Buena lectura~


Sacro culto: Once upon a Lullaby

XXI: No lo parece.


La primera impresión que tuvieron del castillo:

—¡Es solo mío! —Canturreó Midorikawa corriendo hacia todos los objetos que podía abrazar y besar; Los muebles, las cortinas, los jarrones, los cuadros, los objetos de alto valor que según él, existían a su alrededor— ¡Todo mío!

—Alto allí, vaquero —bufó Burn mirando con desidia a su nuevo compañero de celda—, es nuestro, tienes que compartir parte del botín.

Ryuuji arrugó el entrecejo y ladeó la cabeza meciendo su coleta alta. Era el segundo tercer día y Osamu trabajaba en el jardín mientras ellos se disponían a inspeccionar lo que sería su nueva morada. Más allá de ellos venían el Japonés y el de largas piernas haciendo un conteo mental que lo que veían.

—Este lugar es enorme, me perderé —dijo Grand ignorando al par que discutía la posesión absoluta de un jarrón que parecía una réplica original—, lo rompes, lo pagas —le dijo al más bajito, Midorikawa hizo cara de póker y lo dejó en su lugar. Todos parecían de lo más desagradables.

Iban a abrir una de las habitaciones que tenía pinta de ser importante cuando es estruendo de la porcelana rompiéndose hizo que los tres se giraran de inmediato, Burn alzó los brazos y soltó una risa delatora.

—Yo no fui.

Grand Bufó. No se iba a detener a hablar con ese idiota. Gazell roló los ojos y le dio la espalda para poder abrir las dos puertas grandes delante de él. Giró las manijas y con un chirrido, las puertas del paraíso se le abrieron. Al menos para él.

—Solo son libros.

—Oh, miren, tenemos biblioteca personal— soltó Ryuuji con poco interés, se asomó y no encontró nada de valor que los inspirara a dar de saltos. Se alejó del grupo en busca de algo más que besar.

—Bueno —Burn rascó su nuca entrando para admirar la enorme biblioteca dividida en varios sectores y pisos, de hecho estaba hundida, como un segundo piso y un tercer que conectaba a la parte alta del castillo—, debe al menos haber medio millón de libros aquí. Me pregunto cuanto de ellos serán enciclopedias y diccionarios.

Burn se alejó de ellos.

—Solo míos —soltó de pronto Gazell. Grand había notado una emoción distinta, incluso la temperatura a su alrededor fue ligeramente más baja.

—Apuesto que es más de dos millones.

—Posiblemente —dio algunos pasos bajando las escaleras de acero, no esperó más y de un par de saltos llegó al primer estante y leyó el lomo del primer libro que llamó su atención.

—¿Habrá algo de valor?— cuestionó el pelirrojo— ¿algo de magia o de información?

Gazell tomó el libro y leyó fugazmente su contenido.

—Parece como un diario. Posiblemente de quien habitó antes aquí. Está en ingles muy floreado. La tipografía parece de una mujer, posiblemente no mayor a unos cincuenta años.

—Parece que tienes experiencia— elevó una ceja posando sus manos en sus caderas.

—Me gustan los libros.

—¿Qué tanto?

—Me encantan— recalcó con un tono de voz más demandante, pero sin perder el tinte serio.

—En ese caso— sonrió al instante de posar sus dedos en sus labios— ¿No te importaría hacer un inventario? Ya sabes, para saber si hay algo de valor por aquí.

Se giró hacia él, interesado.

—¿Qué quieres?

—Algo que nos esa de utilidad: Magia— acotó con el dedo—, historia. Todo lo que nos pueda ser de uso en la estancia.

—Puedo dar una rápida inspección al menos —miró de reojo el tercer nivel cinco metros por encima de ellos— tendré algo en que entretenerme todo este tiempo.

—Me parece apropiado. Si me disculpas —dio un par de pasos hacia atrás, sin darle la espalda, temiendo que ese libro fuera usando como arma— iré a vigilar que los mocosos no rompan nada.

—Dame una noche— dijo alzando los hombros.

—Una noche es muy poco tiempo, tomate todo lo que necesites— le sonrió con todos sus colmillos y subió las escaleras sin perder el contacto visual— confío en ti— dijo y cerró las puertas lentamente.

Grand dejo salir un suspiro y ladeó la cabeza. Ese sujeto le daba escozor. Se preguntó por dónde estarían el otro par, agudizó su oído y les escucho discutir a varios metros. Dio algunos giros por los pasillos y llegó a un lugar poco iluminado. Las cortinas del castillo siempre permanecían parcialmente cerradas, pero al adentrarse más, éstas estaban totalmente cerradas. Ladeó su cabeza un poco y se acercó a una de ella, y la abrió lentamente, temiendo un contacto con la luz del sol de plena mañana pero al abrirla por completo notó que esta estaba totalmente bloqueada por una pared de hierro.

Se le hizo muy extraño. Demasiado.

Se dejó guiar por el cotilleo de los otros vampiros y de pronto, al dar la vuelta en el pasillo se vio rodeado de luces que daban directo en las paredes, el techo, el piso y su cuerpo, luces que se movían de forma titilante. Elevó ambas cejas y trató de tocarla con sus manos como un gato que juega con la luz roja de un laser, pero cayó en cuenta de que las luces venían de una puerta abierta frente a él. Avanzó lo más rápido que pudo y entró sin ser detectado quedando a lado de Midorikawa con esa velocidad que lo destacaba como no-vivo.

—Tenemos un salón de música— dijo Ryuuji con una sonrisa ampliada a la décima potencia.

—¿Las luces?— apuntó a preguntar y notó que aquel efecto reflejante provenía de los vitrales que rodeaban la mitad del salón. Daban para el jardín y la posición del castillo hacia que la luz del sol que poco a poco iba colándose entre los cristales diera un efecto de cielo estrellado, como si se quemara todo alrededor.

—Estaba bloqueadas con largas cortinas —explicó el de ojos negros —, en cuando las quitamos pasó esto. No hay luz en esta sala. Salvo por las velas en el candelabro— señaló con el dedo las varias direcciones.

—Las ventanas de pasillo que me dirigió hasta aquí están bloqueadas. Se me hace extraño. Y no parece que haya sido para nosotros.

—Tenemos instrumentos musicales ¿sabes tocar alguno? —preguntó con un vago aire de desinterés en el problema principal.

Ambos pelirrojos lo miraron, como sopesando sus respuestas y de que dependería el resultado de la misma.

—Algunos —dijo Grand

—Muchos —retó Burn.

—¿Cómo?

—Sé tocar el Koto —hizo un ademán con ambas manos, imitando la forma en la que tocaría un piano, pero en vez de teclear, rasgaba el aire—, el shamien —imitó una guitarra—, la shakuhashi— y finalmente hizo un ademán de tocar una especie de flauta—. Y el Taiko, son unos tambores enormes. Son instrumentos de mi país, pero también sé otros como la guitarra o el- —calló de pronto y apuntó sus ojos a un punto de la pared dónde yacían sobrepuestos los instrumentos de cuerda.

—¿Cómo él? —cuestionó y trató de entrar en su mente, pero de inmediato fue rechazado por un gruñido.

—No, nada, solo sé esos.

—Vaya ¿Y tú?— dio media vuelta para buscar a Burn, pero este ya inspeccionaba el piano con insipientes ojos—, parece que te gusta.

—Está en buen estado —lo rodeó y abrió la caja para mirar el contenido —y recientemente afinado.

—¿Entonces tocas el piano?

—Sé muchos instrumentos, pero prefiero la guitarra, es más sencillo de llevar y los pianos hay que tenerles mucho cuidado sino, se les rompe el alma.

—¿Romper el alma?

—Es cuando les pierdes el respeto —aclaró Grand un poco disperso de la conversación, admiró de un lado a otro el salón y las luces que lo avivaban como un incendio.

—Algo así— Burn meneó la cabeza— las guitarras son amantes poco caprichosas, en cambio los pianos son bastante quisquillosos. Solo una persona puede tocarlo sino, se ponen necios.

—Eso es tonto— rio el menor de ellos jugueteando con un mechón de cabello—. Hablas como si tuvieran vida o algo así y es estúpido.

Burn frunció sus cejas y luego le dedicó una sonrisa inquisitoria. Como si se apiadara de su alma antes de dejar caer la espada sobre su cuello.

—Te sorprenderías.

—Sorpréndeme— le retó con una sonrisa en sus labios.

—Me siento mareado, salgamos de aquí— acotó Grand llevando una mano a su cabeza. Era demasiada luz la que entraba por aquellos ventanales. En sí el efecto era hermoso y letal.

Midorikawa siguió los pasos de Grand pero antes de que salieran dio media vuelta y apunto hacia Burn y luego hacia sí mismo, repitió la acción rápidamente.

—Luego me explicas lo de los instrumentos vivientes.

Y se fue dando un par de saltos. Como un conejo.

Esa noche, cuando Grand volvió de la ciudad, parecía que había una extraña calma en el castillo. Dejó su chaqueta en el perchero de la entrada y subió a sus habitaciones sin importarle que alguien estuviera en la cocina o en la sala dónde se reunían. Al estar frente a su puerta, lo sintió, tocó la perilla de su puerta y estaba fría, más de lo usual. La giró y entró a las tinieblas. Las cortinas impedían de la luz de las farolas entrara, dio un par de pasos y encendió la luz artificial y vio a través del espejo a Gazell acostado a sus anchas en su cama de sabanas rojas, traía puesto su habitual abrigo negro, pero sus largas piernas sobresalían de él, tan blancas que parecían de mármol, falsas y artificiales.

—Buenas noches —dijo Grand sin un tono definido—, ¿has encontrado algo interesante?

—Algunos libros que interesaran— se revolvió de la cama, con un libro en sus manos bajó de la cama y se lo extendió—, es un viejo cuento. Confía en mí, te interesará.

—Confió en ti— lo tomó y sonrió de medio lado. La sonrisa de los hipócritas. Gazell pasó a lado suyo provocando un escalofrío que evitó hacer público. En cuanto la puerta se cerró, soltó un suspiro.

Incluso tus mejores piezas, se pueden volver en tu contra. No lo parece, pero Grand no confiaba en nadie en ese castillo.


Nota— Creo que los lullabys tiene la función de explicar lo que no he explicado antes o lo que se me iba. Aunque la intensión era meter todo lo que no cabía en la historia original y no hacer tanto "relleno" de escenas random. Creo que son algo aburridas. Pero aquí se explican algunas cosas interesantes; como el alma de los instrumentos, que a Gazell le gustan los libros (aunque creo que se lo menciona a Osamu alguna vez) En fin; en un par de días suelto el siguiente lullaby ya pronta a la actualización de SC. Perdonen la ausencia; sucede que; pronto me voy a graduar, he pasado todas mis materias de la Universidad, y solo queda el año de Tesis así que tendré mucho tiempo libre en lo que mejoro de salud (tema aparte) para escribir.

Gracias por leer~

Lexington Rabdos H.