Aviso: Secuela del fic Life Unexpected. Los personajes y todo lo que reconozcan pertenece a JK Rowling.
8. Un problema menos, un problema más.
Cada noche desde que había ocurrido el asunto de los dementores dormir había sido un reto para Hannah; los primeros días se había dedicado a reproducir el momento en sus sueños, pero luego estos se habían convertido en premoniciones desagradables sobre el día de la audiencia. Se veía a ella frente al Wizengamot, diciendo o haciendo algo que no debía y arruinándolo todo, cosa que era casi peor que recordar el ataque.
Pensar en Harry siendo expulsado por su culpa, por decir algo incorrecto o por no recordar todo claramente, la llenaba de pánico y era justamente eso lo que le estaba impidiendo conciliar el sueño esa madrugada, cuando estaban a solo horas de partir al Ministerio.
Se había obligado a repasar el momento con él unas treinta veces, asegurándose de contar lo mismo y no olvidar nada, no podían darles algo que pudieran usar en su contra, así que un pequeño error en la historia definitivamente no era algo que se pudieran permitir. Y eso estaba haciendo en ese momento, en la oscuridad de la habitación que compartía con Ginny y Hermione, tratando de recuperar todos los recuerdos de esa noche para que no se le escapara nada.
El reloj estaba por marcar las dos de la mañana cuando decidió levantarse, asumiendo que ya no tenía sentido seguir dando vueltas en la cama ni comiéndose la cabeza ella sola, a ese paso terminaría volviéndose loca y además, despertaría a las chicas.
Salió de la habitación con muchísimo cuidado para no hacer ruido, hacía horas que todo el mundo se había dormido y en el pasillo no se escuchaba prácticamente nada. Tenía días yendo a esa casa, pero era la primera vez que se quedaba a dormir y le parecía increíble que fuera incluso más tenebrosa de noche.
No quería imaginarse que pensaría la señora Weasley, o cualquier otro adulto que no fuera Sirius, si la veían escabulléndose al cuarto de los chicos a esa hora de la madrugada, pero alguna excusa se inventaría si la descubrían. En ese momento necesitaba estar cerca de él.
Había estado preocupada por tener que despertarlo, se iba a sentir muy culpable si tenía que llegar a eso, pero por suerte no había terminado de cerrar la puerta cuando lo vio incorporarse en su cama y voltearse hacia ella, con la expresión somnolienta y el cabello hecho un desastre.
— ¿Hannah? —Tenía la voz pastosa por el sueño y entrecerraba los ojos para verla en la oscuridad, inútilmente.
—Sí, soy yo. —Corroboró la chica, hablando tan bajo como podía para no despertar a Ron, y sonriéndole a pesar de que seguro no podía notarlo. —Me reconociste, puntos extra para tu miopía.
—Quién más se iba a meter a mi cuarto de noche. —Suspiró y volvió a acostarse en la cama, cuando estuvo más cerca alcanzó a ver como subía las cejas. —Y supongo que serás la única aparte de mí que no puede dormir.
—Ese es un buen punto. —Aceptó Hannah, llegando a su lado y ojeando su cama antes de preguntar. —Eh, ¿puedo…?
— ¿Desde cuando tienes que preguntar? —Se extrañó Harry, rodándose para darle espacio. —Acuéstate.
Claro que no tenía que preguntar, no era la primera vez que compartía una cama con él, pero desde hacía unos meses que el contexto era totalmente distinto.
Dejó de pensar tonterías y se metió a la cama junto a él, tomando las mantas para cubrirse del frío y abrazarlo, debido a la temperatura y simplemente porque le gustaba.
— ¿No has dormido nada? —Le preguntó ella, aprovechando su nueva cercanía para hablar muy bajito, que solo él escuchara.
—Solo un poco, como que voy y vengo. —Le explicó el chico, arrojándole el aliento al rostro. —Sigo soñando que cuento mal todo lo que ocurrió y me terminan expulsando y quitándome la varita.
—Compartir pesadillas no es nada romántico. —Murmuró con amargura, pero luego se obligó a sonar más animada. —Pero son solo sueños. Todo va a salir bien, no nos vamos a equivocar.
—Pero y si sí…
—No pasará.
—Bien, tal vez no vayamos a equivocarnos y digamos todo como es. —Aceptó él a regañadientes, suspiró y la vio con temor. —Pero si igual no nos creen y pasa lo peor, ¿Qué haría entonces?
Hannah aprovechó la oscuridad, y su mala visión, para permitir que el miedo que le daba esa pregunta se reflejara en su rostro. No tenía una buena respuesta para eso, no tenía idea de que harían si la audiencia terminaba mal; seguía culpándose por lo que estaba pasando y no sabía cómo podría verlo a la cara si al final lo terminaban expulsando.
—Lo que tendrías que hacer sería dejar de querer protegerme a cada rato. —Se le ocurrió a ella, esbozando una sonrisa agria. —Te ahorrarías estos problemas.
—Hablaba de hacer algo que fuera a pasar. —Resopló Harry, y ella alcanzó a ver como entornaba los ojos. —Y eso ni siquiera es una opción.
—Sabes, a veces deberías pensar en ayudarte a ti mismo. —Le recriminó la chica, tratando de ignorar el burbujeo que sentía en el pecho y la pesadez de su cabeza. —Los demás podemos arreglárnosla solos.
Hubiese deseado que la voz le saliera más firme al decir eso, no solo para que él le creyera, sino para sentirse un poco mejor con ella misma.
—Yo sé que sí. —Le aseguró Harry, pasándole una mano por el cabello de manera suave y cariñosa. —Pero igual me gusta hacerlo.
Sintió como las mejillas se le calentaban debido al sonrojo y esbozó una sonrisa que seguro la hacía lucir como una tonta, pero estando sola con él realmente no se sentía avergonzada.
—Todos parecen estar muy seguros de que no pasará nada malo. —Siguió diciéndole él, con la voz distante y débil, casi temblorosa. —Mis padres, Sirius… Pero yo no sé… Seguro solo lo dicen para que no me preocupe…
—Eso es obvio, pero no significa que no tengan razón. —Razonó, tratando de no dejar que se hundiera en su pesimismo, aunque ella misma no estaba muy lejos. —Y bueno, supongamos que hipotéticamente algo saliera mal, tal vez nos saltemos un detalle o simplemente no nos crean…
—Y me expulsan y no puedo volver a hacer magia, continúa.
—Es una posibilidad, sí. —Confirmó ella, no queriendo, pero obligándose a aceptarlo. —Pero si pasa, no será el fin del mundo, solo… Seguiremos adelante, como siempre.
—No sé si esta vez sería tan sencillo. —Confesó el chico con tristeza en la voz. —No es normal que alguien diga esto, pero en serio me gusta ir al colegio.
—Es Hogwarts, a todo el mundo le gusta ir. —Se encogió de hombros y subió los brazos para envolverlos en su cuello e impulsarse hacia arriba para dejar un beso rápido sobre sus labios. —Recuerda lo que siempre digo: las cosas al final se resuelven solas.
—Supongo que no sería la primera vez que tu optimismo ciego está en lo correcto. —Se rió por lo bajo, dándole un poco de calma. Luego eliminó la distancia y le devolvió el beso. —Gracias por quedarte aquí esta noche.
—Bueno, no era como si en mi casa iba a dormir mucho mejor. —Murmuró ella, tratando de no dejar entrever nada en su tono. Se acurrucó más contra él y suspiró. —Prefiero pasar el insomnio así.
—Obviamente yo también lo prefiero. —Admitió Harry, haciéndola sonreír mientras paseaba suavemente un dedo por su espalda. —Qué bueno que tus padres estuvieron de acuerdo, creí que no iban a dejarte.
Trató con todas sus fuerzas de no tensarse, de no dejar que se diera cuenta de lo incomoda y culpable que la hacía sentir ese tema. Sabía que tenía que decírselo, tarde o temprano tendría que hacerlo… Pero tener que lastimarlo era algo que le costaba demasiado asumir.
—Sí, fue un alivio. —Fue lo único que se atrevió a decir, tratando de no tener que soltar demasiadas mentiras.
— ¿Y no tuvieron problema en dejar que fueras sola mañana? Digo, James y Lily estarán con nosotros, pero tú…
—No, ningún problema. —Ni siquiera saben que tengo que ir a una Audiencia, deja el tema ir. —Solo… Quieren que les avise cuando todo termine.
—Lo que pasó antes es un expediente sellado, no creo que vayan a enterarse así que no tienes que…
—Harry, ya. —Le pidió ella, prácticamente rogando. Escondió el rostro en su cuello y suspiró. —No quiero seguir hablando de esto.
—Pero…
—No, no quiero. —Se negó con rotundidad, dejó un beso en la curva de su cuello y sonrió un poco cuando se le erizó la piel. — ¿Crees que podríamos dejar de hablar de mis padres?
—Seguro. —Respondió el chico con la voz en un hilo. Respiró con fuerza y apretó los brazos que tenía alrededor de su cintura cuando ella siguió besándolo. —Oye… —Tragó saliva antes de seguir hablando. —En serio me gusta cuando haces eso.
La recorrió un escalofrío cuando le susurró aquello, tan cerca de su oído que si quería podía besarla él también. Quiso separarse para poder verlo y saber si estaba diciéndole la verdad, porque no terminaba de creerle, pero se pondría como un tomate si lo veía a la cara, así que decidió simplemente seguir con lo que estaba haciendo.
—Entonces supongo que seguiré haciéndolo… —Murmuró con la voz más ronca, abriendo un poco más la boca para hacer más húmedo el beso.
—Eso estaría bien…
Ella rió por lo bajo y se rodó en la cama para quedar más cerca de él, olvidando el miedo que la había llevado hasta allí y solo concentrándose en sus cuerpos juntos, sus manos que seguían acariciándole la espalda y los suspiros que le arrancaba esporádicamente cuando mordía un poco alguna zona de su piel.
Al principio se había sentido muy cohibida e inexperta para hacer algo como eso, pero con el paso de las semanas y a medida que se iban a acostumbrando, Hannah había empezado a dejarse llevar. Seguía sin tener muy claro muchas de las cosas que hacía, pero se limitaba a apagar la parte racional de su cerebro y a hacer lo que sus instintos le dijeran.
Como en ese momento, que la instaron a soltar una de sus manos para, tratando de no temblar, colarla por debajo de la camiseta del chico y usar un dedo para crear figuras sin sentido sobre su abdomen.
Lo escuchó tragar saliva nuevamente, pero por nada del mundo la detuvo, en todo caso solo se acercó más a ella, dándole el empujón que necesitaba para terminar de tomar confianza y volver más intensas las caricias que le dedicaba a su pecho. Seguía en eso cuando, alentada por la mano que le sujetaba el cabello con firmeza, desvió hacia abajo el camino de su boca, llevándolo hasta las clavículas a las cuales decidió darle la misma atención que a su cuello.
Mientras hacía eso y notaba las reacciones que obtenía, Hannah no podía evitar pensar en cómo eso la hacía sentir a ella. En un principio se había sentido avergonzada por eso, pero se había dado cuenta de que ella era quien solía atreverse más cuando se ponían en eso, pero no era algo que realmente la molestara, le gustaba hacerlo sentir bien y le gustaba que a él le gustara lo que le hacía. Producía en ella unos jalones intensos en la parte más baja de su vientre y unas cosquillas placenteras en lugares que prefería no pensar.
—Harry… —Lo llamó muy por lo bajo, tanto que de no ser por el ruido que sacó de su garganta como respuesta habría creído que no había escuchado. Acababa de tener una idea. — ¿Qué tal si…?
No fue capaz de terminar la pregunta, sabía que primero el rostro le ardería en llamas. Así que simplemente olvidó que su otro mejor amigo estaba durmiendo a una cama de distancia y tomó el borde de su camisa, jalándola hacia arriba para que la entendiera.
—Ah… —Soltó con entendimiento, su voz sonaba muy diferente a la normal. Se aclaró al darse cuenta y dudó un momento antes de responder. —Yo… Bueno… Sí, sí, claro.
Hannah se sintió más tranquila con esa respuesta, casi había temido que la tomara como una loca y la rechazara.
Entonces, tras echar un vistazo a la cama de Ron para asegurarse de que seguía durmiendo como una roca, Harry tomó los bordes de su camisa y se la sacó por la cabeza, con tanta torpeza que ella se rió solo de imaginarse la escena si hubiera tenido los lentes puestos.
—Claro, este es el momento más oportuno para que te burles de mí. —Ironizó él, dejando la camisa a un lado de la cama y volviendo a acercarse a ella.
—Shh, calla… —Le pidió ella, divertida y emocionada por lo que estaban haciendo. Tenía que admitir que el saber que no debía estar ahí, mucho menos haciendo eso, le agregaba algo extra a la situación.
El frío que había sentido al salir de su habitación un momento atrás había desaparecido, en especial cuando volvieron a abrazarse, esta vez permitiendo que sus bocas se encontraran en un beso bastante subido de tono, quizás un poco más de lo que habían experimentado antes.
Aprovechando la pieza de la que se había desecho, Hannah permitió que sus manos vagaran por toda su espalda, disfrutando de cómo se erizaba y se estremecía cuando tocaba algún lugar especial que ella se grababa para volver después. No pasó por alto la forma en que se tensó cuando llevó una mano al frente y acarició la piel cercana a la liga de su pantalón.
Nunca había hecho nada parecido, absolutamente nada, pero tampoco era idiota, y la verdad era que tenía un decente conocimiento teórico, y recientemente práctico, sobre cómo funcionaba el cuerpo de los chicos; razón por la cual se sonrojó y se apresuró a subir su mano hasta el pecho, queriendo estar tan lejos de esa zona como fuera posible.
Un paso a la vez.
Lamentablemente, distraerse pensando en esas cosas la hizo perder el relativo control de la situación que había mantenido hasta ese momento y de repente se encontró rodando para quedar con la espalda pegada a la cama y con su cuerpo cubriéndola.
Habían estado en esa posición antes y la verdad era que le gustaba, cosa que le hizo saber con la pequeña sonrisa que esbozó y que él le respondió, luciendo bastante nervioso, cosa que Hannah no entendió hasta que volvió a acercar su rostro, pero no para besarla, sino para imitar lo que ella había estado haciendo antes y dirigir la boca hacia su cuello.
Hannah se estremeció a la vez que el aire se le quedaba atorado en la garganta; era la primera vez que le hacía algo así, por eso no pudo evitar sentirse nerviosa durante los primeros segundos, pero poco a poco su cuerpo empezó a ablandarse y a recibir gustoso los besos que Harry dejaba por su cuello, muy inestables al principio, pero que luego fueron volviéndose más emocionantes para ella. Cerró los ojos y movió la cabeza para darle más espacio, instándolo a que continuara, todo el tiempo que quisiera, a que por favor siguiera haciéndola sentir de ese modo, como flotando.
Se dio cuenta de lo irregular que estaba su respiración cuando un suspiro delator abandonó sus labios en el momento que él llevaba su boca hasta su garganta y bajaba hasta el inicio de su pecho antes de volver a subir, turbándola, aunque no lo suficiente para que pasara por alto la mano que se adentró bajo su camisa y comenzó a acariciarla.
Primero eran caricias suaves e inocentes que luego fueron tornándose más intensas, justo como ella había hecho con él. Sus dedos delinearon la curva de su cintura y luego se dedicaron a recorrer todo su vientre, haciéndola sentirse como si la temperatura de la habitación hubiera subido unos veinte grados y el aire fuera demasiado denso para poder respirarlo, obligándola a hacer un esfuerzo. Su boca tampoco parecía quedar colaborar, estaba demasiado ocupada besando un punto cerca de su oreja que la hacía querer soltar un sonido que nunca había hecho y que le daba demasiada vergüenza.
Su mano siguió subiendo, pero ella estaba muy ida como para siquiera pensar en detenerlo u horrorizarse. En lo único que su mente la dejaba pensar era en el calor que sentía quemándole la piel, en especial donde él la tocaba y besaba. Y no lo había podido evitar, pero irremediablemente también estaba pensando en la extraña puntada que sentía entre las piernas. Le dolía, pero era un dolor peculiar, bueno.
En ningún momento se había detenido a recordar que no llevaba brasier, al menos no hasta que sintió sus dedos rozando la base de uno de sus pechos, haciéndola suspirar demasiado fuerte, demasiado deseosa de algo que nunca había pensado, pero que tenía que ver con el dolor que también había empezado a sentir en la punta de los pechos y que tenía una idea bastante buena de cómo aliviar.
Y estaba a punto de hacer algún movimiento o un sonido que lo hiciera tocarla y llenarse la mano con su pecho, cuando un ronquido brusco desde la cama de al lado los trajo de vuelta a la realidad y les recordó que no estaban solos.
Harry apartó la mano y la boca rápidamente, como si su tacto hubiera empezado a quemarlo, haciéndola abrir los ojos de golpe, sintiendo repentinamente un frío que no podía ser normal
Se encontró de frente con su expresión llena de sentimientos variados, sorprendida por lo que habían hecho, indecisa por lo que debían hacer ahora y algo más que ella no quiso pensar ahora que sentía la racionalidad y el juicio volviendo a ella.
El aire oxigenándole el cerebro la hizo darse cuenta de que esa vez habían llegado bastante lejos, aunque no estaba segura de cómo debía sentirse al respecto. Todo se había sentido demasiado bien para ser algo malo, pero no estaba segura de que tan cuerdos podían ser sus pensamientos en ese momento.
Se sonrojó furiosamente, pensando en lo cerca que había estado de dejar que la tocara, y boqueó varias veces, tratando de dar con una respuesta correcta. Por suerte él le ahorró el trabajo.
—Vamos a dormir, ¿sí? Ya… Es bastante tarde.
Tenía la voz tan gruesa y ronca que por un segundo volvió a sentirse desorientada, pero se obligó a aclararse y asintió varias veces, aún sin atreverse a hablar por temor a cómo iba a sonar.
Él se le quitó de encima y se incorporó para buscar su camisa y volver a ponérsela. Hannah se puso más roja, sin poder creer que había tenido el valor de pedirle que se la quitara.
—No tienes que irte. —Le susurró él, tomándola de la mano, justamente cuando ella pensaba en que debía levantarse. —Quédate.
—No debería. —Por suerte, su primera frase en un rato no sonó tan patética como había creído. –Si vienen a despertarte y estoy aquí…
—No pasará nada. —Desestimó Harry, fastidiado, pudo adivinarlo entornando los ojos en la oscuridad. —Solo unas horas, puedes irte antes de que amanezca.
No hizo falta que le insistiera demasiado, aún no quería tener que dormir sola. Así que suspiró resignada y volvió a acomodarse junto a él, sin atreverse a abrazarlo. Harry también dudó, pero, como siempre, tuvo más valentía que ella y le pasó un brazo por la cintura, haciéndola sentir menos avergonzada y rara por todo lo que había pasado.
Soltó un ruidito de comodidad y se pegó más a él, cosa que lo hizo sonreír sobre su cabello.
Esa noche descubrió muchas cosas nuevas, una de ellas que ese tipo de actividad pueden producir mucho sueño, ya que se quedó dormida a los pocos segundos y no se despertaría hasta que la mañana llegara.
Iba a ser un día caótico, Lily podía sentirlo, no necesariamente era un augurio de que algo iba a salir mal, pero sí de que sería imposible acostarse esa noche sin otra de las jaquecas que la habían estado atormentando esas últimas semanas.
Se había despertado a una hora ridícula, no solo porque tenía que arreglarse y estar lista temprano, sino que además apenas y había logrado dormir, ni los nervios ni James moviéndose por toda la cama se lo habían permitido.
Estaba cansadísima y asustada, pero encontró una razón para sonreír divertida y más relajada cuando entró a la habitación donde estaba durmiendo Harry. Tuvo que felicitarse mentalmente por haber impedido que James fuera a despertarlo, ese día nadie necesitaba sus preocupaciones ridículas.
No era que la idea no la incomodara, después de todo era a ella a quien más le costaba entender que su hijo no era un niño, pero con todo lo realmente grave que estaba pasando era un alivio saber que, al menos por esa parte, Harry estuviera siendo simplemente un adolescente. Sabía que había peores cosas en el mundo que el que pasara la noche con Hannah.
—Tesoro… Hora de despertarse... —Se puso de su lado de la cama y le pasó una mano por el cabello con suavidad, imitando el tono de su voz. —Anda, tenemos que salir temprano…
No llevó mucha insistencia de su parte lograr despertarlo, lo que la hizo pensar que seguro había tenido el sueño igual de inestable y ligero que el suyo. Suspiró con pesadez y se dio la vuelta, parpadeando varias veces para acostumbrarse a la luz.
—Buenos días. —Lo saludó Lily con una sonrisa cariñosa. —Sé que es muy temprano, pero tienen que vestirse y bajar a desayunar antes de irnos.
—Buenos días, mamá… —La saludó devuelta, bostezando y tallándose un ojo con la mano a la vez que trataba de incorporarse. — ¿De qué…?
Pero no pudo terminar la oración debido al cuerpo que le impidió sus intentos de estirarse. Volteó a mirar, extrañado, pero luego una ola de entendimiento y alarma invadió su rostro, haciéndolo volverse nuevamente hacia Lily con los ojos muy abiertos.
—Eh… Esto no… Ella solo…
—Ya, a mí no me tienes que explicar nada. —Lo tranquilizó ella, sonriéndole con diversión. —Pero salgan rápido de la cama por si a tu padre se le ocurre venir.
Harry entornó los ojos con fastidio, y aunque asintió, no se atrevió a encontrar su mirada, eso y que las mejillas se le coloraran le pareció a Lily demasiado tierno. Sabía que no importaba que ella le asegurara que todo estaba bien, para él seguía siendo incómodo.
Estaba por salir para que no siguiera sintiéndose así, cuando reparó en cómo su expresión había dado un brusco giro hasta tornarse sombría y preocupada, encogiéndole el pecho sin necesidad de que le explicara a que se debía.
Quiso volver a repetirle que todo iba a estar bien y que antes de que acabara el día ya estaría absuelto, pero podía imaginarse su reacción y su respuesta a eso, y no era nada agradable. Así que decidió cambiar la contesta.
—Ey, mientras más pronto te levantes y nos vayamos, más pronto habrá terminado todo. —Le dedicó una sonrisa que intentaba ser conciliadora, pero al final había salido más amarga que otra cosa.
—Sí, tienes razón. —Murmuró él, intentando sonreírle de vuelta, pero fallando. —En diez minutos bajamos.
—Que sean cinco. —Le pidió Lily, quitándole el cabello de la frente para dejar un beso junto a la cicatriz. —No hagas ruido, casi todos siguen durmiendo.
Le recordó que había dejado su traje sobre la silla cerca de la ventana y salió de la habitación para dejar que despertara a Hannah y se vistieran.
La parte de arriba de la casa seguía en completo silencio, cosa que no era rara tomando en cuenta que el sol aún ni siquiera había salido. Le hubiera gustado que su hijo pudiera seguir durmiendo como el resto de los chicos que estaban ahí, pero no, él tenía que ir a defenderse en un juzgado como si fuera un criminal.
Suspiró con amargura y bajó las escaleras esperando que James ya estuviera listo en la cocina, necesitaba mucho contagiarse de su optimismo y de su confianza, a ella como siempre le escaseaban.
Al menos supo que no se aburriría cuando antes de llegar al primer piso escuchó la puerta abriéndose y la discusión de dos voces bastante conocidas entrando a la casa.
—Para variar estás haciendo un drama por nada, Marlene. —Le estaba reclamando Sirius cuando se encontraron al final de las escaleras. —Me hablas como si fuera a hacer un escándalo.
—Te hablo como una persona que te conoce. —Lo corrigió Mar, dedicándole una mirada severa. —Y que sabe que eres perfectamente capaz de hacer no uno, sino mil escándalos en una mañana.
—Me haces sonar como un psicópata que no puede estar en un lugar lleno de gente sin causar problemas. —Se indignó él. Lily casi hizo un comentario de cómo eso resultaba ser una excelente forma de ponerlo, pero se contuvo. —Yo puedo comportarme cuando quiero.
—Entonces hazlo, es lo único que te pido. —Casi le suplicó Mar, suspirando con cansancio. —No causes más problemas de los que ya tenemos.
—Pensé que no había que pedirle peras al olmo. —Intervino Lily, llegando junto a ellos e intentando sonreírles. — ¿Y ahora que hiciste?
— ¡Nada! —Aseguró Sirius, ofendido.
—Aún.
—Mar cree que si voy al Ministerio con ustedes y haré alguna estupidez que nos dificultará más las cosas. Y no se ha callado la boca al respecto desde que salimos.
— ¿Vas a venir con nosotros? —Preguntó Lily, abriendo los ojos impresionada.
—Pero claro que sí, ¿Cómo no hacerlo? —Inquirió él, como si aquello no tuviera lógica. —James y tú no pueden solos con dos niños, apenas y pueden con uno.
—Habló el padre del año. —Murmuró Mar, entornando los ojos antes de posar la mirada cansada en Lily. —Si no quieres que vaya díselo ahora.
—No creo que con decírselo vaya a hacer alguna diferencia. —Suspiró la pelirroja, sabiendo que no tenía sentido discutir con él. —Debí haber dado por hecho que querría venir.
—Realmente sí, y me ofende que no lo hayas hecho. —Le dejó saber Sirius, pasando de largo para ir a la cocina.
—Ignóralo, está de mal humor porque lo hice cambiar otro pañal antes de salir. —Le explicó Mar cuando estuvieron solas, esbozando una sonrisa satisfecha que hizo a su amiga reír por lo bajo. — ¿Cómo estás?
—Cansada, nerviosa… —Le confesó Lily en voz baja, espiando por encima de su hombro para asegurarse que ni James ni Harry estaban cerca. Trataba de actuar compuesta con ellos, en especial con su hijo, pero con Mar podía abrirse más. —Solo quiero que esto acabe. Bien, por supuesto.
—Así será. —Aseguró Mar, le dedicó una sonrisa tranquilizadora y le pasó un brazo por los hombros. —Estamos demasiado en modo mamá últimamente, deberíamos salir a tomarnos un trago.
—O muchos, preferiblemente. —Bromeó la pelirroja, recostando la cabeza de su hombro y dejando que la guiara hasta la cocina. —Te prometo que iremos cuando los chicos vuelvan a la escuela.
—Voy a tomarte la palabra, espero que estés consciente.
Mar volvió a arrancarle una risa a Lily y ella se sintió infinitamente agradecida por poder verla un ratito antes de irse. Le hubiera pedido que la acompañara, por un lado para que controlara a Sirius, y por otro porque sabía que iba a necesitar su apoyo moral.
Se sorprendió cuando entraron a la cocina, que había esperado que estuviera vacía, y se encontró con que estaba bastante llena y que de alguna forma Sirius ya se las había arreglado para estresar a Remus.
—Deja de ser tan amargado, no tienes que mirarme así solo por hacerte una sugerencia. —Le estaba diciendo a su amigo, sonriendo divertido mientras devoraba una tostada que había tomado de la mesa. —Si te sientes mal y necesitas que alguien te cuide solo díselo y ella…
—No entiendo cómo te las arreglas para ser tan molesto tan temprano. —Le cortó Remus, mirándolo de mala manera antes de ignorarlo y volverse hacia Tonks, a quien había salvado de un sonrojo seguro. — ¿Qué estabas diciendo sobre Scrimgeour?
Lily no había entendido el comentario desubicado de Sirius hasta que miró a Remus y notó lo pálido y cansado que lucía, mucho más de lo normal. Había tenido la cabeza tan ocupada que había olvidado que en un par de noches llegaría la luna llena, el recuerdo le revolvió el estómago e hizo una nota mental de no olvidar preparar la poción, sabiendo que él no le recordaría.
—Ah sí... Que tenemos que ser un poco más cuidadosos, nos ha estado haciéndonos a Kingsley y a mí preguntas extrañas... —Tonks no pudo terminar el relato porque un largo bostezo le ganó. —Disculpen…
— ¿Has dormido bien últimamente, Tonks? —Le preguntó el señor Weasley al otro lado de la mesa, terminando su desayuno. —Luces exhausta.
—He estado despierta toda la noche. —Explicó la chica, que esa mañana había decidido ser rubia, dejando salir otro bostezo. —Tendré que decirle a Dumbledore que no podré hacer guardia mañana, estoy demasiado… —Volvió a bostezar y pegó la frente a la mesa con un suspiro. —Demasiado cansada.
—No te preocupes, yo te cubriré. —Se ofreció el Señor Weasley. —De todas maneras tengo que terminar un informe.
—Ahí se fue tu oportunidad de ser un caballero. —Volvió a picar Sirius a Remus, dándole un empujón juguetón en el hombro y ganándose una mirada asesina.
—Buenos días, chicas. —Las saludó Molly, quien fue la primera en notarlas. —El desayuno está en la mesa, sírvanse.
—Muchas gracias, Molly. —Respondió Lily, esbozando una pequeña sonrisa y suspirando cuando ojeó la comida. —Pero no tengo mucha hambre.
—Tienes que comer. —Señaló Mar con severidad, sentándose junto a Sirius y robando comida de su plato. —Qué te mates de hambre no va a mejorar nada.
—Ese es un excelente punto. —La apoyó James, quien acababa de entrar a la cocina y veía a su esposa con una mirada significativa. —Luego te sentirás peor.
—Desayuna tú para que no se nos haga tarde. —Replicó la pelirroja, admirando por un segundo lo bien que lucía en la ropa muggle que se había puesto. —Dejen de preocuparse por mí.
—Entonces come. —Resolvió él con una sonrisa conciliadora y encantadora que casi la convenció. —Buenos días a todos... ¿Al final vendrán con nosotros o no?
—Es una audiencia, James, no una excursión al Ministerio. —Bromeó Remus, dedicándole una sonrisa divertida. —Tengo guardia. Lamentablemente, te toca Sirius.
—Si no permiten la entrada a mascotas solo déjalo en amarrado a un poste. —Mar le siguió la broma, pretendiendo hablar en serio. —Estará bien.
—Sus bromas no distraen a nadie de lo mucho que en verdad les duele que perderán horas de mi compañía, así que ni lo intenten.
Lily entornó los ojos y esbozó una pequeña sonrisa, sin entender cómo podían lucir tan relajados y hacer bromas en ese momento, pero sintiéndose aliviada de que estuvieran ahí para ayudarla a aplacar los nervios que no la habían dejado dormir y que ahora no querían permitirle comer.
Nervios que se obligó a disimular y a prácticamente desaparecer cuando la puerta volvió a abrirse y esta vez entraron Harry y Hannah, ambos listos para salir y con idénticas expresiones pálidas y tensas que le encogieron el corazón y la hicieron sentir enfadada e impotente, ¿hasta cuándo iba el Ministerio a hacer sufrir a esos niños?
—Buenos días. —Murmuró la chica, esbozando una sonrisa que no le llegó a los ojos. —Eh… Ya estamos listos.
—Tienen que comer antes de irnos. —Les dijo Lily, ignorando las miradas que sus amigos y su esposo le dedicaron. —Siéntense.
—No tengo hambre. —Respondió Harry, mortificándola. Se volvió hacia su padre con una expresión suplicante. — ¿No podemos irnos ya?
—Traten de comer algo primero. —Le sugirió James, pasándole una mano por el cabello y sonriéndole de manera comprensiva. —Lo que sea será mejor que tener el estómago vacío.
—No seas idiota, chico, todos estamos nerviosos pero no pasamos hambre. —Se metió Sirius, untando con mermelada una tostada que luego extendió hacia Lily, sonriendo con impostada inocencia. — ¿Cierto, pelirroja?
En otro momento se hubiera sentido conmovida por el gesto, pero en ese lo único que pudo hacer fue apretar la mandíbula y entrecerrar los ojos en su dirección, cosa que no disminuyó para nada su sonrisa.
—Sí, cierto. —Aceptó a regañadientes, tomando la tostada y mordiéndola de mala gana. —Vamos, coman.
Lo bueno de la estupidez de Sirius era cuando tenía un propósito y de hecho lo cumplía, esa vez al menos logró que ella y los chicos probaran algo del desayuno que tenían enfrente, no demasiado, pero como había dicho James, era mejor que nada.
—Querida, casi no has tocado tu comida. —Le reprochó Molly a Hannah cuando vio su plato casi lleno. —Prueba un poco más y listo.
—Estoy bien, señora Wesley, de verdad. —Insistió Hannah, tratando con dificultad de sonreír amablemente. —Ya comí suficiente.
—Está bien, Molly, déjala. —La salvó James, entendiendo que obligándolos no conseguirían nada, y poniéndose de pie. —Lo mejor será que ya nos vayamos.
—Por favor, compórtate. —Volvió a pedirle Mar a Sirius cuando se levantó para ir con su amigo. —Trata de controlar tus impulsos por una vez en la vida.
—Yo también te voy a extrañar, Mar, no te preocupes.
—Todo saldrá bien, chicos, no se preocupen. —Les prometió Remus a los dos chicos, sonriéndoles de manera suave y tranquilizadora. —Solo cuenten lo que pasó y en unas horas todo habrá terminado.
—Pudiste haber intentado peinarte. —Le reprochó Lily a Harry, pasándole una mano por el cabello para tratar de aplacarlo. Necesitaba pensar en algo insignificante. —Quizás si le ponemos un hechizo…
—Que ni se te ocurra, lo arruinarías. —James se apresuró a detenerla, tomándole la muñeca y obligándola a apartar la mano. Entrelazó sus dedos con los suyos y les sonrió a ambos. — ¿Listos?
—Ajá. —Asintió Harry, aunque no lucía nada seguro. —Vámonos.
A pesar de todo, James había conseguido mantener sus nervios y su paciencia a un nivel relativamente equilibrado, no sabía cómo, pero había logrado evitar que la situación lo estresara demasiado.
Había soportado viajar en el desastroso transporte público de Londres, sin entender cómo la gente lo hacía todos los días, y además lo había hecho con Sirius. Había soportado las miradas indiscretas y llenas de prejuicios que todos les habían dedicado mientras caminaban por el Ministerio, como si fueran alguna clase de fenómenos, ¡Incluso había soportado que les cambiaran la hora de la audiencia, haciéndolos llegar cinco minutos tarde!
Había soportado todo eso a pesar de que a cada segundo había sentido la necesidad de gritar, jalarse el cabello de frustración y hacer lo que Sirius venía diciéndole desde hacía mucho tiempo: quemar el maldito lugar. No había hecho nada de eso, pero en ese momento no estaba seguro de que pudiera seguir conteniendo.
No sabía si podría seguir soportando… Estaba seguro de que Sirius y Lily no lo harían.
— ¡¿De qué mierda estás hablando?! —Gritó Sirius, furioso, abriendo los ojos con incredulidad. — ¡Tienen que dejarlos pasar!
—Señor, ya le dije que no es necesario que use ese tono. —Le repitió el guardia que los había recibido en la puerta del tribunal. —Y no puedo dejarlos pasar, solo el acusado y los testigos.
— ¡Son menores de edad, no pueden hacer esto! —Se indignó Lily, poniéndose del color de su cabello e imitando la expresión asesina de Sirius. — ¡Están locos si piensan que voy a dejar que mi hijo entre ahí solo!
—Mamá… —La llamó Harry, tomándola por la manga del brazo. —Cálmate…
— ¡No me digas que me calme! —Le espetó ella, demasiado emocionada para ver quien le estaba hablando. — ¡Tenemos derecho a entrar! ¡Somos sus padres, esto no tiene ningún sentido!
— ¡Nada de lo que estos imbéciles hacen tiene sentido! —Siguió gritando Sirius, y James temía que fuera a soltarle un puñetazo al guardia. — ¡Dile a ese hijo de puta de Fudge que…!
—Amigo, a ver, tiene que haber alguien con quien podamos hablar. —Intervino James, impidiendo que siguiera empeorando la situación. —Trata de entender, son unos niños…
—Yo solo me encargo de cumplir órdenes. —Le cortó el sujeto, inflexible. —No pueden pasar.
James apretó los dientes y los puños, obligándose a respirar con fuerza para no perder el control y ponerse igual de histérico que ellos. Aunque lo deseaba muchísimo.
— ¡A mí no me interesan sus malditas órdenes! —Gritó Lily, terminando de perder los estribos. — ¿Cómo se les ocurre hacerlos entrar solos? ¡Eso es ilegal!
—Mira, no queremos armar un escándalo. —Trató de razonar James, aunque sabía que ya lo estaban haciendo. —Solo queremos salir de esto de una vez, así que…
—Si quieren salir de esto les sugiero que dejen entrar al acusado, en cinco minutos tendré que cerrar la puerta.
—Está bien, podemos entrar solos. —Saltó Harry de inmediato, obviamente no le gustaba la idea, pero sabía que ya no había opción. —Déjenlo así.
—No, no lo vamos a dejar así. —Se empecinó Lily, mirándolo como si estuviera diciendo una locura. —Ellos no pueden hacer esto, no…
—Estaremos bien, no nos va a pasar nada. —Le aseguró Hannah con un hilo de voz, hablando por primera vez desde que habían llegado. —Podemos con esto.
—Pero…
— ¿Están seguros de que pueden? —Les preguntó James, mirándolos a ambos con ansiedad.
— ¡James, no! —Gritaron Lily y Sirius a unísono, pero él los ignoró.
—Sí, claro que sí. —Asintió Harry, tragando saliva e intentando lucir seguro. —Sabemos lo que tenemos que decir. —Luego se volvió hacia su madre. —Todo saldrá bien, te lo prometo.
—Harry, no…
—Lily, si no entran no va a haber audiencia. —Intentó hacerla entender James, mirándola de manera significativa. —Déjalo.
Ella lo miró suplicante y mortificada, pero luego pareció entender que no tenían más opción, aunque todos desearan lo contrario.
Suspiró con pesar y asintió.
—Bien… Bien, bien, vayan. —Aceptó a regañadientes. —Aquí los esperamos.
Harry intentó sonreírles, aunque solo le salió una línea distorsionada, y tomó a Hannah de la mano para hacerla entrar al tribunal. El guardia desapareció tras ellos y cerró la puerta, dejándolos solos en aquel pasillo oscuro de paredes de piedra ásperas y antorchas en anaqueles.
—Maldita sea. —Gruñó Sirius con frustración, dándole un puñetazo, no tan fuerte, a la pared. —Malditos imbéciles de mierda…
—No debimos dejarlos entrar. —Dijo Lily, viendo a su marido con una expresión de reproche. —No podemos dejar que se salgan con la suya.
—Y eso es justo lo que hubiéramos hecho si no los dejábamos entrar. —Explicó James con rotundidad, tratando de no exasperarse con ella. — ¿Por qué crees que cambiaron la hora de repente y nos enviaron a este sótano? ¡Están intentando que no haya audiencia para expulsarlo sin más!
—Pues dejar que entraran solos no va a ayudar a que eso no pase. —Señaló Sirius con brusquedad, recostándose de la pared de mala gana. —Ahí dentro debe haber cómo veinte magos elegidos por Fudge dispuestos a confundirlos y a atacarlos hasta que terminen equivocándose con la historia.
—Harry no es idiota y Hannah tampoco, ellos saben lo que pasó y no van a decir otra cosa. —Replicó James, resoplando y mirándolos a ambos con exasperación. —Y lo que tampoco ayuda es que ustedes dos estén empecinados en gritarse y pelear con todo el maldito mundo.
Ambos lo miraron impresionados, sin haber anticipado el regaño; él hubiera deseado no tener que hacerlo, pero no podían seguir siendo así de histéricos, no tenía la paciencia para soportarlos.
—Yo… Lo siento. —Se disculpó Lily, suspirando y eliminando cualquier rastro de molestia de su rostro. —Tienes razón en todo, tenemos que controlarnos.
—Creo que no les haría mal. —Concordó James, pasándose una mano por el cabello y mirando a su amigo. —Pensé que habías venido a ayudar con los chicos no a comportarte como uno.
— ¡Claro que ayudé! De no ser por mí te habrías perdido en el metro. —Resopló Sirius, esbozando una sonrisa burlona. —No salgas solo al mundo muggle, tú sangre es demasiado pura para él.
James estaba por señalar que su sangre era incluso más pura que la suya cuando unos pasos acercándose rápidamente atrajeron su atención y lo obligaron a voltearse.
Ver quien era provocó que lo bañara una oleada de alivio.
— ¡Profesor! —Exclamó Lily cuando lo vio aparecer, sonando tan aliviada como James se sentía. — ¡Qué bueno que llegara, cambiaron la hora y no sabíamos sí podría…!
—Supuse que algo así pasaría. —Contestó Dumbledore, tranquilamente, llegando hasta ellos con una expresión serena. —Por eso tomé previsiones y llegué hace tres horas.
—Por supuesto que sí. —Rió Sirius, sacudiendo la cabeza con diversión. —No podríamos esperar otra cosa.
—No nos dejaron pasar, profesor. —Le explicó James, sin sorprenderse cuando eso no causo impresión alguna en el hombre. —Están solos ahí dentro…
—Por supuesto, tanta defensa no es conveniente. —Continuó el director sonriéndoles serenamente. —Será mejor que entre antes de que empiecen.
—Eh, no creo que vaya a…
Sirius no pudo terminar su objeción, Dumbledore ya había sacado su varita y con un movimiento simple había abierto la puerta y vuelto a cerrarla detrás de él, dejándolos con un montón de preguntas sin formular y la cabeza llena de dudas.
— ¿Será que su varita es una llave universal o que mierda?
—No sé, solo me alegra que esté aquí. —Suspiró Lily, relajando el cuerpo, visiblemente más tranquila. —Él lo va a arreglar, todo estará bien.
—Es lo que he intentado decirte todo este tiempo. —Le sonrió James, tomándola de la mano y acercándola a él para abrazarla. —Saldremos de aquí con algo que celebrar, ya verás.
—Sí, te creo. —Murmuró ella, devolviéndole el abrazo.
—Supongo que cuando termines ahí vas a abrazarme a mí. —Comentó Sirius, cruzándose de brazos y enarcando una ceja, fingiendo estar indignado. —Yo también necesito consuelo, sabes.
—Haz lo que dijo Mar y compórtate. —Le ordenó su amigo, divertido, besando el cabello de su esposa antes de dejarla ir. —Entonces, ya que acordamos que Dumbledore salvará el día, ¿Qué les parece si vamos a comer al salir? Yo invito.
—Obvio que vas a invitar tú. —Resopló Sirius, empezando a sonreír también. —Para algo eres el millonario.
—Sí, porque tú eres un indigente.
—Comparado contigo, Potter, el maldito Rey Midas parecería un indigente.
—Lo que dicen no tiene ningún sentido. —Lily entornó los ojos con cansancio y reposó la cabeza en el hombro de James. —Pero sigan distrayéndome, mientras menos vea el reloj mucho mejor.
—No vine aquí a ser tu payaso, pelirroja, pero si eso impide que los nervios acaben contigo pues supongo que no me queda de otra.
James rió por lo bajo y entornó los ojos, preguntándose si Sirius en serio creería que no se daban cuenta de que estaba igual de nervioso que ellos dos, tal vez un poco más.
Lo malo de tenerlo ahí era estar obligado a aparentar tranquilidad por otra persona más, pero valía mucho más que su presencia ayudara a que Lily llevara relativamente mejor la situación.
Extrañamente lo hizo mejor que él, que no dejó de revisar el reloj a cada instante, contando uno a uno los segundos que su hijo pasaba ahí dentro, siendo juzgado sin razón por personas cuyo único propósito parecía ser hacerle la vida más difícil.
Harry había esperado una audiencia más larga, mucho más que eso.
Quería sentirse aliviado de que ya llegaba a su fin, pero tomando en cuenta de que ni a él ni a Hannah se les había permitido explicar prácticamente nada, no podía decir que habían causado una buena impresión. Le hubiera gustado poder contar como habían aparecido los dos dementores, como los habían atacado y se les habían echado encima… Como habían estado a punto de darles el beso. Un par de veces había mirado a Fudge y abierto la boca para hablar, pero los nervios apretándole la garganta se lo habían impedido.
Desvió la mirada hacia Hannah, queriendo saber cómo se sentía ella, pero la chica, que estaba sentada junto a él, no lo miró devuelta, tenía la mirada expectante y ansiosa puesta en Dumbledore que estaba parado junto a ellos con el mismo aire tranquilo con el que había entrado.
Harry la imitó, pero de nuevo el director no se volteó a verlos.
Una descarga de esperanza y alivio se había disparado por su cuerpo cuando lo había visto entrar unos minutos antes, incluso había sentido como Hannah se relajaba junto a él. Había sido de mucha ayuda, los había defendido de una forma que seguramente ellos solos no habrían logrado y había hecho que Fudge, satisfactoriamente, se tragara sus palabras más de una vez. Sin embargo, también acababa de hablarle al Wizengamot de una forma que dado el caso, tal vez no había sido la más correcta tomando en cuenta que ellos aún tenían el poder de tomar una decisión.
Suspiró y bajó la mirada para fijarla en sus zapatos, el corazón le palpitaba en los oídos, le sudaban las manos y sentía que la garganta le iba a estallar. No tenía idea de lo que iba a pasar, pero quería que acabara de una vez, no creía ser capaz de seguir soportando aquella incertidumbre.
— ¿Quién está a favor de que el acusado quede limpio de cargos? —Escuchó preguntar a Amelia Bones.
Harry levantó la cabeza de golpe y abrió mucho los ojos cuando vio como empezaban a levantarse las manos… Muchas manos… Más de la mitad de la sala. Su corazón se disparó descontroladamente, miró de reojo a Hannah y estuvo seguro de que su expresión atónita y expectante debía ser igual a la suya. Quiso tomarle la mano, pero antes de que pudiera procesar el pensamiento Madame Bones volvió a soltar una pregunta.
— ¿Y quién está a favor de la condena?
Fudge alzó su mano, cosa que no lo sorprendió, y una docena de magos lo siguieron… Incluida la bruja a su derecha, una mujer con cara de sapo que había hablado un par de veces, nunca para decir nada que lo ayudara, y lo había hecho con un tono que había ocasionado que a Harry se le pusieran los pelos de punta. Seguía con su mirada fría e inexpresiva, incluso cuando Fudge volvió a bajar su mano, dio dos largos suspiros y habló con la voz llena de rabia.
—Muy bien, muy bien... Queda limpio de todos los cargos.
A su lado, Hannah soltó un inmenso suspiro de alivio, botando todo el aire que había estado aguantando y volteándose hacia él para dedicarle una enorme sonrisa que le ocupo toda la cara y que no pudo evitar responderle a medias.
—Excelente. —Exclamó Dumbledore alegremente. —Bien, supongo que hemos terminado. Tengan un buen día.
Harry abrió la boca para llamarlo, pero ya el hombre se había dado la vuelta y había salido de la mazmorra sin voltearse a mirarlo ni una vez.
— ¿Qué le pasa? —Le preguntó a Hannah, desconcertado, como si ella pudiera saberlo mejor que él.
—No tengo idea. —Respondió ella, luciendo igual de extrañada. —Debe estar muy ocupado.
Harry frunció el ceño, suponía lo mismo, pero no entendí que tan ocupado podía estar para ni siquiera voltear a verlos, o al menos sonreírles.
Permanecieron sentados viendo como todos los jueces empezaban a guardar sus papeles y a levantarse de sus asientos. Nadie parecía prestarles atención, excepto por la bruja sentada junto a Fudge que lo miraba fijamente, haciéndolo sentir muy incómodo.
—Creo... Creo que deberíamos irnos. —Escuchó susurrar a la chica, muy por lo bajo.
— ¿Podemos hacerlo? —Preguntó él, de nuevo, como si ella tuviera más idea que él de lo que pasaba.
—Supongo, ya terminó. —Se encogió de hombros y dudó un segundo antes de ponerse de pie. —Ven, vámonos.
Harry tomó la mano que ella le ofrecía y se puso de pie, dejando que la calidez de su piel le terminara de devolver la calma. Intentó encontrar la mirada de alguien que les dijeran si podían irse, pero como todos los ignoraban, la jaló de la mano para ir hacia la salida. Dio unos primeros pasos tentativos, pero como nadie los llamó, aceleró el caminar y se dirigió rápidamente a la puerta.
— ¿Ves? ¡Te dije que todo iría bien! —Exclamó Hannah, esbozando una sonrisa contenta y satisfecha. —No había de qué preocuparse.
Harry le dedicó una mirada significativa y entornó los ojos con diversión, le hablaba como si no hubiera estado igual o hasta más nerviosa que él, o como si no se había metido a su habitación la noche para poder dormir. Iba a comentar eso último, pero aún no se sentía capaz de hacerlo sin sonrojarse ante los recuerdos de las cosas que habían hecho.
Dieron unos pasos más hasta que llegaron a la puerta, el guardia que los había recibido se había marchado, así que tuvo que girar el mismo la manilla y abrir, casi chocando con Sirius, quien había venía caminando directo hacia ellos y se sorprendió al encontrarlos. Lucía alterado y más pálido que de costumbre.
— ¿Entonces? ¿Qué pasó? —Apremió con brusquedad, instándolo a hablar e impidiéndole que viera donde estaban sus padres. —Dumbledore no nos dijo…
— ¡Limpio! —Exclamó Hannah antes de que él pudiera abrir la boca. — ¡De todos los cargos!
Sirius relajó notablemente las facciones y una sonrisa gigante rápidamente se adueñó de su rostro, pero antes de que pudiera decir algo, lo habían quitado del medio y los dos chicos habían sido envueltos en un fuerte abrazo.
— ¡Ay, qué maravillosa noticia! ¡Claro que iban a liberarte, tenían que hacerlo! —La voz de Lily sonaba algo quebrada por la emoción y sus brazos los apretaban cada vez más. — ¡Sabía que lo harían excelente!
Harry pensó en explicarle que casi todo el trabajo lo había hecho Dumbledore, pero en su lugar solo le devolvió el abrazo y suspiró pegándose más a ella, dándose cuenta de lo mucho que había necesitado eso.
—Te prometí que todo saldría bien. —Murmuró contra su hombro, esbozando una pequeña sonrisa.
—Sí, lo hiciste. —Suspiró y los dejó ir para poder verlos a la cara y sonreírles. —Estoy muy orgullosa de ambos.
—Felicidades, niño, ya saliste de eso. —James se acercó, usando su mejor sonrisa orgullosa y le pasó una mano por el cabello. —Obviamente no podían encontrarte culpable, no tenían nada de evidencia. Y Dumbledore estaba ahí.
—Sí, en verdad él fue quien…
Pero Harry se calló repentinamente cuando las puertas del tribunal volvieron a abrirse y los jueces empezaron a salir.
—Por Merlín, ¿acaso los hicieron enfrentarse a todo el maldito tribunal? —Quiso saber Sirius, viéndolos pasar, asombrado.
—Prácticamente. —Murmuró Hannah, dejando que Lily la tomara por el hombro junto a Harry para quitarlos del camino.
—No podríamos esperar lo contrario. —Gruñó James por lo bajo. —Irónicamente conozco a la mayoría de estas personas.
La verdad, sí era bastante irónico, sobre todo tomando en cuenta que casi ningún juez pareció reparar en su presencia, salvo unos cuantos que volteaban a verlos, pero sin decir nada. Los últimos en salir fueron Fudge y la bruja con cara de sapo, el primero actuó como si no estuvieran parados ahí, la segunda volvió a ver Harry fijamente, como evaluándolo.
Pudo reconocer a Percy saliendo detrás del Ministro, con la espalda rígida y la nariz levantada; de no ser por lo que Ron y sus hermanos le habían contado se habría sorprendido al ver como él también los ignoraba.
—No le vayan a decir a Molly. —Ordenó Lily una vez que el pasillo estuvo vacío. No le habló a nadie en específico, pero igual todos asintieron. —Vámonos ya, nosotros tenemos guardias y ustedes deben querer descansar.
—Además, que tienen que darles las buenas noticias a todos. —Añadió Sirius, sonriendo de oreja a oreja mientras empezaban a caminar. —Maldición, no sé cómo no se me ocurrió apostar con alguien a que te liberarían, pude haber ganado algo…
—Habrías matado a cualquiera que te hubiera dicho lo contrario. —Se rió James, luciendo verdaderamente relajado por primera vez en unos días. —Antes de volver deberíamos ir a celebrar, ¿quieren ir a algún lugar, chicos? A donde sea, solo díganlo.
—Podríamos ir a comer a ese lugar muggle donde venden pizzas. —Sugirió Harry, contagiándose de sus sonrisas y su buen humor.
Repentinamente, las cosas habían dejado de parecer tan malas y negativas, estaba ya empezando a aceptar que era libre y que sí iba a volver a Hogwarts. Realmente todo había salido bien.
—Bueno, pero que sea rápido. —Condicionó Lily, aunque lo importante era que hubiera accedido. —Aún tenemos muchas cosas que hacer y no creo que…
Su madre tuvo que dejar la frase por la mitad, ya que acababan de llegar al pasillo del nivel nueve y Cornelius Fudge estaba a poca distancia de ellos, hablando quedamente con un hombre alto con el pelo rubio y liso y una pálida cara puntiaguda.
No era la primera vez que lo veía, lo recordaba claramente de la vez que se lo habían encontrado en el Torneo. Sus ojos fríos se posaron en él y Harry sintió como la respiración se le atoraba en la garganta.
—Vaya, vaya, Potter, tanto tiempo sin vernos. —Comentó Lucius Malfoy fríamente. —El Ministro me estaba contando tu afortunado escape. Bastante impresionante.
—Bueno, Malfoy, nunca pensé que estaríamos de acuerdo en algo, pero tienes toda la razón. —Intervino Sirius, usando su sonrisa de impostada cortesía y dobles intenciones. —Es un chico muy escurridizo, siempre encuentra un hueco por donde escabullirse. Algo así como las serpientes, claro que tú no necesitas que te explique eso.
Estuvo seguro de que James había aguantado la risa luego de eso, pero Harry no tuvo la fuerza para volverse a ver, su atención estaba totalmente puesta en Malfoy y en intentar que su mirada no delatara todo lo que estaba sintiendo.
Había visto esos ojos antes, no en el Mundial, los había visto dos meses atrás, en el cementerio, a través de la abertura de la capucha de un Mortifago. En el momento no había reconocido la voz, pero ahí no le quedó duda de que ese era el hombre que había escuchado burlándose de él mientras su Señor Voldemort lo torturaba.
No podía creer que tuviera el valor de mirarlo a la cara, no podía creer que estuviese allí, en el Ministerio de Magia, o que Cornelius Fudge estuviese hablando con él.
Las venas se le llenaron de una especie de ira fría. Lucius Malfoy era un Mortífago.
Quiso decir algo, pero sentía la garganta seca, y una pequeña voz en su cabeza le dijo que ese definitivamente no era el mejor momento.
Finalmente alcanzó a desviar la mirada, solo porque necesitaba posarla en Hannah, necesitaba verla y decirle de alguna forma telepática lo que era el padre de su amigo. Pero la chica no encontró su mirada, tenía la mirada fija en Malfoy con una expresión de estupefacción que Harry no supo entender. Por su parte, el hombre no parecía haber reparado en su presencia, cosa que lo extraño incluso más; debía conocerla, era amiga de su hijo, sin embargo solo daba señales de lo contrario.
—Siempre se puede contar contigo para meterte donde no te llaman, Black. —Señaló Malfoy, doblando los labios en una mueca de desprecio.
—Nosotros podríamos decir lo mismo. —Se metió James, su sonrisa se parecía mucho a la de Sirius, pero su mandíbula estaba más tensa. — ¿Se puede saber que estás haciendo aquí abajo?
—No creo que mis asuntos privados con el Ministro te conciernan, Potter. —Gruñó él, alisando la parte delantera de su túnica. Harry creyó escuchar el suave tintineo de lo que sonaba como un bolsillo lleno de oro. —Deberías demostrarle algo de prudencia a tu hijo, ya vemos que le hace falta…
—Pues yo tampoco creo que lo que hagamos con nuestro hijo te concierna, Lucius. —Le cortó Lily con rotundidad y ese tono mordaz que siempre hacía que su padre y Sirius se callaran de inmediato. —Y discúlpanos, pero ya tenemos que irnos. Como sabrás, estamos bastante ocupados.
—Me lo imagino. —Dijo Malfoy entre dientes, dedicándole a ella una mirada incluso más despectiva. Pudo sentir a James tensándose a su lado. — ¿Subimos a su oficina, Ministro?
—Desde luego. —Aceptó el Ministro, que no se había resignado a verlos en ningún momento. —Por aquí, Lucius…
Lily les hizo una señal a todos y los rodearon para empezar a alejarse y caminar hasta los ascensores.
Pero no habían dado más de diez pasos cuando Malfoy volvió a hablar.
—Black, por cierto… —Lo llamó de repente, con una voz repentinamente menos tensa, haciendo que todos se detuvieran. —No había tenido la oportunidad de felicitarte.
—Sirius… —Le susurró James de manera significativa. —No vayas a…
— ¿De qué mierda estás hablando? —Lo ignoró olímpicamente, volviéndose con brusquedad.
—Me enteré de que tuviste una hija. Felicidades, ya me contaron que es igual de encantadora que su madre…
Lo demás pasó demasiado rápido, tanto que por un segundo Harry juró que estaba imaginándose a Sirius disminuyendo la distancia en dos zancadas y propinándole a Malfoy un estrepitoso puñetazo en la cara que lo arrojó al piso.
James lo siguió de inmediato para tomarlo por los brazos e impedir que lo volviera a golpear, y Harry estuvo a punto de ir a ayudarlo, pero Lily lo tomó a él y a Hannah del brazo y los obligó a ponerse detrás de ella.
— ¡Maldito hijo de…! ¡Suéltame, James! —Gritó Sirius, tratando de zafarse del agarre de su amigo. — ¡Dile a quien mierda te haya contado eso que si se les llega a acercar…!
—Maldita sea, Sirius, ya basta. —Intentó controlarlo James, poniendo toda su fuerza en alejarlo de Malfoy. —Déjalo estar de una…
— ¡Esto es inaudito! —Exclamó el Ministro, aireado, con el rostro completamente rostro. — ¡Se comporta como un verdadero criminal!
— ¿Y qué va a hacer? ¿Enviarme a Azkaban? —Le espetó Sirius, pasando por alto que estaba hablando con el Ministro de magia. — ¡Debería, porque de lo contrario voy a matar a ese pedazo de…!
— ¡Guardias! —Llamó Fudge, haciendo que el corazón de Harry cayera a su estómago. — ¡Por favor saquen a este hombre de aquí!
— ¿Qué? ¡No, espere un momento! —Intervino Lily rápidamente, alejándose los chicos y acercándose a James y a Sirius. El guardia que los había recibido en el tribunal más temprano apareció seguido de otro más. — ¡Esto es totalmente innecesario!
—Se comportan como animales salvajes y esperan consideración. —Volvió a hablar Lucius Malfoy, poniéndose de pie y limpiándose la sangre del labio con la manga. Lucía indignado y furioso, pero no tanto como se podía haber esperado. Un deje de satisfacción en su rostro hizo a Harry sentir enfermo. —Deberían aprender que no pueden librarse de todo lo que hacen.
— ¡Por supuesto que no! —Concordó el Ministro, luciendo demasiado ansioso por complacerlo. —Llévenlo arriba al departamento de…
—Eso no será necesario, Ministro. —Se metió una voz nueva por detrás de ellos. —Ya me encargó yo.
Harry había visto a Kingsley Shacklebolt pasarse por la casa varias veces, sabía que trabajaba con Tonks y que era miembro de la Orden, por lo que no fue necesario ver las expresiones de sus padres para saber que su presencia era una buena noticia.
—Yo lo llevaré al departamento y me encargaré de todo personalmente. —Aseguró el hombre, parándose junto a Sirius y haciendo que los guardias lo soltaran. —No se preocupe.
—Oh, Kingsley, qué bueno que apareciste. —Se alegró el Ministro. Sirius resopló, pero para su propia suerte fue ignorado. —Por favor sácalo de aquí y que sea debidamente procesado. Lucius, subamos para que alguien lo atienda.
—Se lo agradecería, Ministro. —Asintió Malfoy, siguiéndolo hacia otro pasillo. —Espero no tener que ir a San Mungo, pero no estoy seguro…
— ¿A San Mungo? ¡Eso que te hice es un rasguño comparado con lo que te mereces!
—Suficiente. —Lo interrumpió Kingsley, tomándolo por el hombro y empujándolo, tal vez un poco más brusco de lo necesario, camino a los ascensores. Harry pensó que quizás dejaría de mostrarse tan impersonal con ellos, pero los guardias seguían ahí. —Alguno puede venir, si gustan.
—Yo voy. —Saltó James de inmediato, sin sorprender a nadie. Se volvió a ver a Lily, pasándose una mano por el cabello. —Saca a los chicos de aquí y llévalos a casa, les estaré avisando que pasa con este idiota.
—James, yo… —Lily dudó, pasando la mirada entre los chicos, Sirius y él. Suspiró con fuerza y asintió a regañadientes. —Sí, de acuerdo, será lo mejor. Tengo que ir a hablar con Mar.
—Ya, porque eso va a resolver todo. —Resopló Sirius, aunque sorpresivamente ya no lucía tan alterado.
—Cierra la boca de una vez. —Suspiró James, no luciendo nada contento con él. —Los veo después. Vayan con cuidado.
Lily asintió, y así lo hicieron Hannah y Harry, quienes veían todo con los ojos muy abiertos y no habían dicho ni una palabra en todo el intercambio.
Observaron cómo Kingsley guiaba a Sirius hacia los ascensores y James los seguía muy de cerca hasta que subieron a uno y desaparecieron.
—Vamos, chicos. —Les indicó Lily, poniendo su mano en sus espaldas para que recorrieran el mismo camino. —Mientras más rápido salgamos de aquí mejor.
—Todo estará bien, Lily. —Quiso tranquilizarla Hannah, aunque ella no lucía demasiado segura de eso. —Ellos… Van a resolverlo, seguro los dejan salir en unas horas.
—Esperemos que sí, cariño. —Suspiró ella, llamando al ascensor cuando llegaron. Intentó sonreírles, pero no le salió muy bien. —Kingsley debería poder arreglarlo, pero seguro el Ministro querrá pruebas de que sí se hizo algo así que…
Lily volvió a suspirar sin terminar la oración, mientras movía el cuello en varias direcciones, tratando de deshacer los muchos nudos que debía tener. Pensar en eso y ver las marcadas líneas de su rostro que delataban su preocupación y estrés hizo que el corazón de Harry diera un salto desagradable.
Acercó una mano a ella y le frotó la espalda alentadoramente como había visto a James hacer un montón de veces. Su madre se volteó a verlo y le dedicó una sonrisa agradecida y enternecida antes de reposar la cabeza contra su hombro.
Harry recostó su propia cabeza de la suya y siguió acariciándola para tratar de hacerla sentir mejor. Odiaba verla así y no poder hacer nada, pero odiaba incluso más saber que gran parte de eso era culpa suya.
Una vez que Kingsley cerrara la puerta de la oficina a donde los había metido, Sirius se dejó caer con brusquedad en la silla detrás del escritorio; tenía los brazos cruzados y la barbilla en alto, como si estuviera ahí por haber hecho una gran acción.
Sabía que no era así, pero no estaba arrepentido y quería dejarlo muy claro.
—No quiero sus sermones de mierda. —Fue lo primero que dijo, hostilmente, al ver que James abría la boca. —Ese hijo de puta se lo merecía y si no me hubieras detenido…
—No estaríamos aquí sino en Azkaban. —Le cortó su amigo, dedicándole una mala y exasperada mirada. —Y no sé si sabes, Sirius, pero ese no es un lugar muy bonito.
—Habría valido la pena si me dejabas desfigurarle la cara a ese…
—No pudiste haber escogido peor oportunidad para perder el control, Sirius. —Intervino Kingsley desde la puerta, viéndolo con severidad. —Frente al Ministro y en el pasillo de los…
— ¡A mí no me interesa esa mierda! ¡Si el maldito Wizengamot hubiera seguido ahí también lo hubiera hecho! —Les aseguró furioso, alzando la voz. — ¡Esa serpiente no puede ir por ahí diciendo lo que le de la puta gana!
— ¡Y tú no puedes ir por ahí golpeando gente! —Replicó James, exasperado, también subiendo su tono para hablar por encima de él. — ¡Mucho menos en este lugar en el que ya no tienen tachados de locos y criminales!
—No me vengas con tu discurso de tipo maduro y compuesto. —Le espetó Sirius entre dientes, sintiendo la sangre de las venas ardiendo. —No me hables como si tú no hubieses hecho lo mismo si te hablaba de Lily y de Harry.
No hizo falta que le respondiera, el cambio brusco en su expresión le dejó saber la respuesta.
Sirius tomó un respiro profundo, tratando de mantener la cama y sabiendo que ya no tenía sentido seguir así de furioso, pero solo era necesario recordar las palabras de Malfoy para volver a sentir esa oleada de ira e impotencia llenándole la cabeza y haciendo que le picaran las manos por las ganas de partir algo.
Su cara, preferiblemente.
—Sí, posiblemente hubiese hecho lo mismo. —Admitió James, suspirando y sentándose en una de las sillas restantes. —Y ahora estaría aquí, admitiendo que fue una insensatez que solo nos metió en más problemas de los que ya tenemos y preparándome mentalmente para que mi esposa me mate cuando vuelva.
—Pues supongo que es un verdadero alivio que yo no tenga esposa.
—Como si eso hiciera alguna diferencia. —Resopló su amigo, dedicándole una mirada significativa. —Te va a matar igual.
Sirius chasqueó con la lengua y puso los ojos en blanco, no iba a admitirlo en voz alta, pero en el fondo sabía que era así y que en el fondo se lo merecía, porque Mar le había dicho que se comportara unas treinta veces.
—Bueno, ya me sermoneaste, siéntete realizado. —Miró a Kingsley y enarcó una ceja. — ¿Y ahora que se supone que hacemos? ¿Cuándo nos vamos?
—Yo me voy ahora a buscar los papeles para fingir que voy a procesarte debidamente. —Explicó el aludido, pasándose una mano por la frente. —Ustedes se quedan aquí, luego los pasaré a una celda.
— ¡¿Qué?! ¿Cómo que a una celda? —Inquirió Sirius de golpe, abriendo los ojos incredulidad. — ¿De qué mierda estás hablando, Kingsley?
—Pues no puedo dejarte ir, Sirius. El Ministro querrá saber que has recibido algún tipo de castigo, y si no te vas a Azkaban al menos debes quedarte aquí.
— ¡No me irás a dejar aquí toda la maldita noche!
—No me has dejado mucha opción considerando que golpeaste a Lucius Malfoy en la cara. —Le recordó Kingsley de manera significativa, haciéndolo soltar un bufido. —Pediré el turno de la noche para quedarme aquí con ustedes. Bueno, estoy asumiendo que también te quedaras, James.
— ¿Qué otra opción tengo? —Preguntó éste, suspirando y frotándose los ojos por debajo de los lentes. — ¿Crees que pueda enviarle una carta a Lily? Querrá saber lo que está pasando.
—Seguro, igual pasaré por la casa cuando terminé con esto. Ojoloco querrá saberlo también. —No lucía nada emocionado por eso y Sirius no lo envidiaba. —Vuelvo en un momento, no toques nada ni hagas desastre, Sirius.
El aludido subió las cejas y le sonrió con ironía. Kingsley suspiró y volvió a abrir la puerta para salir y dejarlos solos.
—Bueno, Remus siempre dijo que terminaríamos en prisión. —Comentó Sirius casualmente, encogiéndose de hombros. —Estará feliz de saber que de nuevo tenía razón.
—Técnicamente yo no estoy en prisión, solo acompañándote. —Lo corrigió James, y por un momento Sirius creyó que le seguiría la broma, pero no tenía tanta suerte. —Malfoy dijo lo que dijo para sacarte de quicio y que esto pasara, Sirius, no debiste darle el gusto.
—Pues se lo di y no me arrepiento de una mierda. —Soltó con rotundidad, suspirando con fuerza y mirándose los restos de sangre en el puño apretado. — ¿Crees que no sé a lo que se refería? Que no sé quién pudo haberle contado acerca de Ophelia.
—Ella no las va a tocar, Sirius, no vamos a permitirlo. —La seguridad con la que dijo eso era típica en él, pero aun así Sirius se obligó a aferrarse a ella. —Sé que quieres cuidarlas, pero no puedes hacerlo si estás aquí encerrado por idiota e impulsivo.
Sirius gruñó y entornó los ojos, sabiendo que tenía la razón, no pudiendo negarlo cuando lo estaba ahogando la ansiedad de saber que pasaría la noche ahí mientras ellas estaban solas en el apartamento.
De repente dejar que eso pasara tan seguido empezaba a lucir como una idea de mierda.
—Tampoco podré hacerlo si Mar me mata mañana cuando vuelva. —Señaló con un chasquido de lengua, tratando de quitarle hierro al asunto. —Así que te encargó para que le digas a Ophelia que tuvo al padre más apuesto de toda la historia.
—Ya veré que le invento. —Bromeó James, estirándose en su silla. —Y recuérdame decirle a Kingsley que nos traiga unas cartas o un ajedrez, siento que va a ser un largo día y una noche incluso peor.
Sirius suspiró y se pasó una mano por el rostro, sintiendo como su cuerpo empezaba a quejarse de la idea de dormir en una de esas malditas celdas.
Ya las había visto y sabía que cómodas no eran.
— ¡Ese maldito imbécil! ¡Pero si fue lo primero que le dije!
—Ya sé, pero es que las cosas se salieron un poco de control y…
— ¡Ni se te ocurra defenderlo, Lily! —Interrumpió Mar a su amiga, demasiado enfadada como para darse cuenta de que estaba siendo muy brusca. — ¡No lo defiendas porque yo le dije que se comportara y no lo hizo por imbécil, porque le encanta llamar la atención y porque no puede…!
Remus estaba de acuerdo con básicamente todo lo que Mar estaba exponiendo, a gritos, y en otro momento hubiera tenido cosas que agregar, pero ella tenía todo bajo control y no parecía necesitar ayuda para soltar lo que él también estaba pensando sobre su amigo.
Verdaderamente, no entendía como Sirius tenía esa capacidad para ser inoportuno en los peores momentos posibles, justo cuando necesitaban que las cosas no se salieran demasiado de control. Trataba de ser comprensivo, pero la cabeza estaba por explotarle del dolor y le resultaba imposible.
— ¡Esto es inútil, todo el maldito horario está arruinado! —Gruñó Ojoloco, arrojando a la mesa la tiza que tenía en la mano y cojeando lejos del pizarrón. —Black y sus estúpidas niñerías que nunca dejan de causar problemas. Un día de estos le voy a romper el cuello, McKinnon, te lo advierto.
—Por favor, ahórrame el trabajo. —Resopló la rubia, furiosa. —Pero no lo mates para yo poder ponerle las manos encima también.
—Mar, ni siquiera me has dejado explicarte. —Se exasperó Lily, a quien ni su amiga ni Moody habían dejado hablar por estar despotricando contra Sirius. —O sea sí, por supuesto que se portó como un imbécil, pero…
— ¡No necesito que me expliques nada, Lily, yo lo conozco! ¡Él no tiene idea de lo que significa la palabra control! —Mar se dejó caer en la silla de la mesa y se pasó ambas manos por el cabello. — ¡No podía ir y ser un apoyo, tenía que traer problemas!
—Estás siendo demasiado dura con él…
—Es lo que necesita, a ver si termina de crecer algo de sentido común en esa cabeza hueca. —Espetó Moody, caminando ruidosamente por la cocina. —Alguien tendrá que cubrir su próxima guardia y también la de Potter si insiste en quedarse con él.
—Eso hará. —Suspiró Lily con cansancio, frotándose la frente con una mano. —Kingsley dijo que hará arreglos para que pasen la noche ahí y…
— ¡Perfecto, dos manos más perdidas! —Soltó el hombro, golpeando fuertemente el piso con su bastón. —La bondad de tu marido nos sale tan cara como las estupideces de Black.
—Bueno, no iba a dejar que se quedara ahí solo. —Lo defendió la pelirroja con un tono significativo.
—No es como si no lo mereciera. —Finalmente murmuró Remus, ganándose una mirada severa por parte de su amiga. —A ver, voy a intentar ponerme de su lado un segundo… Asumo que no habrá golpeado a Malfoy solo por gusto.
—Uy sí, porque eso sería tan raro en él. —Ironizó Mar, volteando los ojos.
—No, no fue solo por gusto y eso es lo que he intentado explicarles. —Con una mirada silenciosa le pidió a su amiga que callara y siguió hablando. —A ver, todo estaba saliendo muy bien, ya los chicos habían salido y los cargos habían sido anulados, entonces nos encontramos a Fudge hablando con Malfoy en el pasillo… Dijeron que tenían que atender "asuntos privados".
No hizo falta que se explicara para que todos entendieran a que se refería. Remus sintió una porción de la rabia que sus amigos debían haber experimentado al encontrarse tal escena y le fue un poco más fácil simpatizar con Sirius.
—Todos sabemos que asuntos corruptos son esos, Lily. —Señaló Mar, aparentemente incapaz de ceder en su enfado. —Sirius lo sabe, por eso no hay excusa para que haya…
— ¡Déjame hablar! —Se exasperó su amiga, haciéndola callar de inmediato. — ¡No lo hizo por eso! Fue porque Malfoy, bueno él… Te mencionó a ti y… Y a Ophi.
El cambio en el rostro de Mar estuvo acompañado con el drástico cambio que experimentó el ambiente ante esa revelación. Desde que habían llegado y Lily les había empezado a contar lo que había pasado, todos se habían dedicado a asumir que Sirius era un imbécil y ya… Que lo era, pero al parecer había tenido una buena razón.
— ¿Cómo que nos mencionó? —Quiso saber Mar, confundida e impresionada, pero ya sin tanta molestia. — ¿Qué dijo?
—Nada concreto, pero fue asquerosamente mal intencionado. —Les contó Lily, tensándose ante el recuerdo y apretando la mandíbula.
Mar abrió y cerró la boca varias veces, pero no alcanzó a decir nada. No era precisamente la persona más fácil de leer, pero la culpa que se adueñó de su rostro en ese instante fue muy evidente para que Remus no la notara. Incluso él mismo había empezado a sentirse un poco así.
—Pues eso cambia las cosas. —Murmuró, pasándose una mano por el rostro y reprendiéndose por siempre juzgar a su amigo.
—Claro que sí, no digo que no haya actuado como un imbécil y definitivamente pudo haberse controlado. —Aclaró Lily, poniendo los ojos en blanco y suspirando. —Pero no fue simplemente una de sus estupideces al azar, esto tuvo sentido… Al menos en su extraña cabeza.
—Pues… Debiste haber empezado por ahí. —La acusó Mar, bajando finalmente el tono de su voz.
—Esto no cambia nada. —Gruñó Ojoloco, como siempre sonaba hosco y enfadado, pero era notable que mucho menos que un minuto atrás. —Malfoy y el resto de los Mortífagos que siguen haciendo vida pública harán lo que sea para sacarnos del camino y Black es consciente de eso. Tiene que dejar de reaccionar ante cada maldita cosa que le digan.
—Es demasiado pedir para él. —Suspiró Mar, enarcando su rostro con las manos. — ¿Dijo Kingsley cuando los dejarán ir?
—Mañana en la mañana, dijo que no deberían haber inconvenientes. —Respondió la pelirroja, mordiéndose el labio con preocupación. —Esperemos que así sea.
—Deberían dejarlos una semana a ver si aprenden algo. —Masculló Moody de mala gana. Lily abrió los ojos horrorizada y Mar ya no parecía tan de acuerdo con la idea. —Entonces, ¿Qué demonios vamos a hacer con las guardias?
—Yo puedo ir sola a la que me tocaba con James…
— ¿La que es casi hasta la madrugada? No inventes, Lily. —Le cortó su amiga con rotundidad. —Yo te acompaño…
— ¿Y vas a dejar a Ophi hasta tan tarde con Andrómeda? —Inquirió la pelirroja, enarcando una ceja y recordándole a su amiga ese pequeño detalle. —Puedo ir sola, Mar, de verdad…
—Sabemos que puedes, pero mejor será que alguien te acompañe. —Opinó Remus, suspirando antes de continuar. —Yo puedo hacerlo, no tengo…
—No, tú necesitas descansar. —Lo calló Mar, viéndolo con severidad. —Ya tomaste hoy un turno que pudiste haberte evitado.
—Aún faltan tres días para la luna llena, sigo siendo útil. —Replicó él, aunque su cuerpo parecía decidido a asegurarle lo contrario.
—Lupin, por mí nadie descansaría ni un segundo, pero si la transformación va mal luego te perderé por más días y eso no puedo permitirlo.
—Pero…
—Remus, yo también preferiría que guardaras más reposo. —Intervino Lily, inclinándose sobre él para tomar su mano y sonriéndole con cariño. —Ya cumpliste con una guardia hoy, no nos sirve de nada que desgastes tu salud.
El aludido suspiró con irritación, pero no dijo nada, nunca era bueno para llevarle la contraria a Lily cuando se mostraba así de atenta, quizás por eso no se metía con James tanto como Sirius.
Pero aun así, no pudo evitar recriminarle que insistiera en tratarlo como un inválido, sabía que se preocupaban por él, pero estaba ahí para ayudar, y odiaba que por una noche al mes tuviera que sacrificar más días en los que podía ser útil.
—De acuerdo, no iré de guardia, pero que tal si… —Había empezado a hablar antes de que la idea se asentara bien en su cabeza y se apresuró a soltarla antes de arrepentirse. — ¿Qué tal si cuido a Ophelia por ti?
— ¡¿Qué?! —Saltaron Lily y Mar a unísono, viéndolo con incredulidad.
—Perfecto. —Exclamó Ojoloco, ignorando sus reacciones y haciéndose paso hacia la puerta. —Tengo que ir a hablar con Dumbledore sobre todo este desastre. Y díganle a Black que no crea que se saldrá tan fácil de esta.
—Remus, ¿estás seguro? —Le preguntó Mar, viéndolo como si le hubiera salido un tercer ojo en la frente. —Porque puedo hablar con Andrómeda, ella entenderá…
—Sé que no te sientes cómoda dejándosela toda la noche, yo puedo hacerlo. —Aseguró, aunque su interior estaba temblando ante la idea, pero intentó que no se notara. — ¿Qué tan difícil puede ser?
—Pues… Mucho.
—Pero yo estoy segura de que podrás hacerlo. —Se apresuró a agregar Lily, sonriendo, tratando de tapar el pesimismo de su amiga. —Además, no será desde la tarde, solo unas horas en la noche, volveremos tan rápido como terminemos.
Remus trató de enfocarse en su optimismo y no en la expresión preocupada e insegura de Mar que solo lo ponía más nervioso. Desde luego, no podía culparla, habría lucido muchísimo más tranquila si él no se hubiera empecinado durante esos últimos tres meses a tener un contacto especialmente distante con la niña.
Le gustaba pensar que cuando creciera más podría empezar a acercarse, pero no había esperado que ocurriera tan pronto.
¡Hola, mis amores!
Después de una ausencia bastante larga ya estoy de nuevo por aquí, los extrañé mucho, me imagino que habrán extrañado la historia, pero como orgullosamente he venido haciendo, nunca me tardo más de dos semanas, al menos eso procuro y por ahora he cumplido jeje.
Bien, ya vimos el juicio, o parte de él, me pareció innecesario mostrarles todo así que hice algunos cambios y dejé cositas que sí creí necesarias. Ese giro de trama al final con Sirius siendo Sirius, básicamente, lo agregué para no darles un capítulo sin nada nuevo, espero que les haya gustado, a mí me entretuvo bastante. Iba a agregar una escena al final, si son como yo seguro quedaron con ganas de ver a Remus superando sus miedos y siendo niñero JAJAJ pero no quería hacer esto demasiado largo así que la dejaré para otro capítulo, el de arriba posiblemente… El que viene será muy intenso y seguro muy largo, no sé cuándo lo tenga listo, pero ya están avisados.
Por último, quiero explicarles más o menos mi ausencia estas dos semanas. Primero ya estoy terminando otro trimestre en la universidad así que ando full y llena de cosas, así que tuve que dejar la escritura un poco. Y lo otro, y espero no sonar fastidiosa e intensa, es que la falta de reviews me ha tenido algo desmotivada. No me gusta ponerme muy necia con estas cosas, siento que los comentarios tienen que salir de cada persona y no ser una imposición, pero si sé que hay muchos de ustedes que me leen y no dejan nada, entonces no sé si es que la historia va por buen camino, si no les gusta algo y si no me dicen realmente no puedo saberlo ni mejorarlo. Entiendo que muchas veces no hay tiempo para escribir algo, pero si no es tu caso te agradecería que me dejaras algo para saber si te está gustando la historia o no, o lo que desees dejarme.
Me extendí, lo siento jajaja, pero espero que se haya entendido el punto, disculpen el sermón. Voy a tratar de surfear los exámenes para traer el próximo capítulo lo más pronto posible(L) ¡Los quiero muchísimo a todos! Espero que les haya gustado, les mando un beso y nos seguimos leyendo.
