-¿Qué sucede? Dime ¿Qué fue lo que viste?-
Aquel beso no quería terminar. Ambos estaban en medio del jardín, ardiendo por más. Pero la música de fondo les recordaba una realidad tangente, que los envolvía.
-Muerte- responde ella.
Alexander no se importunaba, solo escudriña con curiosidad, siendo débil el poder de leer mentes cuando se trataba de otro vampiro.
-¿Qué significa?- inquiere ella.
-Tienes visiones, Ilona- y de todos los vampiros, la mente de Ilona era aún más impenetrable -Nosotros somos legado de sangre. Debes ser fuerte-
-No quiero tener esas visión. Me aterran-
-Lo controlarás con el tiempo, y aprenderás a usarlas a tu favor-
La ingenuidad que mostraba era desgarradora. Alexander se acerca y sus brazos la rodean:
-Debo cuidarte, mi amor- susurró - Cuidarte mucho- como si se le fuera la vida al decirlo.
-¿Cuidarme de quién?-
-No puedes confiar en nadie. Que mi vida te sirva de ejemplo-
Ilona se estremece, y comenzó arder su interior. Entonces lo mira fijamente y susurra:
-Yo también te protegeré a ti- dijo sonando como una completa tonta. Pero todo lo que habían pasado para volver estar juntos, les llenaba de un valor implacable.
Ambos recuperaron la compostura después de ese momento de desconcierto.
-¿Temes, Alexander?-
El sabía a qué se refería. Suelta una mueca.
-Sí. Pero tengo confianza. Ahora...- le extiende su brazo- ¿Quieres regresar allá dentro conmigo y deslumbrarlos a todos?-
Por un momento ella titubea, pero ahora habían nuevas fuerzas motivándola.
-Bueno, vamos. Enséñame. Quiero conocerlos-
Su ausencia fue notada por todo el mundo. Murmuraban y los más prudentes meneaban la cabeza, pronosticando tiempos turbulentos.
Madame Laffoule se acerca al hombre que se había parado frente al retrato de Ilona Tepes:
-Querido, te vas a convertir en piedra- le susurra al oído.
-¿Celosa?-
La mujer sonríe y le voltea el rostro. Von Trêviere toma su brazo y dice con descuido:
-No deberías-
-Han pasado cuatro siglos- Cecile Laffoule sonaba relajada, y no se podía saber lo que estaba sintiendo en realidad -Y tú todavía la amas-
La verdad era que Charles no podía responder a eso.
-Una cosa sí tengo que decirte querido: él se entera y te destruye. Solo piensa si vale la pena-
La hermosa mujer se zafa y se acomoda el cabello. Charles la observa con lujuria y sus ojos comienzan a brillar con rojizo resplandor.
No había duda de que después de aquel baile, se desataría la lujuria; y si bien Von Trêviere amaba a Ilona Tepes, Madame Laffoule despertaba sus más bajas pasiones.
