Disclaimer: Los personajes y lugares le pertenecen al legendarium del gran maestro Tolkien, a quien admiro muchísimo. Las frases en cursiva representan el mundo interno de los personajes (según el POV).


HIJOS DE GONDOR

El tesoro de la Torre

POV Faramir:

Hace frío. Anochece, hay muchas nubes en el cielo y unas gotas caen en mi cabeza: creo que va a llover. Por fortuna, tengo puesto uno de los abrigos que papá mandó confeccionar. Es extraño que me sienta cómodo: el día está gris, pero me agrada la lluvia. Casi nunca me quedo a observarla o sentirla, porque dicen que puedo enfermarme. Supongo que finalmente gozaré de aquel placer.

—Señor Faramir —escuché mi nombre.

O tal vez no.

—¿Beregond?

—¿No es poco prudente estar aquí afuera? —dijo, posando una mano en mi hombro.

—¿Por qué lo sería? —le sonreí— La lluvia es increíble.

—Sí y arreciará pronto. No quisiera que le pase nada.

—¿Pero qué haré adentro?

—Puede leer. Mandaré por algunos pergaminos, si así lo desea.

—Está bien. Pero me gustaría quedarme un poco más, por favor.

Beregond asiente y me acompaña en silencio. Como las paredes son muy altas, me acerco a la única abertura al final de la Ciudadela, donde puedo ver mejor. Si aquí está nublado, las montañas del horizonte se ven mucho más oscuras… excepto por una luz que sale en la cima, parecida a una llama de fuego. Ha estado así desde hace meses y no sé por qué, pero su aspecto me estremece.

—¿Asustan, verdad? —Beregond me habló, señalando el horizonte con su mirada—. Las Montañas de la Sombra.

—Un poco —le mentí, fingiendo fuerza—. ¿Por qué nadie ha ido allá hasta ahora?

—Está prohibido. Se dice que el espíritu de Sauron, enemigo de los Hombres, habita en esas tierras. Aguardando una segunda oscuridad.

—¿Entonces regresará?

—Espero que no. Ruego a los Valar que jamás tenga que vivir la tragedia de sus antepasados.

—¡No te preocupes, Beregond! —le respondí, muy animado— Cuando Boromir y yo seamos grandes, venceremos a ese monstruo. ¡Y Minas Tirith estará a salvo!

—Es muy valiente de su parte, mi señor Faramir —Beregond acarició mi cabeza—. Pero no logrará nada, si se resfría. Mejor volvamos a la Torre —dijo, cubriéndome con otro abrigo.

—¿Qué hay de los demás guardias?

—Ellos estarán bien, solamente obedezca —me dejó en el umbral de la puerta, con una reverencia—. Lo veré después.

Los guardias abren la entrada de la Ciudadela, pero tardo en pasar, viendo cómo Beregond se aleja. La lluvia cae con más fuerza y unos rayos iluminan el cielo. Ingreso al Gran Salón, apenas iluminado por algunas velas: con esta tormenta, se ve más grande y lúgubre. De repente, un ruido extraño hace eco, justo detrás del trono de papá.

—¿Quién está ahí?

No veo a nadie con esta oscuridad, así los rayos alumbren el Salón. Suenan más truenos allá afuera, como si el cielo fuera a caerse. Mis piernas tiemblan un poco y saco mi espada de madera, con la que entrené esta mañana. Me siento asustado, por cada paso que doy. ¿Dónde está Boromir, cuando más lo necesito?

—¡Aquí estás! —alguien me tomó de los hombros y grité, pero sentí que me cubrieron la boca rápidamente— Baja la voz…

—¡Boromir! —lo reconocí y quité su mano, molesto— ¿Qué te pasa, tonto?

—Sólo fue un pequeño susto. Deberías verte ahora —dijo, riéndose de mí.

—Ya basta. ¿Qué haces aquí?

—Eso te pregunto. No te encontré en tu habitación.

—Me quedé a ver la lluvia con Beregond.

—A veces actúas como un loco. Pudiste coger un resfriado.

—Gracias por preocuparte, pero ya no soy un niño pequeño —torcí mis labios.

—Tus ocho años no dicen lo mismo —Boromir agitó mis cabellos, riendo—. En fin: ¿te gustaría acompañarme un rato?

—¿Qué? ¿A dónde?

—¡Es una sorpresa, ven! —lo sentí jalarme del brazo.

—¡Boromir, aguarda! ¡No me has dicho a dónde vamos!

Mi hermano sisea para que guarde silencio. Quiero detenerlo… pero es imposible, como de costumbre. No me queda otra opción más que seguirlo por una vía estrecha, oscura y desconocida para mí. Hay una luz muy débil al fondo, pero no entiendo que quiere hacer. ¿A dónde me conduce?

—¿Qué es este lugar? —rompí el silencio.

—¡Baja la voz! —puso un dedo en su boca, frunciendo su ceño.

—Está bien —mascullé, encogiendo mis hombros—. ¿Pero qué vas a hacer?

—Primero prométeme que no le dirás a papá de este camino. Sólo Beregond, tú y yo lo conocemos.

—Si no es nada malo, de acuerdo. ¿Pero qué vamos…?

—¡Shh! Ya llegamos.

La luz que vi hace un rato apareció con más fuerza, proveniente de una pequeña antorcha. Muy cerca de ahí, hay unas rejillas por donde se filtra el aire de otro espacio más iluminado. Me acerco con Boromir hasta allí: ¡ya vi este lugar antes!

—¡La Cámara del Consejo! —volví a sentir la mano de Boromir en mi boca.

—Te dije "silencio".

—Mmm… —me quejé, tratando de zafarme— ¿pm qm mstms mqm?

—¿Qué? —mi hermano me miró, intrigado.

—¿Por qué estamos aquí? —me solté, repitiendo mi pregunta en voz baja.

—Si oyeras la discusión, lo entenderías —lo vi guiñar un ojo.

—Pero eso está prohibido. Papá dijo…

—¡Por los Valar, qué moralista eres! ¿Cambiaría en algo, si te digo que es por una aventura?

—¿Aventura? —expresé, muy interesado.

—¡No hay necesidad de que te la entregue! —escuché a alguien del otro lado.

Me aproximo más a la rejilla, con Boromir. Reconozco la voz y figura de mi padre: parece que habla con alguien. Está molesto, puedo comprobarlo por su tono. ¿Entregarle "qué" a "quien"? Inmediatamente mi duda es resuelta, al revelarse la imagen de otra persona muy conocida.

—¿Mithrandir y papá?

—Sí. Llevan dos horas aquí.

—¿Tú también? —le cuestioné, viéndolo arquear sus cejas.

En eso, escucho a Mithrandir responderle a mi papá con la misma severidad.

—Sería lo más sensato. Pero conociéndote, perdería tiempo con mi sugerencia.

—Esa reliquia le ha pertenecido a Gondor por generaciones y también conozco su historia, por los archivos de mi padre. El hecho de que temas por la seguridad de Arda, no te da licencia a interrogarme con tanta soltura y mucho menos exigirme la piedra. ¿Ya has olvidado quién soy?

—Claro que no, Denethor —Mithrandir caminó, con los brazos detrás de su espalda—. Eres un hombre de carácter y también inteligente. Entiende que tengo sospechas: en especial, siendo tú quien vive frente a Mordor.

—Mis guardias vigilan la frontera de Ithilien, día y noche. Ya me habrían notificado de algún movimiento del enemigo.

—No hace falta. Sauron tiene sus propios medios para controlar a quien desee… ¡y esa palantir es una conexión peligrosa!

¿Palantir? ¿De qué está hablando?

—¿No te basta con saber que la tengo a resguardo?

—¿Incluso de tus manos, Senescal?

Veo a papá callar un momento, frunciendo su ceño con más fuerza. Creo que Mithrandir le ha hecho una pregunta indebida.

—Eso no te concierne —se defendió—. Además, si tanto te preocupa el regreso de Sauron, busca las demás piedras videntes, a ver si tienes éxito —se recostó en su asiento, con una sonrisa mordaz.

—Esperaba más de ti, Denethor, hijo de Ecthelion —suspiró Gandalf, sacudiendo ligeramente su cabeza—. Supongo que debo confiar en tu palabra, pero no olvides que te lo advertí. ¿Está segura?

—En la Torre Sur de la Ciudadela. Está de más que me recuerdes mis labores: Gondor está bien y su secreto a salvo.

—Eso espero —dijo el mago, desviando la mirada hacia la rejilla.

Al instante, Boromir y yo nos escondemos tras la puerta, sin hacer ruido.

—¡Volteo hacia aquí! ¿Nos habrá visto?

—No lo creo… —contestó Boromir, alzando la cabeza al mismo tiempo que yo— ¡ya se están yendo!

Puedo ver que papá y Gandalf se retiran de la Cámara del Consejo, mientras un sirviente pasa y apaga todas las luces, dejándonos sin más iluminación que la antorcha del pasillo. ¡Qué alivio! Ya me imaginé siendo castigado por… ¡un momento! ¿Por qué sigo aquí? ¡Es demasiado riesgo!

—¿A dónde vas, Faramir? —Boromir me tomó suavemente de la mano.

—Casi nos descubren, tenemos que irnos.

—Aguarda un rato, o nos verán salir… ¡ven, siéntate!

—¡Es una locura, Boromir! —me senté, apoyado en una de las paredes— ¿Qué pretendes con esto?

—¿Me dirás que no te interesó?

—No es eso, sólo no comprendo: ¿a qué se referían con "palantir"?

—Esperaba que me lo dijeras —se frotó el cuello, riendo un poco.

—Pero jamás he oído algo así —respondí.

—¿Será posible? —Boromir se tomó la frente con una mano— Estamos perdidos.

—No tanto —le sonreí—. Mithrandir dijo que es una piedra vidente y está relacionada con Sauron. Si buscamos libros…

—¿Para qué? —me interrumpió, incómodo— Con lo que dijeron, es más que suficiente.

—No sabemos si es peligrosa. ¿O qué otro plan tienes?

—Papá dijo que está en la Torre Sur —Boromir se levantó.

—Y… —lo imité, intuyendo a lo que se refería.

—Hace tiempo que no hacemos algo divertido, Faramir.

—¿Quieres ir allá? —le grité— ¡Nos castigarán!

—Sólo será esta noche, nadie va a enterarse. ¿O tienes miedo?

Su pregunta me deja en silencio. Tampoco puedo mentir: sí me asusta, porque no sé qué puedo encontrar. Es raro que jamás haya visto esa piedra, en todas las veces que he paseado por esa torre. De hecho, no he vuelto a ese lugar desde la muerte de mamá. ¿Será por eso mi temor? Creí que ya lo había superado.

Debo responder, Boromir me está esperando. ¿Qué me cuesta decir un…?

—Está bien —suspiré—. Lo haré.

—¡Perfecto! —saltó, entusiasmado— Ahora debo buscar algo en la armería…

—No hay necesidad. Conozco una entrada sin vigilancia, estaremos bien.

—¿Seguro? —arqueó las cejas, asombrado.

—Confía en mí…

Doy media vuelta, sin esperar a que Boromir responda. No veo nada con esta oscuridad: será mejor que tome la antorcha. Sin más, me dirijo a la salida junto con mi hermano.

FIN POV Faramir.

POV Boromir:

En unos minutos, volvemos al Salón Principal. No hay guardias ni sirvientes a esta hora y la oscuridad de la tormenta se ha hecho más profunda. Apenas la antorcha de Faramir nos ilumina, pero… percibo algo extraño. ¿Es la noche? ¿La nueva aventura que tendremos? ¿O el silencio de mi hermano?

—El viento es más elocuente.

—¿Qué? —dijo Faramir, mirándome de reojo.

—No estás yendo a un funeral, Faramir. ¡Relájate y habla un poco!

—Intento que pasemos desapercibidos o nos castigarán.

—Tampoco exageres. Dijiste que no había vigilancia.

—Nunca se sabe —nos detuvimos frente a un portón negro—. ¡Toma la antorcha!

—¿Eh? —la recibí sin reclamar.

Faramir examina la puerta con mucha seriedad, como si intentara recordar algo, hasta que lo veo trepar en una de las rejillas y manipular el exterior de la cerradura. No demora mucho en su propósito y logra abrirla con facilidad.

—¡Listo! —mi hermano saltó al suelo, ingresando al siguiente nivel del pasillo.

Apenas puedo contestarle, mientras mi cuerpo se mueve por inercia y cierro la entrada. ¡No sé qué decir! Traer a Faramir ha sido un acierto… aunque sigo sintiéndome extraño: la gran mayoría de veces, soy yo quien da las ideas, y ahora estoy siguiendo las suyas. Supongo que tendré que acostumbrarme por hoy.

—¿Qué te pasa?

—Nada —disimulé—. Tienes que enseñarme eso —le señalé la puerta, en alusión a su infantil proeza.

—Casi olvido cómo se abría —sonrió, divertido, mirando a su alrededor—. Este lugar no ha cambiado mucho.

—¿Cómo conoces la Torre Sur? Jamás hemos pasado por aquí.

—Acompañaba a mamá aquí, hace años. ¿No te lo conté?

—Pues… —intenté hacer memoria— no recuerdo. Lo que importa es que nuestra aventura será rápida.

—Si es que encontramos esa piedra extraña…

—Palantir —le recalqué.

—Sí. ¿Será verdad? —Faramir se adelantó a subir por unas escaleras, en forma de espiral— Lo que dijo Mithrandir…

—Crees mucho en leyendas —reí un poco—. Si fuera peligrosa, papá no la tendría en la Ciudadela.

—Escondida. Eso ya es sospechoso.

—Nada se te escapa, Faramir —aproveché su distracción para sacudir sus cabellos—. Por cierto: ¿a dónde vamos?

—Dos pisos antes del último nivel. Después hay otra subida que conduce a una terraza que apunta al Sur.

—¿Seguro?

—Claro que sí. Yo sólo iba al último nivel… —sentí un suspiro melancólico— donde mamá me esperaba.

—¿Y por qué nunca me llamaste para acompañarlos?

—No lo sé…

Guardamos silencio por un rato, en tanto la tormenta continúa. Es la primera vez que lo veo así, después de tanto tiempo: Faramir siempre ha sido un niño alegre, pero la nostalgia de esta noche lo está abatiendo y ahora se apodera de mí. No quiero verlo triste, pero no puedo decirle nada. También me siento igual y no entiendo la razón.

Este juego ya no me está gustando. ¿Hice bien en traerlo aquí?

—¡Ay! —me quejé, al chocar con mi hermano— ¡Cuidado, Faramir!

—No puede ser… —me ignoró, observando una pared de piedra que teníamos al frente— ¡no hay paso al último nivel!

—¿Qué?

—¡No debería estar sellado! ¿Por qué taparon la entrada?

—¡De seguro es el escondite de la Palantir! O te equivocaste de lugar.

—¡Por supuesto que no!

De repente, ambos miramos escaleras abajo. El rumor de unos pasos nos alerta. Un trueno hace eco en la oscuridad. El temblor de mis piernas se hace evidente: ¡miedo! ¡No, no puedo tener miedo! ¡No ahora!

—¿Lo oíste? —apunté la antorcha hacia adelante, trémulo— ¿Q-qué fue eso?

—No lo sé —Faramir se aferró a mi abrigo— ¿Cerraste la entrada principal?

—¡Claro que sí!

—¡Pues algo se está acercando! ¿Qué vamos a hacer?

Ni siquiera yo estoy seguro. Miro a todos lados, ubicando una puerta cerrada con algunas cadenas cruzadas en su superficie. El ruido aumenta: ¡viene hacia nosotros!

—¡La puerta, empújala! —le señalé, apoyando con desesperación mis palmas en la madera.

Un carraspeo desconocido se hizo presente en las tinieblas y los pasos se escuchan más cercanos. Faramir solloza, pide a gritos salir de aquí: está tan aterrado como yo. ¡Porque sí, ya no puedo ocultarlo! ¡Esta torre tiene un hechizo! ¡Jamás debimos venir! ¿Cómo pude ser tan irresponsable? ¡Boromir, tonto!

Una corriente de aire frío nos congela la sangre. Faramir y yo damos un último empujón y abrimos la puerta sellada, enredándonos en las cadenas.

—¡Pasa, Faramir! ¡Rápido! —ayudé a mi hermano a cruzar el umbral de la puerta, cerrándola de una patada.

Ambos retrocedimos, aún en el suelo, atentos a cualquier cosa que estuviera tras la puerta. Apenas puedo ver dónde estamos, gracias a la antorcha que Faramir pudo recuperar. Un sonido parecido al de alguien arrastrándose retumba afuera, junto con el impacto de los rayos. Las cadenas se agitan. ¿Estoy soñando? ¡No, no puede ser! ¡Faramir también lo siente! No me queda de otra: ¡sea lo que esté allí, tendré que enfrentarlo!

—¡Boromir, no!

—¡Atrás! —desenvainé mi espada de entrenamiento, amenazante.

Sentía que las paredes de ese cuarto extraño se cerraban alrededor nuestro. El ruido parecía bajar, pero yo no podía estar tranquilo. Sigo alzando mi espada. Ni siquiera volteo para asegurarme que Faramir se había puesto a resguardo… hasta que un estruendo me alarmó, haciéndome gritar. Todo desapareció de repente, excepto un fuerte dolor en mi pecho: ¡Faramir ya no estaba! ¡Había desaparecido!

FIN POV Boromir.

POV Faramir:

Mi poco valor desapareció al sentir el suelo moverse, cayendo a un agujero desconocido. No sé cómo pasó o si pisé en falso: sólo sé que es muy doloroso. Oigo el grito de Boromir, que se aproxima hasta donde estoy, pero no entra. ¡Parece que está muy hondo! ¡¿En dónde me encuentro?!

—¡Boromir! —miré hacia todas partes, intentando ubicar una luz— ¿Dónde estás, Boromir?

—¡Faramir! —escuché su voz algo lejana— ¿Estás bien, hermano?

—Me caí —traté de levantarme, sujetándome de una fría pared de piedra.

—¡Busca la antorcha, Faramir! Puedo ver algo de fuego, desde aquí.

Mi cabeza me da vueltas… sin embargo, la idea de tener luz es más fuerte que mi dolor y hago el intento de caminar, hallando el poco fuego que conservaba la antorcha.

—Este lugar… —mascullé, viendo que el agujero era la conexión a un pasaje secreto y angosto— ¡es un camino estrecho!

—¡Trata de impulsarte! —Boromir ignoró mi comentario, extendiendo sus brazos hacia abajo.

—No puedo —aguanté un quejido—, tengo una rodilla lastimada.

—¡Debiste fijarte al caminar!

—¡Ya no digas nada! —no pude contener mi llanto— ¡Quiero salir de aquí!

—¡Pero no hay nada en este cuarto! —lo oí resoplar, mirando a todas partes— Tengo que buscar ayuda.

—¡No me dejes aquí, por favor! —me asusté.

—¡Sé fuerte! —Boromir gritó, nervioso— Yo también tengo miedo… pero voy a rescatarte, no importa lo que haga.

—Pero si papá se entera…

—¡Lo sabrá de todos modos! ¡Espérame aquí!

—¡No, Boromir! —grité todo lo que pude— ¡Vendrán por mí, no te vayas! ¡Boromir!

Mis gritos no sirven de nada. Puedo oír el rechinar de la puerta después de varios segundos, en señal de que Boromir ya se fue. Ahora que estoy solo, puedo ver mi rodilla: la herida es grande, aunque no sangra mucho… pero duele. Detesto los lugares oscuros, siento que algo malo saldrá de repente. Las lágrimas vuelven a caer. ¡Quiero a mi hermano! ¡Quiero a mi madre! ¡Ya no quiero seguir aquí!

Un extraño suspiro llamó mi atención a la izquierda de ese pasaje estrecho. Una especie de brisa, un murmullo en el viento. ¿Qué es? No lo sé… ¡y ahora hay ruidos que vienen de otro lugar! El temor vuelve, pero recuerdo las palabras de Boromir: no soy un cobarde. Y la curiosidad se hace más fuerte: ¿qué hay del otro lado del susurro?

¡No me voy a quedar sentado, tengo que averiguar qué es! La pierna me duele, pero intento arrastrarme hasta coger un ritmo suave. Es una fortuna que la antorcha dure, pero no creo que me quede mucho tiempo. Parece que una luz se filtra al final del pasaje y el sonido del viento aumenta. Por los Valar, me estoy congelando… ¿pero qué? Hay gradas: ¡es una escalera! ¿Qué otros misterios oculta esta Torre?

No sé cómo, pero las sigo cuesta arriba por largo rato y llego a otro espacio más grande, apenas iluminado por los rayos de la tormenta. Puede ver algunos muebles y un atril en el centro, cubierto por una sábana negra. ¡Un cuarto secreto! ¿Por qué mamá no me contó de este lugar? O tal vez no sabía. ¿Por qué tengo la sensación… de tenerla más cerca que nunca?

El rechinar de una ventana rota me alerta en vano, pero no me llama tanto la atención como el objeto del centro. No es una columna que termine en el techo. Es extraño que cubran un poste, sin motivo. No sé por qué me acerco a él, jalo la sábana y descubro algo nuevo: ¡una esfera negra!

¿Será lo que estoy pensando? Todo lo que ha ocurrido esta noche, viene a mi mente: la charla de Mithrandir y papá, el misterio de la Torre Sur, la entrada bloqueada: ¡ahora todo tiene sentido!

—¡Una palantir! —exclamé, asombrado.

No recuerdo haber estado tan emocionado, excepto por el viaje a Dol Amroth. Es tan extraño que haya descubierto la Palantir, siendo Boromir quien quería verla primero… ¡es verdad! ¡Boromir dijo que volvería con alguien! Miro hacia la abertura por la que subí, pero un nuevo susurro se hizo presente. Es como… si me hubieran llamado. ¿De dónde? Miré la esfera, que parecía brillar. ¿Cómo…?

—Faramir… —oí mi nombre a lo lejos, pero esta vez desde arriba.

¡Debe ser Boromir! ¡Mi hermano llegó! Traté de seguir el mismo camino, pero me detuve: el pasaje estaba muy oscuro. El frío volvió con más fuerza. Mi corazón latía con mucha rapidez: no podía pedirle que subiera, pero tampoco dejaría el tesoro que hallé en este cuarto sin salida.

—¡Señor Faramir! —otra voz resonó en el pasaje— ¿Se encuentra ahí?

—¡Boromir, Beregond! —alcé mi voz— Estoy bien, llegué a unas escaleras.

—¿Qué? —la voz de Boromir sonó intrigada.

—¡Hay otro cuarto acá arriba! ¡Encontré la Palantir, Boromir!

—¡No te entiendo bien! —volvió a quejarse mi hermano.

—¡Eso es lo de menos! —lo interrumpió Beregond— ¡Hay una puerta sellada, además del agujero! ¡No avance más, señor Faramir! ¡Iremos por usted!

¡Boromir y Beregond vienen por mí! Aprovecho en volver al atril y mirar la Palantir. ¡Se llevarán una sorpresa cuando la vean en mis manos! No puedo alcanzarla… ¡ya sé! Cojo una silla mediana y subo, tratando de cuidar mi pierna. Boromir tendrá que felicitarme: ¡he cogido la piedra misteriosa! ¡Soy el soldado más valiente de Gondor!

Dos truenos hacen eco en la noche, seguidos de un relámpago brillante que ilumina la sala por un rato. Al fin puedo verla con detalle: es una esfera negra, muy lisa y dura. No había sentido algo tan pesado… ¡y está brillando! La pequeña luz aumenta, como si algo se revolviera. Parece un montón de nubes, una tormenta dentro de la Palantir.

—¡Faramir! ¿Sigues ahí? —oí la voz de mi hermano, un poco cerca.

No puedo contestarle. Veo cosas extrañas en la esfera: ¡Minas Tirith! ¡La Ciudadela y sus seis niveles por debajo! ¡La Torre Sur! ¡Mi familia!

Oigo frases, en un idioma que no entiendo: no es el síndarin que me enseñó papá. Las imágenes vuelven a mezclarse, esa voz me hipnotiza. La Palantir pesa mucho, mi cuerpo tiembla, estoy sudando…

—Faramir… —una voz distinta me susurró.

¡Es la misma que me trajo aquí! Mi nombre se repite varias veces, pero no digo nada… ¡me duele mucho la cabeza! Los truenos parecen más fuertes, hay golpes de espadas en mi cabeza, gritos desgarradores, el calor aumenta. ¿Qué me está pasando? ¿Qué significa esto? ¡Boromir, ayúdame! ¡La esfera arde en llamas!

FIN POV Faramir.

POV Boromir:

No puedo creer que haya sido tan difícil salir de ese pasaje: ¡Faramir tiene suerte de ser tan pequeño! Identifico las escaleras que mencionó, pero me extraña no escucharlo: es la segunda vez que lo llamo y no obtengo respuesta.

—¡Beregond, date prisa! —le exigí.

—¡No es tan sencillo! —replicó, logrando dejar el camino estrecho— Por los Valar: ¿cómo se les ha ocurrido venir aquí?

—Sólo jugábamos —le oculté la verdadera razón de nuestra aventura.

—¡Y Faramir está herido por ello! ¡Ruegue a Eru que no le haya pasado nada!

—¡Suficiente! —me exasperé— ¿Por qué todos le tienen miedo a esa piedra?

—¿Piedra? —Beregond arqueó las cejas, mientras me cubro la boca— ¿De qué está hablando?

Al instante, un potente grito nos hizo reaccionar: ¡proviene de arriba!

—¡Faramir! —olvidé la discusión y corrí lo más que pude.

¡Al diablo la oscuridad, la tormenta, todo! Subo las escaleras lo más rápido que puedo, seguido de Beregond. Una luz muy fuerte ilumina las últimas gradas y llego hasta ahí, contemplando las convulsiones y el llanto de mi hermano, mientras sostenía una esfera de fuego entre sus manos.

Sacudo mi cabeza con fuerza: ¡no puede estar pasando! ¡La Palantir! ¡Esto es una pesadilla! ¡La pesadilla más espantosa de mi vida! ¡Estoy paralizado!

—¡Señor Faramir! —gritó Beregond, tratando de quitarle la piedra.

—¡Beregond! —atiné a exclamar, viéndolo caer.

No sé qué clase de fuerza tenga esa cosa, pero Beregond se desvanece fácilmente. No queda otra persona más que yo: ¡debo ayudarlo!

—¡No! —corrí hasta él— ¡Resiste, Faramir! ¡Suelta la pie…!

Mi vista se nubla, al contacto con la Palantir. Miles de imágenes se apoderan de mi mente, mezcladas con el fuego. Una especie de ojo en llamas me rodea, mientras escucho sonidos de tambores. ¡Es demasiado fuerte! No… ¡no puedo rendirme! ¡Faramir, despierta, por favor! ¡Tenemos que salir de aquí!

Una intensa luz blanca brilla alrededor mío, para luego volver a la oscuridad…

FIN POV Boromir.

POV Faramir:

El canto de unos pájaros logra despertarme: apenas puedo abrir los ojos, siento como si no hubiera dormido en varios días. Esta habitación no es mía: ¿en dónde…? ¡Cielos! Mi pierna está vendada, tengo el cuerpo muy adolorido. ¿Por qué estoy aquí?

—Lo lograste —una voz grave me llamó, reconociéndola después de unos segundos.

—¿M-Mithrandir? —mascullé.

—Me alegra que estés bien, Faramir —se acercó, sujetando mi espalda para que pueda erguirme—. Trata de no hacer mucho esfuerzo.

—¿Qué me ha pasado? —me froté la cabeza, algo caliente por la fiebre.

—Eso quiero que me expliques.

—Faramir —otra voz nos interrumpió.

—¡Papá!

Me asusté al verlo en el umbral de la puerta, junto con Boromir. Lo noto serio y mi hermano está en silencio. También tiene algunas heridas en su rostro: ¿papá lo habrá castigado? No, imposible… ¡pero todo se ve tan distinto!

—Ha despertado bien —mencionó Mithrandir—. Tus hijos tienen una fortaleza excepcional, Senescal.

—¿Están a salvo? —preguntó, con una vergüenza inusual.

—Boromir no da malas señales. Supongo que con Faramir será igual —dijo convencido, para luego fruncir su ceño—. Espero que hayas aprendido la lección.

Papá no contesta y emite un largo suspiro, mientras nos mira. No está enojado: lo sé por sus ojos. Sólo tuerce un poco los labios y baja la cabeza, retirándose de la habitación.

—No entiendo… ¿a qué se refieren? —le pregunté a Mithrandir.

—Nada en especial —dijo Boromir, sentándose en el borde de mi cama—. Me tenías preocupado —sonrió con tristeza.

—Como pueden ver —habló Mithrandir—, manipular reliquias antiguas no es algo que deba hacerse a la ligera.

Boromir y yo miramos al mago. Debo admitir que me confunden sus palabras, hasta que una chispa se enciende en mi mente.

—Es verdad… ¡la Palantir de la Torre!

—Que casi los mata, si no hubiera llegado.

—¿Cómo lo supiste? —dijo Boromir, intrigado.

—Tengo un don especial con estas cosas. Sospeché que la buscarían, después de andar de fisgones —acotó, revelando nuestro espionaje en el pasillo secreto.

—Fue idea de Boromir —lo acusé.

—Ya lo sé —mi hermano se mostró arrepentido—. No volverá a pasar.

—Descuida. De no ser por ti, jamás la hubiera ubicado —Gandalf puso una mano en su cabeza—. Tu terquedad nos salvó.

—¿De qué? —mi hermano lo interrogó.

—No es algo que les corresponda saber aún —nos sonrió—. Sólo prometan que tendrán más cuidado.

Boromir y yo asentimos. Luego, Mithrandir salió con tranquilidad para hablar con nuestro padre, dejándonos solos. Boromir sigue sentado en mi cama: me entristece verlo tan callado, él no es así.

—¿No te pasó nada?

—No, creo…

—Papá no se ha molestado con nosotros —le sonreí—. Olvida lo que pasó y…

—No se trata de eso —ahogó un sollozo—. Debí escucharte cuando dijiste que no querías ir, debí protegerte en esa Torre y no lo hice. Soy un mal hermano…

Nada me duele más que verlo explotar en llanto, al punto de olvidar que yo estoy mal. Me apoyo con fuerza en la cama y trató de sentarme a su lado, así tenga punzadas en mi rodilla. No hago más que abrazarlo. Boromir me necesita.

—No recuerdo mucho de lo que pasó —le confesé—, pero sentí tu voz en la Torre. Ya es una prueba de que siempre has estado conmigo.

—Faramir… —se le escapó una sonrisa.

Mi hermano corresponde a mi abrazo y nos quedamos así un buen rato, sin importar las horas que pasen. En eso, me asalta un ligero recuerdo de lo sucedido, que me hace sonreír. Creo que ha sido lo más hermoso, en medio de la oscuridad.

—¿Sabes? —me separé de él— Antes de despertarme, vi a mamá.

—¿La viste? —Boromir dejó de llorar, frotándose los ojos.

—No sé qué me dijo. Pero ella también estuvo ahí.

—Pensé que fui el único.

—¿También tú? —esta vez me tocó sorprenderme.

—No estuvimos tan solos, después de todo… —Boromir acarició mis cabellos, como de costumbre.

Empezamos a reír, más calmados. El sol entra en totalidad por la ventana, iluminando toda la habitación. La tormenta ya ha desaparecido hace horas y le pido a Boromir que me acompañe hasta los jardines, para sentir el aroma de las simbelmynë. ¡La primavera está muy cerca!

No sé por qué tengo la impresión de haber cambiado un poco: veo mi reflejo en el agua y me siento diferente. Quizás sea mi imaginación. Han ocurrido cosas muy extrañas en esa Torre. Dudo que vuelva a pasar por ahí, alguna vez. Y esa piedra, la Palantir… ni siquiera estoy seguro si todo fue un mal sueño. Creo que voy a dejarlo así.


N.A.:

¡Cuánto tiempo sin pasar por aquí! Me siento bien conmigo misma, por haber salido del hiatus en esta historia, realmente no sabía cómo continuarla. Pido disculpas al respecto.

Bueno… ¡retomamos las aventuras de Boromir y Faramir en su infancia! Me imagino que todo lugar debe tener sus secretos: siendo la Ciudadela un lugar tan grande y antiguo, sumado a las leyendas que la forjaron, era de esperarse que existieran cosas como una Palantir a la que sólo tenía acceso el Senescal. Por lo que se puede ver, hay posibles pistas de que el mal ya está resurgiendo en Mordor. Me esperanza el hecho de retratar a los hermanos tan unidos, aún en momentos de tensión :') y quería aprovechar en unir los recuerdos de Faramir con esa Torre.

Si hay algo en lo que me estoy confundiendo aquí (es que quería conectar bien los cabos), pueden ayudarme y espero que disfruten este capítulo, que va con cariño para todos los fans :D ¡saludos!