Capítulo extra largo y clave ;) Esperamos que os guste.
Disclaimer: Bones pertenece a Fox.
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Capítulo 8
Sus labios sabían maravillosamente bien y, aunque no despertaron ningún recuerdo dormido en Brennan, fue como si hubiera sido ayer cuando le dio el último beso. Aquel hombre sí que sabía besar, pensó mientras sus manos vagaban por la musculosa espalda del agente, apretándolo contra ella. Sus besos eran adictivos y la hacían sentir maravillosamente viva.
Esto está mal, pensaba Booth mientras se dejaba llevar por los besos de su compañera. Debía pararla, ella no recordaba, no era la Huesos que él amaba, no lo era de ninguna manera; era la doctora Brennan satisfaciendo sus necesidades biológicas con él. Ella no te quiere, sólo te desea, debes pararla, dijo una vocecita en su cabeza. Pero la había echado tanto de menos… Su piel suave, sus besos, sus caricias, la manera en que se sonrojaba cuando se besaban… La forma en que todo su ser parecía vibrar cuando llegaba al éxtasis… Probarla había sido como llegar al Nirvana y ahora era un adicto a ella. Pero, definitivamente, tenía que encontrar el sentido común por los dos.
-Huesos… -comenzó con voz ronca, distraído por las manos femeninas que se paseaban por su pecho. Trató de aclararse la voz-. Huesos, deberíamos… deberíamos parar.
-¿Por qué? –preguntó Brennan, tomándolo por sorpresa y girándolo para colocarse encima. Subió la camiseta y comenzó a esparcir besos por su torso, bajando lentamente a su ombligo.
-Porque somos compañeros de trabajo y… -Booth no conseguía concentrarse-. ¡y hay una línea! –exclamó en un arrebato de inspiración.
La línea, la maldita línea, pensó la antropóloga, recordando a Epps de repente.
-Ya la hemos saltado antes –sonrió maliciosamente mientras le quitaba la camiseta del pijama, besando sus abdominales, -. ¿O crees que no recuerdo aquella noche en mi apartamento? No parecías preocuparte mucho por ella mientras me quitabas el sujetador.
Sí, pero aquel día fue diferente, por fin sabíamos que tú…
-Ya, pero aún así no debemos…
-¿No me encuentras atractiva, deseable sexualmente? – Sólo sexo, así era Brennan cuando la conoció, se recordó a sí mismo-. Porque tu cuerpo no dice lo mismo –sonrió, frotando su cuerpo contra el de él.
-Aah. Lo sé, Huesos, pero… -En ese momento Brennan le mordisqueó el lóbulo de la oreja y Booth supo que estaba perdido. Aquel era su punto débil, lo derretía, lo volvía loco y además nunca se le había dado bien resistirse a Brennan. Sus labios devolvieron los besos, sus manos se introdujeron bajo sus ropas y sintió el gemido victorioso de la antropóloga vibrar en todo su ser.
El calor los derretía mientras se desnudaban mutuamente sin dejar de devorar sus bocas con el ansia del sediento. Booth succionó los pezones de su compañera y esta dejó escapar un grito mientras su mano derecha bajaba para acariciar el miembro cada vez más duro del agente por encima del pantalón. Estaba a punto de meter la mano bajo la cintura de sus pantalones cuando…
Toc, toc.
-¿Disculpen? –dijo una voz masculina al otro lado de la puerta-. ¿Están bien? ¿Hay alguien? –preguntó la voz al no oír respuesta. Los compañeros se habían quedado parados en el suelo, incapaces de reaccionar-. Voy a entrar –dijo. En aquel momento Booth reaccionó de golpe.
-No, estamos bien, sólo espere un momento –se puso de pie y se vistió. Brennan lo imitó rápidamente. Se dirigió a la puerta y la abrió ligeramente, lo último que quería era que la persona al otro lado de la puerta viera su rampante erección-. ¿Qué ocurre? –preguntó, encontrándose cara a cara con el encargado del hotel.
-Verá, señor, ha habido quejas por los ruidos en la habitación contigua a esta, incluso han llegado a tirar un par de cuadros en pleno… frenesí –el encargado estaba extrañamente sereno lo que le hizo preguntarse al agente si estarían acostumbrados a esa clase de "incidentes"-. ¿Ha habido algún incidente aquí, han notado algo?
-Bueno, lo cierto es que casi se nos cae un cuadro encima –contestó Brennan, colocándose a la derecha de Booth.
-Tendré que pasar a mirar los daños –comentó el encargado.
-No es necesario –replicó Booth rápidamente, bloqueando la entrada con su brazo-. De veras que los daños no son de importancia.
-Eso tendré que juzgarlo por mí mismo, ¿no cree? –preguntó educada pero firmemente. Entonces se fijó en la respiración ligeramente acelerada de la pareja, el sonrojo en las mejillas de Brennan y su pelo enredado y lo entendió todo-. Tal vez… tal vez debería dejarles un poco de tiempo para que se vistan y más tarde entraré a comprobar los daños.
-Muchas gracias, será lo mejor –contestó Booth cerrando la puerta antes de que el hombre cambiara de idea.
Los dos se miraron, tensos. En aquel momento volvió a abrirse la puerta.
-Por cierto, es usted la doctora Temperance Brennan, ¿verdad?
Oh, no, un admirador de Huesos ahora no, por favor, pensó Booth.
Brennan asintió.
-La ha llamado una tal doctora Daisy Wick diciendo que acaba de llegar del aeropuerto y que estará en recepción en media hora.
-Gracias –replicaron al unísono.
Se vistieron de calle colocándose de espaldas al otro, sin atreverse a mirarse. Sin embargo, al pasar por la puerta Booth colocó la mano en la parte baja de la espalda de su compañera y Brennan sonrió. Bajaron a recepción para encontrarse a la joven antropóloga, con una maleta casi más grande que ella, esperándolos.
-Traigo el equipo –dijo con una sonrisa que ninguno de los dos devolvió, perdidos en sus cavilaciones-. Siento llegar tarde –dijo, contrita, interpretando la seriedad de sus gestos como un mudo reproche-, ya le dije a Lance que no tenía tiempo para… ya sabéis, pero es tan cariñoso… Y a veces cuando me besa me hace sentir tan especial que pierdo la noción del tiempo y… ¿no le ha pasado a usted nunca, doctora Brennan?
-Alguna vez –contestó la antropóloga distraída, mirando disimuladamente a Booth que se hinchó de orgullo. Hacer que Brennan perdiera la noción del tiempo era un auténtico halago.
-Entonces me entiende –siguió Daisy como si nada-. Pero ya le he dicho que no me puedo permitir llegar tarde a los sitios y que por tanto no habrá nada de sexo hasta que resolvamos el caso. ¿Dónde están los restos?
Booth y Brennan se miraron, divertidos. Daisy a veces podía ser un caso.
B&B
Pasaron varios días de investigación sin grandes novedades, mientras ambos evitaban hablar del incidente del hotel. Cada vez que lo veía, Brennan recordaba aquellos besos y sentía flaquearle las rodillas. Pero su compañero había impuesto una distancia que no tenía más remedio que respetar.
Como en aquel momento en el que el agente caminaba callado a su lado mientras se dirigían al despacho de Sweets para su cita semanal.
Tocaron a la puerta y Sweets los dejó pasar. Se sentaron en su sofá y miraron con curiosidad al psicólogo al que, por primera vez en mucho tiempo, se lo veía pálido y ojeroso.
-¿Alguna novedad en el caso, algo que os pueda llevar al asesino? –preguntó con ansiedad. Los compañeros se miraron con una sonrisa, recordando las palabras de Daisy.
-De momento nada definitivo –contestó Booth con una sonrisa-. ¿Por qué ese repentino interés, Sweets? –preguntó con ironía.
-Por nada, por si necesitáis ayuda con el caso, algún perfil, esas cosas… -replicó rápidamente.
-¿Qué te ocurre? –preguntó el agente ampliando la sonrisa-. Tienes aspecto de…
-De estar sexualmente frustrado –completó Brennan por él.
-¿Qué? –preguntó el psicólogo con los ojos como platos-. ¡No, no! ¿Qué te hace pensar eso?
-Bueno, Daisy nos contó en el hotel por qué había llegado tarde y…
-Espera, ¿Daisy os dijo eso? –preguntó horrorizado mientras sus mejillas se tornaban de un vivo tono carmesí-. Mejor no quiero saberlo –dijo, negando rápidamente con la cabeza-. ¿Ha habido algún cambio importante en vuestra dinámica esta semana?
Sí, nos hemos enrollado en el suelo de una habitación de hotel y si no llega a aparecer el encargado habríamos hecho el amor salvajemente.
-No, nada.
B&B
Sweets estaba demasiado distraído como para imponer una larga y productiva sesión y enseguida accedió cuando los compañeros le dijeron que era hora de marcharse.
-¿Quieres comer algo en el Diner antes de que te lleve al laboratorio? –preguntó Booth mientras caminaban hacia el ascensor. Brennan estaba considerando la oferta cuando Booth la interrumpió-. ¡Hey, vamos! No puedes decir que no. De hecho andamos sobrados de tiempo –rió, dándole al botón para llamar al ascensor.
-Porque no hemos tenido la sesión completa –Lo interrumpió Brennan a su vez.
-¡Exactamente! –aportó Booth alegremente mientras bajaban en el ascensor al parking. Brennan le devolvió la sonrisa bobalicona que el agente le dedicaba mientras se dirigían rápidamente a la SUV. Todo parecía muy tonto y reconfortante y en medio de una investigación de asesinato Brennan encontró que disfrutaba los sentimientos que su compañía le suscitaba.
Su mesa de siempre estaba ocupada por lo que decidieron sentarse en los taburetes de la barra. La camarera les sonrió mientras garabateaba el pedido y se iba. El ruido y el parloteo que los rodeaba los distraía y se encontraron mirando a su alrededor, observando toda la actividad. La mirada de Booth se posó en una joven pareja. El hombre ayudaba a la mujer a levantarse del asiento, una mujer que obviamente estaba enferma, quizás incluso terminal. La imagen le recordó a Booth a una Brennan llorosa sentada en los escalones del Lincoln Memorial mientras le confesaba "Tengo miedo" aferrándose a él. El recuerdo amenazó con hacerle llorar pero luchó por controlarse.
Su pedido llegó y Booth se obligó a concentrarse en la comida.
Brennan se dio cuenta de que Booth acababa de regresar de sus pensamientos y se preguntó qué se le estaba pasando por la cabeza.
-Esto es infantil –La afirmación de Brennan devolvió la atención de Booth hacia ella.
-¿Qué? –preguntó.
-Pasamos una considerable cantidad de tiempo juntos, ambos somos atractivos. ¿Por qué…? –Booth levantó la mano para que parara. Sabía a dónde quería conducir la conversación.
-Sí, nosotros hemos cruzado la línea antes, pero eran circunstancias diferentes. -Lo último que Booth necesitaba era que huyera asustada porque él le imponía su amor por ella. Se quedó a cuadros cuando Brennan apuntó si el cambio en las circunstancias se debía a su estado de amnesia-. Sí, no –Dios, estaba echando a perder la conversación-. Mira –suspiró-. Me preocupo por ti un montón –Te quiero tanto-. De aquí a la luna ida y vuelta –sonrió ampliamente al ver ESA expresión en su cara-. Y estoy seguro de que sabes la distancia que es.
-Lo sé –afirmó ella, robándole una patata frita de su plato.
-Lo que trato de decirte es que hay algunas cosas que es mejor que las recuerdes tú sola a que te las cuente yo.
-¿Por qué? –Brennan no iba a ponérselo fácil.
-Porque contarte algo tan importante sin que tú lo recuerdes… simplemente no es lo mismo. Te podrías sentir más confundida.
-No hubo confusiones en el hotel.
Booth no tuvo más remedio que sonreír.
-Oh, mujer, lo que te estoy diciendo es que no quiero que te asustes si nosotros, ya sabes, intimamos.
-Por lo que sentí en el hotel y lo que recuerdo de un encuentro anterior… -le sonrió seductoramente-. Definitivamente impresionada. Asustarme –robó otra patata y continuó-, difícilmente.
Brennan iba a acabar matándolo algún día, él lo sabía. Cruzó las piernas y trató de concentrar la mente en alguna otra cosa. Ser expulsado del Diner a perpetuidad dolería además de ser embarazoso.
Pero esa ceja arqueada y la sonrisa torcida de Brennan lo estaban derritiendo.
-Hey, vosotros dos –Angela colocó una mano en el hombro de Booth haciendo que apartara su mirada de la de Brennan.
-Hey –lo ojos de Booth se iluminaron cuando el bebé en brazos de la artista fue hacia él -. ¿Qué estáis haciendo vosotras dos aquí? –preguntó Booth ausente.
-Me he ofrecido a recoger el almuerzo para los demás. Estamos comiendo todos en el laboratorio –Angela le dijo a la camarera que estaba ahí por su pedido telefónico-. Era una buena oportunidad para tomar algo de aire fresco.
-¿Has venido andando? –preguntó Booth. Angela asintió-. Podemos llevarte de vuelta.
-Angela –Llamaron con el pedido del laboratorio y la artista se dirigió tranquilamente a la caja a pagar.
-¡Oooh! Tú bebé es adorable –Una mujer morena, sin duda muy guapa, arrulló a la niña y sonrió seductoramente a Booth.
¡MÍO! Él es mío, quería gritarle Brennan a la mujer. Hizo lo que pudo por mantener la cabeza fría.
-Shh, shh –Booth calmó a la niña cuando ésta se retorció ante el contacto de la mujer.
-¡Oooh! Sí que es un bebé adorable –se unió Angela, sin pasar por alto que la mujer estaba tirándole los tejos a Booth y que Brennan tenía pinta de querer asesinarla-. Debéis de haberle puesto mucha dedicación y entusiasmo creando a esta adorable niñita –Angela sonrió cuando la mujer hizo una rápida retirada-. ¿Estáis listos? –preguntó, sabiendo que estaba cortando las miradas que los compañeros se estaban dedicando el uno al otro. No cabía la menor duda en la mente de la artista de que esos dos estaban imaginando una noche llenísima de pasión a fin de hacer un bebé.
-Sí –Booth se aclaró la garganta, entregándole la niña a Brennan.
B&B
Más de una semana de arduo trabajo los llevó a capturar a su asesino, cerrando el caso.
Brennan se sentó en el borde de la piscina, dando ligeras patadas en el agua. Había aprendido a estar sola desde tierna edad, aunque estar sola nunca había significado sentirse sola.
Pero esa noche… La pequeña Tempe había estado quisquillosa todo el día y la artista y el entomólogo se fueron antes para llegar a casa con su bebé. Era "noche de cita" para Cam. Sweets se había presentado en el laboratorio y prácticamente había arrastrado a Daisy.
Y Booth… él tenía a su hijo el fin de semana.
Sola. Esa era la sensación. Era la última hora de la tarde del viernes y no había nadie en la piscina. Brennan suspiró.
SPLASH
El sonido de alguien zambulléndose en la piscina sacó a Brennan de sus pensamientos.
-¡Doc! ¿Qué tal va todo? –James nadó hasta estar a su lado, mirándola mientras le preguntaba qué hacía triste y sola en la piscina.
-Es sólo… -Fue interrumpida por un grupo de gente que llegaba para ocupar la anteriormente vacía área alrededor de la piscina. James se fijó en una rubia que había capturado su interés. El ruido y la actividad alrededor de ella no le ofrecían ningún tipo de distracción beneficiosa por lo que Brennan decidió regresar a su apartamento.
B&B
La mañana siguiente Brennan decidió desayunar en el Diner. Salir a comer fuera no estaba en los primeros puestos de su lista pero decidió que sería bueno tomar un poco de aire fresco.
Era aún bastante pronto cuando llegó al Diner y el lugar estaba casi vacío. En un par de minutos se llenaría de gente que venía temprano a por un café para llevar. Brennan estaba frente a la caja decidiendo qué quería cuando escuchó una voz llamarla por su pseudónimo.
-¡Huesos! –La voz le resultó familiar pero no era la de Booth. Era un niño, el hijo de Booth para ser exactos. Mientras lo veía acercarse Brennan sintió el deseo de abrazar al niño-. Hola
–Parker rápidamente la envolvió en un fuerte abrazo.
-Hola –le devolvió el saludo Brennan, pasando una mano por el pelo del chiquillo. Sabía que el niño era el hijo de Booth e incluso había recordado haberlo conocido cuando sólo tenía cuatro años en una navidad, pero no estaba segura de cómo era su relación con él.
-Parker –Booth volvió del servicio y se encontró a su hijo abrazado a Brennan.
-Mira, papá –Parker soltó a Brennan, agarrándola de la mano y tirando de ella para que lo siguiera-. Huesos está aquí.
-Ya veo –asintió Booth, saludando a Brennan mientras ésta seguía a Parker a su mesa.
-Hola Booth –devolvió el saludo Brennan, encontrándose sentada al lado de la ventana con Parker a su lado.
-De acuerdo, Parks. ¿Ya sabes lo que quieres? –Brennan observó la interacción entre padre e hijo, haciendo más evidente lo buen padre que era-. ¿Tú, Huesos? ¿Ya sabes qué vas a pedir?
-Claro.
Durante toda la comida Parker parloteó sin parar con Brennan. Se maravilló de lo fácil de su conversación. Era un muchacho inteligente y era obvio el profundo lazo que compartían. Brennan descubrió que disfrutaba el estar y conversar animadamente con el niño.
Booth estaba la mayor parte del tiempo callado, observando cómo su hijo había captado la atención de Brennan y hablaba con ella. El agente sonrió. Adoraba cuando esos dos estaban juntos. Pero hacía tiempo que habían terminado la comida y era hora de marcharse.
-¿Sabéis qué sería divertido hacer hoy? –preguntó Parker con los ojos brillando de astucia.
-¿Qué? –preguntaron los compañeros al unísono y el niño se rió.
-Siempre hacéis eso y no es raro ni nada –Parker les sonrió de oreja a oreja antes de decirles qué estaba pensando-. Deberíamos ir a nadar a tu piscina. He estado practicando en la piscina municipal esa zambullida que me enseñaste. ¡Y la bala de cañón es impresionante!
-Dicen que va a llover más tarde –Booth sabía que era una excusa pobre, pero no quería que Brennan se sintiera presionada a pesar de que él también se moría por pasar el día en su compañía.
-La piscina está dentro –rebatió Parker.
-Eso es cierto. Es una piscina cubierta –Brennan estaba de acuerdo con el plan así que, ¿cómo iba a ser él quien lo arruinara?
-De acuerdo –Booth pagó la cuenta, sonriendo a su hijo y a Huesos.
B&B
-Eso ha estado bien ejecutado –halagó Brennan a Parker cuando éste llegó a su lado. Él era un buen estudiante y obviamente recordaba las instrucciones de su visita anterior a la piscina, cuando fuera que hubiera sido.
-Es tu turno. ¡Haz la bala de cañón! –rogó Parker.
-Mi turno –Brennan se preparó, sintiéndose tonta pero dispuesta a seguir divirtiéndose.
-¡Mira, papá! Te lo vas a perder –Parker llamó a Booth para que mirara a Brennan.
-Sí, estoy mirando –Los ojos de Booth estaban pegados a la silueta de Brennan, sin perderse un solo movimiento.
-¡Genial! –gritó Parker.
-¿Huesos? –Booth se preocupó cuando no vio que Brennan saliera a la superficie. Llegó a la orilla de la piscina y respiró aliviado cuando vio la cara sonriente de Brennan mirándolo-. ¡Espera, no! –Sintió la mano de su hijo lanzarlo a la piscina y trató de avisarlo pero era demasiado tarde.
Una vez mojado en la piscina Booth sonrió a Brennan. Ésta se lo estaba pasando tan bien como Parker y aquello era más que suficiente para hacer que su corazón latiera más deprisa de puro amor por aquellas dos personas que le eran tan especiales.
Mientras se apresuraban a casa de Brennan para una ducha rápida a Booth no se le escaparon las miradas que ella recibía en su camino. Rápidamente colocó una mano en la parte baja de su espalda, diciendo alto y claro que no estaba sola y que estaba fuera de su alcance.
Parker corrió al baño en la habitación de invitados tan pronto como Brennan abrió la puerta.
-Voy a ver qué tal le va –Booth caminó hacia el cuarto de invitados, a pesar de que nada le apetecía más que seguir a Brennan a su baño para ayudarla A ELLA a ducharse.
Después de unas rápidas duchas por separado, los compañeros se reunieron con Parker en la sala.
-Ver una película es lo siguiente en la lista –El pequeño Booth fue rápido en continuar con las actividades del día.
-Sólo tengo un televisor pequeño en la cocina –Brennan rara vez lo encendía para ver las noticias a primera hora de la mañana antes de ir al trabajo.
-Siempre vemos películas en casa de mi padre –Parker la miró divertido, olvidando fácilmente que estaba enferma y no recordaba un montón de cosas. Pero estaba bien, él le ayudaría de todas las formas que pudiera.
-La estás presionando, Parker.
-Una película suena bien –Brennan no quería que el día con los dos Booth se terminara tan rápidamente. Booth le dedicó una sonrisa torcida. Aunque lo negara, Brennan sentía debilidad por su hijo.
El camino hasta el apartamento de él pasó con el recital de Parker de todos los huesos que sabía.
Brennan se sentó en el sofá, las manos en su regazo mientras esperaba a que los otros dos eligieran una película.
-Es el turno de Parker de elegir –informó Booth sentándose a su lado, luchando contra la urgencia de abrazarla contra él mientras Parker introducía el DVD.
-¿Por qué no estáis agarrados de las manos? –Parker frunció el ceño-. Siempre estáis con las manos unidas o abrazados mientras vemos una película.
-Bueno… -Booth iba a contestar a su hijo cuando sintió cómo Brennan deslizaba su mano bajo la de él, lo dedos entrelazándose. Booth le dio un apretón tranquilizador, sintiéndola relajarse contra el sofá y siguió su ejemplo.
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