Una sola palabra: Llegó la hora del Lemón xD
Se recomienda discreción. (Sé que el 90% veía esto por el lemon)
-Sakakibara kun, ayúdame.
Abrió sus ojos de par en par, observando el techo de madera a unos metros de él, aquella sensación fría recorría su cuerpo y su columna se estremecía ¡Oh Dios! La voz de Misaki otra vez en sus sueños. Aquellos ultimos días se repetía una y otra vez cada vez que cerraba los ojos, pero en ningún momento ella le pidió ayuda ¿O sí? No, no que recordara, pero aquellas palabras en sus sueños le hacían tener una extraña sensación en su cuerpo ¿Sería una señal de algún suceso?
Oprimió sus labios mientras se levantaba y estiraba su cuerpo ¿Sería enserio una señal? El tiempo había transcurrido desde el momento en que la había conocido, y aunque eran una pareja un tanto extraña, él no dejaba de quererla, seriamente, Misaki no era muy expresiva ni tampoco se mostraba interesada o cariñosa, pero había algo en ella que le dejaba una sensación de satisfacción dentro de su pecho, ¿amor acaso?
Miró la hora, ese día había cuadrado de visitarla, todavía era temprano, y decidió levantarse y recorrer la ciudad en busca de algún objeto con que alegrarle el día, desde el mundo que Misaki había regresado a su casa, la había sentido tan desanimada y triste que por momentos creyó, que lo mejor era no haberla convencido a regresar.
Salió de su casa aquél día temprano, recorriendo las calles en su bicicleta mientras sentía el olor de la ciudad y la brisa chocar contra su rostro, creyó entonces su omnipotencia, y respiró entonces profundamente, irguiendo su espalda y llevando sus brazos hacia los lados, en la soledad de aquella calle, pareció dominar el mundo, cerrando los ojos por instantes y manteniendo el equilibrio sobre las ruedas rápidamente en la calle, el viento que pasaba por los arboles y movían las ramas, dio en él una sensación de satisfacción y felicidad. Las corriente de aire chocaban contra su cuerpo y podía sentirlas deslizar entre sus dedos, sus manos, brazos y hombros, inclusive su cabello ondeaba al son del viento. Envuelto por las ráfagas de aire, pensó estar flotando en la inmensidad de la vida y la tranquilidad, si solo pudiera permanecer así, en aquellas calles vacías que cruzaba sin ningún cuidado...
-Ayúdame.
Abrió los ojos de repente, perdiendo el equilibrio, y moviéndose dramáticamente para tomar el manubrio, pero la bicicleta se movió y él intentó controlarla, hubo un momento de completo Caos, y sin poder aguantar más al descontrolada bicicleta, se cayó a la carretera de lado, raspándose la piel, y por si fuera poco, su medio de movilización le cayó encima.
-Ay...
Sollozó a sus adentros, retiró su bici de encima, y sobándose las partes heridas, se levantó ¡Oh! Su cabeza daba vueltas, se devolvió a la calle, su pequeño momento inmortal había sido clamado por algo más que la vida, sino por la realidad, pero esa sensación de eternidad que lo había invadido era más que suficiente.
"Valió la pena" Pensó, tomando su bici y caminando con ella por la calle, sin dejar de sentir la brisa en su cuerpo raspado, si algo estaba seguro era que la naturaleza no le dejaría solo en ningún momento, así que más tranquilo, continuó su camino hasta llegar a una floristería, donde, después de varios minutos de búsqueda, encontró lo que de verdad le gustaba: Flores blancas. No quería nada rojo, ni de colores pasteles ni extravagante, quería algo que le llenara de pureza y amabilidad el aura que su bella chica mantenía, ¿Que mejor que las flores blancas? y comprando un ramo, sintió una mirada un tanto extrañada de la señorita que atendía.
-¿Sucedió algo?
-Bueno-Contestó ella:-Normalmente, compran flores rojas los muchachos... Como las rosas.
-Creo que necesito algo que alumbre más ¿No?
le sonrió, pagando el ramo, y saliendo de la tienda. Se dispuso entonces a ir hacia la casa de Misaki, con más cuidado de no arruinar su regalo, y a paso lento por el dolor de sus heridas productos de la caída. Pronto llegó a la casa, y se vio en la puerta, tocó el timbre, y pronto sintió unos pasos acercarse, sería Kirika que tal vez le abriría, pero para su sorpresa, fue Misaki, quién lo observó guardarse el ramo detrás de su espalda.
-Sakakibara kun...
-Mei, hola, que extraño, Kirika siempre me abre.
Balbuceó nervioso, esperando que Misaki no hubiese visto el ramo que él escondía.
-Salió. Pasa.
Ella se echó a un lado y Sakakibara entró, buscando la manera que ella no viera el ramo, la escuchó saludarlo en un tono un tanto dulce para ser Misaki, y pasó con ella hacia la sala de estar, sacando el ramo con cuidado, y llamándola para que volteara.
-Es para ti.
La vio titubear unos segundos, pero luego, aquellos ojos heterocromos se llenaron de luz, y supo entonces que lo había hecho bien, ella se acercó y tomó las flores oliendo el ramo, sintiendo ese exquisito aroma en su nariz y pulmones ¡Que delicia! Misaki lo miró entonces, notando aquellas heridas por la caída que Sakakibara había tenido.
-¿Que te ha...?
-Me caí en la bici, pero no te preocupes, estoy bien.
-Siéntate, ya regreso...-Hizo una pausa:-Gracias por las flores, están muy hermosas.
Salió con el ramo, y Sakakibara se sentó en los muebles, contento al ver aquella expresión de luz en el rostro de su linda chica, y solo tuvo que esperar unos segundos cuando ella llegó entonces con una caja blanca pintada en rojo una cruz roja. Misaki se sentó a un lado de él, colocando la cajita en sus piernas, y la abrió, sacando unos algodones y alcohol. Comenzó a desinfectar la herida.
-No tienes que hacerlo. Estoy bien.
-Podrían infectarse.
Contestó Misaki, cambiando de algodones con que le limpiaba la piel herida, y en unos momentos, Sakakibara comenzó a hablarle, sintiendo la casa inmensa sin la presencia de ser vigilado, en un segundo especial se dio cuenta que se encontraba solo con Misaki, y casi automáticamente se enrojeció completamente ¡Cuantas cosas se vinieron en su cabeza! y al ver a Misaki, se sintió terriblemente avergonzado.
-¿Por qué estás así?
Preguntó ella, llevando la cajita a un lado.
-...Nada... Te ves linda hoy.
-Oh, gracias.
Aunque mantuvo su expresión seria, Misaki volteó su mirada hacia a otro lugar, escondiendo su rostro pálido y manteniéndose indiferente a lo que sucedía, cuando entonces, Sakakibara se acercó a ella más que antes e inclinándose sobre ella ligeramente, acercó su rostro al de su pareja y besó entonces su mejilla, viendo un ligero rubor nacer en las mejillas de Misaki. Se rió un poco al verla, y fue entonces que ella volvió hacia él, y estirándose un poco, le devolvió el beso, pero esta vez en los labios, algo que sorprendió a Sakakibara. Miró atónito a Misaki, quién tomó la caja blancas y se levantó diciendo:
-Espera aquí, ya regreso.
La observó marcharse hacia otra habitación con la cajita, y en aquellos momentos que estuvo sólo, tocó sus labios, aun sin salir de la sorpresa ¡Misaki le había dado un beso! Su corazón latía con tanta fuerza, y en un impulso se levantó rápidamente y fue tras ella, llegando a la habitación donde estaba, colocando la cajita en un esquinero, Sakakibara se aproximó rápidamente a ella, tomándola de la cintura y volviéndola hacia él, observándola a aquellos ojos heterocromos, pudo observar su reflejo, pero eso era algo de tan poca importancia, aquellas luz que la llenaba...
La besó entonces, apretándola a su cuerpo, robó aquellos labios que anteriormente le habían besado, oprimiendo su cuerpo contra ella y sintió como ella se acercaba más a él, fue envuelto en los brazos de Misaki, y en una sensación extraña, tomó distancia en busca de oxigeno, pero pronto volvió a ella, a tener esos labios rosados, a sentirla tan cerca, le besó entonces el cuello, bajando por aquella piel suave y pálida que ahora humedecía en cada beso, la sintió apretarle la camisa en sus manos, y él la alzó a su altura, recostándola en el mueble de madera.
-...Koichi kun...
La escuchó, ¡Misaki lo había llamado por su nombre! Volvió a tener sus labios mientras ella lo abrazaba, y como si sus mentes estuviesen conectadas, él la bajó y la besó, llevándola hacia la otra pared, recostándola, buscando un lugar lo suficientemente cómodo para poder continuar, pero en aquél momento, la pared parecía ser suficiente, pero Misaki lo volvió a besar, y él la sostuvo, y se movió con ella encima, sin darse cuenta, habían llegado al sofá de la sala, recostándola en la mullida superficie, sintió entonces los besos de Misaki, y como esos finos labios se deslizaban en su garganta y aquellas finas manos desabotonandole la camisa. Él se deshizo de la primera pieza de ropa y la tiró al suelo, llevando sus manos dentro de la blusa de Misaki, la subió con cuidado, mostrando aquél abdomen tan frágil, subiendo por encima de los pechos, para luego deshacerse de la blusa. Llevó su boca a los hombros de su pareja y besó cuidadosamente, bajando hacia el pecho, mientras que con sus manos, buscaba desatar el sostén. Logró exponer los pechos no tan grandes, pero en su simetría perfecta, cuales acarició con sus manos, oprimiendo los pezones y escuchando por cada movimiento un gemido de placer proveniente de Misaki. Esa vocecita resonando en la sala le hizo excitarse más, y con su sangre ardiendo en sus venas, besó aquellos pechos, sintiendo el calor en su boca y en la piel que besaba, acariciandola y escuchandola disfrutar, tomó distancia y Misaki lo llevó hacia atrás recostandolo al otro lado del mueble, comenzando a besarle el pecho, las tetillas, y Sakakibara exhaló extasiado por lo que sucedía, en aquellos momentos sólo eran ellos dos en el mundo, pareció que todo se desvanecía, la maldición, las personas, incluso el el peligro de que llegara la madre de Misaki, nada de eso importaba.
Los labios de Misaki se deslizaron por la piel, llegando al abdomen, y con sus manos, comenzó a desabotonar el pantalón y mientras bajaba sus labios, comenzaba a retirar la ropa que faltaba, Sakakibara abrió bien sus ojos, ruborizándose completamente, y...
-¡Oh! ¡Mei!
Exclamó, cerrando los ojos al sentir un gran placer que recorría su cuerpo, sensaciones que le daban tanta satisfacción que su cuerpo se estremecía y sus manos apretaban el mueble, exhaló profundamente y llevó una mano a ella, acariciando la cabellera oscura, sintiendo esos mechones entre sus dedos, gimió, fue entonces que tomó ligera distancia, y la recostó al mueble, llevando sus manos a las caderas de ella, sacando la ropa que ella traía, pudiendo visualizar mejor aquel fino cuerpo desnudo, besó con cuidado los muslos, acariciándolos, lamiéndolos y abrió con cuidados sus piernas, y lamió entre ellas, la escuchó gemir de placer, la sintió retorcerse, su boca dio contra aquella zona húmeda de extraño sabor y sensación en su lengua, pero sin duda le daba bastante placer a su novia.
-¡Koichi! ¡Koichi! ¡No me aguanto! ¡Koichi detente!
Escuchó a Misaki, pero eso le dio más motivo de continuar con más emoción de lo que ya traía, sintiendo entonces como ella apretaba sus muslos enrollandolo y exclamaba con tanta fuerza que creyó que cualquiera en la calle hubiese escuchado... Besó entonces el vientre y subió con cuidado a los pechos, sintiendola más agitada, se vio su rostro al mismo nivel de ella, y besandole los labios, sostuvo sus piernas y las abrió, con cuidado, rompió el beso para empezar a entrar en ella, sintiendo tan apretado el espacio y tanto placer que le sacudía en ese momento, apretó el mueble con sus manos, enrojecido completamente, logró ver el rostro ruborizado de Misaki, con aquellos ojos humedecidos, respirando con tan profundidad, el comenzó a moverse lentamente para no hacerle daño, y ella buscó moverse también, al mismo ritmo de él, sincronizando su cuerpo con el de su novio, apretandolo en sus brazos, sintiendo sus respiraciones y sus palpitos al mismo ritmo, aumentando más el ritmo, el placer aumentaba, se unían más, se apretaban más, el mundo no existía, sólo ellos, una sensación caliente comenzó a acumularse en su pecho, cada vez era más dificil aguantarla, y en un segundo, Sakakibara no creyó poder soportar más tanto placer y se dejó ir completamente, exclamando y apretando más el mueble que antes...
Terminaron de vestirse, Sakakibara amarró sus zapatos y llevó su mirada a Misaki, quien estaba recostada al mueble, vestida y notoriamente cansada, se arrimó a ella y le besó entonces la mejilla, Misaki lo miró y le sonrió, escucharon entonces la puerta de la casa, y al desviar la mirada en esa dirección, vieron a Kirika entrar a la casa.
-Sakakibara, hola ¿Hace cuanto llegaste?
Preguntó ella, colocando unas compras en la mesa, y antes de que Sakakibara hablara, Misaki lo interrumpió y dijo rápidamente:
-Hace cinco minutos.
-Ah, veo-Kirika le sonrió:-¿Te quedas a comer?-Invitó.
-...Claro...
Después de la comida, Sakakibara se quedó un rato más antes de irse, se despidió de Kirika y luego de Misaki, dandole un beso en la mejilla, se marchó en su bicicleta, sintiendo una gran emoción por lo ocurrido ese día, pedaleando fuertemente y avanzando a una velocidad, exclamó feliz, y antes de darse cuenta, había llegado a su casa, entró corriendo, abriendo las puertas de golpe.
-¿Cómo te fue?-Escuchó a Reiko.
-¡Excelente!
Respondió, entrando a su cuarto y cerrando la puerta de golpe, Reiko se asomó y suspiró con una sonrisa:
-Adolescentes...
Era de noche, y Misaki se había llenado de impaciencia, caminando de un lado a otro en su habitación, observando la ventana de su habitación, visualizaba los relámpagos a la distancia, buscó a su alrededor algo extraño, pero sus ojos no captaron nada hasta pasar frente al espejo, en donde vio una sombra oscura a su lado, que se agachó y con una mano acarició su vientre, por encima de la ropa, y rápidamente desapareció, Misaki sintió el peso de un relámpago en su cuerpo y tembló, tocando su vientre y apretandolo en sus manos ¿Era enserio lo que sucedía? Sus piernas se estremecieron, y con sus ojos llenos de lágrimas, cayó al suelo sentada, comenzando a llorar.
Tachaannnn el capitulo Lemón como prometí, espero que les halla gustado y hasta la próxima ;D *Comenten por fa*
