Reflejo de Pasiones
Los dos se miraban fríamente a los ojos. Expectantes El dorado se intensificaba con la furia del otro. Iban rodeándose, estudiándose… dos cazadores tratando de localizar la mejor manera de atacar al otro. Nada de lo que sucediera alrededor importaba. Sus instintos los hicieron presa. María expectante no sabía qué hacer. ¿Detenerlos? No tenía fuerza para ello. ¿Gritarles? No la escucharían. Su rostro se transformo en una mueca de dolor y su brazo derecho, por inercia, se fue a su hombro izquierdo, Crissia la vio desde su posición.
Rápidamente se acercó a ella notando que de la herida de su hombro manaba mucha sangre ya, los vendajes y la ropa estaban empapados de la misma.
—Pues entonces habla de una buena vez —instó Altaïr, esta vez incluso levantando un poco la voz y el rostro, haciendo los hombros para atrás, desafiante, altivo.
Ezio sin embargo no se amedrento, sin quitarle los ojos de encima le respondió a Altaïr sin medir muy bien sus palabras.
—Claro, Gran Maestre, de seguro crees saberlo todo, ¿verdad? —inició Ezio, en tono desafiante—, siempre tienes la respuesta, siempre tienes la razón.
Altaïr vio claramente por donde iba su juego, no lo dejaría continuar pero mantendría la compostura; Ezio no sabía lo que María y él habían visto en el Fruto, ni las conclusiones a las que habían llegado.
—Qué puedes saber tu, Mentore, sobre mí, sobre mi vida —espetó el Florentino.
—Eso no es excusa, Ezio —interrumpió Altaïr señalándolo con el dedo índice—, todos nos debemos a la Hermandad.
— ¡Y qué sabes tú de lo que yo he sacrificado por la Hermandad! —esta vez Ezio le gritó sin importarle las mujeres presentes—. ¡Qué sabes tú del dolor de perder a mi padre y a mis hermanos! ¡del dolor que desgarró los corazones de mi madre y hermana! ¡de haberla abandonado a ella! ¡tu naciste dentro de la hermandad, Mentore, yo tuve que tomar el lugar de mi padre dentro de ella!
Altaïr lo miró profundamente sin cambiar su expresión, si bien era cierto que no sabía nada de la vida de Ezio eso tampoco significaba que podía olvidar sus responsabilidades.
—Tú lo has dicho, Ezio, no sé nada de ti, pero hay algo que sí sé de todos modos —comenzó—. Tú eres un Maestro Asesino, el rango más alto al que se puede llegar en la Orden. Llevas nuestra marca, hiciste un juramento, no importa tu pasado ni lo doloroso que haya sido, ahora estás obligado a servir a la Hermandad antes que a tus propósitos personales. Si no lo has querido así, nunca has debido hacer el salto de fe.
Ezio rio burlonamente, no le dejaría torcer sus palabras a su beneficio.
—Sí, recuerdo bien mi iniciación —respondió—; y recuerdo también lo que reza nuestro Credo y lo que aprendí esa noche "Nada es Verdad, Todo está permitido"
Altaïr casi quiso reír ante esto, no podía creer que además del parecido físico Ezio también hubiera heredado algo de su arrogancia.
—Malik te describió bien, eres un novicio aún —le respondió con una mueca que demostraba casi desilusión por lo que acababa de decir—. ¡No eres un Maestro Asesino, eres un novicio! ¡Un niño inmaduro e iluso que aun no termina de crecer! —Altaïr esta vez se acercó más a él y Ezio hizo lo mismo, ambos se tomaron de las ropas del cuello y sus miradas estaban llenas de furia, Ezio no dejaría que lo llamaran niño, inmaduro e iluso encima de todo; y Altaïr, por su parte, le haría entender la lección aunque fuera a golpes—. ¡Entiende que nuestro Credo no nos ordena ser libres, nos ordena ser sabios!
Ezio lleno de furia respondió con algo que en sus cinco sentidos jamás se le habría siquiera cruzado por su cabeza.
—¡Sí! ¡sabios! ¡Me gustaría saber lo sabio que fuiste cuando Adha murió en tus brazos y en lo único en lo que pensaste fue en matar para vengar su muerte! —gritó Ezio—. ¿O qué me dices ahora? ¿fue eso un acto a favor de la Hermandad?
En cuanto lo dijo Ezio alcanzó a arrepentirse, Altaïr casi queda fuera de sí mismo, alcanzando a activar el mecanismo de su hoja oculta… Pero gracias a Dios, o a cualquier divinidad existente, un grito los sacó de su confrontación los sacó de ella sólo para horrorizarse con lo que vieron a continuación. Crissia y María habían estado escuchando juntas los argumentos de los dos, María sabía que la discusión no iba nada bien pero no tenía fuerzas… sus ojos se cerraban solos, Crissia estaba junto a ella dándole apoyo a su cansado cuerpo, la pérdida de sangre se había elevado después de la última batalla, al parecer sus herida se había abierto, de pronto todo fue oscuro.
Crissia notó como el cuerpo de María que se apoyaba en ella se tornaba más pesado, hasta que finalmente no la aguanto y María cayó pesadamente de bruces en la arena, sin que Crissia hubiera podido detener su cuerpo, esta última gritó de la desesperación llamando así la atención de los dos hombres confrontados, lo que les hizo soltarse inmediatamente para ir a ayudar a María. Notaron las manos de Crissia llenas de sangre, sangre que no era suya. Altaïr por primera vez en su vida dejó que su rostro reflejara la desesperación que sentía por dentro, su mayor miedo se estaba haciendo realidad.
Ezio vio claramente esto y el remordimiento lo atacó desde todos los frentes, María estaba en ese estado por salvarlo a él y Altaïr estaba a punto de perder lo que más amaba por él. ¿Cómo había dejado que su dolor se repitiera en otra persona?
Malik ya tenía todo en orden, sus cosas estaban empacadas, sus mapas resguardados para soportar el trajín del desierto, los víveres y el agua a disposición, el caballo estaba preparado para el viaje, y su reemplazo estaba al tanto de lo concerniente a la casa de asesinos y el movimiento de la ciudad, incluso ya había tomado su lugar en el bureau, allí detrás del largo escritorio.
Durante tres años la ciudad de Jerusalén y la casa de Asesinos habían sido su ciudad y hogar respectivamente, recordó que después de lo sucedido en el Templo de Salomón Malik estaba seguro que le obligarían a abandonar la Orden; sin embargo, Al-Mualim había reconocido su valentía al haber escapado de allí, y más aun con el Tesoro Templario en sus manos. Recordó perfectamente cómo había alabado sus habilidades y pericia, diciéndole que un hombre con sus características jamás podría ni debería abandonar la Orden; en lugar de eso Al-Mualim decidió que iniciaría otra clase de entrenamiento acorde a su actual estado, se le entrenaría como consejero para la Hermandad, y todo iniciaría allí, como Rafik de la Casa de Asesinos de Jerusalén.
Y ahora tres años después era llamado a Masyaf por el Gran Maestro.
Malik tenía la mirada fija sobre uno de los mapas, con compás en mano, sin embargo su mente estaba en otro lugar distante. Muchas cosas rondaban en su cabeza, los sucesos con Ezio, el matrimonio de de Sable que se celebraba en este día, la carta de Altaïr, las nuevas instrucciones que traía consigo. Hacía días que Ezio había decidido irse de la casa de asesinos, sin dar ninguna señal sobre su actual paradero, al siguiente día de su partida una carta proveniente de Masyaf llegó al bureau, era la respuesta de Altaïr a la nota de preocupación que le había enviado días antes.
"Que la Paz sea contigo hermano
Tu carta ha llegado en el momento justo, debo decir que si no había enviado instrucciones antes fue sencillamente porque no tenía alguna al respecto, sin embargo ahora creemos entender mejor de los propósito de Ezio en este lugar. Te dejo saber que mientras escribo estas palabras mi viaje está listo para partir hacia Jerusalén, en cuanto llegue a la ciudad debo hablar contigo sobre su comportamiento y sobre las nuevas órdenes que tengo para ti."
Eso había sido lo que le inquietara más. Justo era hoy el día en el que Altaïr debería llegar a Jerusalén, esperaba que su arribo fuera antes de la celebración del matrimonio, puesto que con Altaïr aquí no podría ocultarle más que el origen de las extrañas andanzas de Ezio, que era precisamente el plan de asesinato de Phillipe de Sable.
Despues de algunas horas su paciencia fue recompensada al escuchar la entrada de dos personas en el jardín y pasos hacia su dirección. Como lo preveía desde la llegada de la carta, eran Altaïr y María.
—La paz sea contigo hermano —empezó Altaïr.
—Y contigo, Maestro —respondió Malik. Luego dirigió su vista hacia María y ambos inclinaron sus cabezas en señal de saludo y respeto, no era común en ellos cruzar más que algunas palabras de todas formas.
Altaïr observo por un momento el lugar, pero lo notó vacio a parte de Malik, eso le inquietó.
—Malik —inquirió—, ¿dónde está Ezio?
El Rafik suspiró, dejó la pluma en su lugar y se llevo la mano a la frente. Luego de una pausa, algo larga, llenó sus pulmones de aire para responder levantando el rostro y viendo directamente a Altaïr.
—La noche anterior a recibir tu carta lo confronté, preguntándole por sus verdaderos motivos en esta ciudad —Malik bajó el rostro como no queriendo enfrentar la mirada de Altaïr—, cuando llegó aquí pidió un informante para espiar a Phillipe de Sable, dijo que era importante saber todo de él para luego asesinarlo —ante esto a Altaïr le empezó a cambiar el semblante, sin embargo el Rafik no lo vio—, le dije que estaba mal preparar un asesinato sin tu consentimiento y pidió que no te dijera nada —Malik dirigió su mirada a otro lugar, un punto fijo en el horizonte, como tratando de recordar todos los detalles de lo que hablaba —, quise ver hasta dónde llegaría Ezio con eso, y luego enfrentarlo para que hablara con la verdad; días después, al confrontarlo, confesó que su único interés era la prometida de este, dijo que "debía salvarla" —hizo una pausa antes de continuar—. Le dije que no podía permitirle eso, y desde ese día no lo he vuelto a ver.
Malik dirigió ahora su mirada hacia Altaïr, esperando su veredicto, si había actuado mal como Rafik de la ciudad al no contarle estos sucesos antes, pues bien podía afrontar las consecuencias, desde ya. Altaïr se tensó visiblemente, su rostro no mostraba nada en especial, aparte del ligero desconcierto que tenía por los hechos desconocidos y la evidente furia que lo rodeaba. Luego el joven Maestro se dirigió a María, que se encontraba a su lado tratando de no liberar con ella su ira, después de todo ella no era la causante de tal problema.
—¿Qué opinas tú? —inquirió fríamente, tratando de canalizar su ira
A Malik se le descompuso el rostro inmediatamente, ¿Qué acaso dejaría su destino en manos de la inglesa?
—Creo que algunas de nuestras suposiciones eran ciertas —respondió María—. Sus motivos personales siempre estuvieron relacionados con esa mujer, y como Malik ha dicho él desea salvarla, seguramente se refiera a ese final trágico. Mas aun no entiendo que tiene que ver en todo esto Crissia, ¿cómo sabía él que debía buscarla aquí en este lugar, en esta época?. Es insólito.
—Tal vez no lo sabía —interrumpió Altaïr, visiblemente molesto aún—, tal vez sólo fue un accidente el que lo trajo aquí. De todas maneras en las primeras visiones nunca vi una acción precisa para que él activara el Fruto conscientemente, su motivación es otra, pero al llegar aquí…
—Al ver a Crissia y su parecido —interrumpió esta vez María—, se desoriento. A final de cuentas no ha mentido del todo. Yo lo sabía y te lo dije, Altaïr.
Malik había estado escuchado las disertaciones lleno de confusión, primero porque pensó que su principal preocupación debía ser como tomaría Altaïr el que fuera precisamente él, su hermano, quien le hubiera ocultado cosas, resulta que eso es lo último en lo que él piensa en este momento; segundo como es que ellos ya estaban enterados de la mujer en la que Ezio está tan interesado, cuando ella ha estado todo este tiempo en Jerusalén; y tercero, al parecer ellos tenían más información de Ezio de la que él mismo tenía teniéndolo en la misma ciudad.
La cabeza parecía que le iba a doler en cualquier momento.
—Podríais ser tan amables de explicarme lo que están discutiendo, o entendiendo…
Ambos lo miraron, como si recién lo vieran, entre sus discursos había prácticamente olvidado que Malik se encontraba allí.
Luego de explicarle a Malik lo que les había sucedido a las afueras de Jerusalén, acerca de Crissia, lo que habían visto del Fruto sobre el pasado de Ezio, y lo que creían entender de él, ese parecido extraño, y todas sus inquietudes y búsqueda de respuestas; Malik comprendió entonces ese furor y el ataque de ira que se encarnó en Ezio la última vez que hablaron… lo entendió pero no lo compartió.
—¿Qué haremos entonces? —inquirió Malik—. Nada detendrá a Ezio, seguro que actuará hoy mismo. Va a comprometer a la Hermandad.
Altaïr alcanzó a dejar escapar una pequeña mueca de dolor entre su furia, pero se recuperó al instante y volvió a su semblante airado antes de responder.
—Tendrá su castigo, eso tenlo por seguro. Eso, si es que los Templarios no lo hacen primero —dijo frio, casi sin escrúpulos.
María se alarmó inmediatamente.
—¡No dejaremos que eso pase! —exclamó irritada—. ¿Altaïr, vamos a ayudarlo, verdad? ¡no pretenderás que él salga solo de esta situación!
Altaïr no dijo palabra y fue Malik quien respondió
—¡Ha sido él quien ha quebrantado nuestro credo, mujer! —dijo algo airado—. ¿Quieres que otros hermanos arriesguen la vida por culpa de su terquedad?
María reprimió las ganas que la llenaban en ese momento, ganas de tomar a Malik por los hombros y agitarlo fuertemente para que entendiera que estaba en juego la vida de Ezio y no el estúpido Credo; pero se las aguantó porque no estaba en posición de decir nada, y además porque de alguna manera estimaba a Malik, y de cierta también lo comprendía.
Sin embargo, no pudo evitar lo que dijo a continuación
—Pues no serás tú, ni ninguno de tus hermanos los que le ayuden —respondió—. ¡Seré yo!
Y dicho esto se dirigió a la salida de la casa de Asesinos. Malik sólo se llevó la mano al rostro mientras veía que Altaïr la detenía en la salida para decirle algo antes de que ella se retirara completamente del lugar. Luego entró de nuevo para terminar de hablar con Malik.
—Malik —llamó Altaïr para sacarlo de sus pensamientos; este último levantó el rostro dirigiéndole a Altaïr una mirada llena de resignación.
—Mejor ve a ayudarles —le dijo, como queriendo despacharlo del lugar.
Altaïr suprimió una sonrisa, aquella que sí se hubiera escapado de ser otra la situación, sabía que Malik no aprobaba el actuar de Ezio, ni el que ellos lo ayudaran… pero estaba frente al Gran Maestre de la Orden de Asesinos, por lo tanto no diría palabra en contra… afortunadamente eso estaba a punto de cambiar.
—Malik, Ezio no es la única razón de que me encuentre aquí.
Y allí fue cuando Malik se enteró que el nuevo designio de Altaïr para su persona, era que su labor como Rafiq de Jerusalén terminaba allí, que su reemplazo ya había sido designado y que de ahora en adelante debía acompañar al Maestro en Masyaf como consejero.
Malik entonces recordó todas las cosas buenas que le habían sucedido en Jerusalén, luego pensó en la actual situación de Ezio, ya que Altaïr le había solicitado que una de sus primeras labores al llegar a Masyaf sería tratar el "asunto Ezio". Así que todo el camino de vuelta a Masyaf lo pasó pensando en él, en su pasado, que al tiempo era el futuro, en aquella mujer por la que había arriesgado todo, de manera tan irresponsable y desconsiderada con la Hermandad, y entre sus cavilaciones se dio cuenta de algo.
Algo que Ezio no tuvo en cuenta al actuar, y que tal vez le produciría un dolor mayor aún que el de la muerte.
Los caballos eran obligados a ir lo más rápido que podían. Después de todo una vida estaba en juego. El desvió hacía la ciudad de Trípoli ya se veía en el horizonte; para Altaïr esto era tranquilizante, ya sólo quedaban algunas horas y las montañas de Masyaf se elevarían pronto frente a ellos; para Ezio llegar a este lugar significaba sólo una cosa. Enfrentarse a Crissia allí y ahora.
Altaïr ya iba ganando terreno por su impaciencia, y se estaba empezando a alejar del caballo que compartían Ezio y Crissia, Ezio suspiró, de todas maneras tenía que afrontar la realidad, la decisión de ella; de todas formas era Altaïr quien llevaba a María en su regazo y ellos eran los que debían llegar primero, así que disminuyó la marcha para poder entablar la conversación que tanto temía con ella.
—Crissia —casi dudaba en iniciar, pero mantuvo la mirada al frente—. Trípoli ya está cerca —titubeo de nuevo—. Ahora… ahora depende todo de ti, puedo decirle a Altaïr que continúe desde aquí —hubo una pausa—, entenderás que no podemos pedirle que nos espere, pero —suspiró tratando de ocultarlo, mientras se lamentaba por haberlo prometido—, pero prometí llevarte hasta allí y eso hare.
Crissia permaneció callada por un largo tiempo, a Ezio le mataba por dentro no saber lo que pensaba ¿Acaso con su silencio le decía que lo comprendía todo, que podía llevarla hasta allí y dejarla ir tranquilamente? Otro suspiro, esta vez audible.
—Permíteme entonces —dijo resignado, pero manteniéndose en posición—, alcancemos a Altaïr para decirle tu decisión.
Ezio retomo el paso ligero, no quiso bajar su mirada para ver a Crissia, prefería evitar la tortura de su rostro hasta último momento, siguió con su mirada al frente hasta que sintió que ella le apretaba el brazo derecho con sus pequeñas manos como aferrándose a él.
No lo pudo soportar. Se detuvo. Bajó la vista a ella casi confuso. Ella no decía nada, así que Ezio sólo sonrió, una sonrisa triste. Y cerró los ojos para evitar que estos le traicionaran.
—No te preocupes —le dijo Ezio—, después de avisar a Altaïr podremos viajar a un paso más lento hacía Trípoli.
Ezio retomo el paso y Crissia le apretó el brazo de nuevo.
—Dime por favor, Lady María se repondrá, ¿verdad? —había completa preocupación en su voz.
—Cuanto más rápidos seamos, más rápida será su curación y recuperación —respondió él.
Hubo otro silencio.
—Entonces no nos detengamos por favor —dijo ella en voz baja, tanto que Ezio la creyó producto de su imaginación—, Lady María se puso en esta situación por ayudarnos a escapar, además la estimo desde que la conozco; lo mínimo que debo hacer por ella es velar por su salud —Crissia levantó el rostro y miró fijamente a Ezio, casi como suplicándole —, por favor Ezio, déjame cuidar de Lady María, y luego cuando ella esté sana llévame hasta Trípoli.
Ezio sintió que su corazón dio un vuelco y no suprimió la alegre sonrisa que esta vez sí se formó en su rostro.
—Come volete, signorina
Y Ezio se sintió en el cielo de saber que la tendría cerca al menos por unos días más. Luego ya buscaría otra excusa.
Ezio se sentía como en un infierno.
No tenía las manos atadas, lo cual significaba que Altaïr aún tenía algo de confianza en él, confianza en que no trataría de escapar de Masyaf… de todas maneras, de querer hacerlo, ¿a dónde podría ir?, lo único más cercano a su casa y familia era este lugar. El imponente castillo de Masyaf era una compleja construcción, las mazmorras estaban llenas de pasadizos que se entretejían por medio de escaleras que bajaban y subían, los largos pasillos estaban llenos de cruces en ambas direcciones, todo con el fin de desorientar a aquellos que tuvieran la suerte de lograr salir de sus celdas.
Dos novicios se habían acercado a él y lo habían sacado de su celda; ahora lo dirigían desde los calabozos hasta el estudio del Gran Maestre, o eso era lo que le habían dicho cuando preguntó. Al menos sabía que, a pesar de estar privado de su libertad, él aún era considerado un hermano, sino no le tratarían de esa manera ni responderían a sus preguntas.
Se encontraban a cada lado de él, guiándolo de manera gentil, sin gritos, insultos, o brusquedad, casi como si se tratara de un invitado que viene por primera vez.
Ezio los seguía, cruzando cada esquina o subiendo y bajando escaleras, en su mente sentía que estaba dando vueltas en el mismo lugar, o incluso que lo estaban internando aun más en los calabozos, pero estaba seguro de que ellos no le habían mentido. Se sentía perdido, casi sin aliento y mareado, todo le daba vueltas ahora. Prefirió dejar de preocuparse por eso para elevar su mente a cosas más amenas.
Por un momento cerró sus ojos y pensó en Crissia y en la última vez que la había visto.
Al llegar a las puertas de Masyaf Altaïr había dado la señal de alerta de herido, rápidamente y aun en sus caballos habían llegado hasta la puerta de la fortaleza, donde ya se encontraba el camino despejado para llevar a María.
Altaïr la llevaba en brazos, y caminaba rápidamente mientras iba explicando que la fiebre le estaba aumentando a cada momento, y que recuperó la conciencia por pocos momentos antes de desvanecerse por completo, tal cual estaba ahora. Crissia y Ezio lo siguieron de cerca hasta que llegaron al cuarto donde la depositaron y pidieron al resto de acompañantes que los dejaran solos.
Ezio notó la enorme impaciencia que se apoderaba de Altaïr, a pesar de su máscara de frialdad sabía que estaba sumamente preocupado, y aunque lo veía deseando entrar por esa puerta para estar junto a ella, Altaïr simplemente se quedó allí, frente a la puerta, llenándose de algo que Ezio sabía le era difícil, paciencia.
No era para menos, y la verdad Ezio casi se sentía de la misma manera. Deseando asegurarse que todo estaría bien y que ella se recuperaría.
De pronto sintió cómo Crissia, que se encontraba a su lado, se aferraba fuertemente a su brazo, buscando apoyo. Ezio no se contuvo y levantó su brazo libre para rodearle la espalda, la acercó a él tratando de consolarle. Estuvieron así por unos minutos, Altaïr frente a la puerta, Crissia con la cabeza baja apoyada en el hombro de Ezio, y este ultimo deseando que lo de María no se convirtiera en algo grave. De pronto Altaír se movió, como si acabara de recordar algo; llamó a dos fedayines que estaban cerca y dio la orden de apresar a Ezio.
Se quedó allí inerte sin querer dar crédito a lo que Altaïr acababa de decir. Todo fue en árabe por lo que Crissia no entendió lo sucedido hasta que vio a los dos fedayines acercarse a ellos y sentir que Ezio la soltaba para alejarla de él. Mientras, se deshacía de todo su armamento, las hojas ocultas, los cuchillos para lanzar, la pistola y la espada siria que Malik le había regalado; se quitó todo entregándoselo a un fedayín que lo puso en manos de Altaïr. Luego Ezio se atrevió a darle una mirada al rostro de Crissia... esta no hacía más que devolverle una llena de pánico.
—Quédate con María hasta que despierte —le había dicho en su lengua materna, el italiano, pues era algo que sólo ellos dos entenderían—, no temas, nadie te hará daño aquí.
Esas eran las únicas palabras de consuelo que le había podido dirigir.
Y ahora se encontraba allí, siendo guiado por dos novicios, ya habían atravesado el laberinto de las mazmorras y la luz se podía vislumbrar al final de las escaleras que estaban subiendo, finalmente llegaron al patio donde se encontraba el circulo de entrenamiento, los sonidos de las espadas chocando se detuvieron mientras él hacía su paso desde el lugar hasta las puertas, siendo seguido por gritos que reprendían a los novicios para continuar sus ejercicios. Luego le seguía la entrada a la enorme biblioteca, con las imponentes escaleras que a mitad de camino se dividían en dos para llegar hasta el estudio del Maestro.
Ezio iba erguido y sin temor a nada.
Al llegar hasta el estudio vio que Altaïr se encontraba ahí, sentado, con la capucha cubriéndole parte del rostro y los brazos apoyados sobre la mesa, lleno de ese aire de misterio, y junto a él estaba Malik, de pie, con la vista al frente, Ezio se dio cuenta que la última vez que los dos habían cruzado palabra se habían hablado fuertemente, lo último que había querido era herirlo con sus palabras, y ahora de corazón esperaba que Malik no se sintiera decepcionado de él.
Altaïr hizo un gesto a los novicios para que se retiraran y los dejaran solos. Al principio ellos dudaron, si Ezio era de cierta manera un prisionero ¿no debían ellos velar por evitar su fuga? Pero claro el Gran Maestro era el mejor de toda la Hermandad, él allí valía más que los dos novicios que lo custodiaban, y dicho sea de paso mucho más que varios Assassins juntos. Finalmente obedecieron y salieron del lugar.
Ezio decidió que antes de nada debía saber algo.
—Dime, ¿cómo está María y dónde se encuentra Crissia en este momento? —lo dijo calmado, sabiendo que tendría su respuesta, que no se le sería negado.
Altaïr guardó silencio por breves momentos, como si de verdad se estuviera indagando a sí mismo si debiera responderle o no.
—María ha despertado ayer —respondió impasible—, la fiebre le ha bajado y la herida está sanándole; no podrá tocar una espada en semanas, cosa que la tiene visiblemente irritable —sí, esa era María, Ezio sintió algo de alivio al saber que al menos lo más grave ya había pasado—; y la mujer ha permanecido a su lado cuidándola todo este tiempo, he de decir que se convirtió en una fortuna el que la trajeras, puesto que no se ha separado de María ni un solo instante, velando ella misma por su cuidado, aunque se ha negado a hablar con nadie de aquí.
Ahora sí que Ezio se sentía aliviado del todo, Crissia aun estaba allí, cerca de él.
—Pero no es eso por lo que te hemos llamado —continuó Altaïr—, tu presencia aquí es para recordarte tus obligaciones con la Hermandad, has quebrantado nuestros principios, nuestro Credo.
—Aparta tu hoja de la carne del inocente. Se siempre discreto. No comprometas a la Hermandad —intervino Malik—. De nuestros tres principios has roto los dos últimos, suficiente razón para que la Hermandad te llame traidor y pida el correr de tu sangre.
Ezio lo sabía, y si debía enfrentar la muerte lo haría con la cabeza en alto.
—Creemos saber —dijo Altaïr, enfatizando el creemos—, que lo has hecho por buena causa, por salvar a esa mujer; pero no puedes negar que en tu intento de hacerlo mataste a un alto mando templario, que a pesar de todo, no era aun un objetivo clave para la Hermandad, su muerte no era necesaria, actuaste por propia convicción, sin la autorización de tu actual Maestro, sin mi marcador y sin siquiera consultárselo al Rafik de la ciudad en la que estabas, también te has valido de la red de informantes de la Hermandad, todo para conseguir información que te beneficiaba sólo a ti y a tus actos egoístas, además de eso en la consecución de tu "misión" has asesinado en público, justo en el momento en el que el mayor numero de ojos estaban posados en él, has matado en la Iglesia principal, siendo esta una afrenta directa y vil en contra de los templarios. Has puesto, no sólo a tus hermanos, sino a toda la villa bajo el escrutinio público, de los ciudadanos y de nuestros enemigos más poderosos, has hecho de Masyaf un objetivo de ataque… sin una razón válida.
Ezio permaneció en silencio mientras se le eran adjudicados sus errores, quería salir de esto de una buena vez, sabía que no iba a pedir clemencia ni hacer nada por salvar su vida… lo único que haría era pedir verla a ella una última vez, escuchar su dulce y embriagante voz, poder pedirle perdón y por no cumplir la promesa con la que la persuadió para salir de Jerusalén, que haría lo que esté a su alcance para que ella pudiera retornar a su amada Florencia, desearle una vida feliz y en paz… si era necesario un esposo, pues que lo tuviera, aunque eso le desgarraba el alma… después de todo su objetivo estaría logrado, estaría junto a Cristina finalmente, así sea en el otro mundo.
—Haced lo que debáis hacer —fue lo único que Ezio pronuncio después de la larga lista de cargos.
Altaïr y Malik notaron su gran de desinterés y falta de preocupación frente a los hechos, intercambiaron miradas por unos momentos, como indagándose sobre lo que debían decir o hacer a continuación. Finalmente Altaïr asintió con su rostro a Malik, Ezio sabía que ese gesto nada tenía que ver con su sentencia, sentía que estaba ignorando algo, algo obvio en su situación, algo que él había pasado por alto y que ellos ya sabían.
—Dinos Ezio —inició Malik—, esa mujer, Crissia. Dijiste que tu "misión" era de carácter personal —Malik esperó por la respuesta de Ezio pero este no dijo palabra—. Ya no tiene sentido ocultar nada Ezio —le animó Malik—, es hora de que nos lo digas todo.
Ezio titubeo al principio y dejó salir un sí casi obligado.
—Pero tú no la conocías realmente, al menos no antes de venir aquí —siguió Malik, parecía que a punta de afirmaciones lograría finalmente sacarle algo a Ezio. Este último sólo asintió con la cabeza.
Malik continuó entonces.
—Claro no la conocías a ella, pero por lo que Altaïr pudo decirme, conociste a alguien que al parecer estaba relacionada con ella —de nuevo Ezio no respondió, sólo asintió con su cabeza, era obvio que ya todo se había descubierto—; un antepasado de alguien que fue importante para ti.
Esta vez Ezio no se movió, su silencio lo decía todo.
—Ezio —dijo Malik muy serio—. ¿Acaso has olvidado lo que te dije cuando llegaste?
No era una pregunta como tal. Era una afirmación retorica.
—Analiza la situación un poco, Altaïr es tu antepasado, si el muere tu no nacerás —Malik hizo una pausa para ver si Ezio le ponía atención y le seguía, obviamente Ezio lo estaba hilando todo en su mente y se había dado cuenta ya—. En el curso normal de los eventos la muchacha, Crissia, se habría casado con Phillipe de Sable y habría tenido su descendencia, aquella que finalmente daría como resultado a la persona que conociste en tu tiempo. Sin embargo tu lo has alterado todo con tu presencia y actos aquí, por no pensar las cosas has matado al antepasado de esa persona a la que querías en tu época, y con ello le has quitado la vida también.
A Ezio se le habían abierto los ojos desmesuradamente. Su corazón se había desgarrado en un solo palpitar, su mente apenas registró el hecho quiso dejar de funcionar deseando que su cuerpo muriera allí mismo. Todo por lo que había luchado… lo había destrozado de la misma manera.
—A pesar de lo que has hecho, creemos que lo que has oído es más que castigo suficiente para ti —prosiguió Altaïr—, diremos que tu falta fue asesinar en público, dentro de una iglesia. Yo cargaré con la responsabilidad del objetivo y diré que fue mi orden la que seguiste, tu castigo será ejecutado al amanecer.
Ezio escuchó las palabras sin oírlas en verdad, sintió que de nuevo los mismos novicios, aquellos que lo habían traído, lo levantaban del suelo, donde, sin darse cuenta, había caído de rodillas, y ahora lo conducían de regreso fuera del castillo, hacia la celda en la que había permanecido durante los últimos días.
En su estado de estupor ni si quiera se había dado cuenta de las miradas apesadumbradas de Altaïr y Ezio hacia él.
Una vez se habían quedado solos ellos dos, siguieron con su discusión, luego de encontrar la solución a los actos de Ezio, y mostrar a la Hermandad que los castigos eran justos, aun había algo más que discutir.
—No puedo hacerlo —le dijo Altaïr, y Malik comprendió a que se refería.
—Pero eres el Maestro, quien ejecuta la orden debe también ejecutar el castigo.
—Aun así no puedo hacerlo, por favor Malik designa tu a alguien… alguien que sepa lo que debe hacerse.
Malik asintió comprendiendo de nuevo a qué se refería.
El sol apenas había salido de su escondite.
Sin embargo los Assassins estaban de pie mucho antes de que este hiciera su aparición llenando de vivos colores el cielo. Altaïr lo observaba todo desde el estudio, a su lado se encontraba Malik; habrían preferido no estar presentes durante el propio acto, sin embargo deseaban estar pendientes de la dureza con que el castigo sería ejecutado. Afortunadamente María aun estaba algo débil y dormía plácidamente, Crissia también era afortunada, aun era demasiado temprano y dormía cerca a María, ambas no tenían conocimiento de lo que estaba punto de suceder.
Las puertas de la fortaleza estaban cerradas al público, ya que lo que sucedería a continuación concernía sólo a la Hermandad. Todos los Assassins, indiferentemente de su rango, estaban reunidos allí en el círculo de entrenamiento, se podría decir que era una especia de novedad, pues la última vez que se había puesto al escarnio público a uno de los hermanos fue precisamente al Maestro Altaïr, en su época de maestro instructor, justamente cuando Al-Mualim le había reprochado sus acciones en el Templo de Salomón.
Todos miraban con cierta curiosidad al hermano que estaba frente a ellos de rodillas, con los brazos estirados sobre la barandilla de madera que se alzaba frente a las enormes puertas del estudio y la biblioteca principal. Tenía el rostro y pecho descubiertos y sus manos estaban atadas fuertemente, era obvia la clase de castigo que recibiría, y la mayoría de los presentes ya sabía de antemano que iba a ser castigado, lo que les causaba curiosidad era que precisamente en estas circunstancias había sido la primera vez que habían logrado ver el rostro del misterioso mensajero.
Ezio ya no llevaba su típico pañuelo rojo sobre el rostro. Ahora los presentes podían verle perfectamente, sus ojos, la barba creciente, esa cicatriz en el labio. Tanto sus facciones como las características propias de su Maestro. De no ser porque el Maestro Altaïr se encontraba junto a Malik observándolo todo desde el estudio, y por la diferencia de edades sea dicho también, jurarían que se trataba de él; cosa que causaba intriga y curiosidad a más no poder; pero también debían callar, por lo cual sólo hablaron entre cuchicheos entre ellos, incluso algunos negaron el parecido para evitar meterse en problemas con los superiores.
Había llegado la hora, uno de los maestros asesinos, que era también un instructor, se acercó hasta donde se encontraba Ezio, en sus manos llevaba un enorme látigo. Después apareció Malik en las puertas detrás de él.
Se dirigió a los Assassins presentes, a través de un pequeño discurso explicó las actuaciones de Ezio en Jerusalén, siendo él el Rafik de la ciudad cuando todo ocurrió, nadie puso en duda su palabra, explicó por qué el castigo debía llevarse a cabo e instó al resto de los hermanos a seguir las enseñanzas y el Credo, no por el ideal del fanatismo y la fe ciega, sino para recordarles que todos son hermanos y que con sus actos benefician o perjudican a todos por igual.
—Se dice —comenzó Malik, para terminar su discurso—, que El Viejo de las Montañas, Hassan al-Sabbah, para mostrar la obediencia hacia las normas de nuestra orden, hizo ejecutar a su propio hijo por violar la regla de abstención al vino; no decimos que esta sea la manera de instruir obediencia a nuestros hermanos, sabéis bien que nuestro Maestro se ha alejado de todas estas pretensiones; y que, por el contrario, busca que la fe y el amor a los nuestros sea la motivación de cada uno de nuestros actos. Lo que veréis a continuación no es para mover en vuestros corazones el sentimiento de temor y el miedo, ni para que os regocijéis con la pasión desatada, es para que sufráis el dolor de vuestro hermano, todos en conjunto, y entendáis que también es doloroso para nosotros impartir esta clase de actos.
Después de estas palabras Malik hizo un gesto al maestro asesino, y se alejó a una esquina de atrás; aquel que sostenía el látigo enrollado dio un golpe al piso con el mismo, dejando que el objeto serpenteara entre el aire y el suelo. Luego levantó el brazo con el que lo sostenía, lo justo por encima de su cabeza, de un fuerte tirón lo condujo hasta la espalda de Ezio dejando su marca sobre él, a la piel blanca y delicada pronto se le abrió un surco, justo donde el látigo le había tocado con mayor intensidad, y se volvió roja por el contacto.
Se sucedió otro fuerte tirón del brazo, la fuerza se transmitía al látigo y de este finalmente desembocaba en la espalda de Ezio, así continuó, mas surcos se le abrieron en la espalda, mas roja se ponía la piel, el contacto laceraba cada parte blanca y la sangre no se hizo esperar. Ezio, estoicamente lo soportaba todo, sus hermanos pensaban que su comportamiento se debía al honor y a enfrentar con valentía su error, nada más lejos de la realidad. Ezio soportaba cada golpe y laceración en su espalda, pero en su mente se repetía constantemente que mejor le hubieran dado la pena de muerte. Después de todo si Cristina no le esperaba ni en esta ni en la otra vida ya nada tenía que hacer aquí.
Ciento cincuenta y tres latigazos eran el castigo proferido a Ezio, ciento cincuenta y tres golpes que a quien quiera que los hubiera presenciado los sentiría como propios, y Ezio se lamentaba que ninguno de esos golpes llegara a su corazón, dolerían menos de lo que le dolía ahora.
Malik observaba el castigo, apenas se habían proferido 20 latigazos y ya deseaba detenerlo todo, pero le era imposible, apartó la vista por algunos momentos, pero al momento recordaba que Altaïr le había encargado supervisar el castigo, no para crueldad, sino para evitarla, por eso le pidió escoger a uno de los instructores que más se relacionara con los jóvenes, uno de los que profiriera mas afecto a sus iguales, así al menos harían del hecho algo menos escabroso para sus conciencias. Entre uno de sus tantos movimientos para apartar sus ojos dirigió la vista hacia el estudio, lo hizo a tiempo para alcanzar a ver el rostro dolido de Altaïr antes de que este se girara para salir del lugar.
Altaïr iba bajando las escaleras del estudio, y a medida que lo hacía sentía que con cada golpe que daba un latigazo sonaba en el patio, le había dolido de verdad haber tenido que ordenar ese acto atroz, nunca se imagino que en sus años de Mentor tendría que pasar por eso alguna vez.
Ezio le demostró lo contrario. Se apresuró para salir al jardín, alejándose así del ruido ensordecedor del látigo. Se dirigió a la única persona que en ese momento podría darle algo de consuelo y regocijo, María.
Después de pasar el Jardín, y recorrer los corredores que llevaban a los cuartos de los enfermos, finalmente se encontró frente a la puerta dónde descansaba María, la abrió despacio, esperando no interrumpir los sueños de las dos mujeres que descansaban allí. Al entrar vio a María sentada en la cama, una mujer como ella estaría despierta con las primeras luces del día, debía imaginarlo. Pero la otra mujer estaba dormida, en una posición poco cómoda, como se podía notar, sentada pero con el resto del cuerpo recostado boca abajo en el regazo de la otra, María la había casi acunado y ahora pasaba sus manos por los suaves cabellos de la chica dormida. Ella le sonrió y Altaïr caminó despacio para sentarse junto a ella del otro lado, esperando no despertar a la durmiente.
María le dedicó una mirada interrogante entonces, nada más entrar, cuando la luz del día iluminó el rostro cubierto con la capucha, había notado a Altaïr apesadumbrado.
—¿Qué ha sucedido? —inquirió ella expectante.
Altaïr sólo hizo una negativa con la cabeza, queriendo restarle importancia al asunto.
—Te lo contaré después —luego se acercó a ella y le dio un casto beso en los labios—. No he venido para hablar de eso ahora, sino a olvidarlo.
María sabía que por la forma en que él se había expresado debía preocuparse.
—¿Seguro que me lo dirás después? —dudó ella.
—Completamente —suspiró el águila.
Se quedaron unos momentos en silencio, María aun acariciaba el cabello de Crissia, que aun no se despertaba.
—Me dijeron —inició Altaïr—, que ya puedes levantarte de la cama. Supongo que eso te alegrara.
—Por supuesto —respondió ella con una media sonrisa en los labios—, ya es hora de que reinicie mi entrenamiento.
—Nada de eso podrá ser —dijo Altaïr—, recuerda que empuñando una espada se te puede volver a abrir la herida, deberás evitarlas hasta sanar totalmente.
María hizo una mueca de desdén, sino podría ni tocar su espada de que le valía levantarse entonces.
—¿Cómo pretenden que me ejercite? —María le dedicó una mirada de suplica—, si sigo así perderé mi forma con la espada. —y Altaïr le tomó el rostro con su mano para acercarlo al de él.
—Se me ocurren varias maneras —le respondió, dándole un beso que dejaba de ser casto —unas muy interesantes —y continuó besándola.
María se dejó llevar por el beso por algunos momentos antes de responderle.
—¡Claro! no se me permite tomar una espada; pero sí me encuentro en buena forma para complacerte a ti —lo dijo en tono de queja, pero ambos sabían que no era así.
—Seremos sumamente cuidadosos con tu herida —le respondió antes de seguir besándola y sólo se detuvo para agregar algo más antes de continuar—, y una vez nos ejercitemos sé que lo encontraras mucho más placentero y gratificante que la espada.
María sintió cómo con esas palabras y ese beso ya estaba deseando salir del lugar para irse con él. Y es que por fin después de arreglar lo de Ezio, de traerlo de nuevo a Masyaf, y luego de la charla que habían tenido esa madrugada después de hacer el amor; por fin podrían dedicarse a realizar lo que habían acordado juntos aquel día. Traer un hijo al mundo. Mientras se besaban María sintió algo removerse en su regazo y detuvo a Altaïr indicándoselo.
Crissia despertó y se levantó de manera rápida para poner recta su espalda, se llevó la mano a los ojos y no ocultó su sorpresa al ver que María tenía a alguien al lado, pronunció en voz baja un saludo en el poco árabe que había aprendido en su estancia en Jerusalén, pero el interpelado sólo respondió con un movimiento de cabeza.
Altaïr le indicó a María que le sirviera de traductora para decirle algo.
—Dile que uno de los novicios la llevará hasta dónde se encuentra Ezio, y le darán los elementos necesarios para que cuide de él —ordenó.
María transmitió el mensaje rápidamente, sólo con el fin de interrogar a Altaïr por lo que acababa de decir, según lo que les habían dicho los novicios a ellas dos Ezio estaba encerrado cómo castigo, sin embargo ellas ignoraban que el castigo para él iría mas allá.
Ambas se pusieron alerta, y su instinto no les fallaba esta vez.
Crissia se dejó guiar por el laberinto de interminables pasadizos y escaleras.
El novicio a su lado cortésmente le indicaba el camino sin acercarse demasiado a ella, se limitaba a señalarle con su mano donde debía cruzar, subir o bajar; mientras en la otra llevaba una bolsa llena de vendajes y cremas curativas que desprendían olores a diferentes hierbas.
Cuando llegaron finalmente a la celda, donde Ezio debía permanecer durante una semana más, Crissia pensó que el novicio se había equivocado, la dejó allí sola, le había dado la bolsa de vendajes y cremas y había retirado un plato de comida que se encontraba en el suelo con un suspiro, pero ella no veía a nadie allí, la oscuridad llenaba todo. De pronto sintió movimiento dentro de la celda y ajustó sus ojos a la poca luz que había en el lugar gracias a las antorchas.
Sintió un sollozo leve y se atrevió a preguntar.
— ¿Ezio? —dudó ella confusa, sin moverse—, ¿estás ahí?
Durante unos momentos no hubo respuesta visible ni audible, luego vio como alguien al fondo de la celda, que seguramente sería Ezio, se ponía de pie; al acercarse a la luz ella pudo verlo, sus ojos estaban rojos tenía la ropa encima y la capucha abajo, se alcanzaba a notar que su rostro estaba pálido, nada de colores, se notaba que no se había alimentado, cosa que era curiosa puesto que claramente nunca le faltaba el alimento, pareciera que él no deseaba tomar lo que le ofrecían.
—Ezio… —murmuró paralizada, horrorizada.
Pero él no le respondió, se acercó a ella y posó su mano de manera suave en la mejilla de la joven.
—Perdóname —le dijo—, lo he arruinado todo.
Crissia no le entendía, después de los días que había pasado aquí, lejos de Phillipe y de todo ese mundo, se dio cuenta que nunca le había pasado, ni le podría pasar, algo mejor que Ezio en su vida… la había salvado de las garras del mal, literalmente.
—No —le dijo en un susurro, con voz dulce—, tú me has salvado.
Ezio negó con la cabeza y le bajó la mano de su rostro, se aferró a los barrotes de la celda fuertemente, como queriendo descargar sus emociones con ellos.
—Lo siento tanto… Cristina…
La primera reacción de Crissia fue de pérdida total, ¿a quién se refería Ezio? Pero eso duró por pocos segundos. Porque una fuerza abrumadora se apoderó de ella, sin entender cómo lo entendía todo.
Y las lágrimas corrieron por sus mejillas, de manera abundante.
No le interesó darse cuenta del lugar en el que se encontraba ahora, ni la razón, sólo podía preocuparse por Ezio, por cómo estaba, cómo lo veía; de alguna forma sabía que él estaba mal, enfermo y herido, eso le desgarró el corazón como nunca antes. Sin embargo lo tenía enfrente, allí con ella… eso era lo que importaba ahora
—Ezio… Ezio… has vuelto por mí —lo dijo llorando de alegría, pero Ezio hizo caso omiso a sus palabras—. Ezio ¿no lo entiendes? ¿no entiendes que siempre he estado contigo?
En ese instante todo cambió para los dos, él apesadumbrado se aferraba a cualquier vestigio que su mente le otorgara por más loca que fuese, y ella ya no era ella misma.
Se besaron entre los barrotes, abrazándose fuertemente.
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Oooooh que finalazo eh? no paran las emociones XD como podeis ver, Crissia ha tenido un flash de la vida de Cristina, como si esta se apoderara de ella. Estan relacionadas eso ya no lo puedo negar. ¿Pero que pasara? tendreis que leerlo para descubrir la incognita.
Pobre Ezio, todo le sale mal, pero al menos ha logrado salvarla. Espero que os este gustando la historia. A Altair y Ezio aun les quedan varias sorpresas que llevarse, eso es seguro.
Quiero dar las gracias a todos los lectores: a los nuevos darles la bienvenida a la historia, gracias por leerla y dejar comentarios; y agradecer a los fieles que me leen por no abandonarme: Xepes, AthenaExclamation, ScorpioNicole97 e Infinitum-palei,y Betina C (Gaby :P) , Drrakkos y SolidestArc327, muchas gracias a todos y cada uno de vosotros por seguir ahí cada semana.
Besitos grandes lectores! :D
