Hermione miraba a su alrededor con preocupación. Estaba segura de que ese misterioso espejo, tenía mucho que ver con lo que estaba sucediendo en aquella casa. Winky iba y venía con los quehaceres de la casa. ¿Por qué ya ni siquiera sonreía cuando le pedía algo? Se sentía tan extraño el ambiente. Seguramente Snape había maleado la situación a su favor con ese bendito espejo.
Tenía que averiguarlo.
Suspirando se levantó de la cama y volvió a notar que Snape trabajaba sin dejar de fumar. Si esa era una realidad alterna, ¿por qué fumaba? ¿Acaso quería decirle algo, con ese tema de fumar ? No lo comprendería a no ser que supiese de qué trataba el asunto del espejo. Meditó con detenimiento y supuso que necesitaba visitarlo.
Severus estaba en el salón, leyendo el profeta. Ya no se preguntaba por qué era diez de mayo, ya sabía que él se traía algo entre manos y no insistiría en las fechas. Con un suspiro de frustración, comenzó a trazar su plan de acción para desenmascararle.
Bien... seguía sintiéndose como una especie de película muggle.
Hermione caminó hacia el salón, fingiendo normalidad, Severus se levantó de inmediato y le dio un modesto beso. No se acostumbraba, pero lo mejor era no reñir con él. El hombre la contempló y sonrió levemente. Ella meditó el como debía bajar las escaleras, sin que él se quejara al respecto, quizá hasta sin caerse.
Mientras meditaba, Winky pasaba a su lado y le entregaba a Snape un vaso de una bebida que ella no precisó. Lentamente Winky colocaba el vaso en una mesa y con una pequeña reverencia, se alejaba hacia la cocina. Ella tuvo una idea al ver aquello.
- Winky...- dijo y la elfina se dio la vuelta para contemplarla. Ya no era lo mismo, estaba tan vacía como un tronco hueco.
- Señora Hermione.
- Necesito que me hagas un favor- le dijo y ella, asintió con sus enormes orejas, dando saltos de un lado al otro.
- Winky oye...
- Winky, necesito que distraigas al señor Snape. Es que quiero hacerle un regalo y quiero esconderlo para que no sepa.
- ¿Un regalo? El señor Snape nunca habló de regalos.
- Es algo sorpresa. ¿Me harías ese favor?
- Si la señora insiste, Winky lo hace.
- Gracias Winky.
Hermione esperaba que eso funcionara. Con una sonrisa suave, observaba a Winky que le pedía ayuda a Snape para cargar unas cajas de pociones. Curiosamente Snape se levantaba a ayudarle. ¿Qué él ni sospechaba de que su perfecto mundo estaba cambiando? Ladeó la cabeza y miró en dirección a las escaleras. Debía bajar y comprobar qué hacía ese misterioso espejo y cómo revertirlo. Lentamente y con su varita en mano (que curiosamente había encontrado, en el cajón donde buscó por primera vez, el de abajo) y colocaba sus pies con cuidado. No quería caerse ni mucho menos alertar al hombre.
- Bien, ya casi llegamos- dijo cuando faltaban unos pocos escalones. Ladeó la cabeza para mirar si Snape estaba allí, pero no estaba en ninguna parte. Winky sí que sabía mentir... ¿o quizá simplemente las cosas iban a cambiar? No precisaba
Se detuvo frente al espejo y miró a su alrededor, no parecía haber nada raro. ¿Cómo se suponía que Snape lo atravesaba? Lentamente colocó sus manos sobre el mismo y trató de meditar. Estando en eso, una de sus manos resbaló y ella también.
¡Estaba dentro del famoso espejo! Pero ya no había nada, solo oscuridad.
- Winky, ¿dónde está mi esposa?- preguntó Snape y Winky señaló las escaleras hacia el sótano- Winky, ¿por qué ella está abajo?
- La señora Hermione indicó que tenía un regalo para usted y quería que fuese una sorpresa. Winky no supo qué hacer.
- ¿La dejaste bajar?- preguntó Snape y Winky asintió en silencio. Severus ladeó la cabeza hacia el sótano y comenzó a bajar las escaleras.
Hermione miraba hacia todas partes. Allí se encontró a sí misma y se sorprendió en sumo grado. Todos parecían dormidos. ¿Por qué estaban todos allí y parecían hasta estr muertos? No lo comprendía y no quería acercarse a su cuerpo y auto despertarse. Se acercó levemente y apenas se rozó, sintió como su piel se erizaba. Sintió como sus dedos dibujaban formas en su cuerpo dormido. Algo estaba pasando en ese espejo y mientras pensaba, Severus había entrado.
- Hermione, mi amor... ¿dónde estás?- escuchó y ella sabía que debía ocultarse- no me gustan las sorpresas. Dime ya dónde estás.
Tuvo que pensar rápidamente, encontró un armario y allí se encerró. Con mucho miedo, esperaba que Snape no notara que la única cosa viva que estaba en ese lugar era ella. Severus registró todos los cuartos de una casa que idénticamente, lucía a la que tenían en aquella realidad ficticia. Intentaba no respirar para evitar ser descubierta, Severus miraba por todos los recovecos. No tardaría en hallarla.
- No te puedes ir sin mí y lo sabes. Te amo, eres mi esposa y debes estar conmigo. Voy a encontrarte y luego tomaremos una taza de té. ¿No te parece?- Le dijo y Hermione observó que su túnica sobresalía. Se apresuró a meterla dentro de armario pero su movimiento hizo ruido, gracias a la puerta de madera de aquel armario. Severus dirigió su atención hacia el sonido- Ya te encontré...
Hermione tenía que pensar en algo rápido. Sacó su varita y decidió aparecer en la habitación de aquella casa ficticia. Al menos, Severus no la mataría tan pronto. Rápidamente pensó en el conjuro y parecía que su magia funcionaba, de pronto se encontró dentro de la habitación principal. Inspiró nerviosa y observó a Winky que estaba parada mirando a la nada. Supuso que Snape no le había dado otra instrucción y no tenía nada en qué pensar. Eso le daba miedo.
Severus subió las escaleras en poco tiempo y ella se mantuvo en la habitación. Al verla simplemente la tomó del brazo y la levantó de aquella cama. No le gustaba que se burlara de él al parecer. Hermione no dijo nada y trató de no mirar su fulgor amenazante, lo podía ver a través del espejo de la cómoda en la habitación.
