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14 de febrero de 2012
Primera ilusión
"Dime que el momento ha llegado, que también hay alguien esperando por mí"
PDV de Bree.
En el fondo oía voces pero el significado de las palabras era ininteligible. Diego me sonrió justo como solía hacerlo, yo no estaba respirando ni parpadeaba, simplemente no podía dejar de observarlo pero tampoco conseguía hablar, el sonido moría en mis labios sólo había una cosa que me haría reaccionar y eso sería sentir el roce de sus carnosos labios sobre los míos.
Él seguía ahí parado detrás de Amy, ella tomó aire y avanzó hasta pararse a medio metro de mí, me dio una pequeñísima sonrisa pero volteo a hablar con Fred, había olvidado que estaba ahí, me había olvidado de todos, únicamente existía Diego. De que hablaban Fred y Amy, ni idea. Diego caminó muy despacio, yo seguía petrificada él tomó mi mano y me alejó del grupo.
Paseábamos a velocidad humana, ¡Diego se veía tan relajado! Me moría de ganas de decirle mil cosas pero no sabía cuáles eran. Cuando estuvimos a un par de metros de distancia se detuvo y se puso frente a mí, se inclinó para poder sostener mi mirada.
—Estás viva. —El gozo con el que pronunció esas dos palabras fue exquisito.
—Sí.
—Creí que te había perdido. —Sus brillantes ojos escarlata resplandecieron.
—Yo pensé que Victoria… —No pude terminar aquella horrible oración, se me escapo un sollozo y en un instante Diego me abrazaba con firmeza.
Apoyo su mentón en mi cabeza y torpemente rodee su cintura con los brazos. Estuvimos un rato así pero no fue suficiente, me besó en la cabeza antes de deshacer el abrazo pero seguía sin apartar los ojos de mí como si temiera despertar de un sueño, pese a que dormir había dejado de ser una opción.
—Casi lo hizo. —Empezó a explicar. —Pero estaba tan apurada que no me prendió fuego. Fred encontró lo que quedaba de mí… ¡vaya que le debo una!
—¿Has estado con Fred todo este tiempo?
—Sí. Te buscamos al principio, seguimos el rastro de los otros hasta el bosque cercano a un pueblecillo llamado Forks. Pero luego, nada. Le dije a Fred que quizá podrías venir a buscarlo y tuve razón. —Acarició mi mejilla cariñosamente, seguía de pie muy cerca de mí.
—Fue idea de Amy, yo pensaba que Fred ya se había marchado y por lo que dijo Riley…
—Lo importante es que el club secreto ninja vuelve a la acción.
Me solté a reír, ¡cómo podía recordar eso en un momento así! Cuando nuestras risas fueron disminuyendo, se puso serio otra vez.
—¿Quiénes son ellos? —Les lanzó una mirada a los Cullen.
—Son mis amigos, he estado con ellos desde que murieron todos los demás. —Diego ya sabía que me refería a todos los vampiros que Riley y ella habían creado. —Puedes confiar en ellos.
Asintió sin dudar de mis palabras.
—De hecho me la jugué en grande, ese tipo rubio sí que asusta pero cuando Amy me dijo que te conocía tuve que averiguar si era cierto.
—Hay tantas cosas que quiero contarte… y a Fred. —Yo estaba de espaldas al grupo así que me giré para verlos.
Alice estaba parloteando a sus anchas, Edward intervenía de vez en cuando y Fred los escuchaba sin despegar los labios. Jasper cuidaba que ninguno de los neófitos nos saliéramos de control, yo lo sabía por la forma en que nos veía. Sorpresivamente Amy estaba muy seria.
Diego volvió a tomarme de la mano y volvimos con los demás. Edward me sonrió, él sabía que yo extrañaba a Diego de seguro el planeó esto junto con Amy… Edward es un buen amigo no quería que yo estuviera sin Diego como él estuvo sin Bella, me lo había mencionado como de pasada una vez. Le devolví la sonrisa y al instante sentí los ojos de Diego clavados en mí, Edward se rió entre dientes pero apartó la vista. ¿Podría Diego estar celoso?
Amy también me miró pero se veía mal como si estuviera enferma, con nauseas o algo por el estilo, pero que yo supiera los vampiros no podían enfermarse.
—¿Y ahora? —Dije viendo a Alice, nada parecía callarla.
—Edward, Jazz y yo volveremos con papá y mamá. —Me contestó.
Diego me dirigió una mirada confusa.
—Carlisle y Esme. Te explico luego.
—Yo… creo que deberías contarles todo y explicarles lo de Medianoche. —Comentó Amy en voz muy baja. ¿Qué le pasaba? Se veía temerosa o nerviosa, quizá una combinación de ambas, ¡pero era Amy Roux de quien hablábamos!
—Claro. —Respondí aún en shock por su actitud, le dirigí una mirada de pavor a Edward, su boca esbozó la palabra "luego" sin emitir sonido.
—¡Nos veremos pronto chicos! Esto amerita una celebración, ¡Y ya vi que Diego me apoyará! —Alice sonrió ampliamente y volteo a ver a Diego, él se rió.
—Siempre es buen momento para una fiesta. —La secundó.
—Bree este chico me agrada. —Alice me guiñó un ojo. —Yo me encargaré de los preparativos. —Alice nos abrazó a todos y se fue arrastrando a su esposo.
—Creo que necesito discutir unos asuntos con Amy, adelántense, estaré bien. —Les dijo Edward, se veía tranquilo.
—Como quieras, ¡pero tienes que traer a Bella a la fiesta! —Alice entrecerró los ojos para persuadirlo pero Edward sólo le sonrió.
Jasper le dedicó una media sonrisa a su hermano y éste asintió. ¿Por qué los Cullen siempre eran tan misteriosos?
—¿Vamos a tú casa? —Edward vio a Amy y no supe si le estaba preguntando o le estaba diciendo.
—Ajá.
Quizá la paranoica era yo, no se veía que Diego o Fred notaran algo raro. Me resigné a esperar para que Edward me explicara qué rayos le ocurría a Amy y emprendimos la marcha hacía una de las casas de mi protectora.
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PDV de Amy.
Cuando doblé la esquina lo único que pude ver fue a él. Me olvidé de Jasper que caminaba junto a mí y de Diego quien iba detrás. De mi campo visual se evaporaron Edward, Alice e incluso Bree.
Ese vampiro con cabello rubio, tan alto, ancho de espaldas verdaderamente musculoso pero no en exageración para hacerlo desagradable, no, él era la combinación perfecta de fuerza y había algo en su semblante que me resultaba fascinante. Fred era magnifico, Bree me había dicho que era inteligente ¿sería verdad? Si lo era significaba que ese neófito era perfecto.
Recordé que Edward podía escuchar mis pensamientos y Jasper sentir mis emociones, más les valía a los dos ser discretos porque sabían que los descuartizaría si se atrevían a molestarme. Intenté actuar natural, tomé aire pero temí empezar a boquear como un pescado, caminé haciendo uso de la poca seguridad que me quedaba, ¿por qué Fred me ponía tan nerviosa? Era realmente guapo, todos los vampiros son atractivos pero él lo era más, no era bien parecido por ser un vampiro ese encanto simplemente era propio.
Traté de sonreírle a Bree cuando me le acerqué pero temí que aquello fuera más bien una mueca. Por lo que exploté toda la coherencia que pude para entablar una conversación con Fred. Sentía como si fuera a vomitar, me aterró ponerme en ridículo. Sentí una ola de serenidad y supe que Jazz intentaba auxiliarme.
—¿Cómo estás? Mi nombre es Amy Roux. —Por fortuna mi voz sonaba como siempre pero era como si una desconocida hablará a través de mí.
—Bastante bien, gracias. Me llamo Fred Wilson. —Su profunda y silenciosa voz me dejó descolocada, ¿había algo que no me atrajera de él?
Bree y Diego se habían alejado, yo no me había dado cuanta de a qué hora o cómo exactamente.
—Ellos son mis amigos, ¿ya te los presento Bree? —Hice un ademán con la mano en su dirección.
—Me temo que no. —Esa sonrisa torcida casi provocó que me mordiera un labio pero me contuve. Sentí otra ola de tranquilidad que Jazz me enviaba.
—Oh, bueno él es Edward Cullen. —No me atreví a verlo. Estaba avergonzada, ¡él podía oír todo lo que pasaba por mi mente! Ojala me tragara la tierra. —Él es Jasper Hale y su esposa Alice Cullen. —Fred le estrechó la mano a cada uno.
Todos estábamos muy relajados seguro era obra de Jasper, bueno yo me relajaba y entraba en pánico aleatoriamente. El pavor mío propio y la serenidad de Jazz.
Para no ponerme en evidencia yo sola diciendo alguna estupidez cerré la boca y me prometí no abrirla a menos que fuera absolutamente necesario. Y por arte de magia Alice se soltó a hablar y hablar para después seguir hablando. Le explicaba a Fred a la velocidad de la luz sobre los Vulturi y la importancia vital de no descubrirse ante los humanos, acerca de la dieta vegetariana y como de pasada un poco sobre la Cruz Negra. Fred adsorbía toda esa información, Edward interrumpía a Alice en ocasiones, adiviné que lo hacía cuando se daba cuenta que Fred se perdía en el mar de información que Alice le arrojaba.
Esta vez sí noté cuando Bree y Diego se reincorporaron al grupo, la vi un segundo, ¡cómo necesitaba hablar con alguien de lo que estaba sintiendo! Pero éste sin duda no era el momento.
—¿Y ahora? —Inquirió Bree.
—Edward, Jazz y yo volveremos con papá y mamá. —Respondió el pequeño monstruito.
—Carlisle y Esme. Te explico luego. —Le dijo Bree a Diego en respuesta a una pregunta que no oí.
—Yo… creo que deberías contarles todo y explicarles lo de Medianoche. —Murmuré en voz baja. Yo ya tenía previsto regresar al internado Medianoche, Bianca insistía en que quería preguntarme algo importante. Y también deseaba ver a otros de mis amigos. Pero tal vez Fred no quisiera venir, probablemente Bree cambiaria sus planes ahora que se había reencontrado con Diego. Me sentí… asustada, de pronto me dio mucho miedo que decidieran que no querían venir conmigo.
—Claro. —Concordó mi amiga Bree.
Alice comenzó a hablar de una fiesta, esta chica jamás desaprovechaba una oportunidad para tirar la casa por la ventana. Yo seguía como desconectada pero volví bruscamente a la realidad cuando caí en la cuenta de que ¡los Cullen estaban por marcharse! Y luego Bree y sus amigos me dejarían… me quedaría sola. Odiaba sentirme tan débil.
Casi salto sobre Edward para darle un gran abrazo de oso y un beso en la mejilla cuando dijo que se quedaría. Pero me contuve por un lado debido a que mi cuerpo no reaccionaba bien, tenía el cerebro desconectado de todo lo demás y por el otro lado lo que menos quería era que Fred tuviera la impresión equivocada.
—¿Vamos a tú casa? —Edward bajó la mirada para ver mis ojos, me dieron ganas de abrazarlo por segunda vez en menos de cinco minutos.
—Ajá. —¿Por qué no podía decir algo que no sonara como una idiotez? Quería llorar de la frustración.
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PDV de Bianca.
El cielo se coloreaba de rojo. Estar en un bosque frondoso a la hora del crepúsculo me hacía imaginarme estar atrapada dentro de una pintura exhibida en un prestigioso museo. El ulular de los búhos y el castañeo de los dientes de las ardillas me llevaban a un cuento de hadas. Estaba soñando despierta con usar un vaporoso vestido para ir al baile y encontrarme ahí con mi príncipe azul. No fue difícil verme disfrazada de princesa, con antifaz y todo el teatro; lo que no me convencía era visualizar a Lucas con las ropas que usan los nobles en las películas, creo que ese no es su estilo. Lucas es más rebelde, aventurero y natural.
—¿No es genial el trabajo de Bella? —Vic me sacó de mi ensoñación.
Paseábamos por los alrededores del internado Medianoche disfrutando del aire fresco. El alegre carácter de Vic era una de las pocas cosas que daba luz a este lugar.
—La verdad me da un poco de miedo. —Admití.
—¡Es como estar en una película de acción! —Vic fingió tener una ametralladora entre las manos y empezó a hacer ruiditos como de disparos.
—Yo creo que más bien es como una obra de teatro dramática.
—¡Aventura y misterio! —Vic saltaba y corría como si estuviera enfrentándose a un dragón con una espada o eso me pareció a mí, quizá él veía un trol.
—Tragedia. —Murmuré.
Vic paró de jugar y sonriendo pasó un brazo sobre mis hombros.
—Quizá lo que a ti te gusta es el romance. —Dijo alzando las cejas coquetamente, eso me hizo reír con ganas.
Mis carcajadas eran tan sonoras que una parvada salió volando del árbol en que estaban parados. Sentí el calor en mi rostro, se me salieron las lágrimas de tanto reír y el estomago empezaba a doler.
—¿Sabes? Puede que tengas razón. —Admití aún entre risitas.
La bola de fuego se metió en el horizonte llevándose consigo la iluminación rojiza, dejándonos a merced de las criaturas de la noche que vagaban no sólo en el bosque sino también en el castillo.
—Oscurecerá pronto y no queremos que la señora Bethany se enfade con nosotros el primer día. —Sugirió.
Caminamos de regreso a la escuela en silencio, Vic aun tenía el brazo sobre mis hombros lo cual era bueno porque la noche comenzaba a refrescar. Nos despedimos en el pasillo, él se fue con su liviano andar a los dormitorios de los chicos y yo di media vuelta para dirigirme a mi propio dormitorio.
De repente sentí mucho frío, mis manos se helaron y me costaba mover los dedos, podía ver mi aliento pero lo que me congeló la sangre fue oír una risita a mis espaldas. Era una risa infantil, no terrorífica, sino la dulce risa de un tierno niño pequeño. Me volví como por reflejo. A varios pasos de distancia vislumbré a Vic, también se había sorprendido y pude notar el miedo en sus ojos, seguro que había pánico en los míos. Justo en medio de ambos, en el lúgubre pasillo de piedra un pequeño de tres años jugaba con una pelota roja.
Era como si él fuera ajeno a nuestra presencia, nosotros imaginarios y él real. La piel del niño era pálida, antinatural, tenía cabello negro y podría ser el pequeño más adorable que hubiera visto jamás, con hoyuelos en las mejillas y labios finos. Con sus manitas aventaba su pelota roja al suelo y ésta rebotaba, el pequeño reía e iba tras ella, el ciclo se repetía una vez y otra más. Mi corazón se aceleraba a cada instante, podía sentirlo golpeando contra mi pecho, casi era doloroso.
Tan rápido como llegó ese niño de la nada así desapareció. Se había desvanecido. Si mi cuerpo hubiera reaccionado habría corrido, si pudiera encontrar mi voz estaría gritando, nada de eso conseguí hacer, esa visión me había petrificado.
—¿Qué fue eso? —Susurré por fin, pero mi voz temblaba y notaba los labios resecos.
Le lancé una mirada ansiosa a Vic, también él había observado al risueño niño casi sin parpadear. Se veía tan sorprendido como yo pero no asustado.
—¡Chévere! Jamás había visto algo así aquí. —Exclamó sonriendo nerviosamente.
—¡Qué!
—Tranquila Bianca. —Despacio se acercó a mí y colocó una mano en mi hombro, intentando reconfortarme.
—¡Pero se esfumó en el aire! ¿Qué hace un niño en Medianoche?
—Jugando. —Respondió con toda naturalidad.
—¿Qué no acabamos de ver el mismo acto de prestidigitación? —Yo no daba crédito a la actitud confiada y pasiva del chico rubio enfrente de mí.
Con calma y lentitud para mi súbito ataque de adrenalina, me contestó:
—Sí. Ni más ni menos que un pequeño fantasma.
¿Qué acababa de decir? ¿Fantasma?
FELIZ DIA DEL AMOR A LA *AMISTAD* (:
Itzi
