Capítulo 8.

Las ganas que tenía Harry de volver a besar a Draco eran muchas y en ese par de segundos en que se saborearon la boca le dio vergüenza admitirlo, sin embargo trataba de luchar por mantener la cordura ante el tibio cuerpo del rubio. Una gran cantidad de pensamientos recorrían su mente a la velocidad de una snitch, quería volver a tener a Draco encima suyo y quería volver a tocar su piel, pero le asustaba pasar a la tercera base.

Abrió sus ojos para observar si el otro disfrutaba aquello y así poder juzgar por sí mismo que él también quería seguir con ese juego íntimo. Vio los ojos grises y un conocido choque eléctrico se plantó en sus testículos. ¡¿Cómo es que con tan sólo una mirada podía ponerlo duro en un segundo?!

Malfoy le sonrió de lado y bajó a su cuello, lamiéndolo sensualmente mientras Harry trataba de mandarle señales a su sistema nervioso para que su pene no le jugara la mala pasada de despertarse en un lugar público. Trató de concentrarse en algún lugar fijo del baño, aguantando la respiración, cuando sin previo aviso la puerta se abrió dando paso a Matthew, quien observando la escena cruzó miradas con Harry.

Pareces una estatua Potter, tan quieto… - habló Draco aún pegado a su cuello.

Yo… lo siento - dijo Matthew aún de pie en el umbral.

Al escuchar su voz, Malfoy se separó de Harry y volteó a mirar a su compañero, quién avergonzado salió hecho un huracán.

Discúlpame por esto - le dijo Draco apuntándose el cuello con su índice y sin más salió tras Matthew dejando a Harry con el corazón latiéndole a mil por hora.

Se miró al espejo y notó una leve marca roja en su cuello, se la tocó con suavidad aún sintiendo el aroma del perfume de Malfoy en sus fosas nasales.

¡Bastardo! - Gritó por lo bajo apoyándose en el lavabo. ¿Qué se creía? Lo seguía hasta el baño, lo besaba, le dejaba una marca y se marchaba tras otro chico. ¿Tal vez estaban juntos?

Trató de calmar su respiración y se volvió a escudriñar la pequeña mancha roja, dentro del local estaba mayormente oscuro, así que dudaba que los demás se dieran cuenta. Se giró sobre sus talones listo para volver donde sus amigos, cuando Ron apareció por el umbral de la puerta.

¿Estás bien? Llevas un buen rato aquí.

Algo me cayó mal al estómago creo - Harry estaba sorprendido por la facilidad con que últimamente su mente formulaba mentiras tan rápido.

Tal vez el almuerzo de hoy… ¿Y qué tal Margaret? - le cuestionó Ron pasando por su lado y Harry puso su mano velozmente en el chupetón, nervioso. El pelirrojo comenzó a orinar sin prestarle la más mínima importancia a su notorio nerviosismo. Tal vez pensaba que sólo se debía a la chica rubia que lo esperaba de vuelta en la mesa.

Pues está bien, es muy linda y simpática…

¿Y? ¿Crees que tal vez esta noche suceda algo?

No creo Ron, tú sabes que no soy así…

Quiere ir a tu casa amigo, me lo ha dicho, pero tienes que dar el siguiente paso tú. ¡Vamos! Un revolcón no estaría nada de mal, es bastante guapa… tiene unos tremendos… - el pelirrojo hizo el típico gesto de senos, con sus manos.

No quería nada con Margaret, sobre todo porque recién la había conocido. ¿Invitarla a su casa? ¿No sería mucho? Él era muy aprensivo con su espacio personal, en general porque era una figura pública y aunque no le gustara reconocerlo, la mayoría de los magos y brujas de Gran Bretaña pagarían por poder entrar en su casa, por el sólo hecho de ser Potter.

Ni hablar, no tengo problemas en conocerla mejor - mintió, en realidad en esos momentos sólo pensaba en el maldito Malfoy y sólo quería averiguar si tenía alguna relación con ese Matthew -. Tal vez, más adelante… quién sabe.

Bueno… allá tú, hice lo que pude - dijo su amigo lavándose las manos -. ¿Te encontraste con Malfoy acá?

Harry abrió de par en par sus ojos, volviendo a tapar su cuello con su mano.

¿Cómo lo sabes? - soltó de inmediato Harry, sintiendo un calor agolparse en sus mejillas.

Pues porque cuando tú viniste, él también vino y bueno, no lo sé, como Hermione me contó que el otro día se quedó a dormir en tu casa y todo eso - Harry cada vez se ponía más rojo, ¿a dónde iba a parar esa conversación? ¿Acaso Ron sabía algo? ¿Acaso Matthew les dijo lo que acababa de ver? - Y en verdad no creo lo que Hermione dice.

¿Qué cosa?

Que Malfoy y tú son amigos, es decir, que hablan y eso - continuó su amigo -. ¿De qué temas se puede hablar con ese maldito hurón?

Pues de los mismos temas que hablamos tú y yo, es una persona normal Ron, ya deja de quedarte en el pasado - respiró aliviado, al menos no sospechaba nada más -. Y no lo sé, yo estaba en el cubículo, ya te dije, me dolía el estómago - volvió a mentir sin ningún remordimiento.

Lo siento, es que yo al contrario que tú aún recuerdo todos los malditos insultos que nos decía, sabes que me apestan los hijitos de papá…

Ya basta, volvamos a la mesa, no hace falta recordar los malos días - lo interrumpió Harry, en realidad nunca le habían molestado los improperios del pelirrojo hacia Malfoy, pero después de haberlo casi "hecho" con él le hacía sentir que no debía permitir más palabrotas hacia su persona, a pesar de que el muy bastardo lo hubiera plantado todo caliente en el baño de un bar.

Estás bien capullo, de todas formas él y el otro muchacho se acaban de ir, sin despedirse, para variar la mala educación.

Así que al final sí se habían ido juntos, Harry se estaba armando toda una película en su cabeza: Matthew y él de seguro estaban juntos y al pillarlos en el baño se marchó y por supuesto el rubio lo siguió para explicarle lo que había visto. Veamos qué puedes decirle, se dijo. Porque no podía negar lo que había sucedido: se estaban casi devorando. El orgullo del azabache brotaba por sus poros, Matthew no podía contra el Niño Que Vivió.

Volvió a tomar asiento al lado de Margaret, con una gran sonrisa boba en su rostro. Margaret le sonreía de vuelta, tal vez pensaba que ese gesto era por ella.

¿Y los demás? - le preguntó haciéndose el tonto.

No lo sé, Malfoy salió tras Matthew, tal vez están fumando.

¿Y tú fumas?

No ¿Y tú?

A veces - volvió a mentir, nunca le gustó el cigarrillo, la verdad es que ese era un hábito que venía de los muggles, algunos magos de familias muggles lo hacían o lo mezclaban con el acto de fumar tabaco en pipa -. Iré a acompañarlos, ya regreso.

Se levantó rápido, no quería que Margaret lo siguiera pues obviamente no pretendía fumar, sólo quería ir a escudriñar qué sucedía con los chicos. Caminó entre las mesas hasta llegar a la entrada, salió y sus oídos sintieron el alivio del silencio nocturno. Afuera habían grupitos de personas fumando y conversando, Harry caminó un poco y se apoyó en una pared cercana, los magos y brujas se voltearon a mirarlo. Ojeó entre las personas pero no vio rastros de Draco ni de Matthew y su corazón se le apretó. Tal vez se habían ido juntos, tal vez Draco le mintió, tal vez Matthew lo perdonó y tal vez ahora el maldito estaba tocándolo y besándolo de la misma forma en que él añoraba que lo hiciera con su cuerpo. Una ola de ira se adueñó de su organismo y sintió ganas de golpear la muralla. Odiaba tener que admitir que se estaba volviendo loco por volver a sentir ese roce con Malfoy, ¿tan rápido una persona puede convertirse en gay? ¡Mierda, mierda, mierda! No estaba listo para salir del clóset. Iba a entrar a los Aurores, ¿cómo se tomaría la noticia el Mundo Mágico si se enteraran de aquello? ¿Y sus amigos? ¿Y los Weasley? ¿Y Ginny?

Estaba comenzando a desesperarse y a hiperventilar cuando de repente vio una figura conocida acercándose en la oscuridad. Era Draco, con su caminar altanero y su delgada figura, se acercaba a él. Ya había notado su presencia y no le despegaba la mirada. No supo cómo, pero en un par de segundos Draco lo había agarrado de un brazo y lo llevaba entre unos callejones, el ruido de las voces se alejaban y las luces se hacían más tenues. Harry lo seguía en silencio, la ira se había disipado con el sólo toque de la mano del rubio. Y de un momento a otro se detuvo y con la misma desesperación de unos minutos atrás, arrinconó a Harry entre su cuerpo y una dura pared de ladrillos y le comió la boca. El pelinegro estaba extasiado, la lengua de Draco chocaba con la suya de manera deliciosa, era tanto el deseo que parecía tener que sus dientes chocaron, lo cual les hizo sonreír a ambos dentro del beso.

Matthew y tú… - habló Harry luego de poder recobrar la respiración.

¿Estás celoso Potter? - le preguntó Draco con una enorme sonrisa de satisfacción.

No, pero quiero saber - soltó.

¿Y qué hay de Margaret? - volvió a cuestionarle Malfoy, colocando ambas manos en la pared, arrinconando aún más a Harry.

¿Qué tiene que ver Margaret?

"Al fin voy a conocer a Harry Potter" "¿Crees que me encuentre bonita?" "¡Ay es tan guapo!" - agregó Draco haciendo una imitación de la voz de Margaret -. Es una boba.

Pues a mí me pareció interesante, es muy guapa - dijo Harry, sólo para ver la expresión del rubio. Sonrió satisfecho cuando el semblante de Draco cambió a uno serio.

¿Y entonces qué hacías esperándome afuera del bar como un perrito faldero? - le susurró al oído, lamiéndole el lóbulo de la oreja.

El Slytherin tenía razón, sus actos lo delataban, le había demostrado sin ningún disimulo que estaba dispuesto a seguir con ese peligroso juego. La mano de Draco le agarró el pene por encima de la ropa y fue cuando Harry notó que estaba durísimo y no sabía desde hacía cuánto.

Malfoy no sigas - le dijo ahogando un gemido.

¿Estás seguro? Eso no es lo que tu amigo de ahí abajo parece querer.

¡Rayos! Sí quería, quería seguir, pero no ahí, era muy arriesgado. Malfoy ya le estaba bajando la cremallera, con una sola mano, como todo un experto.

Ahhh… - Harry dejó escapar un ronco gemido cuando la mano fría del rubio se enroscó sobre su pene.

Shhh, trata de no meter ruido - le hizo callar, plantándole otro magnífico beso sin dejar de masturbarlo.

Harry comenzaba a desesperarse, no quería correrse ahí en plena calle, ¿qué pasaría si alguna persona los viera?, o peor aún, ¿si algún periodista o paparazzi les tomara unas fotografías y luego aparecieran en las portadas de la mayoría de las revistas de chismes? Pero por otro lado estaba tan o más excitado que la vez anterior en su casa, tal vez el peligro de ser descubiertos lo ponía más caliente de lo normal y al parecer a Malfoy también. Repentinamente y sin que Harry lo notara, sintió la tibia respiración del rubio en su glande y una ola de calor se le subió al rostro. No podía creer lo que estaba a punto de suceder.

Draco lo miró desde abajo, hincado y le mostró su ya conocida sonrisa de lado y acto seguido se metió su falo hasta la mitad, como para probarlo y luego se lo sacó. El azabache cerró sus ojos cuando sintió la humedad de la boca de Malfoy, avergonzado; no podía mirarlo, pues para él aquella escena era demasiado surrealista. Sus piernas temblaron cuando sintió de nueva cuenta cómo Draco lamía el glande, saboreando el pre semen y volvía a meterse otra vez su pene en la boca, esta vez hasta más adentro, chupando y enroscando su lengua diestramente. Harry se atrevió a abrir sus ojos para observar, tratando de aguantar cada gemido que se arriesgaba a salir de sus cuerdas vocales. Draco tenía sus ojos cerrados, concentrado en la felación. Con su mano derecha se ayudaba para brindar el mayor placer posible lo cual funcionaba al cien, pues el pelinegro echó a volar cada pensamiento que había en su cabeza y sólo quería que Malfoy se la chupara hasta el final de sus días. Al cabo de unos minutos Harry comenzó un vaivén, simulando una penetración, ya no había vuelta atrás, estaba en el éxtasis máximo, tanto que luego de un rato tomó a Malfoy de su suave cabello platinado, guiando sus movimientos al compás del vaivén.

Se le escaparon uno que otro gemido, pero ya no importaba, no importaba nada. ¡Que los vieran, los paparazzi, Ron, Hermione o hasta el mismísimo Ministro de Magia! Sólo quería sentir la húmeda boca del bastardo Slytherin por siempre en su pene.

Cuando el primer espasmo del pronto orgasmo llegó, su cerebro volvió a encenderse. No quería correrse en la boca de Malfoy, cuando Ginny le practicaba sexo oral, siempre le decía que no le gustaba que Harry eyaculara en su boca y por ese motivo pensaba que era de cierta forma irrespetuoso, a pesar de lo no tan respetuosos que estaban siendo ambos en aquel momento.

Malfoy… detén… - balbuceó Harry tomándolo del mentón para que se levantara.

Vamos a otro lugar - le pidió Draco poniéndose de pie y el azabache sintió cómo se enfriaba la piel en su pene.

Pero… no puedo sólo irme, debo avisarles a Hermione y a R…

Oh por favor, ya estás grande y ellos no son tus padres como para que…

Lo sé, pero se preocuparán - lo interrumpió Harry, sintiendo que la erección comenzaba a doblegarse.

¡Vamos! Por una vez en tu vida toma tus propias decisiones - Malfoy se estaba comenzando a cabrear. Con el torso de su mano se limpió la saliva de su boca -. No me vas a dejar así ¿o sí?

Se pegó al cuerpo de Harry, haciéndole sentir el bulto dentro de sus apretados pantalones, y al igual que la vez anterior comenzó a frotar su erección contra el pene desnudo del Gryffindor.

Vaya cómo te gusta hacer eso - Harry se iba a volver loco, no podía llegar a entender por qué el heredero Malfoy lucía tan sexy ante sus ojos. Es decir, sólo era otro chico, con los mismos genitales, ¡Por qué, Merlín, le hacía sentir tan malditamente prendido!

Vamos, no me hagas suplicarte, ya me he arrodillado, ¿qué más quieres?

Eres un… Está bien, vamos a mi casa.

Y así tal y como estaban Harry los hizo aparecerse en su recamara, Draco se abalanzó hasta atrapar de nueva cuenta sus labios, chupando y mordiendo a su antojo.

¿Qué diría mi jodido padre si supiera que estoy en la maldita habitación de Harry Potter? - Habló el platinado luego de separarse y recobrar el aliento, mirando alrededor.

Tantas palabrotas Malfoy, ¿con esa boquita besas?

Y con esta boquita te hice la mejor mamada que te han hecho en la vida - sonrió Draco metiendo sus manos bajo la camiseta de Harry y empujándolo ambos cayeron sobre la cama.

Lamió su oreja, como antes y su cuello. Había descubierto que Potter gemía más cuando atacaba esa parte de su cuerpo. Sus manos aún tanteando bajo la camiseta, llegaron hasta las tetillas del moreno y suavemente las masajeó con sus índices. Se acomodó sobre él, posicionando sus piernas al costado de su cuerpo, montándolo. Le encantaba sentirse dueño de la situación. Harry estaba disfrutando esas nuevas caricias, nunca se hubiera imaginado el placer que causaba que le tocaran ahí. Draco comenzó a moverse haciendo que sus erecciones se rozaran sobre sus ropas y con la misma sonrisa de satisfacción sacó del bolsillo su propia varita.

¿Qué haces? - Preguntó Harry entre asustado y extrañado.

Tranquilo, no te cruciaré ni nada parecido.

Un suave movimiento de varita sobre el torso de Harry hizo desaparecer su blazer y su camiseta, dejándolo semi desnudo en un sólo segundo.

¿Por qué sabes este tipo de hechizos? - dijo el Gryffindor sorprendido, incorporándose para observar cómo su ropa había desaparecido.

Alguien me lo enseñó y tú eres la primera persona con que lo pruebo - dijo complacido Draco, observando el maravilloso cuerpo que tenía debajo -. Vaya Potter, estás más marcado, me gusta - continuó recorriendo cada trozo de piel con sus finas manos.

Harry se ruborizó ante esas palabras, era halagador escuchar a alguien decirlo, aún más si provenían de la propia boca del heredero Malfoy. Con el mismo encantamiento de antes los anteojos del pelinegro también desaparecieron.

¿Qué tienes contra mis gafas?

Debo confesarte que nunca me gustaron tus feas gafas.

Pero sin ellas no veo casi nada.

Mejor así...

El Slytherin volvió a posar sus labios sobre los de Harry, comenzando otra sesión de apasionados besos. El moreno se estaba volviendo a descentrar, y la excitación volvía a envolverlo, causándole unas ganas desesperadas de también querer tocar. Así que posó sus manos en el trasero del platinado, y luego sin la más mínima cautela le desabrochó el pantalón y se los bajó hasta donde sus rodillas se lo permitieron, con bóxer incluído. Y así, piel expuesta volvió a masajear las nalgas que lo estaban volviendo loco.

¿Qué tienes con mi culo Potter?

Oh cállate.

Draco soltó una carcajada poniéndose de pie con dificultad. Harry trató de mirarlo, pero era inútil, no sólo porque no tenía sus anteojos, si no además porque la habitación estaba oscura, sólo la luz de la luna que se colaba por la ventana abierta iluminaba la delgada figura de Malfoy. Intentando enfocar notó que Draco se estaba desnudando, primero los pantalones y después su camiseta y luego, varita en mano terminó de desnudar a Harry, quien avergonzado notó cómo el rubio le devoraba con la mirada su pene erecto.

Volvió a caer sobre su cuerpo y le besó el cuello, los hombros, las tetillas, el ombligo hasta llegar a su falo, Harry sintió la cálida respiración y luego la lengua de Draco, lamiéndole toda la extensión, como si fuera un perro bebiendo agua. Se estremeció.

Para - dijo el azabache, comenzaba a comprender que a Malfoy le gustaba tener el control, pero su orgullo de león parecía no querer aceptarlo. El platinado se irguió, sorprendido -. Ya basta de creer que vas a mandar en mi cama.

Y con un rápido movimiento, hizo que rodaran sus cuerpos para quedar esta vez sobre él. Se sentía increíble cómo sus pieles desnudas se rozaban y que cada toque hacía que se excitaran cada vez más.

Oh Potter, no te creas la muerte, mira que aquí tú no eres más que un niñato que recién acaba de descubrir que la varita no sólo funciona para hacer encantamientos.

A Harry le hizo gracia el chiste y se rio escondiéndose en el cuello de Malfoy. De todas formas tenía un poco de razón, él tenía todas las de perder, pues no tenía idea de cómo seguir. ¿Estaba dispuesto a hacerle sexo oral a otro hombre?

Mientras le besaba el cuello, esa pregunta le revoloteaba en la cabeza. Hasta que, luego de que a Draco se le escapara un agudo gemido (como de chica, pensó Harry), se decidió a continuar. Si el estúpido Malfoy lo había hecho, entonces él también lo haría; no iba a dejar que una maldita serpiente le ganara.