Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a CLAMP


Cerezo Agridulce

Capítulo octavo.

Detalles insignificantes.


(Sakura)

—¿Puedes decirme ahora para qué es todo eso? —Tomoyo seguía impaciente, de pie frente a mi pupitre, con una mano cerrada alrededor de la manija de su maletín y la otra señalando la pequeña pila de libros y apuntes que se encontraban sobre la mesita—. A veces pienso que estamos dejando de ser mejores amigas, ya ni siquiera me cuentas tus planes.

—No seas exagerada Tomoyo —dije, riendo—. No te lo dije porque fue un plan improvisado, además de que no estaba dentro de las cosas que haría hoy.

—Y como estamos en la era de las cavernas, no podías hablarme por teléfono para decir que hoy no volverás a casa conmigo, como quedamos desde siempre —se quejó—. Me siento muy ofendida, Sakura Kinomoto.

—Ya, ya, no te enojes conmigo ¿sí?, es por una buena causa —pedí, al mismo tiempo que me colocaba a su lado y la envolvía en un abrazo ligeramente asfixiante—. Si quieres saber, todo esto es porque voy a casa de Shaoran a estudiar para el examen de lenguaje de este jueves y tú sabes que…

—¿Cómo es eso? —preguntó, interrumpiendo mi explicación en el acto—. ¿Lo obligaste a que te permitiera ayudarlo?

—¡Oye!, eso puede resultar algo ofensivo —respondí, a broma—. No, en realidad fue de mutuo acuerdo, un poco extraño, pero igual no podía dejarlo pasar, siendo que es una buena oportunidad para acercarme otro poco y averiguar más cosas.

—Hay Sakura —expresó mi amiga, con un ligero pesar que me hizo levantar una ceja, confundida—. Sólo espero que tengas bien claro todo o de lo contrario las cosas se te van a complicar un montón.

—¿Todo? —indagué, curiosa—. No entiendo de qué me estás hablando Tomoyo.

—Sólo recuerda mis palabras y ya, no hace falta que lo entiendas todavía —indicó, pero yo seguía con un revoltijo tremendo en mi cabeza—. Y ya vete, supongo que Li te está esperando afuera desde que terminó la clase y mejor que no lo hagas esperar demasiado, con ese carácter que tiene.

—¡Te amo Tomoyo!, eres la mejor —Daidouji sonrió con superioridad, como casi siempre hacia cada que alababa sus virtudes y yo me despedí de ella con un beso en la mejilla, antes de salir hasta el pasillo. Al mirar, me di cuenta de que efectivamente Shaoran se encontraba esperándome, recargado sobre una de las paredes, con los ojos cerrados y los brazos cruzados, en una pose muy extraña de meditación.

—Disculpa la tardanza, ya podemos irnos —hablé y al instante, Shaoran abrió los ojos.

—Además de todo impuntual —expresó y yo sentí que me sonrojaba, sintiéndome en evidencia.

—L-lo siento, es sólo que…

—Da igual, vamos —no dije nada más al respecto y Shaoran tampoco lo hizo. Sin hablar ni hacer preguntas de nada, comenzamos a caminar en dirección a su casa, que quedaba apenas unas cuadras más adelante y, en realidad, se trataba de un departamento ubicado en un edificio de los que quedaban cerca del centro de Tomoeda.

Durante la caminata y mientras escuchaba el sonido de nuestros pasos, el ambiente que nos rodeaba y las voces de las personas que pasaban charlando a nuestro lado, no pude evitar pensar en las palabras de Tomoyo e inclusive en las de la señora Akiko. Ambas se habían encargado personalmente de perturbarme, con sus frases sin sentido y advertencias extrañas, mientras yo seguía sin captar el aparente mensaje que parecían querer transmitirme.

"Si yo fuera tú, también estaría bastante encantada con un muchacho tan atractivo"

Las palabras de la dueña de la floristería llegaron a mi cerebro como relámpago y me fue casi imposible evitar recordar esa frase tan particular, pues no era la primera vez que la señora Akiko daba tales afirmaciones y señalaba, con mucha certeza, el aparente atractivo físico que poseía Shaoran y por el que ella se sentiría atraída, de tener mi edad.

Sonreí a la nada, negando con la cabeza.

Tampoco era para tanto, es decir, Shaoran no era un chico poco atractivo, pero tampoco un supermodelo, digamos que su físico estaba dentro de lo promedio y…

—Oye, idiota, es para el otro lado —al escuchar su voz, hablándome con algo de fastidio, me di cuenta que por estar pensando en otras cosas no había prestado atención suficiente al camino y para ese momento, ya me encontraba yendo en dirección opuesta a donde quedaba el edificio que estábamos buscando.

Me sentí tal cual como una idiota y casi enseguida regresé por el lugar original.

—Perdón —dije y como ya era usual, Shaoran bufó por lo bajo, mientras seguía con su caminata, restándole importancia al asunto.

Fue entonces cuando me dediqué a mirarle más detenidamente, en aquellos momentos en los que parecía totalmente concentrado en el camino, sin prestarle atención a nada ni a nadie, completamente ajeno al mundo y al resto de pequeñeces que solían no interesarle.

Cabello castaño rebelde, facciones finas, hermoso perfil y unos bellos ojos ámbar.

Si tan sólo sonriera, sería mucho más atractivo de lo que ya era...

Un momento, un momento.

No, más bien, si sonriera, seguro sería un logro y eso no tendría nada que ver con su aspecto físico, porque era dentro de lo promedio, justo como lo había dicho antes. Sí, así tenía que ser, no podía resultar de otra manera y yo tampoco tendría que estar pensando en esa clase de cosas cuando mi objetivo principal se limitaba a ayudarlo a él, ayudar a papá en su trabajo, ayudarme a mí a ganar experiencia en el ámbito laboral y ser todos felices.

—Hey, deja de pensar en tonterías y camina, que no pienso esperarte todo el día —para cuando regresé a mi realidad, ya habíamos llegado al edificio de apartamentos y Shaoran se encontraba dentro del ascensor, con un brazo colocado sobre una de las puertas, impidiendo que estas se cerraran y terminaran por dejarme fuera.

Sin decir nada camine hacia el interior y en pocos minutos ya nos encontrábamos dentro del departamento que ya había visitado días antes, sólo que ahora se veía mejor, con una decoración más elegante y linda.

—Vaya, es hermoso —solté, sin siquiera ser consiente de mis palabras y al instante escuché una exclamación de alegría que, evidentemente, no venía de parte de Shaoran.

—Oh pequeña Sakura, me alegra tanto que estés aquí y que te guste como ha quedado este lugar después de mi intervención —Ieran Li se presentó ante mí en cuestión de segundos y yo no pude hacer otra cosa que no fuera sonreír como idiota y hacer un par de reverencias algo torpes a modo de saludo—. Debo darte las gracias por venir a ayudar al cabeza dura de Xiao Lang, es un hermoso detalle de tu parte.

—Eh, no hay nada que agradecer señora Li, en realidad…

—¿Qué no se supone que estarías trabajando todo el día? —la voz molesta y profunda de Shaoran a mis espaldas, logró provocarme un terrible escalofrió que recorrió mi columna rápidamente. La mujer que estaba frente a mi sonrió como si no hubiera escuchado nada y, restándole importancia a su pregunta volvió a mirarme, con mucho interés.

—Me dieron la tarde libre y además, no podía permitir que te quedaras aquí, completamente solo con esta linda niña —explicó—. Eres tan impulsivo que no sé qué podrías llegar a hacerle —al escuchar la acusación me sonrojé como nunca en la vida y bastó con que diera un vistazo hasta donde Shaoran se encontraba para darme cuenta que él estaba igual, sólo que su sonrojo se limitaba a sus mejillas y no a todo el rostro, justo como era mi caso.

—Deja de acusarme de cosas que nunca haría —ordenó el castaño—. Y si nos permites, tu "linda niña" vino a ayudarme con los estudios y el tiempo sigue corriendo.

—Tampoco tienes que ser tan insolente Xiao Lang —añadió la mujer, con una mirada severa que logro hacer enmudecer al chico a mi lado—. Pues bien, estaré en la cocina preparando la cena, sería un honor si nos acompañas está noche, adorable Sakura.

—El honor es mío, señora Li —la mujer se retiró poco después, luego de sonreírme ampliamente y, una vez desapareció tras una puerta abatible, que suponía era la que daba a la cocina, me giré para ver a Shaoran, esperando a que el momento tan particular se desvaneciera y pudiéramos comenzar cuanto antes con la sesión de estudio reservada para esa tarde.

Me miró con interés y yo le devolví el gesto.

—¿Por dónde quieres empezar?

(Shaoran)

La cena estaba transcurriendo en una anormal charla que mantenía mi madre con Kinomoto y viceversa. Para ese momento de la noche yo ya había dominado varios temas respecto a la escritura japonesa y aunque el estudio se había limitado solo a eso, era en este instante de la noche que Ieran estaba aprovechando para conocer mejor a esa chica que ella tanto alababa y consideraba como casi perfecta.

Patrañas y ridiculeces.

—Entonces eres presidenta del consejo estudiantil, debes ser una excelente estudiante —mi madre parecía increíblemente maravillada al recibir el dato y desde el otro extremo de la mesa Kinomoto sonrió con amabilidad.

—En realidad soy presidenta por elección de mis compañeros —informó, ante la sorpresa de Ieran y mi completa diversión—. Acepté el cargo porque no había muchos candidatos pero, tampoco soy una pésima estudiante, digamos que estoy dentro del promedio.

—Entiendo —Ieran dio un sorbo a la copa de agua que tenía a un costado y luego de cruzar las manos por encima de la mesa suspiró, como si estuviera pensando en algo demasiado importante—. Y por lo que me has dicho, también tienes un trabajo de medio tiempo.

—Así es —afirmó, yo rolé los ojos—. Conseguí el empleo hace como dos años, es un trabajo sencillo como dependienta de una floristería y tengo muchos beneficios ahí, la señora Akiko, la dueña, es una mujer muy amable y me ha ayudado a no dejar de lado los estudios mientras le ayudo en la tienda.

—En ese caso me da mucho gusto, se ve que eres una chica muy responsable —celebró Ieran—. Eso es una gran cualidad tuya, ¿no lo crees así, Xiao Lang? —lancé un pequeño suspiro, apartando la vista de la cena que aún no podía terminar, para observar a mi madre con el mismo gesto de hipocresía que utilizaba en ocasiones como esas, las cuales nunca dejaban de ser terriblemente incomodas y fuera de sitio.

—Por supuesto, mamá —concedí, remarcando las palabras como si las escupiera, mientras Ieran me miraba levantando una ceja y Kinomoto, desde su puesto, sonreía nerviosamente.

—Ehm, si me permite decirle algo, señora Ieran, Shaoran es un chico muy inteligente —mi mirada se enfocó en la chica castaña que había tomado de nuevo el liderazgo de la conversación y sin poder evitarlo la miré muy atentamente, con extrañeza—. Por lo que vi es capaz de memorizar muchas cosas sin demasiado esfuerzo y ha hecho el mejor de los trabajos en la clase de artes.

—¿Enserio? —Ieran parecía terriblemente impresionada por las palabras de la castaña, pero no tanto como lo estaba yo, al no comprender que carajos pretendía con aquel discurso tan innecesario—. Eso sí que es nuevo, generalmente cuando me hablan de Xiao Lang, suelen decirme todos los problemas en los que se mete y no lo que estás diciéndome.

—Pues, yo no he sabido que se meta en problemas hasta ahora —informó—. Además es un chico muy amable, él también me ha ayudado un montón en muchas cosas.

—Que interesante —mi madre volteó a mirarme con renovada intriga y yo sentí que un repentino nerviosismo comenzaba a atacarme.

Ella que le decía lo de Igarashi y el dibujo de artes y yo que me levantaba de mi puesto para matarla.

—La cena ha estado deliciosa, señora Li —Kinomoto dejó de lado los detalles respecto a lo aparentemente amable que era y Ieran se volteó a verla otra vez, como siempre con esa amabilidad suya que sólo mostraba frente a las visitas que eran de su completo agrado.

Yo suspiré, sintiéndome aliviado porque la charla respecto a mi terminara y sin afán de participar en la conversación me volví a mi plato.

—Qué bueno que te gustara Sakura —escuché que decía Ieran, pero yo no quise mirarla—. Oh y, antes de que me olvide, supongo que tú sabes acerca del festival anual en el templo Tsukimine, muchas personas en el trabajo hablan de eso últimamente y me da bastante curiosidad el tema, aunque no he tenido mucho tiempo para indagar.

—Es cierto —Kinomoto pareció sorprendida al escuchar el dato, aunque instantáneamente su rostro comenzó a pasar de la alegría a una seriedad nada característica en ella—. El Festival se lleva a cabo durante esta temporada del año, es prácticamente una tradición de la ciudad, muchos de los comerciantes participan en las decoraciones y hay muchísimos stands de juegos, comida y otras actividades.

—¿De verdad? —preguntó, la castaña asintió—. Eso es muy interesante, nunca había escuchado de algo similar.

—Cada año las personas hacen su mayor esfuerzo para que todo salga perfecto, el espectáculo de fuegos artificiales al final de la noche es lo que más llama la atención de todos, es algo muy hermoso que vale la pena ver.

—Suena muy bien —se entusiasmó Ieran—. ¿Y cuándo será?

—El festival siempre se lleva a cabo el último sábado de septiembre, por la noche, entonces…

—Eso quiere decir que es este sábado —mi madre parecía bastante emocionada al recibir la fecha, gesto que no pasó desapercibido para Kinomoto tampoco, por la cara de interrogante que puso después—. Supongo que podré tomarme ese día libre para recorrer el tan famoso templo Tsukimine y pasar un buen rato, sería fantástico que nos acompañaras a mí y a Xiao Lang esa noche.

—¿Y yo porque tengo…?

—Oh, sobre eso, la verdad no sé si iré —para cuando mi atención volvió hasta ella, su rostro algo compungido ya había hecho acto de presencia y pareciera como si la noticia de su famoso festival se hubiera convertido, de pronto, en alguna especie de tragedia—. Voy a estar ocupada trabajando en la floristería, el viernes antes de festival llegará un encargo de jarrones y otros arreglos que debo organizar, por lo que estaré ocupada prácticamente todo el día.

—Es algo importante para ese negocio, ¿verdad? —preguntó Ieran, ella asintió—. En ese caso, lamento mucho que no puedas ir, me parece que es un evento que nadie debería perderse.

—Es por eso que sería bueno que fueran, después de todo son nuevos en Tomoeda y le aseguro que no se aburrirán, hay muchas cosas interesantes y divertidas para hacer durante el festival.

—Por supuesto que iremos, eso tenlo por seguro —dijo—. Y si cambias de opinión, no dudes en avisarnos, que estaremos encantados de que nos acompañes, ¿verdad, Xiao Lang? —me atraganté con el ultimo bocado de la cena en cuanto mi madre volvió a hacer uno de sus típicos comentarios malintencionados de siempre. Me incorporé con algo de dificultad y le lancé una mirada de profundo desprecio.

Si mal no estaba entendiendo el mensaje, Ieran me estaba prácticamente obligando a que dijera algo cortés respecto al tema y no solo eso, también se hallaba imponiendo su voluntad en relación con el dichoso evento.

—Agradezco mucho su hospitalidad señora Li, pero ya debo irme —Kinomoto volvió a intervenir, cortando de tajo con la conversación y seguidamente se levantó del lugar en el que había estado sentada, dando una reverencia que Ieran imitó después—. Muchas gracias por todo.

—Al contrario, gracias a ti… Xiao Lang, necesito que…

—Sí, sí, yo la acompaño —Ieran levantó una ceja con mucho interés pero yo no permití que me interrogara o continuara sacando su repertorio de frases vergonzosas. Luego de arrojar sobre la mesa, con algo de brusquedad, la servilleta de tela que había estado ocupando hasta entonces, caminé hasta la puerta de entrada y una vez Kinomoto logró tomar todas sus pertenencias, salió al ambiente exterior.

En cuanto estuvimos en el ascensor, escuché que suspiraba y acto seguido me lanzaba una mirada extraña, como de añoranza.

—Tu mamá es una mujer muy agradable y simpática —comentó.

—Lo dices porque no vives con ella —respondí—. Suele fastidiarme la mayor parte del tiempo, pareciera que se complementa contigo para molestar.

—Las madres no molestan a nadie, sólo llevan a cabo el papel que saben hacer mejor.

—El de avergonzarnos todo el tiempo.

—El de preocuparse por nosotros — corrigió al instante, mientras yo levantaba una ceja y veía como sonreía, como siempre, con ese sentimiento radiante del que hacía uso todos los días—. No sabes lo que yo daría por tener a mi mamá, aunque a veces me reprendiera por alguna travesura.

—Quieres decir que…

—Mi mamá murió hace mucho tiempo Shaoran —reveló y yo me quedé de piedra, sin saber que decir—. No tengo muchos recuerdos de ella pero sé que era una gran mujer y tu mamá también lo es, así que cuídala mucho, se ve que te adora.

—Seguro... —las puertas del ascensor volvieron a abrirse en la planta baja. Kinomoto camino unos pasos al frente y seguidamente se volteó sobre sus talones, para verme de frente.

—Como ya le dije a tu mamá, el festival del templo es dentro de una semana, el sábado por la noche, así que sería bueno que fueras con ella —comentó—. Es más divertido de lo que se escucha, créeme, no te arrepentirías para nada.

—No soy la clase de persona que va a festivales —expresé, cortante—. Y honestamente me parece extraño que te pases el día trabajando, siendo que tu forma de ser va perfecto con esa clase de eventos.

—Tal vez no me gustan los festivales, como a ti.

—Tal vez eres una completa mentirosa —acusé, pero ella pareció no tomarle ninguna importancia a mis palabras, pues inmediatamente sonrió, como siempre—. De todos modos no me interesa.

—No lo hagas por ti, hazlo por tu mamá, se ve que ella quiere ir y la harías muy feliz si aceptas acompañarla.

—No se puede tener todo en esta vida.

—Sólo piénsalo y ya, tienes tiempo —la castaña volvió a sonreír una última vez, antes de que su mano derecha se levantara en el aire para despedirse finalmente—. Nos vemos mañana —sin decir otra cosa comenzó a caminar hasta la salida del edificio, a pasos lentos y pausados, como si continuara pensando en algo demasiado importante para ella.

Me quedé estático, todavía frente al ascensor y suspiré hondamente.

Kinomoto tenía tantos detalles ocultos en su vida, que no podía evitar que algunos de ellos me sorprendieran, justo como lo había hecho el dato de la muerte de su madre. Si nos íbamos hasta ese punto, podría ser que tuviera razón en el sentido de que debía comenzar a ser un tanto menos egoísta con Ieran…

Sólo un poco, tampoco habría que exagerar demasiado.

(Sakura)

Tomoyo caminaba a un lado mío, llevando entre sus brazos un bento de tamaño considerable. Hasta donde estaba informada, se había pasado parte de la noche cocinando para mí y el resto de las chicas con las que solíamos charlar cada cierto tiempo, cuando teníamos una hora libre en común y no existían planes de por medio que pudieran entorpecer nuestra famosa "reunión de mujeres".

Sin embargo, aunque estábamos caminando hacia uno de los jardines del instituto y mi amiga continuaba charlando sobre los beneficios de la nueva cámara de video y otras cosas relacionadas, mi mente vagaba de forma lenta y rigurosa entre los recuerdos de la noche anterior en casa de Shaoran y las múltiples cosas que había ignorado por estar tan sumida en mi objetivo de ayudarlo.

Justo como era el caso del Festival en el templo Tsukimine.

—Y de nuevo ahí estás, pensando en quien sabe que cosas —Daidouji se dio cuenta de inmediato sobre mis aparentes cavilaciones, yo volteé para mirarla con dudas renovadas y, con un leve jalón, hizo que me detuviera en mi andar—. No creas que se me ha olvidado que tenemos una charla pendiente respecto a lo del festival en el templo y no sé si es que estás pensando en eso o en Shaoran Li o en alguna otra cosa de la que aún no me entero, pero en verdad me gustaría que me lo dijeras.

—Lamento mucho si te estoy preocupando inútilmente, pero te aseguro que todo va bien y no estoy mintiendo, por si lo piensas —confesé y Tomoyo me miró, a la expectativa—. Yo sé que esperabas que asistiéramos juntas como todos los años, pero créeme cuando te digo que no tengo animo de ir.

—No voy a obligarte a que hagas algo que no quieres, pero a cambio tienes que prometerme que sin importar nada, si algo no va bien, me llamaras inmediatamente para que vaya a verte —dijo, a manera de orden—, no importa si es en la floristería, en tu casa o en el lugar más olvidado del planeta, ¿entendido?

—Entendido —respondí, sonriendo—. Y, debo decir que estoy bastante contenta por el hecho de que tu vayas y muy bien acompañada, no se me olvida que finalmente decidiste aceptar la invitación de Eriol para que fueran juntos —Tomoyo se sonrojó muy levemente ante mi comentario y yo solté una risa de diversión pura.

Considerando que eran pocas las veces en las que ella se mostraba avergonzada, era más que evidente que no iba a dejar pasar la oportunidad de recordarle el suceso que nos traía vueltas locas, pensando en el millón de posibilidades que podrían haber orillado a Hiraguizawa a realizar aquella propuesta, durante el breve espacio en el que Tomoyo había salido de la clase de matemáticas, para atender una llamada de su madre, Sonomi.

Según lo que me había dicho, ya llevaba tiempo hablando con Eriol sobre cosas en común, pero de eso a que empezaran a tener citas, había una extensa brecha que se fue acortando con el paso de los días y ahora parecía más un hecho que una simple posibilidad lejana.

—Sea como sea, yo estoy muy feliz de que un chico tan educado como Eriol te invitara —concedí, arrancando una sonrisa sincera por parte de mi amiga—. Sin importar que a veces sale de parranda y esas cosas, estoy completamente segura que será una excelente compañía para ti durante la noche —sin decir nada más, Tomoyo se acercó a mí y me envolvió en un abrazo tan cálido que, por primera vez en lo que iba de la semana, me transmitió esa ansiada tranquilidad que tanto estaba escaseando dentro de mi corazón recientemente.

No podía mentir diciendo que estaba completamente a gusto con mi decisión de no ir al festival como cada año, pero tampoco podía decir que me sentía infeliz con lo que estaba haciendo y los planes que ya tenía para la noche del sábado. Simplemente las cosas estaban en un punto neutral y, aunque cargaba con algunos sentimientos un tanto nostálgicos, esperaba que la ocasión me sirviera más para reflexionar que como una vía de escape.

Tenía tantas cosas que meditar, que la soledad parecía ahora una excelente compañera para hacerlo y si partía de ese punto, podía ser que Shaoran no estuviera del todo equivocado, al decir que es bueno estar solo…

De vez en cuando, claro.

(Shaoran)

Estaba tratando de recordar cuando había sido la última vez que había pasado mi tiempo a solas y sin compañía como ahora, mientras me sumergía en la historia que relataban las páginas del libro del terapeuta y me mantenía completamente callado, acompañado por el silencio que se extendía por todos los rincones de la biblioteca.

Había estado malgastando mi tiempo haciendo tonterías o quejándome de todo, que se me había olvidado por completo cumplir con la "tarea" que tenía asignada y que involucraba la lectura del primer capítulo de ese libro.

Jamás, en toda mi vida, me había encontrado tan interesado por leer una historia como esa y más porque estaba inusualmente mezclada, entre el misterio, la intriga, el suspenso y romance que giraba en torno a los dos protagonistas principales. Todavía no me quedaba muy claro el motivo que llevaba al doctor Kinomoto a hacerme leer algo como eso, pero aunque no se lo diría, estaba un poco agradecido por lograr que me entretuviera con algo que no se centrara en el mundo exterior y en su molesta hija que tanto ocupaba mis pensamientos últimamente, por las cosas tan poco agradables que solía hacer para perturbarme.

—A ti te estaba buscando —levanté la mirada del libro, en cuanto ubiqué a un chico de anteojos que me miraba por encima de la pared del cubículo en el que estaba prácticamente encerrado. Rolé los ojos al advertí lo que estaba por venir y abandoné mi lectura, prestando atención al chico que ya se había dado la vuelta y ahora se encontraba frente a mí, con una extraña sonrisa plasmada en su rostro.

Como la de un completo desquiciado.

—¿Qué quieres, Hiraguizawa?

—Parece que ya se te olvido que me dejaste botado con el plan del lunes —acusó y yo suspiré, cansado—. Pero en realidad no vengo a reclamarte nada, más bien, vengo a hacerte otra propuesta.

—Si es la de su famoso festival, olvídalo —dije—. No soy de ir a esas celebraciones.

—Veo que estás muy bien informado, pero créeme que no es tan aburrido como parece.

—¿De verdad? —pregunté, sarcástico.

—Te lo digo de verdad —Hiraguizawa jaló una silla que se encontraba a un costado y luego de sentarse ajustó sus gafas, lo suficiente como para observarme mejor—. Hay muchas cosas interesantes por hacer, se podría decir que es una celebración con cierto misticismo incluido y una buena oportunidad para salir con alguien que sea de tu agrado.

—Sí, bueno, es una completa lástima que nadie sea de mi agrado en esta ciudad —aseguré, al tiempo que tomaba el libro de la mesa y me levantaba.

—¿Ni siquiera Sakura Kinomoto? —me detuve en seco ante la mención de la castaña, giré mi cabeza hacia donde estaba Hiraguizawa y le lancé una mirada asesina.

Era increíble como la mención de esa chica, en boca de otros, lograba molestarme tanto.

—Ella es la que menos me interesa en todo este jodido instituto.

—No sé exactamente que se traen ustedes dos, pero ella parece bastante interesada en ti, de alguna forma muy particular que no me queda muy clara todavía —afirmó, yo levanté una ceja, dudoso—. Sea como sea, no me sorprendería verte por ahí con ella, finalmente Sakura es una chica muy bonita y es del interés de muchos chicos, así que…

—Pierdes tu tiempo Hiraguizawa —el tipo de anteojos desapareció al segundo siguiente, luego de lanzarme una de sus típicas miradas enigmáticas y llenas de misterio barato.

No sabía porque a Hiraguizawa de pronto le había surgido ese repentino interés por hacer que me fijara en la niña Kinomoto y su apariencia física, pero no pretendía darle el gusto de perturbarme y mucho menos con una situación del tipo. Si Kinomoto era o no del interés de otros, era algo que me tenía sin cuidado y en lo que no tenía la más mínima intención de involucrarme.

Además de que el que fuera bonita o no, era un dato que para mí seguía pasando desapercibido y prefería dejarlo como algo inconcluso en mi mente, porque no me veía teniendo esa clase de pensamientos respecto a ella, además de que no sería demasiado acertado, dadas las circunstancias.

(Sakura)

Mirando a través del cristal del aparador, pude notar que los alrededores de la floristería se encontraban más solitarios que un cementerio.

Para ser un sábado por la tarde, no era común que el lugar se encontrara tan abandonado y que nadie se hubiera molestado por pasar. Los fines de semana eran los días en los que más ventas había y ahora parecía que la tierra se había tragado súbitamente a los compradores, pese a que yo sabía perfectamente que la causa estaba en el festival y en que muchas personas estarían bastante ocupadas con los detalles finales de una celebración en la que participaba prácticamente toda la ciudad.

—Mi querida niña, ¿estás segura que quieres quedarte en este lugar tan solitario? —la señora Akiko hizo acto de aparición, luego de un par de minutos en los que me había quedado observando a la nada. Al mirarla me di cuenta que ya tenía puesto sobre sus hombros un suéter de lana y en sus manos llevaba un pequeño bolso, en el cual guardaba sus pertenencias más preciadas.

La mire con decisión y acto seguido le regale la mejor de mis sonrisas.

—No se preocupe por mí, terminaré con el inventario y regresaré a casa lo antes posible, se lo garantizo.

—Tu sabes que no me refiero a eso —la mujer se acercó un poco para colocar una de sus manos sobre mi hombro derecho. Yo me quede como petrificada al sentir el contacto, pero ella pareció no darse cuenta de ello—. Estás en tu derecho de no querer poner un pie en el templo, pero se ve que no estás del todo feliz y poco tiene que ver con el festival.

—Señora Akiko, yo…

—Mi niña, no hace falta que me expliques nada —respondió, interrumpiéndome—, sólo quiero que seas feliz como siempre. Piensa bien en lo que realmente pasa y cuando tengas claro lo que deseas, podemos hablar con toda confianza.

—Claro que sí.

—Vete con cuidado y cierra muy bien cuando salgas —la mujer se despidió de mi dándome un cálido beso en la mejilla que me hizo sonreír de forma autentica. La campañilla de la puerta fue lo último que escuche de ella y seguidamente comencé a pensar que estaba siendo bastante injusta con la gente a mí alrededor.

No quería seguir preocupando a las personas de esa forma, pero yo era alguien demasiado transparente a la hora de enfrentar mis propios sentimientos, algo que no tenía idea de si era un defecto como tal o una virtud bastante inservible.

No podía simplemente ignorarlo, pues tampoco estaba dispuesta a engañarme a mí misma sobre los pensamientos que tenía recientemente y mucho menos pretendía decir mentiras sobre lo que realmente estaba sucediendo, en cuanto a las razones que me hacían no querer visitar el sitio que tan malos recuerdos me traía. Podíamos decir que se trataba de algo sencillo, pero a la vez complejo; materializado en una necesidad muy intensa de dejar que el recuerdo pasara, que se alejara de tal forma que, para el año siguiente, sería tal cual una sombra borrosa e insignificante que ya no valía la pena seguir conservando.

Y probablemente muchos no estarían de acuerdo con mi método, pero a mí me funcionaba, de tal modo que podía sentirme segura con ello, pese a las desventajas que incluían el no estar del todo contenta con la decisión.

Así era la vida a fin de cuentas. A veces hay que sacrificar algunas cosas para conseguir otras y en mi caso estaba muy claro qué cosas jugaban ambos papeles.

Ni hablar.

Cuando logré concluir con mi trabajo y pude organizar exitosamente los encargos que habían llegado el día anterior; supe que ya era demasiado de estar sola en la floristería y que tal vez mi mejor opción se encontraba esperándome en casa.

Suspirando y tomando la decisión de irme cuanto antes, tomé mis cosas y salí del local, no sin antes cumplir con la última orden de la señora Akiko y cerrar la puerta bajo llave, asegurándome de por medio que en realidad estuviera bien sellada y que ninguna persona pudiera colarse a mitad de la noche para husmear o robar algo.

Me reí un poco ante mi pensamiento, antes de darme media vuelta para alejarme definitivamente del lugar.

(Shaoran)

—Sigo sin entender porque tengo que ir yo a ese maldito festival —mi madre estaba caminando a mi lado muy feliz de la vida, sin importarle una mierda que me estuviera quejando en voz alta y soltara mil maldiciones relacionadas a una festividad que me importaba poco menos que nada.

Ieran se había metido en la cabeza ese estúpido deseo de disfrutar de una celebración con la que no estábamos nada familiarizados y en el camino, claro, terminó por arrastrarme a mí, obligándome a asistir al famoso templo Tsukimine que, para mi sorpresa, no quedaba demasiado lejos de nuestro apartamento provisional, aunque eso no era un consuelo como tal. Estaba harto que siempre se me obligara a hacer cosas que no me gustaban, que esta vez me encontraba protestando de la forma más cínica posible, pese a que Ieran seguía sin prestarme verdadera atención y continuaba en su papel de madre tranquila, como si estuviera ignorando a su pequeño hijo berrinchudo de seis años.

Y puede que me esté comportando igual, pero, ¡a quien mierda le importa!

—¿Puedes prestarme atención?, llevo cinco minutos hablándote y parece como si estuviera conversando con una pared —llamé y hasta ese entonces Ieran se dignó a mirarme.

—Está bien Xiao Lang, hablemos —mi madre detuvo su andar súbitamente, al mismo tiempo que metía las manos dentro de los bolsillos de su suéter y me lanzaba una mirada que era capaz de congelar la lava de cualquier volcán—. Estoy haciendo un intento para que podamos tener un momento de tranquilidad y diversión, pero tú te sigues comportando igual que un anciano cascarrabias que sólo quiere estar encerrado en su casa, entonces, le pregunto, su majestad imperial, ¿qué debería hacer para que deje de actuar como un mocoso insoportable?

—No hay necesidad de que seas tan sarcástica.

—Da igual, ¿no?, si no te agrada la idea de ir al templo está bien, ve a casa —concedió—, pero a cambio, vas a preparar mi almuerzo de mañana, el tuyo y vas a terminar de organizar las cosas que aún faltan por desempacar, ¿entendido?

—Me parece bien.

—Si no está todo listo para cuando yo vuelva, te espera un castigo muy grande Xiao Lang, hablo enserio —un ligero nerviosismo me atacó ante la amenaza de Ieran, más no me permití mostrar abiertamente cuanto me afectaba. Tomando completa libertad de retirarme, me di media vuelta y comencé a caminar por el sendero que llevaba hasta el apartamento.

Bien sabía yo que mi madre era bastante temible cuando se lo proponía y muy creativa a la hora de inventarse castigos. Lo suyo no iba por el lado físico, hablando en sentido de golpes o una cuestión similar, más bien, se enfocaba en hacerme pasar vergüenzas u obligarme a hacer cosas que me desagradaran en grandes proporciones. Un ejemplo venía a ser cuando, teniendo doce años cumplidos, me forzó a vender galletas en un centro comercial, junto a un montón de niñas exploradoras que se pasaron toda la tarde molestándome.

Recordaba bien que Ieran se había mantenido sentada en un banquito, con una fusta en la mano derecha y las piernas cruzadas, mirándome de forma amenazante, mientras me repetía que, de no seguir con mi castigo o de hacer alguna grosería a las niñas exploradoras, iba a dejarme sin comer por tres días y, de paso, me llevaría un buen fustazo en la espalda, como un plus.

Un escalofrió me recorrió el cuerpo al invocar el recuerdo.

De pronto comencé a preguntarme si había sido una buena idea el renegar del dichoso festival y aceptar su trato, porque si resultaba que no terminaba con la cuestión de los almuerzos y la organización de las cosas que faltaban por sacar de las cajas de la mudanza, me iba a llevar una buena y está vez, tenía el ligero, pero muy conciso presentimiento, de que Ieran iba a usar a la peor de mis pesadillas actuales para castigarme…

Una que tenía ojos verdes y cabello castaño, para ser más exactos.

Negué un par de veces con la cabeza, alejando el pensamiento y enfocándome en volver a casa cuanto antes para cumplir con los encargos. El camino estaba completamente desolado, aunque eso más que molestarme me daba bastante tranquilidad. Hasta ese punto nada interesante sucedió, sólo que, al intentar cruzar por un pequeño puente que atravesaba el rio que pasaba por esa parte de la ciudad, me encontré con la silueta de una chica que obstruía el paso. Ésta se encontraba recargada sobre una de las barandillas del puente, mirando hacia un punto inexistente, suspirando e imaginando quien sabe que cosas.

Solté un suspiro y seguidamente me crucé de brazos.

¿Tendría que haberlo esperado?

(Sakura)

El camino a casa, desde la floristería, me sirvió muchísimo para pensar en todo lo que recientemente pasaba a mí alrededor. El puente por el que siempre cruzaba para ir a la avenida principal que daba al área residencial, se encontraba tan solitario como de costumbre. La tarde era fría y la brisa proveniente del norte me provocaba ciertos escalofríos que trataba de minimizar, cuando tiraba de las mangas de mi suéter para cubrirme las manos con ellas y recolocaba el gorro tejido que seguía en mi cabeza, cubriendo parte de mis orejas para que estas no se congelaran.

Por un momento había pensado que sería buena idea volver a casa. En mi cerebro estaba el ponerme a trabajar en algo que lograra distraerme lo suficiente. Tal vez hacer más chocolates para la señora Akiko, hornear algunas galletas que tanto le gustaban a Tomoyo o simplemente pasar tiempo a solas, mirando alguna película romántica, con palomitas y una manta como única compañía.

Pero nada me apetecía realmente…

Me quedé de pie frente al puente, recargando mis brazos sobre las barandillas, enviando una mirada hacia la nada, sin saber realmente en que debería pensar. El festival seguía su curso en el templo Tsukimine y a momentos continuaba en mí la duda de si estaba haciendo lo correcto, solamente porque un recuerdo estaba consiguiendo perturbarme de esa manera. Tenía ánimos de ir, de presentarme frente a todos, de encontrar a mi amiga entre la multitud y decirle que estaba dispuesta a divertirme como todos los años, mientras halagaba su precioso kimono violeta y le decía mil y un cumplidos respecto a lo hermosa que seguramente se veía.

Pero a la par, estaba ese horrible sentimiento de desdicha, el mismo que me hacía creer que nada de eso tenía un verdadero sentido para mí y que era mejor dejar pasar otro poco más de tiempo, sólo para que las heridas sanaran y los malos recuerdos terminaran por alejarse definitivamente de mi cabeza.

No tenía ni idea de que hacer…

―Tu sí que eres una mujer extraña ―me recompuse un poco en el momento en que escuché la tan particular voz hablándome a un costado. Cuando giré mi cabeza en esa dirección, contemplé con asombro a Shaoran y a su tan típica cara de pocos amigos. Llevaba las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta y me miraba de una forma tal, que evidenciaba un pequeño sentimiento de confusión, no sabía si por verme ahí o por el hecho de que, justo como se lo había dicho, no estaba en el templo divirtiéndome como todo el mundo.

Le sonreí un poco, antes de volver a mirar hacia la nada.

―Tú también eres una persona extraña ―contraataque―. Y ni siquiera sé porque estás diciendo eso, no hay nada de extraño con que esté aquí pensando un rato.

―Honestamente me da igual ―respondió, avanzando unos pasos hasta colocarse a un lado mío―. Lo único que me parece muy estúpido de tu parte es que hayas convencido a mi madre de ir a ese maldito festival, cuando tenías bien claro que no irías y que gracias a tu "sugerencia" ella hubiera querido arrastrarme a eso.

―¿Enserio?, no puede ser posible Shaoran, yo pensé que la acompañarías, te dije que era una buena oportunidad para que convivieras con ella ―reproché, esta vez dándole la cara―. Eres demasiado frio, hasta con las personas que son más cercanas a ti.

―Eso no es tu asunto ―se defendió, mirándome de forma severa―. Yo te lo dije, no me gustan los festivales ni convivir con gente que dejaré de ver en poco tiempo.

―Eso no lo sabes ―alegué, sin estar dispuesta a soltar el tema tan fácil―. No eres capaz de conocer el futuro, por muy terco que seas, y sobre el festival, como pretendes saber si te gustan, si no vas a uno para descubrirlo.

―No me interesa descubrirlo tampoco.

―No te interesa nada en esta vida, Dios ―estaba entrando en un estado de desesperación, pero todo parecía indicar que a Shaoran le importaba un comino el que yo me sintiera de esa forma respecto a su actitud.

El chico se encogió de hombros una última vez, antes de pasar de largo, dándome un breve empujón que posteriormente me hizo despertar de mi ensoñación; cuando noté que estaba a punto de irse, sin siquiera despedirse de mi o cambiar de opinión respecto al tema del festival y la compañía de su madre.

Todo eso no era un asunto que pudiera ser de mi competencia y lo sabía bien; pero algo muy dentro de mí me estaba impidiendo dejar las cosas así como así, sin siquiera intentar que viera la situación de otro modo.

No era por la festividad, tampoco por el hecho de que odiara pasar tiempo con las personas o que se negara a probar algo distinto a su acostumbrada soledad, que tan buena compañía resultaba ser para él. No, todo estaba enfocado a que parecía estarse convirtiendo en un horripilante viejo ermitaño, amargado por las injusticias de la vida, pese a que tenía apenas diecisiete años y era lo bastante joven como para entender la vida de esa manera.

No estaba bien…

―Espera un momento ―indiqué, con voz autoritaria, y al instante él se giró sobre sus talones, para verme con renovada intriga―. Tengo un trato para ti.

―¿Tú estás loca? ―indagó de vuelta. Yo le miré levantando una ceja, sin comprender a que iba el adjetivo―. No tengo la más mínima intención de hacer ningún trato contigo, sea de lo que sea.

―Te aseguro que este en particular te va a interesar mucho ―contesté, sin prestar atención a las habituales palabras hirientes―. Ven al festival conmigo, durante una hora, si no te diviertes o encuentras algo interesante en él, puedes irte.

―Ajá, y ¿qué ganó yo con eso? ―Shaoran seguía mirándome intensamente, pero yo no supe muy bien que podía responderle. El trato parecía una tortura no sólo para él, también para mí y tampoco estaba pensando demasiado en una jugosa recompensa que pudiese animarlo a aceptar de una forma tan fácil.

¿Qué era lo que él podría querer a cambio?

―Librarte de mí para siempre ―Li abrió los ojos de par en par, en señal de que no esperaba tal ofrecimiento de mi parte. Yo estaba que me moría internamente de los nervios, pero ya lo había dicho y no pensaba dar marcha atrás―. Si pasada la hora de nuestro trato sigues aburrido, le diré a mi padre que renuncio a ser tu compañera de terapias y no te molestaré ni te hablaré nunca más en el instituto.

―Vaya, vaya ―Shaoran estaba sonriéndome socarronamente y yo sentí un extraño cosquilleo en la boca del estómago, al verlo hacer ese gesto que pocas veces mostraba al mundo.

Estaba completamente segura que el hacerme desaparecer de su vida era una de las pocas cosas que a Li le interesaban más en estos momentos, por lo que el trato representaba una oportunidad perfecta para conseguir su cometido; pese a que hubiera caído en contradicciones varias veces antes y que yo estuviera increíblemente tensa, pues de no conseguir lo acordado, iba a tener que cumplir y resignarme a no hablar con él nunca más.

Nunca más…

Maldición, era una idea terrible y espantosa.

―E-entonces, ¿aceptas? ―estiré mi mano temblorosa, tratando de contener mi sentir. Shaoran me miró una última vez antes de estrecharla y seguidamente comenzó a guiarme para ir en dirección al templo, a pesar de que internamente ya me estaba arrepintiendo y no tenía ni la más remota idea de cómo iba a conseguir ganarle.

No hubo necesidad de que habláramos más al respecto o que él hiciera algún otro comentario de los suyos. El trato estaba hecho y yo tenía una hora exacta para conseguir que Shaoran se divirtiera o por el contrario tendría que excluirme de su vida para siempre, sin quejarme.

Un renovado sentimiento de determinación comenzó a llenarme el cuerpo.

Vamos Sakura, tu puedes conseguirlo.

Porque podía, ¿verdad?


N/A:

Buen día. Me da mucho gusto saludarlos de nuevo tan pronto, como lo vengo diciendo desde hace tres capítulos, he tenido tiempo de sobra para escribir y la inspiración ha colaborado conmigo en todo momento, así que como lo dije, aquí está el capítulo ocho, que espero sea del agrado de ustedes.

Nuevamente agradezco a las personas que me dejaron un review en el cap. pasado, las menciones especiales van para: aananyann, amatista1986, Mell Heavenbee, Nitoca, Ace Cornell, mí estimada Ari y mi querida Suzu.

He de decir que me causa curiosidad el que a algunas personas les provoque una ligera controversia el leer esta historia, hasta el punto en que la han tachado de no ser novedosa, de no tener nada interesante e incluso de tener una trama mediocre, como bien me lo hicieron saber en los reviews del ultimo capitulo. Lo único que puedo hacer ante eso es dar las gracias por las críticas y agradecer aún más a las personas que leen, las que agregan la historia a sus favoritos y las que se toman el tiempo para dejarme un bello comentario en apoyo al fic, esta historia está hecha con la finalidad de entretener y entiendo perfectamente que no a todos les guste, es cuestión de cada persona y se respeta totalmente.

Las respuestas a sus reviews estarán listas en unos minutos y el capítulo que sigue vendrá… pronto.

Sin más que decir, gracias por leer hasta aquí y que las musas siempre los acompañen.

Bye-Bye.