Un demonio con cara de ángel
Por
The Ladycat69
Capitulo 8
Luego de unos minutos logro recupera la compostura. Sus mejillas habían vuelto a su color natural. Así como su respiración se había normalizado. Lo que no podía recuperar aun era todo el coraje que sentía. El mal nacido lo había vuelto hacer. Se había salido con la suya y se había ido sin ni siquiera recibir su merecido. Un buen escarmiento que ella con gusto le hubiera dado.
De solo recordar esa risa sínica la sangre le hervía de puro coraje. Si alguien hubiera visto a la rubia se daría cuenta que estaba a punto de estallar en cualquier momento. No había forma de explicar toda la frustración que sentía. Lo cual provocaba un enorme coraje.
Lo difícil no fue calmar su coraje. Sino el tener que contarle a Deborah lo ocurrido de camino a la casa. La cara de su amiga era todo un poema. Candy no sabía si llorar o estrangularla en ese momento.
Al principio estaba sorprendida, luego parecía divertida y después estallo en una carcajada. Como si no fuera suficiente tener que escuchar a su hermana Annie. Ahora tenía a su mejor amiga diciendo lo mismo.
-Tú le gustas—dijo con ese tono de soñadora.
-Hay por favor tú también—
-Como que también—
-Si…Annie también dice la misma locura—
-Porque es verdad…le gustas amiga. Porque si no fuera así…porque te besaría—
-Porque un maniaco egocéntrico—
-Yo no lo creo. A propósito que tal besa—Candy la miro con el seño fruncido.
-Deborah por favor no tu—
-Bueno no te enojes…solo fue una inofensiva pregunta. Mira Candy se que parece una locura, pero tú le gustas…es mas creo que siente algo por ti…aunque él no lo sepa aun—
-Ese desgraciado no siente nada por nadie—dijo exasperada.
-Aja también te gusta…confiesa—
-¡QUE A MI QUE…DEBORAH ES EL DEMONIO EN PERSONA!—grito la chica al escuchar semejante disparate o al menos eso quería creer.
-Si pero es un demonio muy lindo—dijo soltando un suspiro…-Esto tan romántico. Es como entre el amor y el odio. Es como los Jaques del desierto…posesivo, dominante…hay que romántico—dijo con esos aires de soñadora o más bien de locura.
-Deborah no te ofendas…pero lees demasiadas novelas románticas. Te aseguro que ese cretino no se parece en nada a los personajes de tus novelas—pero ya era tarde su amiga tenía esa única sonrisa.
Candy solo soltó un suspiro de pura frustración. Sabía que su amiga se había perdido en algún punto del Disney. Ahí estaba soñando despierta otra vez. Una vez más estaba perdida en el infinito y más allá.
-Se que el tiempo me dará la razón—dijo de momento provocando un susto de muerte a la rubia.
-Mejor olvidemos esto—
-Ya lo veras…el volverá-
Si algo había aprendido Candy era no discutir con su amiga cuando se ponía en ese plan. Porque no importaba cuanto peleara, siempre terminaba perdiendo. Para la rubia Deborah era como una hermana más. Una extraña combinación de sus hermanas. Una chica alegre, soñadora y muy romántica. Tal vez demasiado.
Después de haber platicado todo el camino de Albert Andrew. La rubia se sintió más que feliz de estar ya en su casa. Había sido un día bastante largo. Era uno de eso días que era mejor no haberse levantado de la cama, pero que gracias a Dios ya había terminado.
Lo que no sabía Candy era que apenas empezaba su martirio. Porque Albert Andrew le tenía algo preparado. En definitiva iba a ser una semana muy pero muy larga para la rubia.
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A la mañana siguiente:
A pesar de estar haciendo algo de frio era un hermoso día. Faltaba solo unas semanas para Acción de Gracias. Era una de las épocas más favoritas de las White. Ya que oficialmente era el comienzo de la Navidad.
Como de costumbre Candy salió hacia el hospital. Las horas pasaron volando para la rubia. Se podría hasta decir que era un día perfecto. Pero todo día perfecto tiene su día gris. Así fue en el momento que un demonio de ojos azules entro a la cafetería.
Deborah había visto quien entro. Si algo le encantaba era de hacer de Cupido. No sabía porque, pero su corazón le decía que algo bueno saldría al final con esos dos rubios. Tal vez la rubia se enojaría con ella, pero todo sea por el amor.
-Candy podrías atender la mesa siete—la chica asintió con libreta en mano fue a la mesa.
-Buenas Tardes…que se le ofrece-
-Café—la chica abrió los ojos tan grandes de solo ver de quien se trataba. Para luego mirar a su amiga que actuaba como si la cosa no fuera con ella.
-¡Usted otra vez!-
-Si yo otra vez-
-Se lo advierto si trata de…-pero la chica no termino la oración.
-Solo quiero cenar—
-¡Cenar!
-Si solo cenar…que me recomiendas—dijo mirando el menú.
-Que tal veneno—murmuro.
-Gracias…pero prefiero la sopa de pollo—dijo entregándole el menú.
-Algo más señor—dijo entre dientes de solo ver como el cretino se reía.
-No por ahora—la chica se retiro.
Candy una vez que entrego la orden al cocinero. Fue más rápido que ligero donde su amiga estaba. Tomándola del brazo la llevo aparte.
-Debería matarte—le dijo bajito a su amiga.
-Yo que hice—respondió con tanta inocencia que no le quedo de otra que soltar un suspiro resignación.
Mientras tanto el rubio se estaba divirtiendo de lo lindo. El verla enojada se estaba volviendo unos de sus pasatiempos favoritos. No había duda que esa mujer le gustaba mucho. Tenía que tenerla.
Luego de unos minutos la rubia regresaba con una bandeja. Mientras ella ponía los cubiertos, el plato de sopa, pan con ajo y un vaso de agua con sumo cuidado sobre la mesa. Albert observaba cada movimiento que la chica hacia. El tenerla así de cerca era una dulce tentación. Una tentación que lo estaba volviendo loco en ese momento.
-Huele bien…tiene veneno—dijo en tono divertido.
-No se tal vez—el rubio la miro divertido. Tomando la cuchara probo la sopa.
-Delicioso-
-¡Buen provecho!…ojala te indigeste—eso ultimo lo murmuro. Pero el rubio la había escuchado provocándole una sonrisa.
La rubia trataba de atender a los otros clientes. Pero él no se lo estaba poniendo muy fácil. No perdía el tiempo para llamarla. Primero le pidió otro vaso de agua. Luego le pidió pie de calabaza. Más tarde una taza de café. Candy sabía que lo estaba haciendo a propósito.
-Señor Andrew por si no lo ha notado tengo otras mesas que atender. Así que deje de acaparar mi tiempo—
-En serio…no me diga que es lo que estoy haciendo…no lo sabía—dijo con ese tono de inocencia que la rubia sentía que reventaría en cualquier momento.
Albert solo se limitaba a observarla. Sabía que se la estaba jugando, ya que por la expresión de ella, parecía que le rompería la crisma en cualquier momento.
-Pues así es…entonces le traigo la cuenta—dijo entre dientes.
-Ya quieres que me vayas—
-Usted desea algo mas—dijo tratando de no perder la paciencia delante de todas esas personas.
-¡No!…traerme la cuenta—pero antes de que la chica pudiera alejarse. El rubio la tomo por la muñeca con firmeza.
-¡Que hace suélteme!—
-Cuando aceptaras hablar conmigo—
-Ya le dije que usted y yo no tenemos nada de qué hablar—dijo soltándose de su agarre.
-Es tu última palabra—
-Así es—dijo muy segura de sí misma.
-Muy bien. Espero que estés lista para atenderme…ya que voy a coger de venir a cenar en las noches hasta que me escuches…no te desharás de mi Candy—dijo con una sonrisa de victoria.
Candy solo se le quedo mirando. El rubio se paro quedando frente a ella. No solo dejo el dinero de lo consumido, sino también una enorme propina. Así con una leve inclinación se despidió caminando hacia donde estaba Deborah.
-Espero que le haya gustado la cena señor—
-Claro que me gusto—
-Entonces vuelva pronto—
-Oh claro que lo hare y por favor felicite al cocinero…todo estuvo delicioso en especial el pie de calabaza— dijo mirando a la rubia.
-Bueno ahí tiene que felicitar a Candy…ella lo hizo—
-En serio. Entonces será un motivo más para venir y le aseguro que será con mucha frecuencia—dijo guiñándole un ojo a la rubia.
-Buenas Noches—dijo Deborah.
-Buenas Noches señoritas…nos estaremos viendo—dijo antes de salir de la cafetería.
-Esto es tan romántico…es como las novelas—dijo soltando un suspirito.
-Que tiene de romántico tener que soportar a ese cretino todo el tiempo—dijo cruzando los brazos.
-Aunque te cueste trabajo admitirlo le gustas. Además creo que esto es solo el comienzo. El romance se siente en el aire—dijo dando pequeños saltitos.
Candy se le quedo mirando a su amiga que parecía haber despegado del suelo. Otra vez. Para mirar fijamente hacia afuera. En donde el rubio estaba apoyando su cuerpo en su auto. La miraba fijamente con una sonrisa en sus labios. Se podría decir que estaba tramando algo grande.
La chica desvió la mirada. No quería seguir mirando aquella sonrisa tan sínica que la hacía enojar tanto. Ignorando la presencia del rubio que aun permanecía afuera continuo con su labor.
-Que empiece la guerra—murmuro antes de subirse a su auto e irse.
Bueno hasta aquí el capitulo 8
Espero que les haya gustado este capítulo.
Bueno o malos no olviden dejar sus comentarios y un millón de gracias por todos los comentarios anteriores ya que me animan a seguir.
Un fuerte abrazo
Ladycat
