Buenas noches a todos.
Para mí ya son noches, madrugadas mas bien. Tengo sentimientos encontrados pues este capitulo de la un giro de 180 grados a todo. No sólo a la historia si no a mi misma como autora pues he roto mis miedos y vergüenzas (sin razón de ser la verdad) y he escrito para ustedes un episodio lemon.
Ya tenía tiempo queriendolo hacer pero me sentía insegura al respecto, hoy empecé a escribir y no pude parar hasta terminarlo y pues he decidido darle oportunidad a este capitulo tan impulsivo.
Lo aviso de una vez tambien porque originalmente la clasificacion de esta historia era para todas las edades y si algun lector no quiere leer lemon es mejor que este avisado de una vez y ofresco una disculpa por no avisar desde antes.
Estoy nerviosa jajaja, pero ojalá les gusté este capitulo.
Toda la narración esta en voz de Taichi.
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Antídoto
8
¿Cómo era posible pasar de la sorpresa, al dolor, a la decepción, al desenfreno, al paraíso y luego derechito al infierno?
Definitivamente en todos los posibles escenarios que alguna vez me imaginé besando a Sora, jamás estuvo un mugroso callejón a lado de un club con la pelirroja de mis sueños entregándose a mi completamente ebria.
Era asqueroso.
Pero no podía detenerme, intentaba realmente separarme de ella y acabar con esta locura de una vez por todas.
Sentí una mirada trás mi nuca y un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Eso fue el detonante de mi razocinio y entonces pude tomar a Sora por los hombros y separarla de mi.
No supe por que pero una rabia inmensa se aglutinó en mi lengua.
—¿¡Qué demonios estas haciendo?!
Sora cerró los ojos totalmente espantada de mi reacción. En los tantos años de conocernos jamás le había gritado. Jamás.
Así como jamás ella había reaccionado como lo hacía ahora. Se había deshecho de mi agarre y con sus puños me pegaba en el pecho. Una y otra vez, lo más fuerte que podía.
¡Mierda sí que dolía!
No se si ella era rápida o yo no podía reaccionar, pero me tomó mucho trabajo conseguir atrapar sus manos para que detuviese su agresión.
Podía ver arder fuego en sus ojos rubíes y yo sentía que los míos estaban igual de encendidos.
—¡Eres un idiota!- me gritó Sora. Su voz se escuchaba ahogada, como si en cualquier momento se fuera a echar a llorar.
Normalmente yo la calmaría, le diría que todo estaría bien y que no llorara porque me mataría verla así. Pero ahora... no sabía que pensar en ella.
Me daba cuenta perfectamente que no era el alcohol actuando, que ella estaba perfectamente consciente de lo que había sucedido.
Las palabras de Catherine sobre ella y mi hermana hicieron eco en mi mente. Si Sora estaba siendo capaz de engañar a Yamato, entonces era capaz de hablar a espaldas de mi novia.
Mi novia... Catherine... ¡Catherine! ¡Yamato! ¡mierda, Mierda, MIERDA!
Sora me miraba dolida. Como si yo le hubiese herido.
—¿Que te he hecho Sora?- pregunté muchísimo más calmado. Pero igual de dolido que su mirada. —¿Qué he te hecho para que me mires así?
Ella no respondió. Seguía respirando agitadamente como si estuviese enferma y le costara trabajo aspirar el aire. Hipeaba y hasta tiritaba.
Me dí por vencido. Aquella experiencia surrealista sería entonces para olvidar y enterrar. Bajé los brazos a mis costados, los deje colgar en señal de rendición.
Dejé salir un suspiro y cerré los ojos por un momento para poder pensar. Muy bien, primero lo primero.
—Te llevaré a casa.
Sora no respondió de nuevo pero empezó a andar antes que yo. Salimos del callejón y nos topamos con algunas miradas de gente que seguro nos había escuchado. No vi caras conocidas así que que más daba.
Seguimos andando juntos pero sin mirarnos. Con paso rápido y sin detenernos ni un segundo.
Ella se abrazó a si misma para contener el frío. Estaba muy destapada con esa blusa de tirantes así que me quité la chaqueta y cuando me acerqué para entregársela ella rehuyó de mi tacto.
—No me toques.- masculló con rencor.
Me quedé estático, en shock. Jamás me había hablado así... Se sentía horrible, más horrible que cuando la animé a que fuera con Yamato aquella nochebuena.
Llegamos rápidamente a su edificio, a su piso y a su apartamento. Ella metió la llave y giró la perilla para después entrar.
Para mi sorpresa dejó la puerta abierta y no la azotó en mis narices como yo pensé que lo haría. Lo consideré una invitación así que entré tras de ella.
La luz de su habitación se escapaba por una rendija de la puerta. Tome la perilla para entrar pero me contuve.
Era la una de la mañana, ella estaba furiosa y si no me asesinaba ella seguro lo haría su madre. La conservadora pero adorable Toshiko no permitiría ese tipo de intromisión a los aposentos de su hija.
Entre mi vacilación no se cuanto tiempo pasó pero Sora abrió su propia puerta ya cambiada en sus pijamas. Los ojos estaban hinchados y rojos, como si hubiese llorado sin control a pesar que yo no hubiese escuchado nada.
Me miraba sin expresión hasta que hizo su cuerpo a un lado dejándome vía libre para entrar.
Seguía dudando de que fuese una buena idea. Creo que ella pudo leer mi preocupación en mis ojos.
—Mamá fue a Kyoto a visitar a papá y a la abuela. Estamos solos.
Entonces di un paso al frente y ella cerró la puerta tras de mí y después se recargó en ella mientras sellaba sus labios con fuerza.
Le di una mirada rápida a la habitación. De pequeño esta había sido escenario de juegos, de estudios y de travesuras. Conocía cada rincón de aquel cuarto de tamaño mediano.
Ya no estaba repleto de juguetes ni de animales de felpa. Tenía fotos de todos nosotros, los chicos, colgadas por doquier. El balón de fútbol eterno estaba recargado en una esquina mientras su equipo de tenis estaba a lado de su escritorio.
Me di media vuelta para mirarla. Ella había estado contemplándome aún recargada sobre la puerta.
¿Ahora qué? ¿Deberíamos hablar de lo sucedido? ¿Debería ponerla a dormir e irme a casa y olvidarlo?
—Yo...- Sora empezó a hablar así que callé mis pensamientos para ponerle toda mi atención.
Pero ya no dijo nada más. Esperé otro par de minutos y nada.
Suspiré y ella se puso rígida en su posición. ¿Pensó que volvería a gritarle?
No supe que había sucedido conmigo, fue un impulso pues sentí que ella estaba haciendo esto solamente por despecho. Verla ahora tan frágil me daba pesar, ella no era una chica frágil.
—Lamento haberte gritado.- dije cabizbajo aunque lo sentía de verdad. Será algo de lo que me arrepienta por siempre.
—Lamento haberte golpeado. Y llamarte idiota.- pausó como si dudara en seguir hablando. —Y haberte besado...
Supongo que eso significaba que hablaríamos del tema. Pues tal vez era lo mejor aunque dudaba que nuestra amistad pudiese salir de esta.
—¿Por qué?- pregunté. Era claro que tenía que haber un motivo.
—Llevaba semanas queriéndolo hacer.
—Eso no responde mi pregunta Sora.
Bajo la mirada, como si quisiera contenerse. Aún así logré divisar una lágrima deslizarse por su mejilla.
Me acerqué a ella con claras intenciones de abrazarla pero recordé que ella me instó de no tocarla. No quería sentir de nuevo ese rechazo así que me contuve.
—Es que...- Sora trataba de hablar entre sollozos. —Verte con ella.. Yo.. No pude.. Y ahora... ¡Oh no!
¿Se refería a Catherine? ¿Verme con ella...? ¿Estaba acaso celosa?
No sabía como reaccionar a eso. Para mi era como algo inalcanzable e imposible.
Sora estaba ya en el suelo sobre sus piernas llorando sin pausa. Jamás la había visto así de derrumbada, era horroroso. ¿Estaba así por mi?
—Pero Sora...
—La amas... Eres feliz con ella y ya esta. Así son las cosas y debo resignarme.
A pesar de sus palabras no pude evitar echarme a reír. El llanto de Sora calló y me miró con sus grandes orbes rubíes mientras me partía de risa frente a ella.
—¿Qué es tan gracioso?
—No la amo.- dije divertido. —¡Sólo llevamos saliendo poco más de un mes por el amor de Dios! Amar a alguien toma un poco mas de tiempo.
Ella no dijo nada. Así que proseguí.
—La quiero claro. Ella... me ha ayudado a sentirme... no lo sé. A sentir mas bien.- bajé la mirada. —Todo fue muy dificil sabes...
No me creí capaz de venirle a decir todo lo que sufrí por ella, y en ese momento estaba a punto de confesarlo todo para darle una idea de lo mucho que Catherine había logrado en mi.
Las mariposas en el estomago, las ansias de verle, la paz que sentía al encontrarla conmigo. Todo era tan diferente a la desolación que sentía al verme apartado de Sora y Yamato, al sentirme solo.
No la amaba por que quería aprender a hacerlo bien. No quería apresurarme a bajarle la luna y las estrella no por que no se las mereciera si no que yo quería entregarle todo de la manera correcta.
Lo único que no podía apartar de mi era el deseo carnal que sentía por Sora. Aun en sus pijamas se veía apetecible por doquier y el encontrarnos solos en su habitación no ayudaba en nada a mi mente en imaginarse mil y un escenas.
—Lamento haberte lastimado tanto.- susurró ella, apartándome de mis pensamientos.
¿Acaso lo sabía todo? ¿Estaba consciente de lo mucho que me dolió verla con Yamato y aún así...?
—Mimí me lo contó.- empezó a explicarse. —Hace poco... Desde que empecé a sentirme así.
—¿Así cómo?- pregunté bruscamente. Estaba encabronado.
—Como que estaba a punto de perderte y no podía hacer nada por detenerlo.
—¿Y por qué habrías de hacerlo? ¡Mierda! ¡Yo estaba perfectamente feliz con Catherine y vienes a decirme ahora que estas confundida y que no quieres perderme!
No fui consiente, de nuevo, de que había vuelto a alzar mi voz hacia Sora. Tampoco me di cuenta lo mucho que había avanzado a ella y estábamos de nuevo cerca, muy cerca pero sin tocarnos.
—Tardé años en querer pasar la página Sora... AÑOS. No puedes hacerme esto...- dije al borde de la desesperación.
—No quiero hacerlo pero siento que si te dejo ir me moriré.- tomó entre sus dedos y con fuerza el cuello de mi camisa.
Estaba temblando pero no sabía si de nervios o de rabia. Ella tuvo que esperar a que yo quisiera ser feliz para darse cuenta que moriría sin mi.
Era para locos, y lo peor es que creía cada palabra que salía de su boca. ¿Por qué? No lo sé.
Tome sus manos que agarraban mi ropa, quise hacer que me soltase pero estaba aferrada y si yo intentaba apartarla me encajaba sus uñas.
—Tai.. Por favor...
—¿Por favor qué?- seguía respondiendo bruscamente.
—Bésame...
Y sin pensarlo lo hice. Me abalancé sobre ella sin ningún control sobre mi cuerpo. Sentí una extraña liberación de tensión pues había querido hacer esto desde hace taaaaaanto tiempo.
Estábamos, literalmente, tirados en la alfombra anaranjada de su habitación. La besaba con ímpetu y ella respondía de la misma manera. No había rastro de Yamato ni de Catherine, solo ella y yo.
Traté de sentirme culpable, de volver a encontrar mi razón de nuevo pero todo se fue al carajo cuando la oí suspirar mi nombre.
Mi nombre y el de nadie más.
—Tai...
Pasé mi mano por debajo de su cintura para erguírla y que ambos estuviésemos sentados. Seguía besándola, dejando espacios de unos cuantos segundos para recargar oxígeno.
Ella estaba sentada sobre mí con sus piernas alrededor de mi cintura, y yo la rodeaba toda con mis brazos: sus costados, su cintura, su espalda, su cuello, su nuca.
Este beso para nada era como el del callejón. Este se sentía como si estuviese caminando sobre las nubes, me sentía en un ecstasis que jamás pensé posible.
Estábamos solos. Todo podía suceder y ya ninguno de los dos parecía tener la intensión de detenerse.
Mis dedos encontraron la orilla de la blusa blanca de sus pijamas. Mis dedos jugueteaban en el borde de la tela y la piel pero era un toque inocente.
Por supuesto que quería levantarla y quítarsela en un solo movimiento pero eso era ya tentar al destino.
No contaba con que ella tomaría las riendas al pasar sus manos, que habían estado entretenidas en mi cabello, hacía los botones de mi camisa.
Deshizo uno, luego dos, luego tres.
Sus labios se fugaron de los míos pero jamás dejó de tocar mi piel, pues a besos fue trazando un camino por mi mejilla hasta llegar a mi oreja y...
—¡Oh Sora!
Se había sentido magnífico. De mi lóbulo partió a mi cuello dónde repartía besos y suaves mordiscos.
Estaba estático, mis manos se habían detenido dónde las sensaciones que ella me había producido, las habían sorprendido. Sus manos de ella encontraron las mías para tomarlas y posicionarlas en sus muslos.
Teniendo mis labios libres deduje que era mejor estar cien por ciento seguro antes de ilusionarme mas de la cuenta.
—Sora... ¿Estás segura?
Me respondió su lengua que viajó de nueva cuenta a mi lóbulo. Lo besaba, lo mordisqueaba y lo chupaba.
—!Oh Sora! ¡No, espera!
Sentía convulsionarme, las sensaciones eran demacíado intensas. Para mi pesar, ella me hizo caso y se detuvo. No se separó de mi cuello, sentía su aliento chocar en mi piel.
Mis manos estaban en sus piernas, donde ella las había puesto. Las miré atónito, y entonces fui subiendolaa hasta sus caderas luego a su cintura donde empezaba su blusa.
Esta vez no esperé y fui levantádola de manera lenta, podía ver ya el borde abultado de sus senos y aguanté la respiración mientras iba subiendo más y la tela negra de su sujetador iba apareciendo.
Ella separó su cabeza de la cuenca de mi cuello para que pudiese deshacerme de su blusa. Estaba frente a mi en sujetador, totalmente hermosa y mía. Sólo mía.
Mis dedos volaron a tocar la piel de sus hombros, luego bajé a la altura de su clavícula. Ella se puso rígida, temblaba.
Me salté el área de sus hermosos pechos para llegar a acariciar su vientre, di vueltas alrededor de su ombligo y luego mis manos acabaron en sus caderas. Una de cada lado.
La atraje y la volví a besar. Podía sentir como sus pechos estaban presionados sobre mi torso y jamás me sentí tan incómodo con mi ropa.
Afortunadamente ella se hizo cargo de ellos y volvió a la tarea de desabrochar mis botones hasta que mi camisa estuvo completamente abierta. La deslizó por mis brazos mientras yo besaba su cuello hasta dejarme ya solo con mis pantalones.
Esto era el paraíso. Sentía cada molécula de mi ser con una sensibilidad increíble. Su piel despertaba destellos de energía dentro de mi sangre y sentía como toda iba acumulándose en un lugar específico.
—Tai...- ella gemía mi nombre. —Hazlo Tai...
No sé si ella se refería a lo que yo moría por hacer, pero le hice caso y por fin mis manos subieron para encontrase con sus senos. Rodee con mi mano primeramente uno de ellos y la sentí temblar en mis brazos.
Era tan suave y a la vez tan firme. Tenía una forma y tamaño perfecto para mi mano y sentía como la punta iba se iba endureciendo a mis caricias.
Tomé el otro con mi otra mano y le di la misma atención. Tenía ambos pechos en mis manos y ella seguía temblando.
—Oh Tai...
Escuchar esas palabras de su boca sabían a gloria. Le puse mas empeño a mis caricias que Sora empezó a hiperventilar. Me sentía poderoso a la idea de poderle causar un orgasmo solo tocando sus senos.
Pero decidí esperar, así que aminoré la energía de mis manos y las deslicé para llegar a sus hombros y de un empujoncito la tumbé en la alfombra.
Me apoye en mis manos y rodillas y agaché la cabeza para besarla. De ahí partí a su cuello, a su pecho pasando por en medio de sus senos y luego pase mi lengua por su vientre y di vueltas en su ombligo.
De nuevo la oí gemir así que decidí regresar sobre el mismo camino. Al llegar al valle de sus pechos no pude resistirme, con una mano retiré un poco la copa de su sostén y bese la punta de su ceno.
—¡Tai!
A juzgar por el tono, le había encantado. Yo estaba volviéndome loco, quería hacer todo ya. Pase mi lengua a su otro pecho y dibuje círculos sobre su aureola. Ella arqueó la espalda para darme acceso al broche de su sujetador pero no permitió que yo lo hiciera si no que ella misma se lo quitó.
Oh Dios.. Estaba descubierta ante mi, ofreciéndome todo su torso y por supuesto que lo tomé. La besé por todas partes y mis manos imitaron mis besos. Ella enredaba sus manos en mi cabello y también se aferraba de mi espalda. Paseó sus manos por mi pecho y cuando rozó un una de mis tetillas yo sentí temblar todo mi cuerpo.
Ella sonrió y entonces, no se como, me rodó para entonces yo quedar tumbado y ella sobre mi.
Sentirme bajó su yugo me excitaba aún más de lo que ya estaba. Ella estaba recorriendo cada centímetro de mi pecho con sus dientes y lengua. Me mataba con cada roce de mi entrepierna cada vez que ella se movía.
No soporté tanto aquella dominación y de nuevo la giré para que estuviese bajo de mi. Ya no me contuve y tomé el elástico de sus pantalones de algodón y se los quité de un solo jalón.
Sus panties igualmente eran negras como su ya ausente sujetador, hacía un contraste estupendo con sus piernas que no eran ni muy blancas ni muy tostadas como piel. Sora era un perfecto rubí de todas partes.
Tomé una de sus piernas y la vi cerrar los ojos. Con mis labios la recorrí desde la punta de sus pies hasta sus muslo sin pasar a su entrepierna.
Con la otra pierna lo hice al revés. Empecé en el muslo para bajar hacia su rodilla y luego hasta sus pies.
Terminé de recorrer sus extremidades y regresé a sus labios.
Los besaba sin parar, los mordía y los recorría con mi lengua pero solo por fuera hasta que ella abrió su boca para darme acceso y así profundizar nuestros besos.
Sentí sus manos viajar desde mi cuello, por mi pecho hasta llegar a mis caderas donde buscó el botón de mi pantalón.
El producto de mi excitación estaba unos centímetros mas abajo y la sola idea que llegase a tocarme me volvía loco de placer. Ella deshizo mi abroche y fue bajando la cremallera. Ahí, sin querer o tal vez queriendo, rozó sus nudillos con mi erección, haciéndome perder la respiración.
—Sora... Ya...
Ella asintió bajo de mi y entonces subió sus piernas y sus pies encontraron el principio de mi pantalón ya suelto. Y con sus mismos pies fue deslizándolo por mis piernas hasta dejarme solo en bóxers.
Nos miramos por unos momentos totalmente estáticos, sin besarnos ni tocarnos, sólo mirándonos.
Ella asintió levemente a la pregunta que yo me había hecho mentalmente "¿Estábamos listos?"
No quise darle oportunidad de arrepentirse y deslicé su panti negra por sus finas piernas. Rapidamente yo me deshice de mis boxers y pude ver su rostro totalmente sonrojado al verme completamente desnudo y excitado.
Supuse que yo estaba igual al verla completamente al natural, sus piernas cerradas me daban poca visibilidad de lo que yo más ansiaba ver pero lo mejor sería sentirla.
De nuevo me puse sobre ella, frente a frente y sobre mis manos. Con mis piernas le pedí permiso y ella abrió sus piernas para dejarme posicionarme en medio de ella.
La respiración de ambos estaba agitada al sentir un leve roce de nuestros sexos.
—Dicen que la primera vez duele...- dijo Sora con voz ahogada.
—Si te duele sólo dímelo y yo me detendré.- la insté pero dudaba que pudiese ser capaz de detenerme a estas alturas.
Ella asintió y entonces me agaché a besarla para tranquilizar su miedo. Poco a poco fuí encontrando su abertura y me fuí empujando un poco hacia adentro.
Me sentía... rodeado de un fuego. Ella estaba húmeda y ardiendo al mismo tiempo. Su piel interior estaba aun mas suave.
Me encontré con un pequeño tope pero dude que fuese el fondo pues apenas y había entrado así que me empujé un poco más.
—¡Aaah!
Sora gritó de dolor y yo me regañe mentalmente. ¡Demonios, la había lastimado!
—Sigue... Puedo soportarlo.- dijo ella al leer mi rostro de preocupación.
Le hice caso y seguí hasta que estuve completamente dentro.
Me quede estático, no quería perderme ninguna de las miles de sensaciones que explotaban dentro de mi al mismo tiempo.
Sora tenía los ojos cerrados y pensé que también quería sentirlo todo, Acostumbrarse un poco a mi intromisión o aguantar el dolor que le había causado.
—Tai...
Me llamó y entonces decidí empezar a moverme. Me salí un poco y volvía a entrar en un ritmo lento, muy lento pues no quería lastimarla. Ella curveó la espalda de manera que apretaba las caderas más hacia mi, lo cual tomé como invitación a ir más rápido.
—Oh Tai... ¡Aahh!
Me excitaba aun mas oirla gemir mi nombre. Empece a moverme lo mas que mi entumido cuerpo, a causa de tanto placer, me lo permitía.
Ella estaba convulsionando bajo de mi con cada embestida nueva, decía mi nombre, invocaba a Dios y cerraba los ojos mientras hiperventilaba.
De pronto la sentí tensar los musculos que me rodeaban. Ella estaba con la piel de gallina a pesar que estaba bañada en sudor y entonces lo supe, era su orgasmo queriendose hacer presente.
—¡Taichi! !Aah!
—¡Sora! Ahh...
Y no vi venir el mío. No pude contenerme y exploté dentro de ella, y al mismo tiempo también.
Caí rendido sobre sus pechos, ella acariciaba mi cabello ya mojado por el sudor.
Teníamos la piel ardiendo, moría de calor pero no quería separarme de ella.
Sentí un sopor caer en mi espalda, y sin nada me deje arrastrar a la nada.
Bueno... Que puedo decir. Son un par de idiotas jaja. ¡Pero a pesar de todo, el Taicath aún puede ser! Lo juro. Aún tengo planes para mi bella francesa.
y Yamato? Pues ni hablar, siempre sale mal parado en mis fics :( pero juro que algun dia me reinvincaré con el.
Quiero saludar a mis bellos reviewers de capitulo pasado (por cierto, el más comentado! Muchas gracias!) Y aqui van: Hikaricaelum, Mazinger-Taiora, Curewhite13, Goshujin Sama, xfiddlesticks, Ivymon, De paso, che-naruto, accel shinka, Digific, Japific. Mil gracias de nuevo y también a los nuevos followers y quienes agregaron la historia a sus favoritos, cinco mil gracias!
A los que se preguntaban que onda con Mimi e Izzy, estará incluído en el próximo capitulo, yo tambien amo el mishiroooo!
ahh, estare muy nerviosa por leer sus reviews! Y como ya son las 03:32 am me paso a retirar.
Tengan todos una excelente semana.
¡Hasta pronto!
