Capítulo 8: ¡Larga vida a Fairy Tail!.

Al regresar a la boca de la cueva, Gray y Natsu otearon la ladera, a la luz de la pálida luna. Centenares de antorchas se divisaban trepando a lo largo de ella, cada vez más cerca, cual varias hileras inacabables de incandescentes hormigas que cerraban el cerco hacia ellos de forma implacable. Alcanzarían la cueva en cuestión de media hora, a lo sumo. Happy miró fijamente a su mejor amigo, desesperado por oír de sus labios una solución, pero Natsu le devolvió una mirada sombría, que el exceed jamás había observado en él. Loke, Jellal y Lyon ya habían tomado posiciones en tres puntos estratégicos de la falda de la montaña, esperando el momento oportuno para ralentizar la amenazadora escalada de aquel adversario, que ninguno de ellos habían pedido, ni habrían deseado. El ice-maker y el dragonslayer se miraron a los ojos, abatidos, y dispuestos a presentar batalla desde el mismo frente de la cueva.

- No puedo aceptar que este sea el fin – Natsu afirmó, lleno de rabia. – Suceda hoy aquí lo que suceda, el Nuevo Consejo de Magia jamás nos permitirá regresar a Fairy Tail. Hace tiempo que está buscando una excusa para deshacerse de nosotros con impunidad, y ahora la ha encontrado. Pero no puedo aceptar que todo vaya a acabar así, después de cuánto hemos luchado por el bien de todos.

Gray lo miró con ojos desorbitados por la sorpresa, pues Natsu siempre vivía de un modo tan despreocupado, que a veces parecía que no se enteraba de absolutamente nada de lo que sucedía a su alrededor, que no fuese una escandalosa pelea en la que participar, o una suculenta comida de la que dar buena cuenta.

- ¿Tú también te habías dado cuenta de que el Nuevo Consejo de Magia nos quiere muertos?

El chico del pelo rosa le mostró una sonrisa inocente.

- Bueno… la política no es algo que me guste: ni se come, ni sirve para hacerse más fuerte; al menos no como a mí me gusta serlo. A mí, el dominio sobre los demás no me interesa. Así que esos asuntos suelo dejarlos para el Maestro, o para Erza, que están más dispuestos a lidiar con ellos – amplió su sonrisa, de forma descarada. - A mí me gusta la vida sencilla, junto a gente sencilla que aspire a vivir de su magia de un modo honrado. Y de vez en cuando, un poco de acción – por un momento, rió con picardía; pero pronto recuperó su semblante apenado - Pero no soy idiota. Sé que el Nuevo Consejo de Magia nos considera a todos nosotros demasiado "peligrosos" por no ser fáciles de dominar. Y no me refiero tan sólo a nuestra fuerza física, o a nuestro potencial mágico, sino al carácter. Somos gente a quienes no nos gusta acatar unas normas que no somos capaces de entender, o de encontrar en ellas una utilidad real, que no sea en beneficio de cuatro egoístas que lo único que buscan, es apalancarse en sus sofás de tiranos, y no abandonarlos en toda su vida – negó con la cabeza, apenado. - Por eso te digo, que tan sólo nos permitirán salir de aquí con los pies por delante; no ya por lo que hayamos hecho, sino porque no "pueden permitirse" dejarnos vivir por más tiempo.

- O quizá quieran atraparnos vivos, para darnos un buen escarmiento público que sirva de lección a cualquiera que piense siquiera en plantarles cara – Gray añadió, sombrío.

- Pues si es así, la llevan clara. Yo saldré de aquí con los pies por delante, o no saldré.

Gray asintió, totalmente de acuerdo con él. Aunque no hacía más que darle vueltas a la cabeza, intentando hallar un modo de alejar a Juvia de aquella trampa mortal, para que al menos ella y su bebé pudiesen sobrevivir.

- ¡Mierda! ¡No me importa morir, si es luchando por aquello en lo que creo! ¡Daré mi vida con gusto, pero Juvia debe salvarse a toda costa! ¡Es lo único que pido! – de pronto gritó, desesperado.

El dragonslayer lo observó con sorpresa.

- Ella está embarazada… - el otro explicó, pasándose las manos por el cabello nerviosamente.

- ¿E-embarazada? – Natsu no podía dar crédito a sus oídos. - ¿De quién?

Gray lo estranguló con la mirada, y al otro de pronto se le iluminó la bombilla.

-¿Quieres decir que tú y ella ya habíais…?

El otro le ofreció una sonrisa torcida con sarcasmo, y Natsu comenzó a caminar de un lado a otro, alucinado y pensativo.

- Definitivamente, tenemos que hacer algo. Esto no puede acabar así; de ninguna manera – declaró por fin, plantándose ante su amigo, resuelto.

- ¿Sabes qué es lo único que me consuela de toda esta mierda, llamas podridas? – el moreno preguntó, demasiado serio, para la pulla que acababa de lanzarle a su mejor amigo.

- ¿Qué, cabeza de hielo caducado?

- Que el Mestro Makarov va a verse libre de tomar la decisión de tener que rebelar a todo Fairy Tail contra el Nuevo Consejo de Magia, para poder defendernos, como temía que algún día no lejano iba a acabar pasando – afirmó con una cariñosa sonrisa al recordar a aquel a quien, ahora se daba cuenta, había querido casi como a un padre. – Creo que aún no ha llegado el momento para declarar una guerra abierta contra el Nuevo Consejo; los demás gremios no están preparados para ello, ni lo desean. Quizá nuestro sacrificio sirva para que comience a girar la rueda; para que algún día todo cambie; para que las normas vayan dirigidas a proteger a los más débiles, y no dictadas para el único beneficio de déspotas y tiranos.

- Quizá… - Natsu deseó, de forma melancólica. - ¡Pero no es momento de pensar en eso ahora! ¡Tenemos que salir de aquí y saldremos! ¡Por Dragneel que saldremos!

Por un momento, se giró para mirar dentro de la cueva, donde Lucy hablaba en voz baja con las demás chicas; supuso que se estaban dando ánimos unas a otras, para afrontar el inminente final, antes de ocupar sus puestos en la cruenta batalla que se avecinaba. De pronto, un profundo dolor le encogió el corazón; se descubrió a sí mismo deseando con todas sus fuerzas morir antes que Lucy, no tener que verla sucumbir… Tuvo que contener una lágrima rebelde que amenazaba con escaparse de sus ojos y sonrió tontamente, al imaginarse qué pensaría la rubia cuando él cometiese su mayor torpeza: lograr que lo matasen, dando hasta su último aliento por ella. Se dio cuenta, con rabia, que todos sus pensamientos eran demasiado tristes, demasiado lúgubres. ¿Cuándo antes, por muy difícil que se presentase una situación, él había dicho cosas tales como "con los pies por delante"? Esa era una mala señal, muy mala… Oteó de nuevo al horizonte, aquellas luces… Con los pies por delante… por delante…

Súbitamente, agarró a Gray por ambos brazos y lo sacudió con vehemencia.

-¿Pero qué haces, cabeza de chorlito? – Gray le increpó, sorprendido, empezando a cabrearse.

-¿Eres capaz de crear una buena ilusión? – le preguntó casi a voz en grito debido a la excitación que sentía.

-Para ilusiones estoy yo, capullo…

-¡No me refiero a eso! ¿Crees que podrás crear en hielo una réplica convincente de cada uno de nosotros y mantenerla en pie el tiempo suficiente como para que Jellal y yo podamos montar una buena hecatombe?

- ¿Hecatombe? – el otro lo miró, horrorizado. - ¿Qué pretendes, cargarte Magnolia?

- Algo así.

- No lo dirás en serio…

- Nunca he hablado más en serio. ¿Podrás hacer lo que te he pedido?

- Muy probablemente. A la luz de la luna no podrán diferenciar las réplicas de las personas reales hasta que no las tengan prácticamente delante de las narices. Pero la ayuda de Lyon no me vendría mal para asegurarnos de que funcione.

- ¡Eso está hecho! ¡Vamos dentro! – corrió sin esperar la reacción de su amigo y comenzó a rugir como un poseso. - ¡Venid todos! ¡Ahora!

Loke, Jellal y Lyon interrogaron a Gray con la mirada, reticentes a abandonar sus puestos de avanzadilla; pero este les hizo una señal para que hicieran lo que Natsu les había pedido con tanta vehemencia. Al verlos a todos reunidos, el del pelo rosa comenzó a hablar.

- No tenemos tiempo para detenernos en largas explicaciones, así que este es el plan. El cabezabolo de hielo nos ha traído, sin pensar en ello, a una montaña en cuyo interior hay millones y millones de toneladas de lava incandescente dispuesta a arrasar todo lo que pille en su camino, si se le da la oportunidad de hacerlo – clavó sus nuevamente alegres ojos en los de Gray, que cerraba los puños con fuerza, intentando no estrangularlo.

Erza se plantó ante Natsu con los brazos en jarras, amedrentadora.

- ¿Estás insinuando que pretendes inmolarnos en lava para que ellos caigan también? – le dio una colleja, mirándolo como a un caso perdido.

- En absoluto. Nosotros seremos inmolados en lava; ellos saldrán corriendo y darán por buena nuestra muerte – Natsu declaró, como si aquello fuese lo más lógico del mundo.

- ¿Qué pasa, que tanto fuego te ha fundido los sesos? ¿Vamos a morir sin siquiera luchar, sin plantarles cara ni por un instante?

- No habrá represalias contra Fairy Tail, ni contra ninguno de los gremios restantes, si no hay bajas entre los esbirros del Nuevo Consejo. ¿Me equivoco?

- ¡Pues claro que no! – Lucy intervino gritando al chico, indignada - ¡Pero morir así, de un modo tan miserable! ¿Para esto hemos vivido? ¿Para esto hemos luchado?

- ¡Y una mierda! – Natsu le respondió, perdiendo los nervios. - ¿Es que todos estáis ciegos? ¡Ellos creerán que estamos muertos y dejarán a los gremios en paz! ¡Pero no pienso morirme, ni permitir que lo hagáis ninguno de vosotros! ¿Está claro?

- Natsu, por favor, cálmate y explícate mejor, y rápido – Jellal le rogó, poniéndole una mano en el hombro. – Nos estás volviendo locos con ese galimatías que nos estás contando.

- Esto es lo que digo: Tú y yo despertaremos al volcán desde las profundidades de esta cueva, para que entre en erupción. Mientras, Loke y las chicas crearán una distracción suficientemente buena, como para que Lyon y Gray preparen unas réplicas convincentes de cada uno de nosotros a la entrada de la cueva sin ser detectados. Cuando las tengan hechas, ellas se retirarán, ascenderán la montaña hasta el lugar más alto que puedan alcanzar sin demasiado peligro y se largarán por el otro lado; y serán Loke y ellos dos quienes retomen la distracción hasta que nosotros lleguemos y soltemos la traca final. Cuando Jellal y yo regresemos, Loke, Lyon y Gray se largarán también, y nosotros pondremos en marcha la destrucción "masiva" y saldremos pitando. ¿Está claro o no está claro? – preguntó con impaciencia.

Todos lo miraron con la boca abierta y él pateó el suelo con enfado.

- ¿Qué demonios pasa? ¡Os aseguro que la otra cara de la montaña no estará vigilada! ¡Nadie en su sano juicio se atrevería a escalarla con la tormenta eterna de nieve que la azota! ¡Jamás creerán que intentaremos huir por ahí! ¡Sería casi como ir al encuentro de una muerte segura! ¿Pero eso va a deteneros ahora?

- Por supuesto que no, Natsu, Juvia se atrevió a hablar por los demás. ¿Pero qué pasará después, en caso de que sobrevivamos a la montaña? ¿Qué será de nosotros?

- ¿Cómo que qué pasará? ¡Nos exiliaremos para siempre! ¡El Nuevo Consejo de Magia creerá que estamos muertos y no nos perseguirá! ¡Mil demonios! ¡Yo prefiero jugármela con la tormenta, estar vivo y exiliado, a estar muerto! ¿Vosotros no?

- Desde luego, yo sí – Juvia asintió, decidida.

- ¡Y tanto que sí! – Gray se sumó a su voz, enardecido.

- Y todos nosotros también – Erza concluyó. - ¡Todos en marcha! – ordenó a voz en grito.

Inmediatamente, todos ellos se dispusieron a representar sus papeles a la perfección.

Cuando Natsu comenzó a caminar hacia el interior de la gruta, Happy hizo lo propio a su lado; pero el joven dragonslayer lo detuvo, impidiéndole el paso.

- ¿Qué crees que estás haciendo?

- Acompañarte, por supuesto – el exceed respondió tranquilamente, decidido – Es lo que hago siempre: donde tú vas, yo voy.

- ¿En qué momento has escuchado salir de mi boca, "Jellal, Happy y yo"? – le preguntó con crueldad, intentando hacerle enfadar para que se largase.

Pero el gato azul hizo caso omiso de sus palabras y se mantuvo firme en su postura. Natsu suspiró, frustrado.

- Esta vez no, Happy; a donde yo voy, tú no puedes acompañarme.

- ¿M-me estás diciendo que caminas hacia la muerte y que yo no puedo acompañarte? – el gato clavó una mirada espantada en los ojos de su mejor amigo.

- ¡No, pedazo de tarugo! ¡Te estoy diciendo que allá abajo habrá temperaturas tan altas, que tú no podrás soportarlas! ¡Jellal y yo sí podremos! ¿Acaso quieres morirte por idiota?

Happy bajó la mirada, avergonzado.

- Además – la voz del chico ahora era resuelta y persuasiva, - no puedo confiar más que en ti para que protejas a Lucy mientras yo no esté – guiñó un ojo a su amigo de forma cómplice. - ¿Puedo contar contigo?

- ¡Aye! – Happy asintió, entusiasmado.

El dragonslayer dio un fuerte abrazo a su "hijo adoptivo" y después fue en pos de su compañero para cumplir con su parte de la misión.

Mientras Jellal y Natsu se adentraban, corriendo como locos, hacia las profundidades de la cueva, Natsu preguntó, aún enfadado:

- ¿Por qué narices me mirabais de esa manera?

Jellal rió, divertido, sin detener su rauda carrera.

- Porque todos estábamos ya haciéndonos a la idea de que íbamos a morir; porque, de todos nosotros, quienes conocemos la historia volcánica de estas montañas a la perfección, a ninguno se nos había ocurrido una idea tan descabellada pero genial, excepto a ti; porque nos has dado esperanza, sencillamente – hizo una pequeña pausa, para que el otro asimilase sus palabras. - Todos habíamos barajado la posibilidad de intentar huir por el otro lado de la montaña, enfrentándonos a la tormenta perpetua de nieve; pero no hallábamos un motivo para hacerlo, si con ello no íbamos a lograr más que posponer nuestro final para salvar a nuestros dos gremios. En cambio, tú nos has dado un motivo contundente para sobrevivir.

Natsu lo miró con los ojos como platos, atónito.

- Vaya…Yo he creído que me estabais tomando por idiota, o algo así.

- ¿Habrías cesado en tu empeño de llevar a cabo el plan, de haber sido así?

- ¡Ni de coña! ¡Este es el único modo de salvarnos a todos! – dejó bien claro, sin dudar. - ¡Os habría arrastrado de los pelos, si hubiese sido necesario!

- Ese es el porqué todos te mirábamos, Natsu, porque tú eres tú, porque siempre has sido tú; porque jamás te rindes, y con ello haces que aflore lo mejor de cada persona que te rodea.

- Y nunca me rendiré – su amplia sonrisa estaba llena de esperanza - ¿Estás preparado? – quiso saber, una vez ambos hubieron alcanzado el viscoso lago de lava que yacía en las entrañas del volcán y cada uno se situó a un lado del mismo.

Jellal se limpió con la mano el sudor que había comenzado a chorrear desde su frente, y que que había estado apunto de metérsele en los ojos. Observó a su alrededor: el inmenso lago de lava que formaba la caldera del volcán, burbujeaba lenta y viscosamente, en una danza de siglos, imparable; sintió cómo el inmenso calor que allí reinaba comenzaba a acosarle sin tregua y le robaba toda el agua de su cuerpo, incluido el sudor, que había empezado a evaporarse por cada poro de su cuerpo, amenazando con arrebatarle hasta el último aliento de vida si permanecía allí más de lo necesario. Exhausto, jadeó y desvió hacia Natsu una mirada de circunstancias. Mas el otro le sonrió alegremente; había olvidado que era un puñetero mago de fuego y que ahora estaba en su elemento. Sonrió con acidez.

- Y tanto. Arriba la fiesta ya debe haber comenzado. Hagamos lo que hemos venido a hacer y larguémonos cuanto antes.

- Pues aquí, la fiesta está apunto de empezar – observó que de pronto, su compañero volvía a investigar las paredes que los rodeaban, ahora de un modo preocupado.

- ¿Qué pasa? – le preguntó, con la mosca detrás de la oreja.

- Granito – fue la sencilla respuesta del otro.

- ¿A quién le importa un granito ahora? ¿Dónde se te ha metido? ¿En el zapato? ¿En el ojo? ¿No puedes aguantar hasta después para quitártelo?

Al escucharle, Jellal no pudo evitar soltar una carcajada.

- ¿Qué narices aprendiste en el colegio? – quiso saber, divertido.

Por toda respuesta, Natsu se encogió de hombros y mostró de nuevo su sonrisa más angelical.

- Lo que intento decirte es que estamos rodeados por paredes de granito, y a juzgar por el color tan blancuzco que muestran, la cantidad de cuarzo que contienen es impresionante. Por lo tanto, el magma de este volcán debe ser muy ácido, muy viscoso; nada más observar el perezoso movimiento de la lava, ya me lo ha parecido. Eso dificultará enormemente que fluya ladera abajo con la suficiente rapidez como para asustar a nuestros perseguidores y lograr que pongan los pies en polvorosa.

- Bueno, si no recuerdo mal, la viscosidad de este magma favorecerá unas buenas explosiones debido a los gases y a las rocas que arrastre hacia su salida por la chimenea.

Jellal escrutó su semblante, con los ojos como platos.

- Me da la impresión de que tú te haces el tonto cuando te interesa – le sonrió, pícaro. – Tienes razón. En este caso, creo que nos convienen más unas buenas explosiones y bastante parafernalia, que una erupción rápida y poco teatral. Pero temo que las bombas volcánicas o la nube ardiente nos alcancen también del otro lado.

- Sabremos arreglárnoslas. ¿Empezamos?

Jellal asintió, convencido. Adoptó una postura de batalla, coronada por una inmensa concentración.

- ¡Abyss Break! – tronó en la gruta, desde la garganta del de pelo plateado.

Inmediatamente, una inmensa esfera de destrucción comenzó a formarse justo encima del lago de lava. Jellal sintió cómo aquel ente maldito comenzaba a arrebatar todo el aire de la gruta, a tomar la poco agua que hallaba a su alrededor, a aspirar con cruel deleite el fuego otorgado por la lava… su cuerpo flaqueó, pero él no le prestó la más mínima atención y buscó la mirada de Natsu, quien asintió con fuerza.

- ¡Golpe de Alas del Dragón de Fuego! – el del pelo rosa gritó a su vez, desaforado.

Una titánica fuerza impactó con la inmensa esfera, que crecía y crecía a ojos vista, atrayéndolo todo hacia ella y arrasándolo con su contacto; comenzó a girar rápidamente, alcanzando una velocidad vertiginosa, y a un firme gesto de Natsu, invadió la lava sin contemplaciones, sumergiéndose en ella cual cuchillo cortando mantequilla.

Un sordo rugido se escuchó desde las profundidades, creciente e imparable, que pronto se convirtió en un ruido ensordecedor. Para darle más rapidez a la reacción volcánica, ambos hombres se dedicaron a destruir parte de la roca de las grutas, que usaron para lanzarla a la mezcla viscosa con brutalidad. El Cuchillo de Llamas Explosivas de Natsu puso el toque final al inminente desastre.

- ¡Marchémonos! ¡Dentro de nada esto se convertirá en todo un infierno! – Jellal gritó, intentando hacerse oír entre todo aquel estruendo y jadeando por el esfuerzo y por la inmensa nube de polvo en suspensión que los dos chicos se habían visto obligados a inhalar.

Natsu le hizo un gesto brusco con la mano para que comenzase a correr por el único pasadizo que habían dejado intacto en previsión de su rauda escapada, y el otro no se hizo de rogar.

Por un momento, el dragonslayer contempló con deleite los impresionantes muros de fuego que comenzaban a alzarse desde el lago, el inmenso rugido de la lava, el calor asfixiante, el caos… Sintió que aquello era lo más cerca que estaría de Dragneel en mucho tiempo. El fuerte golpe de una roca sobre su hombro le hizo aterrizar de golpe en la realidad; agarrándose con fuerza el brazo, por el que había comenzado a derramarse la sangre con profusión, siguió a Jellal a la carrera sin volverse a mirar atrás, por mucho que lo desease.

~~O&o&O~~

Fuera de la cueva, Erza, Lucy, Juvia, Wendy y Sherry habían desatado tal brutalidad contra la ascensión de los atacantes, que los guerreros que intentaban subir por la ladera habían comenzado a ralentizar su paso; algunos incluso se habían frenado en seco, elevando la vista hacia ellas y contemplándolas cual si se mostrasen ante ellos los Cinco Jinetes del Apocalipsis – no eran cuatro, ni iban montadas a caballo, pero frente a ellas, el Apocalipsis estaba garantizado, y los magos enviados por el Nuevo Consejo de Magia, así lo habían admitido -. Mientras, Loke se dedicaba mayormente a protegerlas contra las artes de sus oponentes; ya llegaría su momento de luchar cuando ellas se hubiesen marchado. Inmensas rocas rodaban colina abajo, demoledoras, que nada más detectar la presencia de un atacante, sacaban piernas y brazos de no se sabía dónde, abrían unos ojos enloquecedores, y se lanzaban contra él sin tregua alguna. Los hombres caían en hondas zanjas y pozos que hacía tan sólo unos segundos no habían estado allí; a veces se hallaban peleando contra su propia efigie, ahora maldita; o huyendo de miles de espadas que llovían del cielo, quizá provenientes de una demoníaca tormenta. Inmensas y pesadas bolas mágicas de agua les caían sobre la cabeza, derribándolos bajo una presión inhumana, o los tumbaban a traición, impactándoles en la espalda y dejándoles doloridos y magullados para muchos días.

Los que aún se empeñaban en coronar su ascensión, subían con pies de plomo, sin quitar la vista de aquellas diosas de destrucción, aunque fuese desde el rabillo del ojo. Parecía como si a un par de ellas les hubiesen salido alas, nadie sabía cómo ni de dónde, otorgándoles un aura todopoderosa que encogía los corazones más osados. No sabían dónde demonios se habían metido los hombres que las habían acompañado hasta allí, pero ni tiempo tenían siquiera de planteárselo, si no querían yacer aplastados bajo un árbol, una maldita piedra, o bajo el asfixiante peso de una gran masa de agua. Extrañamente, ninguno de ellos había muerto…todavía.

Pero los atacantes eran demasiados, y no dejaban de obtener refuerzos; era cuestión de tiempo que aquellas aguerridas diosas fueran derrotadas. Y ambos bandos lo sabían. Por ello, las fuerzas de ocupación renovaban sus esfuerzos de forma incansable, dispuestos a llegar hasta el final. Sus órdenes eran claras: no dejar allí a nadie con vida; ó ni siquiera regresar. Exponer a aquellos demonios a un juicio público, era exponer los pensamientos de los magos a deliberaciones que al Nuevo Consejo de Magia no interesaba fomentar.

Mientras, dos hombres se afanaban entre las sombras en crear exactas reproducciones de aquellas magas guerreras y sus demás acompañantes: su altura, sus proporciones y facciones, incluso su ropa. De un blanquecino casi transparente, las figuras cumplirían su papel en las sombras de la noche, que ni una descarada luna como la que brillaba en aquel momento podría delatar. Una vez ambos hubieron terminado su trabajo, un fuerte grito de "¡Ahora!" hendió la noche; Loke, Gray y Lyon retomaron el ataque, en lugar de las mujeres, mientras ellas, con rápidos movimientos, se ocultaron tras las gélidas figuras que hasta el momento habían yacido ocultas tras sus cuerpos; y amparadas en el ataque de los tres hombres, emprendieron una rápida carrera hacia la cima, para poder escabullirse por la cara oculta de la montaña.

Una mano decidida detuvo la marcha de Juvia, tan sólo por un instante, suficiente para que la mujer, obligada a mirar a los ojos al hombre que la retenía contra su voluntad, tuviese que escuchar.

- Os amo con todas mis fuerzas, a ti y al bebé. Mi vida es vuestra, y siempre lo será. Cuídate, porque cuando volvamos a vernos, vas a escucharme hasta el final – la voz de Gray sonó dulce, y a la vez dura y tajante.

El corazón de Juvia intentó salírsele del pecho, y ella no pudo más que asentir en silencio. El moreno la soltó y ella retomó su carrera tras las demás, como alma que lleva el diablo.

Los tres hombres intentaron imitar los ataques de sus compañeras lo mejor que pudieron, además de lanzar los suyos propios, haciendo creer a sus atacantes que ellos habían tomado el lugar de algunas de las chicas para permitirles un breve descanso. Pero si Natsu y Jellal no cumplían pronto con su parte, nada impediría que la treta fuese descubierta. Y entonces ningún intento de fuga valdría ya la pena.

De pronto, un atronador ruido hizo temblar la montaña hasta sus más profundos cimientos. Ambos bandos hubieron de luchar de forma desesperada por mantener el equilibrio, mientras profundas grietas, de las que brotaba un vapor ardiente y sofocante, comenzaron a desgarrar el suelo por doquier. El estruendo no cesaba; todos sentían como si un aterrador gigante de colosales proporciones se arrastrara por las entrañas del monte, lenta e imparablemente, dispuesto a darles caza nada más hallara un modo de escapar de su ancestral presidio; elevaron sus ojos hacia el cráter que muchos guardaban enterrado en lo más hondo de su memoria y que ahora se vieron más que obligados a recordar: el volcán había despertado para acabar con todo y con todos.

Los miembros más osados de las fuerzas de ocupación reanudaron su penoso ascenso como bien pudieron, sin preocuparse ya de los defensores de tan rebelde fortín, sabiendo que su situación era la misma que estaban viviendo ellos. Otros, más cobardes, optaron por una indigna deserción.

Loke, Gray y Lyon se miraron a los ojos alegremente y luego desviaron su vista hacia el interior de la cueva, esperanzados. Pronto sus más acuciantes deseos se vieron recompensados: Natsu y Jellal emergieron de las profundidades a la carrera, sus ropas hechas girones, llenos de magulladuras y de ceniza, pero también sonrientes.

- ¡Olvidaos de todo y larguémonos! – Jellal gritó como un descosido, intentando hacerse oír entre aquel estruendo.

Natsu, que había visto pantalones, chaquetas, camisas y zapatos desparramados por doquier – cada miembro del grupo se había desprendido de una parte de sus ropas, para hacer más creíbles aquellas muertes ficticias -, decidió hacer una última donación a la causa: se quitó la bufanda blanca que tanto amaba, aquel regalo de su mentor, hecho con parte de sus propias escamas, lo miró por un último instante con adoración, y lo dejó caer también, a sabiendas de que resistiría la lava y que todo, absolutamente todo el mundo relacionado con la magia en Magnolia, sabría reconocerla.

Conmovido, Gray lo tomó por los hombros con fuerza, intentando darle ánimos.

- ¡Vamos! – le gritó.

Natsu asintió y los cinco hombres comenzaron a coronar también la ascensión, justo en el momento en que una descomunal bomba de roca magmática salía disparada del cráter del volcán cual bala de cañón. Inmediatamente después, fue seguida por una infinidad de bombas más pequeñas, de lapilli, cenizas y polvo; la lava, más lenta y espesa, pero imparable, no tardaría en llegar. La propia cima de la montaña había comenzado a derrumbarse por la presión y la fricción de tal ataque.

- ¡Menuda la habéis montado! – Lyon afirmó, alucinado, mientras se echaba a un lado con rapidez para esquivar un inmenso pedrusco incandescente que cayó justo donde él había estado hacía tan sólo un segundo.

- ¡Máxima destrucción para que no puedan reconocer nuestros cadáveres, sólo nuestras ropas! ¿No es eso lo que queríamos? – Natsu preguntó, sin dejar de correr.

- ¡Por supuesto! – Loke afirmó, encantado.

Los cinco siguieron corriendo a la desesperada, cual si se enfrentasen a una difícil e imprevisible carrera de obstáculos. A medida que se iban acercando al otro lado de la montaña, el frío y la nieve empezaron a hacer mella en sus, hasta el momento, ardientes anatomías. De donde habían venido, la cima de la montaña se derrumbó cual castillo de naipes, arrasándolo todo a su paso. Ni siquiera pudieron pensar en ello; ahora debían enfrentarse a la otra cara de la moneda: el dios de las tormentas de hielo las bajas temperaturas – además de las bombas de roca que no dejaban de precipitarse a su alrededor -, en busca de aquellos que los habían precedido: sus amigos… su familia.


COMENTARIOS DE LA AUTORA

¡Hola a todos! ¡Felices Navidades y Próspero Año Nuevo 2012!

Os prometí que intentaría no dejar pasar mucho tiempo para la próxima actualización. En cambio, el tiempo que ha pasado ha sido excesivo, incluso para mí. Voy loca en el trabajo (ahora mismo llevo seis proyectos a la vez) y cuando llego a casa, lo último que deseo es trabajar más horas con el ordenador. Por eso he tendio todos mis fics tan "abandonados", y no podéis imaginar cuánto me duele. Pero la prioridad es el trabajo, y más con la que está cayendo desde hace tanto tiempo ya. Para escribir este capítulo, y ahora mismo para publicarlo, he robado minutos al trabajo. Por ello, ruego que comprendáis la demora y que no me castiguéis sin reviews por ello (^_ ^)

Mi critico literario de Fairy Tail (mi marido, jeje) me ha dicho que en este capítulo Natsu es muy maduro, algo que le choca. Bueno... no podemos, o más bien no debemos (por no ser conveniente) ser niños toda la vida. Que me lo digan a mí... No he querido cambiarlo, a mí me gusta tal y como está. No sé qué pensaréis vosotros.

Sobre el título, he sacado la idea de una frase que escuché en algún sitio: "El rey ha muerto. ¡Larga vida al rey!". Creo que viene al pelo a este capítulo, porque se supone que todos van a pensar desde ahora que los mejores magos de Fairy Tail han muerto en el desastre del volcán. Y lo de "larga vida", es evidente :P

Siento no haber podido responder los reviews que me ha dejado gente que no está registrada en fanficition, pero no hay manera de responderlos si no tengo a dónde enviarlos. Así que desde aquí los agradezco de todo corazón, y también agradezco todos los reviews que sí he podido responder, y a quienes habéis añadido esta historia a vuestras favoritas o a vuestras alertas. Para todos ¡GRACIAS!

Espero con ilusión vuestros comentarios. Un abrazo muy fuerte y hasta pronto (deseo).

Rose.