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ROL 8


SWEET MADNESS


—Me voy a la ducha, preciosa. ¿Sabes, Lady? He oído que para ahorrar agua la gente se ducha a la vez... Uy,qué pelo más sucio..

—Vaya, que cosas tienen los mortales.— Se hace rizos en el pelo con un dedo. —Si tan sucio crees que tengo el pelo, te sugiero que me esperes en esa ducha y me lo laves. Pero te digo una cosa...— Se acerca hasta rozar sus labios. —Tú... eres un hombre muy sucio, en más de un sentido.

—¿Ves querida?— Gesticula con la mano. —Por eso tengo que ducharme.— Coge su mano y la lleva hasta el baño.

Se deja llevar. —¿Usarás tus manos como esponja?

—No, usaré el garfio, pura tortura.— Se burla mientras empieza a quitarle los ropajes.

Repasa el metal con el dedo índice de forma provocativa. —Tu garfio es tu mano, y no lo querría de otra forma, lo deseo en mi piel mientras las gotas caigan sobre mi cuerpo.

Regula la ducha. —¿Y cuando no caiga agua? ¿Lo seguirías deseando?— La reta.

—Sí.— Se sitúa detrás de él para susurrarle al oído. —Lo quiero en mí a cada segundo.

Gira su cabeza para tener su oído en sus labios y hacerla lo mismo. —Dime, preciosa, ¿Seguimos hablando del garfio?

—Hm, ¿quién sabe?— Se pasea delante de él ya desnuda y se mete bajo el agua, y se pasa las manos desde la clavícula hasta justo debajo del ombligo. —Apuesto que te gustaría saberlo.

—Me encantaría, preciosa.— Se pasa la lengua por los labios. Empieza a desnudarse despacio para ella y la acompaña en el agua.

—Qué generoso por su parte uniros a mí, capitán.— Pasa las húmedas manos por sus hombros.

Coloca la mano en su cadera y pasea el garfio por su clavícula y su tripa, de arriba a abajo, varias veces. —Ya te dije que no quería ducharme solo.— La besa mientras cae el agua de la ducha como si fuera lluvia.

—Mm...— Gime en su boca y rodea con los brazos su cuello, subiendo la rodilla por su pierna despacio.

Coge su pierna con la mano y la acomoda en su cuerpo mientras la sigue besando, inclinándola hacia atrás levemente.

—Hm...— Se separa mirándole a los ojos y vuelve a acercarse a sus labios para dejar un rápido beso, y continúa bajando las manos por su torso.

—Shh, shh.— Se aleja un poco. Le ardían las mejillas, realmente no quería alejarse. —¿No teníamos que lavarnos? Estamos haciendo algo muy sucio en una ducha, es usted un poco guarrilla, LadyLoki.— Alza una ceja.

—Debo de serlo...— Murmura bajando el rostro hasta su pecho para lamer un par de gotas que recorrían su piel. —Pero llevas razón, tenemos que lavarnos. Pásame el jabón.

—¿Qué jabón? ¿Mi lengua, dices?

—¿Con eso piensas lavarme? Adelante, pero yo voy primero.— Alarga el brazo y coge el jabón, se lo echa en las manos y se lo empieza a extender por el torso.

Le roba el jabón y la enfrenta con su mirada. —No, señorita. Me pongo celoso de que tus manos toquen ese cuerpo.— Continúa extendiendo el jabón esta vez por su espalda, dándola un suave masaje.

—Ahora es injusto, yo también quiero.— Hace un puchero y empieza a extender la espuma por el pecho de él.

Baja los brazos y se deja, mirándola, mientras ella no podía, de una forma completamente ardiente y deseosa.

Hace círculos en su piel con las yemas de los dedos, y va bajando poco a poco la mano hasta que puede trazar sus caderas.

Se inclina hacia ella y la besa la frente, cuando se separa, se queda mirándola unos segundos muertos y sin saber por qué, su corazón empezó a latir desbocado. Por culpa de ello, la besó en los labios como si le faltara el aire y tan enloquecido estaba, que la pegó contra la pared de la ducha, aprisionándola con su cuerpo.

—¡Ah!— Su cuerpo queda preso por el de él, contra la resbaladiza pared, se aferra a su cuello ambos brazos mirándole con pasión.

Baja a besos por su cuello, entre el agua y su lengua, producían en ambos una sensación perfecta. —Oh… LadyLoki… Por qué, me confundes, tanto…— Acaba besándola el pecho.

—¿Te confundo?— Pregunta, echando la cabeza a un lado con los ojos cerrados, con un hilo de voz por el placer que le producen sus labios. Las deslizantes gotas frías y su cálida lengua no le dejaba pensar correctamente. —¿Cómo es eso, capitán?

—Se supone que solo quería ducharme, señorita.— Le muerde el labio inferior. —Pero me vienes con ese cuerpo, esos labios ese encanto... ¿Crees que un hombre está en sus cabales ante tu presencia?

—Pero, querido, tú nunca has estado en tus cabales.— Se ríe contra sus labios bajando los dedos por sus brazos palpando cada curva de sus músculos. —Y visto lo visto, yo tampoco lo estoy.— Sube las manos hacia sus hombros, masajeándolos con los restos de espuma que había en su cuerpo, y continúa bajando por su espalda hasta tomar sus nalgas en ambas palmas para acercarle a ella. —Ahora, sé bueno, y haz que nos sintamos más sucios que cuando entramos.

—Dulce locura.— La vuelve a besar en los labios. Con la mano alza uno de sus pechos y empieza a acariciarlo, pero acaba amasándolo y tirando de él como loco. Lo mismo hace con el otro, y los va calmando a más y más besos. Baja por su tripa a pequeños mordisquitos y suelta el aire que le queda por la nariz, justo en su sexo. —Dime preciosa.— Susurra. —¿Cómo de sucios?

—Tan... sucios...— Coge aire y lo suelta despacio para calmarse. —...que tendremos que darnos otra ducha.— Acaricia su mejilla obligándole a mirar hacia arriba, a cruzar sus miradas, y esa simple visión del pirata de rodillas frente a ella, tan cerca, tan apasionado, con tantas ganas de tomarla, fue suficiente para hacerla gemir y derretirse. Se agarra a la pared como puede para no caerse por sus temblorosas piernas.

—Me vas a agotar con tanta ducha.— La sonríe provocativamente, sabiendo que estaba nerviosa. Después, la muerde cuidando de no hacerla demasiado daño, y mueve su lengua arriba y abajo humedeciéndola más y más. Vuelve a subir por su cuerpo a besos, la coge de la cintura, la gira apartándola de la pared y la sigue besando el cuello, hasta que a sus piernas realmente les costaba mantenerla en pie.

—Mm, Hook...— Musita casi inaudible, se lleva la mano al pelo empapado para apartarlo a un lado y deja caer la mano por el cuello de él, haciéndole cosquillas antes de aferrarse a él para sostenerse.

—Dime, mi diosa.— Le dice en su tono, mientras baja los brazos y empieza a acariciar sus muslos.

Lame las gotas que caían por el pecho de él y le sonríe provocativamente.

La coge de las piernas y la vuelve a arrastrar hacia la pared, levantándola del suelo. —Eres insaciable, ¿eh?— Se coloca en su cadera mientras la besa apasionadamente, entre algún pequeño mordisquito.

Besa sus labios de forma entrecortada mientras acaricia su espalda y desliza su lengua al interior de su boca. —¿Entonces a qué esperas para intentar saciarme, querido?— Acaricia sus caderas con las propias incintándole.

Bastante impaciente, la embiste contra la pared desesperado, manteniéndose rápido, mientras que solo el agua le calmaba.

Se agarra a él con todas sus fuerzas ya no tiene ningún otro punto de apoyo, rodea sus caderas con las piernas y pasea los dedos por su cabello y su cuello. Acaba por morder su hombro para mantener sus gemidos lo más bajo posible.

La aparta con cuidado y la besa. —Grita, preciosa. Nadie puede oírte.— Vuelve a acelerarse buscando subir sus gemidos.

Echa la cabeza hacia atrás con un leve grito, acompasa las caderas contra las suyas igualando el ritmo elevando sus suspiros.

La empuja sintiendo su respiración entrecortada y acelerando la suya al contacto. La saca de la pared y continúa penetrándola cogiéndola de las piernas, empapándola justo debajo del chorro de la ducha.

—Dame más, mi capitán...— Gime con un hilo de voz. Entrelaza las piernas tras su cintura para estar lo más cerca posible de él. Besa una gota de agua que tenía él en sus labios. Le resulta difícil moverse en esa posición, está a su merced.

Se mueve con fuerza dentro de ella, tiene que agarrarse a la ducha al final. Su cuerpo empezaba a arder bajo el agua. Se sienta sin salir de ella fingiendo que se caía y se acomoda en la bañera. —Dame tú más, mi Reina.

—A ti te lo doy todo, querido.— Apoya una mano en su pecho y se acerca a morder su lóbulo. Coloca la otra en la pared de la ducha usándola de impulso para moverse a un ritmo acelerado, subiendo y bajando encima suya para hacerle gritar de placer.

—¡Ah! ¡Ah, dios!— Grita. Intenta seguirla aturdido por el placer que le producía tenerla encima.

—¡Ah, Hook!— Le clava las uñas en el pecho, y usa las rodillas para moverse más rápido y más profundo. —¡Córrete conmigo!

—¡Argh!— A la vez que ella clavaba sus uñas, se movía más deprisa, mucho más hondo. La notaba húmeda al más no poder entre sus piernas. Todo aquello le excitaba demasiado. —Oh dios.— Gime olvidándose de cómo se decían el resto de las palabras y acaba por correrse con ella, exhausto.

Termina exclamando su nombre con un suspiro seco y se abraza a él, casi temblando por el placer que le recorría el cuerpo.

Sube la mano hasta su cabello mojado y entrelaza con él sus dedos. Arrastra su cabeza hasta su oído y la susurra, entre bocanadas de aire y aún así provocativo. —La próxima vez que vayas a follarme tan bien avísame. Cada día me haces ver las estrellas más y más. No... pares.— Cierra los ojos, agotado.

Sonríe y pasa los labios por su hombro. Se levanta despacio con las piernas temblorosas y sale de la ducha, se muestra ante él desnuda y l hace una seña para que la acompañe. —Ven conmigo, y te haré ver más estrellas, amor.— Se ríe y le manda una sonrisa.

Se levanta de golpe y alza las cejas. Una media sonrisa se forma en su cara, de nuevo, deseoso. La admira marcharse y humedece sus labios con la lengua. Sin pensárselo dos veces, la coge de la mano y se deja llevar.