Capitulo 8.
- Esto de esconderme en los baños empieza a ser repetitivo, en serio. – gruñó Dean sentado en el suelo con la espalda apoyada en la puerta. El cazador volvía a estar encerrado en un baño y esta vez no era el de la cabaña. ¿Por qué? Retrocedamos unas cuantas horas…
A la mañana siguiente de lo sucedido en el sofá, Dean se sentía tan incomodo y avergonzado que no sabia ni donde meterse para no cruzarse con Sam. La cabaña no es tan grande como para poder esquivarse durante un día entero.
Por suerte para él, Bobby llamó para avisarles de un trabajo no muy lejos de donde ellos se encontraban. Un espíritu vengativo en una granja a menos de diez kilómetros de la cabaña. Por supuesto, Dean aceptó encantado.
- No vamos a ir. – por supuesto, Sam tenia que llevarle la contraria. Si no, es que no vivía.
- Tu hermano tiene razón. No vais a ir. Es peligroso con lo vulnerable que estas por el hechizo. – por supuesto, Castiel tenia que escoger ese preciso momento para estar de acuerdo con su hermano. Genial.
- Vamos a ir. Punto.
- ¡Dean! ¡No seas cabezota! ¿Cómo vas a ir así? No voy a permitírtelo. – el mayor soltó una risita seca.
- ¿No vas a permitírmelo? ¿Qué eres ahora? ¿Mi niñera? Yo hago lo que me da la gana, enano. – tanto Sam como el ángel intercambiaron una mirada cómplice y se cruzaron de brazos frente a Dean, bloqueándole el paso. El cazador rodo los ojos. – O sea… ¡no me jodais! ¿Creéis que el hecho de estar con este hechizo de mierda os da derecho a poneros en plan mama pata conmigo? Apartaos u os aparto yo.
- ¿Crees que vas a poder con los dos? – la sonrisa que les dedico Dean fue escalofriante.
- No es que me lo crea, plumas. Es que puedo con vosotros.
Veinte minutos después, Dean conducía hacia la granja, con un cabreado Sam que se frotaba la mandíbula dolorido como copiloto y un estupefacto Castiel que no sabía como sentarse en el asiento de atrás para que no le doliera tanto la entrepierna después de la patada que había recibido.
Y volviendo al presente…
- ¡Te dije que no viniéramos! ¿Pero tú escuchas alguna vez? ¡No! ¡El señorito tiene que hacer lo que le da la real gana, aunque eso signifique ponerse en peligro! ¡No se puede ser mas estúpido, Dean! – gruñó Sam revolviendo entre todas las cosas de la granja en busca de un hueso perteneciente al difunto que su familia guardo como recuerdo. Algunas personas eran de lo más raro… ¿Quién guarda un hueso de un familiar en casa? ¿Para que lo usaban? ¿Para jugar con el perro? Humanos…
- ¿Quieres dejar de quejarte y encontrar ya el puto hueso del tío este para que se largue de una vez? Es muy cansino oíros a los dos, en serio.
La cacería hubiera ido bien… si no fuera por el hechicito de las narices que también hacia efecto en los fantasmas. Cuando la demonio dijo que "cualquier cosa con polla" no exageraba…
Fue entrar en la granja, encontrarse con el fantasma y este pasó de espíritu vengativo a espíritu en celo, persiguiendo a Dean por toda la casa e intentando convencerle de que se suicidara para que pasara toda la eternidad con él. Eso obligo al cazador a encerrarse en una habitación (el baño, por supuesto…), rodearse de sal y que Castiel se quedara vigilando que el fantasma no hiciera algo drástico mientras Sam buscaba por todas partes el hueso de los cojones… este… del fantasma… Fantasma que ahora se encontraba frente a Dean, declarándole su amor eterno. Había que fastidiarse…
- Pero… ¡amor! Lo pasaremos genial asustando a todos los vivos. Y solo tienes que morirte. Tampoco te pido tanto… - Dean se paso la mano por la cara, frustrado y se revolvió el pelo.
- Vamos a ver, tío. ¡Que no me quiero morir, joder! La ultima vez que lo hice, acabe en el infierno y como que no quiero repetir la experiencia. – el fantasma se enfurruñó.
- No tienes que volver al infierno. Solo quédate aquí conmigo tooooda la eternidad.
- Ah… genial… - gimió el Winchester mayor. - ¡Sam! ¡Por nuestro padre! ¿Encuentras o no el puto hueso?
- ¡Ya lo tengo! Espera un segundo, que no llevo el mechero encima.
- Joder… no salgo mas de cacería, lo prometo. No hasta que se acaben las tres putas semanas.
Continuara…
