Disclaimer: Nada que puedan reconocer es mío, fin.

Primero que nada ¡Muchas gracias por sus reviews! Me alegra que les guste la historia. Disculpen la tardanza.


Capítulo VII

Ira

La ira es eso que te va consumiendo poco a poco. Es eso que por un motivo u otro se va a apoderando de ti, volviendo la realidad más pesada, haciéndote decir cosas que no sientes. ¿Nunca has sentido que respiras fuego? ¿Qué tu corazón late desbocado por motivos ajenos al amor? ¿Nunca has sentido deseos de destrucción? Apretar, golpear, romper, destrozar…

Él veía las gotas de sangre cayendo de sus manos al blanco suelo, manchándolo, acabando con su pureza. Así como él había acabado con la de ella. Sangre, roja, caliente, espesa, muerta. Contemplaba el sangriento espectáculo ante él, y entonces… Despertó.

Eran altas horas de la noche, el frío y la oscuridad se cernían sobre el colegio Hogwarts de magia y hechicería, en el interior de sus fuertes muros. En el séptimo piso, para ser exactos. En una habitación conocida como La Sala De Los Menesteres, una pareja, haciendo uso del extraordinario poder de dicha habitación, se hallaba tendida en lo que parecía ser una cama, juntos, abrazados.

Ella lo veía con anhelo, como si a pesar de estar a su lado lo sintiera muy lejos, se hallaba fuertemente abrazada a su cuerpo. Y él… Él solo la observaba dubitativamente, deseando no tener que ser el que rompiera aquel nada incomodo silencio.

—Entonces… —musitó ella, antes de ser interrumpida por los labios de aquel que la acompañaba, compartieron un beso dulce, corto, pero lleno de vitalidad y sentimientos. Entonces, él habló.

—Debes entender… Que esto es una locura, no deberías estar aquí en primer lugar.

Ella lo fulminó con la mirada antes de desenredar los brazos de su cuerpo.

—¿Qué es lo que quieres de mi entonces? ¿Qué te ignore? ¿Que vaya corriendo y me arroje a los brazos de Theo? ¡No puedo hacer eso! ¡No quiero hacerlo! —exclamó ella, y al culminar el liquido que había estado conteniendo en sus ojos se desbordó, comenzando a caer delicadamente por sus pálidas mejillas. Él se incorporó en la cama, y con cuidado secó sus lágrimas.

—No lo entiendes…

—No, Draco, tú eres el que no entiende —musitó Hermione con frialdad sonriendo melancólicamente.

—Sabes lo que soy, sabes en lo que me convertiré… Sabes lo que estoy obligado a hacer ¡LO SABES MALDITA SEA! —si había algo que solo Hermione Granger podía controlar eran las explosiones de ira de Draco, así que se abrazó a él, y esperó a que los latidos acelerados de su corazón se normalizaran un poco.

—Debes entender, Hermione, debes entenderlo…


—¿Sabes lo que acabas de hacer? ¡¿Tienes al menos una mínima idea de la magnitud de tus actos?!

Theodore Nott se volteó hacia su acompañante y le dedicó la mirada más fría que Pansy había visto en su vida.

—Sé lo que hago y sé por qué lo hago. Así que cierra el pico, Pansy —sin más Theo se giró nuevamente, dándole la espalda a la mujer.

"Idiota", pensó ella. ¿Acaso no se daba cuenta del precio que había aceptado pagar? Él… Theo… Nunca podría sentir felicidad, su vida era una condena. Se lo habían quitado todo.

Pansy se mantuvo en silencio, caminando incansablemente detrás de Nott, toda esa situación se volvía cada vez más retorcida. "¿Qué más da?", pensó, "Toda mi vida ha sido retorcida".

"—No… por favor… No me hagan nada, suéltenme… —la apenas audible voz de una chica se escuchaba en lo que parecía ser una antigua habitación. Ella sentía deseos de gritar, pero el nudo en su garganta a causa de las lágrimas contenidas la dejaba sin voz. Se hallaban en la casa de uno de los mortífagos del círculo interno, mejor dicho, en la mansión de uno de ellos. Todos los miembros del círculo interno eran asquerosamente ricos. Sin embargo, también eran seres carentes de escrúpulos, sentimientos, cerebro… No eran más que simples marionetas del Señor Tenebroso. Y dos de esas marionetas la estaban sujetando en ese momento.

—Deberías cerrar esa linda boquita tuya antes de que nosotros nos encarguemos de colocar algo en ella ¿No crees, preciosa? —soltó uno de los gorilones que la mantenía sujeta, ante esto su compañero estalló en carcajadas.

El mortífago que acaba de hablar estaba sentado sobre ella, mientras que ella se mantenía acostada en el sucio suelo de la antes mencionada habitación. El otro mortífago sostenía con una de sus manos las manos de ella y con la otra le "acariciaba" el rostro. Las miradas de ambos hombres estabas llenas de lujuria, una lujuria bañada en locura, eran un par de sádicos desquiciados.

—Yo creo que ustedes deberían soltarla antes de que yo les arranque las manos ¿No creen zopencos? —los captores y la cautiva dirigieron sus miradas hacia donde provenía la voz. Los mortífagos estallaron en carcajadas. Era solo un muchacho, delgaducho, inexperto, débil.

Se trataba del hijo de Nott, el dueño de la mansión donde todos ellos se encontraban, el lugar donde se estaba llevando a cabo la reunión.

—Deberías irte, mocoso —espetó uno de los mortífagos.

Pansy observaba al muchacho con el terror marcado en todos sus rasgos. Theodore Nott. Ella jamás había sido muy amiga de él, estaba ocupada tratando de atrapar peces más gordos, como Draco Malfoy. Theodore iba en su misma casa, Slytherin, e incluso iba en su mismo curso, aun así ella nunca se había interesado en él, y ella estaba segura de que él tampoco en ella.

—Solo lo diré una vez más, par de gorilas. Suéltenla —musitó Theo con una espeluznante tranquilidad.

El mortífago que sostenía las manos de Pansy le hizo una señal al otro para que se encargara de sujetarla mejor, y se puso de pie. Dio unos cuantos pasos hasta estar cara a cara con Theodore Nott.

Todo sucedió demasiado rápido. Theo sonrío casi imperceptiblemente, apuntó al mortífago con su varita, un destello verde salió despedido de ella y a los segundos aquel desagradable hombre se hallaba tendido sobre el suelo. Muerto.

Pansy abrió los ojos en un claro gesto de sorpresa.

—¿Pero qué carajos? —exclamó el otro mortífago.

La leve sonrisa de Theo se ensanchó y apuntó a su siguiente presa con su varita.

—Ya me harté de jugar, Avada Kedavra —nuevamente un rayo verde salió desde la varita de Nott y dio de lleno en el pecho del segundo mortífago, haciéndolo caer al instante, lastimosamente, sobre Pansy— ¡Demonios! —exclamó Theo antes de correr a auxiliar a la chica.

Con un movimiento de varita le quitó el cadáver de encima para luego arrodillarse a su lado, la chica tenía los ojos bañados en lágrimas, su delicado vestido se hallaba hecho trizas y su ropa interior a penas la cubría.

—Esos malditos… —susurró Pansy dejando por fin que las lágrimas cayeran limpiamente por su fino rostro— trataban de violarme… A mí, Nott ¡A mí!

Theo se quitó la capa negra que llevaba y envolvió a Pansy con ella.

—Lo sé, pero ya no fastidiaran más, ven, deshagámonos de los cadáveres antes de que se den cuenta —la voz de Theo sonaba jovial, quien lo viera no sospecharía siquiera que acaba de asesinar fríamente a dos hombres que le doblaban la edad, el tamaño y el peso. El muchacho se puso de pie y le tendió una mano a la chica, ella lo observó con interés durante unos segundos, para después tomar su mano sin ninguna duda encima. Pansy Parkinson confiaba en Theodore Nott."

Pansy sonrió y observó a su acompañante, desde aquel día ella había estado detrás de Theodore Nott. El misterioso, el callado, el inteligente, el inalcanzable Theodore Nott.


Un equipo de no menos de veinte aurores acaba de llegar a la mansión Malfoy, estaba encabezado por nada más y nada menos que el legendario Harry Potter.

Después de muchos debates y una incansable lucha, Harry consiguió que el ministerio aprobara su solicitud para registrar esa casa e interrogar a los Malfoys restantes.

Luego de desactivar las diversas protecciones y adentrarse en la mansión, Harry y todo su equipo se quedaron como piedras. No había rastro ni de Narcisa ni de Draco Malfoy.

—¿Qué demonios…? —murmuró Harry lleno de asombro, ¿Sabían que él iría? ¿Por qué no estaban? ¿No se suponía que ambos estaban locos? ¿Qué carajo estaba ocurriendo? Una mano apretó confortablemente su hombro, Harry volteó y se encontró con el consternado rostro de su novia.

—No hay rastro de ellos, el grupo "a" se encuentra buscando objetos oscuros mientras que el "b" trata de encontrar alguna pista de su posible paradero —la voz de la pelirroja estaba cargada de seriedad, ella creía que Harry en su afán por tener respuestas, había vuelto a caer en su antigua obsesión por Draco Mafoy. No obstante, ahora dudaba de sus creencias, si Draco y Narcisa Malfoy no se hallaban en su hogar, algo grande estaba pasando. Algo muy grande.


En un remoto lugar, una mujer se hallaba recostada sobre un fino sofá fumándose un alargado cigarrillo. Su negra cabellera caía como cascada sobre el sofá, y el humo la envolvía mientras sus ojos rojos centelleaban.

—Ya ha comenzado el juego, esto será interesante —la mujer parecía hablarle a la nada, su voz era dubitativa, simplemente se hallaba pensando en voz alta— Será divertido ver quienes sobrevivirán y quienes lograrán conseguir lo que tanto anhelan, el reloj de la vida corre deprisa, dando giros, todo está a punto de cambiar. Tan solo espero no haberme equivocado al ayudar a ese tal Nott, bueno, si Dumbledore confía en él, por algo debe ser. Pobre muchacho, sacrifica demasiado por una mujer que jamás será suya. Ay, en fin ¡Apúrense con la cena que muero de hambre incompetentes!

Todo el mundo sabía que no era buena idea impacientar a una Bruja Dimensional.


Luna Lovegood se encontraba en la pequeña sala de su casa dándole de comer a su adorado bebé. El pequeño rubio cada día se hacía más grande y regordete, era sencillamente adorable. Luna trataba de concertarse en cuidar al bebé, trataba de no pensar, de no recordar, de no sentir, pero nunca lo lograba. Notó que el bebé ya había vaciado su biberón, y sonrío. Abrazó al pequeño, apretándolo contra su pecho. Ella había hecho una promesa, nada malo le pasaría a ese bebé.

El sonido de unos golpes en su puerta destruyó su pequeña burbuja, desconfiada, colocó al bebé en su coche, tomó su varita y se dirigió a la puerta.

Lentamente se acercó al rectángulo de madera que protegía la entrada de su hogar, tenía miedo.

—¡Lovegood abre la maldita muerta de una buena vez!

"No puede ser", pensó la rubia, "esa voz…"

Abrió la puerta apresuradamente encontrándose con dos personas, aunque solo una de ellas captó su atención, se trataba del dueño de la voz que acaba de oír, de una persona que se suponía no volvería a ver jamás.

—Draco Malfoy… —susurró Luna con incredulidad, mientras que el aludido sonreía.


No se me quita la costumbre de dejarlo todo en suspenso. Espero que les haya gustado el capítulo y no tardarme tanto en traerles la continuación. De nuevo quiero agradecerles por todos sus reviews, por agregar a favoritos y por sus follows. Si dejan unos cuantos reviews más no me molesto ¿Ok? Hasta luego.