Hola de nuevo!¿Listas para un nuevo capitulo? ¿Todas tenéis a mano el cuchillo serafín para asesinar a Jace?
Espero que os guste, nos leemos abajo
Disclaimer: Los personajes no son míos son de Cassandra Claire y la historia es de WhitoutHeart que amablemente me ha permitido cambiar los personajes
Capítulo VIII
"Hospital"
Clary POV
Una luz comenzaba a irritar mis ojos y me esforcé en volver la mirada hacia ella, tratando de focalizar.
Intenté pestañar unas tres veces pero no lo conseguí, era extraña la sensación de sentir mi cuerpo adormecido, podría asegurar que no lograría más que balbuceos al intentar hablar.
—Está despertando... está despertando… está…—mi cabeza daba vueltas y en cuanto logré cerrar los ojos y abrirlos para probar mi visión descubrí que no había nadie hablando si no que solo me miraban y la frase seguramente fue imaginación mía. Envié estímulos a mis extremidades y respiré aliviada al darme cuenta de que aunque lentamente, respondían. Alcé mi mano para buscar mis anteojos pero alguien me detuvo.
—Tómalo con calma ¿si? —Reconocí al padre de Jace y mi corazón se aceleró, ¿Qué hacía él aquí? Espera… ¿dónde estaba?
— ¿Dónde… e-estoy? —Pregunté frunciendo el ceño, extrañada, no conseguía recordar por qué podría haber venido aquí. El doctor miró a su espalda y luego a mí
—Estás en el hospital, te caíste—rodé los ojos y me quejé al sentir mi cuerpo dolorido
—Lo de siempre…—suspiré y miré hacia abajo no sin cierta dificultad pues no lograba ver bien. Y entonces noté algo blanco y al tacto duro, no estaba tan ciega y lograba comprender que era un yeso. Un jadeo se me escapó de la pura sorpresa
—Clary, te fracturaste el brazo, te golpeaste la cabeza y tuviste múltiples hematomas ¿Recuerdas algo de tu accidente? —Consultó con voz suave Stephen, sin embargo no podía dejar de fruncir el ceño tratando de rememorar.
Finalmente negué con la cabeza
—Aha—él dirigió su mirada nuevamente a otra persona, a la cual yo no lograba ver.
Suspiró dejando mi ficha a los pies de la cama
—Te caíste por las escaleras y te encontraron inconsciente. La caída te produjo una conmoción cerebral leve, por lo que veo no tuvo grandes consecuencias y en un lapso de unas cuantas horas o días recordarás todo así que… creo que estarás bien—finalizó con una sonrisa y pareció acordarse de algo antes de buscar un instrumento en los bolsillos de su delantal blanco. Descubrió mis piernas y me ruboricé al darme cuenta que no traía mis jeans. Sin decir palabra sentí un pinchazo que envió dolor por todo el cuerpo
— ¡Auch! Eso duele—me quejé encogiéndome. Sonrió y luego percibí el mismo aguijonazo en la planta del otro pie—Ay—oí un carraspeó y luego Stephen volvió a cubrir mis extremidades inferiores
—Si, estás bien. A ver…—se acercó a mí y revisó mis pupilas, lo cual me incomodó puesto que la luz hería mis poco funcionales ojos. Cuando me dejó restregué con dureza mi rostro. — Cualquier cosa que necesites solo oprime el botón—comenzó a retirarse
—Espere… ¿puedo irme a mi casa ya? ¿Cuánto llevo aquí? ¿Quién me trajo? —Me dolió la cabeza, al costado derecho para ser más específica y fruncí el ceño.
—Haber… puedo contestarte que llevas casi cinco horas inconsciente y que te quedarás tres días, prefiero tenerte en observación. Las otras preguntas que tengas creo que Jace te las puede contestar—me sonrió amistosamente y tensé el rostro—permiso—se disculpó antes de salir de la habitación, cerrando suavemente.
Sentía mis latidos aumentar su intensidad, además de una indeseada sensación de nerviosismo y expectación tomar todo mi estómago. Contrólate por Dios, me reprendí duramente.
Oí claramente el chillido de una silla al ser liberada del peso humano y miré a otro lado, resistiéndome a verlo directamente.
Un nervio en mi mandíbula comenzaba a tiritar por el esfuerzo de mantenerme impasible.
—Bueno… ¿hola? —Parecía nervioso y me agradó este hecho porque yo no era la única, por lo menos.
Ni lo miré ni le hablé, me dediqué a hacer cualquier otra cosa
Se mantuvo el silencio por unos cuantos tensos segundos, en los cuales él se acercó a mi camilla, haciéndome totalmente consciente de su calor, ovejas santas…
Carraspeó incómodo—yo te traje hasta aquí, me asustaste Clary. Mírame, por favor mírame—suplicó pero traté de negarme, él era al último individuo al que deseaba ver. Sin embargo contra mi voluntad tomó entre sus estúpidamente cálidos dedos mi mentón y lo viró hacia el suyo.
Fruncí el ceño y traté de liberarme, pero lo que sea que circulaba en mi sistema, me ponía lenta.
—Creí que estabas muerta Clary, y no…yo…—no sé que más iba a decir pero ocultó su rostro en mi hombro, aferrándome estrechamente por los brazos. Fue tanto mi shock que ni siquiera fui capaz de respirar, retuve el aliento mientras sentía el suyo acariciándome. Me estremecí.
Después de superarlo un poco, me removí inquieta, intentando alejarlo de mi cuerpo que nada más tenerlo cerca temblaba.
Al alejarse se me quedó viendo con una expresión mortificada y le dediqué una sola mirada antes de voltearme nuevamente.
—Mi nombre es Clarissa. —Fue lo único que salió amargamente de mis labios
—Pero siempre has preferido Clary—con esfuerzo logré dar la media vuelta, sintiendo dolor en la pierna. Por ello me mordí fuertemente el labio inferior. Darle la espalda se estaba volviendo sumamente doloroso, físicamente hablando. Aún no era capaz de determinar mi estado psicológico, puesto que me encontraba muy confundida, todos mis pensamientos eran difusos y el más claro que lograba tener era el de sentimientos encontrados hacia al individuo en esta habitación. Ahora no quería hablarle.
—Clary me llaman mis amigos. —Finalicé y busqué en la mesilla de noche por mis anteojos. Bizqueé un poco tratando de ver mejor, lo cual era del todo imposible.
Oí como contenía el aliento ante mis palabras y lo ignoré, forzando mi cabeza a activarse y recordar qué diablos había sucedido con mis lentes.
— ¿Ya no somos amigos? ¿En serio lo dices? —Me tomó del brazo con un poco de fuerza y me fue imposible contener el gemido de dolor. Me comenzaba a doler todo y más que nada las extremidades y la cabeza. —Lo siento mucho—se disculpó rápidamente, soltándome del mismo modo. No dije nada y me limité a tratar de definir las formas que me rodeaban. Distinguía un sofá, y muchos aparatos a mi lado, algunos de ellos hacían ruidos, como el que marcaba mis latidos, sonaba firme y constante. Suspiré porque no podría salir de aquí pronto y al hacerlo sería una completa inútil.
—No me ignores Clary Clars—apreté los dientes ante el apodo y volteé mi cara en su dirección
—No vuelvas a llamarme así. —Sentencié con ojos entrecerrados, era doloroso oírlo ahora, sobre todo cuando no eran sus mismos ojos y él no era igual que antes, en todos los sentidos. Sentía que el chico junto a mí era un completo extraño y me lastimaba el hecho de que usara aquel diminutivo, solo Jace, mi Jace podía decirme de ese modo y aquel ni se parecía.
—Pero siempre te he dicho así, ¿Por qué ahora te molestas? —Inquirió acercándose más y sentí como mi corazón comenzaba a latir deprisa, lo cual se demostraba en la máquina que marcaba cada palpito. Quise esconderme en las sábanas hasta que se fuera y me dejara sola.
—Porque ahora todo es diferente. —Dije y sentí mi voz ronca. Analizándolo, me encontraba sedienta.
— ¿A qué te refieres? —Su tono contenía cierto timbre sombrío que me erizó los vellos.
—Sabes de lo que hablo—traté de aliviar la sed con mi saliva, pero no funcionaba, y me negaba a pedirle algo.
—Si te refieres a que has cambiado…—jadeé de sorpresa e ignorando las molestias físicas, me volteé para encararlo
— ¿Qué yo he cambiado? —Inquirí con cinismo—yo sigo siendo exactamente la misma persona que era hace cuatro meses. —Afirmé enarcando una ceja— ¿Puedes tú decir lo mismo? —Noté como las aletas de su nariz se dilataban con cada una de sus respiraciones y me miraba con cierto sentimiento desdeñoso que ya no me hería, por el contrario, hacía mis entrañas arder de furia. — ¿Crees que con traerme al hospital después de caerme entre nosotros todo está bien? Te informo que no, nada ha variado, tú sigues siendo el niñito popular y yo la sosita—conferí a mi tono el filo del enojo y la indignación acumulada y no me detuve ahí, por mi boca podrían salir las palabras más hirientes del mundo—no tienes vergüenza al decirme que yo soy quien cambió, mientras que tú todos los días eres alguien diferente a quien casi ya ni reconozco—negué con la cabeza— ahora te exijo que te vayas de esta habitación y me dejes sola y en paz. Porque si no te has dado cuenta, no me siento bien y no tengo ni una gota de ganas de querer conversar contigo y menos fingir que me importa hacerlo. —Finalizado mi discurso, inhalé profundamente y le di la espalda, por fortuna gracias a mi increíble estado de molestia, las de mi cuerpo se vieron totalmente acalladas.
—Creo que yo también tengo derecho a defenderme—dijo con tono agrio
—No te estoy acusando para que lo hagas, simplemente di una opinión y por más argumentos que me des no pienso cambiarla. —No me molesté en voltear mi cara para responder, ya había sido suficiente para un día.
Y justo cuando sentí el roce de sus dedos en mi hombro magullado, la puerta se abrió de golpe
—Ay por Dios Clary—reconocí la voz de Isabel, sumamente preocupada corriendo hacia mí. Me incorporé conteniendo las muecas de molestia al hacerlo y finalmente reposé la espalda contra la pared— ¿Cómo te sientes? ¿Qué te duele? ¿Quieres que llame a la enfermera? —Preguntó llegando a la camilla y sentándose cuidadosamente a mi lado. Traté de sonreír
—Tranquila Isabel, me siento de maravilla—rodó los ojos exasperada
—Te he dicho ya, que eres una pésima mentirosa—miró mi brazo y luego pareció notar la presencia de Jace— Oh… ¿he interrumpido algo? —Observó mi rostro y efímeramente el del chico. Hice un gesto de enojo
—De hecho…—comenzó él
—De hecho Herondale ya se va—le corté y terminé la frase. Pude sentir sus ojos pegados a mi rostro pero lo ignoré. Entonces como una exhalación abandonó la estancia cerrando de un portazo que me hizo pestañear
—Uhm… creo que si interrumpí algo—masculló Isabel
—No te preocupes, llegaste en el momento preciso—aclaré sonriéndole. —Aunque no comprendo qué haces aquí… no es que me moleste, de hecho me agrada, solo tengo curiosidad—me tomó la mano buena con delicadeza y me dio una sonrisa
—Porque estaba preocupada por ti Clary. —Me sentía un tanto incómoda por su toque, sin embargo ella pronto me soltó—no pude venirme con Jace en su coche porque había un alboroto tremendo, ¿recuerdas de casualidad quién te empujó? —Preguntó mirándome con atención y abrí los ojos como platos
— ¿Por qué crees que alguien me empujó? Lo más probable es que haya caído sola—aclaré sintiendo un poco de vergüenza
—Clary, no hubieras caído por ti misma. Sé que esto no fue un accidente—replicó y luego frunció el ceño— ¿Lo más probable? ¿No estás segura? —
Negué con la cabeza
—No, no recuerdo nada—
— ¿Pero no tienes amnesia, cierto? —
—No por siempre, pero si temporal… solo olvidé lo ocurrido antes del accidente, y el día. —Suspiré mirando mi mano—aunque por un lado me gustaría la idea de olvidarme de todo—me miró con sorpresa
— ¿Por qué querrías algo así? —La miré y sentí dentro de mí que necesitaba contarlo o si no me moriría
—Quiero olvidar todo lo que guarda relación con Jace y lo que siento—solté el aire de golpe y observé la expresión impávida y confusa de Isabel antes de que el entendimiento llegará a sus facciones.
—Oh… ya entiendo—asentí sintiendo de pronto mis mejillas colorearse
— ¿Podrías darme agua? —Pedí con voz ronca
—Por supuesto—y voló hacia la mesilla, sirviendo líquido en un vaso.
—Gracias, ¿sabes de casualidad que sucedió con mis anteojos? —Pregunté recibiendo el vaso y llevándolo lentamente a mis labios resecos, aún no tenía completa movilidad de mis extremidades
—Lamento decirte que se rompieron—suspiró tomando de regreso el recipiente vacío. El agua me había sentado muy bien
Bufé
—No sé que haré para comprar otros—pensé en voz alta
— ¿Tu padre no te los compra?—Inquirió dejando el vaso sobre la mesilla nuevamente.
—No, los que tenía los obtuve gracias a un trabajo de medio tiempo en una cafetería, limpiando. Él no tiene muchos ingresos—dije un tanto incómoda. Isabel si que tenía dinero, su Aston Martin negro lo comprobaba.
—Pero ¿qué edad tenías? —Frunció el ceño
—No lo sé. No recuerdo mi edad la verdad—le resté importancia—después de todo siempre me he encargado de la casa… bueno desde que—me interrumpí al saber que estaba contando la lamentable historia de mi vida. —Los compraré luego, cuando tenga una nueva receta—asentí con la cabeza.
Se quedó en silencio, como pensativa
—Los chicos también están preocupados por ti—dijo por fin, sonriendo ampliamente
— ¿Los chicos? —Pregunté confundida
— Si, Cam, Alec y Simon—se encogió de hombros
— ¿Y cómo saben ellos? Ay no me digas que subieron a internet mi caída—gemí ante la idea
—Claro que no, ¡pero qué mente tan retorcida tienes! Yo les avisé y querían venir, tranquila—dijo cuando notó como mis latidos se apresuraban—les dije que no, que primero vería como te encuentras y luego les informaría—respiré con paz
—Eso es agradable—determiné finalmente—ellos son muy simpáticos, dales mis saludos cuando les llames—esbocé un pequeña sonrisa. Por más amables que fueran, era difícil para mí dejar que entraran en mi círculo que ahora se reducía únicamente a mí y tal vez a Isabel.
—Se los daré—me guiñó un ojo— ¿Tu padre ya está por llegar? —Preguntó y desvié la mirada
—No lo creo. No creo que vaya a venir—sinceré volviendo mi vista a Isabel
— ¿Qué? ¿Por qué? —Se apresuró en interrogar y fruncí el ceño
—Porque ha de estar trabajando—me encogí de hombros y sentí como de pronto comenzaba a recuperar más la lucidez y con ella el dolor más agudo que había experimentado. Y lo peor era que no solo del cuerpo, sino que de la cabeza y ese era aún más terrible que el de la resaca.
—Uhm, ya veo—nuevamente parecía sumida en sus pensamientos, pero no podía prestarle demasiada atención porque me sentía mal. Las manos me comenzaron a sudar por el esfuerzo de contener solo para mí el dolor y no demostrarlo en muecas—creo que es hora de que llames a la enfermera—me sacó de mis cavilaciones y la miré con duda—si, ya me di cuenta de que necesitas descansar y que me debo ir—sonrió amigablemente
—No, claro que no… no tienes que llamarla ni irte si no quieres—solté atropelladamente
—No sabes mentir… no sabes mentir—canturreó mientras oprimía el botón para llamar a alguien—haré que aprendas, haré que sepas muchas cosas más luego de que te recuperes—me guiñó un ojo
— ¿A qué te refieres?—Pregunté confundida y en ese momento entró una mujer con traje blanco y una jeringa en la mano
—Ya veras, tú tranquila que yo me voy a encargar de todo. Creo que sé exactamente lo que necesitas y entre los chicos te vamos a ayudar—le dio lugar a la enfermera para que inyectara el contenido de la aguja en una bolsa colgante sobre mi cabeza. Siempre lo había visto en la televisión y no pensaba que su efecto fuera tan inmediato. Al instante me sentí desmadejada y sin fuerzas, con toda la pesadez de mis miembros y pensamientos. Oía ecos de voces en mi mente pero no tuve tiempo de creerme loca y hundirme en aquello, puesto que mis párpados comenzaron a pesar increíblemente
—Nos veremos mañana Clary, descansa—oí y asentí acomodándome en la camilla para dormirme.
-o-
No tenía idea de la hora o el día cuando desperté otra vez. Como acto reflejo alargué mi mano hacia la mesilla de noche en busca de mis anteojos, palpándolo todo y me incorporé con el ceño fruncido ya que no los encontré, así mismo miré alrededor tratando de ubicarme. Hasta que por fin mi cerebro decidió funcionar y recordé con abatimiento que me encontraba en el hospital. Suspiré deslizándome en la incómoda camilla. Me dolía el brazo y la pierna, pensé. Así no me podría parar pronto.
— ¿Necesitas algo?—Volteé el rostro en dirección de la voz. Solo había una lamparita encendida y afuera estaba oscuro y llovía a cántaros.
—No, gracias—respondí al padre de Jace. Él asintió y se acercó a mi camilla para revisar la bolsa suspendida sobre mi cabeza y mis pupilas, irritándome los ojos con la luz blanca.
—Has respondido bien. ¿Aún no recuerdas qué sucedió?—Inquirió y fruncí el ceño tratando de rememorar, pero algo parecía impedírmelo.
—No—suspiré frustrada
—Tranquila, lo harás pronto—me sonrió cálidamente
—Disculpe, ¿pero usted no debería estar en su casa? ¿Qué hora es?—Pregunté hablando con algo de dificultad
—Son las doce, y hoy me toca guardia nocturna, además me encargaron cuidarte personalmente—metió el lápiz en el bolsillo delantero de su bata blanca y dejó la libreta a los pies de la camilla.
— ¿Quién fue? Digo, no debería preocuparse excesivamente por mí. Estoy bien—aseguré
— ¿No crees que fue tu padre?—Preguntó con curiosidad y negué con la cabeza
—No, mi padre no hace esas cosas, de seguro ni vino—observé el yeso blanco, mientras reflexionaba en que estar medio grogui se sentía genial, mis procesos mentales se encontraban truncados y no me dolía nada. Casi podría comprender a los drogadictos, ¡La sensación era maravillosa!
—Si vino Clary, de hecho te dejó saludos y dijo que lo sentía pero que debía volver al trabajo porque había una emergencia. Dijo también, que vendría mañana—caminó hacia los estantes del otro lado y luego manipuló la máquina que marcaba mis latidos
— ¿Cómo ha estado la señora Celine?—Desvié el tema
—Oh, muy bien. Le es extraño no verte por allá y en cambio tener que conocer a esa nueva chiquilla, dice que es insufrible. —Me confió y solté una breve risita. Definitivamente estar medio drogada me convertía en un ser inmune a las emociones—y la verdad le encuentro toda la razón. Es demasiado… Bueno, no lo sé, es la decisión de Jace después de todo—finalizó con un encogimiento de hombros y nos quedamos un rato en silencio mientras anotaba unas cuantas cosas más
—No tiene que mentirme ¿sabe? Conozco a mi padre y sé que jamás diría algo como aquello, creo que le provoco más molestias y disgustos que otra cosa. —Reí sin alegría—probablemente habló del costo de que estuviera en el hospital y vio la forma de sacarme de aquí—suspiré—en fin, así es mi padre. —Me encogí de hombros y jugué con un mechón de mi cabello.
Solo oí su respiración y no dijo más hasta que estuvo casi por salir de la habitación
—Eres una chica fuerte—me miró con intensidad y sonreí sin humor
—Y vuelve a hacerlo… no debe hacerme sentir mejor, la morfina ya cumple esa labor, créame—me reí un poco, pero luego hice un gesto de dolor, puesto que me dolía la costilla.
—Tómalo con calma, te daré otra dosis y mañana veremos que pasa ¿de acuerdo?—
—Usted es el Doc. —Asentí y sonrió antes de dejarme completamente sola en aquel cuarto.
Dejé que mis hombros cayeran y mi rostro también, la droga probablemente ya no corría por mis venas, puesto que comenzaba a dolerme la cabeza y junto a eso venían los pensamientos. Los odiaba, no me gusta pensar, reflexioné. Hacerlo me hería mucho, sobre todo al saber que había sido yo quien terminó por cortar todo lazo con mi ex amigo y la verdad, creo que es lo mejor. Era suficiente de llorar y sentirme miserable. Había pasado mucho tiempo y era necesario dejar de ser una imbécil.
Me acurruqué en la camilla, dejando que el dolor de los músculos me recordara cuan viva seguía. Y al cerrar los ojos una sucesión de imágenes sin orden ni concierto comenzó a estallar tras mis párpados. Eran de Seelie y yo, discutíamos… sobre Jace. Él había jugado conmigo de nuevo… por ello la sensación automática de rechazo al verle, no recordaba su plan de burlarse a mi costa pero mi subconsciente si. Ahora podía recordarlo todo, Seelie me había empujado y no sabría decir si pretendía que rodara escaleras abajo o si también tuvo que ver mi torpeza. Resoplé, recordar no me servía de nada más que para bajar mi apreciación sobre Jace.
Con enfado pasé los minutos hasta que entró la misma enfermera sostenido esa enorme jeringa, por suerte no me la tenía que inyectar directamente… si no tendríamos un problema grave.
Me dormí, y así pasó durante dos días más.
— ¿Todavía no recuerdas? —Preguntó Stephen firmando mi alta
—Si recuerdo, pero no voy a decir qué es lo que recuerdo—me encogí de hombros, ya no me dolía casi nada más que la pierna, en la cual se hallaba un tremendo y feo moretón y el brazo enyesado. Estaba lista para volver a casa.
Me miró haciendo un mohín de disgusto y luego suspiró
—Bueno, después de todo es tu recuerdo—se encogió de hombros y me tendió mi ropa, la cual acepté.
—Vendrá la enfermera a ayudarte—dijo pero justo en el momento en el que iba a replicar diciendo que podía sola, irrumpió Isabel –la única que me había estado visitando debo agregar – con una sonrisa amplia.
—No se moleste que yo le ayudo—me guiñó un ojo y Stephen se limitó a encoger los hombros
—Bueno Clary, no diré que ha sido un placer que estuvieras aquí enferma, si no que un placer volver a verte y saber que sigues siendo la misma chica—me dio una sonrisa algo triste y noté su cansancio. Probablemente para ellos también era difícil aceptar a este Jace tan diferente. Que maldito, pensé, su familia le quiere y él solo los incordia con su conquista. Fruncí el ceño ante el coraje que me dio saber que les hacía daño a sus padres que eran sin duda los mejores que alguien podría desear.
—También me ha agradado volver a verle, le da mis saludos a Celine—alcé la mano buena para estrechársela y me correspondió al instante.
—Se los daré, espero que te recuperes pronto y debes venir para la revisión en dos semanas. Cuídate y ah… Clary, toma esto. Es la receta para tus anteojos, con esto podrás tenerlos al instante—me guiñó un ojo con complicidad y acepté el papel con una sonrisa agradecida. Luego de eso, se retiró del cuarto.
—Vaya, al fin puedes salir de aquí. Ya me estaba poniendo enferma—dijo Isabel llegando a mi lado y ayudándome a poner de pie. Me mordí el labio inferior por el calambre repentino que atacó mi pantorrilla y luego el muslo. —Oh, ¿no puedes levantarte?—Preguntó preocupada
—No, si puedo—pero cada vez que lo intentaba sucedía lo mismo
—No te preocupes, yo me encargo de esto. —Sonrió— Ahora debes vestirte ¿o piensas irte con ese camisón de papel? —Molestó y negué con la cabeza sonriendo apenas. Ya me sentía mucho más cómoda en su presencia.
Muy amablemente Isabel colaboró en la tarea de ponerme mi ropa y como agregado especial me cepilló el cabello con dedicación, logrando que quedara un poco más presentable.
—Debo comprarme los lentes pronto o andaré dando tumbos por ahí contra las murallas—me quejé y ella rió un poco.
—Los tendrás más pronto de lo que crees, confía en mí—y vi en su mirada algo peculiar, como si supiera cosas que yo no.
Lo dejé estar encogiéndome de hombros—no había notado que tienes pecas—me miró detenidamente
—Si, supongo que mi madre tenía, porque Valentine no tiene… no lo sé—suspiré sentándome en la camilla, con las piernas colgando. Me sentía tan inútil.
—Ya veo… ¿y el color de los ojos? —Alcé la mirada del vaivén que hacían mis pies
—Eso si es de mi papá—sonreí un poco triste. De los tres días que estuve en el hospital Valentine solo fue la primera noche a saber de mí – o eso quiero creer – y los otros dos días ni su sombra se vio. Yo pensaba que ya había superado sus desplantes, pero veo que no, puesto que me duele que se haya mantenido tan ajeno a lo que me podría ocurrir, después de todo era su única hija ¿no?
—Mmh—y antes de que me pudiera decir algo unos golpes resonaron de la puerta. Miré en esa dirección mordiéndome el labio inferior, expectante a la persona que entraría e internamente, tuve que reconocer muy a mi pesar, esperaba que fuera Jace… que por lo menos demostrara un poco de interés en la que alguna vez fue su amiga… no lo sé… pensé que quizá mis palabras lo harían pensar y recapacitar… y lo único que obtuve fue su total y completa ausencia.
—Pase—murmuré, retorciendo los dedos de mi mano buena con ansiedad.
No fue Jace quien entró… si no que tres personas que apenas logré reconocer, aunque no dudé del primer individuo que se aproximó a mí. Era demasiado grande y corpulento, no podía ser otro más que Alec
—Hola pequeña—y antes de que me viera envuelta por sus macizos brazos la mano blanca de una chica rubia lo detuvo
—No, Alec recuerda que todavía está débil y con heridas—y luego de que su novio desistió, me miró—hola Clary, ¿cómo te encuentras? —Me tocó suavemente el hombro y fruncí el ceño tratando vanamente de evitar el dolor
—Uh, hola… mucho mejor, gracias—respondí al cabo de comprobar que estaba como idiota bizqueando—lo siento Camille, aún no me acostumbro a estar sin mis lentes—me miró con la pregunta en los ojos—se rompieron—suspiré
—Y me alegro—oí la voz de Isabel y le di una mirada— ¿Qué? Clary eran horrendos—me encogí de hombros
—Puede ser pero me costaron dinero—respondí a la defensiva
—No deberías molestarla Izz—y una sombra similar en altura a Alec se acercó a Isabel y cuando miré su cabello supe quien era
—Hola Simon y Alec, gracias por preocuparse por mí… aunque ya me estoy yendo a casa— noté la sonrisa juguetona del último y fruncí el ceño
—Lo sé, por eso estamos aquí—con la pregunta latiendo en mi cabeza, busqué a Isabel con mi corta visión…
Y eso es todo amigas! ¿Qué os ha parecido? Pobre Clary, menos mal que tiene a Isabel y a los chicos ;)
Gracias a todas por seguirme, a las que le dais al botón de alertas y favoritos, a las lectoras silenciosas y a las que dejáis comentarios y tenéis tantas ganas de asesinar a Jace como yo ;)
Iglesia; Bluuuuum; Astrid Wayland; Delfina; Whithout Fears; Ritza Herondale; Nisse Blackthorn; Rocio Fantasia Paralela;
Gracias por estar ahí chicas! Vuestros comentarios me hacen muy feliz!
Para abrir boca:
—Gracias por la compañía, en serio y…espero verte pronto—dije sinceramente
—Lo harás—me guiñó un ojo y se dio la vuelta para irse e iba a cerrar la puerta y de repente se volteó, provocándome un sobresalto—oh, si, lo olvidaba… a qué no adivinas quién me preguntó por ti—puso una cara de pícara que casi me hace estallar en carcajadas
— ¿El profesor de inglés? No le entregué un apunte—reflexioné
—Nop. ¿Quieres saber?—Alzó las cejas y asentí un tanto contrariada—Jace, él me preguntó cómo te encontrabas—crucé los brazos sobre el pecho tratando de controlar mi corazón y procuré mantener una expresión neutra
— ¿Oh, si?—Asintió
—No le dije nada, bueno nada es un poco exagerado. Le dije que si quería saber, debería preocuparse un poco más porque yo no soy una paloma mensajera ni su amiga… si, lo sé… soy un poco pesada con algunas personas—la miré boquiabierta
