Capítulo 8
Para você guardei o amor
Que nunca soube dar
O amor que tive e vi sem me deixar
Sentir sem conseguir probar
Sem entregar
E repartir
Aferré la mano de Emma y me guio al sótano de la casa. Cuando descendimos el último escalón y pude ver claramente su taller y todos los cuadros de mí que estaban por allí repartidos, me quedé boquiabierta, repasando con la mirada el sitio, y finalmente posándola en Emma.
«Me dibujaste» estaba perpleja «Me has pintado varias veces. ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo vienes pintándome?» miré profundamente sus ojos, emocionada.
«Desde la noche en que nos conocimos» admitió. Estábamos cerca, de pie, una frente a la otra.
«Por eso siempre te inventabas disculpas para no enseñarme tu taller…»
«Porque tenía miedo» me miraba a los ojos «Tenía miedo de que supieras lo que yo estaba sintiendo, porque yo misma tenía miedo de mis sentimientos, por eso he tardado tanto tiempo en admitirlos»
«¿Sentimientos?» yo estaba temblando
«Estoy completamente enamorada de ti, Regina»
«¿Enamorada de mí?» pregunté atónita, con los ojos desorbitados «¿Estás segura?»
«Pues claro que estoy segura. Estoy completamente enamorada de ti, y sé que no crees en esos amores de película, que crees que todo es una mentira y…»
«Yo también estoy completamente enamorada de ti» confesé, callándola
Emma me miró completamente asustada como si se hubiera llevado una descarga eléctrica.
«Tú…tú…»
«Shh, shhh» avancé en su dirección y cubrí sus labios con mi dedo índice «No digas nada, no. Solo bésame»
Emma me ofreció una radiante sonrisa, puso las manos en mi cintura de forma posesiva y me atrajo hacia ella, haciendo que nuestros cuerpos chocaran. Coloqué mis manos en su rostro y cerré los ojos cuando sus labios se pegaron a los míos. Emma me besó de manera apasionada, un beso más intenso que cualquier otro que nos hubiéramos dado antes.
Me apretaba las caderas y hacía que nuestros cuerpos quedaran tan pegados que tuve que ponerme de puntillas, porque ella era más alta. Pasé mis dedos por sus acaracolados cabellos, apretando su nuca mientras nuestras lenguas se acariciaban vorazmente, nuestras cabezas girando de un lado a otro sin parar.
Su mano subió a mi nuca y agarró fuertemente mis cabellos, haciéndome suspirar dentro de su boca. Apreté sus fuertes brazos y en medio de tantos intensos besos, fuimos moviéndonos hasta que chocamos con una enorme mesa de madera que había allí, tirando todo al suelo, y el estruendo provocado hizo que parasemos.
Cuando nos apartamos, yo estaba apoyada en la mesa y con mi blusa manchada por la parte de atrás de pintura. Emma intentó controlarse, pero comenzó a reírse al ver mi cara.
«¡Mi blusa! ¿Te ríes?» pregunté indignada y ella siguió «Ah, ¿vas a seguir riendo?» cogí sus pinturas y comencé a apretarlas, manchándome mis manos
«Regina, ¿qué piensas que…?»
Antes de que pudiera huir de mí, unté todo su rostro de pintura.
«Ríe ahora» dije de forma sarcástica y Emma me miró con una gran sonrisa
«¿Piensas que se va a quedar así?» cogió sus pinturas y yo salí corriendo, para protegerme al otro lado de la mesa «No sirve de nada correr, te voy a coger…»
«¡Emma, por favor, no!» grité, riendo a carcajadas
Para você guardei o amor
Que nunca soube dar
O amor que tive e vi sem me deixar
Sentir sem conseguir probar
Sem entregar
E repartir
Estuvimos corriendo unos dos minutos hasta que ella me agarró, manchándome toda. Manchó mi cara, toda mi blusa, mis brazos, pues sus manos estaban llenas de pintura.
«¡La madre que te…!» le di golpes en sus brazos, intentando librarme de Emma, pero ella me abrazó con fuerza por la cintura «¡Me has ensuciado toda!»
«¿Y yo no estoy sucia?» solté una carcajada al escucharla, y coloqué mis manos en su manchado rostro, descendiendo hasta su blusa, manchándola también «Maldita…¿qué hago contigo, eh?»
«¿Te lo tengo que decir?»
Ella movió la cabeza y me besó intensamente, agarrándome. Caímos sobre un sofá, que por suerte estaba forrado con una sábana. Su cuerpo fuerte cayó en peso sobre mí, provocándome ondas de calor. Envolví los brazos en su cuello mientras nos besábamos.
«Eres terrible, Emma Swan» susurré en mitad de los besos rotos «Muy terrible. ¿Ye te han dicho lo terrible que eres de una escala del cero al mil?»
Ella se echó a reír, y me besó la punta de la nariz, mirándome con sus lindos ojos verdes y su cara toda manchada.
«No, Doctora, nunca me lo han dicho. ¿Cuán terrible soy en una escala del cero al mil?»
«¡Sobrepasas el mil!» dije con exageración «¡Eres mil veces terrible, mil veces mil!»
«¿Mil veces mil?» selló mis labios, riendo «¿Dos mil veces, entonces? ¿Es eso?»
«No sé» dije confusa, riendo y sellando nuestros labios de nuevo «Soy de humanidades, no de ciencias exactas»
Quem acolher o que ele tem e tras
Quem entender o que ele diz
No giz do gesto o jeito pronto
Do piscar dos cilios
Que o convite do silêncio
Exibe en cada olhar
Nos echamos a reír y Emma me besó más vecesen los labios y yo la abrazaba con fuerza.
«Pensé que lo sabías todo, Doctora, pero estoy viendo que eres una burrita»
«Burrita tu abuela» golpeé sus brazos y ella rio, rozando nuestras narices «No soy muy fan de las matemáticas, solo eso»
«Aha, ya…»
«¡Payasa!»
«¡Linda!»
Agarré su rostro y la besé de nuevo, introduciendo la lengua en su boca con deseo. Emma me apretó con fuerza y cuando sentí su mano adentrarse en mi blusa y el clima entre nosotras calentarse, rodamos del sofá y caímos al suelo, yo encima de ella. Comenzamos a reír como locas en ese momento.
«Estamos locas» dije en medio de las carcajadas «Mira el destrozo y la porquería que hemos hecho aquí…» miré alrededor y no conseguía parar de reír.
«Después lo recojo todo»
«Si tus padres ven esto, van a pensar que estamos locas»
«¡Van a pensar que te pegué mi locura, eso sí!»
Guardei
Sem ter porquê
Nem por razao
Ou coisa outra qualquer
Alèm de nao saber como fazer
Para ter jeito meu de me mostrar
Nos miramos con los ojos relucientes y continuamos riendo por largos minutos hasta que Emma me besó de nuevo, pero fuimos interrumpidas por el ruido de la puerta, sus padres habían llegado.
(Emma)
Mis padres llegaron y nos pillaron a Regina y a mí manchadas de pintura, pero no pelearon con nosotras. Mamá fue a buscar una toalla para que Regina se tomara una ducha, pues no la dejaría volver "inmunda" a su casa. Subimos las escaleras y yo fui a coger una muda de ropa limpia para prestarle a Regina, lo que fue gracioso, pues yo era más alta, así que mis ropas le quedaban grandes.
Cuando Regina fue a tomar la ducha, yo intenté espiarla por el hueco de la puerta, pero la maldita debió haberlo previsto, y tapó el hueco con sus bragas.
A la hora de cambiarse, Regina vino a mi cuarto y no dejó que yo saliera, hizo que me girara de espaldas para poder cambiarse, pues no confiaba en dejarme afuera, porque iba a querer espirarla, así que en medio de las risas, me giré, y dejé que se vistiese.
Después fue mi turno para ir a la ducha. Cuando entré en el cuarto solo con la toalla y con los cabellos recogidos en un moño, Regina me miró de pies a cabeza, toda aturdida, sentada en mi cama.
«Esa ducha no está calentando bien» dije, mientras caminaba hacia mi armario. Me quedé de espaldas a Regina, abrí un cajón y saqué unas bragas que me puse delante de ella, sin importarme «Tengo que hablar con mi padre para que la cambie…»
Dejé caer mi toalla al suelo, quedando solo en bragas.
«¿Qué…estás haciendo?» preguntó Regina balbuceando y yo solo giré mi cabeza para mirarla.
«¿Cambiándome?» le sonreí sarcásticamente antes de coger un sujetador y ponérmelo
«Eres terrible…» la escuché murmurar y reí bajito, mientras me ponía unos pantalones y una blusa.
«Por lo menos ahora tu madre ya no te va a matar» dije, dándome la vuelta y yendo a sentarme a su lado «¿Ya pensaste si hubieras aparecido vestida de aquella manera? ¿Toda sucia?»
Regina rio, moviendo la cabeza
«Ni quiero pensarlo. Con lo loca que anda…»
«No te preocupes, cariño. Yo no voy a dejar que te haga daño» cogí su mano, que estaba encima de la cama, entre las mías «Mientras yo viva, voy a protegerte»
«¿Sí?» preguntó con un brillo en sus ojos, mirándome «¿Sabes que yo también, verdad? Jamás dejaré que nada malo te pase…»
Silencio.
Nos quedamos mirando hasta que nuestras bocas fueron aproximándose, pero fuimos interrumpidas por mi madre que traía una bandeja con bocadillos y jugo.
«Disculpen que interrumpa a la parejita» dijo avergonzada, con su sonrisita amorosa y yo la miré como si la reprendiese «Pero pensé que tendrían hambre»
Colocó la bandeja encima de la cama, dio media vuelta y salió
Regina se echó a reír mientras comíamos.
«¿Qué pasó?»
«Tu madre es tan graciosa…» comentó, risueña «Se quedó avergonzada por interrumpirnos y encima dice que somos una pareja»
Dejé de comer en ese mismo instante, sintiéndome irritada con su comentario y Regina se dio cuenta.
«¿Y cuál es la gracia de que piense que somos una pareja?» pregunté ofendida
«Gracia ninguna, solo me pareció divertida su manera…» dijo concierto recelo «¿Por qué estás enfadada?»
«¿Quién dice que estoy enfadada?» me enfurruñé sin darme cuenta y Regina rio
«Mira esos morritos. Te conozco, Emma Swan. No te enfades conmigo» me pidió en un tono encantador, poniendo también morritos «Solo estaba comentando lo de tu madre, no quería ofenderte»
«Está bien, yo que soy una idiota por enfadarme al haber comentado tú eso. Claro que es gracioso que mi madre imagine que somos una pareja, ¿cómo una mujer como tú iba a querer ser mi novia…?» dije con tristeza, sintiéndome la peor de las personas, hasta bajé la cabeza para no mirarla a los ojos
«Hey, ¿qué es eso?» Regina me alzó delicadamente el rostro, haciendo que la mirara «No digas tonterías, Emma. Por si es de tu interés, nada me haría más feliz que ser tu novia…»
Al escuchar aquello, la miré asombrada y Regina me sonrió dulcemente
«Eso, claro está, si no estás demasiado enfadada para ser mi novia»
«¡No, no, claro que no! ¿Quién está enfadada aquí?»
Nos reímos y entonces la besé despacito y poco a poco nuestro beso se volvió intenso. Atraje a Regina a mi regazo y ella se arrodilló en la cama, encajándose en mi regazo con las manos en mis cabellos. A causa del entusiasmo, mis manos se deslizaron hacia su trasero, apretándolo firmemente, y Regina me miró, jadeante, con el rostro colorado. Le di una mordida en su cuello, y se ella se estremeció toda, apretando mis brazos.
«Emma…» susurró jadeante «Tengo que marcharme…»
«No» protesté, besando su cuello hasta su oreja, dejándole la piel de gallina, ella se movía sin parar en mi regazo, volviéndome loca «No, no te vas, amor. Quédate…»
«No puedo» gimió, con los ojos cerrados, abrazándome con fuerza «Tengo que irme porque si me quedo aquí eres capaz de hacer una locura…»
«¡Las locuras son geniales!» dije, arrancándole una carcajada
«Es serio, Emma. No podemos hacer esto aún» miré sus ojos y sonreí, comprensiva, asintiendo
«Es pronto, lo sé. Y no tengo ninguna prisa. Soy una artista y tú psicóloga, podemos conversar el resto de la vida, no necesitamos sexo. ¡Los temas son inagotables!» dije de buen humor, rompiendo el hielo, haciendo que Regina se echase a reír
«Eres una payasa»
Regina se despidió de mis padres y yo la acompañé a su casa, dejándola en el umbral, sana y salva. Y allí nos besamos de nuevo, como una pareja de enamorados del siglo pasado que enamoran en la puerta de la casa.
«Cuídate, amor» susurré, dejándole un beso en la punta de su nariz «¿Te veo mañana?»
«¡Siempre, siempre, siempre!» abrazó mi cuello, y me llenó de besitos «Ciao, amor»
Sonreí al escucharla llamarme amor y me quedé suspirando mientras veía a Regina entrar en su casa toda sonriente
Achei
Vendo em você
Explicaçao
Nenhuma isso requer
Se o coraçao bater forte e arder
No fogo o gelo vai queimar
(Regina)
«¿Quiere eso decir que mi hermanita está de novia?» me fui a meter en el cuarto de Zelena y conversar con ella, pues ella tenía más experiencia que yo y podría ayudarme «¡Qué gracia!» dijo de forma guasona y yo le tiré una almohada.
«¿Solo tú puedes acaso ir de novia?» le enseñé la lengua
«¿Quién dice que yo voy de novia?»
«Ah, olvidé que eres la ligona de Storybrooke» solté guasona «No sé cómo no te has metido en grandes problemas por eso. Hasta con las que están comprometidas te enrollas…»
«Soy una experta, y no estamos aquí para hablar de mí, ¿no?» se cruzó de brazos. Estábamos una frente a la otra, yo apoyada en el cabecero de su cama y ella a los pies «¿Estás feliz?»
«Mucho, Ze. ¡Emma es increíble! ¿No te he dicho que se me declaró en su taller y estaba todo lleno de pinturas de mí?» suspiré «Tiene unos veinte cuadros…Me ha pintado de diferentes maneras…»
«Eso es increíble, y romántico. Nunca sospeché que Emma fuera tan romántica. Pero ya sabes que a la señora Cora no le gusta para nada tu pintora romántica, ¿no?»
«Lo sé, y por eso estoy con miedo…No quiero tener que esconderme, pero tengo miedo de lo que pueda hacer. No voy a separarme de Emma por culpa de mamá»
«¡Ni debes hacerlo! Nuestra madre es una retardada…» dijo, haciéndome reír
«Pero aun así es nuestra madre»
«Pero eso no la convierte en santa, ni le da derecho para jodernos nuestras vidas, así que no seas idiota, Regina. Qué se joda todo el mundo, e ignora todo lo que te va a decir o hacer, y sé feliz, ¿ok? Te lo mereces»
Le sonreír de oreja a oreja, asintiendo.
«Gracias por el apoyo, Ze. Voy a escuchar tus consejos. Además, necesito muchos consejos, porque soy una inexperta, ya lo sabes»
«Inexperta en el amor y en el sexo, ¿no, hermanita?» me soltó, haciéndome que mis mejillas se sonrojasen «Ay, aún no me conformo con que mi hermana mayor sea virgen. Eso es un alucine»
«¡Qué bruja eres!» le tiré otra almohada y Zelena la agarró riendo
«Es verdad, ¡lo encuentro lindo! ¿Ya hablaste de eso con Emma?»
«Ella también es virgen»
«La madre que me parió…» dijo en tono alto, preocupándome
«¿Qué pasa?»
«¡Son tan parecidas!» me eché a reír «Mira, o será el peor sexo de vuestras vidas o será el mejor de todos. Dos vírgenes…Dios mío, ¿qué mundo es este?»
«¡Un mundo menos pervertido y vulgar que el tuyo!» respondí medio borde, pues estaba ligeramente ofendida con sus comentarios, pero Zelena ni caso hizo
«Bueno, te recomiendo que por lo menos vean algunas pelis porno antes de ir por ahí follando, ¿eh?»
«¡Soy muy torpe y tímida, no sé cómo voy a hacer eso!» dije, sintiéndome ridícula, poniendo las manos en mi rostro «Si hago todo mal, Emma es capaz de nunca más querer verme. Si hubieses escuchado el discurso artístico que hizo sobre el sexo…»
«No seas boba, Regina. Nadie nace sabiendo hacer algo, sino que aprendemos. Y Emma también es virgen. Pueden aprender juntas, y eso es fantástico. Debe ser una experiencia increíble, así que en vez de preocuparte, relájate y aprovecha. No tengas prisas, ve con calma. Aún están en el comienzo…»
«Tienes razón» dije después de reflexionar sus palabras «Voy a calmarme y a dejar que las cosas pasen, sencillamente. Será como tenga que ser»
«¡Eso es!»
(Emma)
Llamé a mi madre para mantener una conversación y le conté lo que había sucedido entre Regina y yo, que nos habíamos declarado y decidido comenzar a salir juntas, y su reacción fue la mejor posible
«¡Siempre supe que acabarían saliendo juntas!» dijo ella, toda convencida «Era más que evidente, eras tú la que te ponías toda pretenciosa a negarlo todo…»
«No era pretenciosidad, mamá. Es solo que…nunca me he enamorado antes. ¿Cómo podría saberlo?»
«Nuestro corazón siempre lo sabe, Emma» colocó la mano sobre mi pecho «No importa lo que pase, nunca te olvides de escuchar a tu corazón. Él sabe lo que es mejor para ti, sabe dónde está tu felicidad. A veces nos quedamos con miedo de escuchar la voz de nuestro corazón y acabamos cometiendo errores, y aunque eso suceda contigo, no tengas miedo de admitir que te has equivocado y vuelve atrás»
Me emocioné con sus palabras y asentí con la cabeza, cogiendo su mano en mi pecho y besándola cariñosamente.
«No sabía que fueras medio filósofa» dije bromeando, haciéndola reír
«No soy filosofa, pero creo que tengo algunas cosas aún para enseñarle a mi hija»
Estábamos sentadas en la mesa de la cocina, comiendo pastel de chocolate y conversando de forma amorosa hasta que mi hermano August surgió de la nada, sorprendiéndonos. Hacía algunas semanas que no aparecía por casa.
«¡Hijo mío!» mamá se levantó y fue corriendo a abrazarlo «¡Desaparecido! ¡Hijo ingrato! Si no te llamo yo, ni quieras das señales de vida…¿sabes cuánto tiempo hace que no vienes a casa?»
August rio abrazando a mi madre y yo me levanté para darle también un abrazo.
«Disculpa. Este último tiempo el restaurante ha sido un caos, pero no me olvido de ti, de ninguno de ustedes»
Mamá lo soltó y August vino a abrazarme
«Estás grande, eh, muchacha» dijo, mientras nos abrazábamos «Te he echado de menos»
«Yo también» lo apreté con fuerza «He echado de menos a mi hermano mayor que me cocina los mejores platos»
«¿Solo has echado de menos mi comida, eh?» restregó su mano en mis cabellos y yo lo empujé «Abusona. ¿Dónde está papá?»
«¿En dónde crees que está si no es aquí?» mamá puso un trozo de pastel en un plato, y se lo paso a August «En la comisaria, obviamente»
«Yo también debería estar allí» dije medio preocupada «Pero me escapé»
«Ya, papá me comentó que aceptaste trabajar con él. Me resultó extraño, porque no tiene nada que ver contigo. ¿Te gusta?»
Volvimos a sentarnos a la mesa los tres y seguimos conversando. Le conté a August lo que hacía en la comisaria, y a pesar de no haberle dicho nada más, él notó que no me gustaba para nada y por eso me llamó aparte para hablar afuera cuando estaba a punto de marcharse.
«Emma, sé lo persuasivo y dominador que puede ser papá cuando quiere, pero no dejes que su deseo se domine sobre el tuyo. Eres una artista, y es lo que te gusta hacer, no dejes que él te quite eso. David tiene que aceptarte tal y como eres, igual que me aceptó a mí y a Neal, que solo hace tonterías, tiene que aceptarte a ti también»
«Tendría que hacerlo, pero aún no lo ha hecho» suspiré «Tiene mucha reticencia conmigo y no sé qué hacer. Acepté este empleo porque no puedo soportarlo más hablando en mi oreja, gritando. Estoy cansada de pelear, por eso creí mejor ceder un poco. Pero no voy a renunciar al arte»
«Eso es. No renuncies. Somos diferentes, todos, pero somos hermanos. Somos una familia y la familia es para siempre. Si me necesitas, yo siempre voy a estar aquí, aún con esta vida de locos, siempre voy a estar, ¿ok?»
August me dio la mejor de sus sonrisas y yo lo abracé, agradecida por tenerlo.
«Ok, August»
