.
Edward la miraba con los ojos abiertos de par en par. Sus ojos verdes brillaban y la miraba. Eso era todo lo que hacía. Mirarla. En estos momentos se parecía tanto al Edward que conocía que su corazón se rompió. Al parecer si tenía uno. Curioso.
-Pero al parecer me equivocaba. Y de todas formas ya no importa.- dijo rompiendo contacto visual con Edward. Este la agarró de los hombros, con suavidad pero sin vacilación, haciendo que esta lo mirara.
-Claro que importa. Yo pensé que tu...- juntó sus frentes y suspiró.
A Isabella no le gustaba lo que estaba sintiendo. No le gustaba que fuera consciente de cada movimiento de él. Y desde luego que no le gustaba lo que le hacía a su estómago cada vez que sus respiraciones se topaban. Estaban tan cerca que podía ver las motas de color pardo que Edward tenía en los ojos. Sus labios solo estaban a 3 centímetros de distancia, menos si se inclinaba un poco más. Edward lo hizo. Parecía leerla bien, lo cual la sorprendía. Ya no se parecía más a ese niño que no sabía cómo besar. Y luego recordó.
Desde luego que ya no era ese niño que no sabía cómo besar. Ahora no solo sabía besar sino que también había hecho otras cosas. Ella se apartó tan rápido que Edward se sobresaltó. Seguía mirándole los labios lo cual hizo que Isabella se enfureciera. Odiaba que Edward actuara como si ella lo fuera todo. Lo odiaba. Y no solo porque le hacía creer que fuera verdad sino porque sabía que eso era mentira. Él se había acostado con otras chicas. No debería haberle importado eso, pero lo hacía. Se sentía una tonta por eso. De hecho se sentía tonta por todo. Por no ser capaz de actuar normal frente a él. Por cómo se sentía. Y por ser virgen. Si. Y no era porque sentía que ser virgen era tonto, sino por lo que parecía. Parecía como si ella le hubiese estado esperando. Como si ella hubiese estado esperando por él. Sentía unas ganas enormes de irse a cualquier bar y acostarse con un tipo cualquiera. Tal vez debió haberle dicho que si a Jake...
-No. No importa. Tú has hecho tu vida y yo también.
Edward la miró un largo rato, y luego frunció el ceño. Hizo una mueca irónica.
-Claro que hiciste tu vida. Y te buscaste a otro para realizar tus aventuras, ¿no es así? Me reemplazaste muy rápido.
Isabella lo miró atónita. ¿La estaba celando por Jake? Cuando él se había acostado con esas zorras...
-No puedo creer que estés celoso por eso.
Edward se ruborizó.
-No estoy celoso.
Isabella se limitó a ignorarlo.
-¿Cómo se llama?-musitó Edward tan bajo que pensó que se lo había imaginado. Pero él la observaba con expectación. Quería golpearlo.
-Jacob Black.
Edward fruncido el ceño.
-He escuchado ese nombre- se quedó en silencio unos segundos. Abrió los ojos con sorpresa y la miró herido. -Lo conozco. Vive en La Push. Si regresaste, ¿por qué te fuiste con él...? ¿Por qué no me buscaste?
Isabella suspiró.
-Desde luego que no regrese. Te habría buscado. Jake es un amigo de la familia. Lo conozco desde que tenía pañales. Renne pensó que estaba deprimida y se sentía culpable por dejarme sola en casa. Así que le pidió a Billy permiso para que Jake esté una temporada en Arizona –Rio. -Desde luego que no previó que ambos aprovecháramos su ausencia para escaparnos.
Edward no la miraba y apretaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
-¿Cuantos años tenías cuando te escapaste con él?
-Catorce
Edward por fin la miró. Sus ojos eran de un verde oscuro y la miraba tan intensamente que ella no pudo aguantarle la miraba.
-¿Lo besaste a él también?
Isabella quiso tirarle un puñete. ¿Cómo se atrevía a…? ¿Con que derecho? Bien. Si quiere saber al dedillo lo que pasó entre Jake y ella, ¿quién era ella para dejarlo en la oscuridad?
-No en el viaje. -sonrió.-Jake quería saber cómo besar.
Edward solo la observó, incapaz de asimilar lo que le estaba diciendo. Isabella no soportaba ver su perfecto rostro. No soportaba ni un minuto ver su cara. No tenía ningún derecho. No tenía ningún derecho de lucir tan… devastado. Y desde luego que no tenía ningún sentido que ella se sintiera culpable. Ellos no habían sido nada y desde luego que no lo eran ahora. Así que no tenían ningún derecho de sentirse afectado por Jake, y ella no debería sentirse afectada por lo que él había hecho con otras mujeres. Si la vida fuera así de fácil…
-¿Te besaste con él porque él quería saber cómo era?- preguntó Edward con el ceño fruncido y los ojos abiertos de par en par. Isabella se encogió de hombros.
-Te besé por la misma razón.
Edward se puso rígido. Isabella pudo ir el rechinar de sus dientes al cerrarse con fuerza. Un musculo de su mandíbula saltó peligrosamente.
-No es lo mismo.-Se las arregló para decir con los labios cerrados.
Isabella se rio. Pero el sonido de su risa era lo más lejano a diversión.
-Desde luego que no.- dijo sarcásticamente.-Como tampoco es lo mismo el que tú te hayas acostado con todas esas… chicas.
-Yo nunca las he besado.
Ella solo lo miró incapaz de creer lo que decía. ¿En serio? ¿Eso se suponía que tenía que hacerle sentir mejor? Decepción era una palabra demasiado leve para describir lo que sentía.
-¿En serio piensas que eso es un argumento a tu favor? No me importaría en absoluto lo que hayas hecho con ellas, si te hubieses involucrado sentimentalmente. –Era más o menos una mentira. Le importaría, pero al menos no pensaría menos de él. –Te acostaste con esas chicas sin ningún respeto por ellas. Las usaste como muñecas inflables. Eres igual que todos los hombres. Odias a esas chicas, lo puedo ver en tu rostro. Pero al parecer pudiste convenientemente olvidar ese pequeño detalle cuando las follabas. Y ahora vienes acá con no sé qué derecho de reclamarme el que me haya besado con otro tío. ¿En serio? Al menos yo sí quiero y apreció a Jake.
Los ojos de Edward se encendieron con cólera.
-Deja de decir su nombre.
Isabella sonrió pero su cara estaba tensa.
-De todos modos, no le agarres tirria a Jake. No es al único que he besado. Y no es al único que besaré.
Edward se acercó tan rápido que la sobresaltó. Estaba tan cerca. Ya ni siquiera se encontraba sentado en su asiento, sino en el medio de los asientos delanteros. Lo cual tenía que ser incómodo. No lo demostró cuando la agarró el rostro con firmeza. Él cerró sus ojos.
-Por favor, solo deja de hablar. –susurró con voz baja, dolida. –No quiero oírlo. No soporto oír lo poco que te intereso. No tolero oírte hablar de otros hombres. No sé si es justo o no. Solo sé que me mata. -Abrió sus ojos. Lucía tan frágil cuando la miraba de ese modo. Tan solitario. No era justo. Isabella gimió con desesperación y acercó sus labios a los de él. Él se quedó rígido por la sorpresa. No esperaba que ella lo besara. Ya eran dos. Sintió cólera hacia sí misma cuando agarro sus cabellos para acercarlo más a ella. Finalmente Edward le devolvió el beso. Él era suave pero Isabella no lo era. Estaba demasiado confundida para serlo. Las emociones que sentía eran demasiado conflictivas.
Mordió el labio de Edward con tanta fuerza que sangró. Él gimió y se trasladó frente a ella para acercarla más. Sus manos se movieron al cinturón de seguridad y la liberó de él. Isabella se entregó a las sensaciones. Introdujo sus manos al interior de su camisa. Edward se estremeció. De pronto a Isabella las ropas le parecieron un estorbo. Quería sentirlo. Quería sentir su piel. Quería sentir todo de él. Y se odiaba por eso. Dios. Quería golpearlo por hacerle perder la razón de esa forma. Por tener ese poder sobre ella. Quería abofetearlo…
Agarró la parte delantera de su camisa y la rasgo rompiendo los botones. Mucho mejor. Edward estaba en forma. Acarició sus abdominales sintiendo lo duros que estaban. Sus uñas rozaron sus oblicuos. Él gimió buscando sus labios. La besó con pasión. Le exploraba la boca como si quisiera devorarla. Cambiaron de posición. Ahora él estaba en el asiento y ella encima de él. Sintió su dureza a través de su pantalón. Pero lejos de asustarla, la encendió de un modo que nunca antes había experimentado. Era una sensación desconocida y eso la asustaría más tarde. Ahora solo era una extensión de lugares sensibles. Isabella gimió cuando lamió la zona sensible detrás de su oreja izquierda. Isabella lo acercó tan cerca que era difícil decir donde terminaba uno y empezaba el otro. Abrió el botón de su pantalón. Edward inhalo con fuerza.
-Bueno, esto es incómodo. –dijo una voz en la parte trasera del auto. Se separaron bruscamente.
-¿Qué mierd..?- Isabella respiro para calmarse. Lo que iba a decir era ¿Qué mierda acaba de pasar? Edward volvió a su lugar y estaba tan rojo que Isabella se hubiese reído si la situación fuera distinta. ¿Qué rayos le pasaba con Edward y los carros? ¿Tenía algún fetiche por los autos que no se había dado cuenta? Esta era la segunda… No. La tercera vez que besaba a Edward en uno. Lo que era peor, la segunda vez en la que le arranchaba su camisa. No recordaba ser tan efusiva cuando había besado a otros chicos. Casi ni escuchó cuando Edward le preguntó a Alice hace cuanto estaba despierta.
-Desde que estacionaste el auto. Cuando le reclamabas sobre el estado de sus manos. –Alice dijo tranquilamente como si fuera lo más natural del mundo estar oyendo conversaciones ajenas. -Por cierto Isabella tenía razón. No te hubieras preocupado si la hubieses visto peleando con esos hombres. ¡Ah! Estoy de acuerdo con Isabella. No deberías reclamarle nada cuando tú has hecho cosas peores. – Isabella la miró incrédula. La chica cambiaba de tema tan rápido que a Isabella le costaba seguirle el ritmo. –Por otro lado, Bella, no debes culpar a Edward por pensar que lo abandonaste. ¿Qué esperabas que creyera el pobre chico?
La miró como si estuviera regañándola. Esto era el colmo.
-Si estabas despierta todo ese rato, ¿Por qué no nos lo dijiste?
Alice parpadeó y la miró con confusión.
-Era entretenido verlos discutir –dijo Alice como si fuera lo más obvio del mundo.
Isabella se agarró la cien. Le estaba comenzando a doler la cabeza.
-Entonces, ¿por qué interrumpirnos? –Edward la miró un tanto aturdido y avergonzado por su pregunta. Se maldijo en silencio al darse cuenta de cómo sonó. –Quiero decir, ya nos habíamos besado antes y no nos interrumpiste.
-Si pero esa vez fue más dulce y fue lindo de ver. En cambio en el último parecía como si estuvieran teniendo sexo con ropa.
Isabella se sonrojó. No sabía que le molestaba más. Si la actitud calmada de Alice o el estúpido sofoco que tenía en el rostro.
-Como sea. Solo vámonos de aquí.- dijo Isabella incapaz de ver a Edward o a Alice.
Edward arrancó el auto en silencio y se dirigieron devuelta a Forks. Tuvo que pasar una hora por lo menos antes que Isabella fuera capaz de enfrentar a cualquiera de ellos. Alice lucía ligeramente desanimada. Debía de ser duro tener que volver a casa para que la castigaran. Alice la volvía loca a veces pero le tenía bastante cariño. Iba a ser duro no poder verla por un tiempo. Bueno si la iban a castigar, ¿por qué no hacer algo para que merezca castigo? Isabella sonrió. Tanto Edward y Alice la observaron con desconfianza. Su sonrisa aumentó. La conocían bien.
-Bueno, ya que tenemos auto. ¿Por qué no seguimos nuestro viaje?- dijo Isabella mirando a Alice. Esta le devolvió la sonrisa de manera deslumbrante.
-NO. Definitivamente no –siseó Edward. -Llevaré a Alice devuelta a su casa. Carlisle debe de estar desesperado.
-Bueno, pues, seguirá desesperado en unos días más- Isabella lo miró intensamente y parpadeó de forma coqueta. Edward tragó y dirigió su vista a la carretera.
-No –dijo de forma más suave. Isabella puso su mano en su pierna. Edward brincó de forma cómica causando que Alice soltara una pequeña risita. Isabella necesitó de toda su fuerza para no reírse. Acarició su muslo causando que Edward se sonrojara. Le guiño un ojo a Alice. Se acercó al oído derecho de Edward y sus dientes rozaron su lóbulo. Él se estremeció.
-De verdad quiero hacerlo, Edward. –dijo haciendo que su aliento le hicieran cosquillas en su oído. Edward gimió. –Sabes que al final me saldré con la mía. –La mano de Isabella subió peligrosamente por su muslo. Edward parecía incapaz de respirar. Tal vez era peligroso que lo distrajera de esa forma mientras conducía. Pero había bastante tráfico y era divertido verlo sonrojarse. Sus labios se movieron a su mejilla, luego a la esquina de su labio. –Tu también quieres hacerlo, Edward. ¿No?
Edward la miraba ya sin prestarle atención a la carretera.
-Si- murmuró Edward. Cuando volteó su rostro para que sus labios se juntaran, Isabella se alejó.
-Genial. Entonces… ¿cuál va a ser nuestro destino, Alice?- Edward parpadeó como si estuviera en un trance. Miro a la carretera sin decir nada, pero Isabella vio que sus orejas estaban rojas.
-No sé- dijo Alice todavía divertida por el comportamiento de Edward.
-¿Qué tal si regresamos con las cosas que nunca has hecho?
Alice lo pensó un momento y asintió entusiasmada.
-Hay algo que nunca he hecho y siempre he querido hacer.
Isabella la miró inclinándose hacia atrás. La animó a continuar.
-Nunca he ido al cine –dijo con una sonrisa tímida.
La miró con los ojos abiertos. Tienes que estar bromeando.
-¿Qué?- dijo Alice intimidada por la mirada de Isabella. OK. Iba a matar a Alice. Se agarró la cien. El dolor de cabeza volvió.
-Me hiciste… - paró porque estaba a punto de levantar la voz. –Fuimos a un bar porque dijiste que jamás habías ido a uno. Asi que, ¿por qué rayos no se te ocurre lo del cine entonces?
Alice se encogió de hombros todavía confundida por su enojo.
-No me acordé.
Isabella la miró. A la mierda con el dolor de sus manos, iba a golpearla. Edward, al presentir lo que quería hacer, habló.
-¿Qué tal si vamos a comer algo?- preguntó en un intento de animar a Isabella. Cerró sus ojos con fuerza.
-Helado. Necesito azúcar –dijo respirando profundamente. -Y alcohol.
Edward pareció querer objetar por lo último pero vio la expresión de Isabella y se calló. Isabella miro hacia la ventanilla escuchando los sonidos de entusiasmo que emitía Alice. Y se preguntó si terminaría asesinando a sus acompañantes. Porque tanto Edward y Alice iban a terminar por volverla loca.
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(1). Es uno de los temas más influyentes de Guns N' Roses. La famosa estrofa "Take me down to the paradise city where the grass is green and the girls are pretty" ("Llévame a la ciudad paraíso donde la hierba es verde y las chicas son Hermosas") se cree que podría ser una referencia a la marihuana o al LSD, ya que re ordenando las letras de "Paradise City" sería "Easy Acid Trip". Paradise City es considerado por algunos como una canción que trata de Los Ángeles y su corrupción por la época
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Sé que dije que en este capítulo iba a estar la cita, pero se estaba alargando mucho que tuve que cortar acá. Me demoré por la misma razón. Bueno eso y que ya empezaron las clases. Además que estaba deprimida después de leer un libro. El libro es We were liars. Es genial, se los recomiendo Déjenme un review con su opinión. Ah! también estoy pensando en crear un grupo o una página de Fb en la cual colgar algunas fotos de los personajes y esas cosas. Una de ellas pueden ser los tatuajes de Bella XD
Gracias a Lucianamartinez275, Elis, Cinth, LuluuPattinson, Roan, Lena, Suiza19, Yumel22, FerHPattinson por sus comentarios :) (Lo siento si me olvide de alguien) Bueno los veré muy pronto ;)
