CAPITULO 8
Pansy Parkinson caminaba dando seguros pasos hacia el lugar de reunión pactado. Sin embargo, no se sentía orgullosa ni a gusto con el giro que había dado su vida.
El anterior fin de semana, sus padres la habían retirado del colegio, con la excusa de un casamiento en la familia al cual Pansy no podía faltar bajo ninguna circunstancia. Pero el motivo por el cual lo hicieron, estaba muy lejos de ser una alegre celebración como esa.
Los señores Parkinson fueron a buscar a su hija a Hogwarts para que ésta se convirtiera en leal seguidora del Señor de las Tinieblas.
Pansy fue sometida a incontables pruebas que preferiría olvidar, para ver de qué lado estaba su lealtad, y, quedando satisfecho el Señor Tenebroso con sus resultados, agrego un seguidor mas a sus filas. Pansy Parkinson llevaba en su brazo izquierdo la inconfundible Marca Tenebrosa. Su pálida piel contrastaba con la imagen de la serpiente saliendo de la boca de una calavera, para enroscarse en la misma.
En este mismo momento, se dirigía a una reunión con otros alumnos de Slytherin de su curso que también fueron recientemente convertidos en mortífagos, formando parte de un pequeño ejército infiltrado en Hogwarts.
Entró en el pequeño salón, adornado con los colores de su casa, le sorprendió no haber estado allí antes, siendo ella una prefecta, debería tener conocimiento del lugar.
-Al fin llegas, Pansy, te estábamos esperando.- Zabinni la saludo con una inclinación de cabeza y con un gesto de su mano la invito a sentarse en una butaca vacía, a su lado.
-Zabinni.- saludo Pansy con frialdad. A pesar de que Pansy había terminado con él, Blaise la seguía persiguiendo y tratándola como una reina.
-Bien, ya estamos todos aquí.- comenzó Astoria. Todos los presentes asintieron.- El Señor Oscuro nos encargó una misión, la cual me fue notificada a mí, por medio de mis padres.- añadió orgullosa.
-Me alegro por ti y tus padres, Greengrass, pero no tengo todo el día así que ve al grano y dinos cual es la misión de una vez.- exclamó Pansy exasperada.
-Parece que estás celosa de que ni siquiera te tienen en cuenta, Parkinson, pero eso no es de mi incumbencia.- añadió con desdén.- nuestra misión es facilitarles la entrada al colegio a los demás mortífagos para que puedan tomar el control del mismo. Nosotros participaremos en la batalla, pero ninguno podrá tocar ni a Potter ni a sus dos mejores amigos. A Potter lo quiere nuestro Señor, sano y salvo, Bellatrix se encargara de Weasley y la sangre sucia es para Grayback.
-¿Por qué Granger es para Grayback?- preguntó Nott.
-Oí decir por ahí, que la sangre sucia es más deliciosa que cualquier otra para Fenrir Grayback y que hace rato que va tras el pescuezo de Granger.- contestó Zabinni.
-En fin.- continuó Astoria.- cuando me informen la fecha del ataque, les avisaré para que esté todo planeado y resuelto, no podemos fallar, nuestras vidas y las de nuestras familias corren riesgo.
Todos los presentes en esa aristocrática sala asintieron, sintiendo como un gran peso caía sobre sus hombros. La responsabilidad de tener que entregar las vidas de otras personas a cambio de las de sus familias no era normal en jóvenes como ellos, pero la vida no era justa, y esas cosas sucedían.
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-Lo detesto.- Hermione rompió el silencio entre Draco y ella, habían llegado caminado tomados de la mano a una de las torres desde las que se podía ver gran parte de las extensiones del castillo.
-No vale la pena que pierdas tu tiempo sufriendo por él, Granger, ya te lo dije.- murmuro Draco, penetrándola con la mirada.
-Lo sé, pero… ¿es que no puede tener un poco de consideración? Es de muy mal gusto lo que ha hecho.- contesto Hermione, sentándose en el alfeizar de una gran ventana y cruzando los brazos.
Draco no pudo evitar admirar lo hermosa que se veía con la luz del atardecer iluminando el costado derecho de Hermione. Levemente ruborizada por el enojo, lo que la hacía verse encantadora. Y, para completar el combo, los almendrados ojos de la castaña brillaban con intensidad, debido a su furia.
-En lo único que Weasley tuvo buen gusto en su vida, fue en elegirte a ti como novia.- comentó Draco, con una media sonrisa.
-Gracias por el cumplido, Malfoy, si es que lo dices enserio.- contesto Hermione luego de lanzar una carcajada.
-Lo digo enserio, eres muy linda.- le dijo Draco, poniéndose serio y mirándola fijamente.
Hermione se sonrojó y desvió la mirada. Malfoy se acercó a donde se encontraba la castaña y apoyó una mano en el muro, junto a la cabeza de la chica, con la otra mano tomó su barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos.
-Y te ves aun más linda cuando te sonrojas, si es que eso es posible.- dicho esto se inclinó y depositó un beso en la mejilla de Hermione, para luego soltarla y sentarse junto a ella.
-Nunca creí que oiría esas palabras de tus labios.- le dijo Hermione, aun sonrojada y con la mirada perdida en algún punto de los jardines.
-Ve haciéndote a la idea, porque pienso repetirlo muchas veces más, Granger.- contesto Draco, sin dejar de mirarla.
-Gracias.- Hermione lo miro a los ojos y añadió:- por todo.
-Es un placer.
Hermione volvió a dirigir su mirada hacia el bosque prohibido, el cual se veía inofensivo desde esa distancia. Se hizo el silencio entre los dos, pero lejos de ser incómodo, era agradable. Aquella tranquilidad que sentían cuando estaban juntos, era el bálsamo para sus mentes.
-¿Malfoy?- murmuró Hermione, aun sin mirarlo.
-¿si?- contestó el rubio, quien nunca había apartado la mirada del rostro de la Gryffindor.
-Me gustas.
El cerebro de Draco tardó en asimilar aquellas dos palabras, que habían sido susurradas por la castaña como si de un comentario cualquiera se tratase. Su corazón se aceleró y tuvo miedo de que ella lo escuchara, quería parecer calmado, aunque su boca se hubiera secado y su mente había quedado en blanco.
Ella seguía sin mirarlo, con su espalda regargada en el muro, sus manos sobre su regazo, las piernas cruzadas, mientras balanceaba un pie de un lado a otro. Tan tranquila, tan magnética, tan bella.
Temía haber escuchado mal, una persona no puede hacer una confesión así y estar tan calmada, sobretodo alguien como ella. Si mal no la conocía, tendría que haberse ruborizado hasta la coronilla. Además, orgullosa como era, le sorprendía que haya admitido que le gustaba alguien como él, su eterno enemigo.
-¿A qué te refieres?- preguntó con voz ronca, por la ansiedad.
-Ya sabes.- Hermione la quito importancia con un gesto de la mano.- Cada vez que estoy contigo, o, mejor dicho, cada vez que me rescatas, me siento bien. Tú haces que me olvide de todos los problemas, o que parezcan pequeños. Me alegro cuando estoy contigo, Malfoy.- finalmente ella lo miró y con una radiante sonrisa en su rostro lo abrazó con fuerza, cruzando sus delgados brazos en la nuca de Draco.
Draco tardó en reaccionar, no sabía por qué, pero con ella no podía ser el arrogante y seductor conquistador que fue con otras. Finalmente, rodeo la estrecha cintura de Hermione con sus fuertes brazos, dejando que el aroma a miel que ella despedía lo inundara y lo aturdiera por completo. Luego, con una mano, acarició el cabello y la espalda de la castaña y depositó un suave beso en su cuello.
Sin dejar de abrazarlo, Hermione lo miró a los ojos un instante, para luego recorrer con su mano la mejilla izquierda de Draco, delineando sus rasgos y haciendo que el rubio cerrara los ojos, deleitándose con la caricia.
Draco se moría de ganas de besarla, los carnosos labios de ella lucían apetecibles, rojos. Quería sentirlos en los suyos, descubrir su sabor, pero se contuvo, no quería arruinar los avances que había hecho hasta ahora con ella, se había ganado su confianza y no quería que Hermione pensara que solo lo hacía para aprovecharse de ella.
Se tomaría su tiempo, pero finalmente valdría la pena.
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-Harry, hazme el favor de decirme qué te sucede y quédate quieto de una buena vez.- exclamó una exasperada Ginny, cansada de ver a su novio ir y venir por toda la sala común.
-es Hermione.- contestó este, pasando una mano por su alborotado cabello, despeinándolo aun más.
Ginny hizo un gran esfuerzo por ignorar lo sexy que se veía Harry tan despeinado y preguntó:
-¿qué sucede con Hermione?
-Eso quisiera saber yo. No sé si está mal por lo que sucedió con Ron, o es otra cosa. Hoy en clases estaba algo extraña, supuse que era porque Ron y Lavender estaban sentados en el mismo pupitre y conversaban animadamente, Hermione se excusó conmigo diciendo que tenia algunos asuntos femeninos que resolver, pero no la volví a ver en la hora siguiente, no sé donde se ha metido.
-Tal vez necesite estar sola, Harry.- contestó Ginny.
-¿Y si no es eso? ¿Y si algo esta sucediéndole y nosotros, sus amigos, no nos damos cuenta? ¿Y si está metida en algo malo y nos lo quiere mencionar? ¿Y si alguien la está obligando a algo? Puede suceder perfectamente, Ginny, y tu bien lo sabes, porque cuando sucedió lo de la cámara secreta en segundo, ninguno de nosotros se dio cuenta hasta que casi fue demasiado tarde y Voldemort te tenía en sus manos.
-Bien, si no vas a estar tranquilo hasta que sepas donde está, tienes dos opciones.- Ginny se puso de pié y con sus dedos enumeró:- la primera, es salir a buscarla por todo el castillo gritando su nombre y la segunda, es ir a tu habitación, buscar el mapa del merodeador y sabrás donde se encuentra.
-Pero eso sería espiarla.- murmuró Harry.
-Siempre puedes elegir la otra opción, Harry.- contestó Ginny, sonriente.
-Mejor esperaré a la próxima clase, si no aparece, recurriré el mapa.
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Ron caminaba alegremente, tomado de la mano de Lavender, quien resultó ser una agradable compañía e hizo que se olvidara momentáneamente del dolor que sentía por la pérdida de Hermione.
Nunca se había fijado en lo divertida que era, ni en los comentarios que hacía, ni en sus rojos labios, o la curva de su cuello, la sensualidad y el movimiento de su cabello. Pero lo que más le fascinaba, era cuanto sabia de Quidditch. Se habían pasado toda la mañana intercambiando ideas sobre los diferentes equipos y jugadas. Le sorprendió que no jugara en el equipo de Gryffindor, pero cuando le preguntó por qué le dio toda una perorata sobre que era para hombres y que ¡por dios! ¿Cómo había chicas que jugaban?
-¿Cuál es tu clase favorita?- le preguntó Ron a Lavender.
-Pociones, aunque a veces Snape la hace un poco aburrida e incómoda.- contestó la rubia.- ¿La tuya?
-Pociones definitivamente no y te imaginarás por qué.- Lavender no pudo evitar reír ante el comentario.- mi favorita es historia de la magia, puedo dormir por dos horas seguidas sin interrupción.
-¡Por dios! Eres un desastre, Ronald Weasley.
-Lo sé, es tu turno de preguntar.- contestó Ron.
-Hmm, dime tu color favorito.
-Rojo ¿Y el tuyo?
-Violeta. Tu turno.
-¿Cuál es tu comida favorita?- preguntó el pelirrojo.
Lavender lo pensó unos instantes y contestó:
-Pollo, acompañado de cualquier ensalada ¿La tuya?
-¡Todas!- exclamo Ron. Ante lo cual ambos estallaron en carcajadas.
Y así pasaron el resto del día, conociéndose el uno al otro, discutiendo sobre chismes que Lavender le contó a Ron y que a este le parecían inverosímiles, comentando sobre sus distintos gustos, sobre las parejas de Hogwarts y cosas por el estilo. Lavender le permitió olvidarse de Hermione por un momento y le permitió tener una tarde divertida y diferente.
Entraron en su sala común y se encontraron con Harry y Ginny, hablando. Harry parecía algo consternado, se acercaron a ellos y se sentaron en un cómodo sofá, frente a sus dos amigos. Ginny estaba sentada, con las piernas cruzadas, en una butaca y Harry estaba de pie a su lado.
-¿Qué hay?- preguntó Ron.
-Nada nuevo.- contestó Ginny.- salvo que tu queridísimo amigo Harry no deja de preocuparse por Hermione, ya tiene varias historias armadas al respecto, en las cuales hasta aparecen hombres lobo, arañas gigantes, Lord Voldemort y algunas cosas más.
-Eso no es verdad, Ginny, solo estoy preocupado.- exclamó Harry, visiblemente molesto.
Ron se preocupó y no pudo evitar sentir culpa por haber pasado todo el día con Lavender, sin preocuparse de sus amigos. A pesar de todo, estaba seguro de que Hermione y él volverían a ser amigos, algún día, cuando todo esto pasase.
-¿Qué sucede con Hermione?- preguntó, serio.
-No lo sé, esta rara últimamente, me rehúye y desaparece, incluso falto a nuestra última clase, encantamientos.- contestó un apenado Harry.
-¿Y dices que no sabes dónde está?- inquirió el pelirrojo.
-No. Se excusó conmigo luego de la clase de pociones y no volví a verla.- informó Harry.
-¿Y ya la buscaste en el mapa?
-No, no quiero espiarla.
-¿Qué mapa?- inquirió Lavender.
-Un mapa que muestra la ubicación de todos en Hogwarts.- contestó Harry.
-¡Eso es genial! Tienes que mostrármelo.- exclamó la rubia, sorprendida.
-Más tarde, ahora debemos encontrar a Hermione.
Ron, Lavender y Ginny asintieron. Finalmente Harry los había convencido, de que Hermione estaba en algo raro.
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-Creo que no es necesario aclarar que tú también me gustas, Granger.- murmuró Draco al oído de Hermione.
-Me cuesta aceptarlo, Malfoy.- contestó Hermione, con la cara enterrada en el cuello de Draco, aspirando su perfume caro y varonil.
Draco se separó de Hermione, pero no quitó sus manos de la cintura de esta.
-Te he dado muchas razones indiscutibles. Mi padre murió, no hay nadie que me obligue a odiar a los hijos de muggles, o a creer en la pureza de sangre, es solo sangre y ya. Tú eres igual o mejor que yo en todos los aspectos, eres una excelente bruja, una brillante alumna y una estupenda persona. Sin contar el hecho de que eres bellísima y que aunque no te des cuenta todos se te quedan mirando, algo babosos, cuando pasas caminando.
-¡Eso no es cierto, Malfoy!- exclamó Hermione.- estoy muy lejos de ser una mujer deseable.
-Te puedo asegurar, Granger, que eres una de las más codiciadas del colegio.- contestó Draco, con un mohín de disgusto.
-¿Por qué pones esa cara?- inquirió Hermione.
-Por nada.- se apresuró a responder Draco.
-¡Dímelo, Malfoy!- Hermione cruzo fuertemente los brazos, visiblemente enfadada.
-De acuerdo.- Draco bajó la mirada y murmuró:- no me gusta que los demás hombres te miren. Yo nunca fui celoso, pero a veces, cuando veo como te miran algunos hombres, me dan ganas de molerlos a golpes, ni hablar cuando sus caras dejan notar lo que están pensando.
Hermione no pudo evitar estallar en carcajadas. ¿Draco Malfoy celoso de ella? Era inaudito, inconcebible.
-¿Se puede saber de qué te ríes?- preguntó Draco, taladrándola con la mirada.
-No…puedo…creerlo- logró articular Hermione, entre risas.
-¿Qué cosa?
-Que tengas celos, Malfoy. Te creía la persona más desinteresada del planeta.
-Pues ya ves que no. Me molesta que otros te miren, y mucho.
Hermione sonrió y, tomando la cara de Draco con ambas manos, le dio un sonoro beso en la mejilla. Provocando que el rubio volviera a abrazarla fuertemente por la cintura.
-Es hora de irnos a clase, Granger, ya nos salteamos encantamientos, no creo que quieras perderte historia de la magia.
-Claro que no.- Hermione se puso de pie y obligo a Draco a hacer lo mismo.- vámonos.
Ambos salieron de la torre y se encaminaron a su clase. Hermione cargaba la mitad de sus libros en sus brazos, ya que su mochila ya estaba llena, por lo que Draco se los quito de las manos para poder llevarlos él.
-¿Qué haces?- preguntó Hermione.
-Llevas el doble de tu peso en libros, Granger ¿Qué clase de caballero sería si no te ayudara?
-Eres increíble.- murmuró Hermione, negando con la cabeza. Malfoy soltó una carcajada.
Aquel sonido era como el coro de los ángeles para Hermione. Malfoy era más bien serio y no solía reírse, pero cuando lo hacía, su risa era pura y sincera. Música para sus oídos.
Siguieron caminando y vieron aparecer por la esquina del pasillo a Harry, Ron y Ginny, algo exaltados y con sus cabellos alborotados, sobretodo Harry. Al verlos, Ron y Harry se acercaron corriendo, sacando sus varitas para amenazar a Malfoy.
-Aléjate de ella, hurón.- exclamó Harry, impregnando cada una de sus palabras con un odio infinito hacia el rubio.
-¡Harry! El no me está haciendo nada malo.- dijo Hermione poniéndose delante de Draco.
-¡Claro que si, Hermione! ¡Aléjate de él!- grito Ron y luego intentó tomarla del brazo para quitarla de en medio.
-¡Tú no me toques, Ronald! No eres nadie para decirme con quien puedo estar y con quién no.- Ron la soltó como si hubiera recibido una descarga eléctrica, Hermione lo miraba con la frialdad impresa en el rostro y el odio en sus ojos. Luego dirigió su vista hacia Harry, ablandando su expresión.- Harry, estoy bien, Malfoy no me ha hecho nada, solo estábamos conversando, luego te explico.
Dicho esto tomó a Harry del brazo y lo obligó a entrar al salón, luego volvió donde Malfoy y tomó sus libros de los brazos del rubio.
-Gracias por llevarlos, Malfoy.- le dijo, sonriente.
-No hay por qué, Granger.- contestó el rubio, ante la mirada atónita de Ron.
Hermione se volteó para entrar en la clase, caminó entre los pupitres y se sentó junto a un consternado Harry que la miraba con reproche.
-Hermione Granger, quiero que me digas exactamente qué diablos hacías hablando con Malfoy como si fueran amigos.- Harry había puesto una mano en la mesa, frente a Hermione y otra en el respaldo de la silla de esta, acorralándola.
-El cambió Harry, su padre murió y ahora es libre de pensar lo que quiera, nunca le interesó la pureza de sangre ni nada de eso, solo eran las influencias de Lucius Malfoy.- contestó Hermione.
-Y tu le crees ¿verdad?- inquirió Harry, acercándose más a ella, intimidante.- Hermione, es una trampa, el es un mortífago y quiere engatusarte y tu caerás en sus redes.
Hermione colocó sus manos en el pecho de Harry y lo empujó, haciendo que este retrocediera, recuperando su espacio personal, para luego dirigir su vista al pizarrón, enfadada.
Por su parte Draco se sentó junto a Pansy. Tenía varias cosas que hablar con ella, se había ausentado el fin de semana y el no se tragaría el cuento de un casamiento en su familia, porque si fuera así, los Malfoy estarían invitados y a él no le había llegado ninguna lechuza sobre el asunto.
Temía lo peor, que a su amiga la obligaran a convertirse en mortífaga, tal como su padre pretendía hacer con él.
La tomó fuertemente por la muñeca, obligándola a mirarlo.
-¿Dónde estuviste el fin de semana, Pansy? No me vengas con casamientos, porque sabes que no me lo tragare, dime la verdad.
Pansy tragó saliva, no podía mentirle a Draco, la conocía muy bien.
-No puedo decírtelo ahora, Draco, luego hablamos.- murmuró esta, mirando en todas direcciones, visiblemente incómoda.
Draco bufo exasperado, tomó el brazo izquierdo de Pansy y lo puso debajo del banco, para que nadie pueda verlo. Corrió la manga del uniforme de la pelinegra y descubrió la causa por la que su amiga se había ausentado.
-Claro que hablaremos, Parkinson.- murmuró Draco, penetrándola con los ojos, con una mirada que no auguraba nada bueno.
