¿Cómo se encuentran Meine Leser? 7u7 ¿Intrigados aún? Pues no les haré esperar más. En verdad hoy no tengo mucho que decir.

[180707] Este capítulo rompió mi record de edición, tomándome tan sólo tres días —en verdad menos de ello, ya que sólo lo estuve editando de a ratos—, a comparación del resto, que me tomó semanas enteras o hasta meses. Pero, eso no quiere quitar que el capítulo sea bueno. Porque en verdad me fue divertido editar éste y a comparación de la primera versión, yo lo veo mucho mejor, en muchos aspectos. Uno de ellos, siendo el que ahora se explican un poco mejor las cosas para que sea más fácil de entenderlo.

Así que bueno, espero lo disfruten tanto como yo ;).


PLAYLIST: Roots — Make me (cry)


CAPÍTULO VIII: Atracción.


Mikasa

Un beso tan suave y tan confortable y apetecible. Dándome una sensación muy familiar, llegándose inclusive a sentirse como un déjà vécu, llena de ansias y esmero, la cual se intensificaba cada segundo que pasaba.

Me sentía rara, y mi cuerpo no reaccionaba como yo lo esperaba. La forma delicada de su tratar, engulléndome cada vez más a su ser. Provocándome aferrarme a sus ropas, hasta el momento en el que comencé a sentir que algo estaba mal, ese momento en el que su lengua buscaba introducirse en mi cavidad y llegar más lejos.

Y ante mis instintos, ante aquella extraña sensación, mordí su labio y le empujé de mí. Lanzándome a mí misma hacia atrás, hasta golpearme con la puerta aún cerrada a mis espaldas.

—Tch…— se quejó, lamiendo y cubriendo la herida con su muñeca.

— ¡¿Qué demonios te pasa?! — increpé, jadeando. Cubriendo mi ahora ardiente rostro y volviendo a recuperar mi aliento. Agitada, demandando con desasosiego el llenar mis pulmones devuelta con oxígeno.

El azabache, aún manteniendo su pulgar en la herida que provoqué en su labio, abrió la puerta de su lado y de lo más rápido que pudo, bajó del auto de un salto.

— ¡Levi! — clamé, imitando su movimiento al salir de la camioneta. Y apenas importándome el dolor de mi pierna, quise alcanzarle.

Al momento de cruzar hacia la otra hilera del estacionamiento, parcamente consiguiendo escuchar el claxon de un auto aproximándose. En un abrir y cerrar de ojos, siendo jalada con brusquedad fuera del alcance del parachoques del vehículo.

—Mira antes de cruzar, mocosa estúpida— refunfuñó, soltando de mi brazo unánime yo le aparté de mí.

— ¿Por qué hiciste eso? — protesté, involuntariamente señalando con mi brazo hacia mis espaldas, donde estacionamos la Sequoia—, ¡¿por qué me besaste?! — insté, siendo acallada por el azabache, quien volvió a tirar de mi brazo. Proviniéndome de retroceder con él.

—Cierra la boca — espetó, entre dientes.

—Te estoy preguntando-

Quise volver a reclamar, pero logró silenciarme nuevamente. Al momento de removerme y habiendo desviado la mirada, su barbilla se llevó mi atención. Pudiendo percibir sangre de la herida que dejé en su labio recorrer ésta, y la ligera hinchazón que brotó en él.

Y al darse cuenta de que observaba su labio, gruñó y volvió a cubrir éste con el dorsal de su mano, dejando mi antebrazo libre con brusquedad. Girando sobre sus talones y marchando con rapidez por el largo sendero que sigue hasta las entradas de los edificios.

— ¡Levi! — grité, y quise seguirle. Empero, al tratar de avanzar más, las molestias volvieron a aparecer en mi tobillo —. Mghah — gemí, encorvando mi espalda instintivamente hasta haber alcanzado mis tobillos con la punta de mis dedos.

«Sasha en línea»

Le pedí venir a ayudarme con algunas cosas, y esperé varios minutos a obtener respuesta alguna. El tiempo en el que me fue suficiente volver hacia la camioneta teniendo aún un dolor increíble al caminar; incluso el suficiente para subir y aun para acomodar dentro.

Ciertamente, no es la más rápida respondiendo.


Desde ese entonces, no he vuelto a hablar con Levi. Y bueno, tampoco es que haya pasado tanto tiempo en verdad. Sólo ha sido una semana desde el día en que ocurrió aquello. Y tampoco me gusta hablar de ello, ni quise hacerlo.

Pues Sasha me pidió que le contara lo que sucedió, y lo hice. Le dije que necesitaba volver a mi casa y me quedé allá porque se me hizo tarde; en todo momento evitando hablar de Levi y el asunto con él.

Le diría el resto, pero no es muy discreta. E igual es algo despistada, a lo que creo, no notó la incongruencia en mi relato. Así que no fue demasiado difícil. No es que le mienta, pero tampoco le estoy contando todo. Lo que en parte, me hace sentir aflicción por ella, debido a la manera en que confía en mí.

Pero cualquier cosa que yo dijera, podría regresárseme de otra manera.

Maldito enano… Aún puedo sentirle, sus labios. Por más que quiero no puedo olvidarlo, todo, sea día o noche, es difícil. No sé cómo sacarlo de mi cabeza, y me está sacando de quicio.

—Mika— llamó Sasha, fortuita y apacible, logrando sacarme de mi ensimismamiento. Se encuentra a los pies de la puerta, manteniendo ésta al margen de la pared, en un punto en el que no puedo ver nada más que a ella—. Te busca Jean— susurró, sonriendo y tirando su cabeza hacia su costado.

Ante su mención me levanté de inmediato, y unánime me acercaba a la entrada, fui acomodando mi cabello y mi ropa. Al estar lista, siendo descubierta por Sasha al terminar de abrir la puerta, permitiéndome la vista hacia afuera.

Y al haberse encontrado nuestras miradas, lo primero que hice fue lanzarme a abrazarle.

Alcé la mirada, advirtiéndole observarme apenado y desconcertado ante mi súbita acción. Momentos después, siendo correspondida por su tenue sonrisa y su tímido abrazo.

— ¿Ya está mejor tu pierna? — inquirió Jean, atento. Afirmé con la cabeza, silenciosa. Apartándome un poco de él y mostrándole mi ahora pie sano, con timidez —. Me ale-

Quedó a medias de su habla, después de que atrapara sus labios entre los míos con dulzura y cuidado, colgando mis brazos de sus hombros proviniéndole abrazarme y retroceder a la par mío hacia la habitación ante el pequeño impulso.

Hey… Sigo aquí— bromeó Sasha, ante lo cual separamos nuestros rostros—. Creí que lo suyo era secreto. Pero ahora al parecer no te molesta besarlo a medio pasillo…— se dirigió a mí, divertida.

Resoplé, y me escondí en el pecho de Jean, avergonzada. A lo que ambos castaños rieron.

Ya siendo más tarde, al haber regresado de nuestra salida y habiendo aprovechado el que ya se encontraba oscureciendo y el poco movimiento en el estacionamiento, me incliné hacia él y deposité un tierno beso en sus labios y me despedí de él, no sin antes haberle dejado bastante sonrojado.


Reiner

Acabamos de ganar nuestro primer juego de temporada, y el primero de ella. Todos celebran, gritando, saltando y empujándose alegremente. Sin duda fue una increíble partida la del día de hoy, y nadie puede negarlo.

Agregando a ello el que soy aclamado por algunos y algunas por mi desempeño durante toda la noche.

Entre las bullas y con mi vista por encima del resto, logré divisar a Jaeger, quien corrió a lo largo de la mitad del campo hacia el rubio que tiene por mejor amigo y a Mikasa, lanzándose a abrazarles, lleno de satisfacción.

Momentos después, también uniéndoseles Jean, Connie y Marco. Mientras que el resto del equipo se acercó a rodear a los capitanes y a intentar provocar alboroto con éstos, logrando entre varios alzar y lanzar al capitán Erwin contra su voluntad.

Por otro lado, escabulléndose entre los cuerpos de todos con facilidad debido a su tamaño, y buscando salir del bullicio, el capitán Levi se removió con molestia. Ante los empujones, viéndose alejado del grupo. Para instantes después mirar hacia donde se encontraban los novatos, admirándoles pudoroso.

Quienes se encontraban a mi redonda, uniéndose entonces a la celebración que comenzaba a formarse entre los integrantes del equipo y otros.

En cambio, yo me vi detenido por Annie y Bertholdt, quienes a unos metros de mí esperaban a que me acercase a ellos para hablar conmigo.

En mi emoción, dirigiéndome a ellos con energía cuan rinoceronte embistiendo, en el acto, llevándome a Annie entre mis brazos y cargándole sobre mis hombros, mientras que con mi brazo izquierdo atrapé a Hoover por el cuello, sobresaltándole.

— ¡Idiota! — bramó Annie, llegando a golpear mi cabeza con parte de su codo y antebrazo.

— Tranquila…— amonesté, divertido, volviendo a colocarle sobre la pastosa superficie del campo. Empero, rodó los ojos a mí, con fastidio. Ya cansada y hastiada por el ambiente, pidiendo que regresáramos a casa.

No, indicó que lo haríamos.

Así que finalmente, en lugar de escaparnos a festejar con el resto, los tres regresamos juntos a casa, obviamente por cuestiones de transportarnos. Si ella se iba, no habría manera de que nosotros dos volviéramos, sobre todo porque vivimos a casi una hora de aquí, y nadie habría de llevarnos.

Mandé un par de mensajes antes de irme, pues ya no tenía cerca a ninguno de ellos y me marché con Annie y Bertholdt.

El viaje fue tranquilo, pues ninguno de ellos habló. Y sólo la música se mantenía de fondo, a un volumen considerablemente bajo.

Habiendo entrado a la calle, fui disminuyendo la velocidad y subí a la pendiente de la cochera perteneciente a la casa, estacionando el auto en diagonal.

—Aún debes aprender a estacionarte— soltó Annie, con ironía y somnolencia, dándose a descubrir de la parte trasera del auto.

—Bertholdt— llamé, sacudiendo su hombro ligeramente—. Bertholdt— insté, buscando despertarle, algo que no fue del todo fácil hasta después de varios intentos fallidos nombrándole y removiéndole logramos reanimarle.

Tras ello, permitiéndole por fin a Annie bajarse del auto. Y como siempre, antes de entrar en la casa, revisa el buzón en busca de correspondencia.

— ¿Ya hablaste con los del correo? — preguntó, monótona.

—Sí, no es ningún problema de distribución. Simplemente no ha llegado nada para nosotros— revelé, subiendo hacia las escaleras del pórtico para adelantarme a abrir la puerta, aún abotonando mi camisa y cargando con mi equipo en manos.

Entramos a la casa, y yo me dirigí hacia la cocina, dejando colgadas las llaves, valga la redundancia, en el llavero sobre la cocineta. «11:21 PM», anunciaba la estufa. Las luces, siendo prendidas una a una por los otros dos en la casa.

La última siendo encendida por Annie, en la sala frente a la cocina, donde tomó asiento en uno de los sillones, mascullando con frustración.

Y me giré hacia Bertholdt, intentando descifrar en su mirada qué es lo que estaba ocurriendo con Annie en estos momentos, sin embargo, ninguno de los dos tenía idea. Podía estar cansada, quizá se equivocó en algo durante su presentación de hoy.

O podría ser relacionado a lo que ambos llevábamos ocultándole desde hace un tiempo. Sí, es lo más lógico. Pero antes de tomar cualquier otra acción, quisimos comprobarlo por nosotros mismos, y bajamos en dirección a ella.

—Oe, Annie— vociferé, dando saltos hasta llegar al sillón a su lado. Siendo acompañado por Hoover—. ¿Cómo estuvo la noche para ti? ¿Cansada?—inquirí, zanganeando y zarandeando mi cabeza y encogiendo mis hombros.

En el acto, siendo observado por su frío e inexpresivo semblante, el cual con fastidio, apenas se dignaba de voltear hacia mí. Sus ojos, viéndose desviados hacia la otra parte de la habitación unánime sus brazos eran cruzados y al mismo tiempo subía una de sus piernas sobre la otra.

No es algo de lo que quiera hablar con nosotros.

El silencio que se instaló, siendo lo suficiente para convencer a Leonhart de irse. Pero necesito hablarlo con Annie ahora mismo, o después será peor para ella.

Annie— volví a nombrarle, y se detuvo, estando a un paso de subir a la cocina. Entre el azabache y yo, como cómplices, decidiendo si revelarle o no lo que ambos sabíamos desde hace ya un tiempo. Un par de meses.

Annie, ya enarcando una de sus cejas, insistiendo en que prosiguiera con mi habla o que le dejara ir. Y resoplé, dimitido. Invitándole a tomar asiento, señalándole con mi cabeza y mano a que volviera y se colocara a mi lado, justo en medio de ambos.

Y aburrida, se volvió hacia nosotros. Hasta dejarse caer entre el espacio que quedaba entre ambos, evitando enfrentar su rostro al de nosotros, manteniéndolo fijo hacia su frente.

—Annie — volví a resoplar, entrelazando mis manos y tornando mi vista hacia el mismo punto en que ella. Organizando mentalmente toda la conversación que habría de proceder a esto —, tiene… ¿tiene algo que ver con Marcel? — cuestioné.

Su lenguaje corporal, pasando a ser sumiso e inquieto ante la mención del susodicho. Algo que intentó disimular, no del todo bien.

—Ya veo — afirmé, viendo de reojo a Bertholdt —. Supongo que se han estado hablando, ¿no? —indago. A lo que en respuesta, disiente ligeramente, casi imperceptible. Para ella misma.

Será más difícil de lo que creí.

— ¿Qué hay con eso? — cuestiona Annie, finalmente. Encubriendo el titubear de su voz.

—Annie, no queríamos hacerlo aún pero, creemos que es mejor decírtelo ahora— comienzo, inflando mi pecho de oxígeno, preparándome y dándole la señal a Hoover, quien ya había empezado a buscar en su celular, con nerviosismo.

Annie, mirándome como si esperase lo peor debido a mi forma de hablar.

—Pero, ¿no has pensado que… talvez ya tiene pareja? — pregunté, cuidadoso.

Annie suspiró.

— ¿Es una broma? — inquiere, no muy convencida de sus palabras—, porque si lo es, no estoy para sus tonterías— espetó.

—No, no es ninguna broma, Annie— contesté, firme. Y volvió a admirarme con vacilación —. Sólo que… Berth y yo hemos visto… — pausé, titubeando un par de veces.

Las palabras no me salían, pues sé que podría ser duro para Annie saberlo de ésta manera. Pero no tanto como lo sería si se enterase más tarde, y por otros medios. Sobre todo, cuando Bertholdt y yo ya estábamos enterados de ello.

Hoover palpó mi hombro, y con sosiego, me entregó su celular, teniendo ya las evidencias de antemano. Antes de seguir, permitiéndome vagar un poco más por lo demás, asegurándome de todo. Entonces, escabulléndolo al alcance de la vista de Annie.

—Marcel ya tiene a alguien más…— dije, sin querer sonar tan explícito. Deslizándome entre varias de las fotos, las cuales no pude terminar de mostrarle.

Annie se levantó, con intenciones de huir hacia su habitación.

Hey— clamé—, ¡Annie!— grité, yendo detrás de ella. Siguiendo sus pasos hasta el segundo piso, advirtiéndole avanzar con desesperación cada uno de los escalones, tropezando entre algunos de éstos, dándome la oportunidad de alcanzarle—. Annie-

— ¡Déjame en paz! — gritó, cerrando la puerta en mi cara.

Le llamé, y golpeé a su puerta varias veces, mas no respondía.

— ¡Annie, abre! — insistí—. No queríamos hacerte sentir mal. Era necesario decírtelo— explico, golpeando mi espalda contra la puerta y dejándome caer contra ésta, tomando asiento.

— ¡Vete a la mierda, Braun! — bramó, con la voz quebrada.

Me erguí, e intenté abrir la puerta al golpearla varias veces. Pero no me fue posible debido a la rigidez de ésta.

— ¡¿Crees que fue mi culpa?! — increpé, empujando aún la puerta—. ¡Abre ya la maldita puerta! —ordené, pateando ésta. Sintiendo un súbito estremecimiento recorrer mi espalda, el cual me hizo girarme de inmediato, encontrando a Bertholdt a mis espaldas retirando su mano de mi hombro y mirándome, consternado.

Intercambiamos un par de palabras. Me recargué contra la pared contrapuesta a la de la habitación, y esperé. Mientras que Bertholdt abría la puerta de la recamara de Annie frente a mí, lenta y cuidadosamente.

—A-Annie… — aludió, asomándose —, ¿puedo? — solicitó, ingresando a la habitación. La entrada, quedando completamente abierta, exhibiendo la absoluta penumbra presente en el interior del aposento.

Sobre la cama, apenas pudiendo distinguirle a ella, encogida. Annie, llorando.

Me acerqué al marco de la puerta, y en silencio, observé al par. Hoover, sentado en la orilla de la colchoneta, removiéndose incómodo sobre sí mismo, cabizbajo. No encontrando qué decir, difuso.

Annie comenzó a murmurar, tomando por sorpresa al más alto, quien prestó atención a sus palabras. En su escucha, frunciendo su entrecejo y componiendo varias expresiones de desagrado o desacuerdo a las palabras de la rubia.

— No es verdad— soltó, acercándose a la rubia—. Eres m-muy linda… S-si quisieras… tendrías a cualquier hombre a tus pies…— comentó, tímido y vacilante.

La voz de Annie no puedo alcanzar escucharla con claridad, pero realmente suena abatida. Desesperanzada. Nunca antes le había visto así, y es horrible.

Nadie podría imaginarle de la manera en que está, ni siquiera nosotros, a pesar de ya conocerle de hace tiempo.

— Nos tienes a nosotros… — agregó Bertholdt, tomando la mano de Annie con delicadeza, con un tono de voz reconfortante. Leonhart alzó su cabeza, y miró en mi dirección. Mientras que el azabache me invitaba a acércame.

No quería intervenir entre ellos, sin embargo, me acerqué. Y entre ambos, le abrazamos e intentamos consolarle.


Ambos dormimos con ella durante un rato. Haciéndole compañía hasta llegada la madrugada, intentando no hacerle sentir tan sola tras lo sucedido.

Su cuerpo, y casi por completo ella, quedando cubierta y protegida por las cobijas de la cama. Y por encima de éstas, ambos de nuestros cuerpos cubriendo a sus costados, sentados y cruzados de brazos.

Y habiendo comprobado que Annie ya se encontraba durmiendo profundamente y se encontraba tranquila, cada uno volvió a su habitación correspondiente para descansar.

Mgh— bufé, sobresaltado. Presionando mis parpados y pestañeando repetidas veces, encandilado por la repentina entrada de luz en la habitación. Y apesadumbrado, salí de mi cama a saltos, y caminé hacia el pasillo con el propósito de bajar a preparar el desayuno, titilando sobre mis piernas.

Antes, echando un vistazo a la habitación Annie, cuya puerta permaneció abierta. No parecía haber nada fuera de lugar, sigue dormida como siempre acostumbra aún a estas horas de la mañana.

O por lo menos a primera vista, todo parecía normal. Hasta que algo me desconcertó, y volví a girarme.

« Don't throw stones at me. Don't tell anybody. Trouble finds me. All the noise of this has made me lose my belief…» pude escuchar, antes de abandonar la pieza.

No, no era ella. Empero, en su mano, sostiene su celular. Y éste se encuentra reproduciendo música, lo que no fue así anoche. Supongo que despertó después de que Bertholdt y yo le dejáramos.

Lo dejé pasar, y me alejé, regresando a mi trayecto hacia la cocina. Alisté lo necesario y comencé a preparar el almuerzo, cuando comenzaron a sonar mis notificaciones del grupo de WhatsApp que tenemos.

« ¡Reiner, hubieras venido! ¡La fiesta estuvo genial!» fue uno de los mensajes, adjuntado a una serie de fotos. En algunas de ellas, apareciendo Krista.

Me maldigo.

Más tarde Bertholdt se acercó a la isla de cocina, somnoliento. Tomó asiento y me acompañó. Almorzamos solos, inclusive limpiamos un poco y miramos la televisión. Y pasadas las horas, Annie siguió sin aparecerse por aquí.

— ¿Annie no ha despertado? — inquiero, extrañado. Si bien es normal que Annie duerma bastante, a estas horas ya debería haber bajado al menos a desayunar.

Hoover negó con la cabeza y se encogió de hombros, a lo que resoplé y fastidiado, estiré mi brazo hacia el mueble a mi lado, y logré asir mi celular, para acto secundo entrar y escribir algo en el grupo.

Todos accediendo a mi propuesta.

— ¿Estás seguro? —cuestiona Bertholdt, desconfiado de mi decisión.

—Sí — afirmé, terminando de mandar en segundo mensaje a otra de las conversaciones. Colocándome de pie y volviendo sobre mis pasos hacia la habitación de Annie, decidido a ejecutar mi plan.

Estando ya en el lugar caminé hacia ella. Encendí la pantalla de su teléfono, pausé la música, me hinqué frente a la cama y admiré su rostro. Y sí, volvió a llorar después de que nos fuimos. Pues las marcas, la hinchazón y el enrojecimiento en su rostro son prueba de ello.

Pasé mi pulgar por su mejilla, y limpié ésta. Deslizando entonces mis dedos por su cabello, colocándolo detrás de su oreja y despejando su rostro.

Me levanté, y me dirigí a abrir las persianas y la ventana en sí, dejando entrar la luz a su lugar.

—Ya es hora de levantarse—indiqué, inclinándome hacia la cama y descubriéndole del manto que la cobijaba—. Muévete, vamos a salir — avisé.

—Mm…— balbuceó y refunfuñó, colocándose boca abajo y cubriéndose con la almohada.

— Ya casi es la una de la tarde, ¿cuánto tiempo más estarás ahí tirada? — señalé, agitándole. Rodó sobre sí misma, e intento mirarme con fastidio. No obstante, la tristeza seguía ahí, presente—. Nos vamos en una hora— revelé, más comprensivo.

— ¿A dónde iremos? — suspiró, dimitida. Tomando asiento y deshaciéndose de las sábanas.

—Es sorpresa— dije, saliendo devuelta al corredor.

El tiempo que yo había estipulado había sido el suficiente para prepararnos y tras media hora de camino, finalmente llegamos a nuestro destino, encontrándonos allí con resto que nos acompañaría.

— Qué… — comenzó Annie, desconcertada y disgustada.

—Vamos. Será una tarde con amigos — animé, arrastrándole conmigo. A pesar de que Annie puede resultar ser bastante asocial, pensé en la idea de salir en grupo. Supongo que esperaba a que fuese algo más íntimo, sólo nosotros tres.

Pues al menos de esta manera, podrá distraerse y olvidara el asunto por un rato. O eso es lo que al menos nosotros esperamos.

Recorrimos la mayor parte del lugar, sin hacer mucho en especial más que conversar. Sin embargo, ha sido ameno. Hemos hecho bromas y contado algunas anécdotas, entre otras tantas cosas.

— Hubieras invitado a Krista — murmura Annie hacia mí. Pues es consciente de mi atracción hacia Reiss. Mientras que por otro lado, es la única mujer entre todos.

Aunque no ha tenido demasiado problema con ello, pues se comunica con facilidad con Armin y Marco, el primero de éstos siendo uno de sus compañeros en la Facultad de Derecho y con el que ha entablado mejores relaciones durante estos meses.

Jean no ha apartado la mirada de su celular, y Connie se la pasa de un lado a otro haciendo tonterías e intentando llamar la atención de Jean, buscando sacarle de su ensimismamiento. Mientras que yo charlo con Eren y Bertholdt sobre otros asuntos.

Posteriormente a todo aquello, decidimos ir a comer a algún lugar debido a la hora. Y terminamos yendo a McDonald's — que fue lo primero con lo que nos encontramos—.

Y estando dentro del establecimiento, tomamos una de las mesas más grandes y céntricas del lugar, siendo lo suficiente para los ocho. Y fuimos entrando y recorriéndonos uno a uno hasta haber ocupado el círculo casi por completo.

De izquierda a derecha, de orilla a orilla, siendo el primero Armin, seguido de Jean, Marco, Connie, Bertholdt y yo, para terminar con Jaeger y Annie en la esquina a mi costado. Nos pusimos de acuerdo entre varios sobre la comida durante un par de minutos y volvimos a salir, para ir a la caja.

—Jean, muévete, por favor — pidió Marco, empujándole amistosamente. Intentando no caer en la desesperación.

—Deja ya ese celular, te quedarás ciego — protestó Connie, intentando movilizar a sus otros dos compañeros de habitación.

—Pueden hablar después — agregó Bodt.

—Tengo que responderle — defendió Jean, mascullando. Entonces siendo empujado con fuerza por Springer, quien ya se encontraba fastidiado de Kirschtein y su lentitud, dejándonos salir a Bertholdt y a mí de la rueda. Y dejamos solos a Eren y a Annie sobre la mesa.

No parecen hablar mucho, ambos parecen estar aburridos.

La fila no era larga, y nuestros pedidos no tardaron mucho en salir, por lo que no tuvimos que dar una segunda vuelta y regresamos ya con las bandejas en mano. Advirtiendo el cómo ahora Jaeger intentaba hablar con Annie, quizá intentando convencerla de algo por el tono de voz que usaba.

Ambos guardaron silencio y nos admiraron al vernos acercar.

—Hamburguesas con queso — mencioné, burlesco. Colocando la bandeja con la orden de los tres frente a ellos y tomando asiento nuevamente a su lado, estirándome a tomar la caja que pertenecía a mí.

El par al lado mío, abriendo el envoltorio y examinando el contenido casi a la vez, curiosos.

— Entonces… — empezó Eren, vacilando.

—Está bien… — murmulló Annie, pausando unánime sus labios ya buscaban probar bocado —, pero aún necesitas aprender a tratar con las chicas, ¿sabes? — comentó, alzando una de sus cejas.

— ¿Estás segura de que eres una? — bromeó Jaeger.

— ¿Estás seguro de que no eres una? — regresó, venenosa y perspicaz. Siendo cazada por la molesta mirada del de ojos verdes.

— ¿Ya van a pelear de nuevo? — cuestionó Jean, con desagrado. Quien fijo, paseaba sus manos por la mesa y tomaba algunos de los sobres y uno de los popotes, empujando de por medio su celular al centro de la mesa. Llevándose la inmediata atención de Eren. A lo que Kirschtein en sus reflejos, lo apartó de inmediato.

«Mika «3», vaya… Ahora entiendo.

— ¿Con quién chateas? — inquirió Jaeger, con recelo.

—No es nada que te importe — espetó Jean, guardando el aparato en sus bolsillos y bajando la cabeza hacia su comida, siendo secundado por las miradas del azabache y el rubio a sus lados. Armin y Marco parecen saber algo, pues ambos se ven nerviosos ante lo ocurrido.

Jean

—Por poco y Eren te descubre — dice Armin, removiéndose y abrochándose sobre el asiento del copiloto, recordándome nuevamente de mi error cometido en la mesa de ya hace un rato, pareciera que queriendo darme una lección cuan niño pequeño siendo regañado.

—Ya lo sé. No tienes por qué recordármelo — repliqué, encendiendo el auto.

— ¿A qué se refieren? — intervino Connie, sobresaltándome. Olvidaba que él también venía con nosotros.

—Sobre algo que no les interesa ni a ti ni a Jaeger — solté, directo. Escuchando Connie refunfuñar a mi honesta respuesta. Otro descuido y podría también enterarse él, siendo el más propenso a soltar la boca y a ser el menos discreto entre nos.

Armin, mostrando algo de desconformidad a la manera en que lo dije.

—Debes ser más cuidadoso, Jean — reprende Marco.

—Ya me lo has dicho muchas veces — contesté —demasiadas, diría yo. Desde que nos conocemos quizá… ¿Siete años? Sí, bastantes—, hastiado. Y siguieron murmurando, al punto de fastidiarme y desconcentrarme—. ¡Ya cállense! — bramé —. No pienso estar soportándolos todo el camino — bufé, poniendo en marcha el automóvil.

Los tres se apaciguaron, y no volvieron a hablar demasiado durante el resto del camino, lo cual también me fue desesperante. Demasiado silencio.

— ¿Ya es todo? — preguntó Armin, unánime cerré la cajuela del auto.

Marco y Connie se adelantaron a llegar a la habitación una vez llegamos al campus, pues ambos tenían pendientes por terminar para sus respectivas clases, mientras que Armin me ayudó a bajar algunas cosas.

—Sí — afirmé, bloqueando el auto con el botón de la llave —. Dame una de las cajas y llévate esto, yo cargaré lo demás — ofrecí, tomando de lo más pesado.

Hace una semana que fui a visitar a mi madre, debido a que ésta enfermó. Y aprovechando mi visita, mi padre me entregó y ayudó a cargar con algunas de las cosas que me habían faltado a mi auto.

Las había dejado olvidadas en el maletero, hasta hace unas horas, que pasé un par de cosas para poder dejar que Marco y Connie tomaran asiento en la parte trasera.

Sí, ya necesita una limpieza.

Nos encaminamos hacia nuestro edificio, cuidando de no tirar nada. Y estuvimos intercambiando un par de palabras, algo cortantes debido a la situación. Hasta que de pronto cambió, justo antes de entrar. Cuando estuve a punto de abrir la puerta.

— Jean, ¿me harías un favor? — inquirió el rubio a mi lado, tímido.

— ¿Qué clase de favor? — consulté, buscando mi tarjeta entre mis bolsillos.

— Es que, quisiera que me ayudaras con algo… — pausó, inseguro. Y le miré, esperando a que siguiera —. Me gusta Annie — soltó de golpe, encogiéndose de brazos y apretando sus parpados, como si esperase a ser golpeado.

Me detuve, y mi credencial salió del bolso de mi pantalón hacia el suelo.

— ¿Annie? ¿Annie Leonhart? — cuestioné, sorprendido. A lo cual Armin asintió, cohibido —. No puedo creerlo… ¿Annie? ¿Pero qué le ves a esa narizona amargada? — rebatí, siendo admirado con desaprobación por Arlert—. Bueno, a ella — corregí.

Guardó silencio, y no quiso responder. Lo que traté de descifrar por mi cuenta. La idea que venía a mi cabeza, no siéndome de lo más certera, pero que podría ser una de las probables razones.

—Armin… — comencé, vacilante —. ¿No es atracción sexual, o sí? Porque si es así yo-

— ¡Jean, no! — respondió, exaltado —. Yo… ah — sopló —. No es por eso. No sé cómo expresarlo, pero… me gusta. Mucho — soltó, intentando calmar su repentino desasosiego.

—Nunca me lo esperé de ti…— confieso, suspirando—. Pero igual te ayudaré— consentí, provocando la sutil sonrisa de Arlert—. ¿Alguien más lo sabe?

—Mikasa…— concernió.

—Eso es bueno— replico, con una sonrisa—. Pronto tendrán exámenes, ¿no? Mikasa mencionó algo al respecto— sonsaqué, sagaz—. Podrías usar esa excusa para pasar más tiempo con Annie, invítala a estudiar contigo, o algo así— propongo.

—Esa es una buena idea— aprobó, contento—. ¿Algo más?

—Sí— afirmé, asustando un poco a Arlert—. Necesitas rebajarte el pelo, ya lo traes largo otra vez— mencioné, revolviendo su rubia cabellera, haciéndole avergonzar un poco.


—No… Mikasa, por favor— suplico, abrazándole por detrás e intentando hacerle retroceder conmigo, apartándole del mármol.

—Jean— nombró, soltando una risita—, no tardan en llegar…— mencionó, removiéndose un poco, aún risueña. Alcé la mirada, y pude admirarle observarme a través del espejo con afabilidad. Y al encontrarnos, al darse cuenta de que le descubrí, volvió a reír por lo bajo.

Teniéndole bajo mi merced, deslicé mi mano sobre su brazo derecho, recorriendo toda su extensión, acariciándole primorosamente hasta llegar a la punta sus delicados y finos dedos, atrapando éstos entre los míos con dulzura.

—No… — pedí nuevamente, bajando su mano.

—Por favor… No me dejas terminar — pide, benigna. Y le solté, permitiéndole continuar con lo que hacía.

—Recuerdo… cuando nos conocimos en la preparatoria —comienzo, captando la atención de Mikasa —, aquella vez. Ese primer día en que nos vimos, yo elogié tu largo y negro cabello — dije, rozando la punta de mi nariz con las fibras del mencionado. Sintiendo ese dulce aroma de ´éste escabullirse por mis cavidades.

Sintiéndole estremecerse sutilmente ante mi acción, mientras yo comenzaba a sentirme adormecido.

—Para que al siguiente día, ¡bum! — exclamé, divertido. Sobresaltándonos a ambos —, asistieras con el cabello corto. Apenas a la altura de tus hombros — comenté, y asintió, deleitable —. ¿Por qué? Porque Eren te lo pidió. Y ahora, ¡mira! — señalo —. ¿Coincidencia? Volvió a ocurrir… ya era corto, ¡y ahora más!

Susurré y exclamé, pasando mi mano por su cabello recién cortado. Admirando las hebras de éste acariciar el dorsal de mi mano.

—No exageres… — expresó, cortando otros de sus mechones.

—Pero no estoy exagerando… — justifico —. Ahora tienes el corte de Dora la Exploradora — relacioné, a lo que en respuesta, me miró, haciendo un ligero puchero y rondando los ojos, divertida. No logrando mantener demasiado la faceta de seriedad.

—Jean… tú, ¿cuánto pesas? — preguntó, fortuita.

—Ah… Sesenta y cinco, quizá. No lo sé, ya no me he pesado— farfullé, desconcertado. Mikasa abrió sus ojos de golpe, y acto secundo bajó su cabeza—. ¿Por qué? — indagué.

—Por nada— respondió, negando con su cabeza, algo triste—. Entonces, ¿no te gusta? — evadió, dejando sus tijeras de lado sobre el lavabo y agitando un poco su melena.

—No, sí me gusta. Sólo, ya estaba acostumbrado al otro— expliqué, con total sinceridad, mirándole a los ojos a través del espejo. Siendo el momento en el que decidió girarse y alzar la cabeza hacia mí.

Su cabello ahora llega por poco debajo de sus orejas, y conserva su fleco, pero éste también fue cortado, ahora siendo distribuido a la mitad de su frente, en forma de cuadrado y dando más visibilidad a sus grandes y hermosos ojos grises.

Sinceramente, no hay nadie que se compare a su belleza.

—Tú… no importa cómo, siempre serás hermosa. Eres perfecta tal y como eres— confesé, logrando causarle un ligero y notable sonrojo. Además, en mis palabras, percatándose de que también me refería a lo anterior por más que tardé en entenderlo, percibiendo algo de aflicción en su semblante.

Me aproximé a su rostro, y Mikasa hizo nada frente a ello, permitiéndome el acercamiento. Permitiéndome dejar un pequeño beso en sus suaves labios, absorbiendo el inferior de éstos entre los míos con sumo cuidado.

Y en mi descuido, me sostuvo cerca de sí, para luego rodear mi cuello con sus brazos, provocándome encorvar mi espalda.

Me incliné, y fui deslizando mis manos a lo largo de su dorso, explorando la delicadeza de los definidos músculos de su espalda baja acariciar mi mano, la cual descendió hasta la parte baja de sus glúteos, donde le tomé con firmeza y le levanté en mi brazo. Colocándole sobre el mármol del lavabo, disponiéndole a mi altura.

El dulce beso que habíamos intercambiado antes, de un momento a otro tornándose apasionante, excitante.

Nos apartamos.

—Necesito darme un baño… — susurra —. Sasha e Historia no tardan en llegar… —expone, sofocada.

—Tal vez pueda ayudarte… — propongo, jadeante —. No creo que haya problema… ellas ya saben de lo nuestro — agregué, suspirando y besando delicadamente su cuello.

—Jean… — rio, empujándome suavemente.

— ¿Me darás un beso de despedida? — demandé, sugerente. Y sin titubear, jaló del cuello de mi camisa y rozó mis labios con ternura.

— Ya— sentenció.

—Otro no estaría de más…— sugiero, recibiendo el contacto aludido, dejándome llevar y logrando alargarlo de nuevo. Y volviendo a abrazarle, acaricié su cuerpo lentamente, temiendo a cometer cualquier error. Siendo atento a cada una de sus reacciones y mis movimientos, los cuales son consentidos por Mikasa, mientras su cuerpo tiembla, pero también persiste.

—Si vas a comértela, que sea en la cama y de noche, Jean. Aún es muy temprano para cenar — interrumpió Sasha, alarmándonos a ambos de manera que ambos saltamos y nos separamos al escuchar su voz.

Braus se encuentra en la entrada de la habitación, acompañada de Historia y cargando un par de cosas, ambas riendo a nuestras reacciones.

Tanto Mikasa como yo estamos sonrojados a más no poder, siendo atrapados justo en el momento en que ambos nos encontrábamos a poco de nuestro punto de entrar en verdadera excitación.

Mikasa vaciló varias veces, sin saber a dónde moverse o a donde mirar, evitando verme a los ojos.

Bajó del lavabo y dio un par de pasos frente a mí, y antes de que pudiera salir le tomé de la mano, esperando a que pudiese cubrirme. O en realidad, era algo que esperábamos el uno del otro ante este momento tan vergonzoso por el cual tuvimos que pasar.

Y juntos, caminamos hacia la salida.

—Se ven tan lindos juntos — chilló Sasha, desde la parte alta de la litera.

—Te vuelves muy dócil cuando estás con Mikasa — bromea Reiss.

—Cállate — mascullé, casi para mí mismo.

Antes de marcharme, ambos salimos hacia el pasillo, o por lo menos quedamos entre la habitación y el pasillo, de forma que nadie del interior ni del exterior pudiese vernos de manera clara. Y tímida, Mikasa se estiró a depositar un beso en mi mejilla. Para acto secundo, volver al interior de su residencia y cerrar la puerta sin decir una palabra, cabizbaja.

Dejándome solo tras la puerta.

Puedo escuchar murmullos, sin embargo, no me son claros. Sólo sé, que lo que haya dicho Mikasa, me ha hecho sonreír para mis adentros. Y sin duda, ha alegrado el resto de mi día.

No obstante, necesito relajarme. Nuestro encuentro nos ha dejado algo alterados. Mikasa me está volviendo loco. La tensión sexual entre nosotros no ha hecho más que aumentar últimamente, y no sé exactamente por qué.

Aunque, en verdad, creo que Mikasa podría ser quien ha estado ocasionándolo principalmente. No la estoy culpando, ni estoy diciendo que tampoco sea mi culpa. Porque los dos estamos forzosamente implicados en ello.

Pero, lleva un par de semanas actuando un poco raro. De la nada ha estado más abierta y cariñosa a mí, cuando estamos a solas. Cosa que antes no era así de una u otra manera. Y no es que no me guste, me encanta, demasiado.

Puede que estar conmigo sí la haya impulsado a cambiar de esa manera, pero a la vez me es demasiado extraño. Quizá no estoy a acostumbrado a recibir cariño de esa forma por parte de Mikasa.

Sin embargo, siento que hay algo más. Pero no logro descifrarlo.


¡Hey! ¿Ya llegaron hasta aquí? Bueno, ¿qué tal ha estado? Sí, me faltó advertir de ésto último. Pero fue intencional, quería que fuera sorpresa, so...

Jean puede parecer estúpido, pero no lo es — no se crean. A pesar de que le gusta cómo van las cosas con Mikasa, sí sospecha. Y, como en el capítulo tres... Un poco random pero importante.

La expresión de Jean cuando Mika lo besó en el auto me la imaginé como la de Sangwoo después de besar a Bum cuando se cubre los labios y está sonrojado, yo no recuerdos—.

Un déjà vécu es diferente al déjà vu, pues el primero no se limita sólo a la percepción visual, si no también, la sensación contiene gran variedad de detalles, reviviendo en apariencia algo ya vivido, aun brevemente, de manera integral sensaciones, movimientos, y otras cosas el estilo. [consultado en la publicación El déjà vu y los sueños premonitorios, de la página Los Territorios Fronterizos].

No se confundan, el cabello de Mikasa ya era corto pero ahora es como un corte estilo honguito con flequillo, y es que esto se me ocurrió porque me estaba imaginando la parte del zoológico —antes de escribir el décimo capítulo, pero parte de este—, y quería describir el look de Mikasa, y me la imaginé con cabello más corto y recto...Me gustó, y pensé, why not?

De hecho, pueden verlo en un doodle medio raro y rápido que hice y que subí a Tumblr, lo pueden ver este link: [bit . ly] [/ MikasaHSD] todo va junto, pero FF no me deja y el original es demasiado largo para ponerlo aquí, y de esta manera es más fácil de "tipearlo" e ir a la publicación. Así que ahí se los dejo.

Marcel y Annie, o Anniecel, es uno de mis crack ships inventados —tal vez no muy crack... pero Marcel está muerto. So sad—. Para cuando se me ocurrió, me parece que apenas acababa de salir la canción de I hate you I love you, y en parte me inspiró para su relación en Red Rover.

Por un momento en donde Reiner va a despertar a Annie, me pasó la fugaz idea de que la besara, ¡pero no podía pasar! Ciertamente mis instintos multishipper me traicionan de a ratos :c.

Pero bueno... ¡Hasta la próxima semana, Meine Leser!


Love Stories On My Mind: Jaja xD. Bueno, es que siempre preparo los capítulos un día antes de publicarlos, y si es posible desde el domingo. Para que así no consuma la mayor parte de mi día y pueda hacer trabajos tranquilamente. Y pues ese día ya era tarde, y yo como: "ya de una vez actualizo, para llegar tranquila mañana" :v.

De hecho, al momento tengo hasta el capítulo diez en el manager de documentos, ya cada uno con sus respectivos comentarios y/o explicaciones correspondientes —estos los tengo desde que escribo el capítulo, así no se me pasa alguna aclaración que tenga que dar. Ya que suelo ser muy despistada ._.—, mientras los otros siguen en revisión.

¡Bueno! Ya di mi aportación indirectamente (?) :v. Sobre los Jaeger: más de veinte años de trabajo constante y una especialidad bien pagada por parte de Grisha... Cuánto no ha de ganar; sobre los discos, Mikasa es el tipo de persona que se prepara para cualquier situación que pueda presentarse (?), como que se le descargue el celular o pierda señal :u. Rayos, me hiciste recordad algo triste ;-;. ¡Nos leemos! xD.

Dulcehp7: Wow :0. ¿De un tirón? O-O. Me has sorprendido, enserio. En promedio, cada capítulo tiene nueve páginas [actualmmente casi entre doce-quince] y algunos suelen extenderse. Y por otro lado, tal vez ciertas cosas no se lleguen a comprender desde el principio, pero algunas se irán aclarando. Igual y sí. Incluso a veces suelo esconder pistas que pueden dar con próximos capítulos, incluyendo los que aún no he escrito, y eso puede confundir. Gracias por darme oportunidad, nos leemos :D.

Karlin-Zeldi: La respuesta está en tu corazón ;v. Ok no xD. Aquí está la respuesta 7u7. Me encantó la imagen de Levi, enserio «3. ¡Puedo jurar que es una BMW! Lo sé, algo en mí me dice que lo es :n. ¡Saludos!

Gaia Neferet: ¡Y aún hay más de donde vino eso! 7u7. Lo de Jean y Mikasa se mencionó desde el capítulo seis... (?) :v.

Y sobre nuestro enano... Esas preguntas no me dejan dormir por la noche... xD.

Eso mismo me pregunto yo; es como cuando compras un celular nuevo y al día siguiente sale uno más nuevo y mejor. Y te quedas con el viejo —no lo había pensado, pero me di cuenta hasta después. Esto me recordó a un capítulo de Victorius, con lo de los pera phone (?). ¡Entendí la referencia! xD. Si no te cela, no es tu padre xdd. Y por último, pues, me gusta interactuar con ustedes. Me da confianza y es divertido :D. Y te juro, en verdad, que leer tu review me hizo el día. O la noche, que fue cuando lo leí xD. Bueno, ¡nos seguimos leyendo! :D.